4 de julio de 2016

TUCUMÁN-OPERATIVO INDEPENDENCIA: UN TESTIGO ASEGURÓ HABER ESCUCHADO UN NACIMIENTO.

Tucumán
MEGACAUSA OPERATIVO INDEPENDENCIA 
Un testigo aseguró haber escuchado un nacimiento
El juicio por delitos de lesa humanidad que tiene lugar en Tucumán vivió sus últimas audiencias antes de la feria judicial.

Megacausa Operativo Independencia.
Por Gabriela Cruz 
Los días jueves 30 de junio y viernes 1 de julio se realizaron las dos últimas audiencias por la megacausa Operativo Independencia hasta que finalice la feria judicial a fines de este mes. Los jueces Gabriel Casas , Carlos Jiménez Montilla y Juan Carlos Reynaga escucharon las declaraciones de casi una veintena de testigos entre ambos días.

Juan Eduardo y Roberto Jorge Liacoplo estuvieron entre los primeros en declarar el día jueves 30. Los dos hermanos fueron secuestrados en febrero de 1975, aunque con algunos días de diferencia. Ambos estuvieron detenidos en la localidad de Famaillá, en el centro clandestino de detención que funcionó en la ex escuela Diego de Rojas, conocido como ‘La Escuelita’. Fue en ese lugar donde Roberto escuchó lo que para él era una ejecución. “Se escuchó la ráfaga de una ametralladora y después tres disparos”, describió el testigo. “Hasta un nacimiento en cautiverio escuché. Primero lloraba la madre y después también escuché el llanto del bebé”, sostuvo el testigo.

Por los secuestros de los hermanos Liacoplo declaró también María Josefa Galante, esposa de Juan. Roberto Liacoplo y su cuñada María Josefa describieron lo que ocurrió el 5 de febrero del 75 cuando un grupo de personas con uniformes de policías, unos, y del ejército, otros; se presentaron en su domicilio. Requisaron la casa y le dejaron dicho que Roberto, quien no se encontraba en ese momento, debía presentarse en la base militar que funcionaba en el viejo ingenio de Lules. “Pellagatti me dijo que me tenía que quedar”, aseguró Juan ante el tribunal. A su familia le dijeron que su situación sería decidida de acuerdo a lo que declare.

 A los pocos días, el 9 de febrero, irrumpieron nuevamente en la casa de la familia. “Preguntaron por tío Elías Liacoplo mientras apuntaban a la cabeza de mi madre”, dijo Roberto. “Eran un policía de la Federal y dos militares”, detallaron los testigos. Como no estaba Elías, se llevaron a Roberto a la base militar. Ambos hermanos estuvieron detenidos en la ‘Escuelita de Famaillá’, fueron sometidos a interrogatorios bajo tortura. “Un día me preguntaron si sabía quién estaba a mi lado”, contó Juan. “Me dijeron que era mi hermano”, contaron los dos testigos cada uno a su turno.

María Josefa se quedó aquella madrugada que secuestraron a su cuñado con su suegra tirada en piso. “Doña Rosa se había desmayado y salí a buscar a las vecinas para que me ayuden”, dijo la mujer entre sollozos. “Ninguna de las amigas del barrio me quisieron acompañar”, agregó. “No fue la misma vida después, porque uno de los vecinos esperaba otra cosa”, dijo casi sobre el final la testigo refiriéndose al periodo posterior de la liberación de su esposo y su cuñado. “Mi marido se volvió muy introvertido. Lo único que le pude sacar fue que tenía miedo porque lo habían amenazado que si contaba algo me iban a violar”, contó María.

La descripción de los hermanos Liacoplo de su paso por la ‘Escuelita’, coincidió con la de decenas de testigos que van declarando en este juicio. Las picanas, los interrogatorios, las acusaciones. “A veces preguntaban cosas como si yo sabía quién había matado al capitán Viola”, contó Juan. “¿Cómo iba a saber yo?”, lanzó sin esperar respuestas. “También me preguntaban: ‘¿Vos lo conocés a Pepé?’ o por Alfredo Mustafá. ¡Claro que los conocía! Nos conocíamos de chicos, del barrio, de la escuela”, dijo el hombre con un dejo de dolor y enojo.

Los hermanos Liacoplo fueron puestos en una especie de libertad vigilada. “Nos dijeron que si teníamos la suerte de salir que no nos olvidemos que ellos nos estaban mirando permanentemente”, recordó Juan. “Después de lo que habíamos pasado, no era para tomárselo a la ligera”, añadió. “Ya no salíamos a jugar a la pelota, ya no nos juntábamos para nada”, comentó el testigo y en ese detalle quedó claro por qué ‘la vida ya no era la misma’. “El montón estaba prohibido”, había dicho antes.

Juan y María Josefa no soportaron la vida en Lules y se mudaron a san Miguel. Roberto se quedó solo en la casa de aquella localidad. “No vayas más a la facultad porque cuando te levanten de ahí no volvés más”, fue la amenaza que recibió. “Yo empecé a dormir vestido y cuando sentía el motor del colectivo pensaba que eran los militares y que venían a sacarme de mi cama”, recordó.

Otros vecinos, el mismo barrio
Reinaldo Ernesto De Santi, Miguel Eduardo Martínez, Luis Roberto Soto, Mario Alberto Mustafá y Pablo Liistro fue un grupo de vecinos de la localidad de Lules secuestrados en marzo de 1975. Los cuatro primeros son sobrevivientes que declararon entre el jueves y el viernes. Pablo Liistro, en cambio, murió años después de ser liberado. La historia de Pablo, lo que vivió y lo que logró contar fue llevado a la sala de audiencia en las palabras de su hermana, María Asunción Liistro. Ella, junto a su madre, pudieron ver a Pablo cuando fue ‘blanqueado’ como preso legal. “Él nos dio la ropa para lavar”, contó María. “El pantalón era una cosa dura con olor a caca”, describió con la voz entrecortada. “La camisa no tenía espalda y en el bolsillo tenía dos dientes arrancados de raíz”, y casi sin fuerzas agregó: “Tenía las orejas agujereadas por la picana”.

De Santi pudo contar su historia en primera persona. Cuando fue detenido el 12 de marzo de 1975 fue llevado a la ‘Escuelita’. En su casa quedó su madre, a la que no volvió a ver porque cuando fue por fin liberado, Rosa Villareal ya había fallecido. Reinaldo contó que durante el tiempo que duró su detención en Famaillá fue interrogado mediante todo tipo de torturas, incluso a simulacros de fusilamiento. Entre las personas con las que compartió cautiverio estuvieron Pablo Liistro, Roberto Soto, Miguel Palavecino, Miguel Martínez, “Tutu” Megias, “Pila” Sánchez, Mario Mustafá y Mario de Simone. Meses después fue trasladado con algunos de ellos a Jefatura de Policía y de allí al penal de Villa Urquiza en mayo de 1975. Su derrotero por Rawson, Villa Devoto y el penal de Chaco concluyó con el régimen de libertad vigilada en 1978.

 Miguel Eduardo Martínez, secuestrado por primera vez el 9 de marzo de 1975 también habló de su cautiverio y su recorrido por los penales hasta que fue puesto en libertad. “Entraron a mi casa y dieron vuelta todo. Hasta el colchón desarmaron”, contó el testigo. Luego detalló el recorrido que hicieron después que a él y a su padre los vendaron y maniataron. “En el camión fuimos por otras casas y secuestraron más gente”, detalló. “Cuando llegamos a la cancha (del club Mercedes) los militares nombraron a Soto, De Simeone, Carlos Navarro, Juan Sotelo, al ‘Pila’ Sánchez, a Miguel Palavecino y también los subieron”, enumeró.

Luis Soto fue uno de los que levantados en esa cancha. “Me acusaban de llevar mercadería al monte. Yo hasta el día de hoy no conozco el monte”, dijo Luis describiendo la manera en la que fue torturado. Entre las personas con las que habló durante su cautiverio, según recuerda, se encontraban unos de apellido Aranda. “Dijeron que los habían sacado de un casamiento, pero después aparecieron en el diario como que habían muerto en un enfrentamiento”, aseguró. “Y yo decía: ‘cómo, si han estado conmigo ahí’”, agregó refiriéndose al centro clandestino de la ex escuela Diego de Rojas.
Fuente:lmNequen

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