Domiciliaria a represores
JULIO 9, 2019
Mar del Plata
Lo que se aprende de chico nunca se olvida. “Es como andar en bicicleta, una habilidad adquirida que no ha de abandonarte” le escuché decir a alguien una tarde de lluvia, casi como ésta. Y un “Recuerda lo que le enseñaron de niña” titilando en un renglón imaginario de la pantalla en algún foro de lector me devolvió décadas atrás a la misma sensación, ese incomprensible miedo a lo desconocido forjado entre “No hables con la gente”, “No te acerques”, “No aceptes”, “No mires”, sin saber el por qué.
Quienes fuimos chicos en los ‘70 en Argentina recordamos esa sensación, la que algunos nos propusimos nunca más hacer nuestra. Puede que en los ojos de algún adulto el “perdón” sea reparador, pero no el los míos. Las aberraciones cometidas entre 1976-83 en Argentina con el silencioso aval de toda una sociedad no han de tener mi disculpa porque no sólo mataron vidas, arrasaron sueños y futuros de quienes seguimos viviendo.
No parece ser “venganza” el hacer valer la duración y carácter de las sentencias dictadas por la Justicia ante crímenes de lesa humanidad, en algunos casos varias perpetuas, pero si sería muy hipócrita el pretender y aceptar algún olvido.
Karina Zerillo CazzaroDNI 21.653.863
Fuente:RioNegro
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