31 de diciembre de 2020

TROPEL 1 del 31.12.2020.

 #ElAbortoesLey Gracias a las calles verdes, a las luchas verdes

Por María Torrellas, Resumen Latinoamericano 30 de diciembre de 2020

Fuimos cientas, miles, millones, este 29 y 30, y los otros años, y más años más, nuestras antecesoras, luchadoras. Las calles verdes, las ciudades verdes, las plazas verdes, alrededores de las instituciones, verdes. Gritos verdes que nos llenaron de energías, abrazos verdes, risas verdes, llantos verdes. Compañeras, compañeres, este triunfo es nuestro, de la persistencia, de la paciencia, de las pibas en sus hogares, en sus escuelas (cuando las había). Una noche inolvidable, de estar juntas y juntes, donde todas nos expresamos, en igualdad, en alegría y tambíén tristeza, por las que no están, las que sufrieron años de oscurantismos. La pantalla con sus poesías que nos estremecen, la cultura como arma arrojadiza a una sociedad ciega y sorda a nuestros sufrimientos, a nuestras demandas. Susi Shock decía que nunca se ha visto tanto la palabra ABORTO, la importancia de las palabras, la conseguimos instalar, su debate, sus razones, las nuestras , las justas, nuestros derechos y los otros derechos que no están. Susi apuntó a nombrar otra palabra: los cuerpos gestantes, incluir a todes, diversificar las formas de nombrar, de vernos entre nosotres, aprendamos comunicadorxs : CUERPOS GESTANTES. Alegría esta madrugada de un pedazo de buena historia, pero la lucha sigue, habrá que luchar para que sea una costumbre, algo natural y que nadie aluda a la objeción porque ahi estaremos con nuestra lucha verde . A no aflojar, la lucha verde sigue y sigue.

También se hizo visible en medio de la marea verde la campaña por aparición con vida de la niña Cármen Elizabeth Oviedo Villalba, secuestrada en Paraguay por el ejército.




Postales de una jornada histórica: la 

marea verde por aborto legal


Resumen Latinoamericano, Enfoque Rojo, 30 diciembre de 2020.

Fotos: Enfoque Rojo

Fotos:@vierja_photo/Mariana Nedelcu/@milimicaela/Barbicontinanza




«Ya tenemos ley»: Verde estallido 

verde, para que se esuche en el 

mundo


Por María Daniela Yaccar, Resumen Latinoamericano, 29 de diciembre de 2020.

Una verdadera explosión de alegría, abrazos y llantos fue protagonizada por miles y miles de mujeres en el momento en que escucharon el número 38 que garantizaba la sanción del proyecto.

Imagen: Leandro Teysseire

El resultado todavía no está, pero Maira Fernández (29) ya llora: “Esto se lo vamos a contar a nuestros hijos, a nuestros nietos”. Baila con su grupo de amigas; alza una foto de Néstor, Cristina y Maradona; grita eufórica toda vez que la vicepresidenta aparece en la pantalla. “Esto es historia”, completa una de sus amigas. Esa es la evidente sensación colectiva. Esta noche de luna llena, esta madrugada es historia. Minutos después, los ojos de Maira y los de la multitud clavados en las pantallas ubicadas cada dos cuadras en los alrededores del Congreso, abucheos a José Mayans –“fuera macho fuera”, le cantan–, y a las 4.12 los abrazos y más lágrimas.

Por primera vez, el clásico cántico «aborto legal en el hospital» no suena a reclamo sino a reivindicación. Unos pocos fuegos artificiales y el humo verde de bengalas adornan el festejo de un resultado que aunque se sabía positivo de antemano no resta intensidad al momento. Además, no se esperaba semejante diferencia. Las mujeres con sus pañuelos verdes en la cabeza, en el cuello, en las muñecas, con el glitter verde en los párpados, con ropa verde, jóvenes sobre todo, se funden en múltiples abrazos que parecen uno solo. Enseguida, el fondo de las pantallas se torna verde también y anuncia: “Lo conquistamos, ¡es ley! El aborto es un derecho desde hoy».

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“Quisiéramos haber pronunciado estas palabras muchísimo antes. Muchas vidas de mujeres y otras personas con capacidad de abortar se hubieran salvado. La ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo viene a resolver una injusticia. La de los embarazos forzados, la de las niñas obligadas a parir, la de la imposibilidad de decidir sobre nuestros cuerpos. Ahí donde había una injusticia hubo organización feminista. Desde hoy podemos finalmente decidir. Es el primer paso para ejercer nuestra autonomía, ser soberanas y vivir libres de violencia”, expresan referentes de la Campaña Nacional por el Aborto Legal Seguro y Gratuito desde el escenario principal del sector verde, del cual cuelga una bandera que dice: “Ni una muerte más por aborto clandestino”.

La imagen puede contener: una o varias personas, personas bailando, noche y multitud



Las oradoras recuerdan a Dora Coledesky, fundadora de la Campaña, y dicen que esta nueva norma es la “ley Dora”. “Logramos torcer el brazo de una historia que nos impuso el mandato de la maternidad. Esta ley es el reconocimiento de que hay otras decisiones, realidades y deseos, y que ninguna de nosotras va a morir, ser juzgada o encarcelada por no querer continuar un embarazo. Y si así fuera estamos para darlo vuelta. Este avance de los feminismos de nuestro país resuena en el mundo como un augurio de libertad y emancipación”, celebran. 

La escena nocturna de la previa de la votación fue muy similar a la del día de la media sanción, incluso por el calor agobiante. En el sector verde, esta vez hubo mucha más gente. “No estuve en Diputados por la pandemia, pero creía que hoy tenía que estar”, cuenta Fernanda Romero, de la Coordinadora Fútbol sin Fronteras, una agrupación de hinchas de diferentes clubes unidas por el feminismo. “Somos de Racing, Independiente, Boca, River, Gimnasia, Estudiantes. Defendemos el mismo color: el verde.” En Rivadavia habían colocado unas cintas a su alrededor, delimitando el perímetro de la agrupación, algo que también habían hecho otras organizaciones.

La imagen puede contener: 3 personas, niños, primer plano y exterior



Callao, mucho más poblada, presentaba un clima que oscilaba entre manifestación, feria y boliche. Se vendía de todo: más allá de comida –muchísimos puestos de choripanes y hamburguesas- y bebida –los vendedores de cervezas, de nuevo mayoría, esquivaban a la multitud cargando sus heladeras–, había todo tipo de accesorios de color verde. También cuadros artesanales, carteras, tops, calcos, prendedores, llaveros, imanes, shampoo sólido, sahumerios. Se hacían trenzas y rastas; se maquillaba “a colaboración”.  Se ofrecían hasta brownies locos. De nuevo, cumbia y reggaetón a todo volumen, cuerpos transpirados con poca ropa danzando por horas, chicas sin corpiño. Un clima de fiesta que alcanzaba su clímax en la esquina de Mitre, donde estaba el Movimiento Evita con sus parlantes y volaba la espuma. También había cientos de personas más tranquilas, sentadas sobre mantas siguiendo con atención las intervenciones de los senadores por las pantallas. La fila de carpas de agrupaciones era interminable.

Del lado celeste, alrededor de las 2, el bebé gigante manchado de sangre seguía estoico, pero ya se veían algunas caras de derrota. Dos mujeres desde el escenario arengaban: “La vida es esto. Alegría, música, baile”. “Usan a la pobreza como una herramienta de no sé qué”, dijo una, imprecisa. La otra completó: “Como una excusa para la muerte”. Se veía bastante más gente que el día de la media sanción, aunque notablemente menos que del otro lado. Flameaban banderas nacionales y había monjas y sacerdotes. Eran invitadas mujeres al escenario a dar su testimonio. Marisa, por ejemplo, contó que ella se volvió abogada, que tener un hijo no se lo impidió. Que, al contrario, la “empoderó”.

Cerca del horario de la votación, del lado verde, Susana Gamón observaba cómo maquillaban a su hija de 16 años. “Es maravillosa esta generación. Tiene una fuerza a la que nosotras ni nos asomábamos. Hoy sale esto, pero después trabajaremos sobre otra cosa. La prostitución, la trata. No descansan. Siempre hay algo más”, elogiaba la mujer. Verónica agitaba sobre Rivadavia una enorme bandera verde. “Es todo o nada. Pasé por una experiencia difícil de mi vida, pero a veces no hace falta pasar por esto. Simplemente ser mujer es difícil en esta vida. No estoy a favor de la ley por mí, sino por los que vienen, por mis hijos y bisnietos.” Como aseguraron desde la Campaña, esta noche los feminismos torcieron el brazo de la historia impuesta para escribir la propia, y así fue como se sintió en la calle.



#elabortoesley/ La vigilia en las 

calles, la ley del deseo


Por Laura Litvinoff, Resumen Latinoamericano, 30 de diciembre de 2020

Fotos: Daniela Cilli y Victoria Gesualdi 

En el Congreso, la marea verde puso el cuerpo durante más de doce horas de vigilia, optimismo y manija feminista. Las pibas cantaron, bailaron, aplaudieron y, en la madrugada, festejaron con un grito que condensa décadas de lucha: es ley. Laura Litvinoff recorrió las calles que fueron una fiesta y tejió en esta crónica urgente cinco historias que reflejan las vidas de millones.


A las tres de la tarde y con el sol pegando fuerte y de frente, las calles que rodean al Congreso se ven muy distintas a lo habitual: las avenidas están cortadas al tránsito, dos escenarios muy grandes dividen Rivadavia, y una gran cantidad de vallas negras en hilera separan al sector “celeste” de la marea verde feminista. 

Desde varias cuadras antes se escuchan los cantitos y los golpes de los bombos, que no paran de sonar en ningún momento. No hace falta aclarar de qué lado vienen.

En Callao, la voz de Miss Bolivia suena potente a través de los parlantes:

Dicen que desaparecí porque andaba sola por ahí

El femicidio se puso de moda

¡paren de matarnos! 

A un costado de la plaza, varios grupos de pibas bailan, corean la letra y se refrescan tirándose botellas de agua sobre sus cuerpos transpirados. Detrás de ellas, un pasacalles de la organización social La Poderosa dice: 

¡El feminismo villero y plurinacional grita por el aborto legal! 

Ayelén

Unos metros más adelante, en el medio de la plaza, camina Ayelén. Tiene 26 años, la piel trigueña y lleva a cuestas un tambor enorme que es casi más grande que ella. Sobre la cabeza, un sombrero negro con el pañuelo verde atado alrededor de la copa la protege del sol. 

De origen Diaguita y con parte de su familia Guaraní, Ayelén aprendió a no renegar de sus orígenes gracias al feminismo: 

—Siempre sentí que algo no cerraba en mí, porque en las grandes ciudades siempre somos ese rostro que molesta. Pero el feminismo me ayudó a entender que el problema no era mío: me discriminaban por mis orígenes. Cuando me di cuenta empecé a valorarme como soy, a entenderme y a abrazar mi identidad, que es la tarea más difícil que tenemos en nuestra comunidad. 

En la comunidad de Ayelén las mujeres siempre abortaron. Ellas lo practican con sus medicinas y conocimientos ancestrales. Esos que se transmiten de generación en generación. Su historia y la de sus abuelas la convencieron: “El aborto es uno de los derechos arrebatados por el colonialismo”.

Otro de los legados que Ayelén recibió de sus ancestros es la música. Sabe tocar varios instrumentos y también le gusta cantar. Aunque no tiene encima su caja musical, se anima con una coplita:

Banderita colorada

vámonos para la quebrada

que aquí no se goza nada

porque no hay canto ni caja.

Valeria

Siguiendo por Callao en dirección a Corrientes, avanzar se complica: la calle y las veredas están repletas de gente.

Las carpas blancas de las organizaciones sociales que acompañan la movilización se armaron temprano. Una de ellas lleva el símbolo del Ministerio de Desarrollo Social. Allí, dos señores con pecheras del Gobierno reparten alcohol en gel y ofrecen barbijos a quienes lo perdieron

Sobre las rejas de uno de los estacionamientos de Bartolomé Mitre cuelgan varios atrapasueños de distintos tamaños y de un solo color. Al lado, Valeria, 45 años, tiene puesta una remera verde que le hace juego con sus ojos. Es la artesana creadora de los atrapasueños. Para hacerlos, trabajó con agujas de tejer, aros de sauce y redes de hilos con plumas. “Los hice verdes porque es el color con el que hoy nos identificamos todes”, cuenta.

A las cinco de la tarde, Valeria está convencida de que la ley va a salir y que ese hecho histórico será “un paso más de un camino en el que estamos todes y que lo vamos a seguir haciendo al andar”.

—Estamos viviendo un sueño que tenemos desde hace mucho tiempo. Hoy, gracias a nuestra lucha, lo vamos a convertir en realidad.

Malena

Mientras atardece, en la esquina de Corrientes y Callao suena música electrónica en vivo. La vigilia levanta color, calor y movimiento.

Malena está sentada en el escalón de la fachada de una confitería junto a cinco amigas. Son alumnas del Colegio Nacional Buenos Aires y tienen entre 16 y 17 años. Ella terminó de cursar cuarto año, es Consejera de Convivencia del Centro de Estudiantes y milita en Hierba Mala, una agrupación estudiantil “de izquierda popular y feminismo interseccional”. 

Cuando en 2017 lxs estudiantes tomaron distintos colegios de Buenos Aires, Malena todavía era chica. Recuerda que le llamó la atención cómo sus compañerxs del Centro de Estudiantes se organizaban solidaria y comunitariamente para que lxs estudiantes de los primeros años pudieran seguir con la cursada más allá de la toma. Esa acción, dice, fue clave para que se involucrara en la política estudiantil. 

Algo parecido le pasó cuando se sumergió en el feminismo: al entender lo que significaba la lucha feminista se dio cuenta de que las cosas no pasan solamente por lo que a ella le importa, sino que también existen otras realidades con distintas necesidades y deseos. 

—No me pasa de ver todos los días el padecimiento de las mujeres de los barrios populares que, por ejemplo, tienen que abortar con lo que sea porque no quieren ser madres. Pero cuando me di cuenta de que esas cosas pasan a diario, me empecé a abrir y a escuchar otras realidades.

A Malena le indigna la forma en que algunas personas adultas tratan a lxs jóvenes. “Siempre nos subestiman, nos quieren callar porque saben que nosotres tenemos mucha fuerza y convicción, y eso a veces da miedo”. Así como desconfía de sus miradas, también sospecha de los perfiles de algunos políticos. Un sentimiento que comparte con muchxs de su generación: “Hay varios senadores varones cis, adultos mayores, que no dicen ni una palabra que pueda llegar a retumbar adentro nuestro”.

Ella y sus amigas creen que también es importante hablar sobre la ESI (Educación Sexual Integral). Consideran que tiene que implementarse de manera urgente en todos los colegios y en todas las universidades del país.

—No queremos una educación en donde se nos enseñe solamente sobre heterosexualidad y sobre cómo ponerle un forro a un desodorante. Queremos experimentar con nuestras vidas lo que tengamos ganas y tener la posibilidad de decidir libremente sobre nuestros cuerpos. 

Ro

Cuando cae la noche, en esta parte de Buenos Aires teñida de verde, empieza la vigilia.

Las calles y las avenidas son una fiesta llena de gente y barbijos. Las personas, en su mayoría mujeres pero también de otras identidades, en su mayoría jóvenes pero también de distintas edades, bailan al ritmo de la música, toman cerveza sentadxs sobre el suelo, o calman el hambre en alguno de los bares que, por esta vez, se mantienen abiertos durante toda la noche. 

Casi todxs respetan los cuidados del Covid-19, aunque por momentos hay quienes se sacan los barbijos y en algunos lugares la multitud hace casi imposible mantener la distancia adecuada.

Al lado de la carpa de Ni Una Menos está Ro Tirita, integrante del grupo de cumbia disidente y feminista queer “Sudor Marika”. Ro, 32 años y pelo cortito, lleva puesto un barbijo bordó sobre nariz y boca, y una remera amarilla que, con letras rojas, dice: “Aborto legal es vida”. 

Foto: Télam 

Mientras juega con un cigarrillo, Ro cuenta que desde hace un tiempo empezó a autopercibirse como una persona no-binarie, porque la idea de lo indefinido le resulta algo muy potente tanto política como existencialmente.

—Creo que estamos viviendo un momento en el que no hay una definición tan tajante sobre la identidad, sino más bien un proceso sobre el cuestionamiento de la propia existencia. 

El proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo también incluye a los cuerpos gestantes y, a Ro, esta inclusión le parece una gran decisión, porque el territorio de lo identitario muchas veces termina siendo un lugar muy hostil: “La vida es una construcción constante, y está bueno darse cuenta de que no estamos obligades a decir o a tener que definir siempre lo que somos o lo que queremos”. Y agrega sobre la ley: “también significa soberanía y autonomía, porque cuestiona una idea habitual sobre la propiedad de los cuerpos. Como sucede con el discurso amoroso, en donde el otro supuestamente nos pertenece. Eso también deberíamos animarnos a discutir”.

Marisol

A las tres de la mañana la gente comienza a acercarse a las pantallas. Algunas se animan a brindar y a festejar de antemano. Puro optimismo y manija feminista. Los nervios y la ansiedad hacen que el paso de los minutos se sienta más lento.

En medio de esa multitud está Marisol, una chilena de 55 años que vive en Argentina hace 30. Vino a la manifestación junto a sus nietas adolescentes. Mientras mira la pantalla, conmovida, explica cómo ella y su amigas vivieron su juventud: “No levantábamos la cabeza para contestar”. Ahora, se alegra por saber que los cambios generacionales vienen con transformaciones profundas en cuanto a los valores y los derechos de las mujeres y los cuerpos gestantes: 

—Hoy estamos haciendo historia, y eso se debe en gran medida a nuestras jóvenes, que son quienes se han puesto al frente de esta causa.

Marisol está convencida de que detrás del “aborto sí, aborto no” hay algo más profundo: la inclusión de la integridad de los derechos de las compañeras y compañeres. Dice que, a partir de la aprobación de la ley, “al fin vamos a poder dormir tranquilas”.

En las pantallas se anuncia que dentro de quince minutos lxs senadorxs van a votar. Marisol y sus dos nietas levantan los pañuelos y se unen al canto colectivo: 

¡Que sea ley! / ¡Que sea ley! / ¡Que sea ley! 

Unos minutos después de las cuatro de la madrugada, la multitud estalla en llantos, gritos, abrazos y emoción. Están lxs que aplauden, lxs que tocan las bocinas de los autos como cuando ganamos un mundial. Algunas pibas y pibis se sacan fotos delante de las paredes grafiteadas con las dos palabras mágicas que resumen décadas de lucha: “Es ley”. 

El canto que enciende tantas manifestaciones feministas suena en cada cuadra, ahora con un sentido distinto, el de saber que conquistamos un derecho:

Poder popular 

Luchar con la compañera le gusta a usted…

Y ahora que estamos juntas

Y ahora que sí nos ven

¡Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer! 

¡Y arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer! 

Fuente: Revista Anfibia



El gran protagonismo de les pibas


Resumen Latinoamericano 30 de diciembre de 2020

Fotografías y videos: Resumen Latinoamericano


Envio:RL

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