7 de enero de 2021

ROSARIO - OPINION.

 07 de enero de 2021

Cómo modificará la vida humana el cambio climático

La desesperada búsqueda de frío

En 1930 Freud, en su vigente El malestar en la cultura, alertó sobre la destrucción del planeta. Las luchas que se vienen
Por Gustavo Dessal*








Los incendios forestales tuvieron un efecto devastador en California este año 
Imagen: AFP

¿Por qué los psicoanalistas, interesados en todas las variantes del malestar en la cultura, prestamos en nuestras reflexiones tan poca atención al sistemático deterioro que los humanos venimos produciendo en el planeta, así como en sus consecuencias? En su profundo ensayo El malestar en la cultura, una obra cuyas líneas principales conservan una asombrosa actualidad, Freud consideró que las fuerzas de la naturaleza pueden convertirse en una de las principales causas del infortunio que nos amenaza. En 1930, cuando el libro fue publicado, el desarrollo del capitalismo no había alcanzado aún la fase crítica de su destructividad. No era tan sencillo decir que, inversamente, los humanos somos la fuente fundamental del sufrimiento que padece la naturaleza, y que esa acción tendría efectos impredecibles. 

Tras una primera fase de negación, hoy casi todos los países admiten la gravedad del cambio climático. Solo un puñado de dirigentes paranoicos lo desmiente, pero no por motivos ideológicos sino por su connivencia con las grandes multinacionales, principales responsables de la catástrofe. Cada árbol que se tala en la Amazonia provoca un aumento instantáneo del saldo bancario de Bolsonaro, para tomar un ejemplo entre muchos. Así, y en un desesperado intento de despertar la conciencia del drama que ya se ha inaugurado, se nos impone el mensaje de que la tierra se extingue. 

Visionarios como Elon Musk apuestan por la posibilidad de habitar otros planetas, y no es tan sencillo sonreír y pensar que se trata de la fantasía de un loco. Sin embargo, existe otra perspectiva, que no contradice la anterior, sino que aporta una serie de variables mucho más complejas. Con el apoyo del Centro Pulitzer, The New York Times y la prestigiosa publicación ProPublica han convocado a una serie de expertos para analizar el futuro de nuestro planeta. El resultado es que antes de volar a Marte sucederán muchas cosas, algunas de las cuales ya han comenzado.

Putin tuvo una verdadera clarividencia cuando hace unos años, en una reunión con su gabinete, afirmó que “un par de grados más no nos vendrían mal. Gastaríamos menos en abrigos de pieles y aumentaría la cosecha de grano”. Su profecía se ha cumplido. Siberia, uno de los territorios más extensos del mundo, prácticamente despoblado e improductivo, se va calentando. Por esa razón, el grosor de la capa de permafrost ha disminuido y el terreno comienza a ser apto para la actividad agropecuaria. Todas las regiones nórdicas, como Canadá, Rusia, Suecia, Noruega y Finlandia verán aumentar de forma hasta ahora inimaginable la superficie de sus tierras propicias para la vida, la población y fundamentalmente la producción de cultivos y ganado. Rusia se convertirá en la granja más grande del planeta, capaz no solo de alimentar a toda su población sino a una gran parte del resto del mundo. Se calcula que dentro de treinta o cuarenta años su Producto Interior Bruto se multiplicará por diez, así como la renta per capita, convirtiéndose en la potencia económica más grande del mundo. 

En el año 2019 su producción de trigo se ha duplicado y es el principal exportador de soja a China, su vecino de abajo. Pero ahí no acaba la historia. Si trazásemos una línea a la altura de la frontera norte de USA y China, todos los territorios de los cinco continentes al sur de esa línea formarán parte de las regiones en las que las temperaturas volverán muy difícil la vida, la existencia de agua potable y las posibilidades de cultivar. Por lo tanto, las corrientes migratorias hacia el norte se convertirán en un tsunami imparable. Países europeos como España e Italia se despoblarán en la mitad meridional, y la presión del norte de África para entrar a través de esos países y seguir camino hacia el frío (para entonces ya no tan frío) será imposible de contener. Lo mismo sucederá con la mitad sur de China, toda la India, Vietnam y regiones adyacentes. Se calcula que hacia el 2050 más de mil millones de personas habrán migrado hacia el norte. 

¿Qué ocurrirá entonces? Los países ganadores no podrán abastecer sus necesidades de mano de obra contando solo con su población autóctona. Deberán admitir un cupo de trabajadores extranjeros que en algunos casos, como Canadá, duplicará el número de sus ciudadanos. Rusia, a su vez, necesitará muchos millones de extranjeros, provenientes en su mayoría de China, para poder sostener su producción. Mientras el sur de Europa mira para otro lado, creyendo que esto queda muy lejos, Putin y Xi Jinping ya han firmado un acuerdo para preparar ese futuro de las próximas décadas, y como símbolo del tratado acaba de inaugurarse un gigantesco puente que cruza el río Amur, en la frontera entre China y Siberia, uniendo ambos regiones por vía terrestre. En la otra punta del globo, el sur de Argentina podría convertirse en la palanca salvadora de esa nación. Posee las condiciones para figurar entre los países ganadores, pero es una incógnita anticipar el papel que jugará la idiosincracia de su sociedad.

Es muy difícil predecir lo que todo esto significa en términos de transformación global, pero el informe alerta sobre cómo habrán de encararse las posibles respuestas sociales. Rusia es un país de larga tradición xenófoba, aunque probablemente no mucho más que cualquier otro. ¿Qué ocurrirá cuando un tercio de la población de la Federación Rusa sea de origen chino? Canadá, previsora como siempre, ya ha empezado a trabajar en el problema, convocando a sus mayores expertos en demografía, economía y geopolítica. Su población decrece, y en el 2100 los extranjeros triplicarán el número de nacionales. Ya han puesto manos a la obra para convertir el país en un polo de atracción de la gente más capacitada de todo el mundo, e investigar la manera de mitigar los efectos sociales explosivos de un cambio de esas características. Según estos estudios, la Tierra no se extinguirá tan pronto como algunos han creído. Eso también llegará, pero antes sucederán cambios que no solo afectarán la vida de las tortugas o los arrecifes de coral. Harald Weltzer, en su libro Las guerras climáticas, viene estudiando el tema desde hace mucho tiempo. La necedad de creer que las epidemias ocurren en lugares pobres y lejanos nos ha conducido a la pandemia actual. Una estupidez semejante aplicada al cambio climático podría convertir a España, por ejemplo, en un país devastado. Por lo tanto, apostar al turismo de playa y sol será, en el mediano plazo, un suicidio. La Historia, a partir de ahora, es la gran epopeya en la búsqueda del frío.

*Psicoanalista argentino residente en Madrid. Miembro ELP y AMP. 

Fuente:Rosario12

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