22 de febrero de 2021

TROPEL 1 del 22.02.2021.

 

¿Cuáles son las luchas socioambientales ecofeministas?

Por Agustina Grasso, Resumen Latinoamericano, 21 de febrero de 2021.

De las Asambleas de Nonogasta a las Madres de Ituzaingó en Córdoba, de la lucha por el Riachuelo a la defensa del agua en Mendoza. Resumen y compilación de  algunas de las principales luchas del ecofeminismo en nuestro país. 


“Ni extinción, ni escape. El ecofeminismo es el trabajo revolucionario de nuestros tiempos. Sabemos que la tierra está viva y las antiguas tradiciones siempre reconocieron a la madre tierra”, plantea Vandana Shiva, filósofa y escritora india (del ecofeminismo más esencialista), en su conferencia Ecofeminismo y la descolonización de las mujeres, la naturaleza y futuro.

“Podemos decir que el ecofeminismo se expresa en los discursos, en las construcciones teóricas, en el activismo anticolonial y de feministas comunitarias y populares. Pero sobre todo se ve en las prácticas de muchísimas mujeres, en sus luchas contra el extractivismo y los impactos de la crisis ecológica. Decimos que esa cercanía de las mujeres y la naturaleza tiene que ver con una construcción social que expresa las dicotomías tan necesarias y construidas por una sociedad patriarcal”. Quien habla es Flor Funoll Capurro, coordinadora del área de Ecofeminismo del Taller Ecologista de Rosario, una entidad ambiental que desde el 2016 suma al ecofeminismo como mirada transversal en todas sus áreas de trabajo.

Las referentes ecofeministas son todas aquellas mujeres que levantan las banderas de defensa de los recursos naturales en sus territorios. A nivel internacional, podríamos nombrar a Vandana Shiva, Yayo Herrero, Amaia Pérez Orozco, Alicia Puleo, entre otras. Pero ¿qué sucede con este movimiento en la actualidad y en Latinoamérica? Un gran ejemplo fue Berta Cáceres: mujer indígena, defensora de los Derechos Humanos, Berta protegió territorios en Honduras y alzó su voz por los derechos del pueblo Lenca. En marzo de 2016, atacantes no identificados irrumpieron en su casa y la asesinaron.

“A partir de la división sexual del trabajo, que nos asigna sociocultural y simbólicamente los trabajos reproductivos y de cuidado, las mujeres e identidades feminizadas somos más cercanas y sensibles al cuidado de otres, de la naturaleza, de nuestros territorios, de los diferentes seres vivos que lo habitan. Es por ello que también solemos ser las primeras en detectar las problemáticas derivadas del capitalismo extractivista, como por ejemplo cuando el agua está contaminada y observamos síntomas en nuestros hijes, animales, cultivos», agrega Flor Funoll Capurro. «A partir de escenarios como estos, muchas mujeres en diversos territorios de  América Latina (desde las periferias urbanas hasta el espacio rural) se han organizado colectiva y comunitariamente para su defensa, la defensa de una vida digna y armoniosa con el entorno. Y al mismo tiempo, en algunos casos, también han puesto en tensión las estructuras patriarcales que venían organizando sus vidas, a través de un proceso de constante empoderamiento en la lucha misma, en el encuentro con otras. Podríamos decir que aunque muchas de ellas no se autodefinan como ecofeministas, estas mujeres latinoamericanas del campo popular de alguna u otra manera lo serían».

¿Cuáles son esas luchas en Argentina?

Las Asambleas de Nonogasta en La Rioja (1990) | Contaminación de curtiembres

Clara Olmedo fue una de las primeras en denunciar la contaminación generada por las curtiembres a causa de la liberación de efluentes en piletones en el suelo o al aire libre. Las consecuencias fueron malformaciones, abortos espontáneos y hasta muertes en la población de Nonogasta. Actualmente, más de 30 años después, la lucha continua: «Hay olor pero es mucho menos y es porque la curtiembre no está trabajando y no porque la empresa haya mejorado sus procedimiento de tratamiento de efluentes», afirmó en La Mañana de La Red, la referente de la Asamblea El Retamo, Clara Olmedo.

«La empresa no está trabajando porque está con un conflicto laboral y financiero. No están vendiendo y están interrpumpidas las cadenas de comercialización. La producción es mínima y por eso bajaron mucho los olores. Pero cuando Curtume trabaja lo hace violando la ley ambiental y ahí el olor es insoportable», aseguró.

Actualmente, la empresa está con un pedido de clausura preventiva debido a la falta de tratamiento adecuado de sus efluentes. Según los sectores ambientalistas, lo que genera mal olor no es el cromo sino los sulfuros que generan los efluentes. «Los filtros que la empresa trajo son para el cromo pero no son suficientes porque sigue habiendo cromo en los efluentes. Entonces, o no están usando los filtros o la producción supera ampliamente la capacidad de la tecnología que se trajo y que se celebró con bombos y platillos», agregó Olmedo.

MADRES DE ITUZAINGÓ, EN CÓRDOBA (2002) | AGROTÓXICOS EN PRODUCCIÓN SOJERA

Sofía Gatica, Marcela Ferreyra, Norma Herrera, Vita Ayllon, Julia Lindon son algunas de las mujeres que conforman Madres de Ituzaingó en la provincia de Córdoba. Desde 2002, denuncian la contaminación por agrotóxicos en la producción sojera. En aquel año aún no había pandemia y, sin embargo, vecinos y vecinas de ese barrio de 5.000 habitantes ya salían a las calles con barbijo. Fueron las madres quienes preocupadas hicieron su propio sondeo epidemiológico: hasta 2012, en el barrio Ituzaingó Anexo murieron por cáncer 142 personas. Ellas, antes de que la ciencia lo probara, sabían que tenía que existir una vinculación entre las fumigaciones directas de glifosato y la salud de las personas. Finalmente, tal como lo señalaban, sus investigaciones fueron luego avaladas científicamente.

“Los que murieron tenían cáncer, y son los que vivían precisamente en las primeras manzanas más cercanas al campo de soja donde el productor Francisco Parra fumigaba constantemente”, cuenta 18 años después, el ex fiscal de la causa Carlos Matheu.

Al principio, hubo una denuncia municipal, y comenzó una investigación. En 2012, Parra fue condenado a tres años de prisión en suspenso por la aplicación terrestre de agroquímicos. Pese a ello, la Cámara 12° del Crimen, tras el retraso del inicio del debate por la pandemia de Coronavirus, sobreseyó al productor sojero aduciendo “Non bis in idem”, es decir, que para la Justicia el imputado Francisco Parra ya había sido juzgado por la causa y no podía ser condenado nuevamente por el mismo delito.

Pese a que el juicio por fumigaciones tenía fecha fijada, la Cámara 12° del Crimen sobreseyó al único imputado en plena cuarentena. Un dictamen insólito tras 18 años de reclamo.

BEATRIZ MENDOZA (2004) | CAUSA MATANZA-RIACHUELO

En el año 2000, Beatriz Mendoza trabajaba como psicóloga social en la unidad sanitaria de Villa Inflamable e intuía que la salud de quienes vivían ahí estaba expuesta a la contaminación del Polo Petroquímico. De hecho, es por Beatriz que la Corte Suprema de Justicia emitió en 2008 un fallo histórico que lleva su nombre, donde exigió el saneamiento y la recomposición de la cuenca al Estado Nacional, a la provincia de Buenos Aires y a la Ciudad. A partir de esa decisión se conformó la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar).

Su denuncia involucra al Estado Nacional, 44 empresas, a la Provincia de Buenos Aires y al Gobierno de la Ciudad. Se trata del primer caso de gestión ambiental interjurisdiccional para la protección de un recurso natural y la recomposición de los daños ambientales. En toda la cuenca, unas 502.398 personas viven en zonas urbanas de riesgo alto y muy alto debido a los déficit socio-ambientales, mientras que 700 familias aún viven en las márgenes del Riachuelo

Con el fin de avanzar en soluciones por el daño ambiental en la cuenca Matanza-Riachuelo, se creó el Plan Integral de Saneamiento Ambiental (Pisa), un paquete de 14 acciones para atender esta compleja problemática socioambiental. Sin embargo, según los últimos datos oficiales de 2020, la contaminación permaneció en sus niveles altos y habituales, sin poder cumplir los estándares mínimos de calidad ambiental. Incluso, varios de los controles previstos no se pudieron realizar debido a las restricciones del aislamiento obligatorio de la pandemia.

MADRES DEL AGUA, EN MENDOZA (2019) | RESTITUCIÓN DE LA LEY 7.722

En Mendoza, en diciembre de 2019, frente al intento de reforma de la “Ley protectora del agua”, las luchas ambientales mendocinas alzaron la voz bajo las consignas “El agua no se toca” y “La 7722 no se toca”.

Durante una semana entera, más de 50 mil vecinos y vecinas de todas las edades, orígenes y colores políticos, salieron a defender la Ley. Pero entre las miles de voluntades destaca un grupo de mujeres que participó activamente de esas marchas: docentes, jóvenes y hasta reinas de la Vendimia que el 23 de diciembre de 2019 que fueron reprimidas como parte de un operativo provincial que incluyó gases lacrimógenos, balas de goma, persecuciones en moto y detenciones.

Así nacen las Madres del Agua: “Las madres con niños nos movilizamos confiadas de que, como mínimo, seríamos escuchadas de forma pacífica. Las madres que ya somos hermanas de años marchando juntas. Madres y niños, en medio de una guerra por el agua, resistiendo por el futuro de nuestros hijos y el de todos los mendocinos”, explicaron entonces. Luego de esas manifestaciones, se logró la derogación de la reforma de la ley 7722 que protege al agua del mercurio, el ácido sulfúrico y otros químicos utilizados en la minería a cielo abierto. Un triunfo histórico.

Fuente: ANRed



Femicidas de uniforme





















Por Ricardo Ragendorfer, Resumen Latinoamericano, 21 de febrero de 2021 

“Uno de cada cinco femicidios en Argentina es cometido por miembros de las fuerzas de seguridad”, advirtió días atrás el colectivo Ni Una Menos. En estos momentos, los casos de Úrsula Bahillo, Mirna Palma e Ivana Módica no hacen más que confirmar esta afirmación. 

En la pequeña ciudad de Rojas se concentró el horror. La muerte de Úrsula Bahillo -asesinada con 15 puñaladas por el oficial de la Bonaerense, Matías Ezequiel Martínez-puso en foco los femicidios cometidos por uniformados.

Robustece esta temática el caso de Ivana Módica en la ciudad cordobesa de La Falda. Ella murió en manos de su esposo, Javier Galván. Tras ocho días de búsqueda, el cuerpo fue hallado detrás de las ruinas del viejo hotel Eden. Su matador es vicecomodoro de la Fuerza Aérea.

Completa ese combo semanal el femicidio en Formosa de Mirna Palma, una docente de 44 años asesinada por un policía que después se suicidó.

“Uno de cada cinco femicidios en Argentina es cometido por miembros de las fuerzas de seguridad”, advirtió hace días el movimiento Ni Una Menos.

El miércoles 17 hubo una multitudinaria manifestación frente a los Tribunales de la calle Talcahuano por estos crímenes y también para reclamar políticas públicas ante esta pandemia policíaco-patriarcal.En lo que va del año ya hubo 45 femicidios.

Blues del terror azul
Según Correpi, desde 1992 a la fecha hubo 392 femicidios causados por efectivos policiales.Según Correpi, desde 1992 a la fecha hubo 392 femicidios causados por efectivos policiales.
Aquel sujeto, allá por mayo de 1996, era el prófugo más buscado del país. Pero apenas por unas horas, ya que no tardó en ser encontrado por la dotación de un patrullero en un escondite debajo del puente Tedín, en Tigre.

Entonces se entregó con mansedumbre antes de que un sargento, en vez de amarrocarle las muñecas, le pasara un brazo por el hombro, casi con cariño, mientras le susurraba al oído: “Te mandaste una macana, pibe”.

La “macana” en cuestión fueron 113 puñaladas al cuerpo de su novia. Se trataba del célebre Fabián Tablado.

Sobre semejante festín de sangre corrieron ríos de tinta, aunque aquella frase pasó desapercibida. Una lástima, porque dejaba al descubierto la actitud comprensiva de los uniformados hacia la violencia de género, incluyendo su manifestación más extrema, el femicidio.

¿Acaso esa tolerancia forma parte de la cultura policial? De ser así, la misma también beneficiaría a sus efectivos más propensos en tener desbordes “pasionales”, una calificación aún hoy usual en las comisarías.

Pablo Bressi –quien fuera jefe de La Bonaerense entre fines de 2015 y mayo de 2017– es un gran ejemplo al respecto. Tanto sus 90 mil subordinados como los funcionarios que lo entronizaron –la ex gobernadora María Eugenia Vidal y su ministro de Seguridad, Cristián Ritondo– sabían perfectamente que él era un golpeador de mujeres sin que ello minara su autoridad o pusiera en riesgo su gestión.

A su esposa, Isabel Monatysky, le llegó a fracturar una pierna a patadas, entre otras palizas, además de apoyarle una pistola en la cabeza ante los tres hijos de ambos. A su siguiente pareja, Viviana Figueroa, le pegaba en forma regular, y hasta le rompió un tímpano con un cachetazo. Las denuncias efectuadas por ellas jamás fueron tomadas en las fiscalías de la provincia. Pero al menos tuvieron el privilegio de sobrevivir.

Durante el reinado de Bressi en aquella fuerza de seguridad, hubo 2.252 policías denunciados por sus parejas o ex parejas. El grueso recibió sanciones leves, y apenas 49 fueron exonerados. En ese lapso también hubo 13 femicidios cometidos por policías, sólo entre las filas de La Bonaerense.

Matías Martínez, el asesino de Úrsula.Matías Martínez, el asesino de Úrsula.

Sin embargo, en aquella época la prensa no reflejó dicha problemática con la merecida dimensión. Ese letargo informativo se quebró a fines de 2016, aunque por un hecho ocurrido en la ciudad entrerriana de Paraná.

El sábado 5 de noviembre, el suboficial de Prefectura, Orlando Ojeda, de 46 años, amaneció ofuscado. Y enfiló hacia la casa de Romina Miriam Ibarra, –una cabo de la Policía de Entre Ríos de quien se había separado poco antes, y le disparó con su pistola reglamentaria en la cabeza. Luego fue de visita a la casa de su ex esposa –con la que tramitaba el divorcio– y tras una discusión le descerrajó seis tiros delante de los tres pequeños hijos de ambos. Aquel doble femicidio estremeció al espíritu público.

Ese año, 2016, se contabilizaron en todo el país unos 23 femicidios cometidos por policías, lo cual representó un 7,5% de los crímenes en dicha modalidad.

El asunto fue parte de los reclamos esgrimidos durante la multitudinaria marcha desde el Congreso a Plaza de Mayo, convocada el 8 de marzo de 2017 para el primer Paro Internacional de Mujeres.

¿Hubo entonces una adhesión macrista a la lucha contra la violencia de género? Aquel miércoles, tras la desconcentración, cuando ya prácticamente no quedaba nadie, la Policía de la Ciudad cargó con una furia desaforada sobre chicas que caminaban solas, que comían pizza o que bailaban en la calle, lejos de toda escena que pudiera confundirse con un intento de provocación.

Úrsula Bahillo, de 18 años, había denunciado muchas veces a su agresor. Fue asesinada de 15 puñaladas.Úrsula Bahillo, de 18 años, había denunciado muchas veces a su agresor. Fue asesinada de 15 puñaladas.

Una paradoja: entre los represores de esa noche se encontraba el agente Maximiliano Leal, de 39 años. Exactamente 16 meses después, acribilló con un balazo en el pecho a su esposa, Giselle Martín, de 40, con quien tenía dos hijos que al instante del crimen pernoctaban en lo de una abuela. El femicidio ocurrió en la vivienda familiar del barrio de San Cristóbal. En su descargo, el hombre aseguró que había discutido con la víctima, que forcejearon y que se le escapó un tiro.

Más allá de la dudosa veracidad de dicha cadena de circunstancias, el caso puso de relieve un patrón común en varios de estos asesinatos: el uso de armas reglamentarias (que le provee el Estado a sus servidores públicos). Tal es el caso del 13% del total de femicidios cometidos en el país (16 crímenes causados por policías con aquellos adminículos en 2016, y 23 en 2017), según estadísticas del CELS (Centro de Estudios legales y Sociales).

Una biblia en la materia fue el caso de Romina Gutiérrez, una sargento de La Bonaerense que convivía en un departamento de La Plata con su pareja, el oficial de esa fuerza Danilo Acevedo.

El 25 de agosto de 2019, una compañera de la mujer, también sargento, fue a buscarla allí dado que no se podía comunicar con ella. Y se topó con una ominosa sorpresa: sangre que salía por debajo de la puerta. Adentro, Romina, con un tiro en la cara yacía boca arriba, ya sin vida. Y Danilo, con un orificio en la sien, agonizaba junto a ella antes de exhalar su último suspiro. Entre los dedos aferraba su pistola. También había tres vainas servidas.El episodio, ahora sí, tuvo un gran despliegue mediático.

En términos más generales, desde 1992 a la fecha hubo 392 femicidios policiales, según los conteos de la Correpi (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional). Dicho organismo los considera “la primera causa de asesinatos femeninos en manos del aparato represivo del Estado”, cuya suma registra 674 muertes de mujeres en situaciones que también incluyen casos de gatillo fácil y torturas fatales en comisaría.

Desde 1992 a la fecha hubo 392 femicidios policiales, según los conteos de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi)

“El estado policial implica que los policías lo son durante las 24 horas del día –dijo a Telam la referente de la Correpi, María del Carmen Verdú–. En la Federal, por ejemplo, eso es optativo. Pero los policías no lo toman así. Una medida que venimos planteando es prohibir el uso del arma reglamentaria en horas fuera de servicio. Así bajarían exponencialmente los casos de gatillo fácil y también los femicidios”.

Manu militari
Ivana Módica fue hallada muerta en Córdoba.Ivana Módica fue hallada muerta en Córdoba.
La Correpi acuñó para estos crímenes la expresión “femicidios de uniforme”, un concepto nada antojadizo puesto que también engloba los casos cometidos por personal del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea.

Al respecto fue memorable un verdadero thriller de la vida real. Caía la noche del 22 de octubre de 2015 cuando Liliana Gotardo, de 51 años, cerró su peluquería en la localidad de San Miguel para caminar por la calle Paunero al 1700 hacia la cochera donde estaba su camioneta.

Entonces, un desconocido pronunció su nombre a sus espaldas, para así verificar quién era. Luego le disparó cuatro balazos. Ella murió en el acto. El cómplice del asesino lo aguardaba en una motocicleta, a bordo de la cual huyeron en dirección a la capital.Ella era la esposa del sargento del Ejército Rodolfo Maguna. Llevaban 25 años de casados. Un matrimonio mal avenido por los constantes maltratos que él le dispensaba. Por esa razón ella había decidido separarse.

Maguna, sin perdonarle el abandono, planificó ese crimen sin escatimar ningún detalle. Primero le puso un GPS al vehículo de su ex para seguir todos sus movimientos; luego contrató a dos soldados en Campo de Mayo para que oficiaran de sicarios. Y les adelantó 50 mil pesos. Nada podía fallar.

Liliana Gotardo fue asesinada por dos sicarios que contrató su marido, el sargento del Ejército, Rodolfo Maguna.Liliana Gotardo fue asesinada por dos sicarios que contrató su marido, el sargento del Ejército, Rodolfo Maguna.

Pero las cámaras callejeras de seguridad derrumbaron el plan, dado que los dos matadores fueron rápidamente identificados. Y ellos condujeron a los investigadores hacia el “contratista”.En 2018 el sargento fue condenado a perpetua, mientras que los dos improvisados killers recibieron condenas de entre 10 y 15 años de prisión.

En el gélido lenguaje de las cifras, los militares, tanto en actividad como en situación de retiro, suman nada menos que el 20% del universo formado por los “femicidas de uniforme”, según el CELS.Claro que otros casos con tales hacedores no resultaron tan sofisticados como el asesinato planeado por Maguna.

El 41% de los femicidios castrenses fueron efectuados con cuchillos; el 26% con armas de fuego (el 17% con la reglamentaria); el 18% por asfixia y el 15% a golpes y patadas.

Éste último fue el método usado por el sargento del Ejército Fernando González Friveo, de 35 años, para asesinar a su esposa, la también suboficial de esa fuerza Jessica Lucía Hoffman, de 31. Ellos vivían en una vivienda al fondo del terreno donde también estaba el hogar del padre de ella. De modo que, durante la noche del 20 de noviembre de 2018, este último escuchó unos ruidos extraños.

Luego vio a su yerno colgando ropa en el jardín. Fernando entonces le informó que su hija estaba de servicio en Campo de Mayo. «No se preocupe, don Rolando. Está todo tranquilo», le llegó a decir. En realidad, nada era “tranquilo” en esa pareja, dado su temperamento celópata, el cual se agravó al expresarle ella su deseo de separarse.

El miércoles, frente a Tribunales, fue unánime el reclamo para poner fin a tantas muertes.El miércoles, frente a Tribunales, fue unánime el reclamo para poner fin a tantas muertes.
Al día siguiente –mientras Jéssica supuestamente seguía de servicio–, su esposo aceptó la invitación del suegro a cenar en su casa. La velada fue muy apacible. Desde luego don Rolando ignoraba que su hija había sido descuartizada, tras morir a golpes. Sus restos estaban enterrados en varias partes del jardín.

Con el correr de los días, su desaparición –sumado a que en Campo de Mayo también ignoraban su paradero– hizo que todo apuntara hacia el esposo. Bastó que la policía removiera el jardín para descubrir la verdad. Desde entonces González Friveo languidece en la cárcel de Marcos Paz.

Es notable que él, un sargento del Ejército, haya realizado en pequeña escala y a título personal lo mismo que el terrorismo de Estado, durante la última dictadura, solía hacer en grande: desaparecer personas.

Ahora, idéntico reflejo tuvo el piloto de la Fuerza Aérea, Javier Galván, con su esposa Ivana Módica. Pero ese crimen tampoco quedó sin resolver.

Fuente: Télam




El derrumbe de Ginés: del liderazgo

sanitario al vacunatorio vip

























Por Tali Goldman Ernesto Picco, Resumen Latinoamericano, 21 de febrero de 2021.

Médico sanitarista de San Nicolás, fue uno de los grandes formadores de los funcionarios de salud en la Argentina. Entró a la política desde el peronismo y los sindicatos, y fue ministro de Cafiero y Néstor y embajador de Cristina. Promovió y apoyó la sanción del aborto legal, el acceso gratuito a los remedios y la ley de medicamentos genéricos. Pero el vacunatorio vip montado en las oficinas de su ministerio llevó al derrumbe su hegemonía: se fue abucheado por muchos y dejando a sus discípulos con el sabor amargo del maestro desmoronado. Tali Goldman y Ernesto Picco narran la trama política de un líder que comete el último error al naturalizar sus privilegios por sobre la ética de la salud pública.

Lo aplauden, como siempre. Pero más, porque es el final de una carrera brillante. Se van a reventar las manos aplaudiendo y a él la cara blanca se le va a volver rosa y ese pelo de espuma le va a brillar y los dientes no le van caber en la sonrisa de costado, nerviosa, pero feliz. Es hora de cerrar su carrera y así va a ser: el broche de oro de una trayectoria enorme, casi intachable. Es el sanitarista más grande del país después de Ramón Carrillo. Algunos, en el entorno, creen que ha hecho todavía más: los remedios para los pobres, la atención primaria de la salud, la distribución de anticonceptivos, la pelea contra las mafias de los laboratorios. Y allá por 2005 cuando puso el aborto en la agenda política, cuando los pañuelos verdes todavía no se multiplicaban en carteras, cuellos y muñecas. Va a entrar en la historia. Quienes lo adoran fantasean con que debería ser un Cadillac. Sí, hablan de un Cadillac descapotable y que salga saludando. Y en tirarle flores mientras él mueve sus manos como un tipo querido por los suyos, que ha hecho lo mejor. Una retirada triunfal, merecida, es hora de vivir una vejez orgullosa. Pero en la política las cosas no siempre son como se imaginan. Ahora está subido a un coche negro. Él y su chofer. Afuera hay un puñado de indignados que le golpean las ventanillas y se le suben al capot. Cuando un arsenal de periodistas y camarógrafos con barbijos se agolpan para tener la imagen del escándalo, el auto logra salir del tumulto zigzagueando a lo bruto, como un animal atontado que se sacude un enjambre de abejas y se escapa como puede. Pasa los semáforos en rojo de la avenida 9 de Julio escoltado por una camioneta de policía y diez minutos después, cuando se baja en la entrada del edificio donde vive, en las Torres Le Parc de Puerto Madero, da diez pasos pesados hasta la puerta. Lo reciben con el repiqueteo de cacerolas. Alza la cabeza para mirar y desde un balcón alguien grita hijo de puta.

Ginés González García, a quien nadie le imaginaba otra salida que no fuera por la puerta grande, como un héroe, como un Quijote, como un San Martín, se desmorona como un ídolo de barro. ¿Por qué Ginés? ¿Por qué así? ¿Por qué Ginés?

A los 76 años, el hombre al que muchos consideran el mejor ministro de Salud desde el regreso de la democracia genera estupor en los discípulos y desilusión entre la militancia, incluida la feminista que valoraba su apoyo a la campaña por la legalización del aborto.

Todo es confusión. Todo es dolor. No importa la carta de despedida que dejó aún más desconcertados a muchos. No importa que en su fuero íntimo crean que lo dejaron solo. No importa si para algunos de sus amigos históricos había otras salidas posibles antes que pedirle la renuncia. Todo esto ya no importa porque lo que quedó en evidencia es el modo en que, incluso los mejores, pueden hacer cosas horribles a plena luz del día o contarlo por radio con absoluta naturalidad. Mientras miles se mueren y otros tantos esperan en la larga fila de la burocracia estatal para recibir la vacuna que les alivie la angustia y el miedo a la pandemia, los amigos del ministro saltaban la cola y recibían sus dosis sin pudor ni culpa. Es la crisis moral número mil de la política argentina, pero esta vez, quizás, viene a decirnos basta: esto ya no va más.

El drama social vinculado a las crisis sanitarias no es nuevo. Maximiliano Fiquepron estudió las grandes pestes argentinas desde el siglo XIX y dice que “ese tipo de inequidades o trato preferencial ha ocurrido con el cólera, la fiebre amarilla y la polio”. La falta de recursos existió siempre: “En las epidemias históricas hay denuncias en la prensa sobre mal uso de fondos, dinero, camas o medicamentos, pero nunca llegaron a provocar la renuncia de algún funcionario”.

Ginés no fue el único que generó desilusión. El periodista Horacio Verbitsky, que destapó la olla en una entrevista radial el viernes a la mañana, dijo en su disculpa del sábado a la medianoche en El Cohete a la Luna: “No advertí que fuera algo incorrecto, el ejercicio de un privilegio”. Con aquel acto deslegitimador de toda ética personal y profesional, el más rimbombante de los colados de la fila dejó un tendal de huérfanos: periodistas de todas las edades y militantes que creían en él, compañeros de su ONG de Derechos Humanos que públicamente cuestionaron su accionar. La historia que sigue es conocida. Mientras el Presidente le pedía la renuncia a su ministro de Salud, el periodista Roberto Navarro echaba a su estrella. En medio de una danza de nombres y las típicas roscas de la política, la elegida natural para suceder a Ginés fue Carla Vizzotti. La otrora hija pródiga ascendió triunfante de una interna previa a la pandemia: la que se remonta incluso a los orígenes mismos de la carrera de su padrino político. 

***

—¿Por qué me elegiste como tu ministro de Salud?

—Porque me hablaron bien de vos. Y porque leí un libro tuyo. 

Ginés era asesor de la comisión de Salud en el bloque del PJ de la Cámara de Diputados de la Nación, cuando lo convocó Antonio Cafiero al gobierno de la provincia de Buenos Aires. Recién un año después de asumir en el cargo, el 15 de julio de 1988, el médico de 44 años le preguntó al gobernador qué era lo que había visto en él, un hombre nacido en San Nicolás, Provincia de Buenos Aires, que se había recibido a los 22 de médico cirujano en la Universidad Nacional de Córdoba. Qué había visto en él, un hombre que había dado los primeros pasos en la militancia política vinculado al peronismo histórico y al sindicalismo, en tiempos de exilio de Perón. Qué había visto en él, un delegado sanitario federal que recorría las provincias de Salta, Buenos Aires, La Rioja y Córdoba, y que recaló como director general del Sistema Nacional de Salud de San Luis. Qué había visto en él, que se alejó de la función pública cuando los militares le pidieron la renuncia en 1976, y más adelante se vinculó a los sindicatos de Uocra y Utedyc como auditor de sus obras sociales. 

Cafiero vio un joven simpático y ambicioso. Por momentos adorable y divertido. El hombre al que de manera cariñosa apodaron “el Gordo”. Un técnico bien formado y trabajador, cuyo capital político era la vinculación a la dirigencia sindical y en especial al sector de Carlos “Carlín” West Ocampo, histórico dirigente de la Federación Argentina de Trabajadores de la Sanidad. Ginés era un sanitarista con una visión nacional y popular que ocuparía el cargo que acababa de abandonar Floreal Ferrara, el cardiólogo del peronismo de izquierda de los setenta, especializado en medicina social. Ferrara representaba la otra línea interna de los sanitaristas, donde se destacaba Mario Rovere (un médico vinculado a la izquierda revolucionaria). 

Mientras arreciaba la crisis económica y Cafiero estaba más preocupado por la interna peronista para la presidencia (finalmente perdió con Menem), “El Gordo” llevó adelante un plan de medicina integral. Propuso un Pacto Social de Salud en una gestión descentralizada y participativa: abrió los Consejos Municipales de Salud e impulsó una Ley de Medicamentos que regulaba la distribución y el acceso gratuito para los sectores sociales más necesitados. La Ley fue enviada a la Legislatura en 1991, y fue aprobada durante la gobernación de Eduardo Duhalde, con quien Ginés estrecharía lazos profundos y duraderos. 

Aunque su pulsión lo llevaría a iniciar el camino de una larga década dedicado a otro proyecto. 

***

Es martes 29 de octubre de 1991. Ginés González García está en un pequeño departamento ubicado en la avenida Corrientes 1132. El pelo todavía conserva el color negro aunque con algunas canas, un círculo en la cabeza denota la incipiente calvicie, el bigote tupido, la sonrisa de costado, las manos en los bolsillos del traje. Ginés inaugura la fundación Isalud, junto a sus amigos y compañeros de la carrera en Córdoba y los de su ciudad natal, San Nicolás. Años después, la fundación se convertiría en universidad. Será, en realidad, la usina de formación de cientos de profesionales de la salud del país. Cuadros técnicos y políticos que ocuparán en las siguientes décadas los lugares de ministros, secretarios y asesores de los ministerios de salud de distintas jurisdicciones. La universidad se expandió con la voluntad federalista que Ginés aplicó en el plan de estudios: una cursada intensiva durante tres días al mes que permitiera a los médicos de las provincias viajar a Buenos Aires para capacitarse. Una estrategia que le daría un lugar de mentor indiscutido, una forma de hacer política: años después le garantizaría una red de funcionarios a lo largo y ancho del país que lo tienen a él como único referente.  

—Construyeron una especie de usina de perfiles técnicos para la gestión, básicamente—cuenta orgulloso alguien que pasó por allí—. Y en eso radicaba su generosidad. Formó cuadros que después devinieron en ministros, asesores, técnicos de segundas y terceras líneas. 

En 2005 una infectóloga experta en vacunación se convertiría en la directora del Centro de Estudios para la Prevención y Control de Enfermedades Transmisibles (CEPyCET) de la Universidad Isalud. No era cualquiera. Era Carla, una médica de 33 años graduada de la Universidad de El Salvador con una especialización en la UBA. Era, además, la hija de su mejor amigo y compañero en la carrera de Medicina en Córdoba: Carlos Vizzotti. 

Ginés volvió a la función pública en 2002, con 57 años, convocado por Eduardo Duhalde, ahora Presidente, que intentaba ordenar el país después del estallido del 19 y 20 de diciembre de 2001. De manera similar a como lo había hecho en la Provincia diez años antes, debió organizar un sistema sanitario que diera respuesta a los sectores más vulnerables en medio de una brutal crisis económica. Lanzó el Plan Remediar, que dio acceso a remedios gratuitos a más de 15 millones de personas. Y a pesar de la resistencia de los laboratorios, impulsó la Ley de Medicamentos Genéricos, que establecía la obligatoriedad de médicos y farmacéuticos de informar a los pacientes sobre el uso de medicamentos genéricos más baratos, antes que los de las marcas comerciales. 

Ginés González García y Roberto Lavagna, que ocupaba el ministerio de Economía, fueron los dos únicos hombres del gabinete duhaldista que continuaron durante la gestión de Néstor Kirchner, a partir de 2003. El sanitarista sostuvo las políticas y planes que había lanzado al principio de su gestión y dos años después, en febrero de 2005, fue tapa de Página 12 diciendo: “Yo creo que hay que despenalizar el aborto”. 

La respuesta del obispo vicario castrense, Antonio Baseotto, no tardó en llegar y  sugirió que había que “tirarlo al mar”; tampoco la de la entonces senadora Nacional y Primera Dama: Cristina Fernández de Kirchner no acordaba con motorizar ese debate ni en el Congreso ni en la sociedad. Pero no fue esto lo único que alejó a Ginés de la mesa chica del kirchnerismo. A pesar de que Néstor hacía un esfuerzo por despegarse de Duhalde para construir su propia fuerza política, dicen quienes vivieron de cerca ese capítulo de la historia que Ginés nunca cortó lazos ni dejó de hablar con el bonaerense. 

Durante los dos mandatos de Cristina Kirchner, el sanitarista —que era entrador y amigable pero no tenía antecedentes en diplomacia — fue a parar ocho años a la embajada de Chile. Como se dice en la jerga política: al freezer. Sin embargo, Ginés aceptó y aprovechó para hacer relaciones sociales, cambiar el ritmo de vida y bajar treinta kilos. El “Gordo” estaba feliz y la prensa chilena elogió su capacidad para cultivar buenos vínculos tanto con Michele Bachelet como con Sebastián Piñera. En 2015 dejó la embajada y volvió a trabajar de lleno en Isalud. Cuatro años después, en la víspera de las elecciones presidenciales de octubre, el diario chileno La Tercera le hizo una entrevista en la que le preguntaron por su futuro en el nuevo escenario político, con la unificación del peronismo y la posible llegada de Alberto Fernández a la presidencia. Él contestó: 

—Ahora soy rector de una universidad. Trabajo mucho formando gente, pero por supuesto voy a colaborar con el próximo gobierno; no sé dónde ni cómo, pero no tengo ninguna duda.

***

—El ministro de Salud, como es obvio, tiene que ser Ginés. Era como aquella propaganda que decía “usted camina camina y al final compra en…”. Uno camina, camina y uno siempre termina en Ginés. Porque Gines es definitivamente quien mejor conoce la salud, nadie conoce el sistema de salud argentino como Ginés González García. Trabajamos juntos. Fuimos ministros juntos en los años de Néstor. Y la verdad… gracias Ginés porque sé que te vuelvo a meter en un bodrio. Pero sé que tenés enorme voluntad de sobrellevarlo. 

El futuro ministro esboza una sonrisa pícara, tierna cuando Alberto Fernández cuenta ante las cámaras de televisión cómo estará armando su gabinete. ¿Es acaso la última vez que alguien lo nombre ministro? Seguramente. 

La historia oficial dice que cuando Alberto Fernández empezó a diseñar su futuro gabinete sonaban dos nombres fuertes como ministros: Arnaldo Medina y Pablo Yedlin. Ambos estaban entusiasmados, ansiosos. Pero sabían una sola cosa. Para ser ministro de salud de un gobierno peronista como el que se venía, debían contar con la bendición de su mentor: Ginés González García. La historia oficial dice que Alberto se juntó con Ginés y que le dijo: “Dejate de joder, la historia no necesita otros, necesita a Gineses”. Pero hay otra historia que dice esto: cuando Ginés se enteró que rondaban otros nombres, se juntó con Alberto y él mismo le dijo que quería ser el ministro de Salud de esta nueva etapa. Algunos que lo conocen hace muchísimos años, sostienen que tenía un deseo irrefrenable de ser el ministro que sancionara el Aborto Legal. Pero en toda disputa de poder, y más con un país destruido y endeudado, Ginés sabía que además del ministerio necesitaba contar con otra dependencia o, para decirlo de otro modo, necesitaba recursos. Y en el ámbito de la salud, uno de los más codiciados es la Superintendencia de Servicios de Salud, es el órgano que ordena, regula y transfiere los recursos a las obras sociales. Se sabe: es también una de las principales fuentes de ingreso de los sindicatos. 

Alberto se lo dio: allí asumió Eugenio Zanarini, hombre de máxima confianza de Ginés, un experto en marketing y administración que hasta ese momento llevaba diez años en el cargo de Vicerrector de la Universidad Isalud. 

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—¡Ministeeeeerioooooo, Salud es ministeeeeeeriooooo, Salud es ministeeeeriooooooo!

El 12 de diciembre de 2019 los gritos y los cantos se escuchan desde la calle. En el salón de actos del Ministerio de Salud las puertas se abren como en un recital de Rock y la estrella del momento, Ginés González García, entra agarrándose del marco de la puerta, flamante, feliz, abombado por la multitud de gente amontonada que aplaude y arenga: sube al escenario solo, entre tambaleos y alegría. Saluda al público con las dos manos, los ojos achinados, absolutamente boquiabierto. Inmediatamente se suma Arnaldo Medina, quien unos meses antes podía haber estado en el lugar de Ginés pero ahora asume como Secretario de Calidad en Salud. Un instante antes de que el escenario se llene de gente, sube uno más, que pasa casi desapercibido. Durante algunos segundos están los tres. El tercer hombre tiene 43 años y se llama Lisandro Bonelli. Va a ser el Jefe de Gabinete del Ministerio y es el sobrino de Ginés. Lo quiere como a un hijo. Sube aplaudiendo y parece un pitbull: el cuerpo menudo, saco y camisa ceñidos al cuerpo y la cabeza grande, redonda y sonriente. Abogado de profesión, graduado en 1999, había sido desde 2002 encargado del Área Unidad Ministro durante la primera gestión de su tío. Cuando Ginés se fue a Chile, ocupó funciones en el municipio de San Nicolás, el pueblo familiar, y en 2013 integró una lista de candidatos a diputados provinciales por el massismo. Con una banca en la legislatura provincial desde entonces, fue también integrante del Consejo de la Magistratura, hasta el esperado regreso al Ministerio. 

—Cuando vuelven al Ministerio, Bonelli se cree embajador plenipotenciario, y llega pateando cosas—cuenta un trabajador del ministerio de Salud.

—Bonelli tenía enormes aspiraciones—dice otro funcionario—Cualquier cosa que pasaba él le iba a soplar la oreja a Ginés. Yo creo que él es el responsable de todo esto. De la interna y del final. 

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El 15 de marzo del 2020 un hombre de 43 años llamado Ariel se convertiría en la primera persona en Argentina con el diagnóstico de Sars COVID-19. Una semana antes, el ministro de Salud había dicho que no había posibilidades de que esto sucediera. “Cometió el pecado de la honestidad—dijo Alberto Fernández a los medios cuando se conoció la noticia—. Los expertos a los que consultamos nos habían dicho en enero que el virus moría a los 24 grados y que las posibilidades de que llegara al país eran casi nulas. Lo que dijo Ginés fue lo que dijo la comunidad científica”. Y para despejar aquellos primeros fantasmas retrucó: “No lo cambio ni loco. Ginés es el mejor ministro que puede tener Argentina. Es el que más sabe de salud pública”.

—La comunicación empezó siendo el gran problema. La mesa chica de Ginés, que principalmente es Bonelli, no lo cuidó. Nunca le dijeron no mirá, no podés decir esto, no podés hacer tal o cual declaración. Era todo sí Ginés, sí, Ginés. Era una vaca sagrada— cuenta un trabajador del ministerio.  

El clima dentro del ministerio era tenso. Por un lado, la coyuntura misma. Gobernar entre la incertidumbre, a prueba y error, acorralan a cualquiera. Pero lo cierto era que el modo de gestionar de Ginés comenzaba a implosionar dentro del propio ministerio y peor aún, con su discípula pródiga, Carla Vizzotti.

—Después de muchas declaraciones desacertadas de Ginés, Alberto dio la orden de que la vocera fuera Carla Vizzotti, esa fue la primera puñalada—cuenta alguien con acceso a Olivos. 

Carla Vizzotti, experta en virología y en vacunas, se convirtió en la cara de la pandemia dando el parte diario. El Presidente vio en ella lo que había visto su mentor, cuando la llevó a trabajar con él en 2003: una trabajadora incansable que comunicaba de manera eficaz y contundente, aunque todas las noticias que diera fueran malas. Desde ese momento comenzó una guerra fría. Era vox populi, incluso por fuera del ministerio, que Ginés sentía celos de la que oficiaba  como viceministra. 

—El maltrato hacia ella fue espantoso. La ninguneaban en las reuniones de gabinete, sobre todo su sobrino —sostiene alguien que estuvo en esos mitines. 

—A Carla la corrieron totalmente del vínculo cotidiano con Ginés. Era algo muy notorio y era sabido por todos—cuenta otra funcionaria.

La interna quedó expuesta públicamente en mayo del 2020. Vizzotti cometió un error que desató una pelea internacional cuando consignó datos equivocados sobre la cantidad de infectados y muertos en Chile en una de las “filminas” que elaboraba para las exposiciones del Presidente. 

—Ahí entraba el sobrino— relata un funcionario—. Ante cualquier cosa que hacía Carla saltaba a la yugular. La interna era con él. La aspiración de él era gigantesca. 

El 27 de mayo, cuando Ginés fue internado por un hormigueo en el brazo, Bonelli prácticamente tomó posesión del ministerio y desplazó a Vizzotti. Pero ella seguía focalizada en su labor. Carla no iba a enfrentar a su padrino político. La cosa no era con él. 

Es diciembre del 2020 y Carla Vizzotti y la asesora presidencial Cecilia Nicolini son las elegidas para ir a Rusia a traer el primer cargamento de las vacunas Sputnik V. Es el momento más esperado, la foto que todos quieren tener. Quien trajera las vacunas sería considerado el gran héroe nacional. Y en este caso era una heroína. Pero aquel 24 de diciembre, apenas aterrizó el avión de Aerolíneas Argentinas con el cargamento milagroso, Carla y Cecilia tuvieron que esperar en una camioneta para que les hicieran el examen de PCR. Era lo que correspondía, pero eso implicó que la conferencia de prensa contando la buena noticia la diera el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero y el ministro de Salud, Ginés González García. ¿Una jugada sucia? Nadie lo asegura, pero las funcionarias hicieron saber su malestar. 

***

—Vamos a tener que repensar todo nuestro sistema de salud. 

Como cada vez que dispara una frase, Cristina Fernández de Kirchner deja a todos en silencio. La tarde del 18 de diciembre de 2020, en uno de los pocos actos públicos desde el inicio de la pandemia, la vicepresidenta dejó un tendal de ideas que serían  masticadas por días. La reforma del sistema de salud no estaba en la agenda aunque nada de lo que dice Cristina es inocente. La pandemia llevaba varios meses poniendo en brutal evidencia las desigualdades económicas y geográficas del sistema de salud. Y no lo tiró como una piedra para que alguien la recogiera: ella misma ya tenía un plan. Y este sería una pieza fundamental para profundizar una histórica grieta entre los sanitaristas del gobierno. El encargado de este plan era el viceministro de salud bonaerense, Nicolás Kreplak, médico y miembro de La Cámpora, la agrupación que comanda Máximo Kirchner. Kreplak y el ministro Daniel Gollán son parte de la otra corriente sanitarista dentro del peronismo, aquella que lidera Mario Rovere.

—Para la banda de Ginés, la banda de Gollán y Kreplak es Camilo Cienfuegos bajando de la Sierra Maestra y para la banda de Kreplak y Gollán, la banda de Ginés es el conservadurismo de salud y socio de los grandes laboratorios. Posturas altamente antagónicas — grafica un funcionario que conoce la interna a la perfección.

A finales de 2019, con el apoyo de la Vicepresidenta de la Nación, Kreplak promovió el proyecto de reforma integral del sistema de salud que buscaba regular la distribución del gasto en salud y las prestaciones. El proyecto fue resistido por los gremios, muy cercanos a Ginés y los suyos, que temblaron ante la posibilidad de perder la caja. Trece días después del discurso de Cristina y de una serie de reuniones que impulsó Kreplak, el superintendente de Salud, Eugenio Zanarini, tuvo un infarto. Fue el 31 de diciembre, el mismo día que Ginés todavía masticaba el tan esperado triunfo por la aprobación del aborto legal, seguro y gratuito. Pero el festejo duró poco. Ese mismo día el Ejecutivo autorizó y luego dejó sin efecto un aumento del 7% de las prepagas. Un volantazo que dejó en evidencia una interna caliente, encendida.

***

“La política es ética, tenemos que terminar con este tipo de prácticas, con la cultura argentina de la viveza, la picardía, el manejo de las influencias”. Las palabras del Presidente son de una conversación informal con Mario Wainfeld, que aparece en la nota de tapa de Página 12 del domingo. Alberto también califica como “imperdonable” el atajo que dio Ginés a sus amigos para vacunarse. Pero después de que se viera por última vez al ex ministro entrar derrotado a su casa entre insultos y cacerolas, dice que no va a “tolerar el escarnio público” contra quien fuera uno de sus mejores hombres. Aprovecha para volver a traer el eje de la discusión sobre la ética y se muestra intolerante frente al acto de corrupción de uno de los suyos. Es el intento de capitalizar la crisis a su favor y volver a pilotear en la tormenta de la pandemia con el equipo que ahora lidera Vizzotti, la primera mujer médica en la historia en comandar la cartera de salud. 

La caída de Ginés puede leerse como un momento cúlmine en la dialéctica de la vacuna. Se sabe: la industria de los fármacos es, después de las armas, la que mueve más dinero en el mundo. La vacuna contra el covid desató un sinfín de especulaciones entre laboratorios, el dinero que costaba una, las cláusulas que imponía la otra, la burda discusión ideológica entre la rusa y la británica. Cuando el gobierno aseguró el acceso, desde la oposición se agitó un clima de desconfianza sobre la eficacia y los posibles efectos adversos de la vacuna. Cuando una prestigiosa revista internacional habilitó la producida por el laboratorio Gamaleya, convergieron la organización frenética del Estado por la distribución a lo largo y a lo ancho del país con la viveza de amigos y colados. Ahora todos se quieren vacunar: la carrera para saltarse la fila y llegar primero no es made in Argentina y pareciera que la única forma de salvarse es pasar por encima del otro. En Argentina ya hay 700 mil personas que recibieron al menos una dosis y 400 mil que ya tienen ambas. Y casi 52.000 muertes en menos de un año. El momento en que el ministro y el periodista tomaron conciencia de sus privilegios, prácticamente a la vista de todos, abre una honda pregunta sobre las ¿viejas? formas de la política, las prebendas, las avivadas, la naturalización de conductas inmorales. La caída de Ginés, para muchos el mejor ministro desde el regreso de la democracia, el prócer que formó cientos de discípulos, el hombre que merecía irse vitoreado y no con una causa penal, puede dejar quizás la pregunta por cómo construir nuevos modos de hacer política que, entre otras cosas, terminen con la lógica de los privilegios.

fuente: Anfibia




Gatillo fácil en Mendoza: Exigen 

Justicia por Facundo Martínez





















Resumen Latinoamericano, 21 de febrero de 2021.

Una vez más el aparato estatal gatilla contra un trabajador. Facundo “Kako” Martínez, de 43 años de Godoy Cruz, estaba trabajando con su auto por la capital mendocina el pasado 18 de febrero alrededor de las 20:00 cuando fue fusilado. Dos efectivos de la Policía Federal dispararon impunemente propiciándole un balazo en el tórax, que inmediatamente terminó con la vida de Facundo.

En un accionar totalmente irregular, en un auto particular y vestidos de civil, los policías al considerar que tenía “una actitud sospecha“, se acercaron para identificarlo. Fue allí que Facundo  aceleró para evitar el control. Seguidamente los policías abrieron fuego. Los testigos en el lugar aseguran que efectuaron cuatro detonaciones, una de las cuales fue la fatal.

A partir de ese momento se puso en funcionamiento el usual aparato para garantizar la impunidad policial. Las fuerzas represivas y los medios hegemónicos se ocuparon de instalar una versión “oficial” intentando descalificar y culpabilizar a Facundo. Tal y como sucede en la mayoría de los casos de gatillo fácil: aludiendo al robo vehicular, la tenencia de drogas y la portación de arma, bajo el conocido titular de “Fuerzas de seguridad abatieron a un delincuente“. Todo bajo la intención de fraguar la causa.

Este tipo de accionar que intenta incriminar a la víctima fatal del accionar represivo no es nada nuevo, ni un caso excepcional, pero esta vez sin éxito. Los sucesos que intentaron instalar rápidamente se desmoronaron ya que el auto era pertenencia de Facundo, no se encontraron estupefacientes, tampoco portaba ningún arma, ni tenía antecedentes. Lo que deja en evidencia a la pareja de policías quienes se encuentran detenidos frente a una inminente imputación.

En la provincia de Mendoza en el último informe de CORREPI registramos, durante el año 2020, catorce casos donde la violencia policial arremetió contra la vida de trabajadorxs y pibxs, con un total de 289 casos desde la vuelta a la democracia. Asimismo, de los 7.587 casos registrados a nivel nacional hasta noviembre pasado, el 36% responde a casos de gatillo fácil. Además, Mendoza sigue posicionándose entre las cinco provincias más represivas del país. De este modo, sobran ejemplos para fundamentar que los asesinatos en manos de las fuerzas represivas no son hechos aislados, sino que claramente son la expresión de una política de estado a la que contribuyen todos los poderes y estamentos oficiales, donde quien dispara es un oficial, pero quien apunta, más allá de quien gobierne, es el estado.

Desde CORREPI una vez más exigimos el esclarecimiento de la causa y juicio y castigo a los culpables. Denunciamos la implementación de los códigos contravencinales que revisten de poder a las fuerzas de seguridad para accionar impunemente según “su olfato policial“.


Con dolor y rabia gritamos fuerte:

¡BASTA DE GATILLO FÁCIL!

¡Justicia por Facundo “Kako” Martínez!

¡Cárcel a los asesinos!

¡EL ESTADO ES RESPONSABLE!

Fuente: Correpi



Música, compromiso y reivindicación 

en la actividad solidaria por la libertad 

del rapero catalán Pablo Hasél





















Por Fernanda Paixao, Resumen Latinoamericano, 21 de febrero de 2021.

El festival cultural en solidaridad con el rapero catalán Pablo Hasél tuvo lugar este sábado (20) en el Parque Centenario de la ciudad de Buenos Aires. La actividad tuvo 4 horas de duración transmitida por radios y TVs en todo el mundo, y reunió a bandas, raperxs, poetas, trovadorxs y actores que repudiaron la prisión arbitraria de Hasél por el régimen español.

Carlos Aznárez presenta el Festival solidario con Pablo Hasél

Con una Whipala y un cartel de Hasél con su reciente dicho “la cárcel será mi nueva trinchera de lucha”, el escenario armado en el parque Centenario representó un grito común por la libertad de Pablo, en repudio también a la violencia policial en Chile, al asesinato sistemático de activistas en Colombia, a la impunidad de los asesinos de las niñas paraguayas, a los femicidios en Argentina. También se colocaron banderas catalanas, vascas, mapuche y se reivindicó a lo largo de toda la movida músical, la *libertad de lxs presxs por luchar”.

OrionXL

“El internacionalismo es una señal permanente de una toma de posición”, dijo Carlos Aznárez, de Resumen Latinoamericano (periódico que organizó el evento junto al Frente Cultural Che Adelita y el Colectivo Argentino en solidaridad con el pueblo catalán) durante el evento. “Muchxs compañerxs no han parado de solidarizarse con Pablo, en todos los aspectos: escribir, hacer música, poesía, pero es fundamental ganar la calle y pelear por los derechos por lxs de abajo, aquí, en Europa, en Africa y donde haga falta”,

Eliana Wassermann

La actriz Eliana Wassermann fue leyendo e interpretando frases extraídas de cancones hechas por Pablo Hasél a lo largo de los últimos años. Ella misma, con toda la emoción surgida de su militancia feminista llamó a repudiar los femicidios que viven a diario nuestros países, y arrancó una ovación del numeroso público que apoyó con su presencia la actividad.

Daniel Devita

Desfilaron por este concierto solidario, entre otros: la rapera Malena D’Alessio junto a Mariana Debenedetti y Liliana Fleitas, poniendo toda la fuerza del rap latinoamericano. Malena puso al publico en vilo, cuando dirigiéndose a Europa, a sus instituciones injerencistas, señaló: “Se acabó eso de venir a darnos lecciones de democracia, ustedes con sus monarquías y poderes vetustos”. También brillaron por el contenido de sus letras (cuestionadoras del capitalismo, la represión, el patriarcado) OriónXL, Mario, Combination Sound Sistem (todos ellos reivindicando la esencia del rap a pie de barrio). Luego se pudieron escuchar las voces y la poesía de las naciones sin estado de Europa. Por ejemplo, Carlés Ros (voz) y Griselda Messegué (violoncelo) interpretando poesía en lengua catalana y María Torrellas, cantando el «Txoria Txori” (del cantautor Mikel Laboa) en euskera. María aprovechó además para exigir la libertad de las y los presos vascos.

Manuel Estrach

En otra parte del concierto, fue también muy aplaudida la sensibilidad musical del cantautor Manuel Estrach, con temas latinoamericanos. O la potencia (y alegría) feminista de Chocolate Remix, un duo que en el escenario genera un clima de abierta y contagiosa reivindicación antipatriarcal, cuestionando -con letras irónicas y potentes- al machismo tan enquistado en todas nuestras sociedades. Un momento similar se vivió cuando la rapera Kris Alanis y su compañera Agus López pusieron lo mejor de si en el contenido antipatriarcal de sus letras y en la ductilidad con que las interpretaron.

Kris Alaniz y Agus López

Particularmente potente fue la participación del actor Norman Briski cuando señaló, después de tocar con su mano durante un par de minutos el mural con el rostro de Pablo Hasél, realizado por el integrante de “Che Adelita” Ignacio Liang:

¿Por qué está preso Pablo? Por qué está preso Pablo.
¿Por qué estamos presos si Pablo está preso? Porque insultamos al déspota. Porque nos burlamos del déspota. Porque lo denunciamos. ¿Qué otra queda? Si el déspota tiene el arma. Tiene la ley, tiene la llamada democracia homicida de jóvenes niños.

Quieren que se calle el cantor pero la libertad canta y cantará.

A qué nos empujan estas monarquías, las urnas donde mueren las ideas. A los muñecos de la dependencia, del lobysmo, de la astucia de los cínicos. A dónde nos empujan. ¿Hasta donde la bronca no tendrá puntería? Ya estamos en el hambre… y al cabildo le cortaron las pelotas. ¿Y las campanas? Repican.

Y los 30.000 compañeros. Los de Octubre, están presentes, ¿están presentes? Pregunto. ¿Están presentes?

Para muchxs de lxs artistas presentes, el festival fue también un retorno al escenario, como resaltó el rapero Daniel Devita (cuya actuación fue muy aplaudida). “Estoy inmensamente honrado de tantos colegas acá, haciendo lo que tenemos que hacer: no nos estamos callando ante tremenda injusticia.”

“Es una barbaridad que en pleno 2021 haya alguien preso por decir al rey lo que se le canta. Siguen pensando que tienen ese poder de antaño, que van a cortarle la cabeza a lo bufones y desparramar la sangre y que la gente se va a quedar callada”, siguió. “Heroicamente, los jóvenes catalanes salen a copar las calles y no están dispuestos a permitir una barbaridad así”, dijo Devita, invitando a que el público se sintiera parte de la lucha, una vez que la transmisión del evento fue acompañada también por la familia y amigxs de Pablo, en el Estado español.

Norman Briski

La rapera mapuche Urraka Negra, que también se presentó en el festival, remarcó la importancia de levantarse por la libertad de expresión. “Fue una alegría compartir este evento por la importancia de lo que es pedir por la libertad de un rapero y la libertad de expresión. Nosotrxs, como pueblo mapuche, sabemos bien como se censuran nuestras luchas y nuestra palabra.Y eso tiene que ver con la colonización, lo que representa la corona en nuestro territorio”, dijo.

Urraka Negra

Entre los homenajes a Pablo, se recordó su profundo compromiso con Latinoamérica y la causa de la Patria Grande, como por ejemplo, cuando lo de la tan anunciada intervención yanqui en Venezuela con la excusa de la “ayuda humanitaria”. En ese momento, Pablo Hasél se sumó junto al rapero puertorriqueño Luis Díaz, a un concierto solidario con la Revolucion Bolivariana en plena frontera con Colombia.

Desde el escenario, los organizadores remarcaron en todo momento el uso del tapabocas y de mantener distancia, “para cuidarnos en serio, ya que nos ecesitamos a todxs para la lucha.”

El grupo Caracolí cerró la jornada con el ritmo del caribe colombiano. Y cómo es propio de la potencia colectiva, hubo participación espontánea en el público de un grupo de danza de sabar (danza típica de Senegal), liderado por el senegalés Idrissa Diop, dio el tono de la alegría y la fuerza de poder expresarse, con la palabra, el cuerpo, la presencia, la lucha.

Solidaridades compartidas

Cabe destacar que toda la actividad fue posible gracias al concurso solidario de las, los, les músicos y el apoyo en sonido y otras actividades fundamentales para que el concierto se escuchara y viera en todo el mundo: de Gabichu, Guillermo y Gustavo. Y en imágenes: Ignacio, Julia, María, Fernanda y Txema. Cuidados a las y los niños: Nagore y Nélida, la Vasquita.

El concierto fue transmitido (en imagen y sonido) en directo durante toda su realización por la plataforma Tertulias en Cuarentena (conducida por Txema Sánchez) a la que se sumaron las siguientes RADIOS Y TELEVISORAS:
Argentina: AM 740 Radio Rebelde, 88.7 Radio La Tribu, Radio FM Sur de La Plata, Radio Villanos,de Villa Carlos Paz, Córdoba, Radio Libre FM 963 de Santa Teresita, Sentipensares
Radio, Televisora del Pueblo (TVP), Barricada TV.
De Chile: Radio Plaza de la Dignidad y Señal 3 Canal La Victoria. De Venezuela: Radio Al Son del 23. De Uruguay: Radio Centenario (la 36)

Para ver la transmisión completa, pinchar en el video:

Manu Strach
Urraka Negra
Eliana Wassermann
Griselda Messegué y Carles Ros
Norman Briski
Daniel Devita
Orión XL
Mario
Combination Sound System
María Torrellas
Chocolate Remix
Malena D’Alessio
Mariana Debenedetti
Liz Fleitas
Agus López y Kris Alaniz
Kris Alaniz
Caracolí
Caracolí
Envio:RL



















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