5 de septiembre de 2021

OPINION.

 Opinion

La cuenta pendiente de una intolerable impunidad

PENSAMIENTOS AISLADOS

05/09/2021

De vez en cuando el tema del Poder Judicial vuelve a la agenda política argentina, pero los grandes medios se encargan de acallarlo. Es obvio, no les conviene, porque desde hace décadas allí reside una gran parte de su poder hegemónico.
A pocos días de una convocatoria de medio término en el que se elegirán diputados y senadores que pueden cambiar -o no- la ecuación en el Poder Legislativo, estos comicios también representan la convalidación -o no- de los primeros años de una nueva gestión en el Poder Ejecutivo. Y esto vale para todos los niveles: el nacional, el provincial y el municipal.
Mientras tanto, como desde siempre, el Poder Judicial observa todo desde afuera. De los tres poderes, es el único que no se renueva. Entonces, de tanto en tanto se acomoda, maquilla un poco algunas decisiones para guardar las apariencias y de este modo se mantiene, inalterable, manejando los tiempos a su antojo, o mejor dicho, al de quienes ejercen el verdadero poder en la Argentina.
Es por eso que cada vez que aparece algún cuestionamiento brotan rápidamente las respuestas para mantener el «status quo». En algún momento a la vicepresidenta se le ocurrió hablar de renovación y salieron a decirle que «atacaba» y «avasallaba» a un poder «independiente» de nuestra república. En otra ocasión, el presidente tuvo la idea de plantear que «más adelante» habría que empezar a analizar un sistema para la renovación o convalidación de los jueces en sus cargos. Y tanto en una como en otra declaración, salió el coro rentado de dirigentes y periodistas opositores, cual equipo de nado sincronizado, a criticar semejante pretensión. Y después, una vez más, el debate fue convenientemente silenciado.

Otros tiempos.

Mientras tanto, el Poder Judicial hace su juego y maneja sus tiempos, que no son los mismos que los del resto de los habitantes de este bendito país, sin que casi nadie marque sus omisiones y falencias. Hay ejemplos para todas las escalas y se pueden observar diariamente. Desde quien tiene que soportar una denuncia por un perro que se escapó de su casa hace meses y todavía no lo citan para hacer su descargo y demostrar que adoptó todas las medidas pertinentes para que el hecho no se vuelva a repetir, pasando por cuestiones más graves, como esperar años a que se haga justicia por la muerte en un siniestro vial. Y así pasa el tiempo, hasta con familiares que se mueren sin poder ver que «se hizo justicia».
Sin ir más lejos, hay casos de esta misma semana que reflejan con claridad estos dichos. Por ejemplo, el sobreseimiento de un ex ministro condenado por enriquecimiento ilícito. Para no abundar en detalles, solamente basta con recordar que el denunciante consideró que se trataba de una causa que ya estaba acordada que se dejaría caer en la Corte, a modo de contraprestación política. Los hechos le terminaron dando la razón: dejaron pasar los tiempos procesales para que el caso prescribiera. Es decir, después de años y años, resulta que todo queda en la nada. Al menos, al denunciante le quedó el consuelo de rescatar que perdurará la condena social contra el ex funcionario, que es la única que no prescribe.

Recursos y más recursos.

Otro tanto sucede con cuestiones más institucionales, como la causa del río Atuel. Pasan los años, pasan los gobiernos, pasan las presentaciones judiciales, los recursos, los amparos, las audiencias, los nuevos fallos y las apelaciones. Está todo bien desde el lado del respeto a la debida defensa y las correspondientes argumentaciones, pero cuando llega el momento del cumplimiento de un fallo, se eterniza la espera. ¿Será porque Mendoza tiene más peso político que La Pampa? ¿O no era que estamos hablando de un poder «independiente»?
Y ni qué hablar de un ex presidente, que viene acumulando causas durante años, aún desde antes de comandar los destinos de uno de los clubes más populares del país. ¿Le llegará la justicia algún día?
Así las cosas, tal vez pasadas estas elecciones, si los otros dos poderes salen fortalecidos, tal vez sea momento de reflotar el planteo de una renovación para el Poder Judicial. Si así no ocurre, perdurará en el tiempo una cuenta pendiente de la democracia, una intolerable impunidad que no le hace nada bien a la calidad institucional que debiera tener nuestro país.
Y cada vez que alguien salga a cuestionar a aquellos que piden por un mejor servicio de justicia, habrá que pensar que para eso era: para perpetuar los privilegios de los poderosos. Ese poder real que solo deberán abandonar cuando los votos les demuestren que los otros dos poderes están en condiciones de inclinar la balanza, nada más que para que esos platillos que simbolizan a la figura judicial puedan estar un poco más en equilibrio.

DANIEL ESPOSITO

Fuente:LaArena

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