7 de mayo de 2023

OPINION.

 

La empatía de los cerdos

07/05/2023
La empatía de los cerdos

Donald Trump afronta, en estos momentos, una sumatoria de causas judiciales inédita para un ex presidente de Estados Unidos. Un fiscal de Nueva York lo llevó a juicio por fraude electoral debido a aquel episodio en que se le pagó 130.000 dólares a una actriz porno (la inefable Stormy Daniels) para que no revelara su "relación" con Trump durante la campaña electoral de 2016. En Georgia están investigando a paso acelerado su intento de subvertir las elecciones locales en 2020. Todavía no se sabe bien qué pasará con todos los documentos oficiales y clasificados que se llevó a su casa tras salir eyectado de la presidencia. El hecho más grave que se le atribuye, el intento de golpe de estado y asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, todavía no lo tiene involucrado en sede judicial, pero varios participantes del hecho -en el que Trump resulta instigador y principal beneficiario- han sido condenados por sedición, un delito que puede acarrear una condena de cincuenta años de prisión.

 

Violación.

 

Esta semana, sin embargo, el caso más meneado es el juicio civil por violación que le lleva adelante la periodista y escritora E. Jean Carroll, por un hecho ocurrido en un probador de ropa de Manhattan, unos treinta años atrás. Los detalles del caso son espeluznantes.

 

Para empezar, y en lo que resulta ser lugar común en estos casos, la demandante ha sido revictimizada varias veces en ocasión de brindar su testimonio. La piedra del escándalo -para los abogados de Trump- es cuestionar por qué motivo no gritó al ser atacada sexualmente en aquella ocasión. "No soy una gritona", dijo ella, que además aclaró que estaba demasiado ocupada con defenderse físicamente y controlar el estado de pánico causado por el ataque.

 

El ex presidente ni se molestó en ofrecer testigos en su defensa. Se limita a afirmar que la demandante es una "loca" y una "enferma", que el hecho no existió, y que no podría haber existido, por cuanto la Sra. Carroll "no es su tipo" (con lo cual, aunque no lo advierta, está insinuando que, si le resultara atractiva, estaría justificado un ataque sexual). Casi ni va al tribunal -esta semana estaba jugando al golf en Escocia- y sólo prestó una deposición filmada, cuyos detalles se revelaron el jueves.

 

Pussy.

 

En esa declaración le preguntaron por un famoso incidente ocurrido en la campaña electoral de 2016, cuando se hizo pública una filmación donde se lo observa afirmando, muy suelto de cuerpo, que cuando uno es famoso, le permiten agarrar a las mujeres por sus partes sexuales ("grab them by the pussy"), aunque dicho en términos bastante más vulgares.

 

¿Qué tuvo para decir acerca de aquel incidente, que debió haberlo sepultado como candidato, y valerle una causa penal por apología del delito? Simplemente, reconoció la autenticidad del video, y no sólo eso: también aseveró que sus afirmaciones se corresponden con la realidad histórica. "Si se mira el último millón de años, creo que eso es abrumadoramente cierto. Afortunada, o desafortunadamente".

 

Los datos "históricos" de don Donald merecen una clarificación: según la evidencia arqueológica conocida hasta el momento, la aparición del homo sapiens sobre la faz de la tierra dataría de unos 315.000 años atrás, una tercera parte del millón que invoca el demandado. Aparentemente, en su caso y según su versión, los antecedentes de conducta de primates anteriores al ser humano también lo involucran.

 

Para completar el desaguisado, en ocasión de ser interrogado por la abogada de Carroll, se permitió mencionar que tampoco esa letrada "era su tipo". Un comentario no solicitado y pretendidamente ofensivo, aunque seguramente esta segunda mujer denigrada tiene más interés en obtener una indemnización por algunos millones de dólares, que en tener una aventura romántica con un septuagenario.

 

Algo funciona realmente mal en un sistema que permitió que este sujeto fuera elegido como el hombre más poderoso del mundo.

 

Cerdo.

 

Por algún motivo, cada vez que aparece un hombre que muestra un comportamiento -y una desinhibición- semejante, el primer adjetivo que viene a la mente es: "cerdo".

 

Los cuadrúpedos porcinos no tienen suficiente con ser la especie preferida para el consumo cárnico de la humanidad, excediendo aún a la carne vacuna o aviar. También nos solazamos, además de esclavizarlos, en denigrarlos como sucios y hasta mal comportados.

 

La evidencia científica dice exactamente lo contrario: los cerdos son unos animales sumamente inteligentes, incluso más que los perros. Son, además, muy sensibles, lo cual agrava el atroz maltrato que les propinamos en las granjas donde los hacemos engordar para luego faenarlos. Son curiosos, atentos, tienen capacidad de aprendizaje, capacidad de juego, complejidad y auto-conciencia, al punto que puede decirse, sin dudar, que tienen personalidad.

 

Un estudio reciente demostró que tienen además una gran capacidad de empatía: cerdos que no tenían la experiencia de ser encerrados o recompensados, respondían por empatía con sus congéneres que sí habían pasado por esa ordalías, ante esos estímulos, y se solidarizaban con ellos.

 

Empatía, curiosidad, inteligencia, humor, complejidad, todas virtudes de las que Trump carece.

 

PETRONIO

Fuente:laArena

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