18 de octubre de 2013

MEGACAUSA ESMA: TESTIMONIOS DÍAS 93 y 94.

30 09 2013
TESTIMONIOS
Día 93. "Son comportamientos de una inmoralidad que ninguna ética vigente puede justificar"
Fueron las palabras de Rodolfo María Ojea Quintana, hermano de Ignacio, detenido-desaparecido en la ESMA. Además, declaró Javier Mignone, hermano de Mónica, también detenida-desaparecida en ese centro clandestino de detención, tortura y exterminio. 

El caso de Ignacio Pedro Ojea Quintana (228)
Tenía 22 años de edad, su familia lo apodaba "Pucho" y sus compañeros "Nacho", militaba en Montoneros. Trabajaba en la Cámara Electoral, en Tribunales. El 26 de febrero de 1977 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en las inmediaciones de la Plaza de Mayo de la Ciudad de Buenos Aires. El operativo estuvo a cargo del Grupo de Tareas 3.3.2. 

Pedro fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida. El 5 de junio de 1977 fue "trasladado" y sigue desaparecido.

El testimonio de Rodolfo María Ojea Quintana, hermano de Ignacio
"En la época en la que desapareció mi hermano yo estaba preso en la cárcel de Rawson. Todos los hechos que sé los conozco por comentarios directos de mi familia o sobrevivientes de la ESMA. Sé que a Ignacio lo secuestraron en febrero de 1977, no podría precisar la fecha. Un año antes habían secuestrado a otro hermano, en abril de 1976, pero no estuvo en la ESMA", relató el testigo.  

Luego contó que supo más sobre el secuestro de su hermano por el testimonio de una cuñada, María Inés del Pilar Imaz de Allende (caso 355), quien estuvo en cautiverio en la ESMA y sobrevivió, pero murió años después por una enfermedad.  

La búsqueda
Rodolfo contó que su familia hizo muchas gestiones para saber sobre su hermano. Se contactaron con la Iglesia y con Videla, presentaron hábeas corpus, pero no obtuvieron respuestas. "A Videla nos acercamos por relaciones familiares, porque éramos parientes, creo que por la mujer. No tuvo ni contestación".

Madres
La madre de Ignacio fue a Madres de Plaza de Mayo. "Después se retiró un poco por motivos de salud. Tengo el pañuelo de ella", contó Rodolfo. 

Ignacio
"Era un chico muy simpático y muy solidario, totalmente solidario, siempre dando una mano. Por supuesto, muy afectivo, al mismo tiempo que era un militante", dijo Rodolfo sobre su hermano. "Creo que esta perversión de tirar los cuerpos, de hacer desaparecer… es un delito continuo, porque tienen información y no la dan. Es muy difícil decir cuánto puede sufrir una madre por estas cosas, son dolores intransferibles. Lo que a mí respecta, es la pérdida de un hermano que yo quería mucho. A mí me redobla el deber histórico, además del deber moral de hallar verdad y justicia en estas cosas. Independientemente de la condena a la gente que hizo esas barbaridades, la sociedad argentina debe tener aclarada la situación en su historia, porque son comportamientos de una inmoralidad que ninguna ética vigente puede justificar lo que hicieron…", concluyó el testigo.  

El caso de Mónica María Candelaria Mignone (16)
Mónica tenía 24 años de edad. El 14 de mayo de 1976, aproximadamente a las 5:00 horas, fue privada ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en Avenida Santa fe 2949, piso 3º A, de la Ciudad de Buenos Aires, por varios hombres armados y uniformados pertenecientes al Grupo de Tareas 3.3.2, aunque indicaron que eran del Ejército Argentina. 

Luego fue llevada a la ESMA, donde permaneció en cautiverio en condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecida. 

El testimonio de Javier José Gustavo Mignone, hermano de Mónica
"Golpean la puerta, tocan el timbre fuerte. Vamos hacia la puerta, creo que el que iba primero era mi padre. 

Pide que se identifiquen. Mira a través de la mirilla de la puerta, ve que están armados. Abre la puerta. En ese momento, venían por mi padre. Había sido rector de la Universidad de Luján, pero no recuerdo exactamente cuándo. En ese instante dijeron que venían por Mónica. Era un grupo de cinco personas que irrumpieron en el departamento, supongo que habría más", contó Javier sobre el operativo en su casa.  

"Empiezan a desplegarse por el departamento, a mí me hacen ir a la cocina, me sientan ahí en una silla, donde me tienen los 30 ó 40 minutos que dura el operativo. Después se la llevan a Mónica. Logramos ir a la puerta, porque la última vez que la veo de cerca es ahí, bajando por el ascensor, rodeada por lo menos de dos personas. Supongo que los otros bajaron por la escalera, porque es un edificio viejo… Recuerdo lo que yo hago: voy rápido al balcón que da a la Avenida Santa Fe. Eso es un tercer piso, estiro el cuerpo y veo abajo por lo menos dos autos. Veo un Falcon tirando a oscuro y veo que la introducen a Mónica en el asiento de atrás con dos individuos, uno a cada lado de ella", relató el testigo sobre el secuestro de su hermana.  

Volver
La mamá de Javier le dio dinero a Mónica "para volver en taxi", porque les dijeron que se la llevaban para "interrogarla unas horas". Su papá salió corriendo para tratar de seguir al auto, pero las gomas de su vehículo habían sido desinfladas. "El primer llamado telefónico que realiza es Ricardo Bruera, ministro de Educación de Videla, pero no hubo respuesta. Se contactó con Harguindeguy y le dijo que a Mónica no la tenía el Ejército", contó el testigo. "Creo que inicialmente creímos la versión de que se la llevaban por unas horas: siempre había alguien en el departamento por si Mónica regresaba". 

Como durante el operativo de secuestro le dijeron a la familia que eran del Ejército y que se la llevaban al Regimiento 1° de Patricios. "Por eso, una primer cosa que hizo mi padre a la mañana fue ir al Regimiento para ver si Mónica estaba detenida ahí.  

El Grupo del Bajo Flores 
Mónica pertenecía al grupo secuestrado por su militancia en ese barrio. "Lamentablemente, nunca apareció el cuerpo de Mónica ni el de ninguno de los compañeros. Años después supimos lo de los vuelos de la muerte. Suponemos que Mónica y sus compañeros terminaron en el Océano Atlántico. Nunca tuvimos evidencia de los cuerpos", dijo Javier Mignone.


Mignone
Emilio Mignone, padre de Mónica, era un gran luchador por la defensa de los derechos humanos. Ante la dictadura cívico-militar en Argentina, recurre a organismos nacionales e internacionales para denunciar el plan sistemático de desaparición forzada y exterminio de personas. Fue uno de los fundadores del CELS, Centro de Estudios Legales y Sociales. 

Javier señaló que recibían amenazas y que no fue una tarea fácil. Además, remarcó la "participación muy cobarde de los imputados, porque se escondían. Nunca pudieron dar la cara. No obstante, hemos podido recoger las evidencias que permiten hacer este proceso".

Mónica Mignone
"Tenía militancia político-religiosa. Trabajaba en el Hospital Piñero como psicopedagoga y como profesora en la Universidad de Luján", contó el testigo, quien agregó que su hermana "estaba en pareja con Luis Mintello, ´Anteojito´. Vivía en Neuquén. Luis había sido detenido pocos días antes del Golpe. En Semana Santa, dos o tres semanas antes de que detuvieran a Mónica, la acompañé a Neuquén a visitarlo a la cárcel. 

Ello logró entrar a verlo. El plan de Mónica era irse a vivir al Sur". 

"Quiero agradecer al Estado argentino y al Tribunal que se está haciendo un proceso de justicia importante. Es triste que haya un grupo de imputados que actuaron de forma cobarde y siguen sin dar la información sobre lo que hicieron con los detenidos-desaparecidos. Quiero rendir homenaje a Mónica, mi hermana, a (Mónica) Quintero, a (María Esther) Lorusso Lamle, (Beatriz Carolina) Carbonell de Pérez Weiss, (Horacio) Pérez Weiss y tantos miles de desaparecidos. Es importante que este Tribunal le esté dando una defensa a los imputados: ellos no se la dieron a los detenidos-desaparecidos", concluyó el testigo. 

Próxima audiencia
El juicio seguirá el miércoles 2 de octubre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales. 

02 10 2013
TESTIMONIOS
Día 94. "Todos los militantes eran importantes", declaró Eugenio, hijo de Héctor Talbot Wright
Su padre, detenido-desaparecido en la ESMA, era militante de Montoneros, al igual que Jorge Mende, quien también sigue desaparecido, y por cuyo caso declaró su hermana, Alejandra. Además dio testimonio Bernardina Morel, compañera de Ramón Benítez, también desaparecido. 

El caso de Héctor Eugenio Talbot Wright (103)
Tenía 31 años de edad, lo apodaban "Juan", era el marido de Adriana Lesgart, detenida-desaparecida en Campo de Mayo en 1979. El 16 de octubre de 1976, Héctor fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, en la calle Peña de la Ciudad de Buenos Aires. En el operativo, que  estuvo a cargo del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA, fue herido de gravedad, lo que le produjo la muerte. Su cuerpo sigue desaparecido. 

El testimonio de Eugenio Ernesto Talbot Wright, hijo de Héctor 
"La reconstrucción que con mi familia logramos hacer es en base al relato de mi abuelo y mi madre. Yo tenía tres años cuando desapareció mi padre. El primer dato que tiene la familia es el 19 de octubre de 1976 a la tarde. Un compañero de la Organización de mi padre llega a la casa de mi abuela en Córdoba. Vivíamos todos juntos. Mi padre se había casado por segunda vez con Adriana Lesgard. Ella ya estaba en la clandestinidad", así empezó su testimonio Eugenio. 

Fue Adriana quien contó que el 16 de octubre, alrededor de las 11:30 horas, Héctor tenía que encontrarse con un compañero de la Organización, cuya célula estaba desarticulada y el único contacto que tenía ese compañero era Héctor. "El hecho del secuestro de mi padre fue publicado por un diario de Capital y otro de Córdoba. Nosotros logramos saber que mi padre se junta con este compañero y que lo estaba esperando una patota de civil. Según cuenta el diario, esta patota da la voz de alto para mi padre o su compañero".

La búsqueda  
Eugenio contó que su abuelo empezó a escribir cartas para intentar encontrar a su hijo o saber algo de él. "El 16 de octubre a la noche hay un allanamiento en la casa del tío de mi padre. Nos enteramos que mi padre tenía en su poder el carnet del Colegio Médico y su cédula federal. Para tramitar el carnet del Colegio Médico había pedido permiso a su tío para dar su domicilio. La noche del 19 hubo una bomba en la casa e hizo volar las ventanas. Entran, se presentan como la Marina. Dicen que habían cagado al montonero y que ahora iban por su mujer. Mi tío no sabía que mi padre se había casado por segunda vez y da el nombre de mi madre. Entonces nosotros supusimos que era una amenaza sobre nosotros".

Montoneros 
Cuando le preguntaron sobre la militancia de su padre, Eugenio dijo que Héctor militaba en Montoneros: "mi padre era importante en la organización, todos los militantes eran importantes. Mi padre era un militante más, tenía un cargo importante dentro de la Organización, con eso no quiero desacreditar a ningún otro compañero. Solían encontrarse en El Tigre mi padre, Paco Urondo y Rodolfo Walsh. Ahí sale la charla para escribir un libro para relatar los hechos que andaban pasando. Incluso, tengo un libro acá de Rodolfo Walsh en el que nombre a mi padre. Dice que Juan va a la habitación y le dice a Rodolfo Walsh que murió Urondo. 
Se llama ´Ese hombre y otras crónicas personales´". 

Por todos los hijos del mundo
Para concluir su testimonio, Eugenio contó que "mi padre desaparece el 16 de octubre de 1976. El día 17 era el Día de la Madre. Recibimos un regalo en Córdoba para mi mamá y su madre, que había despachado el 15 de octubre de 1976 y después nos enteramos que cuando llega el regalo él ya estaba muerto. Era un hombre comprometido por la militancia. Organizó una reunión entre el PRT y Montoneros. Era un hombre íntegro. Cuando se va y pasa a la clandestinidad, mi madre le dice: ´quedate, no vas a dejar a tu hijo solo´. 

Él le dice que ´no sólo me voy por mi hijo, sino por todos los hijos del mundo. Mi padre sigue desaparecido. Todos los días mi padre está desaparecido. Necesitamos saber dónde están los cuerpos. Como hijo, ha sido una pérdida constante la de mi padre y de Adriana Lesgard. Esperamos que se haga justicia".  

El caso de Jorge Raúl Mende (119)
Tenía 30 años de edad recién cumplidos, lo apodaban "Rafael" y era militante de Montoneros. El 1º de noviembre de 1976 fue privado ilegalmente de su libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2. Fue llevado a la ESMA, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido. 

El testimonio de maría Alejandra Mende, hermana de Jorge
"Lo que pude reconstruir a lo largo de los años fue poco", así comenzó su testimonio, e inmediatamente se refirió al "dolor de saber que eso había sido un capítulo oscuro de nuestra historia y de no saber qué pasó con un familiar". 

La ESMA
"Después de 32 años, por unos compañeros, supe que había estado en la ESMA. Lo que supe fue que lo mataron en la ESMA, en Capuchita, que estaba quemado, casi moribundo, y que terminó su vida ahí con golpes", contó Alejandra. "Lo único que supe es que María Eleonor (su compañera) lo estaba esperando en la Estación Haedo y que nunca llegó", agregó. 

La militancia
Alejandra contó que su hermano militaba en el área de prensa de Montoneros, "estaba ligada a Walsh y un compañero que se llamaba Del Río. Esto lo supe porque en una oportunidad hubo un operativo en una casa en Avellaneda. Estaba el matrimonio Del Río, sus hijos y mi sobrino, hijo de mi hermano, y María Eleonor. Ahí ellos se escaparon. Mataron a Del Río (caso 774) y su esposa (Margarita Cuello Del Río, caso 775) y se llevaron a los chicos. Hubo toda una tratativa de la abuela de Martín, mi sobrino, para recuperarlo".
Jorge era médico, "pensaba que la medicina podía ser social y para todos", contó Alejandra. "Tocaba la guitarra, era feliz", agregó.  

"Durante muchos años no tuve dónde llorar"
"Durante muchos años no dejé de pensar lo que le había pasado a mi hermano. Durante muchos años no tuve dónde llorar. Con el tiempo, me di cuenta de que es una realidad, no era algo que le había pasado a mi hermano, sino a toda una generación que tenía valores, ideas, personas felices, alegres, trabajadoras, que buscaban el bien de los otros. Me da mucho sufrimiento, porque pensé en cuántas vidas hubiera salvado mi hermano, cada una de las personas que no curó. No es solamente la muerte de mi hermano, es mucho más que eso. Tengo mucha indignación de la muerte, de la desaparición, de la tortura. Estuve muchos años sufriéndolo, lo sigo sufriendo y lo voy a sufrir, porque mi sobrino no tiene… La nieta de mi hermano tampoco tiene dónde honrar a su abuelo. Eso no lo puedo perdonar. Pero él está acá presente conmigo siempre. Fueron una generación maravillosa, que los amaba mucho. No soporto haberlos perdido y eso no es una cuestión mía: es del pueblo argentino", concluyó. 

El caso de Ramón José Benítez (759)
Tenía 25 años de edad, era militante del Partido Justicialista y del Sindicato de Obreros Marítimos Unidos. El 9 de octubre de 1976, alrededor de las 5:00 horas, fue privado ilegalmente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por ley en Pablo Nogués, en la Provincia de Buenos Aires. El operativo fue realizado por varias personas de civil fuertemente armadas, quienes se transportaban en varios vehículos y se identificaron como pertenecientes a las Fuerzas de Seguridad. Entre ellos estaba Alfredo Astiz. 

Ramón fue llevado a la ESMA, encapuchado y esposado, donde permaneció en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida y sigue desaparecido. 
Un día antes del secuestro de Ramón fueron desaparecidos Martiniana Olivera de Levy y Daniel Levy, hermana y sobrino de la víctima (casos 756 y 758), quienes también continúan desaparecidos. 

El testimonio de Bernardina Morel de Benítez, esposa de Ramón
"Yo estaba en mi domicilio, vivía con mi esposo, hijo y suegro. El 7 llegan y empiezan a preguntar por mi esposo, pero no se encontraba, estaba trabajando en albañilería en un country de Tortuguitas. Por error, se llevan a mi suegro. Lo vuelven a traer y me llevan a mí el día 7. A la madrugada vienen a mi domicilio", así empezó su relato la testigo, quien denunció los abusos que sufrió al ser secuestrada. 

"Me llevan a un subsuelo, me empiezan a golpear de nuevo, a picanear. Después me sacan de ahí y me tiran en una colchoneta. Alrededor había gente que gritaba, torturada, estaban tirados como yo. Yo no le contestaba nada a nadie. De ahí me volvieron a sacar y me picanearon. Estuve desaparecida hasta el 8 a la madrugada. Me sacaron, me preguntaron por mi esposo. Me meten en un camión y me llevan al domicilio donde estaba mi esposo. Me sacan de ahí a la madrugada, me tiraron sobre un camión, en el piso, torturada. 
Llegamos a Pablo Nogués, donde estaba mi marido, sobre la 147. Cuando íbamos sentí que daban claves", sostuvo Bernardina, quien contó que escuchó cómo se comunicaban sus captores con otros para avisar que habían llegado y para consultar si se necesitan refuerzos. 

"Llegamos al domicilio de mi padre, ahí estaba mi esposo. Rodearon toda la cuadra. Mi esposo se entregó. Ahí me dejan tirada en el domicilio sin poder caminar nada. No supe nada más de él. Empezamos a buscar con mi suegra, a hacer denuncias. Eso es lo que yo pasé". 

"Gordito"
Bernardina contó que cuando se llevaron a Ramón los secuestrados le decían así: "Gordito". También narró que "le dijeron: ´Ay, Gordito, pensabas que no te íbamos a encontrar´. Y le preguntaron dónde estaban las armas y mi esposo les decía: ´qué armas´. ´Sos un subversivo´, le decían y le preguntaron por su hermana y su sobrino".

Próxima audiencia
El juicio continuará el jueves 3 de octubre desde las 9:30 horas con más declaraciones testimoniales. 
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma

No hay comentarios: