La joven guardia
21.05.2014
El movimiento de juventudes politicas no es nuevo. Tuvo antecedentes en los ’70 y los ’80. Qué papel están llamados a jugar los jóvenes militantes en esta etapa.
Andrés Larroque y Pedro Robledo se conocieron hace exactamente un año, a expensas de Cristina Fernández. “Te voy a contactar con el Cuervo”, le dijo la Presidenta al joven militante del Pro, cuando lo recibió en la Casa Rosada para solidarizarse por la brutal paliza que había recibido en una fiesta por ser homosexual. Desde el primer encuentro, “El Cuervo” y “Peter” aseguran que “pegaron buena onda”.
El 10 de diciembre del año pasado, Leandro Santoro –integrante de la agrupación Los Irrompibles de la Juventud Radical– participó del acto en la Rosada que celebró los 30 años ininterrumpidos de democracia. Había llegado hasta ahí por expreso pedido de la Presidenta, quien estaba al tanto de la identificación de aquella corriente con el pensamiento y la acción política de Raúl Alfonsín. José Ottavis, diputado provincial y dirigente de La Cámpora, fue quien formalizó el convite. Al término de aquel acto, Santoro fue invitado al programa 6, 7, 8 junto al Cuervo Larroque. Cuando las cámaras del estudio se apagaron, ambos dirigentes se propusieron repetir el encuentro. “Tenemos que hacer algo juntos”, tiró el Cuervo en la primera reunión. “Convoquemos al Pro y creemos un espacio de juventudes políticas”, retrucó Santoro. Aprovechando su buena relación con Robledo, Larroque lo convocó al siguiente encuentro. Era marzo de este año y estaba germinándose un espacio modesto pero inédito en los últimos años.
Dos meses después de aquellas reuniones casi espontáneas, hizo su presentación el lunes pasado en el Cabildo la “Mesa de las Juventudes Políticas”, un espacio multipartidario creado con la intención de abordar de manera conjunta acciones políticas y sociales. La problemática de las adicciones fue el primer eje que acordaron llevar adelante. El primer paso será en Rosario, los días 6 y 7 de junio, donde desarrollarán una serie de actividades. La idea es replicar la experiencia en todo el país. Para tal fin contarán con el respaldo de la Sedronar y de la Red Solidaria que dirige Juan Carr.
“Desde las primeras reuniones, la idea fue armar un espacio de análisis político y de acción territorial para algunos temas que nos corten transversalmente a todos o que se puedan laburar en conjunto”, sostiene Santoro, de Los Irrompibles. Horacio Pietragalla, diputado nacional kirchnerista e integrante de La Cámpora, se sumó al espacio casi desde sus inicios. “Desde esta mesa queremos mostrar que desde la política se puede generar diálogo y consenso, más allá de las diferencias”, afirma. “Pero además nos parece importante llevar adelante una acción directa sobre una problemática que atañe a toda la sociedad y no sólo a un partido político”, completa.
Un elemento que jugó a favor para que rápidamente se abordaran acuerdos fue la buena predisposición de todos los actores involucrados. “Si hay algo en común es que hubo onda entre las personas que nos fuimos juntando”, grafica Pietragalla. Pudimos dialogar, hacer bromas, chicanear y discutir cuestiones ideológicas. De los encuentros uno se va dando cuenta de que en definitiva todos somos militantes y por lo tanto tenemos ese amor a la política como herramienta de transformación. Tratamos de no hacer mucho hincapié en nuestras diferencias ideológicas porque sabemos que ninguno va a modificar al otro, porque cada uno está muy convencido de lo que piensa”, agrega.
Santoro reconoce que a partir de los encuentros modificó algunos preconceptos que tenía acerca de las otras fuerzas. “Fui abandonando ciertos prejuicios que tenía más con el Pro que con el kirchnerismo, con quien tengo cierta empatía. Tengo mis críticas con el Gobierno pero soy muy respetuoso de la construcción social y cultural del kirchnerismo. Siento que hay muchos puntos de contacto con el alfonsinismo, fundamentalmente al sujeto político que interpela: los intelectuales, los artistas, los pibes con inquietudes. Con Peter podíamos tener mayores recelos pero cuando te ponés a charlar te das cuenta de que tenemos diferencias profundas pero que tiene buena leche. Además, en la juventud del Pro encontré militantes políticos. Porque uno tiene la idea de que quienes militan o reparten los volantes son los empleados públicos o los cuadros de la derecha que egresan de las universidades privadas. Obviamente que la mayoría son de clase media acomodada, pero vi que saben lo que es levantarse a las ocho de la mañana un sábado para repartir volantes y que te lo tiren en la cara. Se nota que lo han vivido”, afirma.
Sobre la posibilidad de sumar otras fuerzas a este espacio, Santoro sostiene que “la idea es construir este primer núcleo duro operativo y después ir invitando a nuevas fuerzas. Es una construcción bastante horizontal e inorgánica en la que puede participar el que quiera y donde quiera. La intención es ir de menor a mayor”. La metodología de trabajo que se trazó la Mesa es llevar adelante reuniones quincenales y una actividad territorial una vez por mes. También tienen pensado publicar una revista mensual en la que se planteen debates y ejes de discusión.
Con los objetivos y la metodología trazada, la problemática de las adicciones cayó casi de maduro como la primera actividad a realizar. “Es un tema que está muy instalado en la agenda pública y en la que los jóvenes son los más afectados”, dispara Santoro. “Todos coincidimos en que está mal abordado porque se lo hace desde las consecuencias y no desde las causas. De hecho, una de las primeras conclusiones a las que llegamos todos es que lo primero que hay que preguntarnos es por qué los pibes se drogan, antes que demonizar la falopa como sustancia. Eso tiene que ver con temas de época: la insatisfacción, la angustia y los vacíos de esos pibes que llevan a que se mamen hasta reventar los sábados a la noche o que tengan que falopearse para producir. Lo que faltaba era un abordaje de la problemática desde la política. Desde este espacio lo queremos empezar a tratar”, completa.
Precisamente, Pietragalla es autor de un proyecto de ley que acaba de ser aprobado y que propone crear un Programa Nacional de Asistencia Pública Integral de las Adicciones en la órbita del Ministerio de Salud de la Nación. Le ley establecería un nuevo marco público para tratar las adicciones a través de un plan integral que se asiente en tres objetivos: la prevención, la asistencia y la integración. “La idea es abordar esta problemática descentralizando los grandes ministerios y edificios para que se trasladen al territorio”, cuenta el diputado. Las herramientas ya están: está el Sedronar que con la llegada de Juan Carlos Molina tomó un perfil bien claro, y está esta ley que va en el mismo sentido. Creo que las actividades que vamos a poner en práctica desde esta Mesa se complementan perfecto con estas medidas”, agrega Pietragalla.
Definido el primer tema a abordar, la decisión de convocar al padre Juan Carlos Molina para que se sumara al proyecto fue unánime. En diálogo con Veintitrés, el titular del Sedronar observa que los objetivos del organismo y de la Mesa van totalmente de la mano. “La Presidenta me pidió que la gestión apuntara a dos frentes: territorio y jóvenes”, señala el funcionario. “Me parece que es la combinación perfecta para esta mesa de jóvenes”, completa. Molina destaca las virtudes que tiene trabajar con militantes jóvenes. “Lo bueno es que los tiempos son rápidos. Discutimos cuatro veces el documento, nos pusimos de acuerdo… buenísimo, ‘pero empecemos a laburar’, dicen todos. Veo una gran afán de hacer experiencias de trabajo en conjunto”, asegura.
Con respecto a las actividades en Rosario, el viernes 6 de junio se va a llevar adelante una jornada de debate en la Universidad de Rosario con charlas de capacitación referidas a la problemática de las adicciones. Al día siguiente van a desarrollar una actividad social en el barrio Empalme Granero. “Vamos a difundir material, hablar con los vecinos y alguna actividad social como mejorar una plaza o armar una canchita de fútbol para los chicos. Todo convocado desde las distintas agrupaciones que formamos esta Mesa”, asegura Pietragalla.
A principios de los ochenta, cuando la oposición a la dictadura militar comenzaba a ser más firme, surgió el Movimiento de Juventudes Políticas (MOJUPO), integrada por dirigentes juveniles del peronismo, el radicalismo, el Partido Intransigente y el Partido Comunista, entre otros. El espacio convocó a movilizaciones que ayudaron a la caída de la dictadura y trató de establecer una agenda vinculada a la temática de los jóvenes obreros y estudiantes. Pero el proyecto naufragó al poco tiempo de restablecida la democracia. Desde aquella experiencia no se había vuelto a generar la construcción de un espacio de estas características hasta la creación de esta Mesa de Juventudes Políticas. Sin embargo, sus integrantes no parecen encontrar puntos de contacto entre ambos procesos. “La verdad es que yo no tenía presente la experiencia del Mojupo cuando se lo planteé al Cuervo”, admite Santoro. “Aquel movimiento surgió como la necesidad de las fuerzas políticas de recuperar la democracia. Y además las juventudes políticas en ese momento eran otra cosa. A nosotros nos gusta más hablar de culturas políticas. Lo nuestro es más modesto y tiene que ver con gestos y símbolos, con culturas comunes”, señala.
En un escenario político en el que resulta difícil encontrar que los partidos puedan generar consensos en políticas de Estado que trasciendan a los gobiernos de turno, este incipiente espacio abre alguna expectativa al respecto, al menos así lo creen sus protagonistas. “Estoy seguro de que eso va a pasar”, afirma convencido Pietragalla. “Creo que esta experiencia de salir a los territorios y a los ámbitos académicos va a dar conclusiones. Y esas conclusiones van a dar un eje en común que va a quedar manifiesto en cada actividad que llevemos adelante. Creo que ese es el sentido con que se creó esta mesa. Aportar a las políticas públicas que se conviertan en herramientas que tengan mayor éxito. Tener ese parámetro social es fundamental”, asegura.
Acerca de la reacción que puede generar en los políticos más veteranos este nuevo espacio, Santoro observa que “desde el Frente para la Victoria y desde el Pro hubo un buen recibimiento y en general en el radicalismo veo indiferencia. Esto sucede porque la actual conducción de la Juventud Radical tiene una posición de romper puentes, como quedó demostrado con los afiches del 24 de marzo pasado. Una de las particularidades que tenemos desde nuestro espacio, por haber sido formados por Alfonsín, es ser más tolerantes, aunque nos cuesta a todos. La cultura del diálogo en la política la tenemos muy incorporada desde la formación que recibimos de Raúl”, asegura.
Molina cree que “los que están al frente de grandes cosas están contentos con esta mesa que se ha formado. Cristina, por supuesto. Pero Macri también. Han tenido de ellos mucho acompañamiento, lo mismo que Ricardo Alfonsín o Leopoldo Moreau. Están los chicaneros y destructores de siempre, pero los que entienden cómo viene la mano, acompañan”, asegura.
De hecho, Molina marca una diferencia notoria entre la forma de hacer política de los dirigentes tradicionales y la de estos jóvenes. “Los grandes nos unimos para que cada uno haga su monólogo y cuando se apagan las cámaras cada uno se va para su lado. Estos pibes en cambio se conocieron, dialogaron, discutieron, pelearon su lugar, llegaron a un acuerdo y empezaron a trabajar juntos. Y todo sin que estén presentes las cámaras. No fue un consenso electoral sino por un problema que nos preocupa a todos. Esa es la dinámica distinta que tienen los pibes con respecto a los que somos viejos. Ojalá que los viejos tomemos esta dinámica para solucionar el resto de las cosas”.
Fuente:Veintitres
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