El parte de la tranquilidad: no es cáncer
Por Gabriel Bencivengo
gbencivengo@miradasalsur.com
Haciendo el aguante. Durante tres días los militantes se mantuvieron cerca.(TELAM)
La Presidenta volvió a descansar a Olivos sabiendo que finalmente tenía nódulos, pero no un carcinoma.
El vocero presidencial fue leyendo el comunicado firmado por los médicos que intervinieron a Cristina Fernández de Kirchner, hasta que llegó al párrafo crucial: “El estudio histopatológico definitivo constató la presencia de nódulos en ambos lóbulos pero descartó la presencia de células cancerígenas, modificando el diagnóstico inicial de la punción”. Dicho en otras palabras: no había cáncer. Cuando quienes esperaban en las cercanías del hospital Austral escucharon la noticia, surgió una ovación más que previsible.
En ese extraño rito de discursos médicos interactuando con mística militante, el alta médica otorgada a la Presidenta –quien dadas las novedades no necesitará la administración de yodo radiactivo– finalmente fue lo menos importante. Más allá del alivio y la alegría evidenciados por los militantes, el resultado de la cirugía a Cristina Kirchner llegó para confirmar una percepción que ganó la calle pocas horas después de que se conociera la noticia: que la normalidad, un valor ausente durante décadas en la Argentina, ganó espacio en la política nacional. Ni temores ni riesgos de gobernabilidad. Empatía, identificación y acompañamiento son palabras posibles para definir una situación que excede el marco de una gestión que, además de resultados, genera horizontes de previsibilidad. Fue así que la primera semana del año cerró sin sobresaltos y, sobre todo, con buenas perspectivas. El exitoso resultado de la intervención quirúrgica dominó, como no podía ser de otra forma, los diálogos de propios y ajenos. No hubo pronósticos extraños ni especulaciones periodísticas. Un dato nada menor sobre el telón de fondo de su fuerte liderazgo y el carácter marcadamente presidencialista del sistema institucional argentino.
El desafío y los gestos. No es la primera vez para Amado Boudou. Lo hizo cuando Cristina Kichner viajó a Montevideo para la última cumbre del Mercosur. Sin embargo, las circunstancias que derivaron en la licencia que tomó la jefa de Estado mientras dura su convalecencia lo pusieron de una forma especial en el centro de la escena. Su tarea no es sencilla. No por las decisiones que deba asumir, que se suponen pocas en función de una hoja de ruta ya delineada. Se trata, más bien, de garantizar que nada modifique el rumbo, pero también de modelar la figura del vicepresidente, una institución distorsionada y opacada por la actuación de Julio Cobos desde su voto “no positivo” durante la pulseada por las retenciones. Un desafío que Boudou encaró, desde el primer día, con una agenda cargada de economía y que se anuncia más política durante los próximos días, cuando reciba al flamante gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, quien arribará a Buenos Aires acompañado por el senador Miguel Angel Pichetto, hombre clave del nuevo armado provincial.
La vigilia y el aguante. Tras ser internada a primera hora del miércoles para los preparativos de la operación que se prolongó durante tres horas y media, el secretario de Comunicación, Alfredo Scoccimaro, cumplió con la difusión del primer parte médico. Bajo un sol que caía a pico y a metros de los militantes que se acercaron al Hospital Austral para expresar su afecto y apoyo a la Presidenta, Scoccimarro precisó que se había efectuado una “tiroidectomía total según el plan preestablecido” y que la operación “se realizó sin inconvenientes ni complicaciones”. Para esas horas, Cristina Kirchner ya estaba consciente y acompañada por sus hijos, Máximo y Florencia; su madre, Ofelia Wilhem; su cuñada, Alicia Kirchner; y el secretario de la Presidencia, Oscar Parrilli. La vigilia, que se había iniciado en las primeras horas del lunes con la llegada del Movimiento Evita, sumaba adhesiones. Allí estaban, también, integrantes de las agrupaciones La Cámpora, Colina y Los Kumpas. Carteles y banderas ganaban espacio. El operativo de seguridad, lejos de cualquier dramatismo, ponía orden al entusiasmo, al tiempo que los cánticos alternaban con “Avanti Morocha”, el clásico de Los Caballeros de la Quema que sonó durante la campaña presidencial.
Notas al pie. Una recaudación anual récord de 540 millones de pesos, una marca histórica para la producción automotriz de 829 mil unidades y una tasa de inversión del 26 por ciento del PBI –la más alta de las últimas tres décadas– marcaron la semana en el orden nacional. Los mercados, vale decir: la city porteña, otrora temible fiscal de la previsibilidad y la seguridad jurídica, acompañaron el buen arranque del año. Las expectativas no eran pocas y, aunque nadie lo proclamara en voz alta, desde el equipo económico monitorearon su evolución. Un contexto que explica el optimismo del ciudadano de a pie. No se trata sólo de los votantes que el 23 de octubre pasado construyeron el masivo apoyo que recibió la fórmula del Frente para la Victoria. Sólo así se entiende que apenas uno de cada cinco votantes crea que durante el año que empezó su situación personal empeorará, y que siete de cada diez exprese que mejorará o se mantendrá igual. Una atmósfera de optimismo que se traduce en la mayor aprobación de la gestión presidencial en los últimos cuatro años.
Fuente:MiradasAlSur

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