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3 de abril de 2023

Arranca el tercer juicio por los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención Puente 12.

 


Lesa humanidad: arranca el tercer juicio por los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención Puente 12

Serán juzgados 4 ex miembros de la División Cuatrerismo de la Policía Bonaerense y 2 ex oficiales del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército por delitos contra 185 personas.

Publicado el sábado 01 de abril de 2023

Este lunes, el Tribunal Oral Federal 6 de la Ciudad de Buenos Aires dará comienzo al tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “Puente 12”. Serán juzgados cuatro ex miembros de la División Cuatrerismo de la Policía Bonaerense y dos ex oficiales del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército por delitos cometidos entre 1974 y 1977 que tuvieron como víctimas a 185 personas.

La audiencia, que arrancará a las 9.30, será presencial con acceso al público en la Sala Amia de los tribunales de Comodoro Py y se podrá seguir en vivo seguir en vivo por La Retaguardia: https://www.youtube.com/watch?v=8j87W-ct-C8

La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación es querellante en este juicio y realiza también el acompañamiento de sobrevivientes y familiares a través de la Coordinación de Asistencia a Testigos Víctimas.

Este tramo de la causa abarca 185 víctimas, 100 de las cuales llegan por primera vez a debate oral. También es el primero que aborda delitos cometidos durante todo el período de funcionamiento del CCDTyE “Puente 12”, entre 1974 y 1977.

Para tres de los imputados, esta será la primera ocasión en que sean juzgados por crímenes de lesa humanidad. Se trata de Walter Minod, quien fue jefe de Personal y jefe de Logística del Batallón 601, y de los expolicías bonaerenses de la División Cuatrerismo Enrique Gauna y Néstor Ciaramella. Los otros acusados son los ex policías Carlos Tarantino y Ángel Salerno y Enrique Del Pino, exteniente primero del Batallón 601, quienes ya tienen sentencias previas.

“Puente 12”, denominado también como “Protobanco”, “Cuatrerismo” o “Brigada de Güemes”, funcionó en la División Cuatrerismo de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Estaba ubicado en Camino de Cintura y Autopista Riccheri, en el partido de La Matanza, y dependía del Primer Cuerpo del Ejército.

En la causa por los crímenes en ese CCDTyE ya se realizaron otros dos juicios. En 2018, el TOF 6 condenó a prisión perpetua al ex jefe de Investigaciones de la Policía bonaerense, Miguel Osvaldo Etchecolatz, y al ex jefe del Área Militar 112, Federico Antonio Minicucci, y otros tres ex policías bonaerenses recibieron penas de 6 a 8 años de prisión. El Tribunal absolvió a cuatro ex policías, de los cuales tres fueron luego condenados por la Cámara Federal de Casación Penal: José Félix Madrid, Tarantino y Salerno.

El segundo debate fue en 2021 y tuvo como único imputado a Carlos Antonio Españadero, alias "Mayor Peña" o "Mayor Peirano", personal civil de inteligencia del Batallón 601 del Ejército. Españadero fue condenado a 16 años de prisión como coautor de privaciones ilegales de la libertad, tormentos, abuso deshonesto y coacción contra 17 personas, algunas de ellas niñas, niños y adolescentes del entorno familiar de Roberto Santucho, dirigente del PRT-ERP.

Hoy en Argentina se están llevando adelante más de 10 juicios orales en diferentes provincias y la Secretaría de Derechos Humanos es querellante en dos de cada tres de esas causas. Desde la vuelta de la democracia, ya fueron condenados por la justicia más de 1100 genocidas. Podés encontrar estos y otros datos en juiciosdelesahumanidad.ar, una web que reúne la información de todos los debates, con seguimiento de testimonios, sentencias y audiencias en vivo.

Los juicios no pueden esperar. Las víctimas tampoco.

Fuente:Argentia.gob.ar

20 de marzo de 2023

VISITA OCULAR A PUENTE 12 – DE CENTRO CLANDESTINO A BASE DE LA POLICÍA BONAERENSE.

 VISITA OCULAR A PUENTE 12 – DE CENTRO CLANDESTINO A BASE DE LA POLICÍA BONAERENSE

EL MARZO 19, 2023

El TOF 6 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires realizó una inspección ocular en el predio donde funcionó el CCDTYE Puente 12. El 3 de abril comienza el tercer tramo de la causa por ese Centro Clandestino. Se constataron modificaciones edilicias. Actualmente el predio es utilizado por una fuerza especial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.  La opinión de Pablo Llonto.

Redacción: Paulo Giacobbe
Fotos: Bárbara Barros / La Retaguardia
Edición y Video: Fernando Tebele



El Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio Puente 12, también conocido como Cuatrerismo o Brigada Güemes, estaba emplazado en el cruce entre el Camino de Cintura y la Autopista Riccheri, Partido de la Matanza, Provincia de Buenos Aires. Ese predio lo ocuparon dos centros clandestinos, aunque no en simultáneo. Puente 12 funcionó varios años antes del golpe de Estado, desde noviembre de 1974 hasta febrero de 1977; y El Banco desde diciembre de 1977, cuando demolieron el CCDTyE Club Atlético en Paseo Colón y se mudaron temporalmente a ese lugar hasta mediados de 1978.  En el inmenso predio, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizó excavaciones y encontró fosas comunes en las que hallaron restos óseos humanos. Pequeños fragmentos que habían sido calcinados en “capachas”, un pozo grande donde arrojaban los cuerpos y los incineraban rociándolos con combustibles y otros elementos. La acción que completaba el plan de exterminio podía tomar 18 horas. “No está claro si allí los asesinaban o si arrojaban sus cuerpos”, indicó el abogado querellante Pablo Llonto durante la visita. El predio siempre estuvo ocupado por las fuerzas represivas. Actualmente está en manos de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. 

El 31 de mayo de 2017, María Eugenia Vidal,  en ese momento “orgullosamente” gobernadora de la provincia, creó la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas (UTOI). En Julio de 2017, Cristian Ritondo, el ministro de seguridad de esa gestión, inauguró su base en Puente 12. Al momento de crearse tenía 160 policías; con la llegada de Sergio Berni al Ministerio de la Provincia de Buenos Aires, ya con Axel Kiciloff en la gobernación, la cantidad de efectivos que están bajo las órdenes del Comisario General Walter Javier Chiucaloni se multiplicó de manera exponencial. El jefe policial comentó durante una visita ocular en 2021 que eran 2700 efectivos.

Esta unidad de despliegue territorial y Puente 12 ganaron cierta notoriedad en los últimos años, por hechos ajenos a la inseguridad. En el verano de 2021, unos pocos efectivos de esa fuerza saludaron a Patricia Bullrich en Villa Gesell, durante la presentación de un libro; y unos meses antes, en septiembre de 2020, frente a Puente 12, ocurrió el escenario principal de un alzamiento policial que duró varios días. En esa oportunidad, un efectivo de la Policía de la Provincia se subió a una antena durante dos horas. Chiucaloni intervino personalmente para convencerlo de deponer su actitud de arrojarse. También dialogó con otros pacíficos peticionantes de la fuerza. En octubre de ese año, la UTOI participó en el violento operativo de desalojo de la toma de tierra en Guernica. Walter Chiucaloni colaboró durante la ocular.

La inspección

El portón de ingreso al predio fue modificado. Ya no está el de madera, tan característico por su estructura y sonido. Ahora su lugar lo ocupa otro, que no es de madera, es negro, cerrado. Se ingresa a un descampado, donde algunos autos pueden ser estacionados bajo la sombra de los árboles. La oficina de la UTOI está pintada en su exterior con una franja naranja de medio metro y el resto es gris. Otra parte es celeste.  La puerta de vidrio tiene grabado el moderno logo de la fuerza especial, que además de sus siglas tiene la cara de un jaguar. El mismo escudo que también puede verse en un mástil de ladrillos grises a la entrada. Esa insignia estará incorporada, de manera más sigilosa o más llamativa, en cada pared y rincón del inmueble. Evitaremos de aquí en más su mención, pero corresponde tener en cuenta su presencia constante.  En la zona exterior, además de las oficinas de la UTOI, existen otros edificios en construcción y una capilla que no estaba al momento de los hechos que se juzgan. 



Tuvieron que atravesar toda la ciudad para llegar hasta Puente 12. Mientras eso ocurría, el resto de los participantes de la ocular charlaban mirando un plano del lugar, en una sala con aire acondicionado de la UTOI, con bebidas frescas y hielo, cortesía del lugar. La larga mesa del salón lucía un natural diseño de camuflaje en tonos oscuros. Dos maniquíes de tamaño natural, con sus rostros cubiertos y pertrechados con uniformes de la fuerza, custodiaban la comitiva desde un rincón; hacían recordar a las armaduras de los castillos medievales. Si se hubiesen movido nadie se hubiera sorprendido. A su lado, una bandera argentina y otra de la provincia. Un geco curioso bajó del techo y luego volvió a meterse en su rincón. Cuando los jueces y la jueza llegaron, una agente sirvió sanguchitos de miga, pero nadie comió. Los jueces ni se sentaron y comenzaron inmediatamente la recorrida. Los pasillos angostos del interior están decorados con cuadros de la UTOI, en operativos y posando. También hay un collage de fotos der una recorrida que realizaron las sobrevivientes del CCDTyE el 13 de septiembre de 2021 cuando salieron espantadas por las reformas que se habían realizado. Entre ellas estaba Cristina Comandé, ya enferma, pero privilegiando dar testimonio. Aquí son notorias sus ausencias, porque como el juicio aún no comenzó, no pueden tomarse testimonios.

El primer reclamo a los jueces fue por la modificación de la entrada. El portón que tenía un escudo de la división de canes ya no estaba y el piso ahora asfaltado antes era pedregullo. “El acceso se mantiene pero cambió mucho la fachada”, dijo a los jueces Gonzalo Conte, de Memoria Abierta, analizando el lugar desde afuera. Conte fue guiando por los lugares, modificados en su mayoría.  Recordó la existencia de una fuente en el exterior, ahora tapada por una pared y unas camionetas estacionadas. En otro lugar, donde se ve una rampa, había escalones, y un patio de ingreso de personas secuestradas actualmente está bloqueado.

Luego de ingresar nuevamente a las oficinas, Conte explicó que el primer recinto tenía un escritorio metálico de oficina con vidrio y un Cristo en la pared. En ese lugar los muebles eran de oficina. “Se utilizaba para tomar declaraciones después de la tortura”. Ese cuarto tiene una ventana con una reja de firuletes, que da al “patio articulador”.  Era la pieza de control entre las zonas de tortura y de detención. El patio conserva su piso damero original, pero su tamaño fue reducido considerablemente. 



La sala de torturas reconocida en varios testimonios “ahora se usa de office”, resume Conte. “Tenía una provisión de agua y un pequeño depósito”. Un cuadro de San Martín con la bandera argentina decora la habitación. ¿Estaría ahí para recordar las palabras del padre de la patria?: “Jamás derramaré la sangre de mis compatriotas y solo desenvainaré mi espada contra los enemigos de la independencia”. El tamaño original de la sala de torturas era más grande que la oficina actual. El piso de madera fue removido. La armería y el pañol se mantienen en su lugar, al costado de la ventana de rejas. Un sector con camas y calabozos con cuchetas fue modificado. Al ingresar por el patio cerrado se llega a una habitación amplia con escritorios y computadoras donde trabajan integrantes de la fuerza operativa. Las paredes con repisas sostienen biblioratos azules. Un ventilador sin fuerzas giraba sus paletas, agotado. En ese lugar, anteriormente, había solamente una claraboya que dejaba ingresar gotas de luz. Ahora, con una ventana, ese lugar es más luminoso. “Acá todavía el piso era rojo y el muro completado con laja”. La ocular va a ser todo el tiempo así, lo que había antes ahora no está y lo que está no estaba antes. “Volviendo al plano, esa es la pileta, y por acá es la cámara… y el piletín. Aquí donde está la viga estaba la división de la sala grande”, va vislumbrando Conte. La viga es fundamental para ir armando el espacio.  Agujeros en el techo con rejas horizontales y verticales, parece que estaban de antes. El lugar, sin el plano que armaron los y las sobrevivientes, sería irreconocible. Sí está todavía una claraboya en el techo por las que los guardias pasaban cigarrillos y medicamentos a las personas secuestradas.







“Esto estaba más o menos… hasta acá… esto es nuevo… lo que hicieron fue eliminar esto…“ señaló Conte a los jueces. El recorrido fue laberíntico. Una puerta de un costado permitió volver al exterior. “Lo que hay que hacer es recomponer esta planta para tener una planta definitiva y entender la lógica de estas modificaciones”. En 2010, durante la ocular en la Instrucción de la causa, algunos de los cuartos ya no estaban. Pero también se advierten modificaciones posteriores.

“No estoy ubicando la sala de torturas, está muy desdibujada”, sentenció Conte a las puertas de un depósito de restos de objetos en desuso. No se puede entrar por los objetos. “Es un peine”. Un policía explica que tienen prohibido el uso, salvo para acopio. Entres las cosas arrumbadas allí, están los restos del portón de la entrada. Los patios se fueron techando para armar puestos de trabajos, con computadoras, dispensers, impresoras, escritorios. En otro cuarto, contra las paredes, había aparatos de gimnasio para levantar peso y una bicicleta fija. Desde afuera se nota en las paredes el cambio realizado para poner un techo a dos aguas.  

En el patio exterior fusilaban a los y las secuestradas. Después armaban la Capacha. Una fosa común y combustible. Costó encontrar el lugar donde estuvo trabajando el EAAF. Un árbol caído y otros objetos fueron arrojados a la excavación. En su cercanía están levantando otros cuartos. Podría haber otros restos, pero parece no importar. Sobre el lugar pesa una manda judicial de no innovar. A unos metros largos un grupo de cadetes sale de otra construcción y se van para los fondos. 





Al finalizar la jornada, el abogado querellante Pablo Llonto, dialogó con La Retaguardia sobre las modificaciones constatadas: “Los cambios para noso-tros son modificaciones en la estructura. Ellos dicen que no. A raíz de esto hemos denunciado durante años esos cambios y ahora, el 21 de marzo, va a haber una Inspección judicial del juez Daniel Rafecas para corroborar que esas modificaciones, que primero vieron las sobrevivientes y  después las hemos corroborado hoy, fueron hechas por arriba de una orden de no innovar y veremos qué medidas toma”. Llonto consideró que hace falta una decisión política “para reconstruir el centro clandestino, en este caso del Gobierno de la Provincia, que disponga que este lugar se evacúa y se recupera para la provincia, y se construye acá con otros materiales el lugar”. En tal sentido, es necesario reubicar en otro predio a la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas. “Hay una desidia de los distintos gobiernos provinciales de no  haberlo preservado. Es un lugar que hay que recuperar. No es el único. Hay decenas que están así o peor. Todas las comisarias, salvo aquellas que en estos últimos años se lograron recuperar”. Por eso el abogado querellante mencionó el caso de los Pozos de Banfield, de Quilmes y El infierno de Avellaneda;  tres ex CCDTyE que hoy son Sitio de Memoria: “Si esta conversación la hacías hace seis o siete años en El Infierno, íbamos a estar hablando lo mismo”, cerró. 
Fuente:Rebelion

7 de marzo de 2023

Crímenes de lesa humanidad en Puente 12: sobrevivientes y familiares aseguran que la causa está paralizada.

 

Crímenes de lesa humanidad en Puente 12: sobrevivientes y familiares aseguran que la causa está paralizada

 6 marzo, 2023
Acorde a la Comisión Vesubio y Puente 12, el tercer tramo del juicio debía comenzar a fines de 2022 pero, actualmente, no cuentan con una fecha oficial de inicio.

Desde noviembre de 1974 hasta febrero de 1977, el Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio Puente 12 operó en la intersección de Camino de Cintura y la Autopista Riccheri, en una zona geográfica denominada “Puente 12”, bajo el control jurisdiccional del Primer Cuerpo de Ejército, Comando de Zona de Defensa 1, Subzona 11, a cargo de la X Brigada de Infantería Mecanizada. Tiempo después, en el mismo predio funcionó el centro clandestino El Banco, y enfrente estuvo localizado el CCDTyE El Vesubio.

El primer tramo del juicio por los crímenes de lesa humanidad perpetrados en Puente 12 tuvo su debate en 2017 en el Tribunal Oral Federal 6 en Comodoro Py, con una sentencia un año después, mientras que en 2021 finalizó el segundo. El tercer tramo se elevó a juicio oral en diciembre de 2020, con una fecha estimada de inicio del mismo para octubre de 2022. Sin embargo, integrantes de la Comisión Vesubio y Puente 12 aseguraron que, aun, no ha comenzado y que el juicio se encuentra “postergado”.

“La primera fecha de octubre fue postergada tres días antes para el 28 de febrero pasado debido a una recusación pendiente de la jueza Sabrina Namer. Además, el TOF 6 está totalmente subrogado, no tiene jueces titulares, entonces esto es una problemática adicional porque las subrogancias son periódicas y hay que conseguir suplentes”, explicó Alejandra Cravello, integrante de la Comisión Vesubio y Puente 12 e hija de Ricardo Cravello, desaparecido en el centro clandestino Puente 12, en comunicación con El1 Digital.

Según Cravello, se había constituido un tribunal con tres jueces para iniciar el juicio pero, diez días antes, se informó que el 28 de febrero solo tendría lugar una audiencia preliminar y que “no había cronograma de inicio de juicio”. “Empezamos a buscar a los jueces a sus tribunales de origen y hablar con el presidente del tribunal porque sentimos que perdieron el tiempo y la recusación de Namer se podría haber resuelto antes. Venimos con la impunidad biológica que golpea la puerta: los sobrevivientes y los familiares son grandes, y los imputados son octogenarios. Cada uno que muere, son decenas de familias que se quedan sin justicia”, reclamó.

Magnitud de la causa

Cravello destacó que se trata de una “mega causa”, con 185 casos, con 110 de ellos que llegan a juicio oral por primera vez. “Queda en manos de todas las querellas y el Ministerio Público Fiscal armar un cronograma y una agenda al tribunal para ver cuánto tiempo va a llevar el desarrollo del juicio. Como es una mega causa, va a llevar prácticamente tres años desarrollarse, teniendo en cuenta los ritmos en los que la justicia federal hace las audiencias”, argumentó.

Asimismo, expresó que “hay un desinterés total por parte de la Justicia Federal” en los juicios de lesa humanidad y que “pareciera que no les importa el poder de reparación que implican ni la ley de víctimas”. “Uno de los imputados, Enrique Osvaldo Gauna, uno de los imputados, tiene más de 80 años y está mal de salud. Es un juicio largo y hay que ver si va a llegar en condiciones para escuchar una sentencia y ser condenado. De lo contrario, los casos quedarán impunes y 14 sobrevivientes y familias no tendrán justicia”, lamentó.

Futuro

Aun sin fecha oficial de comienzo del juicio, se determinó una inspección ocular del predio donde funcionó Puente 12 para el próximo lunes 13 de marzo, donde participarán solo los jueces con el fin de conocer el predio del centro clandestino. Además, Cravello informó a este medio que una posible fecha de inicio de juicio “tendría lugar a fines de abril”. “Para nosotros, la inspección ocular fue una manera de ir ganando tiempo hasta que decidan cuándo y cómo empiezan el juicio, si es que comienza”, cerró.

Fuente:El1Digital


15 de mayo de 2021

Confirman perpetua a Etchecolatz y Minicucci en causa "Puente 12".

 

Confirman perpetua a Etchecolatz y Minicucci en causa "Puente 12"

El máximo tribunal penal federal del país rechazó recursos de apelación de las defensas del exjefe de Investigaciones de la Policía bonaerense y del exjefe de la llamada Área Militar 112, condenados por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura.

(Foto: Télam)
14 de mayo de 2021

La Cámara Federal de Casación Penal confirmó condenas a prisión perpetua a los represores Miguel Etchecolatz y Federico Minicucci, en la causa conocida como "Puente 12" que investigó delitos de lesa humanidad cometidos en la división Cuatrerismo de La Matanza y en la comisaría 1 de Monte Grande en la última dictadura militar. El máximo tribunal penal federal del país rechazó recursos de apelación de las defensas del exjefe de Investigaciones de la Policía bonaerense Etchecolatz y de Minicucci, exjefe de la llamada Área Militar 112, que tenía jurisdicción sobre los centros clandestinos de detención que funcionaron en la división Cuatrerismo y en la comisaría ubicada en el partido de Esteban Echeverría, según el fallo al que tuvo acceso Télam.

Además Casación confirmó condenas de entre seis y ocho años de prisión a otros tres acusados, los expolicías que se desempeñaron como guardias Alberto Bulacio, Nildo Delgado y Daniel Mancuso . En el mismo fallo de 479 carillas al que tuvo acceso Télam, los jueces revocaron las absoluciones a otros tres imputados, también ex policías bonaerenses, José Félix Madrid, Carlos Tarantino y Ángel Salerno y se ordenó que otro Tribunal Oral resuelva las condenas luego de convocar a una audiencia entre las partes.

Casación los encontró culpables de delitos como "privación ilegal de la libertad cometida por funcionario público agravada por mediar violencia o amenazas, en concurso real con tormentos agravados por la condición de perseguidos políticos de las víctimas". El veredicto había sido emitido el 26 de octubre de 2018 por el Tribunal Oral Federal 6 al término de un juicio realizado en los tribunales federales de Comodoro Py 2002.

Etchecolatz ya está condenado a prisión perpetua en otras causas por delitos de lesa humanidad y en el caso de "Puente 12" se lo encontró culpable como "autor mediato" de "homicidio agravado por alevosía" en trece casos. Algunas de las víctimas fueron Eduardo Corvalán, Lila Epelbaum y Marta Angélica Taboada de Dillon. También se lo condenó por tentativa de violación y abuso deshonesto a secuestradas en esos centros clandestinos.

El fallo de Casación fue firmado por los jueces Mariano Borinsky, Javier Carbajo y Gustavo Hornos

Fuente:TiempoArgentino

12 de mayo de 2021

Casación confirmó las condenas por crímenes en “Puente 12”. En el lugar estuvo raptada la colonense Graciela Ojeda.

 

Casación confirmó las condenas por crímenes en “Puente 12”. En el lugar estuvo raptada la colonense Graciela Ojeda

La Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal confirmó las condenas a prisión perpetua para el ex comisario Miguel Osvaldo Etchecolatz y para al ex jefe del Área Militar 112, Federico Antonio Minicucci, y las penas impuestas de entre 6 y 8 años de prisión para tres ex policías. El máximo tribunal penal hizo lugar parcialmente al recurso de la fiscalía y de las querellas y revocó las absoluciones por prescripción de otros tres acusados.

La decisión fue adoptada en el marco de la revisión de la sentencia dictada el 26 de octubre de 2018 por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N°6 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en la causa por los crímenes de lesa humanidad perpetrados en el centro clandestino de detención conocido como «Puente 12», que funcionó en la División Cuatrerismo de la Brigada Güemes, en La Matanza, y en la Comisaría 1ª de Monte Grande, en el partido de Esteban Echeverría. En el juicio se abordaron hechos de privación ilegítima de la libertad agravada y de aplicación de tormentos padecidos por 125 víctimas, 64 de las cuales se encuentran desaparecidas, y catorce homicidios.

Al cabo del juicio, las penas mensurables impuestas por el TOCF N°6 porteño -confirmadas por el fallo de casación- fueron de ocho y seis años de prisión, respectivamente, para los ex policías Alberto Faustino Bulacio y Daniel Francisco Mancuso, quienes se desempeñaron como guardias en la comisaría 1ª de Monte Grande, y de siete años y seis meses de prisión para Nildo Jesús Delgado, ex cabo de esa seccional. A los tres ex policías se los consideró partícipes secundarios de los delitos de privación ilegal de la libertad.

El fallo del máximo tribunal penal -de casi 500 carillas de extensión- revocó las absoluciones que entonces dictó el TOCF N°6 para el ex oficial subinspector de la Dirección General de Investigaciones de la policía bonaerense José Félix Madrid y los ex cabos de la División Cuatrerismo de La Matanza, Carlos Alberto Tarantino y Ángel Salerno. En el juicio también había sido absuelto el colega de Madrid, Guillermo Horacio Ornstein, quien falleció meses atrás, mientras el fallo se encontraba en revisión.

De tal forma, con las firmas de los jueces Mariano Borinsky, Gustavo Hornos y Carlos Carbajo, la Cámara de Casación hizo lugar parcialmente al recurso de la fiscal federal a cargo de la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad, María Ángeles Ramos, y de la auxiliar fiscal Viviana Sánchez, el cual fue sostenido en la instancia por el fiscal general Raúl Pleé.

Los tres jueces coincidieron en la anulación de las absoluciones. Sin embargo, disintieron en la solución procesal. Carbajo, quien lideró el acuerdo, contó con la adhesión de Hornos para dictar sentencia condenatoria a Madrid, Tarantino y Salerno en seis casos de privación ilegal de la libertad agravada y aplicación de tormentos agravada en grado de coautores y ordenar al TOCF N°6 que imponga las penas que estime correspondan. En minoría, Borinsky votó por el reenvío para que el tribunal de juicio dicte un nuevo pronunciamiento.

Por otro lado, los tres jueces coincidieron en ordenar al tribunal de juicio que dicte un nuevo pronunciamiento en relación con los hechos que afectaron a cuatro víctimas por los que resultaron absueltos los tres ex policías.

Una sentencia arbitraria

El nudo del fallo de casación estuvo en los recursos de las partes acusadoras. Al dictar las absoluciones de los tres ex policías, el TOCF N°6 había considerado prescriptas la privaciones ilegales de la libertad de las seis víctimas, las cuales habían ocurrido en 1975, antes del golpe de Estado, y entendido que se trataba de detenciones en el marco de actuaciones judiciales y no parte del plan criminal de persecución a disidentes políticos, por lo que no estaban alcanzados por la imprescriptibilidad que arrastran los crímenes contra la humanidad. Con la misma lógica -fustigada en los recursos y en el fallo de casación-, el tribunal de juicio sostuvo que los tormentos a los cuales fueron sometidas las víctimas en ese contexto también estaban prescriptos, dado que no habían sido cometidos como parte de los delitos de lesa humanidad.

En efecto, tal como lo sostuvieron la fiscalía y las querellas, los camaristas de casación consideraron acreditado que las actuaciones judiciales con las que se inició el proceso a las víctimas se formalizaron con posterioridad al procedimiento de su detención. Las víctimas habían sido capturadas el 4 de noviembre de 1975 por una patota de la Policía bonaerense en un domicilio del barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires, al cual acudieron efectivos de la comisaría 21° de la Policía Federal, alertados por una denuncia sobre el procedimiento, que incluyó disparo de armas fuego.

Las víctimas fueron entonces detenidas en aquella seccional y luego entregadas a la Policía bonaerense, tras la formalización de actuaciones judiciales. La fiscalía razonó que, de no haber mediado la intervención de la PFA de un modo fortuito, el operativo hubiera sido totalmente clandestino. Una vez entregadas a la policía provincial horas más tarde, las víctimas fueron llevadas a “Puente 12” y torturadas con picana, asfixia y asfixia por inmersión en agua.

En la revisión, la Cámara de Casación también tuvo en cuenta que los policías provinciales, entre quienes se encontraban los acusados Tarantino, Salerno y Ornstein, habían participado de un allanamiento ilegal durante la tarde del 4 de noviembre a una vivienda de Lomas de Zamora y, a partir de hallazgos de documentación que les permitieron individualizar la vivienda del barrio porteño de Palermo, se dispusieron al nuevo procedimiento ilegal, para el cual convocaron a Madrid. De acuerdo con las pruebas recabadas, los policías estaban movidos por la venganza del homicidio de un comisario de esa fuerza. Una vez en la vivienda de Palermo, intentaron el secuestro de las seis víctimas, inicialmente frustrado por la PFA, pero luego consumado tras la entrega de los prisioneros por parte de esta fuerza. Las víctimas fueron llevadas al centro clandestino de detención, donde fueron confinadas sin aviso a ninguna autoridad judicial sobre el lugar donde se encontraban.

«La respuesta ofrecida por el a quo [el tribunal de juicio] se ha apartado en este sentido de los estándares mínimos de razonabilidad, puesto que la valoración probatoria asumida ha resultado arbitraria, ajena a las máximas de la experiencia y a las reglas de la lógica, provocando un quiebre al alegado derecho a la tutela judicial efectiva de las víctimas», indicó en su voto el camarista Carbajo.

«De conformidad con las pruebas y elementos aportados, surge evidente que, en el caso, aquella estructura organizada de poder, configurada aún antes de marzo de 1976, a través de este grupo heterogéneo y clandestino de la policía de la provincia de Buenos Aires, conformado al menos por Madrid, Tarantino y Salerno, más el fallecido Ornstein, detuvo ilegítimamente a personas y las trasladó al CCDT ‘Cuatrerismo’, al margen de toda legalidad y a sabiendas de que en esa División se ocupaban de otros menesteres, como alojar detenidos por hechos vinculados con abigeatos», señaló el juez Carbajo.

En ese sentido, el magistrado se remontó a las conclusiones de la sentencia del Juicio a las Juntas militares y señaló: «Los hechos acaecidos han sido configurativos de delitos de lesa humanidad, pues aún ocurridos antes del 24 de marzo de 1976, por su modalidad, no se diferenciaron de los que tuvieron lugar en el marco del plan sistemático y criminal instaurado durante la última dictadura militar, acreditados en la causa 13/84 de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal».

La Colonense Graciela Ojeda

EL Faro reconstruyó el rapto de Graciela Ojeda.  El operativo contra la familia Gullo comenzó en la Capital Federal. El almanaque marcaba martes 5 de agosto de l976. Un operativo integrado por las fuerzas conjuntas cercaba la calle Cachimayo al 1900 e ingresaba a la casa de Angela María Aieta de Gullo, madre del dirigente peronista Dante Gullo.

En Colón la historia nos indica que  un comando raptó a la esposa del político capitalino Graciela Ojeda.

Los vehículos no identificados, entre ellos una camioneta Ford F 100 ( posiblemente la misma que tenía Aníbal Gordón para pasear por nuestra ciudad), llegaba a una quinta de la periferia de Colón, situada en la extensión de Boulevard 50, detrás de las vías y en dirección al Almacén Lusi. El ruido de los motores y las frenadas pusieron en alerta a las pocas personas que habitaban el vecindario. Graciela Ojeda corrió una de las cortinas floreadas y miró a través de la ventana, el pánico  de inmediato se reflejo en su cara; su cuerpo  estremecido, se apuró a proteger a sus tres hijos, Juan Ernesto de 5 años; Emiliano de 3 años y Carlos de 1 año.

Más de 12 hombres vestidos de civil y armados hasta los dientes, rodearon la casa, varios de ellos irrumpieron en la vivienda destrozando la puerta principal. En la cocina reducen a la mujer que solo atina a gritar.

Un encapuchado golpea en la cara a Alberto Nicolás Ojeda, su padre que había intentado defenderla y proceden a atarles las manos con una gruesa soga. La esposa de Gullo, grita que su padre es un hombre enfermo y que hacia pocos días había tenido un ataque de presión. Los secuestradores lo llevan a una habitación y lo dejan con sus tres nietos que lloran desconsola-damente. Los raptores revisan el lugar y encuentran en un cobertizo un Fiat 1600, lo requisan y se llevan una caja de herramientas que se encontraba en el baúl. El operativo termina con Graciela Ojeda en la caja de la Ford F100, encapuchada, atada de pies y manos y tapada con una vieja lona color verde. Casi una hora después un vecino libera al anciano y a sus nietos.

Puente 12

Graciela Ojeda viajó por largas horas acurrucada. El destino fijado fue el edificio de Coordinación Federal, donde luego de un corto interrogatorio es remitida al celebre “Puente 12”, ubicado en Autopista Richieri, camino a Ezeiza.

En su cautiverio logra levantarse la capucha y identifica entre los detenidos a su cuñado “Poli” Gullo, que también había sido raptado ese mismo día en la Capital Federal.

Los dos son llevados a la sala de tortura y puestos en un elástico de acero tristemente denominado “parrilla”. Ambos son interpelados por largas horas con la picana eléctrica, interrogándolos sobre el paradero y actividad de familiares y amigos. Las sesiones se extienden y se hacen interminables. Los tor turadores ponían a ambos familiares en el mismo elástico y trataban de “quebrarlos” física y sicológicamente.

A los cinco días un carcelero le ordena a la prisionera trasladarse hasta los precarios baños. La mujer obedece, una voz con un tono un poco más amable, le ordena higienizar- se y lavar sus prendas intimas. La detenida piensa que será ejecutada. Pero el guardia ordenó que regresara al calabozo.

Horas después, una guardia de civil, le ordena a Graciela Ojeda levantarse y caminar hacia una puerta. En el lugar la esta esperando un Ford Falcón ocupado por tres hombres vestidos de civil, le ordenan subir al asiento posterior junto a un individuo de mediana edad. Son minutos de incertidumbre. Graciela viaja encapuchada. Piensa que será el último viaje. El vehículo sube por la Autopista Richieri, y se dirige a la Capital Federal, al llegar a la avenida General Paz, su ocasional acompañante, le quita la capucha; el viaje continua hasta Avenida San Martín donde el conductor detiene la marcha.

 

El hombre que viaja en el asiento trasero baja del vehículo y ordena a la secuestrada hacer lo mismo. La toma del hombro con una mano, mientras que con la otra lleva la pistola tapada con un diario, apoyandola en la espalda de la mujer. En ese momento aparece un ómnibus de la empresa Chevallier con destino a Colón, el hombre le hace señas que se detenga, busca en el bolsillo un pasaje que entrega a la secuestrada. La puerta de la unidad de pasajero se abre y el hombre le dice cariñosamente: “chau hasta luego… después nos vemos”. Era la libertad, el regreso a su casa y el reencuentro con sus hijos.

Fuente:ElFaro

18 de abril de 2021

Que los oficiales del Ejército "que saben más que yo" hablen del genocidio.

 18 de abril de 2021

Un testimonio que invita a romper el pacto de silencio 

Que los oficiales del Ejército "que saben más que yo" hablen del genocidio

Omar Barbieri es oficial retirado y habló por primera vez en un juicio de lesa humanidad. Contó lo que vió a hacer a colegas ya condenados, juzgados o prófugos. Y repitió confesiones que le hicieron amigos de la patota.
Por Ailín Bullentini






El memorial a las víctimas del campo de torturas Vesubio. 

Después de cuatro décadas de silencio, el militar retirado Omar Barbieri testimonió por primera vez en un juicio de lesa humanidad. En poco más de dos horas, contó su hallazgo de archivos secretos vinculados a Vesubio en la enfermería del Regimiento de Infantería 3, donde era teniente al filo del cierre de la última dictadura cívico militar. Además, reprodujo la confesión que un teniente le realizó en 1977 sobre su participación en operativos de secuestros clandestinos y su visita a Vesubio, donde vio “un montón de gente atada con cadenas y grilletes a una pared” y dijo que había “olor a muerte”, y aportó una nómina de oficiales, suboficiales y tenientes del Regimiento de Infantería 6, de Mercedes, que “salían de noche, de civil y con armas largas”. El ex coronel David Cabrera Rojo, acusado en el juicio, y el ex teniente Serepio Eduardo del Río, apartado del juicio por cuestiones de salud, figuran en la lista. Cuando la Fiscalía le preguntó por qué había tardado tanto tiempo en compartir esta información, Barbieri se escudó en el “miedo” que “todavía” siente y en la certeza de que “esto debe terminar con los genocidas responsables presos. Esto es un llamado a que otros oficiales del Ejército que saben mucho más que yo, seguramente, hablen y digan”, concluyó.

Semanas después de haberlo contado a Página/12, Barbieri declaró como testigo ante el Tribunal Oral Federal número 4 de la Capital Federal, que conduce desde noviembre de 2019 el tercer tramo del juicio por los crímenes de Vesubio. Fue su primera vez ante un tribunal y su segundo aporte al proceso de justicia sobre los crímenes del terrorismo de Estado que tuvieron lugar en el país entre las décadas del 70 y 80, ya que días atrás testimonió en el marco de la investigación sobre las violaciones a los derechos humanos sucedidas bajo la órbita del Primer Cuerpo de Ejército.

El viernes al mediodía y durante poco más de dos horas, Barbieri reiteró cómo encontró, en septiembre de 1983, fichas de personas detenidas desaparecidas en Vesubio en la enfermería del RI3, donde revistaba como teniente primero. Tal como lo hizo a este diario, Barbieri detalló ante los jueces, la fiscalía, las querellas y las defensas de ese juicio cómo dio con ese archivo, que constaba de “dos escritorios grandes antiguos” en donde había papeles. En uno de ellos, “seis pilones y tres para atrás” de hojas tamaño oficio “todas tenían un sello bastante grande recuadrado que decía ‘final’”, aclaró en su testimonio. Contó también que quiso llevarse varias de esas hojas, pero que fue “emboscado” por otros oficiales del regimiento antes de poder escapar del lugar. Que fue secuestrado, torturado y amenazado de muerte para que no contara nada de lo que había visto.

Pero el aporte de Barbieri no se quedó ahí, en el archivo que pudo haber rescatado y no pudo. Ante el pedido de la Fiscalía de que repasara los destinos militares que había recorrido hasta llegar a La Tablada, en 1983, y la historia que lo vinculaba con David Cabrera Rojo, uno de los represores imputados en el juicio, el exteniente fue generoso con la información que recordó de su paso por el Regimiento de Infantería 6 de Mercedes.

Barbieri admitió que conoció a Cabrera Rojo, uno de los ocho acusados en el debate en donde aportó testimonio, en el regimiento de Infantería del Monte 29, de Formosa, su primer destino militar. Allí, destacó, compartieron “la defensa del cuartel el 5 de octubre” de 1975, cuando Montoneros quiso tomarlo. Entre las bajas de ese enfrentamiento se contó la de Ricardo Massaferro, amigo de Barbieri. Lo volvió a encontrar en el regimiento de Infantería 6 de Mercedes, donde “extrañamente” fue trasladado a fines de 1976. Allí, Cabrera Rojo era “ayudante del Jefe”, Justo Rojas Alcorta.

El ex teniente testimonió que a Cabrera Rojo lo vio “una vez en marzo de 1977 y dejó de concurrir al Regimiento”. Recién lo encontrará exactamente un año después, una noche en el Casino de Oficiales del Regimiento. “Lo encuentro totalmente cambiado en su fisonomía”, reconstruyó. Según su recuerdo, el represor estaba con el cabello largo “hasta por debajo de las orejas”, de civil y armado. “Me resultó extraño, le pregunté si estaba con parte de enfermo, se rió y me respondió que estaba a comisión en la Brigada. Y entonces me preguntó si todavía seguía con la idea de no poder vengar a mi amigo Massaferro”. Quien le había realizado esa propuesta era Rojas Alcorta, ya fallecido, al recibirlo en el Regimiento. Como a aquel, a Cabrera Rojo le dijo que no. “Me respondió que qué lástima, porque eso más adelante me traería problemas”, completó. 

Tras ese diálogo “ingresaron sus amigos Emilio Morello y Martín Sánchez Zinny”, investigados e imputados por crímenes de lesa humanidad en el marco de la megacausa Primer Cuerpo de Ejército, a cargo del juez federal Daniel Rafecas. Ambos fueron considerados partícipes del ataque a la imprenta de San Andrés, ubicada en San Martín, en 1976. Sánchez Zinny, además, está imputado en el expediente que investiga la masacre de la Quinta de Moreno, donde cayeron la hermana del cantante Víctor Heredia y la mamá de los periodistas Bárbara y Camilo García.

“Doy fe de haber visto oficiales de civil portando armas largas que salían de noche, no sé adonde iban”, aseguró Barbieri, bien sumergido en lo que vio y oyó entre 1977 y 1978 en Mercedes y calló durante décadas. Cuando le pidieron que diera nombres, empezó a enumerar con nombre, apellido y cargo: “Al teniente coronel Justo Rojas Alcorta, al mayor (Luis) Fernández Bustos, al mayor Aurelio Santos Muñoz, al capitán Antonio Sampieri, al teniente primero odontólogo Darío Sostaric, al teniente primero Serapio del Río, al teniente primero Alberto Bustos, al teniente Durán alias ‘Tipi’, no me acuerdo el nombre, al teniente Luis López, al teniente David Cabrera Rojo, al teniente Sebastián Orizabala, al teniente Emilio Morello y al subteniente Martín Sánchez Zinny”. 

Rojas Alcorta, Santos Muñoz y Durán están muertos. Fernández Bustos, al igual que Sánchez Zinny y Cabrera Rojo, imputado y a la espera de juicio oral. Lo mismo ocurriría con Serapio del Río, que además es uno de los acusados en el juicio Vesubio III, pero permanece apartado por problemas de salud. De Sostaric, Sampieri y Orizabala no se sabe nada. Alberto Bustos fue quien intentó suicidarse cuando supo que la Justicia iba por él, involucrado en las causas del resto de la patota.

Barbieri testimonió haberlos visto en más de una oportunidad preparándose para “salir”. “Yo vivía en el Casino. El teniente primero odontólogo Sostaric también. Mayormente lo venían a buscar a él o hacían un alto en el bar de casino y ahí se reunían”, comentó. Y reconstruyó una de esas tantas veces en las que “alrededor de las 11 de la noche” vio entrar al Casino “de civil, con armas largas” a López, Orizabala y Sánchez Zinny, que en “un sillón dejaron armas”, que López tenía un fusil que no era proveído por el Ejército, no sé de dónde lo habrá sacado” y lucía “un bigote” que “a la mañana (de ese día), en la formación, no tenía”. Que entonces “vino Sostaric con una peluca con rulitos amarilla y se fueron los cuatro sin mediar palabra”, detalló. “Esa gente no es que volvía a la noche, al otro día no volvían, a veces tardaban dos o tres días en volver” al regimiento, aclaró.

Otro de los puntos sobresalientes de la declaración de Barbieri tuvo que ver con la reproducción que realizó de la confesión que Alberto Francisco Bustos le hizo durante una cena que compartieron. Barbieri dijo que Bustos “quería saber cómo había sido el ataque al Regimiento 29”, que “el hombre” estaba “acongojado”, y que en un momento empezó a hablar. “Me dijo ‘acá están pasando cosas muy raras’ --en relación al RI6--, ‘si lo llegan a invitar a que se meta en cosas raras no se meta, yo me metí y estoy muy mal’”, reconstruyó y amplió lo que brevemente había deslizado en el diálogo con este diario.

Ante el TOF 4, el ex militar sostuvo que Bustos le relató “dos hechos” de los que habría participado. Uno ocurrió en junio y otro en julio de 1976: El primero había sido “lo que él llamó un operativo sobre una casa en Flores para detener a una señora” en el que participó Sánchez Zinny quien, según Barbieri, Bustos calificó de “loco de remate” por querer fusilar a dos niños de 9 y 10 años “porque si no iban a ser unos subversivos de mierda”, testimonió.

El otro “fue peor”, dijo que le dijo. Se refería al operativo en un lugar donde funcionó una imprenta del PRT-ERP, en el barrio San Andrés de la localidad bonaerense de San Martín. Barbieri testimonió que Bustos le indicó que había habido “un tiroteo, murió gente y quedó una persona detenida”, y que entonces Durán le pidió a Bustos “que lo acompañara a un lugar para interrogarla, que también fue el teniente Morello”. Fue entonces que Barbieri supo de la existencia de Vesubio, cuando Bustos le contó.

“Me contó que fueron, que pasaron por el Regimiento de Infantería, siguieron de largo, pasaron una tosquera y después había unas casas. Que entraron ahí, que Morello y Durán se llevaron a la persona detenida para interrogarla y que Bustos se quedó con alguien que supuestamente era oficial de penitenciaría y que le ofreció mostrarle las instalaciones del lugar, que le dijo que estaban en el Vesubio”. El relato de Bustos siguió: “En una de las casas encontramos una gran cantidad de gente atada con una cadena y un grillete a la pared, como en el medioevo. En otra, había muchos calabozos muy chiquitos con gente con capucha. Y que había olor a muerte”, culminó.

Las últimas preguntas de la fiscalía del juicio, a cargo de Alejandro Alagia, apuntaron a saber por qué Barbieri calló durante tanto tiempo. El miedo fue la primera excusa. “Aún corro peligro”, dijo. Más adelante añadió que “sabe” que su declaración “no cayó bien” entre oficiales retirados. Entonces, le preguntaron por qué habla ahora, a más de cuarenta años de los hechos. “Porque pienso que esto debe terminar con los genocidas responsables presos”, sostuvo. Añadió que su actitud es “un llamado a otros oficiales del Ejército que saben mucho más que yo, seguramente, para que hablen y digan. Terminemos y hagamos un corte tajante entre el Ejército de represión y el Ejército democrático”, concluyó.  

Fuente:Pagina12