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13 de noviembre de 2014

CAMPO DE MAYO: "HUBO PARTICIPACIÓN DE LA ESTRUCTURA MÉDICA".

12-11-2014
Lesa Humanidad
Etapa de alegatos
Campo de Mayo: “Hubo participación de la estructura médica”
El fiscal Martín Niklison dio hoy su alegato en el juicio por el funcionamiento de la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo. Pidió la condena a prisión perpetua para Riveros y reclamó 40 años para Bignone. Y penas 35 y 30 años de prisión respectivamente para Martin y Bianco. Para Sala de Arroche García pidió 13 años de prisión.
Por: Cecilia Devanna
Los abogados de Abuelas pidieron 40 años para Riveros y 35 para Bignone.
En los tribunales de Comodoro Py se escucharon hoy los alegatos de la fiscalía, a cargo de Martín Niklison y las fiscales ad hoc, Viviana Sánchez y Nuria Piñol, en el juicio por el funcionamiento de la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo. Frente al Tribunal Oral Federal N° 6, presidido por la jueza María del Carmen Roqueta, Niklison describió a la existencia de la maternidad clandestina y el cautiverio en condiciones inhumanas “como parte de una apropiación sistemática” en la que hubo “participación de la estructura médica”. Con determinación enumeró la enorme cantidad de testimonios que prueban el funcionamiento de la maternidad clandestina que había en el lugar. Y describió cómo a las mujeres detenidas embarazadas les vendaban sus ojos y se las obligaba a vivir en condiciones deplorables, sometidas a todo tipo de vejámenes hasta que parían a sus bebés.

Niklison y el TOF 6 formaron parte del juicio por el Plan Sistemático de menores que, en 2012, condenó a Jorge Rafael Videla a cincuenta años de prisión. Este juicio es un desprendimiento de ese debate. Están imputados los militares Reynaldo Bignone y Santiago Omar Riveros; los médicos Raúl Martín y Norberto Atilio Bianco, y la obstetra Luisa Yolanda Sala de Arroche García.

Hoy Niklison pidió la condena a prisión perpetua para Riveros y reclamó 40 años para Bignone. Y penas 35 y 30 años de prisión respectivamente para Martin y Bianco. Para Sala de Arroche García pidió 13 años de prisión.

Entre los casos que se juzgan están la apropiación de los bebes de Marta Álvarez, Susana Stritzler, Mónica Masri, Valeria Belaustegui Herrera, María Eva Duarte, Myriam Ovando, Silvia Quintela Dallasta y Liliana Isabel Acuña. De esos, sólo tres fueron recuperados: Francisco Madariaga Quintela, Valeria Gutiérrez Acuña, y Catalina de Sanctis Ovando.
Gran parte del eje de los alegatos de la fiscalía estuvieron puestos en el rol de los médicos en Campo de Mayo. “Es necesario romper con la impunidad alimentada por el mito del guardapolvo blanco y el ro del profesional inocuo que cumple con su función sin mirar alrededor”, dijo Niklison. Sánchez consideró que “los jefes de servicio y médicos internos eran militares que prestaron servicios a la lucha antisubversiva”.

De la exposición de la fiscalía quedó en evidencia cómo médicos y directores del Hospital Militar dieron apoyo para atender a personas detenidas dentro de la zona IV, y cómo este actuó como una unidad militar que brindó estructura sanitaria. La atención de las embarazadas era parte de la misión de esa zona y un objetivo prioritario. “Y para eso había médicos de confianza como Bianco, Martin, y otros tantos” dijo la fiscal Nuria Piñol. Y destacó que las acciones no fueron individuales sino como parte del entramado contra “la lucha antisubversiva”.

El rol de los médicos internos en el Hospital Militar de Campo de Mayo fue y es un eje clave en este debate. Sobre Martin, la fiscalía aseguró que “no era  un médico más del hospital.

Era un personaje muy importante. Era alguien de confianza de los directivos”, dijo Piñol y agregó que aunque nadie lo nombra de manera directa, “se lo vincula con el mantenimiento de la estructura”. Martin era el médico de cabecera de Bignone, lo que da cuenta de su relación con los altos mandos.

Para la fiscalía la responsabilidad de Bianco está acreditada en los casos de Silvia, Mónica, María Eva y Valeria. Está acreditado que él mismo llevaba y traía con su auto –un Renault 12- a mujeres embarazadas o que habían parido. “Cumplió múltiples roles. Atendió u ordenó atender embarazadas o puérperas en el hospital de Campo de Mayo, El Campito, Epidemiología, y otros centros. Extorsionó a familiares de victimas secuestradas” dijo Niklison. Bianco apenas se movía en su silla. Cuando llegó el cuarto intermedio de la tarde se levantó, caminó unos pasos, habló al pasar con el policía que lo custodiaba y se sonrío de costado. De costado también se sienta todo el tiempo de las audiencias. En ese mismo cuarto intermedio Bignone se levantó de su silla y charló animadamente con Arroche de Sala García, que estaba sentada cerca.

La estructura del horror
Durante la primera parte de la audiencia, Niklison se explayó sobre el pabellón o sector de Epidemiología, donde se alojaba a las detenidas-desaparecidas. Niklison citó a la testigo Ernestina Larretape, la obstetra que explicó que  a las embarazadas se las identificaba como NN, al igual que a sus bebés, y que sus partos no se registraban en ningún lugar. O cómo sacaban ropa a los bebés de otras parturientas para vestir a los chiquitos recién nacidos de las mujeres secuestradas.

También citó al médico Eduardo Poisson, que corroboró otros testimonios que explicaban la forma en que se trasladaban a las mujeres desde ese pabellón hasta el hospital con anteojos de sol y los ojos vendados. El pabellón tenía habitaciones con luz artificial, las ventanas tapiadas, con camas sin almohadas, y una fuerte estructurada de seguridad. Nadie podía entrar o salir de ahí sin permiso. “Estaba vedado, siempre había una guardia”, describió.

Niklison también se refirió a las declaraciones de la obstetra Nélida Balaris: las situaciones de detención de las mujeres, las órdenes que se recibían para atenderlas y los partos que presenció. “Sobran las palabras para referirnos a tamaña definición”, dijo sobre la afirmación del (fallecido) jefe del Servicio de Ginecología y Obstetricia, Julio César Caserotto, cuando tras una cesárea  a una mujer detenida aseguró: “No sé para qué las cuidamos tanto si después las tiramos al río”. La frase fue recordada por la enfermera Elba Lillio.

Los testimonios sobre los vuelos que salían de Campo de Mayo para “tirar gente al río”  y “detalles horrorosos del funcionamiento de El Campito”, también fueron parte de los argumentos esgrimidos por Nikilson. El fiscal también citó las “varias sentencias judiciales vinculadas a lo que pasó ahí adentro”. Y se refirió a la condena por la apropiación de Bárbara García Recchia, que fue confirmada por  la Cámara de Casación y que comprueba el funcionamiento del lugar. Y la de Martín Amarilla Molfino, que nació en 1980, y cuyos padres estuvieron secuestrados en El Campito.

Niklison dio por probada la “existencia de la maternidad clandestina, el cautiverio en condiciones inhumanas, sin registro de su existencia, como parte de una apropiación sistemática” y dio cuenta de la “participación de la estructura médica”.

Después fue el turno de exponer de las fiscales Sánchez y Piñol que, una a una, fueron relatando uno a uno las situaciones en las que cada una de las ocho mujeres cuyos casos se debaten en este juicio. Los tormentos sufridos por cada una de ellas, el curso de sus embarazos y las circunstancias en las que fueron obligadas a parir y las torturas que sufrieron formaron parte de la exposición.

El lunes alegó la querella, a cargo de Abuelas de Plaza de Mayo, que pidió 40 años para Riveros, 35 para Bignone, 30 para Bianco y Martín y 12 para Sala de Arroche García. La semana que viene será el turno del alegato de las defensas de los acusados.

Médicos y torturas
En pos de hacer hincapié en el rol de los médicos dentro del funcionamiento de la maternidad, la fiscalía se refirió al rol de los médicos durante la última dictadura y el nazismo. Y resaltó como un hecho positivo la llegada de médicos como Jorge Luis Magnaco -que se desempeñó en la ESMA- al banquillo de los acusados y la condena que este tuvo.

La cita al trabajo del médico y master en Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona, Claudio Capuano, “La ética médica cuando se violan los derechos humanos”, fue un pasaje clave de la exposición de la fiscalía. En ese texto Capuano se propone revisar en los juicios por violaciones a Derechos Humanos, cuántos médicos hay procesados y por qué delitos, cuántos permanecen en las Fuerzas Armadas y cuántos son civiles.
Fuente:Infojus






ALEGATO DE LA FISCALIA EN EL JUICIO POR LA MATERNIDAD CLANDESTINA DE CAMPO DE MAYO
Médicos y partícipes de apropiaciones
Solicitaron penas de entre 13 y 45 años de prisión para los cinco imputados en el juicio por los nacimientos en Campo de Mayo. Señalaron que los delitos fueron realizados “con la participación de toda la estructura sanitaria del hospital”.
Por Ailín Bullentini

Santiago Riveros y Reynaldo Bignone fueron los responsables de la maternidad clandestina de Campo de Mayo.Imagen: Rafael Yohai
El Ministerio Público Fiscal solicitó penas de entre 13 y 45 años de prisión para los cinco imputados en el juicio por la apropiación de bebés nacidos en la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo y el secuestro y tormentos a sus mamás durante la última dictadura.

Los fiscales Martín Niklison, Nuria Piñol y Viviana Sánchez dieron por probados los delitos analizados en el juicio: la apropiación de los hijos de Marta Alvarez, Susana Stritzler, Mónica Masri, Valeria Beláustegui Herrera, María Eva Duarte, Myriam Ovando, Silvia Quintela Dallasta y Liliana Isabel Acuña –algunas parieron en el Hospital Militar de Campo de Mayo, otras en centros clandestinos que funcionaron en esa guarnición militar aunque asistidas por personal de la institución sanitaria– así como el secuestro y las torturas que recibieron durante su encierro.

“Consideramos la existencia y funcionamiento de la maternidad clandestina, el cautiverio en condiciones inhumanas de mujeres embarazadas en el sector de Epidemiología para dar a luz atadas, vendadas, sin poder comunicarse, sin registro de su existencia, a las cuales les fueron arrebatados sus hijos recién nacidos, que no eran anotados debidamente, sino con datos falsos como parte de una práctica sistemática de apropiación de niños allí realizada con la participación de toda la estructura sanitaria del hospital bajo la dirección de las autoridades y médicos militares”, advirtieron durante la introducción de su amplio alegato, que incluyó referencias a una batería de sentencias por delitos de lesa humanidad relacionados con los hechos y los imputados en el debate actual, referencias a pruebas documentales y numerosos testimonios vertidos en el marco de este juicio o incorporados por lectura que describían la maternidad, las condiciones en que eran mantenidas las embarazadas allí y el trato que recibían.

Eugenio Martín fue jefe de Clínica de Campo de Mayo. Para él, la fiscalía solicitó 35 años de cárcel por la privación ilegítima de la libertad y las torturas impuestas a Beláustegui, Masri, Duarte y Quintela Dallasta, así como la sustracción, ocultamiento y retención de sus hijos. Para Norberto Bianco, ex jefe de Traumatología del hospital, la pena pedida fue de 30 años, por los mismos delitos cometidos en los mismos casos. La fiscalía imputó al ex jefe de Comando de Institutos Militares Santiago Riveros por la apropiación de los hijos de Alvarez, Acuña, Ovando y Stritzler y pidió 45 años de cárcel. A quien fue su segundo, Reynaldo Bignone, lo encontraron culpable del robo de los hijos de Beláustegui, Stritzler y Masri, lo que le valdrían 40 años de encierro, si se concede el pedido. Para Arroche, imputada por falsedad de documento público y retención y ocultamiento de Francisco Madariaga Quintela, fueron solicitados 13 años.

El alegato buscó reforzar los argumentos que infieren la responsabilidad de los médicos juzgados: Eugenio Martín, Norberto Bianco y Luisa Arroche. La particularidad del juicio tiene que ver con que parte de los acusados fue personal médico civil y militar del Hospital Militar de Campo de Mayo. Martín y Bianco eran jefes de Servicio de Clínica Médica y Traumatología respectivamente; ambos eran militares. Arroche fue obstetra. Julio César Caserotto fue su contemporáneo al mando de Ginecología y fue, tal vez, quien más habló sobre la relación entre el hospital y los crímenes de lesa humanidad que sucedían entonces. Murió en 2008. Jorge Habbib Haddad, que fue subdirector del centro de salud, y Ramón Capecce, que fue jefe de Cirugía, quedaron fuera del juicio por cuestiones de salud.

A modo de preludio, la fiscalía mencionó el rol de intervención directa que cumplieron los médicos durante el nazismo y dejó abierta la puerta a la comparación de aquél con el de los médicos en juicio. “Es necesario romper con la impunidad alimentada por el mito del guardapolvo blanco y el rol del profesional inocuo que cumple con su función sin mirar a su alrededor y utilizar aquí los estándares de prueba que son aplicables a otros imputados por delitos de lesa humanidad”, advirtieron en relación con los profesionales de la salud y sentenciaron: “Los médicos internos y jefes de servicio fueron militares que prestaron servicio a la llamada lucha antisubversiva” y sus conductas “se apartan notoriamente del acto médico. Son actos delictivos”.

En ese marco, la atención de embarazadas detenidas ilegalmente fue parte de la “misión que como unidad militar el hospital cumplió a disposición del sistema de represión clandestina” que imperaba entonces.
Fuente:Pagina12





Jueves 13 de Noviembre de 2014
Piden hasta 35 años de prisión a civiles por el robo de bebés 
El fiscal federal Martín Nikilson reclamó ayer penas de 30 y 35 años de prisión para los médicos militares Norberto Bianco y Raúl Martin y 13 años para la partera Luisa Yolanda Sala de Arroche García, los tres civiles acusados en el juicio oral por la apropiación de ocho bebés en el Hospital Militar de Campo de Mayo. 
El fiscal federal Martín Nikilson reclamó ayer penas de 30 y 35 años de prisión para los médicos militares Norberto Bianco y Raúl Martin y 13 años para la partera Luisa Yolanda Sala de Arroche García, los tres civiles acusados en el juicio oral por la apropiación de ocho bebés en el Hospital Militar de Campo de Mayo.

Para las autoridades del Comando de Institutos Militares, del que dependía Campo de Mayo, el funcionario pidió prisión perpetua para Santiago Omar Riveros y 40 años para el dictador Reynaldo Bignone, informó Tiempo Argentino.

"Damos por acreditada la existencia y funcionamiento de la maternidad clandestina y el cautiverio de mujeres embarazadas para dar a luz, atadas, incomunicadas, a las cuales les eran arrancados sus hijos recién nacidos, que no eran anotados debidamente, con la participación de toda la estructura sanitaria del hospital", señaló ante el Tribunal Oral Federal 6 Niklison, quien leyó el alegato junto a las fiscales ad hoc Nuria Piñol y Viviana Sánchez.

La maternidad clandestina comenzó a funcionar en 1977 en el área de Epidemiología del Hospital Militar luego de que se complicara un nacimiento en El Campito, principal centro de detención de Campo de Mayo.

A su cargo quedó el fallecido obstetra Julio Cesar Caserotto. "Funcionó al menos hasta junio de 1980", cuando está acreditado que dio a luz Marcela Esther Molfino, indicaron en su alegato.

Para los fiscales, "se montó una estructura organizativa en la clandestinidad como marco general para sustraer a los menores como parte del sistema de represión donde se secuestraba, mataba o liberaba a las víctimas", y sostuvieron que a diferencia de sus padres, "con los niños se encontró un modo de mantenerlos con vida, modificar sus identidades y el apartamiento de los familiares".

En esa estructura, cada uno de los médicos tuvo una función específica. Bianco, uno de los jefes de la maternidad, fue señalado como uno de los encargados de transportar a las embarazadas desde el centro clandestino de detención hasta la maternidad. Martín, como jefe de la División Clínica Médica del Hospital, aportó los recursos necesarios para que las apropiaciones se llevaran adelante.

Por su parte, la partera Sala de Arroche García está acusada de haber firmado la constatación de nacimiento falsa de Francisco Madariaga Quintella en la que aparece como hijo biológico de sus apropiadores, Susana Inés Colombo y Víctor Gallo.

El pedido de penas de la fiscalía se realizó dos días después del alegato de Abuelas.

El lunes próximo a las 10 se reanudará el juicio con la presentación de la defensa del médico Martin, el primero de los acusados en alegar.
Fuente:Infonews

11 de noviembre de 2014

CAMPO DE MAYO-APROPIACIONES DE BEBÉS: COMIENZAN LOS ALEGATOS.

lunes, 10 de noviembre de 2014
Comienzan los alegatos en el proceso por nueve casos de apropiaciones de bebés

El juicio por la maternidad clandestina

La etapa de alegatos será inaugurada  por Abuelas de Plaza de Mayo. Los acusados por crímenes cometidos en el Hospital Militar de Campo de Mayo son los represores Riveros y Bignone, los médicos Norberto Bianco y Raúl Martín, y la obstetra Luisa Arroche.

 Por Ailín Bullentini

Abuelas de Plaza de Mayo inaugurará hoy la etapa de alegatos en el juicio a los médicos Norberto Bianco y Raúl Martín, a la obstetra Luisa Arroche y a los represores Santiago Riveros y Reynaldo Bignone por la apropiación de nueve bebés nacidos en la maternidad clandestina que funcionó en el Hospital Militar de Campo de Mayo.

El debate oral duró apenas dos meses y contó con el testimonio de una veintena de testigos, la incorporación por lectura de varias otras declaraciones ofrecidas en el juicio por el plan sistemático de apropiación de bebés y otras instancias judiciales. Casi todos los testigos que hablaron ante el Tribunal Oral Federal Nº 6 son o fueron empleados del Hospital Militar de ese gran predio del Ejército que es Campo de Mayo y en cuya área de Epidemiología funcionó, entre 1976 y 1978, una maternidad clandestina en la que parieron, por lo menos, 17 mujeres víctimas del terrorismo de Estado. Las historias de nueve de ellas integran el juicio que hoy ingresa en su etapa definitoria. Otros tantos casos aún esperan en el fuero de Instrucción a que la Justicia los mande a juicio oral. La querella de Abuelas y la Fiscalía, a cargo de Martín Niklison, Nuria Piñol y Viviana Sánchez, abrigaba la esperanza de que fueran incorporados al actual. Pero no ocurrió.

Marta Alvarez, Susana Stritzler, Mónica Masri, Valeria Beláustegui Herrera, María Eva Duarte, Myriam Ovando, Silvia Quintela Dallasta y Liliana Isabel Acuña estaban secuestradas en centros clandestinos que funcionaron en la órbita de Campo de Mayo. Estaban embarazadas. Según la elevación a juicio que enmarcó este debate oral, cuando estas mujeres entraron en trabajo de parto fueron trasladadas desde sus diferentes infiernos de cautiverio al Hospital Militar de Campo de Mayo. Allí fueron internadas en dos habitaciones del área de Epidemiología de esa institución, especialmente acondicionadas para la hospitalización de “guerrilleras subversivas”, hasta el momento del parto, que usualmente tenía lugar en el quirófano. A los pocos días, en algunos casos a las horas, esas mujeres eran regresadas a sus encierros clandestinos sin sus bebés, que fueron entregados a otras familias. Ninguna de ellas sobrevivió. Cinco de esos niños recuperaron su identidad, entre ellos Francisco Madariaga Quintela y Catalina de Sanctis Ovando.

Frente a la presidenta del TOF 6, María del Carmen Roqueta, y los jueces Julio Panello y Jorge Gettas, la querella de Abuelas de Plaza de Mayo será la primera parte acusadora en intentar tejer con el hilo de las pruebas documentales, testimoniales e históricas, esas nueve historias con las responsabilidades de los cinco acusados. Bignone y Riveros deben responder a las acusaciones por haber sido las autoridades máximas de la zona de defensa IV del Ejército nacional, que incluye en su jurisdicción la repartición militar de Campo de Mayo. Ambos ya fueron condenados a 25 y 20 años de cárcel, respectivamente, por apropiación de bebés en el juicio por el Plan Sistemático, llevado adelante por el mismo tribunal.

Martín y Bianco son sólo dos de los más de cinco médicos militares retirados que estuvieron involucrados en la investigación por el funcionamiento de la maternidad clandestina en Campo de Mayo y que por primera vez llegan a juicio por esos hechos. El resto se salvó de la Justicia por problemas de salud o por haber muerto.

Martín fue jefe del servicio de Clínica del Hospital Militar. Según la acusación de la querella, Martín era un “retransmisor” de información relativa a la presencia en el hospital de mujeres secuestradas clandestinamente, a sus partos y al destino de sus bebés.

Bianco fue jefe del Servicio de Traumatología de la institución. En sus respectivas elevaciones a juicio, la querella y la Fiscalía coincidieron en señalarlo como un “personaje clave” en el robo de bebés a detenidas ilegales cuyo destino era la desaparición.

Yolanda Arroche de Sala García fue obstetra de la institución y está acusada de haber firmado el certificado de nacimiento falso de uno de los bebés apropiados y quien ya recuperó su identidad, Francisco Madariaga Quintela.





lunes, 10 de noviembre de 2014
Planificadores de apropiaciones

Los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo pidieron penas de entre 10 y 40 años. “En el Hospital Militar de Campo de Mayo se perfeccionó la práctica sistemática y generalizada de la apropiación de niños como en ningún otro centro clandestino de detención”, señalaron.

 Por Ailín Bullentini

La querella de Abuelas de Plaza de Mayo solicitó penas de entre 10 y 40 años para los cinco imputados en el juicio por la apropiación de bebés nacidos en el Hospital Militar de Campo de Mayo y la privación ilegal de la libertad de sus mamás. Basados en una descripción exhaustiva de la maternidad clandestina que funcionó en el sector de Epidemiología de ese hospital, y un tejido detallado entre testimonios ofrecidos específicamente en este debate y aquellos incorporados al juicio pero escuchados a lo largo de los casi 40 años que separan la actualidad de los tiempos en los que tuvieron lugar estos delitos, los abogados Alan Iud y Pablo Lachener pidieron al Tribunal Oral Federal Nº 6 que condene a Santiago Riveros y Reynaldo Bignone a 40 y 35 años de cárcel, respectivamente; que pene con 30 años de encierro a los médicos militares retirados Eugenio Martín y Norberto Bianco; y con 12 a la obstétrica Luisa Arroche. Mañana alegará la fiscalía.

La introducción que eligió Abuelas de Plaza de Mayo para la conclusión del debate que ingresó ayer en su etapa definitoria incluyó una advertencia: este juicio “llega tarde” y luego de una “deficiente instrucción”, expresó Iud. “Una vez más la desidia y morosidad del sistema judicial nos han privado de realizar un debate oral y público mucho más completo”, remarcó el abogado en referencia a los once casos similares a los nueve que ingresaron en el debate que esperan la elevación a juicio. “Muchas familias seguirán esperando justicia, aun después de este juicio. Y la demora es más grave aún si reparamos en la cantidad de imputados que quedaron fuera”; algunos por salud, otros por muerte.

Durante más de seis horas, Iud y Lachener expusieron sobre la maternidad clandestina en la que “gran cantidad de desaparecidas” dieron a luz durante la última dictadura, detallaron su estructura organizativa y funcionamiento. Es en la mitad de 1977 cuando la querella considera que un sector del área de Epidemiología del Hospital Militar de Campo de Mayo fue convertida en maternidad clandestina. Pero también relacionaron el Hospital Militar en el que funcionó con algunos otros centros clandestinos de detención de Campo de Mayo, como El Campito, en los que también se realizaron partos de detenidas. Por último, encajonaron los roles de los imputados para finalmente concluir en los pedidos de pena.

“En el Hospital Militar de Campo de Mayo se perfeccionó la práctica sistemática y generalizada de la apropiación de niños como en ningún otro centro clandestino de detención”, determinó Abuelas en su alegato debido a que, consideraron sus abogados, lo que sucedió allí “constituye la evidencia más acabada de la organicidad con la cual se llevó adelante la apropiación de hijos de desaparecidos por razones políticas. El Ejército Argentino destinó un espacio específico de ese hospital para mantener cautivas a mujeres próximas a dar a luz, concretar el alumbramiento y quitarles sus bebés”.

Acorde con los testimonios de empleados y ex empleados del hospital que se oyeron durante los dos meses de juicio, más los incorporados por lectura y la prueba documental, la querella pudo detallar las “reglas” que regían para ese sector de Epidemiología, dos habitaciones aisladas y con custodia, y las pacientes que allí eran destinadas. Las detenidas permanecían vendadas y, en algunos casos, atadas a las camas, no se les permitía hablar con nadie y su estancia en el hospital así como sus partos no eran registrados. Parían, estaban algunas horas con sus hijos o hijas, pero luego se los o las quitaban. “Hay evidencias de que se les administraba a las puérperas una inyección para cortar la lactancia”, advierte el alegato. “Transcurrido uno o dos días después del parto, las mujeres eran retiradas del hospital en la mayoría de los casos sin sus bebés”, puntualiza.

Para Riveros, la querella pidió 40 años de cárcel. Era comandante del Comando de Institutos Militares, institución a cargo de la Zona de Defensa IV y del control táctico-operacional del hospital. Se lo considera responsable de la sustracción, retención y ocultamiento de los hijos de Marta Alvares y Susana Stritzler, de los que no se sabe nada aún, y de Catalina De Sanctis Ovando, hija de Miryam Ovando, y Valeria Gutiérrez Acuña, hija de Liliana Acuña. En calidad de comandante segundo de Institutos Militares, para Bignone solicitaron 35 años de prisión, por la sustracción, retención y ocultamiento de los bebés de Stritzler, Mónica Masri y Valeria Beláustegui, de los que tampoco hay noticias.

La querella consideró que, en su rol de jefe del Servicio de Clínica del hospital, Martín “tenía pleno conocimiento” de lo que pasaba con las embarazadas detenidas y “aportó los recursos necesarios para que estos hechos se consumaran formando parte de la cadena de mandos y retransmisión de órdenes”. En cuanto a Blanco, jefe de Traumatología del hospital, “surge con claridad de la prueba reunida que intervino de propia mano en los crímenes que aquí se juzgan”: trasladaba a las mujeres hacia y desde el hospital a los infiernos en los que estaban encerradas. Daba órdenes al personal para que las atendieran: “Era el jefe de la maternidad clandestina” junto con Caserotto, fallecido. Para ambos, la querella pidió 30 años de cárcel; les atribuyen algunos casos de sustracción de chicos, pero también el encierro de las mujeres. Para Arroche, imputada en la sustracción de la identidad de Francisco Madariaga Quintela, el hijo de Silvia Quintela, nacido en el Hospital Militar, por haber falsificado el libro de partos de esa institución, la querella pidió 12 años.
Fuente:CasaPueblos
Envío:Andrea benítes-Dumont

10 de noviembre de 2014

COMIENZAN LOS ALEGATOS EN EL PROCESO POR NUEVE CASOS DE APROPIACIONES DE BEBES.

COMIENZAN LOS ALEGATOS EN EL PROCESO POR NUEVE CASOS DE APROPIACIONES DE BEBES
El juicio por la maternidad clandestina
Por Ailín Bullentini
Bignone y Riveros están acusados como autoridades de la repartición militar de Campo de Mayo.Imagen: Rafael Yohai
La etapa de alegatos será inaugurada hoy por Abuelas de Plaza de Mayo. Los acusados por crímenes cometidos en el Hospital Militar de Campo de Mayo son los represores Riveros y Bignone, los médicos Norberto Bianco y Raúl Martín, y la obstetra Luisa Arroche.


Abuelas de Plaza de Mayo inaugurará hoy la etapa de alegatos en el juicio a los médicos Norberto Bianco y Raúl Martín, a la obstetra Luisa Arroche y a los represores Santiago Riveros y Reynaldo Bignone por la apropiación de nueve bebés nacidos en la maternidad clandestina que funcionó en el Hospital Militar de Campo de Mayo.

El debate oral duró apenas dos meses y contó con el testimonio de una veintena de testigos, la incorporación por lectura de varias otras declaraciones ofrecidas en el juicio por el plan sistemático de apropiación de bebés y otras instancias judiciales. Casi todos los testigos que hablaron ante el Tribunal Oral Federal Nº 6 son o fueron empleados del Hospital Militar de ese gran predio del Ejército que es Campo de Mayo y en cuya área de Epidemiología funcionó, entre 1976 y 1978, una maternidad clandestina en la que parieron, por lo menos, 17 mujeres víctimas del terrorismo de Estado. Las historias de nueve de ellas integran el juicio que hoy ingresa en su etapa definitoria. Otros tantos casos aún esperan en el fuero de Instrucción a que la Justicia los mande a juicio oral. La querella de Abuelas y la Fiscalía, a cargo de Martín Niklison, Nuria Piñol y Viviana Sánchez, abrigaba la esperanza de que fueran incorporados al actual. Pero no ocurrió.

Marta Alvarez, Susana Stritzler, Mónica Masri, Valeria Beláustegui Herrera, María Eva Duarte, Myriam Ovando, Silvia Quintela Dallasta y Liliana Isabel Acuña estaban secuestradas en centros clandestinos que funcionaron en la órbita de Campo de Mayo. Estaban embarazadas. Según la elevación a juicio que enmarcó este debate oral, cuando estas mujeres entraron en trabajo de parto fueron trasladadas desde sus diferentes infiernos de cautiverio al Hospital Militar de Campo de Mayo. Allí fueron internadas en dos habitaciones del área de Epidemiología de esa institución, especialmente acondicionadas para la hospitalización de “guerrilleras subversivas”, hasta el momento del parto, que usualmente tenía lugar en el quirófano. A los pocos días, en algunos casos a las horas, esas mujeres eran regresadas a sus encierros clandestinos sin sus bebés, que fueron entregados a otras familias. Ninguna de ellas sobrevivió. Cinco de esos niños recuperaron su identidad, entre ellos Francisco Madariaga Quintela y Catalina de Sanctis Ovando.
Frente a la presidenta del TOF 6, María del Carmen Roqueta, y los jueces Julio Panello y Jorge Gettas, la querella de Abuelas de Plaza de Mayo será la primera parte acusadora en intentar tejer con el hilo de las pruebas documentales, testimoniales e históricas, esas nueve historias con las responsabilidades de los cinco acusados. Bignone y Riveros deben responder a las acusaciones por haber sido las autoridades máximas de la zona de defensa IV del Ejército nacional, que incluye en su jurisdicción la repartición militar de Campo de Mayo. Ambos ya fueron condenados a 25 y 20 años de cárcel, respectivamente, por apropiación de bebés en el juicio por el Plan Sistemático, llevado adelante por el mismo tribunal.

Martín y Bianco son sólo dos de los más de cinco médicos militares retirados que estuvieron involucrados en la investigación por el funcionamiento de la maternidad clandestina en Campo de Mayo y que por primera vez llegan a juicio por esos hechos. El resto se salvó de la Justicia por problemas de salud o por haber muerto.

Martín fue jefe del servicio de Clínica del Hospital Militar. Según la acusación de la querella, Martín era un “retransmisor” de información relativa a la presencia en el hospital de mujeres secuestradas clandestinamente, a sus partos y al destino de sus bebés.

Bianco fue jefe del Servicio de Traumatología de la institución. En sus respectivas elevaciones a juicio, la querella y la Fiscalía coincidieron en señalarlo como un “personaje clave” en el robo de bebés a detenidas ilegales cuyo destino era la desaparición.
Yolanda Arroche de Sala García fue obstetra de la institución y está acusada de haber firmado el certificado de nacimiento falso de uno de los bebés apropiados y quien ya recuperó su identidad, Francisco Madariaga Quintela.
Fuente:Pagina12





10-11-2014
Lesa Humanidad
Desde las 10
Campo de Mayo: alegato de Abuelas de Plaza de Mayo

El juicio oral contra tres médicos que atendían la maternidad clandestina de Campo de Mayo durante la última dictadura entró en su etapa final. Entre los acusados hay dos militares, dos médicos y una partera. El debate es un desprendimiento de la causa por el Plan Sistemático de Apropiación de Menores que, en 2012, condenó a Jorge Rafael Videla a cincuenta años de prisión.
Mariano Armagno
El juicio oral contra tres médicos que atendían la maternidad clandestina de Campo de Mayo durante la última dictadura entró en su etapa final. Este lunes empezarán los alegatos. Los pedidos de la partes se iniciarán a las 10 cuando en la Sala Amia de los tribunales federales de Comodoro Py alegue la querella, en cabeza de las Abuelas de Plaza de Mayo.

Los acusados son Norberto Atilio Bianco, quien cumplía el rol de jefe del grupo que asistía a las parturientas en el centro de detención ilegal, así como Raúl Eugenio Martín, jefe de la división de Clínica Médica del Hospital Militar de Campo de Mayo entre 1976 y 1978 y la obstetra Luisa Yolanda Arroche.

También están acusados los generales Santiago Omar Riveros y Reynaldo Benito Bignone, que eran jefe de la guarnición y del Instituto Militares respectivamente. Este juicio ante el Tribunal Oral Federal 6 (TOF6) es un desprendimiento de la causa por el Plan Sistemático de Apropiación de Menores que se realizo en 2012.

Ahora se ventilaron, entre otros, los casos de apropiación de los hijos de Marta Álvarez, Susana Stritzler, Mónica Masri, Valeria Beláustegui Herrera, María Eva Duarte, Myriam Ovando, Silvia Quintela Dallasta y Liliana Isabel Acuña.
Fuente:Infojus                               

8 de noviembre de 2014

ROBO DE BEBÉS II: LA QUERELLA DE ABUELAS PRESENTARÁ EL LUNES SU ALEGATO.

En la causa Robo de Bebés II
La Querella de Abuelas presentará el lunes su alegato en el juicio a los médicos de Campo de Mayo

Bianco parece haner sido el mayor distribuidor de bebés de Campo de Mayo
Abuelas de Plaza de Mayo informaron hoy que el próximo lunes presentarán su alegato en el juicio en el que están imputados los médicos Norberto Atilio Bianco, quien cumplía un rol clave en la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo; Raúl Eugenio Martín, jefe de la División de Clínica Médica del mismo entre 1976 y 1978; la obstetra Luisa Yolanda Arroche, y los jefes de la guarnición, los generales (R) Santiago Omar Riveros y Reynaldo Benito Bignone.

El juicio es un desprendimiento de la causa por el Plan Sistemático de Apropiación de Menores, y analiza los casos de apropiación de los hijos de Marta Álvarez, Susana Stritzler, Mónica Masri, Valeria Beláustegui Herrera, María Eva Duarte, Myriam Ovando, Silvia Quintela Dallasta y Liliana Isabel Acuña.

La audiencia se desarrollará en la Sala Amia de los tribunales de Comodoro Py 2002, en Retiro. Los mayores de 18 años que quieran asistir lo pueden hacer presentando su DNI.
FuenteTelam

26 de octubre de 2014

CAMPO DE MAYO: "LLEVABA y TRAÍA MUJERES EN SU AUTO, ANTES y DESPUÉS DE LOS PARTOS".

25-10-2014
Lesa Humanidad
Está siendo juzgada por el Tribunal Oral en lo Federal N° 6
“Llevaba y traía mujeres en su auto, antes y después de los partos”

Norberto Bianco es uno de los dos médicos imputados en el primer juicio que sentó en el banquillo a profesionales de la salud y militares, por la apropiación de menores durante la dictadura. Él mismo se apropió de dos menores, fue de uno de los rostros visibles del horror en la mayor guarnición militar del país y huyó a Paraguay en dos ocasiones.
Por: Cecilia Devanna
Mariano Armagno
A Norberto Atilio Bianco lo conocían todos en la guarnición de Campo de Mayo, en la que él se desempeñó como jefe médico del servicio de traumatología del Hospital Militar, y llegó a detentar el cargo de Capitán del Ejército. Durante los años de la dictadura actuó con impunidad en todo tipo de actividades ilegales. “Colaboró y usó esos años para su beneficio personal, porque se apropió de dos menores que crio como hijos propios”, dijo a Infojus Noticias una fuente vinculada a la causa en la que Bianco enfrenta una doble imputación por “privación ilegítima de la libertad y tormentos” y “apropiación de menores y sustracción de la identidad”. La causa, por los hechos sucedidos en la maternidad clandestina de ese centro, está siendo juzgada por el Tribunal Oral en lo Federal N° 6, que el próximo miércoles escuchará la ampliación de indagatoria que pidió Bianco, el único de los cinco imputados –entre civiles y militares- en hacerlo.

“Bianco era en Campo de Mayo lo que el Tigre Acosta fue para la ESMA”, comparó la misma fuente. Los modos parecidos, la forma de actuar y los delitos que cometieron, con un completo grado de visibilidad dentro de sus guarniciones los equiparan.  “Tenía un grado de exposición realmente muy alto”, agregó la fuente sobre el accionar de Bianco.

Los testimonios de lo que pasaba en esa guarnición del noroeste del conurbano lo ubican allí y dan cuenta del rol central que Bianco tenía y las funciones que relevantes que desarrollaba dentro del hospital donde se produjeron los nacimientos de las víctimas.“Él era un personaje visible todo el tiempo dentro del centro: llevaba y traía mujeres en su auto particular, antes y después de los partos, las revisaba, ordenaba cesáreas,  o las hacía él mismo”, detalló la misma fuente.

En el juicio, Bianco está acusado de los delitos de privación ilegítima de la libertad, cometida por abuso funcional y sustracción, retención y ocultación de menores de edad y supresión del estado civil reiterado en los casos de Silvia Quintella Dallasta, Mónica Susana Masri, Valeria Beláustegui Herrera y María Eva Duarte, cuatro de los ocho casos que se juzgan en este debate.

Testigos del horror
Las denuncias contra Bianco comenzaron a sucederse poco después del retorno de la democracia. En 1984, Abuelas de Plaza de Mayo recibió denuncias sobre dos niños presuntamente hijos de desaparecidos anotados como hijos propios por el matrimonio de Bianco y Nilda Susana Wehrli. Un año después empezaron acciones legales y en 1986, ante el requerimiento judicial, Bianco y Wehrli se fugaron junto a los dos menores a Paraguay, bajo el amparo de la dictadura de Alfredo Stroessner. Para irse, Bianco, abandonó a una segunda familia que había formado en 1982.

La Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) también recibió denuncias, en aquellos años, en contra de Bianco. Las hicieron enfermeras, de enfermeros y personal docente donde trabajaba la esposa de Bianco, Susana Wherli, además de sobrevivientes de ese centro.

El médico Jorge Comaleras, que trabajó en el Hospital Militar de Campo de Mayo, en una de sus declaraciones ante la justicia afirmó que “Bianco –médico mayor del Ejército- se encargaba del traslado de esas madres una vez que habían dado a luz en su propio coche.
Y María Estela Herrera -que cumplió funciones como enfermera en el mismo lugar- refirió que Bianco la acompañaba cuando debía ingresar a revisar pacientes alojadas en el sector de Epidemiología de ese establecimiento, ya que él “era el que estaba a cargo del servicio de estas personas que se encontraban allí”.

El área o pabellón de Epidemiología era el lugar donde estaban las mujeres detenidas embarazadas. “Él entraba y salía libremente de ahí” agregó la fuente. Bianco también permitió que las internaciones y nacimientos no fueran registrados en los libros del nacimiento del hospital.

Los relatos dan cuenta de que Bianco llevaba personalmente a las detenidas desaparecidas desde el lugar de detención, llamado "el Campito", a ese pabellón,  donde quedaban en muchos casos, atadas de pies y de manos con los ojos vendados y se los llamaba NN o los subversivos. Los partos casi siempre los realizaban los médicos militares y, por las noches.

El exilio paraguayo
En Paraguay Bianco se sintió cómodo bajo la dictadura de Stroessner y se rodeó de otros apropiados como Omar Alonso y Samuel Miara. A los chicos los inscribió en la escuela con el apellido Polimeni, el de su madre, Elsa.

Por la apropiación de los menores Bianco fue extraditado dos veces, una en 1997 y otra, la definitiva, a pedido del juez Federal de San Martín, Alberto Suárez.
En 1987 la Justicia pidió la extradición del matrimonio por primera vez, pero la medida recién se concretó recién diez años después. La Justicia Federal de San Isidro condenó a Bianco como apropiador de los dos niños a once años y medio de prisión, pero luego de cumplir dos años de condena el militar se volvió a fugar al Paraguay.

El caso Bianco fue el que dio pie para que el 9 de junio de 1998 Marquevich detuviera al dictador Jorge Rafael Videla. Ese día el (fallecido) mayor Julio César Caserotto, jefe de la maternidad clandestina que funcionó en Campo de Mayo, declaró que allí “existieron órdenes verbales y escritas por la superioridad para que se asistiera a parturientas traídas por personal de Inteligencia”.

Después de innumerables gestiones en Argentina y Paraguay para obtener muestras de sangre de ellos, en 2003 se logró el acercamiento al joven a través de una nieta. El 3 de enero de 2007, con la intervención del Banco Nacional de Datos Genéticos, se realizaron los estudios que en febrero confirmaron que el varón que Bianco había criado como propia era en verdad Pablo Hernán Casariego Tato, hijo de Norma Tato y Jorge Casariego, que continúan desaparecidos. La pareja había sido secuestrada el 14 de abril de 1977, cuando Norma tenía un embarazo de cinco meses. Permanecieron secuestrados en centro clandestino de detención El Campito, de Campo de Mayo, y en agosto de 1977 la joven parió un varón en el Hospital Militar de esa guarnición. El análisis practicado a Carolina, la excluyó de compatibilidades.

En diciembre de 2006 las Abuelas volvieron a denunciar a Bianco, entonces por la sustracción y entrega de hijos de desaparecidos a otros apropiadores. Fue detenido, por segunda vez, el 6 de mayo de 2008. Comenzó entonces la pelea judicial para impedir su segunda extradición, que se concretó en julio de 2011.

Banquillo mixto
El miércoles cuando amplíe su indagatoria  Bianco lo hará frente a  los jueces María del Carmen Roqueta, José Luis Panelo y Jorge Guettas, miembros del TOF N° 6, que en 2012 determinó que el robo de bebés paridos por mujeres secuestradas en centros clandestinos de detención fue una práctica sistemática y generalizada del terrorismo de Estado desatado durante la última dictadura cívico-militar. Por esos crímenes, los integrantes de la cúpula militar que gobernó al país aquellos años fue severamente condenada.

Después de declarar, Bianco, que tiene 69 años y arrastra varios problemas de salud, volverá a la  casa de su hermana en Bella Vista. Será tiempo de esperar los alegatos, la posibilidad de dar sus últimas palabras y conocer la sentencia que le espera a él y al dictador Reynaldo Bignone, el militar Santiago Omar Riveros,  el médico Raúl Martin y la obstetra, Yolanda Arroche de Sala García.
Fuente:Infojus

21 de octubre de 2014

CAMPO DE MAYO-ROBO DE BEBÉS: EL MIÉRCOLES DECLARA EL ÚLTIMO TESTIGO.

20-10-2014
Lesa Humanidad
En la causa hay cinco imputados: entre ellos dos médicos y una obstetra
Maternidad clandestina de Campo de Mayo: declara el miércoles el último testigo

Hoy debían declarar cinco personas, pero se decidió que fueran incorporados por lectura. Y así se hará con los testimonios que quedan, salvo el del miércoles próximo. Ese día hablará Eduardo Julio Poison, un médico civil que trabajaba en el Hospital Militar de Campo de Mayo que escuchó rumores de que allí había mujeres detenidas.
Por: Cecilia Devanna
Mariano Armagno
El miércoles se escuchará un testimonio más en el juicio por el funcionamiento de la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo. Será el último. Todos los demás serán incorporados por lectura. Durante la audiencia de hoy el Tribunal Oral en lo Federal N° 6 hizo lugar a varios pedidos de las partes y desistió de otros. En la causa hay cinco imputados, entre ellos, el dictador Reynaldo Bignone. En la primera semana de noviembre empezarían a escucharse los alegatos de las partes.

En el debate en el que se investigan los delitos de apropiación de menores y privación ilegítima de la libertad, ocurridos durante la última dictadura cívico-militar en esa guarnición militar, son juzgadas la obstetra Yolanda Arroche de Sala García, los médicos  militares, Norberto Atilio Bianco y Raúl Eugenio Martín, el dictador Reynaldo Bignone, y el militar, Santiago Omar Riveros.

En la causa, caratulada “Bignone Reynaldo Benito y otros s/ sustracción de menores y otros”, también estuvieron procesados los médicos militares Jorge Haddad y Ramón Capecce, que no llegaron al juicio porque la causa contra ellos se suspendió en virtud de sus estados de salud. En el debate, que tiene como querellante a la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo, se juzga el secuestro de ocho embarazadas y sus partos en el Hospital Militar de Campo de Mayo, cuyo jefe máximo era Bignone.

Los jueces María del Carmen Roqueta, José Luis Panelo y  Jorge Humberto Gettas, miembros del TOF 6, no hicieron lugar al pedido de la fiscalía a que se incorpore por lectura las declaraciones de Bignone y Riveros en la causa 1351 (de Plan Sistemático), en virtud de que los asiste el artículo 378 del Código Procesal Penal (CPP). Tampoco hicieron lugar a la incorporación, de la misma forma, de la declaración de Bianco, teniendo en cuenta el artículo 18 de la Constitución Nacional. Sí permitieron la incorporación de las declaraciones de Haddad y Capecce teniendo en cuenta los artículos 77 y 392 del CPP.

El primero hace referencia a que “si durante el proceso sobreviniere la incapacidad mental del imputado, el tribunal suspenderá la tramitación de la causa y, si su estado lo tornare peligroso para sí o para los terceros, ordenará la internación de aquél en un establecimiento adecuado, cuyo director le informará trimestralmente sobre el estado del enfermo”. En tanto que el 392 establece que: “el tribunal podrá ordenar la lectura de las denuncias y otros documentos de las declaraciones prestadas por coimputados, ya sobreseídos o absueltos, condenados o prófugos, como partícipes del delito que se investiga o de otro conexo, de las actas judiciales y de las de otro proceso agregado a la causa.

El Tribunal también comunicó que envió pliegos de preguntas al director del Hospital Militar de Campo de Mayo y al actual embajador argentino en Costa Rica, Martín Balza, quien todavía no dio precisiones de cuándo podría responderlas. Balza explicó al Tribunal que viajó a Buenos Aires para obtener un diagnóstico por un problema de salud. La fiscalía y la defensa de Riveros insistieron en la importancia de la declaración de Balza, quien cumplía funciones como “jefe de día” en la guarnición Campo de Mayo.

Los cinco testimonios previstos para hoy, que habían sido pedidos por los abogados de los defensores, también se decidió que fueran incorporados por lectura.

El miércoles, a las 10, cuando comience la nueva audiencia, declarará Eduardo Julio Poison, un médico civil que trabajaba en el Hospital Militar de Campo de Mayo. Poison ya declaró haber escuchado rumores de que había mujeres detenidas alojadas en el lugar y relató un incidente posterior a la revisación de una embarazada que estaba en el pabellón epidemiología, que le tocó atender a otro médico.

Para esta audiencia también estaba previsto el testimonio de Pablo Cóncaro, tío de María Cristina López Guerra, que era cuñada de Valeria Belaustegui, una de las mujeres cuyo caso es juzgado en este debate. Cuándo Cóncaro se reunió con Bignone para saber sobre el paradero de su sobrina (que también estaba embarazada, pero su caso no está en este juicio) también lo hizo por Belaustegui. Su testimonio también será incorporado por lectura.

El escritor Rafael Belaustegui, padre de Valeria, José, y Martín, que también fueron desaparecidos, presentará un certificado médico porque no puede declarar.

El Tribunal Oral Federal 6 tuvo a su cargo el primer juicio por robo de bebés en la última dictadura cívico militar que en el 2012 sentenció que hubo un plan sistemático de apropiación de recién nacidos cuyas madres se encontraban en cautiverio, por lo cual condenó a penas de hasta 50 años de cárcel a los acusados, entre ellos el fallecido dictador Jorge Rafael Videla.

Bignone ya fue juzgado en este primer debate, condenado a 15 años pero la Cámara Federal de Casación Penal le subió la pena a 25 años.
Fuente:Infojus

9 de octubre de 2014

TESTIGO CLAVE DE CAMPO DE MAYO OLVIDÓ QUE ATENDIÓ MUJERES CAUTIVAS.

8-10-2014
En la causa por apropiación de bebés
Testigo clave de Campo de Mayo olvidó que atendió a mujeres cautivas

Ernestina Larretape, de 80 años, fue enfermera en el Hospital Militar de Campo de Mayo durante la dictadura cívico-militar. Ya había declarado para la CONADEP haber atendido partos de mujeres secuestradas. Hoy sin embargo no recordó nada de eso y solo habló de “parturientas N.N”.
Por: Cecilia Devanna


Ernestina Larretape tiene 80 años,  una salud algo deteriorada y una memoria en similares condiciones. Al menos así lo evidenció hoy, en el juicio oral y público por la apropiación de menores ocurrida durante la última dictadura en el Hospital Militar de Campo de Mayo, donde su testimonio era esperado por lo que ya había aportado en otras oportunidades. 

Frente al Tribunal Oral en lo Federal N 6 esta mujer, que trabajó como enfermera, no recordó  lo que ya había declarado y aseguró que del primer menor secuestrado que supo fue “el nieto de esta Madre de Plaza de Mayo (sic) que apareció ahora, nada más”, pero en su relato habló de tres “parturientas N.N” a las que les llevó sus bebés. En la audiencia de hoy también declararon un médico y una auxiliar de enfermería.

En la causa están imputados el dictador Reynaldo Bignone y Santiago Riveros, responsables de la zona; los médicos militares Norberto Bianco y Raúl Eugenio Martín y la obstetra Yolanda Arroche de Sala García. La mujer reconoció, en un juicio anterior, haber atendido partos de mujeres en cautiverio en el marco del plan sistemático de apropiación de bebés. Por ese delito de lesa humanidad en 2012 se condenó a penas de hasta 50 años de cárcel a los acusados, entre ellos el fallecido Jorge Rafael Videla.

Riveros y Bignone fueron condenados ayer a prisión perpetua y a 23 años de prisión respectivamente en el juicio por delitos de lesa humanidad en el que se ventilaron los secuestros y desapariciones de 32 obreros de las plantas de los astilleros Astarsa y Mestrina y de las cerámicas Lozadur y Cattáneo.

Durante su testimonio, Larretape aseguró que no supo de los niños apropiados y que de los desaparecidos “algo escuchó” por los medios. No recordó cuándo había sido el gobierno de Raúl Alfonsín, ni qué había sido la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), ni que ella se había presentado espontáneamente allí en mayo de 1984. Ni que allí habló de entre 10 y 15 pacientes, que no tenían historias clínicas y que tanto ellas como sus hijitos eran conocidos como N.N. De todo eso, Ernestina Larretape, hoy no recordó nada. Sí reconoció su firma en el documento de la CONADEP y que había estado declarando en otra oportunidad, en la sede Comodoro Py.

Nadie sabe nada
-Con todo respeto le pregunto- le dijo el querellante de Abuelas de Plaza de Mayo, Alan Iud, a Larretape- ¿usted tiene algún diagnóstico de senilidad?
-Recuerdo las cosas de mi niñez, pero no las del presente. Me acuerdo de los 5, 6 años, cuando jugaba con las muñecas, hacía travesuras. Ahora me tengo que operar, respondió la mujer. Me tienen que hacer un reemplazo de cadera, agregó.
La pregunta de Iud llegó después de más de una hora de declaración de Larretape, que trabajó desde 1972 hasta el años 2000 como enfermera del Hospital Militar de Campo de Mayo.

La mujer, alta, fornida, con el cabello enrulado teñido de rubio, sí recordó haber ido tres veces al sector de epidemiología  “a llevarles los bebés a las puérperas N.N”. Larretape explicó que todas las veces fue por separado, que las mujeres no tenían los ojos vendados y que les llevó los bebés, que estaban en la nursery del hospital, también como N.N.

Explicó que siempre los llevó entre las 13 y las 17, porque esa era la indicación que tenía.

“Te dejaban una notita, que ese bebe correspondía a una N.N que estaba en epidemio”, detalló cuando le preguntaron quién le había dado la orden de que debía llevarlos.

La mujer dijo que a los bebés los llevaban al pabellón con una bolsita con todo lo necesario para su cuidado. “La ropa (que ponían en la bolsa) se la sacábamos nosotras a las otras puérperas, a veces pecábamos porque no les decíamos que se las sacábamos”. La presidenta del Tribunal,  María del Carmen Roqueta, le preguntó entonces por qué, si los bebés estaban desnudos, si no tenían cosas, y Larretape contó que estaban vestidos “pero no tenían tantas cosas como los (hijos) de las otras parturientas”.

También recordó que, cuando las parturientas estaban en condiciones de retirarse, “un Renault 12 celeste, en la gama del azul,  pasaba con la mamá en el asiento de atrás, por la puerta de la maternidad y yo le entregaba el bebe y ella se lo llevaba. No sé quien conducía. Llamaban por teléfono y decían ‘bajen con el bebe que la mamá se va’”.

Después fue el turno de Mario José Luchetta, un médico ginecólogo jubilado de 79 años que trabajó en el Hospital de Campo de Mayo desde 1966 hasta que su retiro en 2010. Su testimonio duró menos de veinte minutos. El hombre, que atendía en los consultorios externos del Hospital reconoció haber escuchado que “se hacían partos en el fondo del hospital, en un pabellón que se usaba para esos partos. Me parece que era el pabellón de infecciosas, pero no estoy seguro. Nunca tuve que ir a asistir. Yo escuché que los partos los hacía (el fallecido jefe de servicio de Obstetricia, Julio César) Caserotto”.

Isolina Cordero fue auxiliar de enfermería en varios sectores del Hospital. A los 59 años llegó en sillas de ruedas y se sentó a declarar. Entró a trabajar al Hospital en la década del 70 y lo hizo hasta hace cuatro años, cuando le dieron licencia por problemas de salud. Su testimonio fue el más breve de todos: no supo de mujeres detenidas en el Hospital. No escuchó rumores ni comentarios de que ellas estuvieran ahí. No escucho hablar del servicio de epidemiología. Después contó que de Bianco sabía que tenía hijos y que después se enteró por televisión que “estaba en Paraguay por que decían que se había apropiado de chicos, pero fue por la televisión”.

La audiencia entró en un cuarto intermedio hasta el próximo lunes 20 a las 9:30 de la mañana.
Fuente:Infojus

6 de octubre de 2014

CAMPO DE MAYO: DECLARAN TRES MUJERES QUE TRABAJARON EN EL HOSPITAL MILITAR.

6-10-2014
Lesa Humanidad
Desde las 9:30
Campo de Mayo: declaran tres mujeres que trabajaron en el Hospital Militar

Son una laboratorista, una enfermera y una partera que trabajaron en ese centro médico durante la dictadura. También dará su testimonio una perito calígrafa. En la causa hay cinco imputados, entre ellos, el dictador Reynaldo Bignone.
Por: Cecilia Devanna
Las preguntas sobre el funcionamiento de la maternidad clandestina del Hospital Militar Campo de Mayo, la guarnición militar más grande del país, se suceden una tras otra en el juicio por la sustracción de menores ocurrida allí. En el debate, que comenzó el 17 de septiembre y se extenderá hasta mediados de diciembre, hoy declararán cuatro mujeres: tres de ellas trabajaron durante la dictadura en ese centro y la otra es una perito calígrafa. 

En las últimas audiencias declararon la nieta 110 recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo y una obstetra que trabajo en el hospital, cuyo testimonio fue clave para la causa.
Los imputados son el responsable de la zona, Santiago Riveros, el dictador Reynaldo Bignone, los médicos militares, Raúl Eugenio Martín y Norberto Atilio Bianco y la partera Luisa Yolanda Arroche de Sala García. La mujer reconoció, en un juicio anterior, haber atendido partos de mujeres en cautiverio. El juicio se realiza ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 6 que, en 2012, sentenció que hubo un plan sistemático de apropiación de bebés y condenó a Jorge Rafael Videla a 50 años de cárcel.

En la audiencia de hoy atestiguarán Nora Haydée Dinapoli, Elba Raquel Lillio, y Ernestina Larretape, que trabajaron en el Hospital Militar de Campo de Mayo durante la dictadura, y la perito calígrafa, Patricia Méndez. Dinapoli era laboratorista, Larretape, enfermera, y Lillio, partera. Las expectativas de la audiencia están puestas en el testimonio de Larretape, “porque ella atendió a varias mujeres en el sector de ‘epidemiología’ del hospital”, dijo a Infojus Noticias una fuente de la investigación. Con el nombre de “epidemiología” se conocía al pabellón en el que estaban las detenidas embarazadas. Larretape “ya declaró cuatro veces, pero esta es la primera vez que lo hace durante un juicio. Estuvo en varios partos e hizo el control de varias embarazas. En el Hospital primero trabajó como enfermera de cuidados intensivos y después de obstetricia”, agregó la misma fuente.

Las otras oportunidades en las que Larretape declaró fue ante la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP), en la causa del Plan Sistemático y ante la Justicia Militar. También será clave el aporte que dará Méndez que realizó “la pericia que estableció que era la firma de Arroche la que figuraba en el acta de nacimiento de Francisco Madariaga”, explicó la fuente. Francisco fue el nieto 101 recuperado por Abuelas y Abel, su papá, es secretario de la entidad y lo buscaba desde 1983.

El joven nació en el hospital militar de Campo de Mayo, en julio de 1977. Su mamá, Silvia Mónica Quintela, era, al igual que Abel, militante de Montoneros, fue secuestrada el 17 de enero de ese año por un grupo de tareas de la dictadura, tenía 28 años y estaba embarazada de cuatro meses.

La llevaron al centro clandestino de detención El Campito, donde la vieron varios sobrevivientes. En julio de 1977 fue trasladada al Hospital Militar, donde le hicieron una cesárea, en la que dio a luz a un varón al que le puso de nombre Francisco, como quería Abel. La búsqueda del bebé la empezaron las abuelas del menor y la siguió Abel cuando regresó la democracia y él pudo volver del exilio.

Para hoy también está citada la enfermera de obstetricia Julia Olga Flores, pero tanto la fiscalía como el Tribunal fueron informados por los familiares de la mujer, que ella había fallecido, pero no presentaron aún el certificado. Se prevé que los representantes del Ministerio Público Fiscal pidan que el testimonio que se incorpore por lectura ya que en varias oportunidades ella aportó “datos contundentes, como que había atendido a varias personas detenidas y lo ubicó a Bianco en varias situaciones”.

Testimonios contundentes
Las audiencias del juicio se realizan todos los lunes y miércoles en la sede de Comodoro Py. En la jornada del lunes, la primera en declarar fue Valeria Gutiérrez Acuña. Ella es la nieta 110 recuperada por Abuelas, organización de la cual su abuela paterna, Vilma Delinda Sessarego de Gutiérrez, fue una de las fundadoras. Valeria, de 37 años, que en febrero supo que era hija de Isabel Acuña y Oscar Rómulo Gutiérrez, contó que a ella su apropiadora le había dicho que la habían “abandonado al costado de una ruta” y que unos compañeros de trabajo su apropiador, el fallecido comisario, Rubén Fernández, que sabían que ya tenía un hijo adoptado, “lo llamaron para preguntarle si no quería otra más”.

El miércoles hubo un testimonio fundamental para la causa: el de la obstetra Nélida Elena Balaris. La mujer, de 72 años, contó que participó en dos partos de detenidas en Campo de Mayo y que a su “edad son una mochila muy pesada que llevo. A medida que pasan los años es cada vez peor”. Sobre el primero de los dos partos, Balaris contó que le llamó la atención ver que la mujer “era llamativamente canosa y no emitió ningún sonido, no se quejó, ni nada. Tenía los ojos vendados y estaba con custodia”, contó. La parturienta estaba en la sala de Epidemiología, a la que le decían “el fondo”, contó, sobre el pabellón donde había detenidas-desaparecida en el Hospital Militar de Campo de Mayo.

En su esfuerzo por describir a esa mujer dijo que creía que tenía alrededor de 40 o 41 años. No recordó si el bebé que nació fue nene o nena. Después de ese momento Balaris no volvió a ver a la mujer, ni al bebé.

Luego habló sobre el segundo parto. “Es el más doloroso de todos”. Estimó que la parturienta tendría alrededor de 30 años o quizás menos. Era rubia, de tez clara y tenía los ojos vendados. El bebé fue varón y el frío que hacia ese día hizo que Balaris tuviera que pedir permiso para que le dejaran poner el bebé sobre el abdomen de la mamá, “para mantenerle el calor”.

Balaris le dijo que ella había sido “partícipe inocentes de lo que había estado pasando”. Movilizada agregó: “Si a mí me decían la secuencia de cómo fue lo que pasó (con las mujeres y sus bebés), yo me hubiera escapado del país”. Y entonces explicó que varios años antes de la dictadura, cuando se formó profesionalmente, en el Hospital Argerich había atendido varios partos de mujeres detenidas, que se iban de ahí con sus bebés y que en estos casos pensó que sería así.
Fuente:Infojus
  

2 de octubre de 2014

JUICIO POR ROBO DE BEBÉS: DECLARÓ UNA PARTERA DEL HOSPITAL MILITAR CAMPO DE MAYO.

 DECLARO UNA PARTERA DEL HOSPITAL MILITAR DE CAMPO DE MAYO
“Es una mochila muy pesada”
Nélida Valaris atendió al menos dos partos de mujeres que estaban secuestradas en Campo de Mayo. “Si me hubiesen dicho de qué se trataba, me hubiera escapado”, dijo al declarar como testigo.
Por Ailín Bullentini

En la sección de Epidemiología del Hospital Militar de Campo de Mayo funcionó la maternidad clandestina.Imagen: Adrián Perez
La de ayer fue su cuarta declaración ante la Justicia; la segunda frente a un tribunal oral. Como en las anteriores, la licenciada en Obstetricia “a punto de jubilarse” Nélida Valaris hizo la misma reflexión sobre su función como partera del Hospital Militar de Campo de Mayo (HMCM) durante la última dictadura: “la mochila pesada” que significa, para ella, el haber formado parte, sin saberlo, del plantel médico que trabajó en la maternidad clandestina de esa institución.

Corpulenta, pelo renegrido y atado hacia atrás, Valaris declaró durante poco menos de dos horas frente al Tribunal Oral Federal Nº 6 en el juicio que se les sigue a los represores Santiago Riveros y Reynaldo Bignone, a los médicos militares jubilados Eugenio Martín y Norberto Bianco y a la partera Luisa Arroche de Sala García por la apropiación de nueve bebés nacidos en el HMCM. De sus siete años de servicios prestados en el sector de Ginecología y Obstetricia de esa institución, Valaris conserva en su memoria algunos nombres –recuerda sin dudar al ex jefe del sector Jorge Caserotto, “personaje bastante siniestro”, y a Agatino Di Benedetto, quien fue uno de los directores del hospital; también al “traumatólogo” Norberto Bianco y a su colega Arroche– y varias experiencias que prefiere “no haber vivido nunca”.

“Si me hubiesen dicho de qué se trataba todo aquello hubiera escapado, me hubiera ido del país. Nunca imaginamos la desaparición de personas”, advirtió en plural, quizá invocando a algunos de sus compañeros de trabajo que, como ella, decidieron acudir al llamado de Raúl Alfonsín cuando, como presidente, invocó a quienes “supieran algo” sobre los horrores del terrorismo de Estado durante la dictadura todavía tibia, a que lo contaran. Valaris declaró sobre lo vivido en varias oportunidades. La primera vez fue ante la Conadep, lo que le valió amenazas explícitas de muerte de parte de Caserotto. “Me dijo que iba a ver crecer las margaritas desde abajo. Y yo le contesté que estaba tranquila porque no necesitaba un litro de vino para dormir”, recordó. Años más tarde aportó detalles en la instrucción de la causa que en la actualidad está en debate. Declaró en el juicio por el Plan Sistemático y recorrió, varios años después de su “retiro voluntario”, las instalaciones del hospital. Ayer, advirtió que aquella época es una “mochila muy pesada que, a medida que pasa el tiempo, profundiza más su pesar”. “Sobre todo los partos”, remarcó.

Los partos
Los dos sucedieron, cree, entre 1976 y 1977. Ambos, también, de día. El primero fue en la sala de partos del hospital: “Era una mujer llamativamente canosa. No me la puedo sacar de la cabeza: tenía los ojos vendados con gasa y estaba custodiada. Así parió, sin hacer ningún tipo de sonido, ni de queja, ni de dolor, de nada. En silencio”.

Para el segundo, “el más doloroso”, Valaris resistió su participación ante Caserotto. “Vino y me dijo que tenía que ir a asistir a una detenida en la cárcel de encausados de Campo de Mayo. Me negué, pero me obligó: dijo que era orden del director del hospital”, relató ante el TOF Nº 6. Más tarde, informó que De Benedetto negó ante la Justicia haber emitido aquella orden. No pudo negarse: con una enfermera y un médico traumatólogo fueron hacia esa dependencia. No recordó quién era el doctor; respecto de la enfermera, también dudó. “Me impresionó la cantidad de hombres de fajina que había. Nos llevaron a la enfermería, donde encontré a una chica joven, rubia, blanca, también vendada. Es una imagen muy fresca la que tengo de ella, aún no se ha borrado”, describió. La mujer estaba para dar a luz, “no había opción”. Le pidió que se atravesara en la cama, “a la vieja usanza”; la chica “colaboró”. Llorando, describió las condiciones: “Tengo el recuerdo presente de que hacía un frío espantoso”. Fue un varón. Lo apoyó en el vientre de la madre para tratar de contener la temperatura. Pero no mucho, porque la custodia se lo llevó apenas Valaris le cortó el cordón. Ella hizo algunos procedimientos más: extrajo la placenta, anestesió a la mujer, la suturó. Y se fue. “Me pareció una injusticia terrible que yo tuviera que pasar por esa situación. No estábamos preparados los civiles para esas cosas”, concluyó luego. No registró ninguna de las dos intervenciones. Tampoco nunca supo cómo se llamaban las pacientes, por qué estaban detenidas y en qué condiciones: “En el cambio de guardia nos referíamos a ellas como las detenidas, las sediciosas, las guerrilleras, porque eso circulaba, pero nunca supimos más. Siempre pensamos que eran detenidas de la cárcel de encausados, no sabíamos de centros clandestinos de detención”, remarcó.

El fondo
“He ido cuatro o cinco veces con Caserotto a la sala de Epidemiología, le decían ‘el fondo’”, contó. Su función, según su recuerdo, era controlar los embarazos de las mujeres que allí estaban internadas. Cuando participó de la recorrida por aquel lugar, en años de democracia y en el marco de investigaciones judiciales sobre los nacimientos clandestinos, notó que lo habían modificado. En su recuerdo, aún sabe caminar por el pasillo e ingresar a la primera habitación de la izquierda, en donde “estaban estas mujeres con los ojos vendados”, sobre una cama cuya cabecera estaba coronada por un ventanal “tapiado o cerrado”. Auscultaba los latidos de los bebés, les tomaba la presión y no mucho más: “Las mujeres parían y se iban y venían otras, no sabíamos su destino”, apuntó.
Fuente:Pagina12




Balaris debió actaur en la maternidad clandestina de campo de mayo
Declaró una obstetra que estuvo en dos partos clandestinos
Nélida Balaris fue obstetra de dos partos en la maternidad clandestina de Campo de Mayo en tiempos del terror. Y aun hoy, a sus 72 años, los vive como "una mochila muy pesada", que con el paso del tiempo "es cada vez peor". En uno de ellos, la parturienta tenía "los ojos vendados y estaba con custodia". Del segundo, sus superiores le dijeron que "fuera a la cárcel". Ella se negó. "Les dije que no correspondía, que para eso estaban los médicos militares."

Nélida Balaris fue obstetra de dos partos en la maternidad clandestina de Campo de Mayo en tiempos del terror. Y aun hoy, a sus 72 años, los vive como "una mochila muy pesada", que con el paso del tiempo "es cada vez peor". En uno de ellos, la parturienta tenía "los ojos vendados y estaba con custodia". Del segundo, sus superiores le dijeron que "fuera a la cárcel". Ella se negó. "Les dije que no correspondía, que para eso estaban los médicos militares."

Balaris declaró ayer en el juicio oral y público por los crímenes de lesa humanidad en la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo. Lo lleva adelante el Tribunal Oral Federal Nº 6, que había fallado que hubo un plan sistemático para la apropiación de bebés.

Ayer, además de Balaris, prestaron testimonio el enfermero y radiólogo, Jorge Eposto, el médico Ernesto Fridman, y la enfermera Ramona del Huerto Sensenaro. La última testigo del día, Lucía Cartasegna, fue relevada porque su testimonio podía auto-incriminarla, consignó el portal Infojus Noticias.

Están imputados el dictador Reynaldo Bignone y Santiago Riveros; los médicos militares Norberto Bianco y Raúl Martín y la obstetra Yolanda Arroche de Sala García.
Balaris recordó que en el primer parto, la mujer "era llamativamente canosa y no emitió ningún sonido. Tenía los ojos vendados y estaba con custodia". El segundo, dijo, "fue más doloroso".
Fuente:TiempoArgentino





1-10-2014
Lesa Humanidad
El debate se realizó ante el Tribunal Oral Federal Nº 6
Estuvo en dos partos clandestinos: “Son una mochila muy pesada”

La obstetra Nélida Elena Balaris declaró hoy en el juicio por la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Del primer parto dijo que la mujer tenía “los ojos vendados y estaba con custodia”. Del segundo, recordó que discutió con sus superiores: “Me dijeron que fuera a la cárcel y dije que no correspondía, que para eso estaban los médicos militares”, detalló.
Por: Cecilia Devanna
Mariano Armagno
Dos partos están grabados en la  memoria de Nélida Elena Balaris, una obstetra de 72 años. “A mí edad son una mochila muy pesada que llevo. A medida que pasan los años es cada vez peor”, contó hoy frente a un tribunal. Ambos partos ocurrieron en la clandestinidad, durante la última dictadura cívico-militar y por ellos también declaró ante la Comisión Nacional por la Desaparición de Personas (CONADEP) cuando volvió la democracia.

Balaris declaró en el juicio oral y público por los crímenes de la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo, durante la última dictadura. Se realiza ante el Tribunal Oral Federal Nº 6 que, en 2012, sentenció que hubo un plan sistemático de apropiación de bebés. Después de la mujer, dieron su testimonio el enfermero y radiólogo, Jorge Luis Eposto, el médico Ernesto Abel Fridman, y la enfermera, Ramona del Huerto Sensenaro.  La última testigo del día, Lucía Cartasegna, fue relevada porque su testimonio podía auto-incriminarla.

En la causa están imputados el dictador Reynaldo Bignone y Santiago Riveros, responsables de la zona; los médicos militares Norberto Bianco y Raúl Eugenio Martín y la obstetra Yolanda Arroche de Sala García. La mujer reconoció, en un juicio anterior, haber atendido partos de mujeres en cautiverio en el marco del plan sistemático de apropiación de bebés.

Sobre el primero de los dos partos, Balaris contó que le llamó la atención ver que la mujer “era llamativamente canosa y no emitió ningún sonido, no se quejó, ni nada. Tenía los ojos vendados y estaba con custodia”, contó. La parturienta estaba en la sala de Epidemiología, a la que le decían “el fondo”, contó, sobre el pabellón donde había detenidas-desaparecida en el Hospital Militar de Campo de Mayo.

“Tenía los ojos vendados con gasa, estaba acostada en la cama, que tenía la cabecera contra un ventanal tapado o las persianas cerradas. La iluminación era artificial”, reconstruyó ante las preguntas de la fiscalía y la querella a cargo de Alan Iud, representante de Abuelas de Plaza de Mayo. En su esfuerzo por describir a esa mujer dijo que creía que tenía alrededor de 40 o 41 años. No recordó si el bebé que nació fue nene o nena. Después de ese momento Balaris no volvió a ver a la mujer, ni al bebé.

Luego habló sobre el segundo parto. “Es el más doloroso de todos”, dijo y se quebró por un segundo. “Por él tuve una discusión tremenda con Caseroto (jefe del servicio de Obstetricia, ya fallecido) y Di Benedetto (director del hospital)”, relató. Esperó un segundo y siguió. “Me dijeron que fuera a la cárcel y yo dije que no, que no correspondía, que para eso estaban los médicos militares”, detalló, con vehemencia. Caseroto le dijo que la orden la había dado Di Benedetto y que tenía que ir. “Me mandaron con una enfermera y con un traumatólogo, que estaba muerto de miedo. Nos metieron en una ambulancia y nos llevaron”.

Cuando llegó a la cárcel había una mujer joven, que Balaris estimó que tendría alrededor de 30 años o quizás menos. Era rubia, de tez clara y tenía los ojos vendados. Estaba en pleno proceso de parto. “Estaba en un estado expulsivo, había que atenderla ahí”. El bebé fue varón y el frío que hacia ese día hizo que Balaris tuviera que pedir permiso para que le dejaran poner el bebé sobre el abdomen de la mamá, “para mantenerle el calor”. Después de eso la llevaron de vuelta al Hospital. Ahí tuvo una crisis y discutió fuerte con Caseroto por las condiciones en que se había dado el parto. “Le dije de todo menos lindo”, dijo.

El cruce se repetiría tras el retorno a la democracia. “Fui a declarar voluntariamente ante la CONADEP, nos había citado el doctor Raúl Alfonsín”. Balaris fue con otras obstetras y algunas médicas, pero antes tuvo una reunión con Caseroto, Di Benedetto y “otros personajes, que nos interrogaron de por qué queríamos ir a declarar”. En esa reunión, Balaris fue amenazada por Caseroto: “Me dijo que iba a ver crecer las margaritas desde abajo”, contó y agregó: “Yo le respondí que no iba a necesitar un litro de vino para poder dormir”.

Balaris le dijo que ellas habían sido “partícipes inocentes de lo que había estado pasando”. Movilizada agregó: “Si a mí me decían la secuencia de cómo fue lo que pasó (con las mujeres y sus bebés), yo me hubiera escapado del país”. Y entonces explicó que cuando se formó profesionalmente, en el Hospital Argerich había atendido varios partos de mujeres detenidas, que se iban de ahí con sus bebés y que en estos casos pensó que sería así.

“Vi bajar hombres y mujeres con las cabezas tapadas”
El enfermero Jorge Luis Eposto trabajó como técnico radiólogo en el Hospital Militar de Campo de Mayo entre 1976 y 1977. Tenía cargo militar, cabo primero, del que le dieron de baja en el año 1982, “por usurpación de cheque”, aclaró. Durante esos años aseguró que vio “bajar hombres y mujeres de camiones militares, con las cabezas tapadas, que entraban al pabellón de epidemiología”.  Contó que todo se daba “con mucho silencio” y que los camiones “entraban y salían” sin registrarse en el ingreso o egreso del lugar.
Durante esos años no vio bebés, pero si dijo que era “vox populí” que había mujeres embarazadas. También contó que supo que un oficial violó a una mujer embarazada. “No sé en que lugar la violó. No sé si le hicieron un sumario”, dijo.

Sobre el pabellón de epidemiología,  Eposto dijo que tenía “una guardia que no era del hospital. No dejaban entrar a nadie. Estaba todo cerrado. Decían que eran extremistas  a los que tenían ahí”. Contó que “un enfermero que trabajaba con él decía que estaba en los grupos de tarea, que levantaban gente y se adueñaban de cosas materiales en los operativos”. También contó que por las noches “se escuchaban aviones y todos comentaban que llevaban gente para tirarla al río”. Después agregó: “también dijeron que en la morgue estuvo el cadáver de Santucho, pero yo no lo vi”.

El médico Ernesto Abel Fridman, trabajó en el servicio de obstetricia del Hospital Militar de Campo de Mayo.  Su relato fue corto. Contó que en una oportunidad le tocó atender a una mujer que estaba detenido y tenía  los ojos vendados. “No me sentía cómodo y le hice quitar el vendaje y la atendí”, aseguró. Relató que no se acordaba cuál era el caso de la paciente, pero  sí que era “inusual” atender a alguien así, sin ver la expresión de la  paciente.

Ramona del Huerto Sensenaro fue enfermera e instrumentista en el hospital desde los años de la dictadura hasta que se jubiló, hace poco tiempo. Hoy a la mayoría de las preguntas respondió no saber, no haber visto, no haber escuchado. También dijo que no había declarado antes ante la justicia. Entonces le leyeron parte de una declaración de 2005 frente a la justicia militar y ahí pareció recordar que sí lo había hecho.

La última testigo del día iba a ser Lucía Cartagena. La fiscalía señaló que su nombre y firma estaban en un libro de registros del Hospital, junto al de Caseroto, como autora de un legrado, por lo que pidió que no declare. El tribunal hizo lugar al considerar que “podría auto incriminarse o no, y teniendo en cuenta que es una testimonial, no corresponde. Es rozar peligrosamente el articulo 18”, afirmó Roqueta.
Fuente:Infojus

1 de octubre de 2014

CAMPO DE MAYO: DECLARARON MÉDICOS, OBSTETRAS y ENFERMEROS.

1-10-2014
Lesa Humanidad
El debate se realiza ante el Tribunal Oral Federal Nº 6
Campo de Mayo: declaran médicos, obstetras y enfermeros

Son cinco profesionales que trabajaron en el Hospital Militar de Campo de Mayo durante la última dictadura. Los casos que se juzgan incluyen el secuestro de ocho embarazadas, sus partos, y el robo de los bebés. En la causa hay cinco imputados.
El dictador Reynal Bignone uno de los imputados-Telam
Una nueva audiencia del juicio oral y público por la sustracción de menores, ocurrida en la maternidad clandestina del Hospital Militar de Campo de Mayo, durante la última dictadura, comenzará hoy en los tribunales federales de Comodoro Py. Los acusados son dos
médicos, una partera y dos jefes militares.

El debate se realiza ante el Tribunal Oral Federal Nº 6 que, en 2012, sentenció que hubo un plan sistemático de apropiación de bebés. Para la jornada de hoy está previsto que declaren cinco profesionales médicos entre obstetras, enfermeros, y clínicos. En la audiencia del lunes se escuchó el testimonio de la nieta 110 recuperada por Abuelas de Plaza de Mayo.

En la causa están imputados el dictador Reynaldo Bignone y Santiago Riveros, responsables de la zona; los médicos militares Norberto Bianco y Raúl Eugenio Martín y la obstetra Yolanda Arroche de Sala García. La mujer reconoció, en un juicio anterior, haber atendido partos de mujeres en cautiverio en el marco del plan sistemático de apropiación de bebés.

Por ese delito de lesa humanidad en 2012 se condenó a penas de hasta 50 años de cárcel a los acusados, entre ellos el fallecido Jorge Rafael Videla.

De los testigos convocados para hoy se espera que aporten datos sobre lo que sucedía en las distintas áreas del hospital. Varios de ellos ya dijeron haber intervenido al menos una vez o haber tomado conocimiento de los partos clandestinos por comentarios de otros.

Entre los que declararán, lo más importante es el testimonio de la enfermera Nélida Baralis. Luego será el turno de Lucía Cartagena, Ernesto Fridman y Jorge Eposto, entre otros. Las audiencias se realizan todos los lunes y miércoles y está previsto que la sentencia se conozca en diciembre.

La nieta 110
La primera testigo de la audiencia del lunes fue Valeria Gutiérrez Acuña, una mujer de 37 años que recuperó su identidad en febrero pasado. El 5 de ese mes se convirtió en la nieta 110 restituida por Abuelas de Plaza de Mayo. Sus papás fueron Oscar Rómulo Gutiérrez e Isabel Liliana Acuña, dos jóvenes militantes de la JP y Montoneros. Y su abuela, Vilma Delinda Sessarego de Gutiérrez, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo.

“Hace dos años, una prima me dijo que mi hermano mayor y yo éramos adoptados”, contó hoy ante el tribunal. Pasó un año desde que supo ese dato hasta que pudo preguntarle a su apropiadora, Irma Maggini, si efectivamente era hija adoptiva. “Mi mamá no me lo negó, me dijo que me habían abandonado al costado de una ruta y que unos compañeros de trabajo de mi papá, que sabían que ya tenía un hijo adoptado, lo llamaron para preguntarle si no quería otra más”, relató. El apropiador de Valeria fue Rubén Fernández un efectivo de la policía bonaerense que murió en 1987, siendo comisario.

En octubre pasado, tres meses después de que su Maggini le confirmara que era adoptada, Valeria se acercó a la sede de Abuelas. “Me quedé mal por sentir que había sido abandonada y después pensé que podía ser hija de desaparecidos”. Junto a su hermano mayor, hicieron los análisis. A él le dio negativo, sin compatibilidad. A ella, la llamaron para decirle que había compatibilidad. Desde entonces entabló una fuerte relación con sus tíos paternos Rodolfo y Juan Aurelio, que el lunes también declararon en el juicio.

Juan Aurelio contó que su padre que “era boliviano, de una familia muy acomodada de Santa Cruz de la Sierra, y tenía un cargo ad honorem en la embajada local”, se enteró en 1976 de un viaje de Videla a Bolivia para ver a Banzer y hacia allí viajó él también. En un encuentro privado que tuvieron, Videla le dijo “Lamentablemente, ni usted ni yo vamos a saber el destino de sus hijos”.
Fuente:Infojus




Lesa Humanidad
En la causa se juzga la apropiación de nueve niños de los cuales tres fueron restituidos
Campo de Mayo: la fiscalía consideró muy importante la declaración de la nieta restituida Valeria Gutiérrez Acuña

1.10.2014



El titular de la Unidad de Asistencia en casos de terrorismo de Estado, Martin Maria Niklison, señaló que hasta hace menos de un año no había aparecido la prueba irrefutable del hecho, o sea la persona que nació en cautiverio y quien le que alteraron la identidad. La víctima declaró que hace sólo dos años se enteró que era “adoptada”; y que su apropiador era Comisario de la policía bonaerense cuando falleció en 1987

El titular de la Unidad de Asistencia en casos de terrorismo de Estado, Martin Niklison, consideró muy importante la declaración de la nieta restituida Valeria Gutiérrez Acuña en el juicio oral en el que se investiga la sustracción de nueve niños en el Hospital Militar de Campo de Mayo. El representante del Ministerio Público señaló que hasta hace menos de un año no había aparecido la prueba irrefutable del hecho, o sea la persona que nació en cautiverio y a la que alteraron la identidad.

Niklison, uno de los fiscales intervinientes junto a sus colegas ad hoc Viviana Sanchez y Nuria Piñol, sostuvo que “si bien ya teníamos pruebas sobre donde estuvo secuestrada Liliana Acuña y también el testimonio de un policía sobre el nacimiento de Valeria, su aparición y las pruebas que acreditan que a la hija de Oscar Gutiérrez y Acuña un oficial de la Policía bonaerense la anotó con otro nombre. El fiscal destacó que “fue muy claro lo que dijo Valeria en cuanto a que cuando supo que no era hija de las personas que tenía como padre y madre se sintió muy mal porque le dijeron que había sido abandonada; al saber que no la habían abandonado eso le hizo bien y esto es importante porque sin duda que la verdad siempre tiene que ser buena para las personas que sufrieron esto; pero algunos, interesadamente, lo cuestionan”.

La víctima y testigo se presentó como Valeria Gutiérrez Acuña, aunque aclaró que su documento de identidad continúa diciendo Valeria Natalia Fernández. Dijo que “se enteró dos años atrás de que era adoptada cuando una prima se lo confesó luego de averiguarlo por su propia madre¸ y que hasta ese momento no sospechaba siquiera esa posibilidad ya que, incluso, se veía con cierto parecido físico a su madre adoptiva”. Gutiérrez Acuña agregó que a partir de allí, tuvo "muchas dudas sobre si hablar con ella o no hasta que pensó que era posible que fuese hija de desaparecidos" y se decidió a hacerse los análisis.

Preguntó a su madre de crianza, quien le respondió que era adoptada, que algunos compañeros policías de su padre lo llamaron y le dijeron que la habían abandonado en una ruta y ella pidió que la traigan a la casa.

Sobre su apropiador, contó que era Policía de la Provincia de Buenos Aires y que cuando falleció, en el año 1987, tenía la jerarquía de Comisario. Valeria relató que el 5 de febrero de este año se enteró de que los análisis de ADN que se había realizado en el Banco Nacional de Datos Genéticos dieron positivo, supo que era hija de Liliana Isabel Acuña y de Oscar Gutiérrez Sesarego, que los dos se encuentran desaparecidos y que sus padres biológicos eran militantes políticos.

La joven agregó que "fue un alivio" saber sobre sus padres porque no quería sentirse "abandonada en una ruta”. aclaró que estaba "muy contenta" con su nueva identidad pero muy triste por sus padres y puntualizó que "enterarse de toda la verdad también es doloroso; pero que saber la verdad fue un alivio sanador".

Finalmente, dijo que con la familia de la madre no se pudo relacionar; ya que su hermana, Eva, también se encuentra desaparecida y que sus abuelos ya fallecieron, pero logró reencontrarse con familiares paternos como sus tíos Juan Aurelio y Rodolfo Santos Gutiérrez, quienes también declararon ayer y contaron su parte de la verdad.

Al respecto, Niklison indicó que “como pruebas concretas, fueron clave las declaraciones de los tíos porque muestran lo que sucedió y qué hicieron el padre y la madre para buscarlos”.

Por otra parte, dijo que “como punto en contra es una lástima que no le hayan dejado a Rodolfo Gutiérrez leer algo que había escrito su madre"; y aseguró que “que una mujer, quien durante 30 años buscó a su nieta y falleció sin conocerla tiene derecho a que su voz sea escuchada a través de su hijo en el juicio”.
Fuente:Fiscales.gob.ar