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26 de julio de 2019

Entrevista inédita con Rodolfo Walsh: “En el capitalismo, la prensa es una maquinaria de mentiras”.

Entrevista inédita con Rodolfo Walsh: “En el capitalismo, la prensa es una maquinaria de mentiras” 
 julio 25, 2019 
Rosa Miriam Elizalde
Hemos rescatado una entrevista desconocida que le concediera el argentino Rodolfo Walsh a la Revista UPEC, en 1970,cuando vino a Cuba como jurado del Premio Testimonio, de Casa de las Américas. Allí habla de su compañero Jorge Ricardo Masetti, de la relación periodismo y literatura, de la prensa cubana. En la imagen superior, Walsh en Varadero, donde sesionó el jurado.
Recientemente Rodolfo Walsh visitó Cuba para integrar el jurado que analizó las diecinueve obras presentadas en el género Testimonio, incorporado por primera vez en el Premio Casa de las Américas.
Rodolfo, argentino, nacido en 1927, es creador de diversas obras literarias: cuentos, teatro, novela. Variaciones en rojo, es su primera novela, alcanzó en 1953 el premio municipal de literatura en Buenos Aires, dentro del género policiaco.
Como periodista, organizó el Departamento de Servicios Especiales de Prensa Latina. Ha trabajado fundamentalmente para revistas.
Dentro del periodismo la especialidad que más le agrada es la serie —testimonio y denuncia— por ejemplo, Operación Masacre, donde investigó los fusilamientos ilegales cometidos durante el gobierno de Pedro E. Aramburu, por medio de entrevistas realizadas con sobrevivientes de la masacre.
También entre otras obras de Rodolfo se encuentra el Caso Satanowsky, ¿Quién mató a Rosendo?, en el que expuso los crímenes cometidos por los gangsters de los sindicatos amarillos en las personas de dirigentes obreros revolucionarios.
En la actualidad Walsh dirige un periódico de los trabajadores argentinos y trabaja en su nueva novela.
Por la experiencia de Rodolfo Walsh como periodista y escritor y por la trascendencia que encierra el desarrollo del tema Literatura y Periodismo nos acercamos a él para dialogar.
  —¿Qué opinión tiene usted sobre el género Testimonio y su incorporación al Premio Casa de las Américas?
—En 1968 fui uno de los que recomendó que se agregara dicho género. Los resultados han justificado la institución del Premio por la elevada calidad literaria, la actualidad de los temas y la trascendencia política y social de las obras presentadas. El género Testimonio es fundamental en su realidad actual, recoge de manera directa el presente que se está gestando en el mundo.
—¿En el Premio Casa de las Américas se plantea incluir al Periodismo?
—Bueno, el género Testimonio incluye básicamente al periodismo. El libro que ha ganado el Premio, La guerrilla tupamara, es una serie de reportajes escritos por la conocida periodista uruguaya María Esther Gilio. La obra está fundamentada de fuentes directas, su temática es muy vigorosa; plantea las luchas y los ideales del Movimiento de Liberación Tupamaros. De manera que sin haberse planteado el género periodístico, ha resultado el primer ganador del Premio.
Es posible que se llegue a incluir al periodismo. Debemos agregar nuevos géneros, siempre que prospere una iniciativa que se formuló a la Casa, de reducir todos los envíos a dos grandes clasificaciones: Literatura General e Investigación General. Dentro de esas clasificaciones entraría todo aquello que pueda llegar a publicarse en forma de libros, con excepción, evidentemente, de textos técnicos, que es una disciplina científica.
El objetivo que tiene nuestra iniciativa es simplificar la clasificación de las obras. En última instancia los géneros son divisiones bastante artificiosas, hoy por hoy, están cada vez más penetrados y mayor es la influencia de uno en otro.
—¿Cree usted que se puede hablar de puntos de contacto entre el periodismo y la literatura?
—Si procediéramos empíricamente veríamos que gran cantidad de escritores notables son periodistas y que gran cantidad de escritores notables no son periodistas y jamás lo serán, pero entre los escritores hay una mayoría que proviene del periodismo.
Es indudable que la literatura de Ernest Hemingway, por ejemplo, está íntimamente entroncada con su actividad y su capacidad como periodista profesional, en su estilo mismo, tan estético, tan visual en su observación exterior que se puede rastrear su primera profesión: periodista.
Yo diría que hay zona de contacto, una literatura que tiene una vinculación estrecha demostrable con el periodismo, así como hay otro que no.
No podríamos establecer ningún punto de contacto con el periodismo que nace y muere con la noticia. Hay otro periodismo de mayor investigación que hurga más en los aspectos humanos a través del testimonio directo con el pueblo. Entiendo que a este tipo de periodismo decirle literatura o no estriba en un problema de costumbre.
   —¿Estima usted que un profesional de la prensa antimperialista puede estar sujeto a una legalidad burguesa?
—De verdad que no. La burguesía no es tonta, no presta sus recursos para que se haga propaganda antimperialista. Se hacen concesiones aisladas para mantener la ficción de la libertad de prensa, pero nosotros sabemos por experiencias propias que la libertad de prensa en América no existe.
En los países capitalistas el periodismo es una gran maquinaria de mentiras, construida alrededor del sistema para defender al régimen, para falsear persistentemente la verdad.
El capitalismo tiene, desde luego, sus métodos de autovacuna. Algún periodista puede padecer la ilusión pasajera que si denuncia una situación de miseria, de hambre, está contribuyendo a la modificación, a la transformación de una sociedad, pero es una fantasía, ya que a lo que está cooperando es a consolidar la ilusión de que en el capitalismo se pueden tocar las llagas de los problemas.
Yo no digo que no existen casos en que órganos de prensa y periodistas emprendan ese trabajo. Sin dudas que existe, pero inevitablemente el fin es la clausura de ese órgano de prensa y el periodista es destinado a no ejercer más el oficio.
Es necesario —en tal caso— pasar a la prensa clandestina, ese tipo de periodismo puede y debe necesariamente integrarse con otras tareas revolucionarias.
—¿Qué opinión tiene usted sobre el periodismo que actualmente se realiza en Cuba?
—Yo creo que, indudablemente, hay que establecer una diferencia fundamental entre el periodismo que se realiza en Cuba y el periodismo que se ejerce en el resto de América Latina. Cuba es una sociedad en revolución, un país socialista.
Las causas que el periodismo cubano defiende son de verdad justas. Son las causas de la Revolución.
No obstante tengo algunos reparos. Creo que la valoración de las noticias no es siempre la más correcta, la más adecuada. Pienso que a veces se destacan titulares en una noticia que no tiene importancia, y en cambio, quizás en cuatro líneas está la verdadera noticia de la información. Esa es la observación mayor que tendría que hacer. Calibrar verdaderamente la importancia de la información.
   —¿Hasta qué punto usted estima que la hemeroteca puede servir de frente para el género Testimonio?
—El género Testimonio tiene en la hemeroteca una de sus fuentes naturales, siempre que no se limite a la simple recolección y ordenamiento de noticias, sino que utilice la información periodística y la contrapuntee con la realidad viva de ese momento.
—Sabemos, Walsh, que usted tuvo la oportunidad de trabajar junto a Ricardo Masetti en Prensa Latina. Quisiéramos que nos hablara de su personalidad.
—Masetti era un trabajador infatigable, un hombre de extraordinario espíritu de lucha que demostró no sólo al subir dos veces a la Sierra Maestra a entrevistar a Fidel y al Che, no sólo al fundar y dirigir Prensa Latina, sino al presenciar luego el final de la guerra en Argelia y, por último, dirigir el movimiento guerrillero en Salta, al norte de Argentina.
Masetti ha dejado un recuerdo muy vivo en todos nosotros. Su figura conocida en Cuba, comienza a conocerse ahora más ampliamente en Argentina.
El mejor homenaje que los periodistas argentinos hemos podido rendirle es crear en el seno del gremio de la prensa una delegación que lleva el nombre de Jorge Ricardo Masetti. (Revista Upec, año III, no. 10, 1970).

Rodolfo Walsh

Nació en Lamarque, Argentina, el 9 de enero de 1927. Desaparecido desde el 25 de marzo de 1977 por la última dictadura argentina en Buenos Aires.
Fue un periodista, escritor y traductor argentino. Es reconocido por ser un pionero en la escritura de novelas testimoniales como Operación Masacre —considerada como la primera novela de No-ficción— y ¿Quién mató a Rosendo?, aunque también sobresalió como escritor de ficción.
Luchador contra la última dictadura cívico-militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983, como integrante y combatiente de la organización Montoneros y en medio de una masacre generalizada de sus militantes, no aceptó salir del país y se mantuvo en la clandestinidad. Es famosa su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar. El 25 de marzo de 1977, al día siguiente del primer aniversario del golpe cívico militar, mientras echaba las primeras copias en buzones de la Ciudad de Buenos Aires y se dirigía a una cita con un compañero de la organización (el encuentro había sido revelado en una mesa de torturas de la ESMA), fue emboscado, atacado y acribillado a balazos por un grupo de tareas, el cual se llevó su cuerpo moribundo y lo secuestró ilegalmente. Pasó a integrar la lista de desaparecidos en Argentina.
Fuente:CubaPeriodistas

3 de junio de 2019

Las armas del periodismo: Operación Masacre.

Las armas del periodismo: Operación Masacre 
2 Jun 2019
Fernando Araújo Vélez 
Rescatamos cuatro historias de investigaciones periodísticas que provocaron profundos cambios en las sociedades. En esta ocasión, hablamos de Rodolfo Walsh y su investigación sobre los desaparecidos de la dictadura cívico-militar en Argentina.
Ilustración: Daniela Vargas
El tipo llegó al club de ajedrez en la ciudad de La Plata, casi casi a los trompicones. Rengueaba. Miraba hacia un lado y hacia el otro. Sobre todo, hacia atrás. Llevaba más de un año huyendo. Huía de aquellos a quienes llamaban La autoridad. Huía de sus fichas, soplones apostados en cada esquina, en cada bar. Huía de sí. Huía de los gobernantes, que habían dado orden de capturar y fusilar, si lo consideraban, a todo aquel que nombrara a Perón, que tuviera una imagen de Evita en su casa, que cantara el himno Perón, Perón… Buscaba a un hombre para que ese hombre contara la historia que él no sabía contar. Para que la escribiera. Lo encontró sentado ante una ventana, a punto de beber un trago más de cerveza. Lo tocó en el hombro. Aguardó un segundo a que el hombre se diera vuelta y le dijo: “Hay un fusilado que vive”.
El hombre se llamaba Rodolfo Walsh. Era traductor, corrector de estilo, buscador de historias, escritor de cuentos policiales. La frase, “Hay un fusilado que vive”, le dio vueltas, lo llevó a ese mismo lugar, seis meses atrás, cuando oyó una balacera, gritos, corridas, y salió a toda prisa hacia su casa, en medio del caos. “Mi casa era peor que el café —escribió después ese hombre, Rodolfo Walsh, en el prólogo de Operación Masacre— y peor que la estación de ómnibus, porque había soldados en las azoteas y en la cocina y en los dormitorios, pero principalmente en el baño, y desde entonces he tomado aversión a las casas que están frente a un cuartel, un comando o un departamento de Policía. Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo: ‘Viva la patria’, sino que dijo: ‘No me dejen solo, hijos de puta’”.
Después, dijo, escribió, que no quiso recordar más, “Ni la voz del locutor en la madrugada anunciando que dieciocho civiles han sido ejecutados en Lanús, ni la ola de sangre que anega al país hasta la muerte de Valle. Tengo demasiado para una sola noche. Valle no me interesa, Perón no me interesa, la revolución no me interesa. ¿Puedo volver al ajedrez? Puedo. Al ajedrez y a la literatura fantástica que leo, a los cuentos policiales que escribo, a la novela ‘seria’ que planeo para dentro de algunos años, y a otras cosas que hago para ganarme la vida y que llamo periodismo, aunque no es periodismo. La violencia me ha salpicado las paredes, en las ventanas hay agujeros de balas, he visto un coche agujereado y adentro un hombre con los sesos al aire, pero es solamente el azar lo que me ha puesto eso ante los ojos. Pudo ocurrir a cien kilómetros, pudo ocurrir cuando yo no estaba”.
Valle era el líder de una revolución que pretendía derrocar al régimen que había derrocado a Juan Domingo Perón en septiembre de 1955. Él, y un almirante de apellido Tasco, y varios militares y civiles más, habían planeado la toma del poder el 9 de junio de 1956. Los descubrieron. Los fusilaron. El tipo rengueante que le dijo a Walsh que había un fusilado vivo lo llevó adonde el fusilado, Juan Carlos Livraga, cuando Walsh dejó de mentirse y comprendió que Valle y Perón y la revolución y los muertos sí le interesaban. Y el fusilado que vivía, por supuesto. “No sé qué es lo que consigue atraerme en esa historia difusa, lejana, erizada de improbabilidades —escribirá—. No sé por qué pido hablar con ese hombre, por qué estoy hablando con Juan Carlos Livraga. Pero después sé. Miro esa cara, el agujero en la mejilla, el agujero más grande en la garganta, la boca quebrada y los ojos opacos donde se ha quedado flotando una sombra de muerte.
“Me siento insultado, como me sentí sin saberlo cuando oí aquel grito desgarrador detrás de la persiana. Livraga me cuenta su historia increíble; la creo en el acto. Así nace aquella investigación, este libro. La larga noche del 9 de junio vuelve sobre mí, por segunda vez me saca de ‘las suaves, tranquilas estaciones’. Ahora, durante casi un año no pensaré en otra cosa, abandonaré mi casa y mi trabajo, me llamaré Francisco Freyre, tendré una cédula falsa con ese nombre, un amigo me prestará una casa en el Tigre, durante dos meses viviré en un helado rancho de Merlo, llevaré conmigo un revólver, y a cada momento las figuras del drama volverán obsesivamente: Livraga bañado en sangre caminando por aquel interminable callejón por donde salió de la muerte, y el otro que se salvó con él disparando por el campo entre las balas, y los que se salvaron sin que él supiera, y los que no se salvaron”.
Livraga fue adonde un juez. Walsh lo acompañó. Se hizo pasar por un primo y, ante el juez, oyó parte de la historia. Que varios se habían reunido para oír por la radio la pelea de boxeo entre Eduardo Lausse y un peruano de apellido Loaiza por el título suramericano. Que gritaron, sufrieron y, al final, celebraron la victoria del argentino. Que se abrazaron, y entonces fue cuando llegaron los militares y comenzaron a repartir bolillazos y a empujar y a amenazar con pistolas y a preguntar por Tasco y por Valle. Se los llevaron en un camión a la comisaría de San Martín, Buenos Aires. Los interrogaron, y como en casi todos los interrogatorios, los asistentes escribieron lo que quisieron. La verdad de los sucesos solía terminar entre las teclas de aquellas viejas y duras máquinas de escribir, que sonaban y sonaban, tac-tac-tac, tac-tac-tac, entre el humo de decenas de cigarros, el sudor frío de los interrogados y el cinismo de los oficiales.
Entonces entró una llamada del comando superior del Ejército. El comisario Rodríguez Moreno respondió. Que el comandante Fernández Suárez daba la orden de fusilarlos. ¿Cómo?, repita, por favor. Que el teniente coronel Fernández Suárez dio la orden de fusilarlos. Rodríguez Moreno preguntó varias veces. No quería que fuera cierto lo que había oído, pero era cierto. Era terroríficamente cierto. Apenas cerró la comunicación, prendió un cigarrillo, y apenas lo apagó contra un cenicero, dándole vueltas y vueltas, llamó a sus subalternos y les ordenó que metieran a los presos en un camión. Mientras salían, uno, Livraga, o Juan Carlos Giunta, o Nicolás Carranza, cualquiera, preguntó a dónde los llevaban. Le respondieron que a La Plata. ¿Pero para qué? ¿Por qué? Silencio. Silencio y sus pasos y los empujones y el camión y otro camión detrás y el motor y la carretera y la noche y la oscuridad y los ladridos lejanos de los perros.
Silencio, más silencio y, sobre todo, miedo. Todo el miedo del mundo, porque aquellos detenidos sin razón sabían que no iban a La Plata. Lo supieron pocos minutos después de haber arrancado de la comisaría, porque iban por caminos difíciles, porque iban lento y no había carros por ninguna parte. No había gente. Luego, los fusilados que vivieron, supieron que los habían llevado al basural de José León Suárez. Livraga se lo dijo a Walsh, y Walsh fue con la periodista Enriqueta Muñiz. “Desde el principio está conmigo una muchacha que es periodista, se llama Enriqueta Muñiz, se juega entera. Es difícil hacerle justicia en unas pocas líneas. Simplemente quiero decir que si en algún lugar de este libro escribo ‘hice’, ‘fui’, ‘descubrí’, debe entenderse ‘hicimos’, ‘fuimos’, ‘descubrimos’. Algunas cosas importantes las consiguió ella sola, como los testimonios de los exiliados Tróxler, Benavídez, Gavino. En esa época el mundo no se me presentaba como una serie ordenada de garantías y seguridades, sino más bien como todo lo contrario. En Enriqueta Muñiz encontré esa seguridad, valor, inteligencia que me parecían tan rarificados a mi alrededor”.
En el basural les dieron la orden a los apresados de que se bajaran del camión. Y los obligaron a caminar, perseguidos por la luz de las farolas y los rifles de los oficiales. Caminaron y mientras caminaban, comenzaron a recibir los disparos. Algunos se voltearon. Otros corrieron. Unos más cayeron desplomados. A unos, los remataron en el piso. Todos habían sido señalados de peronistas, y ser peronista era ser el enemigo (y en el fondo, el peligro para las oligarquías, que habían vuelto al gobierno para mantener su poder y excluir a quien no fuera como ellos y, más que nada, a quien no pensara y actuara como ellos). Meses más tarde, cuando Walsh escribió lo que había ocurrido, comenzó a deambular por Buenos Aires de editorial en editorial. Nadie quería publicar aquel relato. Nadie quería enfrentar a la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu. Los periódicos de mayor tiraje jamás sacaron una línea sobre ninguna masacre. “Es cosa de reírse, a siete años de distancia, porque se pueden revisar las colecciones de los diarios, y esta historia no existió ni existe”, escribió Walsh en una de las tantas reediciones de su libro Operación Masacre.
Igual, el libro actuó, y actuó como pocos en la historia del periodismo. Actuó desde imprentas subterráneas, desde el anonimato, desde el voz a voz, desde la subversión. Se transformó en la verdad que el poder no quería que se supiera. Actuó. Se multiplicó por cientos de miles de ejemplares. Fue el primer libro de aquello que luego, diez años después, los norteamericanos llamaron periodismo literario, apropiándose del nombre, del género, de la historia, y robándose los créditos. Actuó y siguió actuando, para influir a miles de estudiantes y obreros indignados, que acudieron a la lucha y a las armas porque no encontraban otra manera de cambiar el mundo. Actuó, develó, hurgó, hirió, concientizó.
Fuente:ElEspectador

28 de abril de 2019

En la causa que investiga un infiltrado en la Agencia Walsh: Dos policías procesados por espionaje ilegal.

En la causa que investiga un infiltrado en la Agencia Walsh: Dos policías procesados por espionaje ilegal
El juez Sergio Torres procesó a Alfonso Ustares y Alejandro Sánchez, jefes de la División Análisis de la Policía Federal, por infiltrar un agente en la Agencia Rodolfo Walsh.
Foto: Américo Balbuena se hizo pasar por periodista de la Agencia Rodolfo Walsh durante doce años. 
Los llaman los “Plumas” de la Federal, son los espías civiles que esa fuerza viene infiltrando desde hace décadas en todo tipo de organizaciones del campo popular y la izquierda, como si la democracia y los derechos esenciales no existieran. A cinco años de la denuncia que originó una investigación en la Justicia Federal, el juez Sergio Torres procesó a dos de los jefes de Américo Balbuena, el agente que durante once años se hizo pasar por periodista en la Agencia Rodolfo Walsh. El juez dictó el procesamiento de sus superiores por los mismos delitos que imputó a él hace un mes: abuso de autoridad de funcionario público y violación de la ley de Inteligencia, que prohíbe el espionaje interior.
Al Pelado Balbuena lo conocían todos, parecía limitado pero hacía esfuerzos por compensarlo con lo servicial. Era el primero en llegar y el último en irse en cada acto, marcha o protesta. Sus “compañeros” de la Walsh descubrieron en abril de 2013 que no era un colega sino un policía. Les llegó el dato, en teoría a partir de una interna policial, y una vez verificado se sintieron violentados, al igual que los cronistas de la calle que se lo cruzaban a diario, y los centenares de referentes sociales que respondieron con confianza sus preguntas. Lo único que despertaba desconfianza era la puntillosidad con que tomaba notas, y algunas preguntas específicas sobre los planes y la estructura de las organizaciones.
Los policías Alfonso Ustares y Alejandro Sánchez fueron imputados por “haber ordenado, formal o informalmente, en su calidad de jefes de la División Análisis del Departamento Seguridad y Estado de la Policía Federal, que Américo Alejandro Balbuena, en su carácter de oficial de inteligencia de esa dependencia y ocultando esa condición, desarrolle tareas de inteligencia en infracción a las leyes que regulan la actuación de esa fuerza y de los organismos de inteligencia, tendientes a obtener información de distintos integrantes de organizaciones políticas, sindicales, sociales, estudiantiles y de derechos humanos, tales como la Asociación de ex Detenidos Desaparecidos, Liberpueblo, LADH, CUBa MTR, PTS, PO, FUBA, Consejo Superior de la UBA, IS, Nuevo MAS, MST, PCR y TPR”, según el escrito al que accedió PáginaI12.
“Para llevar a cabo tales tareas, Balbuena se habría valido de la función que desempeñaba como periodista en la Agencia Walsh, donde habría ingresado en 2002 aprovechándose de la relación que en el pasado había mantenido con el fundador de ese medio, Rodolfo Grinberg. Su participación le habría permitido cubrir periodísticamente una amplia agenda de actividades políticas y, en ese contexto, generar vínculos con distintos referentes y militantes de partidos políticos y organizaciones sociales y sindicales, a quienes solía interrogar para obtener datos vinculados al accionar de las agrupaciones y sus integrantes”, escribió el juez Torres.
En esta causa, iniciada por la abogada y diputada porteña Myriam Bregman (PTS-FIT), fueron víctimas los integrantes de las agrupaciones mencionadas en el auto de procesamiento. De Ustares era superintendente de Investigaciones Complejas, y ya desde 1977 trabajaba en comisarías porteñas, en tanto el comisario inspector Sánchez, jefe directo de Balbuena, fue director de Comisarías y ascendido por la ministra Patricia Bullrich a Antiterrorismo. En su indagatoria, Sánchez presentó decenas de notas de manifestaciones, actos, en las que intervenía su División de Análisis, donde muchas organizaciones le daban aviso de tal o cual movilización. Su objetivo fue mostrar que su división no espiaba, sino que eran conocidos por los que manifestaban pero Torres rechazó el argumento. Una de las pruebas más contundentes para procesarlo es una ficha patronímica que apareció en las computadoras secuestradas, donde aparece el perfil completo de un militante político, asesor en la Legislatura. Sánchez se defendió diciendo que “no sabía que Balbuena tenía como hobby el periodismo”.
“Te llamaba al celular para consultarte sobre lo que se iba a hacer, y en varias oportunidades se ofreció a concurrir a los domicilios de los compañeros”, describió Enrique Fukman, uno de los testigos. Oscar Castelnovo, que compartió la redacción con Balbuena, dijo: “Trazaba perfiles nuestros, nos dimos cuenta después, una vez puso en la agenda de la agencia una actividad de Famus, una organización de ultraderecha creada por la dictadura. Me enojé mucho y él, haciéndose el ingenuo, respondió ‘estamos en democracia’”.
La investigación determinó que hay unos mil agentes similares a Balbuena en la Policía Federal.
Envío:RL

26 de marzo de 2019

A 42 años de su muerte, destacan la vigencia del mensaje de Rodolfo Walsh.

A 42 años de su muerte, destacan la vigencia del mensaje de Rodolfo Walsh 
Mar 25, 2019

A 42 años de su asesinato a manos de la última disctadura, la figura del periodista Rodolfo Walsh fue destacada ampliamente en redes sociales por dirigentes, militantes, organizaciones gremiales y sindicales y público en general. El 25 de marzo de 1977 fue acribillado por una  un grupo de Tareas de la ESMA, un día después de enviar a las redacciones de los diarios su famosa Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar.
Mayoritariamentes, quienes lo mencionaron decidieron destacar alguna de sus frases o fragmentos de aquella Carta, que cada vez parecen tener más vigencia.
Asì fue el caso del exministro Educación de la Nación Daniel Filmus. “Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante; y el que comprendiendo no actúa, tendrá un lugar en la antología del llanto, no en la historia viva de su tierra”, posteó.
“(…) han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Fragmento de la Carta Abierta, 24.03.1977”, publicó el sindicato docente Suteba
“#HOY es el día del trabajador y la trabajadora de prensa porque en 1944 se estableció nuestro Estatuto y por el aniversario de la desaparición de Rodolfo Walsh en 1977. Abrazamos a nuestrxs compañerxs y nos vemos en cada lucha”, recoradron desde SiPreBA.
En tanto, desde cadena Telesur, decidieron repetir sus diez enunciados más poderosos:


Rodolfo Walsh es símbolo de lucha y resistencia contra la dictadura en Argentina

Hoy se conmemoran 42 años de su asesinato y te traemos 10 frases para recordar sus ideas al servicio de la transformación social http://bit.ly/2FlwaCw  🇦🇷

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Por su parte, la diputada nacional Mónica Macha (Unidada Ciudadana), remarcó “la valentía y la lucidez de Rodolfo Walsh y su denuncia al plan de la Dictadura”. La legisladora también tuiteó un párrafo de la Carta: “En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada”.
Carlos De Feo, titular de los universitarios de CONADU, eligió una parte del libro “¿Quién mató a Rosendo?”, donde se investigaba la muerte de Rosendo García, un dirigente de la UOM: “Ese silencio de arriba no me importa demasiado. Tanto en aquella oportunidad como en ésta me dirigí a los lectores de más abajo, a los más desconocidos. Aquello no se olvidó, y esto tampoco se olvidará”.
“Hoy a las 17 horas caminamos hacia la última casa de Rodolfo Walsh en San Vicente, donde escribió la Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar. Militamos para que sea un sitio de memoria”, avisaron desde HIJOS Provincia.
La diputada provincial Florencia Saintout, jefa del bloque de Unidad Ciudadana, consideró que “hoy más que nunca, en un contexto tan complejo de saqueo, espionaje y burdas operaciones recordamos al periodista y militante Rodolfo Walsh”.

Fuente:Contexto

23 de noviembre de 2018

Proponen recuperar casa de Walsh en San Vicente y un exCentro clandestino de detención en Tigre.

21/11/2018
Proponen recuperar casa de Walsh en San Vicente y un exCentro clandestino de detención en Tigre 
La comisión de Tierras y Organización Territorial de la Cámara de Diputados bonaerense aprobó un proyecto que propone crear la Casa de la Memoria Rodolfo Walsh, en San Vicente. Otra iniciativa propone declarar monumento histórico provincial y patrimonio cultural al exCentro Clandestino de detención El Quincho en Tigre.
El presidente de la comisión de Tierras y Organización Territorial, Lauro Grande, destacó dos proyectos de su par, Miguel Funes, que obtuvieron despacho favorable. El primero declara "bien de interés histórico cultural y de utilidad pública" una propiedad de la localidad de San Vicente, "con destino a la Casa de la Memoria Rodolfo Walsh".

Al respecto, Grande remarcó que fue "muy pedido por los organismos de Derechos Humanos que funcionan en San Vicente" y explicó que se trata de "una casa que era de Rodolfo Walsh donde se quiere recordar su historia y su vida".

La segunda iniciativa parlamentaria declara "monumento histórico provincial y patrimonio cultural el inmueble donde funcionó el Centro Clandestino de Detención conocido como El Quincho".

En este caso, el proyecto se refiere a una edificación ubicada dentro del predio de la planta automotriz perteneciente a Ford Argentina S.A., en la localidad de General Pacheco, partido de Tigre. 
Fuente:LaNoticia1.com

9 de enero de 2018

UN DÍA COMO HOY NACÍA RODOLFO WALSH.

martes 09 de Enero de 2018 
Un día como hoy nacía Rodolfo Walsh
odolfo Walsh nació en Lamarque, Río Negro, un día como hoy de 1927 y fue desaparecido por la última dictadura argentina en Buenos Aires, el 25 de marzo de 1977. Fue periodista, escritor y traductor argentino. Es un pionero en la escritura de novelas testimoniales como Operación Masacre –considerada como la primera novela de no ficción– y ¿Quién mató a Rosendo?, aunque también sobresalió como escritor de ficción.
Fuente:DiarioUnoMdza.

25 de marzo de 2013

LILIA FERREYRA, LA COMPAñERA DE WALSH, EN EL ANIVERSARIO DE SU ASESINATO.


LILIA FERREYRA, LA COMPAñERA DE WALSH, EN EL ANIVERSARIO DE SU ASESINATO
“Su memoria se fue agigantando”
El escritor y periodista fue asesinado y desaparecido el 25 de marzo de 1977. Aquí, Lilia Ferreyra repasa su figura, analiza el proceso por el cual se convirtió en un símbolo y define la trascendencia de la emblemática Carta Abierta a la Junta Militar.
Por Lila Pastoriza
“La Carta es también producto de un trabajo colectivo”, dice Lilia Ferreyra.
“Pocos días antes de su asesinato, Rodolfo me dijo que si llegaba a ser secuestrado a los represores no les resultaría fácil desaparecerlo para siempre porque creía que ‘algunas cosas buenas’ había hecho en su vida. Y tenía razón. Han pasado ya 36 años y su memoria se ha ido agigantando, como también la de los miles de desaparecidos a quienes no pudieron borrar de la memoria colectiva”, explica Lilia Ferreyra, en una entrevista a propósito del 36º aniversario del asesinato y desaparición de Rodolfo Walsh, ocurridos el 25 de marzo de 1977.

–Cuando Rodolfo aludía a aquellas “cosas buenas”, ¿en qué creés que pensaba?
–Indudablemente él pensaba en las investigaciones, como la del Caso Satanowsky, Operación Masacre, ¿Quién mató a Rosendo?, en su trabajo militante en el periódico CGT y en el diario Noticias y también en su tarea estrictamente literaria, de ficción, como sus cuentos, sus obras de teatro, todas profundamente arraigadas en la historia de la época en que vivió. Y entre esas cosas buenas también está todo lo que escribió en los últimos meses de su vida... Además de Cadena Informativa, además de Ancla, Rodolfo fue escribiendo entonces los sucesivos borradores de lo que fue su “Carta Abierta a la Junta Militar”. Y también los denominados “documentos críticos” –reflexiones y propuestas internas de la organización Montoneros dirigidas a su conducción– en los que manifestaba cuestionamientos a su línea política. Hacia fines de 1976, Rodolfo sostenía que el proyecto político de Montoneros estaba derrotado, que era fundamental tratar de preservar la vida de la mayor cantidad de compañeros y, además, redefinir en términos casi absolutos el “hacer” de la “organización”. Esto, en líneas generales, es el contenido de los “documentos críticos”, cuya difusión fue un aporte importantísimo: porque aunque la conducción de la Montoneros no los tomó en cuenta, sí lo hizo la memoria colectiva en la medida en que de distintos modos se fueron difundiendo.

–Decías que, en el caso Walsh, su memoria se ha ido agigantando. ¿Cómo se ha dado ese proceso?
–Creo que no es un hecho casual, sino producto del trabajo realizado a lo largo de estos años de nuestra historia para recuperar y editar su obra y hacer conocer su vida. Ha sido un muy rico trabajo de construcción de la memoria. Pero quiero señalar que también ha generado algunas confusiones que es necesario aclarar para que, como creo, la memoria sea fiel a los hechos y a su obra. Un ejemplo es la afirmación de que a Rodolfo lo mataron por haber escrito la “Carta Abierta a la Junta Militar”, tema que siempre he tratado de aclarar y de mencionar (no sólo yo sino también sus amigos y compañeros de esa época). Sin embargo, es curioso cómo puede subsistir el error, lo cual requiere aclarar permanentemente estas distorsiones que también pueden producirse cuando, con el paso del tiempo, la memoria se traslada a nuevas generaciones. Aún hoy es frecuente escuchar la explicación de lo sucedido basada en la escritura de la Carta. Yo creo que, entre otras razones, también responde a una concepción vigente en determinados sectores de despolitizarlo. Es decir, de no reconocer que Rodolfo Walsh, además de escritor y periodista fue militante revolucionario. Y que la Carta, si bien lleva su firma, es también producto de un trabajo colectivo. Y que la fue escribiendo como militante montonero.

–Como a los “documentos críticos” que mencionabas antes y que fueron recuperados...
–Sí, esos documentos estaban en nuestra casita de San Vicente, donde fueron secuestrados por la Marina junto con otros textos inéditos. Han pasado ya más de tres décadas desde entonces y podemos decir que en parte se ha hecho justicia sobre los responsables del asesinato de Rodolfo, que han sido (aunque no todos) condenados a prisión perpetua. El hecho de que haya actuado la Justicia y existan estos fallos es otro de los logros de la lucha colectiva contra la impunidad. Aun así, hay un tema pendiente: el relativo a esos escritos inéditos que nunca aparecieron. Los que sí están, y que mencionaba antes, fueron recuperados de una manera un tanto novelesca: a fines de 1978, unos días después de llegar yo a la Ciudad de México, me entero a través del escritor Mario Benedetti de que esos papeles se encontraban en Cuba, en la Casa de la Américas, adonde los habían llevado anónimamente en un paquete. Al poco tiempo recibí ese material: eran los escritos internos de Rodolfo a la conducción de Montoneros, que reproducían los originales sacados de mi casa. Más adelante, otros compañeros los publicaron en un folleto, “Los Papeles de Walsh”, que tuvo bastante difusión. No advirtieron entonces que uno de los documentos –“Observaciones sobre el documento del Consejo del 11/11/1976”– no había sido escrito por Rodolfo sino por Horacio Verbitsky. Se trata de otra de las confusiones ya mencionadas, de un error que aunque en varias oportunidades se intentó aclarar, hasta hoy subsiste (por ejemplo, uno de sus párrafos aparece como cita de Walsh en la nota “Los verdaderos cómplices de la dictadura” (Infobae, 17/03/2013). Así y todo, en casos como éste, la confusión no es inocente y se la utiliza para desacreditar a sus compañeros de militancia. Por otro lado, en los textos escritos por Verbitsky que se atribuyen a Rodolfo, pienso que más allá de las dificultades propias de la recuperación de materiales clandestinos, también tiene que ver con que Rodolfo y Horacio conformaban una suerte de tándem en cuanto al compromiso político en proyectos periodísticos como el diario CGT y Noticias, es decir que había ya una línea respecto de contenidos y de escritura que facilitaba confundirlos.

–Una situación similar se da también con otro documento redactado por Horacio Verbitsky que se atribuye frecuentemente a Walsh, “ESMA – Historia de la guerra sucia en la Argentina”, un texto difundido clandestinamente en octubre de 1976 con información valiosísima aportada en buena medida por el soldado conscripto Sergio Tarnopolsky y el ex guardiamarina Mario Galli, ambos asesinados. Verbitsky lo incluyó en el libro Rodolfo Walsh y la Prensa Clandestina, 1976-78, junto con numerosos materiales de esa experiencia colectiva impulsada por Walsh...
–Precisamente, por pudor, porque era el primer libro que se editaba sobre Rodolfo y porque el objetivo era resaltar su rol en la prensa clandestina, Horacio incluye su trabajo sobre la ESMA, como también su ensayo sobre San Martín, sin su firma. Y así se va construyendo esta confusión. Creo que, retomando lo que antes decía yo sobre la necesidad de coherencia en la memoria y la historia, es necesario definir claramente la autoría de textos que han sido y son de importancia para el conocimiento y profundización de lo que significaron los años 70 en nuestros países.

–Entre toda la obra de Rodolfo Walsh, la “Carta Abierta a la Junta Militar” quizá sea el texto suyo que está más presente en cada argentino que lo evoque. ¿Cómo lo explicás?
–La Carta es un documento emblemático contemporáneo de los hechos que denuncia. Es un “retrato” que cala muy hondo en lo que significó la dictadura cívico-militar en el país y en las consecuencias sobre la población. Y es emblemático porque, además, toma los tres ejes fundamentales en que se basó el terrorismo de Estado: la represión sin límites, el golpe militar y la destrucción de la democracia (recordemos que ocho meses después había elecciones) y fundamentalmente el proyecto económico que hacía necesaria la represión y el golpe de Estado. La Carta tiene tanta vigencia por todo eso y porque es irrefutable. Cada línea, cada palabra, están sustentadas en su profunda ética conceptual y en el rigor de sus investigaciones.
Fuente:Pagina12