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10 de noviembre de 2023

Lesa Humanidad: "Ni errores ni excesos, en Argentina hubo un genocidio".

 

Pedidos de penas y alegato fiscal por la Masacre de Luján

Lesa Humanidad: "Ni errores ni excesos, en Argentina hubo un genocidio"

Querellas y Ministerio Público Fiscal pidieron penas máximas en San Martín por el fusilamiento de militantes de Montoneros. La fiscal Gabriela Sosti acentuó el impacto de los juicios en el presente.

Por Aili Bullentini

El Ministerio Público Fiscal y las querellas particulares en el juicio que se sigue por la Masacre de Río Luján solicitaron al Tribunal Oral Federal 3 de San Martín que condene a los policías bonaerenses retirados Hermes Acuña y Samuel Bunge Diamante por su responsabilidad en el homicidio calificado y posterior encubrimiento de Carlos Lagrutta, Carlos Molinas Benuzzi, Carlos Tuda, Luis Bocco y Guillermo Rodríguez --todos ellos militantes de Montoneros. Para Acuña, quien participó del operativo antisubversivo, la fiscal Gabriela Sosti y las querellas de las familias de algunas víctimas pidieron pena de prisión perpetua. Para Bunge Diamante, quien estuvo a cargo del sumario que registró las muertes y evitó su investigación, el pedido fue de seis años de encierro, la máxima para el delito atribuido. Los militantes fueron fusilados en un operativo policial que los sorprendió mientras trasladaban un camión con granos que habían robado en la madrugada del 12 de abril de 1975. Se habían entregado a las fuerzas, y aún así fueron acribillados.

En abril de 1975 Montoneros planificaba un operativo militante: “Desapoderar un camión de transporte de cereal de los que pasaban con frecuencia por la Ruta 9”, apuntó Sosti en la introducción del hecho en juicio desde el 13 de septiembre. A aquella acción, estuvieron abocados las víctimas del debate oral y público, dos sobrevivientes –Alberto Badino y Antonio Fernández– y varies militantes que no actuaron aquella madrugada, pero participaron de la preparación. Sosti culminó su alegato hace dos semanas; en la audiencia de ayer lo hicieron la querella del Comité para la Defensa de la Salud, la Ética y los Derechos Humanos (Codesedh) y la que representa a la familia Bocco, una de las víctimas. El análisis y las penas solicitadas descansaron en el alegato fiscal. 

La acción militante

La reconstrucción del operativo militante fue posible gracias al relato de los sobrevivientes Badino y Fernández –ninguno llegó con vida al juicio oral. En su alegato, Sosti se basó en los testimonios que ofrecieron en instancias preliminares, incluso en el juicio por la Megacausa de Campo de Mayo. El grupo de Montoneros planificó detalladamente la acción. Primero robaron dos Ford Falcon, uno verde y otro rojo. Al rojo lo simularon a modo de patrullero, con ayuda de compañeras de los militantes que actuaron la madrugada de abril. Con esos vehículos robaron un camión de girasol que conducía Pedro Ortiz por la Ruta 9, a la altura de Otamendi, y lo desviaron por la Ruta 4. De allí volvieron a desviarse para tomar un camino más oscuro y a resguardo, rumbo a Paraje Río Luján. Allí los emboscó la Policía. Venían en tres autos civiles, con una decena de personal de civil fuertemente armado.

Se tirotearon un rato y los militantes se rindieron cuando vieron que la mayoría estaban heridos. Cesaron los disparos; Badino y Fernández pudieron escapar. El resto no. Cuando los efectivos los tuvieron a mano, los fusilaron. Se concretaba la Masacre del Río Luján.

“La irrupción de la Policía no fue sorpresiva ni fruto del azar: fue producto de la inteligencia de la fuerza. Los militantes estaban fichados, eran perseguidos desde hacía años”, apuntó Sosti durante el alegato transmitido por el canal comunitario La Retaguardia. La fiscal remarcó que el “aparato represor de la policía tuvo un rol protagónico en los tiempos previos” al golpe del 24 de marzo de 1976. Las cinco víctimas y el resto de los militantes estaban “fichados” en la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), que trabaja en coordinación con el Batallón de Inteligencia 601 del Ejército. “Sabían todo lo que hacían los militantes, el sistema de Inteligencia estaba aceitado”, remarcó la fiscal.

Los acusados

El operativo policial que dio con el robo del camión de girasol estuvo comandado por la Unidad Regional bonaerense de Tigre, cabeza de las 12 comisarías que entonces funcionaban en zona norte. Entre ellas, la de Campana, cuyos funcionarios fueron importantes a la hora de encubrir los hechos. De los 11 policías involucrados, solo dos llegaron a juicio: Hermes Acuña, por entonces oficial subinspector de la Unidad Regional de Tigre, y Samuel Bunge Diamante, oficial principal de la Comisaría de Campana.

El primero participó del operativo. Para él, Sosti solicitó la pena de prisión perpetua. El segundo estuvo a cargo del expediente que recogió sus consecuencias y las encubrió. Tomó nota de los hechos, tomó declaraciones a los policías involucrados, citó autopsias –en las que se aclaraba que los cuerpos de los militantes tenían impactos de bala en la garganta, en las axilas, en el hígado, en la cabeza– y concluyó que las víctimas habían muerto durante el enfrentamiento, hechos que no debían ser investigados. Se lo acusó de dejar de comunicar a la autoridad sobre la comisión de un delito y de falsificación ideológica de documento público, delitos por los que el máximo de la pena prevista es de seis años. Eso solicitó la fiscal.

Los juicios de lesa y el presente

La fiscal se permitió introducir su alegato con una mención a la importancia de los juicios de lesa humanidad en el marco de la discusión política en el país. "Estos juicios atraviesan la historia, nos impulsan a contarla, tal vez hoy más que nunca" para "entender cuáles fueron las razones del genocidio y sus estadíos preparatorios" lo que "debería ser una alerta" que evidencie que lo que sucedió "cada vez que en nuestro país se impulsaron las ideas de rediseño como el que se impuso gracias a ese exterminio".

"Argentina era un país con casi pleno empleo, pujante industria nacional y una red de pymes que daban cuenta de más del 60 por ciento del empleo, vinculado al mercado interno. Todo eso quedó destrozado" tras el terror de la dictadura: "Más de 20 mil fábricas cerraron en dictadura. Recesión, inflación, desnacionalización de la economía, toma de deuda externa, produjeron una transferencia obscena de riqueza de toda la sociedad a sectores monopólicos".

Además, estos debates sirven para "poner en evidencia el peligro extremo de discursos que proponen la eliminación del enemigo, que intoxican el tejido social y habilitan el pasaje de la violencia simbólica a la violencia real". "No deberíamos ser indiferentes", insistió Sosti, en lo que sucede por estos tiempos cuando "se reivindica el genocidio en la Argentina. Esto no debería pasar".

Por último destacó "el rol de la justicia poniendo luz sobre aquellos tiempos de extrema ilegalidad y castigando esa extrema criminalidad, la del Estado contra su pueblo". Aquello "debe seguir siendo un faro, un límite tajante, clasurante, definitivo" a cualquier intento negacionista y apologista del terrorismo de Estado. "En Argentina no hubo una guerra, ni errores ni excesos, hubo un genocidio que aún hace sentir las consecuencias de sus destrozos. Nunca más es nunca más. El pasado está vivo en nuestro presente", concluyó. 

Fuente:Pagina12




21 de septiembre de 2023

Comenzó el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Masacre de Río Luján.

 CINCO MIEMBROS DE MONTONEROS FUSILADOS EN ESTADO DE INDEFENSIÓN

Comenzó el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la Masacre de Río Luján

20 SEPTIEMBRE, 2023

A instancias del TOF 3 de San Martín, el miércoles 13 comenzaron a juzgarse los hechos ocurridos entre el 11 y el 12 de abril de 1975, cuando siete militantes de Montoneros se trasladaban en dos autos y un camión con cereal por la zona de Ruta Nacional 9 y Ruta Provincial 4 de Campana. Tras ser reducidos con una balacera por parte de una numerosa comisión policial, dos de los militantes lograron huir pero otros cinco terminaron siendo fusilados en el lugar. El primer testimonio en el juicio fue el de Juan Manuel Aolita, referente de la APDH en la zona norte bonaerense y uno de los autores de un minucioso informe sobre la represión y desapariciones forzadas entre 1974 y el 24 de marzo de 1976. Para esta causa la CPM presentó valiosa documentación de la DIPPBA.

ANDAR en la Justicia

(Agencia) Semanas antes de la Masacre de Río Luján había ocurrido el Villazo, un amplio operativo represivo que comenzó en la ciudad de Villa Constitución, Santa Fe, y en otras ciudades del norte bonaerense del que resultaron detenidos ilegalmente centenares de trabajadores fabriles con la complicidad de las patronales.

Por el fuerte reclamo de sindicatos, legisladores y organizaciones civiles casi la mitad de las personas detenidas fueron rápidamente liberadas pero el hecho se constituyó en un preanuncio de las acciones represivas que se desarrollarían antes del golpe del 24 de marzo de 1976.

Ese escenario se consolidó con la articulación y coordinación de las distintas agencias de inteligencia que operaban en la región sur de Santa Fe y norte de Buenos Aires, de las cuales la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA) ejerció un rol central.

Respecto a lo que terminaría conociéndose como la Masacre de Río Luján, fue la DIPPBA la que obtuvo la información sobre la “expropiación” de un camión que llevaría a cabo un grupo de Montoneros en la zona de Campana. Y en base a esa información se ejecutó el brutal operativo sobre la Ruta Provincial 4 en el que cinco personas fueron fusiladas a corta distancia y a pesar de que las víctimas gritaban su rendición con las manos en alto.

Las circunstancias y las responsabilidades penales de esos fusilamientos y el posterior encubrimiento es lo que comenzó a juzgarse el miércoles 13 de septiembre a instancias del Tribunal Oral Federal 3 de San Martín, integrado por los jueces Esteban Rodríguez Eggers, Nada Flores Vega y Matías Mancini.

A esta instancia llegan solo dos de los once imputados que tuvo la causa desde el comienzo: uno es el ex oficial subinspector de la Unidad Regional Tigre de la Policía Bonaerense, Hermes Acuña, por el delito de homicidio doblemente agravado con alevosía y con el concurso premeditado de dos o más personas con respecto a las cinco víctimas fusiladas.

El otro es el ex oficial principal de la comisaría de Campana, Samuel Bunge Diamante, procesado por encubrimiento “por dejar de comunicar a la autoridad las noticias que tuviere acerca de la comisión de algún delito cuando estuviere obligado a hacerlo por su profesión o empleo”, en concurso ideal con falsedad ideológica de documento público.

En cuanto a las víctimas, se tratarán los casos de Carlos Fernando Lagrutta, Carlos Pablo Molinas Benuzzi, Carlos Alberto Tuda, Luis Arnaldo Oscar Bocco y Guillermo Adelio Rodríguez, fusilados por la numerosa comisión policial –integrada por personal de distintas comisarías de la región- a pesar de que gritaban su rendición con las manos en alto desde el piso.

Ninguno de los imputados accedió a hacer uso del derecho de defensa personal en juicio, por lo que ya en la jornada de este miércoles 13, la de apertura del juicio, se produjo la primera declaración testimonial a cargo de Juan Manuel Aolita, presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de Zárate, que realizó una minuciosa descripción sobre las características y alcance de la represión en la zona norte de la provincia entre 1974 y el 24 de marzo de 1976.

“Como organización de derechos humanos, hicimos público el documento que ya hace unos años presentamos ante el Juzgado Federal de Campana y que pretende dar un rango de sistematicidad a los casos de víctimas de terrorismo de estado y represión antes del 24 de marzo de 1976 en el partido de Zárate. Es una zona de gran actividad productiva y fabril desde hace más de un siglo y con una gran tradición de actividad gremial, política y sectorial desde el movimiento obrero”, comenzó el testigo de concepto.

“En los dos años previos al golpe hubo una simultaneidad en el accionar de fuerzas de seguridad y militares, por lo que consideramos importante reconstruir esa coordinación. Nuestro informe fue incorporado y valorado por el Juzgado Federal de Campana que instruyó esta causa”, agregó.

Fuente:Andar


15 de septiembre de 2023

Comenzó el juicio por la Masacre de Río Luján.

 

Una de las víctimas era el padre biológico de Cecilia Todesca Bocco

Comenzó el juicio por la Masacre de Río Luján

Por Ailin Bullentini

Diez años después de haber comenzado la causa y a un año y medio de que se diera por terminada, el Tribunal Oral Federal número 3 de San Martín comenzó a juzgar hoy a los policías bonaerenses retirados Hermes Acuña y Samuel Bunge Diamante por el fusilamiento de cinco militantes de Montoneros en abril de 1975 y su encubrimiento, hechos que “formaron parte de ese ataque generalizado y sistemático contra la población civil que, con mayor escala, se desplegara” a partir del 24 de marzo de 1976. Los militantes, entre los que se encontraba el padre biológico de la exvicejefa de Gabinete nacional y actual secretaria de Relaciones Internacionales de la Cancillería argentina, Cecilia Todesca Bocco.

La jornada, encabezada por el presidente del tribunal, Esteban Rodríguez Eggers, y acompañada por sus colegas Nada Flores Vega y Matías Mancini, avanzó en la lectura de los cargos, la indagatoria de los imputados, que se negaron a hablar, y el testimonio del primer testigo del debate, el referente de la APDH de Zárate Juan Manuel Aolita, que aportó información de contexto sobre la represión ilegal desplegada en la zona donde ocurrió la Masacre desde 1974 y durante el golpe de Estado.

En 2013, Alberto Badino contactó a Pablo Llonto, ya por entonces conocido abogado representante de sobrevivientes y familiares de detenides, desaparecides y asesinades durante la dictadura cívico militar. Eran tiempos en los que el avance de los juicios de lesa humanidad animaba a recordar y salir a buscar justicia y verdad. Y Badino quería eso en relación con su historia y la de sus compañeros de militancia cuyo asesinato no estaba así registrada en expedientes judiciales. Tampoco había responsables adjudicados.

Así, dio el primer paso y radicó la denuncia, que fue ampliada por Antonio Fernández. Ambos eran sobrevivientes de la Masacre del Río Luján, hecho que desde este jueves comenzó a ser revisado en juicio oral. Un juicio oral que Badino no llegó a presenciar: falleció antes.

Una masacre

Hasta entonces, los registros oficiales contaban que Carlos Lagrutta, Carlos Molinas Benuzzi, Carlos Tuda, Luis Bocco y Guillermo Rodríguez habían muerto en el marco de un enfrentamiento con la policía bonaerense en las inmediaciones del partido de Campana la madrugada del 12 de abril de 1975. Una causa judicial abierta el 14 de abril de aquel año con el presunto objetivo de investigar esas muertes culminó, en realidad, en su encubrimiento y el sobreseimiento de los responsables: una decena de policías que interceptaron al grupo de miembros de la agrupación Montoneros mientras llevaban a cabo una acción militante y los fusilaron.

La noche del 11 de abril de 1975, la célula de Montoneros integrada por aquellos cinco hombres más Alberto Badino y Antonio Fernández pusieron en marcha una de sus acciones militantes que pergeñar por aquellos tiempos. Primero robaron dos Ford Falcon. Se dividieron en esos dos vehículos y robaron un camión cargado de girasol. La operación sucedió en la ruta 9, a la altura de la localidad bonaerense de Otamendi.

El relato de Badino y Fernández detalló como fueron los hechos. El grupo bajó del Mercedes Benz 1114 a Pedro Ortiz, el conductor, y lo pasaron a uno de los Falcon. Lo reemplazó al volante Badino. Salieron de la Ruta 9 a la altura de la Ruta 4. Hicieron unos 500 metros y volvieron a desviarse hasta tomar una calle de tierra que corría en paralelo a la 4 rumbo a Paraje Río Luján, pero estaba más oscura, escondida, campo traviesa. A unos 100 metros, Badino detuvo el camión para desacoplarlo y continuar camino. Entonces fue que los iluminaron unos focos vehiculares desde la ruta 4. Badino calculó que eran por lo menos tres autos civiles Los habían estado siguiendo o los estaban esperando allí. Como sea, los habían descubierto.

Comenzó el tiroteo. Por la potencia de los disparos, Badino supo que quienes disparaban en su contra tenían armas largas automáticas, “mucho más potentes de las que tenía su grupo”, se aclaró en el auto de elevación a juicio que fue leído durante la jornada de apertura del debate. Varios de sus compañeros resultaron heridos. Badino declaró que uno de sus compañeros, “abatido en el piso le dijo ‘estamos todos heridos, nos vamos a rendir’” y que él contestó: “Yo estoy bien, me voy”. Huyó junto con Fernández, que estaba lastimado en un pie, pero podía caminar. “Alto al fuego, nos rendimos”, gritaron los que quedaron. Varias veces. A lo lejos, oyó varios disparos y las luces de un fogonazo. Entonces supo que los habían fusilado.

La instrucción determinó, efectivamente, que los militantes se encontraban “indefensos, ya habían depuesto sus armas” y aún así fueron fusilados”.

El encubrimiento

El 14 de abril de 1975 se inició un expediente para investigar las muertes de aquella madrugada anterior, que tramitó ante el Juzgado Federal de San Nicolás, con la colaboración de la Comisaria de Campana. El resultado procesal fue el

sobreseimiento definitivo de de los policías que participaron del operativo. Los efectivos, integrantes de tres comisiones policiales y provenientes de diferentes distritos, eran los siguientes: Ramón Becerra, Víctor Quiroz, Rubén Vecces, Hermes Acuña, Silvano Lima, Oscar Leguizamón, Carlos Leguizamón, Celestino Ruiz Díaz, Juan Carlos Santillán, Juan Ramón Costa y Raúl Romano. Y se cerró.

En el desarrollo y la ejecución de esa investigación --que contó incluso con el testimonio del chofer del camión, Ortiz– estuvieron involucrados otros tres policías: el titular de la Comisaría de Campana Juan Pedro Ruseckaite, que "dirigió” el sumario en coordinación con el médico policial Carlos Quetglaz y el oficial principal Samuel Bunge Diamante.

La impunidad biológica

La instrucción de lesa humanidad, que avanzó tres décadas después– verificó “la existencia de una actuación coordinada para ocultar la realidad de cómo ocurrieron las muertes”. Para este momento, de los 11 policías involucrados en los fusilamientos y los otros tres en el encubrimiento, solo vivían cuatro. En septiembre de 2021 el juez federal Adrián González Charvay procesó con prisión preventiva a Acuña – que era efectivo de Escobar, vinculado con Luis Abelardo Patti– y Carlos Urbano Leguizamón por considerarlos responsables de los homicidios, y a Bunge Diamante por el encubrimiento. Santillán no pudo ser procesado por incapacidad. El resto estaban todos muertos. Desde entonces hasta este jueves, Leguizamón también falleció.

Fuente:Pagina12


7 de mayo de 2022

Tres represores van a juicio por la Masacre del Río Luján.

 

El crimen de militantes de Montoneros en 1975

Tres represores van a juicio por la Masacre del Río Luján

El juez federal de Campana, Adrián González Charvay, envió a juicio oral a tres acusados por el asesinato de cinco militantes de Montoneros en 1975, un hecho que se conoce como la "Masacre del Río Luján" y fue declarado imprescriptible por tratarse de crímenes de lesa humanidad.

Los procesados son dos expolicías detenidos con prisión preventiva bajo arresto domiciliario, Hermes Vicente Acuña y Carlos Urbano Leguizamón y un tercero, Samuel Bunge Diamante, acusado de supuesto encubrimiento. Todos serán juzgados por el Tribunal Oral Federal de San Martín 3.

González Charvay dio por cerrada la investigación y envió la causa a juicio oral por lo ocurrido el 12 de abril del 75, cuando según la causa policías bonaerenses asesinaron a Carlos Lagrutta, Carlos Benuzzi, Carlos Tuda, Luis Bocco y Guillermo Rodríguez.

Los hechos ocurrieron tras el robo de un camión Mercedes Benz por parte de los militantes montoneros, luego de lo cual fueron interceptados por policías que realizaban controles vehiculares a la altura de la localidad bonaerense de Zárate. Eran efectivos de las comisarías de General Sarmiento y de Escobar, quienes según la acusación asesinaron a las víctimas en un descampado, cuando estaban indefensas y ya se habían entregado.

Además de los procesados, en los hechos intervinieron otros 9 policías bonaerenses de los cuales ocho murieron y uno fue declarado incapaz.

Durante la investigación se determinó que hubo una "coordinación" para ocultar los hechos en base al análisis de las autopsias que se hicieron en 1975 por parte del Cuerpo Médico Forense y la Dirección de Criminalística y Estudios Forenses de Gendarmería.

Además, el juzgado ordenó exhumar los restos óseos de tres de las víctimas: Bocco, Rodríguez y Molinas Benuzzi, para un peritaje realizadao por el Cuerpo Médico Forense y del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

Los dos detenidos serán juzgados por "homicidio doblemente agravado con alevosía y con el concurso premeditado de dos o más personas en cinco hechos". El tercer acusado, procesado sin prisión preventiva, exoficial principal de la comisaría de Campana al momento de los hechos, será juzgado “por dejar de comunicar a la autoridad las noticias que tuviere acerca de la comisión de algún delito cuando estuviere obligado a hacerlo por su profesión o empleo”.

Fuente:Pagina12