Mostrando entradas con la etiqueta Juicio Crímenes Pozo de Quilmes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juicio Crímenes Pozo de Quilmes. Mostrar todas las entradas

18 de marzo de 2022

Continúa el juicio contra represores por el ex Pozo de Quilmes.

 17 MARZO 2022

Continúa el juicio contra represores por el ex Pozo de Quilmes

Un familiar de tres desaparecidos declaró en el juicio que se sigue contra 17 represores, entre ellos Miguel Etchecolatz, y recordó que aún debe buscarse a Clara Anahí Mariani, la nieta de la Abuela de Plaza de Mayo María Isabel "Chicha" Mariani, que fue apropiada a los tres meses de vida tras atacar la casa donde vivía y asesinar a su madre.

 

Se trata de Martín Cañas, quien declaró en la última audiencia ante el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata, que investiga los crímenes de lesa humanidad cometidos por 17 represores contra casi 500 víctimas secuestradas en los excentros clandestinos de detención conocidos como Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y El Infierno, de Lanús, entre ellas 18 mujeres embarazadas que dieron a luz en cautiverio.

 

"Quiero recordar que todavía no pudimos encontrar a Clara Anahí Mariani cuya búsqueda inspiró una investigación que realicé junto a su abuela Chicha Mariani y pienso exponer hoy", expresó Cañas, que declaró por el secuestro y desaparición de su hermano Santiago "Tito" Cañas, compañero de militancia de Daniel Mariani, padre de Clara Anahí, quien estuvo cautivo en el Pozo de Banfield.

 

"Su secuestro fue producto de la afrenta que fue para la dictadura y los mandamases la interferencia televisiva a la pelea de boxeo entre el femicida Carlos Monzón y el colombiano Rodrigo Valdez, cuando emitieron una proclama que decía que Montoneros estaba presente en los barrios", relató.

 

Esa interferencia televisiva a los canales de TV 2 y 13 se concretó el 30 de julio de 1977; tras lo cual el 1 de agosto las fuerzas represivas asesinan a Daniel Mariani y el 2 de agosto de ese año interceptan a "Tito" en una calle de la periferia de La Plata.

 

"Al parecer cuando lo van a detener toma una pastilla de cianuro pero le hacen un lavado de estómago y se lo llevan. Estuvo en la Brigada de La Plata y en el Pozo de Banfield", precisó. Hasta el momento Santiago Cañas continúa desaparecido.

 

Cañas contó que el 3 de agosto irrumpen militares en la casa de su madre, María Angélica Blancá de Cañas y la asesinan a balazos, junto a su hija María Carmen Cañas.

 

En la vivienda estaba el hijo de 18 meses de María del Carmen y otro menor, a quienes la familia Cañas logró recuperar a fines de 1977 en la Casa Cuna, constatando que al sobrino de Martín ya le habían cambiado de nombre: ya no era Ernesto sino Cristian.

 

"Con Chicha (Mariani) comenzamos a investigar lo que había pasado con Daniel y con Santiago. Y vimos que la represión había realizado a fines de 1976 tres ataques a tres casas emblemáticas: en una de ellas se hacían los DNI (que necesitaba la organización Montoneros), en otra funcionaba un taller y la tercera era la casa prensa (en alusión a la casa de Daniel Mariani donde funcionaba la imprenta de la publicación Evita Montonera)", detalló.

 

Los tres ataques "tienen elementos comunes: el primero que actuaron fuerzas conjuntas militares, policiales y civiles, patota de civiles; segundo que tuvieron mucha espectacularidad porque buscaban de esa forma disciplinar a la gente y tercero, que todo terminaba con un gran incendio para borrar huellas y que en las tres viviendas había presencia de niños. De la casa prensa se apropiaron de Clara Anahí", según explicó.

 

También declaró durante esta audiencia, Mónica Huchanski, hermana de Patricia Huchanski, secuestrada en febrero de 1977 y quien fue vista en "la Brigada de Investigaciones de La Plata", "Destacamento de Arana", "Comisaría 5ta" de La Plata y en "Pozo de Banfield"., permaneciendo actualmente desaparecida.

 

"A Patricia se la llevaron de la casa, a las 11 de la mañana, estaba tomando mate con un matrimonio y entraron armados y se la llevaron junto a esa otra pareja. Mi hermana gritaba “a los nenes, no, a los nenes no" y los dejaron en casa de un vecino, no se los llevaron", precisó.

 

La mujer recordó unas palabras que expresó su madre, ya fallecida, cuando debió declarar en otro juicio de lesa humanidad "mi mamá dijo yo vengo trayendo agujero, un agujero irreparable y sueños. Y en este juicio sueño que ustedes algún día me entreguen tanta justicia como tanta verdad se ha depositado acá. Y yo agrego que quiero que se hagan efectivas las condenas que se apliquen, que estén presos (los represores)".

Fuente:DataDigital

23 de febrero de 2022

DECLARARON DOS TESTIGOS POR DESAPARECIDOS QUE ESTUVIERON EN EL POZO DE QUILMES.

 

DECLARARON DOS TESTIGOS POR DESAPARECIDOS QUE ESTUVIERON EN EL POZO DE QUILMES

SE TRATA DE ROBERTO TEDOLDI, COMPAÑERO DE TRABAJO Y MILITANCIA DE ALFREDO PATIÑO, Y SERGIO MALY, HIJO DEL SOBREVIVIENTE ALBERTO MALY.

En la audiencia 56 del Juicio Brigadas declararon Roberto Tedoldi, por la desaparición de Alfredo Patiño, y Sergio Maly, hijo del sobreviviente Alberto Maly. Ambos detenidos estuvieron en el Pozo de Quilmes, uno de los centros clandestinos de detención y exterminio que forman parte de esta causa. Sergio, además, contó su detención en Campo de Mayo.

Roberto Tedoldi declaró como testigo por Alfredo Patiño, con quien trabajaba en la fábrica SIAT. Ambos ingresaron en 1971. “Nos relacionamos con descamisados, que hacía la fusión con Montoneros”, comentó, luego de dar cuenta de la intervención de ambos por los conflictos que había dentro de la empresa. “Tenía una tremendas ganas de cambiar la historia y quería participar de todo”, recordó.

“Tuvimos un montón de problemas de seguridad”, admitió. En enero de 1976, los dos se fueron de la fábrica porque había llegado una “lista” y la organización les pidió alejarse. Luego, entraron a trabajar -juntos- a una fábrica de cables en Lanús y a los días, los dueños de esa empresa fueron secuestrados por lo que decidieron irse. Llegó la posibilidad entrar a Molinos Río de La Plata, pero él decidió no acudir. Alfredo si. “Después pasó todo lo que pasó”, lamentó.

Fue secuestrado el 11 de agosto de 1977 y visto con vida en el Pozo de Quilmes. “Murió de tortura”, fue lo que le dijeron. “Descubran la verdad, que los asesinos paguen porque mataron a mi compañero”, fue el reclamo del testigo en el cierre del testimonio. Sus restos no fueron hallados.

Luego declaró Sergio Alberto Maly, hijo de Alberto Felipe Maly, trabajador de Peugeot secuestrado el 15 de septiembre de 1977 en su domicilio de la calle 157 de Plátanos. “Lo abordaron en el auto y se lo llevaron de casa. Después lo volvieron a traer con claras evidencias de tortura, como quemaduras de cigarrillos y todo tipo de cosas que se puedan imaginar”, dijo ante el TOF. “Después se lo llevaron y no supimos más nada”, apuntó.

Él realizaba el servicio militar en Campo de Mayo y ante la desaparición de su padre, se contactó con sus superiores y lo detuvieron. “Recién en diciembre me dejaron salir”, señaló, fue previo a las Fiestas. “Ahí empezó el derrotero, hasta septiembre del año siguiente. Hicimos todo tipo de denuncias y reclamos”, recordó.

A fines de agosto de 1978, recibieron un llamado y un compañero de cautiverio de su padre les informó que estaba en la comisaría de Velantín Alsina. También estuvo en el Pozo de Quilmes. Lo encontraron y lograron que fuera liberado e incluso el Ejército expidió un certificado que advertía de una detención por “error”. Fue a pedido del hombre, quien quería retomar su trabajo en Peugeot.

Cuando estaba en su casa, volvieron a buscarlo y estuvo un año la Unidad Penitenciaria 9 de La Plata. Su nombre había aparecido en la lista de de detenidos a disposición del PEN. Un año después fue liberado y en septiembre de 1979 se exilió en Alemania. “Emocionalmente tuvo que haber una reconciliación general”, aseguró, al tiempo que admitió que “había un lazo muy fuerte”. “No lo lograron destruir, esa es la mejor venganza que se puede tener. Esto que hago hoy no lo hago por venganza ni por odio, lo hago por justicia. Una de las formas más importante de luchar contra eso es mantener los lazos“, reflexionó.

El Tribunal Oral Federal 1 de La Plata -que está integrado por Walter Venditti, Esteban Rodríguez Eggers y Ricardo Basilico- juzga a 17 represores, entre ellos a Miguel Etchecolatz y el ex médico policial Jorge Antonio Berges por las torturas, homicidios y ocultamiento de menores en perjuicio de casi 500 víctimas alojadas en tres centros clandestinos de detención durante la última dictadura cívico-militar. Es transmitido por La Retaguardia, la Justicia y la Comisión Provincial por la Memoria (CPM).

Son juzgados, por los delitos cometidos en el Pozo de Banfield y el Pozo de Quilmes, el ex ministro de Gobierno bonaerense durante la dictadura, Jaime Smart; el ex director de Investigaciones de la Policía bonaerense, Miguel Etchecolatz; el ex médico policial Jorge Antonio Berges; Federico Minicucci; Carlos Maria Romero Pavón, Roberto Balmaceda y Jorge Di Pasquale. También son juzgados Guillermo Domínguez Matheu; Ricardo Fernández; Carlos Fontana; Emilio Herrero Anzorena; Carlos Hidalgo Garzón; Antonio Simón; Enrique Barré; Eduardo Samuel de Lío y Alberto Condiotti. Por los crímenes de lesa humanidad cometidos en “El Infierno” también están imputados Etchecolatz, Berges y Smart. Miguel Ángel Ferreyro falleció en el transcurso del juicio, estaba imputado por los delitos cometidos en la Brigada de Lanús.

Basilico precisó, al dar por finalizada esta audiencia, que el juicio se reanudará el martes 8 de marzo. Será una audiencia semipresencial y comenzará a las 8 (una hora antes del horario habitual) por compromisos de integrantes del tribunal en otros juicios por delitos de lesa humanidad.

EL JUICIO

El juicio comenzó el 27 de octubre de 2020. El Tribunal Oral Federal (TOF) 1 de La Plata -integrado por Walter Venditti, Esteban Rodríguez Eggers y Ricardo Basilico- juzga a 18 represores, entre ellos Etchecolatz, Juan Miguel Wolk y el médico policial Jorge Berges, por cerca de 500 delitos de lesa humanidad cometidos en los centros clandestinos de tortura, detención y extermino conocidos como el Pozo de Banfield, el de Quilmes y El Infierno de Avellaneda.

En la segunda audiencia, el represor Miguel Etchecolatz se negó a ser indagado por un tribunal civil. “Necesito que me interroguen los jueces que estaban en ejercicio de sus funciones en ese momento; es decir la justicia militar”, sostuvo. “Sigue sosteniendo la teoría de los dos demonios”, advirtieron desde HIJOS Lomas de Zamora.

En la tercera, se transmitió el testimonio grabado de Adriana Calvo y Cristina Gioglio, sobrevivientes de la dictadura que también fallecieron; en la cuarta se escuchó el desgarrador relato de Nilda Eloy.

El 24 de noviembre, en el marco de la quinta jornada, el represor Ricardo Fernández -imputado del secuestro de 350 personas, cuatro homicidios, dos abusos sexuales y la sustracción de seis menores- se negó a ser indagado por la Justicia federal de La Plata. “No tengo nada que declarar”, dijo Fernández vestido con un pijama azul, ya que cumple prisión domiciliaria.

En la audiencia del 1 de diciembre, especialistas del Equipo Argentino de Antropología Forense revelaron que hay más de un centenar de cuerpos enterrados como NN que no se pudo identificar, por lo que pidieron a personas que buscan familiares desaparecidos de esa época que concurran a extraerse muestras de sangre.

Más tarde, María Isabel Chorobik de Mariani, conocida como “Chicha” y fallecida en el 2018 sin haber podido reencontrarse con su nieta Clara Anahí, apropiada en 1976, volvió a dar testimonio de su lucha a través de un video.

En el marco de la octava audiencia, se escuchó la declaración testimonial de contexto de la historiadora e investigadora del Conicet Victoria Basualdo, sobre la participación empresarial durante la última dictadura cívico-militar. “Hay casos concretos donde las empresas acompañaron y fueron co-responsables de los procesos represivos”, advirtió.

El periodista Horacio Verbitsky dio detalles, el siguiente martes, sobre la responsabilidad empresaria en los secuestros de trabajadores de la fábrica de calefones Saiar, de Quilmes, durante la última dictadura cívico militar. Habló sobre la responsabilidad de la patronal en el secuestro de trabajadores. Esta información fue investigada por el periodista, que escribió una nota al respecto hace 29 años y luego incluyó esa información en un libro, titulado “Cuentas Pendientes”, que aborda el tema de la complicidad empresarial con el terrorismo de Estado.

En la décima jornada se escucharon las declaraciones de contexto de María Sondereguer y Alejandra Paolini, sobre violencia de género en el Terrorismo de Estado. 

En la audiencia siguiente, en tanto, se expusieron las pericias realizadas en El Infierno de Avellaneda.

En la duodécima audiencia, el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata escuchó el testimonio de Laura Franchi, sobreviviente, y sus hijas María Laura y Silvina Stirnemann. Ella estuvo detenida en el Pozo de Banfield durante los años de plomo pero luego fue trasladada a un penal. “Un médico me tomaba el pulso y decía lo que había que hacer y lo que no había que hacer (durante las torturas)”, recordó. Su pareja fue asesinada y permaneció en condición de desaparecido hasta 1994, cuando sus restos fueron hallados en el cementerio de Lomas de Zamora.

En la reanudación del juicio, el 2 de febrero, fue Stella Segado quien expuso sobre el funcionamiento y la estructura de la inteligencia de la última dictadura y detalló las particularidades de ese entramado en territorio bonaerense, donde funcionaron los tres centros clandestinos de detención y exterminio de Lomas de Zamora, Quilmes y Avellaneda.

La audiencia 14 contó con la palabra de Stella Caloni, quien brindó un testimonio de contexto sobre el entramado represivo latinoamericano del Plan Cóndor.

El 23 de febrero declaró Jorge Nadal, sobreviviente de centros clandestinos de detención y a quien le llevó 30 años recuperar a su hijo apropiado. “El plan sistemático de los genocidas no se conformó con nosotros y fueron por nuestros hijos; a mi hijo Pedro Luis lo busqué 30 años y mi otro hijo, Carlos Alberto, tuvo secuelas en su salud, todo este desquicio derivó en un trastorno psiquiátrico”, relató Nadal.

En la siguiente jornada fue Lidia Biscarte la sobreviviente que declaró y reclamó a la Justicia que sean encarcelados los responsables de tortura, violación y homicidio. “Esto que relato no es una novela, es un dolor muy grande y mis compañeros (de cautiverio) no están para defenderse, por favor, usted está ahí para hacer justicia”, le dijo al titular del Tribunal.

En la audiencia 17 expuso Miguel Angel Prince, caso por la Brigada de Lanús con asiento en Avellaneda durante los días finales de agosto de 1976, pero también los jueces escucharon otro testimonio que no se hizo público.

También declararon el sobreviviente Alejandro Reinhold, María Esther Alonso y los familiares de desaparecidos Eduardo Nachman y Alejandrina Barry.

En la audiencia 19 declararon Nicolás Barrionuevo, delegado gremial de la fábrica Saiar; Oscar Pellejero, miembro del sindicato no docente de la Universidad Nacional de Luján, ambos sobrevivientes de secuestro y torturas; y Sixto García, hermano de Silvano García, delegado gremial de la Federación Argentina de Trabajadores Rurales (FATRE), que está desaparecido.

En la siguiente jornada se escucharon los testimonios de dos víctimas: María Ester Alonso Morales, hija de Jacinto Alonso Saborido y de Delfina Morales, nacida en cautiverio, y Raúl Marciano (ex detenido desaparecido que pasó por el Pozo de Banfield).

En la audiencia 21, en tanto, declararon Stella Maris Soria, hija de Miguel Ángel Soria; Norma Soria, hermana del delegado asesinado y la esposa de éste, María Esther Duet. “El 6 de junio de 1976 estaba mirando en televisión La Pantera Rosa, cuando entraron a la casa de mis abuelos buscando a mi papá, que había llegado de trabajar pero había logrado salir por el fondo”, contó Stella Maris.

En la jornada 22 declararon los sobrevivientes Patricia Pozzo, Juan Carlos Stremi y Mario Colonna, quienes que permanecieron en el Pozo de Quilmes durante agosto de 1976. Ella relató cómo fue su secuestro en La Plata, su paso por Arana, el Pozo de Quilmes y El Infierno. Logró salir del país, luego de estar detenida de forma legal en Olmos y Devoto.

En la siguiente jornada continuó el testimonio de Colonna. Se sumaron las declaraciones de los sobrevivientes Virgilio Cesar Medina y Néstor Busso, pero también declaró Eva Romina Benvenuto, hija de detenidos desaparecidos. El intento de suicidio de Medina fue, quizá el momento más dramático de la audiencia.

En la audiencia 24 declararon Leonardo Blanco, sobreviviente; Liliana Canga (hermana de Ernesto Enrique Canga, quien fue asesinado durante la dictadura) y destacó el trabajo del Equipo de Antropología Forense (los restos de su hermano fueron recuperados de una tumba N.N. de La Plata). También declaró Marcos Alegría, sobreviviente, quien contó su escape de Chile por la represión y el secuestro por luchar por mejoras laborales en la industria Saiar de Quilmes.

El siguiente martes fue el turno de Pablo Díaz, quien hizo foco en la violencia sexual a la que eran sometidas las mujeres y el tratamiento como mercancía de las embarazadas. Él fue secuestrado durante los operativos enmarcados en La Noche de los Lápices y relató los tormentos sufridos: picana eléctrica, tenazas y golpes. Pidió que los represores no sean beneficiados con la prisión domiciliaria y bregó porque la Justicia no se demore otros 37 años.

La audiencia 26 contó con los testimonios de Nora y Marta Úngaro, la primera estuvo secuestrada durante los años de plomo y ambas son hermanas de Horacio, quien continúa desaparecido. También se escuchó la primera parte del testimonio de Walter Docters. “Uno se ahogaba en sus propios gritos”, aseguró Nora, recordando las sesiones de tortura, que no impedían que los represores abusaran de las mujeres. “Me llegaba la sangre a los tobillos y aún así te venía a manosear”, precisó. “Su condición de mujer era un bien de uso para los asesinos”, apuntó Docters.

La siguiente jornada continuó con la declaración Docters. También prestó declaración Delia Giovanola, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo, quien buscó durante 39 años a su nieto. Su hijo Jorge Ogando y su nuera Stella Montesano fueron secuestrados el 16 de octubre de 1976 en La Plata, tuvo que hacerse cargo de la crianza de la hija de ambos y emprendió la búsqueda de ellos y del segundo hijo, cuando supo que su nieto había nacido en el Pozo de Banfield. “Martín volvió a su familia cuando tuvo 39 años”, señaló.

El martes 25 de mayo no hubo audiencia, pero en la siguiente declararon el nieto restituido Martín Ogando y la sobreviviente de La Noche de los Lápices Emilce Moler. “Te duelen las ausencias, que en mi caso son muchas. Tengo la tranquilidad de haber hecho todo lo posible para la condena social de lo ocurrido, pero te quedan heridas abiertas de nuestros compañeros desaparecidos, por eso seguimos hablando”, aseguró Moler. También prestó testimonio Martín García, hermano de Silvano García, delegado gremial que permanece desaparecido.

La jornada 29 contó con la declaración de dos sobrevivientes, cuyos secuestros tuvieron que ver con su participación gremial. Se trata de Juan Antonio Neme y Jorge Varela, secuestrado junto a otros compañeros en Saiar. “La tortura psicológica más me ha marcado en este tiempo”, admitió Neme, quien presenció la tortura de dos compañeros y “los vuelos de la muerte”.

Melania Servin Benítez, hermana de Santiago Servin; Ricardo López Martín, hermano de Ángela López Martín; y Valeria Gutiérrez Acuña, hija de Liliana Isabel Acuña y Oscar Rómulo Gutiérrez, fueron los tres testigos de la audiencia 30. El pedido de una ley que prohíba el negacionismo, en palabras de la nieta restituida, fue el cierre de la audiencia. “Es doloroso cuando se niega, descalifica… fueron personas con sentimientos, proyectos, ganas de tener una sociedad más justa”, aseguró.

“No tener información certera, te carcome pero la única forma de poder sobrellevar esto es seguir buscando”, aseguró Miguel Santucho, quien busca a un hermano o hermana nacido durante el cautiverio de su madre Cristina Silvia Navajas. También fueron parte de la audiencia 31 María Marta Coley, hija de Manuel Coley Robles, y Clara Fund, hermana de Juan Carlos Fund.

En la audiencia 32 declararon Fabio Acuña, quien era miembro de la Prefectura Naval Argentina cuando fue secuestrados, y Filemón Acuña, quien se desempeñaba en Peugeot al momento de su detención. Ambos dieron cuenta de su paso pos distintos centros clandestinos de detención del sur del Conurbano, entre otros, y su estadía en distintos penales, ya como presos políticos.

En la jornada 33 se escucharon los testimonios del nieto restituido Esteban Badell Acosta, quien dió detalles del secuestro de sus padres (María Eliana Acosta Velasco y Esteban Benito Badell) y la entrega (junto a su hermana) a un tío político, y el sovreviviente Miguel Hernández.

El juicio pasó a un cuarto intermedio por la feria judicial de invierno y se reanudó el 3 de agosto, con la declaración de Mariana Busetto, hija de Osvaldo Busetto; Ramiro Poce, hijo de Ricardo y sobrino de Julio Gerardo Poce; y María Ofelia Santucho, sobreviviente al genocidio y sobrina de Roberto Santucho. El reclamo de los restos mortales de los militantes fue el común denominador. El “qué hubiera pasado/sido”, también fue central en la declaración de las mujeres.

En la audiencia 35 declararon Haydeé Lampugnani, quien estuvo detenida en El Infierno, entre otros centros clandestinos, y su hijo Gervasio Díaz. “Somos una familia diezmada por la represión”, advirtió ella. El tercer testimonio fue el de Hugo Pujol, ex detenido y hermano de Graciela Gladis Pujol, secuestrada con cuatro meses de embarazo. Aún espera poder conocer a su sobrino o sobrina, que debió nacer en febrero o marzo de 1977.

El siguiente martes prestaron testimonio Jorge Barry, hermano del desapareicdo Enrique Barry, y Claudia Congett y Patricia, hijas de Jorge Congett. “Ni siquiera nos dan la tranquilidad de saber dónde están los restos de nuestro padre”, admitió Patricia, quien reclamó que se inestiguen los restos hallados en un sector del cemenerio de Avellaneda.

En la audiencia 37 declararon la hija y la entonces pareja de Ricardo Chidichimo, desaparecido, y el sobreviviente Rubén Ares, quien era policía cuando fue secuestrado y torturado. “Cárcel común y efectiva”, fue el pedido de Cristina del Río, mientras que su hija contó el camino de búsqueda que emprendieron tras su desaparición. “Si el duelo es difícil, no se imaginan un duelo sin cuerpo”, expresó Florencia.

Lautaro y Laura Lafleur, hijos del desaparecido Gustavo Lafleur, y la sobreviviente Patricia Eva Rinderknechet prestaron testimonio en el marco de la audiencia 38 del Juicio Brigadas. “Es muy difícil explicar que alguien desaparece de golpe y no se sabe nada más”, advirtió la hija de Gustavo, quien hizo hincapié en “la ausencia” y la necesidad de saber qué pasó con su papá, cuyos restos no fueron encontrados aún.

En la siguiende audiencia declararon María Cristina Jurado, hermana de una detenida-desaparecida; David Nillni, quien declaró por su pareja Inés María Pedemonte; y un tercer testigo que no fue transmitido. “Cuando una persona es desaparecida forzozamente, es deportada, es trasladada, es igual que lo que hicieron los nazis. Y eso se llama terrorismo de Estado”, advirtió el hombre, quien aclaró que “pasaron 45 años de este hecho, pero la herida no está cerrada”.

En la audiencia 40 declararon Oscar Ernesto Solís, sobreviviente al genocidio, y Luis Fernando Peredes, testigo por Jorge Mendoza Calderón. “Yo me he sentido culpable de que me liberaron cuando otros compañeros se quedaron en el camino”, admitió Solís, quien estuvo detenido junto a su hermano, Alberto Mario, en la Brigada de Lanús.

Silvia y Claudia Gorban declararon en la siguiente jornada, ambas estuvieron secuestradas en El Infierno de Avellaneda, y relataron su paso por el centro clandestino de detención. “De la misma manera que mi padre me dijo a los 15 años que no me olvide que por ser judía mis bisabuelos fueron cremados en los campos de concentración nazis, hoy les pido a mis hijos y sobrinos que no se olviden que estuvieron los campos nazis y que tuvimos los campos en Argentina”, expresó Claudia al solicitar el certificado al tribunal.

En la audiencia 42 declararon Silvia Caveccia, por la desaparición de Miguel Ángel Calvo; Yamil Robert y Norberto Borzi, hermanos de desaparecidos. “Camps, Etchecolatz y Bergés fueron a la casa, se querían llevar a los chicos”, recordó el hermano de Oscar Isidro Borzi. El cuerpo de Norma Robert fue hallado, con un tiro en la cabeza, en una fosa común del cementerio de San Martín.

Luego fue el turno de los hermanos Juan Domingo Díaz, Juan Antonio, Bonifacia del Carmen y Víctor Hugo, quien era miembros de Montoneros, escapó del Regimiento de La Tablada y sobrevivió a un enfrentamiento con militares. “La resistencia se vivió en dos planos, los que estábamos organizados en una agrupación política y la resistencia familiar”, expresó.

La jornada 44 contó con el testimonio de dos hermanos de detenidos desaparecidos. Luis Ángel Pérez, hermano de Héctor Pérez, cuyos restos fueron identificados en 2009, advirtió: “No hay palabras para decir que a uno le roban a su hermano o a su hijo”. Martín Carriquiriborde, hermano de Gabriela, quien fue secuestrada el 30 de septiembre de 1976 junto a su pareja Jorge Orlando Repetur, señaló que siguen buscando al niño o niña que debió nacer en diciembre de ese año. “Estamos siempre expectantes de poder encontrarlo”, precisó.

En las dos siguientes audiencias declaró Ernesto Borzi, hijo de Oscar Isidro Borzi. En la primera, relató el momento en que los represores Jorge Antonio Berges, Ramón Camps y Miguel Etchecolatz discutían porque querían llevarse a los tres hermanitos. Él tenía 7 años; Luis Alejandro, 6 y Juan Manuel, 3. El mismo testimonio brindó su tío Norberto Borzi tres audiencias atrás. En la segunda, reclamó que se realicen más audiencias por semana para que los represores no mueran impunes, luego de que se conociera la muerte de Ferreyro.

La audiencia 47 fue unificada con el Juicio Garachico y declararon Víctor López Muntaner, hermano de uno de los detenidos en La Noche de los Lápices, y Walter Docters, quien ya había prestado testimonio en este juicio. En la jornada 48, en tanto, expusieron los otros dos hijos de Oscar Borzi, Juan Manuel y Luis.

En la jornada siguiente declararon Horacio Matoso y Hugo Marini, ambos sobrevivientes. Matoso estuvo en El Infierno y recordó las torturas sufridas por otros detenidos, como quemaduras con soplete y clavos en las uñas de los pies. Marini declaró por Liliana Ross, quien estaba embarazada de cuatro meses cuando fue chupada y estuvo detenida en El Pozo de Banfield. Su embarazo no llegó a término porque fue asesinada.

La audiencia 50 contó con testimonios de familiares de Juan Carlos Abachian, conocido como El Armenio. Mercedes Loyarte era su pareja al momento de la detención, tuvo que huir del país junto a su beba y advirtió que “el exilio es un desarraigo enorme”. Rosario tenía 8 meses cuando su papá fue desaparecido y agradeció que “se esté haciendo justicia”, mientras que la hermana de Juan Carlos, Marta Susana, advirtió que aún hoy no saben qué pasó con él.

En la audiencia siguiente declararon Alfredo, Renato y Guillermo Forti, hijos de Nélida Azucena Sosa de Forti, quien se encuentra desaparecida. Ella y sus cinco hijos fueron secuestrados cuando estaban en un avión a punto de despegar con destino a Venezuela. Estuvieron seis días detenidos en el Pozo de Quilmes y fueron liberados, pero su madre fue trasladada a otro centro clandestino de detención, en Tucumán. Alfredo reclamó que se juzguen a los civiles que tienen responsabilidades.

Dos destigos declararon en la audiencia 52 del Juicio Brigadas. Se trata de Fabián Muñoz, quien contó el secuestro de toda su familia y la búsqueda de Silvia (una de sus hermanas que estaba embarazada) y su sobrino o sobrina que debió nacer en el Pozo de Banfield; y Ana Laura Mercader, hija de Anahí Silvia Fernández y Mario Mercader, ambos secuestrados y asesinados. Los restos de ambos fuero identificados en 2009. “Los hijos e hijas hemos pasado nuestra vida intentando completar, completar nuestra identidad, nuestra historia, proyectos familiares, nuestras descendencias”, admitió.

La audiencia 53 contó con el testimonio de Ana María Caracoche, quien fue secuestrada y sus hijos fueron apropiados, y de los hermanos Eduardo, Ricardo y Gerardo D´Ambra, hermanos de Alicia D´Ambra, quien continúa desaparecida. “Los chicos fueron botín de guerra”, lamentó Ana María, quien contó el camino para poder reencontrarse con los nenes. Las querellas, en esta ocasión, solicitaron más audiencias por semana en la continuidad del juicio (2022) y que sean semipresenciales.

Tras la feria judicial de verano, se realizó una inspección ocular en El Infierno de Avellaneda. En la audiencia siguiente declaró Pedro Cerviño, sobreviviente del genocidio, quien compartió cautiverio Nélida Azucena Sosa de Forti en la jefatura de Policíua de la capital tucumana.

La audiencia 55 del Juicio Brigadas contó con el testimonio de Fernando García, sobreviviente del Pozo de Quilmes; y Diego Genoud Santucho, hijo de Manuela Santucho, quien permanece desaparecida. “Es una guía permanente pese a la ausencia”, admitió Diego. El testimonio de García aportó el dato de una mujer embarazada detenida en Quilmes, de quien no se tenía dato alguno hasta el momento; de hecho, no aparece como víctima en este juicio.

En la siguiente jornada declararon Roberto Redoldi, por la desaparición de Alfredo Patiño, y Sergio Maly, hijo del sobreviviente Alberto Maly. Ambos detenidos estuvieron en el Pozo de Quilmes. Sergio, además, contó su detención en Campo de Mayo. “Esto que hago hoy (declarar) no lo hago por venganza ni por odio, lo hago por justicia”, aseguró.

LOS CENTROS CLANDESTINOS DE DETENCIÓN Y EXTERMINIO

El Pozo de Banfield funcionó bajo la órbita de la Brigada de Investigaciones de Banfield en las calles Siciliano y Vernet de Lomas de Zamora, desde 1974 hasta al menos octubre de 1978, según testimonios de los sobrevivientes. De las 253 personas que fueron allí torturadas, 97 permanecen desaparecidas y al menos 16 son mujeres que dieron a luz en la maternidad clandestina.

El Pozo de Quilmes funcionó en la Brigada de Investigaciones de Quilmes. Pasaron por allí 183 víctimas.

El Infierno de Avellaneda fue un centro de detención que funcionó en el lugar que por entonces era la Brigada de Investigaciones de Lanús, dependiente de la Dirección General de Investigaciones que dirigía el genocida Miguel Etchecolatz y funcionaba bajo la órbita del entonces jefe de la Policía bonaerense, Ramón Camps. Se ubica en 12 de Octubre 234.

Fuente:InfoRegion


5 de agosto de 2021

Tres testigos exigieron el fin del pacto de silencio de los genocidas para encontrar los cuerpos de todos los desaparecidos.

 Banfield, Quilmes y Avellaneda

Tres testigos exigieron el fin del pacto de silencio de los genocidas para encontrar los cuerpos de todos los desaparecidos

En una nueva audiencia de este juicio por crímenes de lesa humanidad declararon tres testigos

Miércoles 4 de Agosto 2021

La Plata

En el marco del juicio oral y público que investiga los delitos perpetrados en los ex Centros Clandestinos de Detención Tortura y Exterminio Pozo de Banfield, Pozo de Quilmes y El Infierno de Avellaneda, el Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata tomó declaración a Mariana Busetto, Ramiro Poce y María Eugenia Santucho.
En primer lugar el tribunal tomó declaración a Mariana Busetto, hija de Juan Carlos Busetto, secuestrado y desaparecido en 1976 en la ciudad de La Plata. La testigo explicó que desde chica comenzó a reconstruir la historia de su padre y que fue en un libro sobre la Noche de los Lápices que leyó el testimonio de Pablo Díaz que lo nombra. Tiempo después Mariana pudo encontrarse con Díaz quien le contó personalmente que había compartido cautiverio con su padre.
Respecto de las circunstancias del secuestro de Osvaldo Busetto, la testigo explicó que fue baleado y llevado al Hospital Naval para ser operado y que luego lo trasladaron al Centro de Detención Tortura y Exterminio Pozo de Arana donde permaneció secuestrado durante una semana. Luego fue trasladado al Pozo de Quilmes y finalmete al Pozo de Banfield donde supo por testimonio de distintos sobrevivientes que estuvo con vida hasta el mes de diciembre de 1976.
Mariana Busetto continuó su testimonio explicando que le costó mucho entender la historia y las decisiones que tomó su padre: "A medida que fui creciendo lo entendí y lo admiré un montón, porque se llevaron a los que eran así y porque dejaron a muy pocos vivos. Hoy siento que tengo todo el recuerdo de los que no están".  La testigo continuó su relato explicando: "Cuando formamos H.I.J.O.S. también fue una salvación , fue una escalera que empecé a subir y encontrar a compañeros de mi papá, que me contaban hasta como se movia."
Mariana Busetto finalizó su declaración sosteniendo que los juicios de lesa humanidad son reparadores pero que a la vez los responsables del genocidio siguen teniendo información acerca  de dónde estan los restos de los desaparecidos y los nietos apropiados: "Yo no me quiero morir sin tener los huesos de mi papá, yo lo quiero encontrar, que se dejen de joder", concluyó.
A continuación declaró Ramiro Poce, quien en esta oportunidad lo hizo en relación a los casos de su tío, Julio Poce y su tía, Graciela Pernas, ya que hace una década tuvo la oportunidad de declarar por el caso de su padre, quien continúa desaparecido.
El testigo comenzó su relato explicando que lo que va a  aportar a este juicio es en buena medida lo que pudo reconstruir su abuelo Julio Poce: "Mi tío y mi tía fueron al Colegio Nacional de La Plata, empezaron a militar en el GUS, Grupo Universitario Socialista y luego ingresa la OCPO, eran de tipo marxista pero también se nutrían de muchas lecturas y organizaban actividades con el ERP y Montoneros".  La joven pareja se casó el 22 de marzo de 1976 y se mudó  al barrio porteño de Flores por cuestiones de seguridad, donde vivieron hasta que fueron secuestrados en octubre de 1976. Julio Poce y Gracielas Pernas permanecieron secuestrados en el CCD Puente 12 y en el Pozo de Banfield e integran la lista de los 30.000 desaparecidos y desaparecidas. 
Ramiro Poce explicó que su famila no ha recuperado ninguno de los cuerpos de sus desaparecidos y agregó: "Este juicio tiene un valor, pero lamentablemente también llega tarde. Todo este trabajo es un trabajo de reconstrucción. Los hijos nos pasamos la vida reconstruyendo las historias".
Finalmente fue el turno de la sobreviviente María Eugenia Santucho, quien comenzó su testimonio explicando que los hechos ocurrieron cuando ella tenía 15 años. La testigo explicó al tribunal cómo fueron las circuntancias en las que fue secuestrada junto a sus hermanas y su madre: "Golpean la puerta, un señor entra y apunta con un arma, comenzaron a  entrar por la ventana y en segundos había 10 personas. Empezaron a los gritos, fue una violencia muy grande". María Eugenia,  continuó su testimonio explicando que luego fue trasladada junto a sus hermanas y que después de pasar la noche en un lugar en el que fue sometida a golpes y vejámenes, las alojaron en lo que reconoce como el Pozo de Banfield: "Y ahí comienza la segunda parte del vía crusis del terror, supe que muchos habían sido terriblemente torturados", concluyó.
Respecto de la forma de actuar de sus secuestradores la sobreviviente explicó: "Recuerdo la sensación que era un engranaje muy bien organizado, entre los que te secuestraban y luego te torturaban, luego te trasladaban y recibían. Estaba tan bien diseñado y te producía angustia porque  daba la sensación que eso no se podía desarmar". Finalmete, luego de ser liberada, la testigo partió hacia el exilio: "En diciembre del 76 pudimos salir gracias a la sostenida petición del gobierno cubano".
Finalmente, María Eugenia Santucho explicó que la sobrevida es muy dura, genera compromisos y cosas que son muy duras y que también hay cosas que son un hermoso acompañamiento: "Agradezco mucho poder dar este testimonio, porque me hace mas digna, que va mas allá del pacto de silencio de los genocidas, ellos se quedaron con los cuerpos. Yo sigo esperando los huesitos, pero mientras llegan, quiero seguir pidiendo verdad y justicia" 

Los hechos que se juzgan
El juicio por los pozos de Banfield y Quilmes unifica una serie de causas, la primera de ellas  elevada a juicio hace ocho años. Se trata de dos de los centros clandestinos de detención más grandes que funcionaron en la Provincia de Buenos Aires durante la última dictadura cívico-militar. 
En el caso de El Infierno  se investigará la responsabilidad de cuatro policías de la Provincia de Buenos Aires y un civil por los delitos de privación ilegal de la libertad y aplicación de tormentos, hechos incluidos dentro de la categoría de crímenes de lesa humanidad, cometidos en el ex CCDyT “El Infierno” ubicado en Avellaneda.
El Tribunal Oral Federal N 1 de La Plata está conformado por Walter Venditti, Esteban Rodríguez Eggers y Ricardo Basílico, mientras que por el Ministerio Público Fiscal intervienen Hernán Shapiro, Gonzalo Miranda y Juan Martín Nogueira. 
A través de la Dirección de Querellas por Crímenes de Lesa Humanidad y Leyes Reparatorias de la Subsecretaría de Derechos Humanos,  la Provincia es querellante en este debate en el que se investigará la responsabilidad de los imputados por los delitos de privación ilegal de la libertad, aplicación de tormentos, homicidio calificado, abuso sexual con acceso carnal y sustracción, retención y ocultamiento de menores.  La Dirección de Grupos en Situción de Vulnerabilidad acompana a las víctimas y familiares en este juicio.
Seguí las audiencias de este juicio por crímenes de lesa humanidad los días martes a las 10:00 horas en: http://www.laretaguardia.com.ar/

Fuente:GobdelaPciadeBsAs

4 de agosto de 2021

Reanuda el juicio unificado por los Pozos de Quilmes, Banfield y Lanús.

 Reanuda el juicio unificado por los Pozos de Quilmes, Banfield y Lanús

Se retoman las audiencias del juicio por los crímenes cometidos en tres centros clandestinos de detención en la zona sur del conurbano bonaerense.

Martes 3 de agosto 0

TOCF La Plata N°1 - Causa Minicucci - YouTube

En el día de hoy declaran Mariana Busetto, Ramiro Poce y María Santucho.

Fuente:LaIzquierdaDiario











10 de junio de 2021

Un sobreviviente del Pozo de Quilmes apuntó contra la responsabilidad empresarial.

 

Un sobreviviente del Pozo de Quilmes apuntó contra la responsabilidad empresarial

En la nueva audiencia por los juicios de Banfield, Quilmes y Lanús declararon dos víctimas, uno trabajador de Saiar y otro de Ford. 

9 de junio de 2021

El debate oral con modalidad virtual del Juicio Brigadas Banfield, Quilmes y Lanús continúa. El encuentro que se repite todos los martes, tuvo esta semana la declaración de los sobrevivientes Juan Antonio Neme y Jorge Varela, quienes pasaron por el Pozo de Banfield y la Brigada de Lanús.

El testimonio de Jorge Varela aportó datos claves para mostrar la complicidad de la empresa de calefones Saiar de Quilmes, donde trabajaba, en su secuestro y torturas sufridas durante la última dictadura militar. Varela fue secuestrado el 13 de abril de 1976 junto a otros compañeros de la fábrica Saiar.

“Ese día hubo un operativo militar extremadamente grande. Muy llamativamente grande, con carros blindados, ametralladoras, a través de los parlantes de la fábrica iban llamando a los trabajadores. Después de nombrarlo fue separado con un grupo en el que estaban compañeros que eran delegados y algunos compañeros que eran activistas sin ser delegados, como en mi caso” explicó al Tribunal.

“Fui víctima, con varios compañeros de la fábrica, de un operativo militar en la fábrica el martes 13 de abril de 1976, un operativo llamativamente grande, con blindados, ametralladoras pesadas dentro de la fábrica y gente en los techos circundantes”, recordó el extrabajador que estuvo cautivo durante 7 años. Varela recordó que “de los parlantes de la fábrica fueron leyendo nombres, nos iban separando, llamaron a la mayoría del cuerpo de delegados y a los más activistas, entre ellos yo”.

Por entonces, la fábrica era el epicentro de un proceso de lucha que era ejemplo para delegados de otras industrias. “Los logros fueron desde la ropa hasta los elementos de seguridad y derechos que nunca se habían respetado. Y eso molestaba mucho” a la patronal, aseguró. “El cuerpo de delegados había logrado muchas mejoras para el trabajador entre ellos un premio por productividad que incluía al trabajador, los salarios crecieron. Venían delegados de otras fábricas para asesorarse sobre estas reivindicaciones, por eso tenían que descabezar la comisión interna”, apuntó.

“El traslado fue contra traumático, por los golpes y las condiciones en las que nos llevan, atados y encapuchados”, detalló la víctima. “Aparte de la incertidumbre, de no saber a dónde nos llevaban, el trato era terriblemente cruel”. Recordó que en ambas dependencias los detenidos estaban en condiciones deplorables, “no iban al baño ni les daban comida”.

“N sabíamos de qué se trataba”, dijo y agregó que “entre los detenidos estaba el jefe de personal, que actuó como que era detenido, y duró un día de esa manera creo, era Martínez Riviere que dirigía la fábrica”.

El trabajador fue llevado a la comisaría primera de Quilmes, donde incluso la empresa les llevaba comida. “La empresa se hizo cargo de llevarnos comida, nos traía sandwiches, pizza y después nuestras familias nos llevaban cosas, lo que era raro porque a las familias les negaban que estuviéramos allí, pero les pedían que nos trajeran comida”, relató.

El obrero remarcó que la empresa “le daba mi sueldo a mi mamá hasta que vienen un día y nos dicen que teníamos que renunciar, que sino no nos iban a pagar más, así que renuncié para que a mi familia le pagaran la indemnización, porque mi papá era jubilado”.

Tiempo más tarde fue trasladado a Devoto, donde es legalizado. “Tras cuatro meses de detención no nos reconocíamos en el espejo”, dijo Varela. “Pedí nueve veces la salida del país, que es un derecho constitucional”, mencionó. En febrero de 1982, logró la libertad vigilada.

El otro testigo que declaró fue Juan Antonio Neme trabajador de Ford. Fue secuestrado el 26 de marzo de 1976 en su casa de Escobar, “entraron preguntando y haciendo manifestaciones amenazantes, me ataron las manos, me pegaron un poco y luego me pusieron una capucha”, contó el hombre que reside en España.

Lo llevaron a la comisaría de Escobar, donde se encontró con una compañera Martha Velazco que ya había sido detenida. “Ella me dijo ‘Flaco, nos vendieron’”, recordó. “Nos trasladaron a un sitio donde empezaron esa misma noche a dar picanas eléctricas, no sé si fue en la comisaría o en otro sitio. Estuvieron dos días con la picana”, mencionó.

Luego contó que fue llevado al ARA Murature, nave de la Armada que sirvió de centro clandestino de detención y torturas durante la dictadura militar. “La tortura psicológica más me ha marcado en este tiempo”, admitió. Y contó cómo fue testigo de “los vuelos de la muerte”. “En el helicóptero traían y tiraban a los compañeros con una cuerda atada al cuello y un peso atado a sus pies. Los tiraban al río, los compañeros gritaban porque sabían que iban a la muerte”, precisó ante el Tribunal.

Tras su paso por el barco, mencionó una casa donde sufrió “el potro” y “el submarino”, como mecanismo de tortura y lo obligaban a presenciar las torturas de su amiga Martha, quien fue quemada con ácido, admitió.

En sus 45 días de cautiverio como desaparecido pasó por Banfield y la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), mencionó que, de acuerdo al relato de otros testigos también estuvo en Lanús. Luego fue trasladado a la Coordinación Federal, y más tarde a Sierra Chica. Recordó que salió “por equivocación” tras ser confundido con otro detenido, quien estaba por ser liberado. Más tarde logró el asilo en Holanda.

Fuente:TiempoArgentino

3 de mayo de 2021

POZO DE QUILMES: Marcos Alegría: “Éramos simples obreros organizados por nuestros derechos, ese fue nuestro crimen”.

 

Marcos Alegría: “Éramos simples obreros organizados por nuestros derechos, ese fue nuestro crimen”

Desde Francia, el ex trabajador de la fábrica Saiar brindó testimonio por primera vez sobre su calvario: la persecución en Chile, su detención dentro de la fábrica junto a otros compañeros, los traslados y torturas, hasta su expulsión al país europeo. Su trabajo por enjuiciar a Pinochet y su involucramiento en el movimiento obrero francés. En la audiencia también declararon Liliana Cagna y Leonardo Blanco.

Valeria Jasper
Domingo 2 de mayo 




















Marcos Alegría reside en Francia, desde que el 16 de febrero de 1977 oficiales lo llevaron esposado hasta el avión de Air France. Una vez en vuelo y en tierra francesa, fue libre.

Pasaron más de cuatro décadas para que Alegría pudiera testificar por primera vez el martirio que padeció en Argentina durante la última dictadura cívico militar eclesiástica.

“Es un deber estar acá”

Su relato no puede desligarse de la realidad chilena a partir del 11 de septiembre de 1973 cuando Pinochet irrumpe en la escena y desata una feroz represión contra los sectores trabajadores, políticos y estudiantiles.

Era representante estudiantil ante el consejo normativo en la escuela normal donde estudiaba. Viendo lo que se venía, en agosto de 1974, con 22 años, decidió trasladarse a Argentina. Llegó a la localidad de Quilmes donde se encontraba un hermano de crianza. A los dos meses logró la estadía legal y el ingreso a la fábrica de termotanques Saiar como medio oficial.

“En ese año, la industria está en pleno desarrollo de luchas sindicales por obtener el respeto de las condiciones de seguridad. Me encontré en un medio activo y comencé a participar, a pesar de haberme prometido, por mi experiencia en Chile, de quedarme tranquilo, sabiendo lo que la represión podía llegar a hacer”, relató Alegría.

En el transcurso de su testimonio dio cuenta de la complicidad directa del sector empresario en el secuestro de trabajadores en la dictadura y contextualizó el secuestro de un grupo de trabajadores de la fábrica Saiar en lo que fue un año muy activo en cuanto a la organización obrera en la zona sur del conurbano bonaerense.

“En 1975 éramos parte de la Coordinadora Sur, que estaba peleando el liderazgo contra la burocracia sindical. Esto hizo que Saiar se convirtiera en vanguardia en la región”.

En este sentido, el testigo afirmó que ya en ese mismo año, dentro de la fábrica había rumores de un golpe. “Saiar estaba muy controlado, sospechábamos que la dirección se reunía con servicios de seguridad. Muchos trabajadores eran seguidos y como Comisión Interna había decidido estar atentos”.

Así lo dejó asentado el testimonio de otros de los testigos, Leonardo Blanco. Junto a su hermano fue secuestrado el 7 de noviembre de 1975. Siguiendo la lógica de los traslados por distintos centros clandestinos, pasó por las Brigadas de Banfield y Quilmes, Villa Devoto y Chaco, puesto en libertad el 7 de noviembre de 1981.

El patrón entregador

El 13 de abril de 1976 la fábrica Saiar fue copada por el Ejército. En el minucioso relato que brindó Alegría, recordó que dos oficiales junto al jefe de personal, Juan Manuel Martínez Riviere, señalado por varios sobrevivientes como el encargado de los operativos en la fábrica, llamaron al menos a seis empleados del establecimiento y fueron trasladados a la Comisaría 1° de Quilmes.

“Éramos simplemente obreros organizados que reivindicábamos nuestros derechos en función de una construcción colectiva. Eso era todo; yo pienso que ese fue nuestro crimen”, reflexionó al repasar los acontecimientos.

Algo a lo que también concluyó Liliana Cagna, quien testificó por el secuestro de su hermano Ernesto, cuyos restos fueron identificados en 2011 gracias al trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense. Enrique Cagna, de 20 años, era delegado gremial de Hilandería Olmos, hoy conocida como Mafissa, fábrica de La Plata y centro de enormes luchas obreras.

Marcos Alegría fue trasladado a la Brigada de Banfield donde los gritos traspasaban todos los sentidos. A fines de mayo llegó a Villa Devoto, ahí se enteraron que estaban a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Las palabras se cortan en los recuerdos y en las lágrimas. Haber llegado a Devoto era sobrevivir: “Están vivos nos dijeron compañeros de mayor experiencia, salieron vivos nos dijeron”

En el mes de septiembre son llevados a la Unidad 9 de La Plata donde se encontraron todos los trabajadores de Saiar que habían sido secuestrados con ellos en abril de 1976. Allí pudo recibir la visita de su padre y su hermano.

Para noviembre vuelve a ser trasladado, esta vez a la Coordinación Federal y desde la Alcaidía de Capital Federal es llevado a Ezeiza para ser expulsado a Francia el 16 de febrero de 1977, previa firma de renuncia a su puesto laboral el Saiar. “Aun siendo desaparecidos, éramos asalariados de Saiar”.

Seguir la lucha

Liliana junto a su madre iniciaron un camino de búsqueda que pudo cumplir su destino. En la presentación del libro sobre La Noche de los Lápices, en 1986, encontró su nombre y pudo saber del paso de su hermano por la Brigada de Banfield.
La identificación de sus restos, en noviembre de 2011 fue cerrar un círculo. “Recuperar algo de lo que fue, porque fue una persona. Yo pienso en las miles de familias que aún no han podido lograrlo”, afirmó Liliana.

En Francia, Marcos Alegría junto a su compañera que pudo llegar desde Chile, pudieron estudiar y trabajar. Participó activamente como delegado en el movimiento obrero francés hasta su jubilación, agregando que “en definitiva son las mismas luchas”. Trabajó incansablemente por el juicio y castigo a Pinochet y pudo colaborar en la reconstrucción de lo ocurrido en Argentina, siempre exigiendo juicio y castigo a los culpables.

“Como sobreviviente y testigo de esta represión, me permito dejar una huella para que las generaciones actuales y futuras sigan pidiendo justicia. Por los 30.000, por nuestros pueblos y que mantengan en alto la consigna Nunca Más”.

Fuente:LaIzquierdaDiario