15-02-2024
| HACE REFERENCIA A LA GUERRA DE MALVINAS Y A LAS MADRES | |
| Ensenada: Inauguraron un mural por la "Memoria" | |
|
Porque tenemos memoria y sabemos la verdad luchamos por la justicia
15-02-2024
| HACE REFERENCIA A LA GUERRA DE MALVINAS Y A LAS MADRES | |
| Ensenada: Inauguraron un mural por la "Memoria" | |
|
15 de diciembre de 2023
La Universidad Nacional de La Plata (UNLP) entregó el reconocimiento Adriana Calvo a personas y organizaciones por su aporte destacado en Derechos Humanos y Políticas de Igualdad. La entrega tuvo lugar este jueves, en el marco del aniversario de los 40 años de Democracia y del Día Internacional de los Derechos Humanos.
El acto fue encabezado por el presidente de la UNLP, Martín López Armengol junto a la secretaria de Derechos Humanos y Políticas de Igualdad, Verónica Cruz. Al hacer uso de la palabra López Armengol destacó “el compromiso y la seriedad que con las que trabaja la UNLP y todas las instituciones que ustedes representan en acciones vinculadas a la defensa y promoción de los derechos humanos”.
“Quedan algunos días para que termine un año difícil, pero que también es un año particularmente especial desde lo simbólico porque marca el 40 aniversario del retorno de la democracia en Argentina. La recuperación del modelo democráticos nos costó grandes sacrificios, por ello celebro que hoy estemos juntos revalorizando cada día la política de derechos humanos que lleva adelante nuestra universidad”, agregó el titular de la UNLP.
En esta primera edición, se otorgó el reconocimiento al Dr. Julio Víctor Reboredo, juez federal que tuvo un rol relevante en el Juicio por la Verdad de la ciudad de La Plata y en las luchas por Memoria, Verdad y Justicia de la región. También se reconoció la fotoperiodista Gabriela Hernández, cuya labor documenta, visibiliza y comunica diversas luchas reivindicatorias.

En la primera edición de los premios Adriana Calvo, La UNLP reconoció a personas y organizaciones de La Plata por su lucha por los derechos humanos.
Además fue reconocida Radio Futura por su labor, que concibe la comunicación como un derecho indisociable de la conquista y ejercicio de otros derechos de los pueblos. La Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir, conformada por más de 2000 profesionales de la salud en todo el país, fue distinguida por sus seis años de lucha para garantizar los derechos sexuales reproductivos y no reproductivos.

El presidente de la UNLP, Martín López Armengol, le entrega la distinción a la fotógrafa Gabriela Hernández
Por último, la Mutual de Liberados, Liberadas y Familiares “Mario Cafiero”, dirigida y formada por personas liberadas en el país, que nuclea a unas setenta cooperativas, se reconoció por el trabajo de producción de diversos bienes y servicios para la comunidad.
Fuente:0221.com.ar
Familiares y compañeros de los 12 detenidos desaparecidos de la Iglesia Santa Cruz, realizarán este viernes un acto de homenaje al cumplirse 46 años de los secuestros que se llevaron a cabo entre el 8 y el 10 de diciembre de 1977, y a 40 años de recuperada la democracia.
Bajo las consignas "Hoy más que nunca, democracia es justicia social" y "Memoria, Verdad y Justicia. Son 30.000", los organizadores reconocerán a dos referentes del periodismo comprometido "con la defensa de los derechos humanos y la lucha por la construcción de una patria igualitaria, justa e inclusiva", informaron en un comunicado.
Durante el acto se proyectará un video que documenta el recorrido histórico de 40 años de lucha por la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Además, compartirán su repertorio musical las artistas Dolores Solá, Liliana Herrero y Teresa Parodi, y el ballet de Folklore de la Universidad Nacional de las Artes, realizará una danza en alusión a los 40 años de democracia.
"A 46 años del secuestro, desaparición y muerte de las Madres (fundadoras de la organización de DD.HH), las religiosas francesas y militantes populares, y ante el avance de la derecha negacionista y apologista de la dictadura genocida, reafirmamos más que nunca la lucha por Memoria, Verdad y Jusitica", indicaron los organizadores.
El acto homenaje se realizará este viernes frente al Solar de la Memoria, en Estados Unidos y Urquiza del barrio porteño de San Cristóbal, a las 18.30.
Los encuentros en la Iglesia Santa Cruz tenían como finalidad la confección de una solicitada con la lista con los nombres de los detenidos-desaparecidos durante los primeros dos años de la dictadura, publicada en el diario La nación el 10 de diciembre de 1977.
El 8 de diciembre de 1977, represores de la Armada entre los que se encontraba el represor infiltrado Alfredo Astiz, secuestró a siete personas que se reunían habitualmente en la Iglesia Santa Cruz, entre ellas, dos Madres de Plaza de Mayo, familiares y militantes de derechos humanos.
Ante testigos, el grupo de tareas 3.3.2 de la Armada secuestró ese día a las Madres Esther Careaga y Mabel Bianco, a la religiosa francesa Alice Domon, Angela Auad, Patricia Oviedo, Raquel Bulit y Gabriel Horane, y como parte del mismo operativo también secuestró esa mañana a Remo Berardo y por la tarde a Julio Fondovila y Horacio Elbert.
El 10 de diciembre, mismo día de la publicación de la solicitada, el plan represivo se completó con los secuestros de la monja francesa Leonie Duquet y de la fundadora de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor de De Vincenti.
Los 12 secuestrados, nombrados por los represores como "el grupo de la Iglesia Santa Cruz", fueron trasladados al centro clandestino de detención, torturas y exterminio de la ESMA, torturados y arrojados vivos al mar en los llamados "vuelos de la muerte".
Tiempo después, el mar devolvió cinco cuerpos en las costas bonaerenses de Santa Teresita y los cadáveres fueron sepultados como "NN" en el cementerio de General Lavalle.
En 2005, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó los restos pertenecientes a las monjas francesas Domon y Duquet, y los de las Madres fundadoras Azucena Villaflor, Esther Careaga y María Bianco.
Cuarenta años después, la justicia argentina dio por probado por primera vez la existencia de los "vuelos de la muerte" y condenó a prisión perpetua a Mario Daniel Arru, Alejandro Domingo D'Agostino, Francisco Armando Di Paola y Gonzalo Torres de Tolosa.
Fuente:Infonews - Cooperativa
La marca de Alfredo Astiz
Se cumplen 46 años del secuestro de los 12 de la Santa Cruz, un golpe al
corazón de las Madres
El 8 de diciembre de 1977, el Grupo de Tareas 3.3.2
de la ESMA inició un operativo que terminó con la desaparición de Azucena
Villaflor, María Ponce de Bianco, Esther Ballestrino de Careaga, Angela Aguad,
Remo Berardo, Julio Fondevila, Patricia Oviedo, Horacio Elbert, Raquel Bulit,
Daniel Horane, Leonie Duquet y Alice Domon.
8 de diciembre de 2023
Un grupo conformado por Madres de Plaza de Mayo, militantes y
religiosos, que se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz para recabar
información sobre los detenidos desaparecidos, eran secuestrados hace
46 años -el 8 de diciembre de 1977- como parte de un operativo de la
Armada que contó con la participación del genocida Alfredo Astiz,
quien se infiltró en este colectivo fingiendo ser hermano de una víctima.
Familiares y compañeros de ese grupo realizan este viernes a las
18.30 un acto de homenaje frente al Solar de la Memoria, ubicado en Estados
Unidos y Urquiza del barrio porteño de San Cristóbal, con las
consignas “Hoy más que nunca, democracia es justicia social” y “Memoria, Verdad
y Justicia. Son 30.000”.
“A 46 años del secuestro, desaparición y muerte de las Madres , las
religiosas francesas y militantes populares, y ante el avance de la derecha
negacionista y apologista de la dictadura genocida, reafirmamos más que nunca
la lucha por Memoria, Verdad y Justicia”, indicaron los organizadores.
Azucena Villaflor, María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga, que formaban
parte de las Madres que en abril de 1977 comenzaron a congregarse en la Plaza
de Mayo para reclamar por la suerte de sus hijos desaparecidos, integraban este
colectivo que habitualmente se reunía en esta iglesia ubicada en el barrio de
San Cristóbal con el propósito de establecer lazos de solidaridad en el
contexto de una feroz represión ilegal.
Las tres Madres fueron el objetivo principal de esta acción de represión
ilegal que perseguía el objetivo de descabezar a un incipiente movimiento de
derechos humanos que comenzaba a desafiar a la última dictadura con marchas,
reuniones y difusión de información.
Astiz, oficial naval que integraba el Grupo de Tareas 3.3.2 de
la ESMA y que ya se había infiltrado en otros grupos de familiares de
detenidos de desaparecidos, comenzó a frecuentar las rondas de las Madres de
Plaza de Mayo a mediados de ese año, con el nombre de Gustavo Niño.
Alfredo Astiz. Foto: Florencia Downes.
Rubio y atlético, Astiz (o Niño) afirmaba tener un
hermano desaparecido y se presentaba en la Plaza en compañía de una
joven, Silvia Labayrú, cautiva en la ESMA desde hacía más de
un año, y que tiempo después declararía en el Juicio a la Juntas y sería
denunciante en una causa de lesa humanidad por los delitos sexuales que se
cometieron en ese centro clandestino de detención ilegal, el más grande que
funcionó en Capital Federal durante la última dictadura.
Desde junio, el grupo de la Iglesia de la Santa Cruz, una parroquia de
la congregación de los Pasionistas conformada por religiosos e inmigrantes
irlandeses e ingleses católicos, se reunía de forma habitual y uno de sus
objetivos era recaudar fondos para financiar la publicación de una solicitada
en la que demandaban a las autoridades respuestas por el destino de los
desaparecidos.
Además de las tres Madres, Azucena, María y Esther, el colectivo estaba
conformado por los familiares Angela Aguad, Remo Berardo, Julio
Fondevila y Patricia Oviedo; los militantes de Vanguardia Comunista Horacio
Elbert, Raquel Bulit y Daniel Horane y las monjas francesas Leonie
Duquet y Alice Domon, quienes desde hacía tiempo estaban vinculadas a los
grupos de derechos humanos y organizaciones sociales.
Azucena, que buscaba a su hijo Néstor, era una de las Madres más activas
y era parte de una familia de fuerte tradición política en el peronismo de
Avellaneda, en tanto que María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino tenían
formación política.
María había sufrido el secuestro de su hija Alicia, había militado en el
Partido Comunista y Esther, nacida en Paraguay, había militado en la izquierda
febrerista de ese país.
Esther, maestra y doctora en bioquímica, se sumó a Madres tras el
secuestro de su hija, Ana María Careaga, liberada en el invierno de 1977, lo
que no detuvo su compromiso para con las víctimas del genocidio.
Infiltrado en el grupo, Astiz informó a sus superiores la intención de
publicar una solicitada, y durante años se especuló que ese pudo ser el motivo
que decidió el secuestro de los 12 de la Iglesia de la Santa Cruz.
La noche de los secuestros
Los secuestros de los 12 comenzaron en la noche del 8 de diciembre y
concluyeron el 10, cuando la solicitada se publicó en el diario La Nación con
la firma de más de 800 personas, entre ellas la de Gustavo Niño.
Nora Cortiñas, referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora,
contó una vez que no salía de su asombro cuando en 1982 vio las imágenes de
Astiz rindiéndose en las Georgias ante las tropas británicas en el inicio del
conflicto bélico de Malvinas con el Reino Unido.
“Nos dimos cuenta de que nos habían engañado. Éramos muy ingenuas”,
aseguró Cortiñas.
Los 12 de la Santa Cruz fueron conducidos a la ESMA, donde fueron
torturados, y sus cuerpos fueron arrojados al mar argentino como parte de los
vuelos de la muerte.
Los cuerpos de las Madres, Ángela Aguad y Leonie llegaron a las costas y
quedaron depositados en una fosa común del cementerio de General Lavalle, y en
2005 un trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense permitió
identificarlas.
El jueves 15 de diciembre de ese año, las Madres volvieron a la Plaza en
medio del terror y continuaron con las rondas, y una de ellas, Hebe de
Bonafini, animó al resto para que no abandonaran ese lugar de lucha.
Entre 2011 y 2017, los responsables de las desapariciones de los 12 de
la Iglesia de la Santa Cruz fueron condenados por la Justicia.
Los restos de María, Esther, Leonie y Ángela descansan en la Iglesia de
la Santa Cruz; los de Azucena, en la Pirámide de Plaza de Mayo, donde días
atrás también se depositaron las cenizas de Hebe de Bonafini, fallecida el
pasado 20 de noviembre.
Fuente:ElCiudadanoyLaRegion
Bajo el árbol de la memoria, un gran cedro plantado en 1996, en la plaza central de la ciudad bonaerense de Pergamino, se reunieron este sábado a la mañana vecinos, militantes de derechos humanos, ex presos políticos y familiares de José María “Pino” Cuesta, el luchador, el compañero, el docente, el amigo, como lo definían quienes lo conocieron. Pino que fue un preso político, detenido en 1974 y liberado recién en 1987 junto con Hilda “Lili” Nava de Cuesta, su compañera. Y fue homenajeado en este acto convocado por la Asociación por la Memoria y los Derechos Humanos de Pergamino, “por su compromiso y su entrega a las luchas populares”.
Fallecido recientemente en la ciudad de Toulouse (Francia), en Pergamino, la ciudad a la que Pino volvía periódicamente para estar entre los suyos, se decidió este homenaje en el que fue recordado por sus compañeros, los que compartían con él la militancia en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), también por sus vecinos y por los jóvenes pergaminenses a los que lego “su idealismo y sus ocurrencias”, era un luchador y también un bromista contaron.
Estaba también “Lili”, su compañera de toda la vida y con quien tuvo tres hijos, aunque estaban separados en los últimos años. Lili fue enfermera y trabajó muchos años con la organización francesa Médicos del Mundo. Junto a ella estaban también otros ex presos políticos que llegaron desde distintos puntos del país para rendirle honores a la memoria de Pino. Entre ellos Hugo Soriani, el director general de este diario, quien compartió la cárcel con Pino durante los últimos años de dictadura.
“Este encuentro con Pino mantiene la vigencia de su lucha”, definió al iniciar el acto Patricia, de la Asociación por la Memoria, delante de la bandera que porta los rostros, nombres y fechas de detención (1976, 77 y 78), de los 32 detenidos-desaparecidos de la ciudad. Hay calles con sus nombres en esta localidad de cien mil habitantes.
“Hay ya 12 baldosas en los lugares donde vivían”, detalla Nerina Contardi, una santiagueña que vivió el exilio y hoy reside en Pergamino, mientras iban llegando otros vecinos, junto con los familiares de Lili, la familia política de Pino: Nidia “Chita” de Nava, la madre de Lili; su hermana Roxana Nava y Nelson, su marido, a quien, como a muchos en este acto, le gustaba “guitarrear con Pino”. Le encantaba Palito Ortega, contaron.
Otros jóvenes recordaron que de chicos veían una pintada en una esquina que decía: “Liberación a Hilda Nava y Pino Cuesta”. Y Guillermo Colautti, también de la Asociación por la Memoria puntualizó el sentido del homenaje a quien “aunque ya no militaba políticamente siempre que volvía a Pergamino participaba de nuestras luchas por los derechos humanos y sociales”.
Silvio Ceccon, hijo de un detenido-desaparecido asoció la figura de Pino al nacimiento de la lucha por los derechos humanos en la zona. Otros lo recordaron con un texto, otros con una reflexión. Alguien dijo: “Francia te abrió los brazos pero en Pergamino te esperaban los abrazos”.
Cada testimonio fue reconstruyendo la vida militante de Pino. Y entre la dolorosa evocación de los años duros comenzaron a mezclarse anécdotas y lecciones de vida. Tanto las que surgían de la memoria que se recuperaba en Pergamino por los militantes de derechos humanos o las militantes del feminismo; como los que llegaban desde el escenario carcelario que entre los presos políticos fue territorio de resistencia y de lucha política.
“La cárcel fue un lugar de resistencia, de consciencia política, fue una linda etapa, aprendí a vivir, y todo lo que hice, lo volvería a hacer”, leyó otra joven, rememorando las cartas que Pino enviaba ya desde Francia, el país que había elegido y donde terminó sus estudios de economía. Pero a la par del recorrido de las detenciones, desde Coronda a Devoto, pasando por Trelew, Rawson o Caseros, transformados en escenarios de conquistas, se escucharon también hermosas anécdotas, graciosas en la tragedia que el humor evadía.
Se recuperaba la épica de aquellos años, se compartían en su honor las convicciones por las que toda una generación apostó a un cambio revolucionario para lograr un futuro mejor, donde la creación no era una palabra desteñida: "Pino era un ocurrente y le gustaba hacer bromas, y era un gran discutidor", definieron. Pero sobre todo era “alguien en quien podíamos confiar”, sostuvo Raúl “Radicura” Sassi, uno de sus compañeros de militancia setentista.
Lili no quería hablar “porque se dijeron ya muchas cosas hermosas” explicó. “Pero era mi compañero de toda la vida, lo cuidé hasta último momento, incluso atravesando muchas contradicciones, aprendí a quererlo así. Los chicos de Pergamino han sintetizado muy bien lo que él significó para todos. Me siento muy sola sin él”, lamentó su compañera, quien fue detenida en noviembre de 1974 en la provincia de Santa Fe cuando tenia 20 años. Estaba embarazada de tres meses y estudiaba enfermería. Pino estudiaba abogacía y economía política.
Lili salió en libertad cuando tenía ya 32 años. Pino salió con 35 años. Mariano, el hijo mayor de ambos hoy tiene 48 años y también vive en Francia. Y en este acto, a 40 años del retorno democrático en el país, las detenciones políticas proyectaban la distorción histórica de la represión ejecutada por el terrorismo de Estado.
El sol del mediodía no se sentía bajo la sombra del árbol de la memoria, en esta esquina de Avenida de Mayo y Rocha. Allí, Laura, la archivista de la Biblioteca Municipal de Pergamino recordó que “con Hilda nos vimos dos veces, una fue cuando la contacté por una carta que había llegado a la biblioteca en una donación. Hilda le había escrito a la madre de (Raúl) Alfonsín. La adoré desde ese momento por haberse atrevido a transformar su vida en lucha”. Junto con esa carta hoy hay otras cartas de ellos, contó Laura, y están a disposición de los usuarios de la biblioteca.
Otras cartas llegaron esta semana a Pergamino, desde Alemania, desde Francia, desde distintos lugares de la Argentina, y eran leída por estos jóvenes con emoción y convicción cívica. “Biqui” López compartió estar “llorando al hermano de los encierros corporales y los sueños inclaudicables”. José Ardiles lo recordó en las celdas de Coronda “con la guitarra en la mano y cantando una milonga de Larralde”. “Luisito” Castiñeira rememoró en palabras su perfil: “narigón, rebelde, irreverente, zurdo, perro, comunista”.
“Yo nací en un obraje de La forestal, mi vieja era costurera”, contó Carlos Alberto “Tintina” González, otro de sus compañeros del setenta, mencionado con humor en varias anécdotas, algunas relatadas por Soriani. “A cuarenta años del día en que me anunciaron la libertad –explicó Soriani- recordar a Pino con alegría es un orgullo". "Algunos que compartimos aquellos años están presentes. Pero Pino está en el corazón de todos. No tuvo una vida fácil. Compartimos mucho, incluso las cartas que nos llegaban. Así conocí a Lili, y tal como él me había pedido fui a visitarla cuando salí. Hablamos horas recordando cosas con alegría. Y ese es el mejor homenaje que hoy podemos hacerle a Pino”, concluyó.
Fuente:Pagina12