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25 de octubre de 2023

"A mí no me adoptaron, me apropiaron".

 24 de octubre de 2023

"A mí no me adoptaron, me apropiaron"

Al igual que otros nietos restituidos, hermanos y familiares, Guillermo Amarilla Molfino visita escuelas y brinda su testimonio de vida a niños y adolescentes.


En el marco de un nuevo aniversario de Abuelas de Plaza de Mayo, chicos y chicas de la Escuela Primaria N° 8 “Provincia de San Juan” de la ciudad de Buenos Aires participaron del proyecto “Las Abuelas nos cuentan”, una iniciativa de Abuelas y el Ministerio de Educación que busca aportar al abordaje educativo de las temáticas de la memoria, los derechos humanos y la identidad en las aulas.

A lo largo de estos 46 años de lucha, las Abuelas de Plaza de Mayo desplegaron diferentes estrategias para restituir la identidad de los niños y niñas apropiados durante la última dictadura. Con su fuerza incansable salieron en busca de información, viajaron al exterior, realizaron campañas de difusión, llevaron su mensaje a los medios de comunicación y se extendieron a las redes sociales para llegar hacia nuevos públicos.

Instalar el tema en la agenda social fue uno de los objetivos que se propuso la organización para que toda la sociedad conociera la causa. En estos años, las Abuelas impulsaron y ganaron no sólo conciencia y memoria sino además un reclamo que hoy es generalizado.

Con la recuperación de la democracia, la escuela tuvo un rol fundamental en la transmisión de la memoria y la reflexión sobre los procesos históricos y sociales en los que tuvo lugar el terrorismo de Estado. En ese sentido, la construcción de la memoria en las aulas, así como también la búsqueda de los nietos y las nietas, siguen sumando herramientas para encontrar a los que faltan y para concientizar entre los más jóvenes uno de los hechos más trágicos de la historia de nuestro país.

¿Cómo acercar la historia de nuestro pasado reciente a las nuevas generaciones que no vivieron la última dictadura militar? ¿Cómo lograr que chicos y chicas se apropien de estos temas que pertenecen a nuestra historia?

“Es importante romper con esa barrera del tiempo, cuando yo era chico escuchaba hablar de la Segunda Guerra Mundial y del nazismo y me parecía que había sucedido hace un montón de años y es la misma distancia que existe entre los pibes y las pibas de ahora con la última dictadura, y no pasó hace mucho tiempo, pero como no lo vivieron es muy difícil que lo entiendan. Estos pibes y pibas nacieron en democracia, en otro contexto, por eso es importante acercarles la historia a través de la palabra, con el testimonio en primera persona, dice el nieto restituido Guillermo Amarilla Molfino en conversación con docentes y directivos de una escuela del barrio de Caballito.

Guillermo trabaja como guía en el Museo Sitio de Memoria ESMA y también participa del proyecto “Las Abuelas nos cuentan”, una iniciativa que busca aportar al abordaje educativo de las temáticas de la memoria, los derechos humanos y la identidad en las aulas. A partir de una selección de cuentos de diferentes autores y autoras, chicos y chicas de escuelas primarias participan de una línea de trabajo centrada en la literatura, la escucha y el diálogo con el objetivo de continuar con la construcción colectiva de memoria y el compromiso con los derechos humanos desde las escuelas.

Una historia en primera persona

Guillermo llega a la escuela escuela, saluda a docentes y directores y se prepara para charlar con los chicos y chicas sobre su historia y la lucha de las Abuelas. El director da comienzo a la actividad, lxs chicxs hacen silencio. Guillermo comienza con la lectura del cuento “Manuel no es superman”, de Paula Bombara que forma parte del libro ¿Quién soy? Relatos sobre identidad, nietos y reencuentros. La historia trata sobre un chico llamado Manuel, cuyos padres fueron asesinados durante la dictadura y él se salvó ya que su mamá lo escondió en un armario. Como fue adoptado y no sabía su identidad, en el cuento lo comparan con Superman. Hasta que un día se entera que su abuela lo estaba buscando y supo su realidad.

“La historia de Manuel es parecida a la mía”, dice Guillermo una vez finalizada la lectura del cuento. Y agrega: “Yo recuperé mi identidad gracias a la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo”.

– ¿Cómo te llamás? –pregunta uno de los niños.

– Mi nombre es Guillermo, mis apropiadores me pusieron Martín pero cuando me enteré de mi verdadera historia quise ponerme Guillermo como mi papá biológico.

– ¿Cuántos años tenés? ¿Qué día cumplís años? Interrumpe una niña.

– Tengo 43 años y cumplo el 27 de junio.

Desde el fondo del aula, un chico levanta la mano y le pregunta:

– ¿Cómo te adoptaron?

– A mí no me adoptaron, a mí me apropiaron. Hay una gran diferencia entre adoptar y apropiar. Apropiar es falsificar la identidad de un niño o niña y anotarlo como propio, eso es un delito, en cambio adoptar es un proceso legal por el cual un niño o una niña acceden a tener una familia- responde Guillermo.

– ¿Cómo era tu relación con tus apropiadores? es la siguiente pregunta.

– Un poco particular, mi apropiador murió cuando yo tenía catorce años, pero no tenía una buena relación. Conmigo nunca fue violento, en realidad fue violento en mentirme y robarme. Y con mi apropiadora lo mismo.

– ¿Cómo te enteraste de la verdad? ¿Qué pasó con tus papás?

– Muchos de nosotros fuimos secuestrados y nacidos en cautiverio porque nuestras madres fueron secuestradas estando embarazadas. Mi historia es particular porque se conoce que mi mamá estaba embarazada, a partir del testimonio de una sobreviviente en el juicio por la megacausa Campo de Mayo y ahí mi familia es convocada para dar una muestra de sangre y cotejar el ADN. Ahí sí, dio positivo. En 2009 me encontré con mi familia, con la verdad y con mi identidad. Mi vida cambió a partir del 2009 porque pude conocer la verdad y empezar a cambiar para conocer un mundo nuevo. Saber quiénes son tus padres, que tenés hermanos, de dónde sos, encontrarte con tu historia, es muy importante. Tengo una muy amplia familia que me recibió muy bien desde el primer momento y cuando me abracé con mis hermanos, sentí que por primera vez tenía algo para toda la vida

– ¿Tenés abuelas? Porque yo tengo dos, le cuenta un niño.

– Sí, muchas –responde Guillermo–. Cada uno de nosotros es un nieto para todas las Abuelas y todas ellas son nuestras abuelas para nosotros. De la misma manera, cada nieto es nuestro hermano. Las Abuelas brindan muchísimo amor en lo cotidiano, en el día a día y son un ejemplo para nosotros. Ellas tienen un objetivo muy claro, siempre apoyándose en el gran amor que tienen.

El encuentro va llegando a su fin. Los niños y niñas siguen levantando la mano, quieren saber más de la historia de Guille. Antes de despedirse, el nieto resalta la importancia de concientizar a toda la sociedad sobre lo que sucedió en la última dictadura y la lucha de los organismos de derechos humanos por la memoria, la verdad y la justicia. “En medio de discursos que cuestionan el número total de detenidos desaparecidos y niegan los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el terrorismo de Estado, hoy más que nunca, es importante defender las conquistas en materia de derechos humanos que conseguimos. No hay que abandonar la lucha, hay que acompañar a las Abuelas y defender nuestros derechos para no repetir lo sucedido”, concluye.

Las Abuelas de Plaza de Mayo cumplen el 22 de octubre 46 años de lucha y búsqueda. Las nuevas generaciones son fundamentales en la tarea de conocer qué fue lo que pasó, por qué sucedió, de poder difundirlo y comprender que sus consecuencias persisten. Y un modo de llevar adelante esta tarea es a través del trabajo en cada una de las aulas visibilizando y concientizando entre las y los jóvenes la importancia de defender nuestros derechos y nuestra democracia.

Fuente: Espacio Memoria y DDHH

Autor/a: Espacio Memoria y DDHH

Fuente:AbuelasdePlazadeMayo

21 de octubre de 2023

Sabrina, identidad y memoria “en construcción permanente”.

Sabrina, identidad y memoria “en construcción permanente”

Sabrina Gullino Valenzuela Negro, hija de desaparecidos en la dictadura, visitó la región en el marco de la “Semana de la Memoria” y participó de varias actividades donde reivindicó el rol de la educación pública y de “disputar sentidos” sobre el pasado.

POR LEONARDO HERREROS



“Yo ya tenía una duda, había nacido en esa época (plena dictadura) y una amiga me insistía en que me hiciera el análisis, pero no era una duda que me atormentara, que no me dejara dormir. Era algo como para descartar. Nunca pensé que me iba a encontrar con dos familias que me estaban buscando, la familia Negro y los Valenzuela, mis abuelos, mis dos tíos sanjuaninos que habían donado sangre para el Banco Nacional de Datos Genéticos”, entre otros.

Sabrina se enteró a sus 30 años que era la nieta recuperada por Abuelas N°96, hija de Edgard Tulio Valenzuela y Raquel Carolina Ángela Negro, militantes de Montoneros, secuestrados el 2 de enero de 1978 en Mar del Plata y llevados al Centro Clandestino de Detención “Quinta de Funes”, en Santa Fe. Raquel estaba embarazada de mellizos y dio a luz entre el 3 y 4 de marzo de 1978 en el hospital Militar de Paraná. Por complicaciones de salud, Sabrina y su mellizo son derivados al Instituto Privado de Pediatría de Paraná como “López, Soledad” y “López, NN”. Ambos son dados de alta el 27 de marzo de 1978 y Sabrina es abandonada en el Hogar del Huérfano de Rosario. Hasta hoy sus padres están desaparecidos, al igual que su mellizo, a quien aún busca, con la ayuda de Abuelas y la Justicia. Ya ha declarado en varias causas.

La entrevista a Sabrina Gullino en la Fadecs.

Sabrina participó el martes de una entrevista colectiva con estudiantes de Comunicación en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, dentro de la “Semana por la Identidad y la Memoria en el Alto Valle” que desarrolló varias actividades en Roca y Neuquén. Tiene un particular sentido del humor y acompaña el relato de hechos dramáticos con anécdotas y bromas que alivian la tensión.

Sabrina lleva orgullosa sus tres apellidos, ya que al adoptivo Gullino pudo agregar los de sus padres, Valenzuela y Negro, como parte del proceso de reconstrucción de su identidad.

Desde que nací hasta los 24 días fui hermana melliza. Cuando me adoptan, hasta los 30, soy hermana mayor de Carla. Y desde que restituí mi identidad soy hermana del medio, con otros dos”.

Sabrina Guillino Valenzuela Negro, hija de desaparecidos y nieta recuperada

“Yo nunca había dudado demasiado de mi identidad porque mis padres (Raúl Gullino y Susana Scola) me adoptaron legalmente y nunca me ocultaron nada. Yo sabía desde los 3 años que había sido adoptada, y más adelante qué abogado había hecho el trámite y en qué juzgado se había hecho la adopción. En Villa Ramallo no se hablaba demasiado de la dictadura cívico-militar , no había derechos humanos en las escuelas como ahora, no estaba el Día de la Memoria el 24 de marzo” comenta. “Y la imagen que tenía yo de los bebés apropiados estaba muy influida por casos mediáticos como el de los mellizos Reggiardo Tolosa; si eras apropiado tenía que ser alguien de las Fuerzas Armadas, que te hubieran mentido sobre tu origen, ese tipo de cosas. En mi caso había sido todo legal e incluso después mis padres adoptaron a otra hermana, así que siempre lo hablamos, incluso con chistes, sobre que no podíamos ni prestarnos los zapatos porque todas calzamos números diferentes”, dice.

Dijo que este aspecto es muy importante, ya que se ha demostrado “que hay muchos casos de adopciones de hijos de desaparecidos de buena fe, porque uno de los mecanismos de apropiación era dejar a los hijos de los militantes asesinados o desaparecidos abandonados en la calle o en alguna institución, con lo cual después se incorporaban al proceso de adopción legal. En mi caso, mis viejos no me apropiaron, pero sí hubo una práctica sistemática que lo hizo posible”, destacó.

Edgard Tulio Valenzuela y Raquel Carolina Ángela Negro, padres biológicos de Sabrina, militantes de Montoneros, secuestrados y desaparecidos en la dictadura

El rol de la universidad


En la charla, comentó que en su proceso tuvo mucho que ver su paso por la Universidad de Rosario y la militancia. “Cuando a los 18 años voy a estudiar Comunicación Social irrumpe en la escena política H.I.J.O.S (Hijos por la Identidad y la Justicia contra el Olvido y el Silencio), que realizaban actos, peñas para juntar fondos pero que también eran actividades de difusión… ellos traen algo importante que fue la identidad política de los desaparecidos: que el terrorismo de Estado desapareció personas por su militancia, ese famoso ‘algo habrán hecho’ de la dictadura era organizarse para defender derechos, participación política”, agregó.

Recordó que una de sus compañeras la impulsaba a hacerse los exámenes, dada su fecha de adopción. Sabrina solía bromear con ella: “ ‘Vos porque querés tener una amiga que sea hija de desaparecidos para tener más onda’, porque ser de H.I.J.O.S te daba un perfil más rebelde” agrega entre risas. Sin embargo, la duda quedó sembrada y abrió el proceso que marcó su vida futura.

Por este motivo, destacó la importancia de que la universidad pública mantenga estos espacios de discusión. “Yo en la facultad comencé a conocer los textos de la Memoria, había una cátedra libre que se llamaba Arturo Jauretche y creo que fue fundamental ese clima de debate sobre lo que había pasado en la dictadura, en ese momento también debatíamos la Ley de Educación Superior, un proyecto que venía con aval del Fondo Monetario Internacional”, recuerda.


Encuentro


El momento más emotivo de la entrevista con Sabrina fue sin dudas el relato del reencuentro con su familia biológica. La comunicadora relató que “yo recibo el llamado de la Justicia un sábado a la mañana, para comunicarme el resultado del ADN, yo había pedido ser la primera en saberlo. El lunes vuelvo a Rosario, averiguo el número de mi hermano Seba, desde el juzgado me habían propuesto que un psicólogo me acompañe pero no quise saber nada: a mi hermano lo conozco yo sola, dije”. Sebastián Alvarez, hijo de Raquel Negro, trabajaba en la Secretaría de Derechos Humanos de Santa Fe. Sabrina le pidió el teléfono a una amiga que trabajaba allí, pero no pudo ubicarlo. Más tarde, recibe un llamado: “era Seba, me dice ‘hola negrita que estás haciendo’ . Yo estaba baldeando el patio, pero no iba a decirle eso (risas) así que contesté ‘nada’ y cuando le pregunto qué hace él me contesta ‘estoy encerrado en el baño llorando’”, recuerda. Finalmente, acuerdan que vaya a su casa. “Lo recuerdo bañadito, con una camisa nueva y una mochila llena de fotos. Nunca supe qué me dijo cuando nos vimos, sí que estuvimos después charlando hasta las dos de la mañana”, rememora.

Después vino la presentación con abuelos, tíos y otros parientes de las familias Valenzuela y Negro. Incluso otro hermano, producto de una relación de Tulio con una mujer llamada Norma Espinosa, “quien también sabía que podía ser su hijo, pero le dieron más ganas de hacerse el ADN cuando supo que podía tener una hermana”, dijo.

La búsqueda de su mellizo continúa


Con tres apellidos y familias distintas, asegura que hoy tiene una “identidad en construcción”. “Desde que nací hasta los 24 días fui hermana melliza. Desde que me adoptan, hasta los 30, soy hermana mayor de Carla, la otra hija que adoptó mi familia Gullino. Y desde los 30 cuando restituí mi identidad soy hermana del medio, con otros dos”, comenta. Y además, en búsqueda de su mellizo, cuyo destino es una incógnita. “Es un desaparecido con vida al que seguimos buscando. Por eso hablamos de delitos de lesa humanidad, porque la apropiación ilegal se sigue cometiendo, al igual que la desaparición de mis padres. Sabemos que el melli fue dado de alta y no fue a parar a Rosario, como me ocurrió a mí”, contó.

En esta búsqueda, Sabrina ha participado de los juicios Guerrieri I, II y III, por la desaparición de sus padres y es querellante y testificó en la causa del Hospital Militar de Paraná, por la sustracción de su identidad y la de su hermano. En esta búsqueda han sido claves los testimonios de enfermeras del Hospital Militar y del Instituto Privado de Pediatría de Rosario, último destino conocido. El pasado 1 de septiembre, la jueza Noemí Berros ratificó las condenas de prisión contra los médicos Miguel Torrealday y Jorge Rossi, acusados de participar del proceso de apropiación. La corporación médica mantiene un pacto de silencio hace 45 años. Esos médicos nunca reconocieron que los mellizos pasamos por ahí y nos dieron de alta. Nunca dijeron a quién le dieron el otro mellizo, no así las enfermeras, tanto del hospital como de la clínica. Acá otra vez se ve el rol de las mujeres, clave para desandar este camino de identidad”, concluye.

La “Semana de la Memoria” y su rol en tiempos de negacionismo


Parte de la actividad de la Semana de a Memoria en la sede de la Unter, en Roca.

La visita de Sabrina Gullino Valenzuela Negro se dio en el marco de la “semana de la memoria”, una serie de actividades organizada por sindicatos, entidades académicas y organismos de derechos humanos. Allí se combinaron charlas , presentaciones de Gullino y actividades artísticas con el inicio del 8vo juicio por delitos de Lesa Humanidad, dónde se juzgan responsables civiles de la última dictadura.

Una de las preguntas recurrentes para la nieta recuperada 96 fue el tema de los discursos que niegan el terrorismo de Estado, hablan de una “guerra” y relativizan el número de desaparecidos.

Al respecto, Sabrina señaló que desde su perspectiva que “no debemos enojarnos con los jóvenes que hoy adhieren a ese tipo de liderazgos y de discursos, sino tratar de dialogar, explicar y convencer. Hay que reconocer que muchos se sienten fuera del sistema y llegan al extremo de identificarse con personas que piensan destruirle sus derechos, explícitamente. Deberíamos preguntarnos porqué resuenan este tipo de discursos: si estaremos cayendo en argumentos repetitivos, si no reflexionamos y criticamos a estas democracia imperfectas que tenemos, por más que hay que fortalecerlas”, dijo.

En otro momento de la charla, la comunicadora señaló que “nosotros hablamos de la memoria, que es precisamenta la construcción de un sentido sobre algo que ocurrió en el pasado, un hecho histórico. en la memoria hay disputas de sentido, un grupo de poder intenta imponer su visión de los hechos sobre lo que piensa otro. El pasado siempre se construye en el presente, hay una construcción del sentido de eso que sucedió”. Y señala que allí está el rol del comunicador.

“Las nuevas derechas en el mundo usan las nuevas tecnologías, los Tik Tok , short videos que son como un golpe a la mandíbula de sensaciones, sentimientos de enojo, odio, sin explicación. Nosotros vamos por el encuentro con el otro, el diálogo, la conversación, la crítica. Eso necesita tiempo. El desafío como comunicadores es cómo nos adaptamos y encontramos nuevas formas de comunicar”.

Sabrina es comunicadora sodical y trabaja como docente en la Universidad Nacional de Rosario. Coordina el área de educación y comunicación de Abuelas de Plaza de Mayo Rosario. Integra el Colectivo Editorial Aguará , una editorial que comparte con otros combina la militancia en derechos humanos, la docencia y la comunicación a través de formatos como la historieta para relatar historias sobre la temática de derechos humanos y sociales.

Fuente:RioNegro

12 de septiembre de 2023

CORDOBA: "A 40 pequeños años de democracia tenemos que seguir hablando de lucha".

 


18 de agosto de 2023

Procesaron al apropiador del nieto 133.

 

Procesaron al apropiador del 

nieto 133

Resumen Latinoamericano, 17 de agosto de 2023.

Para el juez federal Ernesto Kreplak, Cristina Navajas de Santucho debió haber dado a luz a su bebé entre enero y febrero de 1977 en el Pozo de Banfield. Su hijo restituyó su identidad el mes pasado y pudo reencontrarse con su padre, Julio Santucho, y con sus hermanos.

El juez federal Ernesto Kreplak procesó este jueves al apropiador del nieto 133, el hijo que Cristina Navajas de Santucho parió mientras se encontraba en cautiverio en el centro clandestino conocido como Pozo de Banfield. El hombre que inscribió como propio al bebé de Cristina y Julio Santucho es un exintegrante de la Policía Bonaerense.

El 28 de julio pasado, Abuelas de Plaza de Mayo informó que había hallado al hijo de Cristina Navajas –que se encuentra desaparecida– y de Julio Santucho, sobreviviente de una familia diezmada por el terrorismo de Estado. Los dos militaban entonces en el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) – Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).

Cristina fue secuestrada el 13 de julio de 1976. Entonces estaba viviendo con sus hijos Camilo y Miguel en un departamento de la calle Warnes. Allí también residían su cuñada Manuela Santucho con su hijo Diego y una compañera del Partido, Alicia D’Ambra.

Una patota irrumpió en la casa y se llevó a las tres mujeres. Los chiquitos quedaron solos en la vivienda hasta que la mamá de Cristina, Nélida Gómez de Navajas, llegó al departamento para rescatarlos. Allí, encontró una carta que su hija nunca había llegado a mandarle a su marido –a quien el PRT había destinado al trabajo internacional– en la que le comentaba que sospechaba que podría estar embarazada.

Cristina, Manuela y Alicia fueron llevadas a Automotores Orletti, el centro clandestino que regentó la SIDE en el barrio de Floresta. Allí también estaba secuestrado Carlos Santucho, que fue asesinado cruelmente por la patota que actuaba bajo las órdenes de Aníbal Gordon. A los pocos días cayó en Villa Martelli Mario Roberto “Roby” Santucho, líder del PRT. En Orletti, los represores celebraron la caída haciéndole leer a su hermana la crónica de su muerte.

Las tres mujeres permanecieron aproximadamente hasta fin de mes en Orletti y después fueron llevadas a Protobanco-Puente 12. En ese centro clandestino, Cristina les dijo a unas sobrevivientes su nombre y que estaba embarazada. Había hecho lo mismo en Orletti. “Decía siempre en voz alta que estaba embarazada”, contó Alicia Cadenas Ravela, que compartió cautiverio con ella en el campo de concentración de la SIDE.

Es probable que después de Protobanco-Puente 12, Cristina, Manuela y Alicia hayan sido trasladadas hacia otro centro clandestino. A finales de diciembre, Pablo Díaz –sobreviviente de la Noche de los Lápices– las vio en el Pozo de Banfield, que funcionó como una maternidad clandestina dentro del llamado “Circuito Camps”. A Claudia Falcone, otra de las estudiantes secundarias secuestradas en La Plata, la pusieron en la celda con Cristina y le dijeron que la cuidara. Según declaró Pablo Díaz, el médico policial Jorge Bergés fue a verla después de su llegada.

Cristina debió haber tenido a su bebé entre enero y febrero de 1977, estimó Kreplak en la resolución a la que tuvo acceso Página/12. Cuando Adriana Calvo fue llevada a ese centro clandestino, en abril de 1977, Cristina ya no estaba embarazada. Adriana acababa de parir a su hijita Teresa en un patrullero mientras era trasladada desde La Plata a Banfield. Cristina no le habló de su embarazo. Para Calvo, fue una forma de protegerla: para que no supiera que corría el peligro de que le sacaran a su beba.

Por el testimonio de Calvo se sabe que aproximadamente, para el 25 de abril de 1977, las tres mujeres fueron sacadas del centro clandestino ubicado en la intersección de Siciliano y Vernet. Desde entonces están desaparecidas.

El bebé de Cristina y Julio fue anotado como propio por un policía bonaerense. Lo registró como si hubiera nacido el 24 de marzo de 1977, cuando se cumplía el primer aniversario del golpe genocida. “Por ahora, estamos tratando de mantener en reserva tanto el nombre del procesado como el del nieto 133”, explicó la auxiliar fiscal Ana Oberlin. “Lo más importante es respetar los tiempos del nieto 133, que hace muy poco tomó conocimiento de que era el hijo de Cristina y de Julio, y se está reencontrando con su familia. Por otro lado, respecto de lo que tiene que ver con el apropiador, también esta reserva es importante porque desde la Unidad Fiscal de La Plata, el Juzgado Federal 3, la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (Conadi) y Abuelas estamos llevando adelante otras investigaciones de manera paralela que no queremos que se frustren por dar de manera anticipada algunas referencias”.

El apropiador integró la Bonaerense entre 1959 y 1980, cuando pidió la baja. En 1976 cumplía funciones en la Unidad Regional de Lanús. Ese año recibió varios reconocimientos, incluso el San Miguel Arcángel. Entre marzo de 1977 y marzo de 1978, estuvo destinado a la Brigada de Investigaciones de La Plata –otro centro clandestino del Circuito Camps–. 

El 25 de julio pasado, el Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG) informó que un joven que se había acercado en 2019 a Abuelas con dudas sobre su identidad era efectivamente el hijo de Cristina Navajas y Julio Santucho. Al día siguiente, fue convocado por la Conadi y rápidamente entró en contacto con su hermano Miguel, quien continuó la búsqueda de su abuela Nélida para encontrarlo. Después conoció a su papá, Julio, y a sus hermanos Camilo y Florencia.

En el Juicio por las Brigadas que actualmente se lleva adelante en los tribunales de La Plata se está juzgando lo sucedido con Cristina Navajas en el Pozo de Banfield. Esta semana declararon dos de los primos del nieto 133, Mario y Marcela Santucho. Se espera que, para fines de este año o principios del próximo, se dicte sentencia.

Fuente: Página 12

Envio:RL


15 de agosto de 2023

LA HISTORIA DE LEONARDO FASSATI ORTEGA.

 LA HISTORIA DE LEONARDO FASSATI ORTEGA

Es hijo de desaparecidos y recuperó su identidad a los 28 años: "Ese día me vi parecido a alguien por primera vez"

Leonardo Fossati Ortega nació en la ex Comisaría 5° de La Plata, fue apropiado y recuperó su identidad a los 28 años. Conocé su increíble historia.

POR CAMILA COSTA

14 de agosto de 2023

Durante 28 años Leonardo Fossati Ortega tuvo otro nombre y apellido. En todo ese tiempo no supo que era hijo de Inés Beatriz Ortega y de Rubén Leonardo Fossati, aun desaparecidos, ni que nació el 12 de marzo de 1977 en una cocina ubicada en el centro clandestino de detención que funcionaba en la Comisaría 5° de La Plata. Durante casi tres décadas le quitaron su identidad, aunque muy en el fondo él lo presentía.

Creció en una familia compuesta por una madre, un padre y una hermana en el barrio de Parque Castelli, en La Plata, y ya desde niño intuía que algo no estaba bien en esa casa: no había fotos de su madre embarazada, ni tampoco encontraba rasgos similares con sus —para ese entonces— progenitores.

“En los primeros años de los 80, cuando era un nene, yo pensaba que en el espejo del baño se reflejaba la realidad y lo que yo estaba viviendo era una película. Había algo que esa imagen me transmitía. Yo sabía que había algo que no conocía, que había algo detrás de ese reflejo que no me cerraba”, contó Leonardo a Infocielo y reconoció que todas esas dudas siempre aparecían en los juegos.

Con el correr de los años, las preguntas eran más recurrentes. “Veía que los padres de mis amiguitos eran mucho más jóvenes. La familia que me crió tenía las edades de los abuelos de mis amigos, no de sus padres y no entendía por qué”, sostuvo y agregó: “Ya en el colegio secundario, se iba sumando piezas a ese rompecabezas y me trajo la idea que posiblemente yo no era hijo biológico de esta familia”.

A sus 17 años las cuentas para él eran bastante claras: si no era hijo biológico de la familia que lo crio, posiblemente era porque su familia de sangre lo había abandonado. Y así fue como vivió algunos años más, sin demasiada información pero con una teoría que hasta ese entonces bastaba. “Le daba una respuesta automática a esas dudas en mi cabeza, pero no pasaron muchos años hasta que fui papá y ahí todo cambió”, aclaró.

“Fui papá joven, a los 20 años. Ahí uno no solo empieza a pensar en uno mismo sino como padre y en las cosas que no le quiere pasar a los hijos. Y yo no le quería heredar esta duda porque, en definitiva, no me la había sacado”, siguió Leonardo y manifestó que fue ese el momento en que decidió hablar con su familia.

Fue una tía quien le confirmó que no era hijo biológico de la familia que lo crio y le contó una historia sobre sus orígenes. Según la mujer, a él lo fueron a buscar a la casa de una partera, ya que su madre lo había abandonado y lo anotaron como hijo biológico con una documentación pública: “Lo mío no fue una adopción sino una apropiación”.

Para cerrar la historia, Leonardo buscó a esa partera para confirmar que todo había sido así, pero la mujer había fallecido “y como era clandestino no había registros”. Aunque pensó que ese era el fin de su búsqueda, el teatro le dio una nueva chance. Fue en una clase en la que había que realizar una improvisación donde “se me ocurrió hacer los últimos 5 minutos de vida de ese personaje y surgió el lamento de no haber podido conseguir su identidad”.

En esa escena, Leonardo interpretó a una persona que se estaba muriendo sin saber quien era su familia. Luego de que la profesora le pregunte cómo se le ocurrió y cuente su historia, escuchó una de las frases más importantes en su vida: “¿Por qué no vas a Abuelas de Plaza de Mayo?”. Desde ahí comenzó su investigación junto a la filial La Plata, donde le tomaron una muestra de sangre y, meses más tarde, descubrió su identidad.

“Me enteré que a mi no me habían abandonado, que tenía un nombre y apellido al momento de nacer, que Leonardo es el segundo nombre de mi papá y el primero de mi abuelo, por lo que tenía una historia familiar. Que mi papá y mi mamá fueron secuestrados en enero del 77, que ella estaba embarazada de 7 meses y que los vieron por última vez en la Comisaría 5°”, manifestó el nieto recuperado número 81.

El 11 de agosto de 2005, Leonardo volvió a nacer. Desde ese día, cuando descubrió que era hijo de Inés y Rubén, comenzó a conocer a su familia y contó que “me vi parecido a alguien por primera vez”. Lo cierto es que su familia de sangre vivía a pocas cuadras de la casa donde se creció. “A mucha de mi familia ya la conocía sin saber que era mi familia. A mi tía materna la conocía por ser vecina del barrio”, explicó.

Nacer en un centro clandestino de detención

A través de los testimonios de sobrevivientes del centro clandestino de detención, se conoció que por allí pasaron alrededor de 10 mujeres embarazadas y que hubo 2 nacimientos en la maternidad clandestina, el de Leonardo y el de Ana Libertad Baratti De La Cuadra, nieta recuperada en 2014.

De las embarazadas, Adriana Calvo de Laborde sobrevivió y fue quien le contó a Leonardo cómo fue su nacimiento. Lo cierto es que su madre fue secuestrada con un embarazo de siete meses y tuvo que parir en lo que era la “cocina maternidad” que funcionaba detrás de la fachada de la Comisaría 5°, ubicada en Diagonal 74 Nº 2833. “Mi mamá me tuvo en una mesa, atada de pies y manos, rodeada de policías que la insultaban”, sostuvo Leonardo.

El espacio es muy pequeño. Tiene una mesada de mármol que recorre todo el largo de una de las paredes de la cocina y está repleta de azulejos con flores marrones, verdes y azules. También tiene una ventana y una puerta, pero ambas conducen al horror. Hacia un lado hay calabozos, y hacia el otro está el patio que conecta el centro clandestino con la entonces Comisaría 5°, lugar en donde muchas víctimas fueron estaqueadas o atadas.

Cómo funcionaba el centro clandestino de detención de la ex Comisaría 5°

El centro clandestino de detención, que ahora es el Espacio de Memoria ex Comisaría 5°, funcionó en forma simultánea con las actividades normales de la comisaría. Aunque algunos sobrevivientes confirmaron que el lugar tuvo algunas reformas, la mayoría de los espacios se encuentran como aquel entonces y se pueden visitar en la actualidad.

En aquel entonces, según los relatos, los detenidos eran llevados en vehículos que entraban por uno de los portones laterales de la comisaría y se dirigían al patio, donde se los hacía bajar y se los metía en las celdas. A la izquierda del este lugar, había cuatro calabozos: eran, aproximadamente, de 6 por 2 metros y estaban cubiertos por una puerta de rejas y chapa de hierro.

Sobre la pared opuesta a la puerta de entrada había cinco calabozos mucho más pequeños, de 2 por 1 metro, y uno de ellos contaba con una letrina. Por otro lado se encontraba la cocina-maternidad —donde Inés tuvo a sus 17 años a Leonardo—, otro calabozo, un lavatorio, una letrina y una ventana pequeña que comunicaba una celda con un baño donde llevaban a las mujeres para bañarse.

Finalmente había un último calabozo que no daba directamente al patio, sino que se accedía a él pasando por un cuarto que muchas veces hacía de baño. Allí había un lavatorio, una letrina y un agujero en la pared a dos metros de altura que funcionaba como ducha. Este cuarto tenía una ventana pequeña que daba al patio y estaba separado del calabozo por una puerta de hierro con mirilla.

Según se conoce, este centro clandestino de detención fue utilizado simultáneamente como depósito de prisioneros y como centro de torturas y de exterminio. En este lugar se vio por última vez a muchas personas que hasta la actualidad continúan desaparecidas como Susana Falabella, Inés Ortega de Fossatti, Jorge Bonafini y Lidia Fernández.

A sus 46 años, Leonardo coordina la filial La Plata de Abuelas de Plaza de Mayo y el proyecto del Espacio para la Memoria ex Comisaría 5°. A 18 años de la restitución de su identidad, concluyó: "que este sea un espacio para la memoria es para nosotros un objetivo cumplido. Nuestra responsabilidad es transmitir la memoria, también desde el lugar donde transcurrieron los hechos".

El Espacio para la Memoria - Ex Centro Clandestino de Detención "Comisaría 5ta" en imágenes


Fuente:Infocielo