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7 de junio de 2020

La "vida de derecha" de Rodolfo Galimberti.

06 de junio de 2020
La historia del exsecretario de la Juventud Peronista y miembro de Montoneros 
La "vida de derecha" de Rodolfo Galimberti 
Página/12 cierra el repaso de la vida de quien ganó fama de joven como dirigente político y guerrillero y terminó sus días cerca del poder. Esta última nota de una serie de siete da cuenta de su recorrido desde el retorno a la democracia, el 10 de diciembre de 1983, hasta su muerte, el 12 de febrero de 2002. 
Por Gisela Marziotta
Cuando el 10 de diciembre de 1983 el radical Raúl Alfonsín asumió como primer presidente de la vuelta de la democracia, Rodolfo Galimberti estaba todavía exiliado en México. Había roto con Montoneros en 1979 y a partir de entonces organizó su propia agrupación, ya que consideraba que él y los suyos eran los Montoneros auténticos. Después recorrió Europa en moto, combatió en Medio Oriente con la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) -en donde casi pierde la vida-, y de vuelta en París murió su novia Julieta Bullrich en un accidente automovilístico. El Loco creía que la democracia le traería alguna oportunidad, que tenía un lugar predestinado en la vida política. Pero lograr salir de la clandestinidad no sería nada sencillo.

El 5 de mayo de 1984 Galimberti cumplió 37 años. Dos semanas después viajó a Brasil. Consiguió una casa en Búzios, frente al mar. Desde allí viajó hasta Foz de Iguazú, tomó una lancha y, ya en el lado argentino, un micro hasta Buenos Aires. Volvió a la ciudad tras seis años de exilio. Su identidad clandestina era César Shaffer. No tenía dinero y su reconocimiento político era escaso. La única carta con la que contaba era la revista Jotapé, con cierto prestigio entre la militancia peronista; se había encargado de conseguir los derechos por medio de un hombre de confianza. La revista tenía una tirada de cerca de ocho mil ejemplares por número y se regalaba en las unidades básicas.
A mediados de ese año se realizó en el Luna Park el primer encuentro de la Juventud Peronista (JP) unificada. Habían pasado diez años desde el último acto de esas características. La primera oradora ante las 40 mil personas que llenaban el estadio fue una joven de 27 años que pertenecía al galimbertismo y había sido cuñada del Loco: “La Piba”, Patricia Bullrich. A las 22 horas llegó al acto uno de los pujantes líderes del peronismo, el riojano Carlos Saúl Menem. Pero el centro de atención era La Piba, que había entrado al peronismo bajo el ala de Galimberti, pero ya tenía vuelo propio. La caída de Ítalo Luder ante Alfonsín había desarticulado las estructuras del peronismo. Bullrich empezaba a perfilarse dentro de Intransigencia y Movilización, una corriente fundada por el senador catamarqueño Vicente Leónidas Saadi.

El "tiempo de la reconciliación"

En 1985 Galimberti recibió un llamado inesperado de Roberto Perdía, quien había sido uno de los líderes de Montoneros con los que se había enfrentado el Loco. Lo invitó reunirse en Brasil, en donde seguía exiliado, para proponerle una tregua entre bandos. Para Galimberti era un tiempo de reconciliación, y no solamente en relación a sus ex compañeros de militancia
Tras seis años de exilio, Galimberti regresó en forma clandestina a la Argentina en mayo de 1984, sin dinero y con escaso reconocimiento político; un par de años después tenía una productora en Las Cañitas y ostentaba un BMW.
A través de Alejandro “el Gallego” Álvarez, uno de los fundadores de la agrupación peronista de derecha Guardia de Hierro, Galimberti conoció a Jorge Radice, delegado de la Marina y ex secretario del comandante Emilio Massera en la ESMA. Según los biógrafos del Loco, Marcelo Larraquy y Roberto Caballero, el encuentro se concretó en Mundo Marino, San Clemente, y Radice dijo: “Maté a mucha gente, a muchos compañeros tuyos”. La respuesta de Galimberti fue que él también se había “mandado cagadas”, pero que todo pertenecía al pasado. Así, hacia fines de 1986, había logrado entablar un vínculo con los militares, que todavía tenían poder desde los sótanos de la democracia.
Al año siguiente, Galimberti tenía una productora en Las Cañitas que le servía de pantalla, y ostentaba un BMW, con el que llegaba a la oficina. Una de las secretarias que trabajaba allí era Dolores Leal Lobo, hija de un antiguo gerente de Ford. En su nuevo trabajo conoció al enérgico Shaffer, de quien desconocía su verdadera identidad. Después de varias citas, el Loco le contó quién era realmente y le regaló libros para que aprendiera sobre su vida, como si se tratara de un personaje histórico.

Deslumbrado con Rico y los carapintadas

En Semana Santa de 1987 la calma democrática fue asediada por un intento de golpe de Estado, con el levantamiento de los carapintadas en Campo de Mayo. El presidente Alfonsín manejó la situación con entereza; habló ante una Plaza de Mayo colmada en defensa de la democracia y al atardecer inmortalizó la frase “la casa está en orden”, con los golpistas ya reducidos. Sin embargo, su mandato estaba herido de muerte, y el levantamiento dejó tres consecuencias: aceleró la sanción de la Ley de Obediencia Debida, la cual se concretó el 5 de junio de 1987; licuó su capital político, que terminó de caer con la crisis económica que desembocó en la hiperinflación; y cristalizó una profunda división en el seno del Ejército, entre los nacionalistas, que respondían a los carapintadas, los “liberales”, oficiales superiores que ocupaban la conducción de la Fuerza, y los “profesionales”, que buscaban una mayor eficiencia en el Ejército a través de una reestructuración. Galimberti estaba deslumbrado con la figura de uno de los carapintada que protagonizaron el intento de golpe: Aldo Rico. El ex comando formaba parte del sector del ejército “nacionalista”. A pesar de que seguía clandestino, el Loco quiso ir a visitar a Rico a la cárcel de Campo de Mayo, para lo cual consiguió un salvoconducto, gracias a sus contactos con los militares.
En 1987 Galimberti sufrió una herida personal, con la muerte de su padre, a quien no veía desde que se despidieron antes de la dictadura. Fue el año también en que el peronismo volvió al éxito electoral. El 6 de septiembre Antonio Cafiero se impuso por 46,48 por ciento de los votos, contra el 39,66 del candidato radical Juan Manuel Casella, y se convirtió en el nuevo gobernador de la Provincia de Buenos Aires. La Piba Bullrich era el nexo entre Galimba y Cafiero, de modo que al ex montonero se le abría una nueva punta en el escenario político. Esto se vio reflejado en la línea editorial de Jotapé, que mostró un apoyo inusitado al flamante gobernador.
Mientras tanto, Galimberti seguía montando su heterogéneo edificio de contactos. Hacia fines de año tuvo un encuentro en el Delta con Julio Bárbaro, en el que conoció a José María “el Gallego” Menéndez, un hombre fuerte de Bunge y Born. El Loco estaba recién dado de alta de una internación en el Hospital de Vicente López, al que llegó con un fuerte dolor en el brazo izquierdo. Luego de un electrocardiograma, fue diagnosticado como un ataque al corazón que casi se cobra su vida. De todos modos, no le impidió retomar sus reuniones al poco tiempo de haber dejado la clínica.
Su contradictorio crisol de allegados había trascendido el límite de lo imaginable: Galimberti empezaba a entablar una relación con los empresarios que había secuestrado con la Columna Norte de Montoneros en 1975. Menéndez, que había sido el encargado de negociar la liberación de Juan y Jorge Born, formaba parte del Grupo Olleros, vinculado a su vez con los carapintadas. El Grupo era el centro de operaciones del establishment que digitaba la desestabilización del ya debilitado gobierno radical de Alfonsín. Julio Bárbaro, Jorge Triaca y Juan Bautista Yofre llevaron a Menem a un desayuno del grupo en la sede de Bunge y Born, del cual participaron los más poderosos empresarios del país: Francisco Macri, Pérez Companc, Martín Blaquier (Ledesma), representantes de las empresas Bagó, Fate y Bridas. El 10 de julio de 1988 Menem fue elegido como precandidato a presidente en la interna del Partido Justicialista.

El reencuentro con Jorge Born

Galimberti no creía en Menem. La convocatoria de Bárbaro para que formara parte del grupo tenía otros motivos. Bárbaro había localizado a Patricia Bullrich, por pedido de Menéndez, ya que éste se había enterado de que Alfonsín pensaba indemnizar a la familia de David “Dudi” Graiver, víctima de la confiscación de todos sus bienes por parte de los militares, por ser el contador de Montoneros y el encargado de llevarse la plata del secuestro de los Born. En el Grupo Olleros había un plan para recuperar el dinero del holding, licuado entre los bienes de Graiver. Para ello necesitaban a alguien que hubiera estado del otro lado, es decir, del lado de Montoneros. El indicado era Galimberti. Jorge Born lo convocó personalmente a sus oficinas de San Pablo. El Loco se entrevistó en secreto con el empresario. Hablaron sobre el secuestro, y después fueron al asunto que los convocaba. Born necesitaba que Galimberti declarara que los Montoneros le habían dado la plata del secuestro a Graiver, de modo que parte de la fortuna de este último pertenecía a Born. “Si usted lo hace se lleva su parte”, le dijo Born, según la reconstrucción de Larraquy y Caballero.
A mediados de 1988 Galimberti empezó a ocupar el cargo de asesor en American Security International S.A, una empresa que en los papeles se dedicaba a la venta de software. Uno de sus dueños era Carlos Dalla Tea, un general retirado que fue quien contactó a Galimberti, y que a su vez estaba vinculado a Aldo Rico. La empresa le vendía sistemas a la SIDELos esfuerzos del Loco apuntaban a cumplir el objetivo de recuperar la plata de los Born. Para ello un cambio político era fundamental.
Cuando se desató la hiperinflación, la revista Jotapé tuvo que cerrar. El 23 de enero de 1989 salió el último número. En mayo la situación social era crítica y comenzaron los saqueos en Buenos Aires, Mendoza y Tucumán. Alfonsín dictó el Estadio de Sitio, y por esos días circuló una noticia falsa de que Galimberti había sido detenido en Rosario. Si bien no había sido así, no se trataba de un error inocente. Los servicios de inteligencia vinculados al gobierno buscaban hacerle saber que lo tenían en la mira como uno de los autores del plan de desestabilización del gobierno, junto con los carapintada y los sectores empresariales nucleados en torno al Grupo Olleros. Pero ya era tarde. El 14 de marzo de 1989 Menem arrasó en las urnas y el 8 de julio asumió como presidente. El flamante jefe del Ejecutivo nombró como ministro de Economía a Miguel Roig, ex gerente de Bunge y Born. Galimberti quería aprovechar el nuevo escenario político para lograr salir de la clandestinidad. Le insistía a Yofre, quien había sido puesto a cargo de la SIDE, para que lo hiciera. Pero éste le tenía recelo porque era amigo de Firmenich. Las viejas tensiones seguían vigentes.

El indulto de Menem

Sin embargo, el 8 de octubre el Loco logró por fin dejar la ilegalidad, cuando Menem firmó su indulto. Había pasado 16 años en la clandestinidad. Ese mismo día también fueron indultados los carapintada, el General Santiago Riveros y otros militares procesados por causas de violación a los derechos humanos durante la dictadura. En ese marco, Galimberti se juntó en el hotel Lancaster, en avenida Córdoba y Reconquista, con Jorge Born, pero esta vez sin secretos. Se sacaron una foto que buscaba representar la pacificación nacional que el gobierno necesitaba. Era la tercera vez que se veían, pero la primera que se hacía pública.
Todos los elementos para salir a buscar la plata de los empresarios estaban ahora disponibles. Con Menem en el gobierno Galimberti tenía una herramienta de negociación fundamental para lograr que los Montoneros que pudieran saber algo sobre el dinero del secuestro declararan como quería Born. Esa herramienta era el indulto. Galimberti viajaba para negociar con antiguos compañeros con esa carta. Un ejemplo que relatan los biógrafos de Galimberti es la visita a Juan Gasparini, que había trabajado en la parte de las cuentas de Montoneros, y todavía estaba exiliado en Ginebra. Al momento de recibir a Galimberti, el periodista estaba por publicar el libro El crimen de Graiver, que contaba cómo el dinero del secuestro había pasado a manos del banquero. Gasparini se comprometió a ratificar lo que había escrito en el libro en el marco de la causa judicial. Fue así que finalmente el 26 de abril de 1990 declaró en la causa Born. El 14 de agosto de ese mismo año, Menem lo indultó. El 27 de diciembre, el fiscal Juan Martín Romero Victorica -pieza clave del mecanismo- citó oficialmente a Gasparini como testigo. Al día siguiente Menem concedió el indulto a Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Mario Firmenich.
A partir de la asunción de Hugo Anzorreguy como secretario de Inteligencia, Galimberti pasó a colaborar en forma plena con la SIDE, mientras aprovechaba el neoliberalismo de los 90 para hacer negocios.
Ese mismo 28 de diciembre, Galimberti se divorció de Mónica Trimarco, su primera mujer, con quien seguía casado a pesar de que se había separado de ella hacía años y entablado una relación larga con Julieta Bullrich. Lo hizo para poder casarse con Dolores Leal Lobo. La fecha del casamiento fue el 11 de enero de 1991 y el lugar escogido Punta del Este. Al evento asistieron empresarios, personalidades del Poder Judicial y de los servicios de inteligencia. Jorge Antonio, el empresario que había sido sostén económico de Perón durante su exilio, fue padrino de la boda. Al poco tiempo Born le consiguió trabajo a Galimberti en su empresa Caldenes S.A, y si bien en los papeles Galimberti cobraba el sueldo mínimo, el trabajo servía de pantalla para los otros “asuntos” que realizaba para el empresario.
El 30 de enero de 1990, el abogado Hugo Alfredo Anzorreguy asumió como secretario de Inteligencia. Con ese cambio de esquema, Galimberti empezó a colaborar en forma plena para la SIDE. Pero esa no fue su única actividad. El contexto neoliberal abierto en los años noventa fue aprovechado por Galimberti para hacer negociosA mediados de la década conoció a un joven diseñador, con experiencia en actividades empresariales vinculadas al marketing, pero quebrado económicamente luego de una serie de proyectos frustrados. Su nombre era Jorge “Corcho” Rodríguez, y conocer al Loco representaba para él una nueva oportunidad. Al poco tiempo Galimberti, a quien el joven le había caído muy simpático y compartían la pasión por las Harley Davidson, lo llevó a conocer a Born, y juntos, en octubre de 1995 fundaron la empresa Hard Communications. La empresa era la nueva plataforma desde la cual Galimberti hacía negocios y contactos de todo tipo.

Entre Susana Giménez y la CIA

En 1996 el Corcho fue a visitar a una vieja amiga del ambiente publicitario, Claudia Segura Reynals. Rodríguez le contó acerca de Hard Communications y la invitó a trabajar en un proyecto: un concurso telefónico para el programa de Susana Giménez, asociado con alguna fundación que le diera un fin benéfico. Segura Reynals era el eslabón necesario para que Hard llegara a la diva. Para Galimberti, la oportunidad de dar un salto a través de Susana era fundamental porque generaría plata propia, es decir, por fuera de sus ingresos opacos, relacionados a ex militares y servicios de inteligencia. Finalmente lo lograron: en abril de 1997 firmaron un contrato con Telefé y con la conductora. Con la garantía de Born, consiguieron un préstamo de 8 millones de dólares para impulsar el proyecto. El programa fue un éxito en rating y en recaudación.
Para su cumpleaños de 50, el 7 de mayo de 1997, Galimberti montó una fiesta lujosa, en la que su socio Rodríguez le regaló la inscripción al Buenos Aires Golf Club, que había logrado gracias a la aprobación por parte del empresario Mauricio Macri, entonces dueño del club. El capital simbólico que significaba esa credencial para Galimberti era un escalón importante en la construcción de su nuevo semblante. Por su parte, el Corcho llegó a ser más que socio de Susana Giménez. Comenzaron un romance que provocó la separación de la diva del polista Huberto Roviralta.
Los negocios rendían cada vez más frutos con el recurso de las llamadas, que también tenían el fin benéfico de colaborar con la Fundación Felices Los Niños, dirigida por el sacerdote Julio Grassi, el mismo que años después fue condenado a 15 años de prisión por abuso sexual infantil, por una causa que había comenzado en 1991. Pero al poco tiempo se reveló que el negocio era una estafa. En febrero de 1998 se inició una investigación que reveló que de los tres pesos más IVA que cada participante pagaba por su llamada, el porcentaje que recibía la fundación beneficiada era mínimo. La fiscalía descubrió que, en total, de 18.500.000 pesos que se facturaron por las más de 6 millones de llamadas que se hicieron al programa, Felices Los Niños sólo habría recibido unos 400 mil pesos. Por esas irregularidades, fueron procesados Born, Galimberti, Rodríguez, Susana y directivos de Telefé, que fueron absueltos en septiembre de 2002.
En junio de 1999 Galimberti puso la firma para la creación de otra empresa, esta vez dentro del rubro de seguridad. Universal Control entraba al negocio de la inteligencia privada, por esos años en auge en Argentina, y con socios idóneos en el área: dos ex oficiales de la CIA, David Manners y Frank Anderson, y otro del Servicio Secreto del Departamento del Tesoro, Ronald Luziana. La empresa abrió una oficina en Washington, y empezó a operar en Argentina en el año 2000, ya bajo la presidencia de Fernando De la Rúa. El principal cliente de Universal Control era el grupo Exxel, fondo manejado por el uruguayo Juan Navarro, quien designó a la empresa de Galimberti la custodia de sus empresas controladas OCA, Edcadassa, Interbaires y MasterCard. Según los biógrafos del Loco, su vinculación con la CIA no se limitó a Universal ControlEn una conversación con un amigo suyo y funcionario del gobierno, Javier Martina, le confirmó el rumor que ya circulaba en el ámbito empresarial: Galimberti era “contratado” de la CIA.
Esa fue la última “aventura” del ex montonero, exiliado, combatiente de la OLP, conciliador con los torturadores de sus ex compañeros, empresario, estafador, servicio de inteligencia. El 12 de febrero de 2002, Rodolfo Galimberti murió por una afección en la aorta abdominal durante una operación, en el Sanatorio San Lucas de San Isidro. Tenía 54 años
Fuente:Pagina12

3 de junio de 2020

Rodolfo Galimberti y los hilos de la contraofensiva.

02 de junio de 2020
La historia del exsecretario de la Juventud Peronista y miembro de Montoneros
Rodolfo Galimberti y los hilos de la contraofensiva
Página/12 avanza en el repaso de la vida de quien ganó fama de joven como dirigente político y guerrillero y terminó sus días cerca del poder. Esta nota, la sexta de una serie de siete, va del 24 de marzo de 1976 al 10 de diciembre de 1983. 
Por Gisela Marziotta
El 24 de marzo de 1976 los militares cerraron la tercera experiencia de gobierno peronista. La Sociedad Rural formuló su diagnóstico: “Durante el periodo 75-76 el país presenció posiblemente su más grande convulsión social, política y económica desde la época de la Organización Nacional. Estos trastornos, consecuencia de un régimen demagogo y populista, llevaron al país al borde de la disolución, desgracia que pudo ser evitada debido a la intervención militar del 24 de marzo, destinada fundamentalmente a reencauzar el país en el camino de la ley, de la responsabilidad, de la verdad”.

La conducción de Montoneros interpretó el golpe como el “último desatino de los militares”. La cúpula de la organización empezaba a mostrar cada vez más su postura sectaria y mesiánica de la coyuntura, mezclando un optimismo ingenuo con una rigidez verticalista y extrema que no daba márgenes para la crítica interna. En la Columna Norte, el grupo del Rodolfo Galimberti, que bordeaba los 30 años, tenía una visión diferente de los acontecimientos, con la certeza de que existía un plan de exterminio sistemático que iba a terminar por aniquilarlos a todos. La disparidad de fuerzas militares era notoria.

Los meses posteriores al golpe de Estado

El Loco Galimba tenía el rango de Capitán de la Columna Norte con subordinados a cargo. Su estrategia sobre cómo encarar el conflicto con las fuerzas militares y de seguridad chocaba con la decisión verticalista de la Conducción de continuar con la lucha frontal, una “guerra de aparato a aparato”. Es decir, una guerra con dos ejércitos. El nuevo gobierno centralizó la represión en los aparatos de seguridad del Estado, como dijo Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar: “Las tres A son ahora las tres armas”. El Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Se trabajaba de forma coordinada. A pocos días del Golpe, el Comando IV del Ejército, más las brigadas policiales de Martínez, San Martín y Tigre empezaron a actuar sobre las estructuras sindicales de zona Norte. En abril ya habían caído varias comisiones internas de fábricas, con la complicidad de los gerentes, que confeccionaban las listas negras junto a los sindicalistas de derecha.
En mayo de 1976, Mario Herrera, el militante cristiano que había acompañado a Galimberti en sus tiempos de JAEN, fue secuestrado en su casa de San Telmo y asesinado por el Ejército. La Conducción de Montoneros había llegado a la conclusión de que con el golpe militar la cuestión había quedado bastante clara: por un lado estaban las fuerzas populares, representadas por la Organización, y por el otro, las fuerzas oligárquicas de la reacción, representadas en la Junta Militar. Según ese razonamiento, finalmente la mayoría de la población se iba a volcar en favor de las organizaciones armadas. Pero esa misma clase media que en algún momento no vio con malos ojos, y hasta a veces con cierta simpatía, el accionar de la guerrilla en esta oportunidad vería el caos como una amenaza a su tradicional estilo de vida. El “Orden” era una palabra corriente entre vastos sectores de la población. La derecha había logrado resignificar el conflicto social.
Si bien la Conducción preveía que durante todo 1976 caerían una sensible cantidad de cuadros, también pensaba que, mediante la “resistencia popular” contra el nuevo gobierno, la Organización se regeneraría y volvería a golpear a la dictadura, como en tiempos de Lanusse, hasta derrocarla. Luego se podría instaurar un gobierno popular revolucionario. Veía la posibilidad de un proceso similar a lo ocurrido entre 1955 y 1973, aunque condensado en el tiempo. Con este diagnóstico, Montoneros tomó la decisión de realizar operaciones armadas de alto impacto contra fuerzas de seguridad, con el objetivo de llegar a la opinión pública. Pero pese a los cálculos de Mario Firmenich, principal jefe de la organización, la sociedad ya no los acompañaba, y la opinión pública estaba cooptada por los grandes medios de comunicación, afines al discurso de los militares.
Durante el otoño de 1976, Galimberti estuvo en riesgo al chocar con su auto en la Avenida del Libertador. Bajó de un salto, se disculpó con el conductor, le mostró su “carnet de policía”, dijo que estaba en un operativo y desapareció como ráfaga del lugar.
A mitad de año, todas las estructuras de Columna Norte se fueron haciendo añicos por la represión. Durante el otoño de 1976, Galimberti estuvo en riesgo por un accidente de tránsito sobre Avenida del Libertador. Su Peugeot 404 blanco se estrelló contra un poste de luz, antes de chocar contra otro auto. El Loco bajó de un salto, se disculpó con el conductor, le mostró su “carnet de policía”, dijo que estaba en un operativo y desapareció como ráfaga del lugar. Las Fuerzas Armadas continuaron con la metodología de la Triple A, que torturaba a los militantes populares y tiraba los cuerpos a la vía pública. La diferencia era que los métodos eran más sistemáticos y organizados, y, por otro lado, los apresados no iban a la cárcel a disposición del Poder Ejecutivo.
Los centros clandestinos comenzaron a poblarse. En junio, “la banda” de Galimberti sufrió su primera baja: Sergio Puiggrós, hijo de Rodolfo Puiggrós, militante político, escritor y periodista de la Izquierda Nacional, que había sido nombrado rector de la Universidad de Buenos Aires durante la presidencia de Héctor Cámpora. Su padre le había ofrecido exiliarse en México junto a su hermana Adriana - actualmente Secretaria de Educación del Ministerio de Educación de la Nación -, pero primaron su compromiso moral con sus compañeros caídos y la causa de la lucha. No quiso exiliarse. En aquellos días, la muerte era moneda corriente.
Las caídas eran incesantes. No había dinero para dar cobertura clandestina a la militancia de superficie. Desde la Conducción se decía: “Que se refugien en el seno del Pueblo”. Era una carta de defunción. La desprotección de la militancia de base que operaba en villas y barrios se hizo evidente. En agosto de 1976, casi sin recursos materiales, la Columna Norte estaba a punto de sucumbir. El Loco, que se caracterizaba por un comportamiento solidario hacia sus subordinados, entraba en conflicto para que la Conducción liberara armas y recursos durante la represiónGalimba suplía las faltantes apelando a sus vínculos con armeros locales. Un FAL no tiene precio. Aunque valga un millón de dólares hay que tenerlo. Un FAL te salva la vida”, decía, según sus biógrafos Marcelo Larraquy y Roberto Caballero.

La salida del país

Galimberti casi no circulaba por la calle. Reagrupaba a sus cuadros, se encerraba en una casa durante uno o dos días manteniendo la costumbre de no parar de hablar. Su verborragia casi ininterrumpida seguía eclipsando al grupo con historias y anécdotas de militancia. Seguía conservando ese magnetismo que lo caracterizaba en las charlas; también sabía escuchar e interpretar las ideas de cada uno. Hacia la segunda mitad de 1976, recibió la orden de la Cúpula de Montoneros de viajar a Rosario, pero no la cumplió. De un momento a otro, desapareció. No asistió a las citas. En la Columna Norte pensaban que el Loco había caído. Pero no era así: estaba recluido en una villa de Saavedra en el hogar de un conocido peronista. Su novia Julieta Bullrich se encontró con un compañero y le dijo la verdad. La versión de Galimberti fue que había tenido un enfrentamiento y que había sido herido en la cabeza por el roce de un proyectil. El relato no sonaba muy verosímil, pero la verborragia e ímpetu con que narraba los sucesos, el grado de detalles de su relato, lo hacía hasta convencerse a él mismo de acontecimientos que tal vez no eran exactamente como los relataba. Finalmente, en diciembre de 1976, la Conducción decidió sacarlo del país. Rodolfo perdió contacto con sus subordinados y quedó vinculado con Carlos Alberto “el Oveja” Valladares, del Servicio Internacional, para que le dieran documentación oficial.
En el mes de enero de 1977 las caídas seguían en aumento. La Secretaría Militar de Columna Norte tuvo quince bajas. La militancia quedó dispersa, mendigando recursos y escapando de la represión. A fines de febrero, Galimberti se fue de la Argentina con documentación falsa provista por la Organización. Tomó un barco en el puerto de Buenos Aires; era un día gris y lluvioso. Larraquy y Caballero reconstruyeron esos días y destacaron la melancolía del LocoSe sentía muerto en vida. De Colonia viajó a Montevideo y se hospedó en un hotel cinco estrellas. En medio de un clima de derrota, el líder montonero Mario Firmenich aseguraba: “Somos la opción política más segura para el futuro inmediato de la Argentina”. Galimberti cruzó la frontera en micro desde Montevideo para llegar a Brasil y se instaló en Río. Una semana después llegó su novia Julieta y retomó contactos con el jefe del Servicio Internacional, Fernando Vaca Narvaja, para sondear las posturas de la Organización.
En abril de 1977, Galimberti viajó de Brasil a Italia para reincorporarse a Montoneros desde el exilio. En Roma se estaba organizando el lanzamiento del Movimiento Peronista Montonero (MPM). El mismo mantenía su postura revolucionaria pero señalando que en esta nueva etapa priorizaría la política sobre los “fierros”. El 20 de abril, Firmenich anunció la constitución del MPM y de su Consejo Superior. Miguel Bonasso fue nombrado secretario general de Prensa y el poeta Juan Gelman secretario adjunto. El Loco fue elegido secretario general de Juventud. Era su reingreso formal al aparato montonero.
Hacia la segunda mitad de 1976, Galimberti desapareció por un tiempo. Dijo que había sido herido en la cabeza por el roce de un proyectil en un enfrentamiento. No sonaba verosímil, pero la verborragia y los detalles de su relato lo hacían convencerse a él mismo.
Viajó a México con el objetivo de organizar la Juventud Peronista Montonera en el exterior. Se instaló en una enorme casa de tres plantas para facilitar reuniones con varios cuadros de la Conducción Nacional. Se reunía con Rodolfo Puiggrós, Bonasso y Ricardo Obregón Cano -ex gobernador de la provincia de Córdoba en tiempos de Cámpora-, entre otros. El Loco se diferenciaba de ellos por su crítica sin tapujos hacia la Conducción de Montoneros. Los cuadros más jóvenes que asistían a sus sermones y análisis de la coyuntura quedaban obnubilados. Había logrado un prestigio y admiración importantes entre la nueva militancia más joven. Galimberti terminó forjando una JP rebelde respecto a la línea oficial. Quería construir una base de poder propia. Las diferencias con la Conducción siempre resultaron conflictivas para él. Sintió por ellos un odio irreductible cuando se enteró que el botín del secuestro de los Born, del que había participado de forma determinante, estaba resguardado en la isla caribeña de Cuba.
Mientras tanto, en la Argentina asediada por la dictadura, la Columna Norte desfallecía por la escasez de suministros. Se debatía a cada minuto si debía o no seguir en la Organización. Sin embargo, el Loco se movía políticamente de forma oscilante, no terminaba de cortar del todo. En agosto de 1978 viajó a Cuba para asistir al Congreso Mundial de la Juventud, aunque siempre había renegado de los comunistas y de la postura de la URSS en los temas nacionales.

En el último trimestre de 1978, Galimberti armó base en París. Lo acompañó su novia Julieta, junto a su madre. Su cuñada, Patricia Bullrich, “La Piba”, de veintiún años, se hizo responsable de la JP en Madrid. Galimba empezó a trabajar sobre las desavenencias e inconformismo de los exiliados montoneros con la Conducción, buscando construir poder, canalizando esa situación en su favor. Pero también, frente a esos “exiliados”, se transformó en un comisario político. Sentía cierto desprecio y desconfianza por los que se habían fugado o habían sido liberados. “Mientras los compañeros fueron exterminados, ellos sobrevivieron. No podemos confiar en los chupados”, afirmaba. El Loco sostenía que los liberados seguían controlados por los Servicios de Inteligencia Naval (SIN).

La renuncia a Montoneros

En enero de 1979, la cúpula montonera, luego de deliberaciones, aprobó en un plenario la llamada “Contraofensiva” que se estaba planeando desde hacía unos meses para derrocar a la dictadura. Galimberti voto a favor de la misma, al tiempo que empezó a boicotear la operación por detrás. En su fuero íntimo estaba convencido de que era una locura mesiánica y suicida ideada por Firmenich y su grupo. Conversando con uno de sus conocidos de la organización que dudaba si valía la pena poner el cuerpo en semejante operativo, le dijo: “No vuelvas porque te van a matar. Los van a hacer mierda a todos apenas entren al país. No tienen idea a donde se están metiendo…” Finalmente, el 22 de febrero de 1979, anunció su renuncia a Montoneros, denunciando el sectarismo y la burocratización, el errado resurgimiento militarista y foquista de la Organización en todos sus niveles.
Pero la ruptura con la cúpula de Montoneros no significó la renuncia de Galimberti a la militancia peronista. El Loco se dedicó desde entonces a armar su propia versión de la organización, a la que denominó Peronismo Montonero Auténtico. Hacia abril de 1979, puso en marcha el Operativo Retorno, para volver a la Argentina. Una de las principales herramientas con las que contaba el galimbertismo era la revista Jotapé, que se seguía distribuyendo en las fábricas y entre militantes. Fue en esa plataforma que se publicaron, por primera vez, los documentos críticos de Walsh a las cúpulas de Montoneros, que el escritor desaparecido había escrito entre agosto de 1976 y enero de 1977.
Tras su salida de la cúpula de Montoneros Galimberti continuó su militancia peronista y se dedicó desde entonces a armar su propia versión de la organización, a la que denominó Peronismo Montonero Auténtico.
El dinero de los Born era una de las cosas que más fastidiaba a Galimberti. La Columna Norte había llevado adelante el audaz operativo para secuestrar a los empresarios, y el nuevo escenario encontraba al galimbertismo sin recursos económicos. Para sortear esta dificultad, Galimberti contactó por medio de Héctor Gambarotta a Oscar Braun Seeber. Este último, familiar de los acaudalados Braun dueños del Banco Galicia y de importantes porciones de la Patagonia, manejaba un instituto de investigaciones sociales en La Haya, Holanda. La propuesta de Galimberti y Gambarotta era abrir una sede de la institución académica en París, para dar trabajo a los Montoneros exiliados.

Jefe de un pelotón de la OLP

El plano de la vida afectiva de Galimberti también era turbulento. Su relación con Julieta Bullrich era por momentos conflictiva y estaban cada vez más distanciados. En París, el Loco conoció a Marie Pascal Chevance Bertin, francesa, hija de un general de la resistencia y ex esposa del actor argentino Norman Briski. Se habían vuelto amantes en la ciudad del amor. Pero la inquietud de Galimberti interrumpió también ese affaire. La tranquilidad del exilio europeo lo molestaba, no quería ser un “exiliado de café”, cómo él repetía, según sus biógrafos. Decidió, entonces, enrolarse en el Líbano. Para ello se puso en contacto con el responsable de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Fue nombrado jefe de un pelotón multinacional de voluntarios, con el rango de oficial.
Aún estando en otro rincón del planeta, Galimberti no podía dejar de pensar en Argentina. Hasta que un día un elemento de su pasado en Montoneros se le presentó en Medio Oriente. Fue una situación por demás extraña, en la que tenía que decidir sobre la libertad o la muerte de un hombre. Se trataba de un joven francés de 24 años llamado Xavier Capdevielle, que era oficial de Inteligencia de la Fuerza Aérea del país galo. Cuando el Loco le dijo que era argentino, Capdeville le contestó en un español perfecto que él había vivido en Buenos Aires y que a su padre, un empresario poderoso, unos “guerrilleros comunistas” le habían volado las manos con un sobre bomba. Todo era cierto, menos que los guerrilleros eran comunistas; eran peronistas, miembros de Montoneros, de la Columna Norte. Galimberti no le dijo nada, y le salvó la vida.
Una noche, se lavantó para ir al baño en su tienda de campaña y recibió un balazo en las costillas que le perforó un pulmón. Su cuadro clínico era grave, por lo que fue trasladado a Damasco. Allí lo visitó un hombre que tenía el poder para trasladarlo a Francia para que el gobierno de ese país se encargara de su salud. Era Xavier Capdevielle. Le devolvió el favor de salvarle la vida. Una vez en París, Galimberti le contó que había participado en el operativo que había explotado las manos de su padre. La reacción de francés fue más de desconcierto que de enojo. Días más tarde Capdevielle padre lo invitó a conversar a su casa. El Loco fue, conversó un largo rato con el empresario mutilado, que terminó perdonándolo.
En junio de 1980 Galimberti dejó París. Viajó a Holanda y luego a México con Julieta. En el país centroamericano se reencontró con la colonia de exiliados por la dictadura. La dictadura se quebraba entre las internas de las tres armas y una crisis económica que se volvía endémica. La Guerra de Malvinas, iniciada el 2 de abril de 1982, fue como un manotazo de ahogado en busca de legitimidad, y tuvo un efecto breve. Hacia el año 1983 la vuelta democracia estaba más cerca que nunca. El galimbertismo se organizaba en una oficina de la calle Uruguay, en lo que era el Centro de Estudios para la Democracia Argentina (Cendra). El instituto había sido fundado por Roberto “el Vasco” Mauriño - viejo amigo de Galimberti -, Patricia Bullrich y Daniel Llano. Galimberti estaba convencido de que el peronismo encabezado por Ítalo Luder iba a perder las elecciones.
Faltaban pocos meses para las elecciones cuando el 24 de agosto de 1983 Galimberti tuvo un accidente de auto a las afueras de París. Él sufrió heridas no demasiado graves, pero su novia Julieta murió en el acto. La hermana de Patricia tenía 28 años. Desde allí volvió a México. El horizonte de la democracia era una promesa, y el Loco esperaba que viniera de la mano de su indulto. Eso tampoco sería tan fácil. El 20 de octubre el radical Raúl Alfonsín se impuso en las urnas con más del 51 por ciento de los votos. 
Fuente:Pagina12

27 de mayo de 2020

Rodolfo Galimberti y el camino de la militancia orgánica.

26 de mayo de 2020 
La historia del exsecretario de la Juventud Peronista y miembro de Montoneros 
Rodolfo Galimberti y el camino de la militancia orgánica 
Página/12 presenta la cuarta nota de una serie de siete que repasan la vida de quien ganó fama de joven como dirigente político y guerrillero y terminó sus días cerca del poder. Esta entrega va del 25 de mayo de 1973 al 1 de julio de 1974, año de la ruptura de Perón con Montoneros. 
Por Gisela Marziotta
En mayo de 1973 el peronismo había vuelto al gobierno después de 18 años de proscripción. El triunfo de Cámpora había puesto fin a casi dos décadas de resistencia en la clandestinidad, con persecuciones a los principales cuadros y dirigentes de base, detenciones y exilios. El rol de Rodolfo Galimberti durante los últimos años había sido de gran utilidad como articulación entre la Juventud Peronista y Perón en Puerta de Hierro, pero ya ganadas las elecciones, había insistido en una postura radicalizada que no era la que reclamaban los nuevos tiempos. Abal Medina había demostrado ser un armador más racional y eficiente, de modo que cobró mayor relevancia.

Con Cámpora en el gobierno, el Loco Galimba había dejado de ser el delegado de la JP. Aquel discurso sobre la creación de “milicias populares” armadas, había producido una eclosión en la estructura del movimiento. Desautorizado por el mismo Perón, había sido degradado en el escalafón de la militancia a cuadro orgánico y a “empezar de cero”. Montoneros lo reemplazó en ese momento por Juan Carlos Dante Gullo, el “Canca”. Si bien no tenía la representación, el carisma y la mística que transmitía el Loco, era un cuadro propio y contaba con el beneficio de liderar la Regional Capital. Es lo que tuvo que pagar Montoneros para no deteriorar la relación con el General, que ya comenzaba tensionarse respecto del rumbo que debería tomar el país. Si bien Rodolfo había perdido poder dentro de la agrupación, su carisma y poder de convocatoria se mantenían intactos. El Loco no se resignaba a ser un mero militante raso, su fuerte personalidad y experiencia lo hacían incompatible con ese mandato.

La tensión dentro del peronismo

La tensión entre la juventud y la burocracia dentro del peronismo se veía cada vez más exacerbada. El día de la asunción del nuevo gobierno, los inmensos carteles de Montoneros y FAR y la adhesión que provocaban en los manifestantes no dejaban dudas acerca de quiénes capitalizaban el entusiasmo popular. La presencia en el recinto de Salvador Allende y del presidente cubano Osvaldo Dorticós Torrado era toda una señal. El peronismo iba a la izquierda al grito de “Chile, Cuba, el pueblo te saluda” y “Se van, se van y nunca volverán”, en una plaza donde se mezclaban obreros y jóvenes montoneros junto a fuerzas de seguridad desbordadas e increpadas por tantos años de represión al pueblo. 
La llamada “Tendencia Revolucionaria” del movimiento tenía una presencia más que importante dentro del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) que llevó a Cámpora a la presidencia. Varias dependencias públicas fueron tomadas en aquellos días y muchas provincias quedaron bajo su control, como por ejemplo Buenos Aires, cuyo gobernador era Oscar Bidegain, cercano a la Tendencia, frente al recelo de los sectores más ortodoxos y de derecha del movimiento, entre los que se encontraba la burocracia sindical, cuyo representante principal era el Secretario General de la CGT, nombrado por Perón en 1970, José Ignacio Rucci. Otra provincia importante, Córdoba, estaba gobernada por Ricardo Obregón Cano y el vicegobernador Atilio López, de la CGT combativa de Córdoba, posteriormente asesinado por las Tres A en 1974.
La Tendencia Revolucionaria del movimiento colocó algunos ministros en áreas importantes del gobierno: Esteban Righi, en Interior; Juan Carlos Puig, en Relaciones Internacionales; y Jorge Taiana -padre del actual senador homónimo y médico personal de Perón-, en Educación, pero la ortodoxia y la derecha habían logrado otras áreas. El estratégico Ministerio de Desarrollo y Bienestar Social quedó en manos López Rega, “el Brujo”, secretario personal de Perón en Puerta de Hierro, ex cabo de policía y practicante de ciertas técnicas esotéricas, gracias a las cuales se había acercado a Estela “Isabel” Martínez de Perón en 1965. 
En los sucesivos días comenzaron a aflorar las profundas contradicciones en el seno del gobierno. En el área económica fue designado José Ber Gelbard. Perón entendía que era el hombre indicado para manejar la compleja coyuntura social que atravesaba la Argentina. Si bien su procedencia era del PC, su política económica iba a estar orientada a armonizar los intereses del capital y el trabajo, una política más cercana al ideario del peronismo clásico de la “comunidad organizada”: el llamado Pacto Social entre empresarios y trabajadores. En su libro El Burgués Maldito, María Seoane señala que Gelbard en principio debía cumplir con el compromiso que había asumido ante la CGT-CGE dos días antes de la asunción de Cámpora: reformar las estructuras de comercialización de productos de la canasta familiar, definir métodos para aumentar la producción industrial y mecanismos que permitieran la reducción de costos patronales pero sin que esto significara un ajuste del salario. La idea era contribuir a una desaceleración inflacionaria y lograr la recuperación de la capacidad adquisitiva del salario”. Galimberti, dentro de la estructura de Montoneros-JP y demás sectores de la izquierda peronista y no peronista, veían a esas políticas cómo demasiado moderadas, y las cuestionaron desde el primer momento con distintos matices. Las catalogaban de “burguesas capitalistas”.
Galimberti planteaba que el gobierno de Cámpora debía tomar las propuestas históricas de peronismo combativo y trasladar las instancias de decisión política hacia las bases, "donde se construye el poder organizado del pueblo”.
Un claro indicador de los vientos de cambio de aquella época fue el llamado “Compromiso con el pueblo”, que en esos días de 1973 dio a conocer la Juventud Peronista. En este sentido, Eduardo Jozami, en su libro Rodolfo Walsh, la palabra y la acción, señala la participación de Rodolfo Galimberti en la elaboración de dicho documento, junto a otros delegados regionales y parlamentarios de la JP. Allí se planteaba “profundizar el programa de gobierno en el sentido de las propuestas históricas del peronismo combativo" -La Falda, Huerta Grande y la CGT de los Argentinos- y trasladar las instancias de decisión política hacia las bases, "donde se construye el poder organizado del pueblo”. Por supuesto que se ratificaba el liderazgo de Perón en el nuevo proceso que se suponía estaba comenzando.
La noche del 25 de mayo de 1973 se produjo el llamado “Devotazo”. Por la mañana Cámpora había entregado el proyecto de la ley de amnistía, una promesa de campaña, para que se debatiera en el Congreso. Según el periodista Marcelo Larraquy, al atardecer una radio informó que una multitud caminaba con antorchas hacia Devoto para presionar por la liberación de los presos. Desde afuera llegaba un bramido, como un grito de guerra: Reviente quien reviente, libertad a los combatientes”. Al prefecto Díaz, a cargo de la dirección del penal, le preocupaba que los presos comunes, que permanecían encerrados en sus pabellones, se amotinaran y aprovecharan el descontrol para salir de la cárcel. Eran más de tres mil. Ya habían roto algunas rejas de acceso y habían incendiado colchones. Algunos guardiacárceles dejaron sus uniformes y se vistieron de civil, por prevención. El sábado 26 de mayo, con los presos políticos de todo el país en libertad, Cámpora firmó el indulto. Ese día, la Cámara de Diputados inició el debate del proyecto de Amnistía, lo votó y lo trasladó al Senado. La ley fue sancionada en la madrugada del domingo 27, con unanimidad de todos los representantes de los partidos políticos.

En Rosario y con perfil bajo

Pero mientras la militancia juvenil vivía su hora más efusiva, Galimberti debía cultivar un perfil bajo luego de su degradación en el escalafón de la organización. En Rosario tenía bastante tiempo libre. No era un muchacho que se caracterizara por la pasividad o la mera reflexión político-intelectual desvinculada de la adrenalina del militante vehemente y apasionado. El Loco le ponía el cuerpo a las balas, así fue desde sus inicios en la militancia con los Tacuara en San Antonio de Padua; esa era su personalidad y no estaba en sus planes cambiar. Empezó a practicar taekwondo en el club Huracán, consideraba que tenía que aprender el arte de la defensa personal por si alguna circunstancia lo encontrara desarmado. Tenía muchos enemigos en la política. El bajo perfil también era una forma de resguardarse. Durante el día se movía en las calles como un gato, cruzando veredas a mitad de cuadra y cambiando el rumbo de improviso para detectar si era seguido. Limpiaba su arma por la madrugada, dormía hasta la hora del almuerzo y comenzaba su trabajo de militante entrada la tarde.
Las contradicciones de las distintas vertientes del peronismo iba haciéndose cada vez más notorias. “La patria socialista”, cuyas consignas levantaban los sectores nucleados en la tendencia revolucionaria, chocaban cada vez más con los sectores que enarbolaban las banderas de la “patria peronista”, sectores de la ortodoxia y la derecha del movimiento. No había lugar para las medias tintas: todo parecía polarizarse entre estas dos visiones. La llamada “burocracia sindical” controlaba los principales sindicatos en la estructura del mundo del trabajo. Si bien Montoneros/JP había creado la JTP (Juventud Trabajadora Peronista) para contrarrestar su influencia, apenas lograban poner un pie en las comisiones internas de las fábricas. En esta línea, Eduardo Jozami explica que “la debilidad estructural de la Tendencia se advertía en la escasa incidencia, aún en el período de Cámpora, en la política económica y social del gobierno, expresada en el Pacto social entre la CGT y los empresarios de la CGE, encabezados por Gelbard. A pesar del crecimiento de las corrientes combativas, la burocracia seguía controlando la estructura sindical”.
El 20 de junio de 1973 lo que iba a ser una fiesta popular se transformó en tragedia. El avión que traía a Perón en su regreso definitivo debía aterrizar en Ezeiza. Casi un millón de personas marchaban a recibir al General. Se había construido un palco donde daría un discurso a la multitud congregada, pero no fue así: la organización y seguridad del acto quedaron bajo la influencia directa de López Rega. A través del secretario de Deportes, el general Osinde, se reclutaron bandas de matones contratados por la recién creada JSP (Juventud Sindical Peronista) y del CdeO (Comando de Organización), una fuerza de choque de corte fascista. La seguridad debía impedir que las columnas montoneras se acercaran al palco. Galimberti estaba junto a la Conducción Nacional de Montoneros en un micro oscuro de la Universidad de Buenos Aires que avanzaba en dirección al palco. Ya tenía alguna certeza de lo que podía ocurrir: “La derecha iba a reprimir a la izquierda del peronismo, para provocar una masacre y debilitar a Cámpora”Según sus biógrafos, Larraquy y Caballero, “la información de Galimberti provenía de Juan Manuel Abal Medina, que mantenía diálogo con la UOM y Montoneros. Había integrado la Comisión del Regreso pero sin poder de decisión”.
Leonardo Favio era el locutor oficial del acto cuando empezaron los primeros disparos: “No se preocupen, son cohetes, fuegos artificiales. No pierdan la calma compañeros”. Era la primera vez que la derecha peronista esgrimía sus armas directamente contra la izquierda del movimiento. Fue una masacre, una cacería de militantes de la JP-Montoneros. Disparaban de todos lados con armas largas. Había comenzado el principio del fin del gobierno de Cámpora. Perón finalmente aterrizó en la base aérea Morón, no hubo fiesta popular. Perón habló por televisión al día siguiente: “Los que ingenuamente piensan que pueden copar nuestro movimiento se equivocan”. El golpe palaciego se había consumado, Cámpora y Solano Lima renunciaron a sus cargos el 13 de julio.
Aunque Galimberti no ejercía ninguna influencia en la Conducción Nacional de Montoneros, algunos fines de semana frecuentaba a sus jefes en un local semipúblico de Callao al 100 o se acercaba al departamento de Roberto Perdía en Avenida de Mayo y Salta. Les contaba acerca de sus años de militancia barrial; mezclaba relatos pintorescos que seguían cautivando a sus interlocutores después de alguna reunión de importancia. En una solicitada, las 62 Organizaciones advirtieron a las organizaciones armadas: “Los argentinos no sabemos arrugarnos a la hora de la verdad, aceptamos el desafío. Iremos a buscarlos uno por uno, porque los conocemos. Han rebasado la copa y ahora tendrán que atenerse a las consecuencias”. Era un grito de guerra frontal. Galimberti extremó sus condiciones de seguridad, ya que muchos de sus viejos compañeros de militancia de los años sesenta estaban actualmente enrolados en la derecha del movimiento. Vivía perseguido y sospechaba de todo el mundo. En el mes de septiembre de 1973, sentado en un bar de Callao y Bartolomé Mitre, vio entrar a un ex compañero de su colegio primario de Merlo. Cuando se le acercó a saludarlo fingió no conocerlo.

El triunfo de Perón y el quiebre con la "juventud maravillosa"

El 23 de septiembre, la fórmula Perón-Perón, con Isabel de vicepresidenta, ganó las elecciones con el 62% de los votos frente a la fórmula Balbín-De la Rúa, que alcanzó el 24,4%. A tan solo dos días de la asunción, Montoneros ejecutó al secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci. Dante Gullo, que se enteró del hecho en una reunión con el General, culpó a la CIA. Galimberti pensó que se trataba de una acción del ERP. En la militancia había confusión y desconcierto. Como era de esperar, la Tendencia no logró incorporar en el nuevo gobierno a ninguno de sus hombres, solo quedaba Jorge Taiana en el Ministerio de Educación. El 12 de octubre se produjo la fusión de FAR y Montoneros en una misma organización político-militar. Mario Firmenich quedó a la cabeza de la organización seguida por Roberto Quieto, Perdía, Fernando Vaca Narvaja, quien era el referente de Galimberti en Rosario, y Marcos Osatinsky.
En noviembre de 1973, ya con Perón en el ejercicio del gobierno, Galimberti realizó su accionar gremial más osado. Según cuentan sus biógrafos, ocurrió cuando intercedió en forma personal en un conflicto con la empresa constructora Dorset, por la reincorporación de cuatro obreros despedidos y deudas de la empresa de parte de los salarios y asignaciones familiares pendientes. No había acuerdo posible hasta que llegó Galimba con algunos muchachos. Solucionó pronto el problema: saludó al gerente, se lo llevó de la reunión y le puso un revólver en la cabeza: “Si no reincorporás a los obreros y les pagás los sueldos, te vuelo la tapa de los sesos. Ahora”.´
A fines del 73 Galimberti tuvo su accionar gremial más osado. “Si no reincorporás a los obreros y les pagás los sueldos, te vuelo la tapa de los sesos”, le dijo al gerente de una empresa y así consiguió la reincorporación de cuatro obreros despedidos.
El gerente firmó todos los papeles sin vacilar. Ese era el clima que se vivía en aquellos tiempos convulsionados. Las Tres A comenzaban a amenazar y, en los sucesivos meses, a asesinar de forma recurrente militantes de izquierda, delegados gremiales de todas las tendencias de izquierda, así como a artistas reconocidos catalogados de “comunistas”, “bolches” o “trotskos”. El 17 de diciembre Galimberti se enteró de que su hermano Hugo se había pegado un tiro en la cabeza. Rodolfo estaba convencido de que no se había suicidado, sino que era una venganza contra él.
El 1 de mayo de 1974, en conmemoración del Día del Trabajador, Perón dio un discurso en la Plaza de Mayo. Fue el quiebre definitivo con la “juventud maravillosa” que había sabido ensalzar en años anteriores. El movimiento pendular de izquierda a derecha que había mantenido de forma estratégica, empezaba a crujir a medida que su enfermedad avanzaba y que los distintos actores agudizaban sus posturas; las contradicciones eran insalvables. En aquella plaza, que había sido un símbolo durante las primeras dos presidencias de Perón, ahora la juventud coreaba consignas contra Isabel: “No rompan mas las bolas, Evita hay una sola”; “Qué pasa General, que está lleno de gorilas el gobierno popular”. Los sectores ortodoxos del movimiento cantaban: “Perón, Evita, la patria Peronista” y la JP replicaba: “Vamos a hacerla montonera y socialista”. En ese marco, Perón lanzó un discurso en el que el péndulo se volcó hacia la derecha: “Esos dirigentes sabios y prudentes, esas organizaciones que se han mantenido inconmovibles a lo largo de los años, pese a esos estúpidos que gritan….”. Perón los trató de “mercenarios e infiltrados”. Los Montoneros, ante esas palabras, abandonaron la Plaza. 
Fuente:Pagina12

24 de mayo de 2020

Rodolfo Galimberti, delegado de la juventud en Puerta de Hierro.

23 de mayo de 2020
La historia del exsecretario de la Juventud Peronista y miembro de Montoneros 
Rodolfo Galimberti, delegado de la juventud en Puerta de Hierro 
Página/12 presenta este sábado la tercera nota de una serie de siete que repasan la vida de quien ganó fama de joven como dirigente político y guerrillero y terminó sus días cerca del poder. Esta entrega va del 9 de julio al 25 de mayo de 1973, desde sus viajes a ver a Perón en Madrid y a Medio Oriente hasta su desplazamiento del centro de la escena. 
Por Gisela Marziotta
En el invierno porteño de 1972, Rodolfo Galimberti, que en ese entonces tenía 25 años, ya se había convertido, como delegado de la Juventud Peronista, en uno de los principales encomendados de Perón entre Madrid y Buenos Aires. El peronismo preparaba un nuevo intento de devolver al país a su líder exiliado. Para ello, la Juventud Peronista (JP) concentraba sus fuerzas en la militancia de base territorial, y en ganar terreno dentro del aparato peronista. Iba incrementándose la cantidad de actos y movilizaciones: en enero realizó un acto en el municipio Bonaerense de Ensenada; en mayo, en la localidad de Merlo; en junio, en la Federación de Box; y el 28 de julio llevó a cabo un gran evento en el Estadio de Nueva Chicago en el que se lanzó la consigna “Luche y Vuelve”. La Juventud Peronista, además de sumar poder al interior del partido, comenzaba a crecer como una fuerte oposición a la dictadura de Lanusse. La salida negociada del golpe que pretendía el presidente de facto era cada vez menos factible.

Por esos meses, además de participar como una de las voces principales de esos actos, Galimberti viajó a Madrid en distintas ocasiones e incluso amplió sus horizontes. En julio viajó junto a Muniz Barreto a Libia a entrevistarse con el coronel Muammar Kadhafi. En ese viaje, según sus biógrafos, Marcelo Larraquy y Roberto Caballero, “Galimberti se interesó por hacer llegar a la Argentina los proyectiles autodirigidos Sam 7 y entregárselos a Montoneros”, porque “soñaba con ser el jefe militar de la futura revolución peronista”. Al mes siguiente viajó al Líbano. El objetivo fue recibir formación militar, dado que Perón anticipaba un escenario de mayor violencia en lugar de la apertura democrática que finalmente tuvo lugar en 1973. Sin embargo, la visión del General a mediano plazo no era errada. En el Líbano Galimberti fue recibido por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y conoció a Abu Yihad, el jefe militar de la organización político-militar palestina Al Fatah.

Entre Madrid y Medio Oriente

Mientras Rodolfo viajaba por Medio Oriente, en una ciudad patagónica ocurriría uno de los hechos más trágicos para la juventud de la historia argentina hasta 1972: la masacre de Trelew. El 15 de agosto los principales líderes guerrilleros del ERP, Mario Roberto Santucho, Domingno Menna y Enrique Gorriarán Merlo; de FAR, Fernando Vaca Narvaja de Montoneros, Marcos Osatinsky y Roberto Quiero; junto con otros diecinueve prisioneros, se habían fugado del penal de la ciudad de Rawson y lograron llegar al aeropuerto de Trelew. Los líderes tomaron un vuelo hacia Chile. Pero los diecinueve militantes que restaban no llegaron a hacerlo, tomaron el aeropuerto y se rindieron con la promesa de que no los matarían. Sin embargo, durante la madrugada del 22 de agosto fueron fusilados por un comando de la Marina. 
Si bien desde el gobierno se justificaron con el argumento de que los jóvenes habían intentado escapar, los tres sobrevivientes desmintieron la versión oficial, como quedó claro en la entrevista que Francisco “Paco” Urondo realizó al año siguiente en la cárcel de Villa Devoto a los sobrevivientes de la masacre, Alberto Miguel Camps, María Antonia Berger y Ricardo René Haidar, titulada La Patria Fusilada. Los tres -que luego serían desaparecidos durante la dictadura cívico militar de 1976- detallaron cómo los militares al mando del capitán Luis Sosa acribillaron a balazos a los diecinueve militantes, causando la muerte instantánea de trece de ellos, y dejando agonizar hasta la muerte a otros tres, mientras que Camps, Berger y Haidar sobrevivieron aún habiendo recibido graves heridas de bala.
En 1972 Galimberti viajó varias veces a Madrid y también a Libia, a entrevistarse con el coronel Muammar Kadhafi, y al Líbano, donde fue recibió por la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)
La dictadura de Lanusse no quería bajo ningún concepto que se realizara un velorio y homenaje a los jóvenes fusilados. Sin embargo, se realizó, y el jefe de la policía Alberto Villar organizó un operativo en el que se secuestraron los féretros en medio de una represión salvaje. A través de Galimberti y Juan Manuel Abal Medina, Perón mandó un mensaje desde Madrid a la Juventud Peronista: “Esa juventud que ha aprendido a morir por sus ideales es lo único que puede salvar al país de un futuro preñado de asechanzas y peligros”. Luego, el General afirmó: “Ahora, la juventud estará más cohesionada que nunca. Y desaparecerán las pequeñas diferencias de organización. ¿Qué duda cabe de que la actitud de esta juventud será cada vez más fuerte? La acusan de violenta, pero no hay más violencia que la de arriba, ejercida por el gobierno”.
La premisa de Perón sobre la unidad de la juventud comenzaba a hacerse realidad. Montoneros comenzó a ser el aglutinador del resto de las organizaciones incluida la Juventud Argentina por la Emancipación Nacional (JAEN), que había sido creada por Galimberti en 1967, y que ya tenía a la mayoría de sus militantes en las filas de Montoneros.

La disputa dentro del Movimiento Justicialista

En octubre, Galimberti volvió a viajar a Madrid, pero ya de forma clandestina. En Puerta de Hierro se cocinaba el nuevo Operativo Retorno. Pero también se disputaban otras cuestiones, como quién sería el reemplazo de Jorge Gianola como secretario general del Movimiento Justicialista; es decir, el tercero en jerarquía dentro del Partido Justicialista. Los candidatos para el puesto eran dos jóvenes que venían ganando influencia dentro del movimiento y en particular en la JP: Galimberti y Juan Manuel Abal Medina. El último era el hermano mayor de Fernando, líder y fundador de Montoneros abatido en septiembre de 1970 junto con Carlos Ramus. 
La pulseada finalmente se inclinó hacia Abal Medina por su mayor amplitud de diálogo con distintos sectores dentro del peronismo, tal como lo describió el periodista Sergio Moreno en una nota de Página/12 publicada en enero de 1999: “Amigo de los peronistas históricos, de buen diálogo con el sindicalismo verticalista y con el combativo, emparentado a través de su hermano con la vanguardia armada de la Juventud Peronista, este antiguo nacionalista se convirtió en el brazo ejecutor de los designios del hombre que marcó a fuego la política argentina”. En una entrevista en el portal Infobae en octubre de 2015, Juan Manuel recordó su primer encuentro con el líder justicialista: “Perón era un encantador. Lo hacía sentir al invitado como si fuera importante. Sabía de mis hijos y de mi familia", y luego agregó que “era un hombre distinto, adelantado a su tiempo, curioso, respetuoso como los viejos criollos, de una inteligencia privilegiada".
En Madrid, ya con el apoyo de las 62 organizaciones -conducidas por Rogelio Coria, enemigo directo de Galimberti-, se delineó lo que sería el Pacto Social entre la CGT y la CGE y se estableció el 17 de noviembre como fecha de retorno del General quien aseguró: “Retorno a la Argentina si seré útil para curar las heridas del país y repacificarlo, a fin de que encuentre tranquilidad, trabajo y bienestar”. 
“La movilización popular debe garantizar la seguridad física del General Perón. Los que tienen piedras, que lleven piedras, y los que tengan algo más que lleven algo más", planteó Galimberti para el día del regreso de Perón.
Días antes de la fecha estipulada para el retorno, desde Buenos Aires, Galimberti tensionaba la coyuntura local. En un acto realizado el 9 de noviembre de 1972 en Ciudad Universitaria relanzó la estrategia de “colisión directa”. “La movilización popular debe garantizar la seguridad física del General Perón. Los que tienen piedras, que lleven piedras, y los que tengan algo más que lleven algo más. Y los que no vayan al aeropuerto deben tomar las fábricas, las facultades, los barrios”, clamó el Loco Galimba ante más de 800 estudiantes. Fue entonces cuando Lanusse ordenó su captura por “incitación a la violencia y apología del delito”.
El 16 de noviembre a las 23:59 Perón partió a bordo del avión Giuseppe Verdi de Alitalia desde el aeropuerto Fiumiccino de Roma hacia Buenos Aires para llegar a las 11 de la mañana del día siguiente a suelo argentino. Galimberti se encontraba entre las decenas de miles de militantes que se movilizaron hacia Ezeiza en un intento de romper el cerco de 35 mil efectivos policiales puestos por la dictadura para bloquear cualquier acto o diálogo entre Perón y las masas. Rodolfo había participado de la organización de las columnas, y había sido enfático en remarcar la necesidad de llegar hasta el aeropuerto como sea, pero la represión fue más fuerte. La policía alejó a la multitud de jóvenes a fuerza de gases lacrimógenos y palazos. Finalmente, el General durmió la primera noche en un hotel cercano al aeropuerto de Ezeiza y después se trasladó a un Petit Hotel en Vicente López. Pero su estadía en el país no duraría más de un mes. Sin embargo, ese poco tiempo fue suficiente para sentar las bases de lo que sería su vuelta definitiva y la vuelta de la democracia.

Alejado de Perón

El 5 de diciembre se formó el Frente Justicialista de Liberación (Frejuli) y ocho días más tarde, en una reunión con Abal Medina, Perón anticipó que elegiría a Cámpora como candidato a presidente. Le pidió a él y a Gelbard que lo mantuvieran en secreto. Al otro día partió a una gira por distintos países de América Latina, de la que no podría volver porque la dictadura prohibiría nuevamente su ingreso al país. El creciente protagonismo de Galimberti en Montoneros lo alejó de Perón, lo cual se vio a las claras cuando quedó afuera de la última parte del Operativo Retorno. Aun así, participó de algunas de las tertulias del General en la casa de Vicente López durante el mes que estuvo en Argentina.
El movimiento peronista, durante los meses previos a las elecciones empezó a organizarse en función de las demandas y los cargos democráticos, algo que le era ajeno después de 17 años de proscripción. En el mes de diciembre Abal Medina intentó persuadir a Galimberti para que se presentara como candidato a diputado, según lo había propuesto Perón. Galimberti rechazó la oferta. Los motivos fueron evidenciados en el mensaje que mandó en una grabación a un acto de la Juventud Peronista de enero: “La clave de la toma del poder en toda revolución es la síntesis entre las masas y las armas. La JP ya ha planteado una estrategia que tiende a explicar de qué forma se obtendrá esa síntesis que, a nuestro juicio, es inexorable para hacer la revolución. Las elecciones no nos darán esa conjunción, pero nos permitirán modificar cualitativamente la relación de fuerzas”.
En 1973 Abal Medina no consiguió persuadir a Galimberti de que se presentara como candidato a diputado, según lo había propuesto el general Perón.
El 11 de marzo de 1973 el Frejuli se impuso en las urnas con el 49,59% de los votos. La consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”, había logrado un triunfo arrasador. Luego del triunfo, el 19 de abril, Galimberti pronunció un discurso punzante en el Sindicato del Calzado. Abal Medina había logrado articular con habilidad las distintas piezas, muchas veces antagónicas, dentro del peronismo, y había colaborado en la organización del frente que acababa de ganar las elecciones. Galimberti, en cambio, seguía con la postura de tensar la interna entre los distintos sectores y subrayó la importancia de las milicias armadas. “En 1955 se instaló la violencia del régimen, a la que las masas contestaron con su propia violencia. Pero ahora debemos ejercer esta violencia en forma orgánica, porque no podemos pensar que el gobierno popular va a poder sostenerse y llevar adelante su programa de liberación nacional y social en el camino al socialismo si no tiene fuerzas que lo apoyen. Entre esas fuerzas, es necesaria la existencia de aquello que ya intentó organizar la compañera Evita, las milicias populares peronistas”. El discurso de Rodolfo generó críticas de la CGT hacia Cámpora e incluso entre los líderes de Montoneros por ser muy radical. Días más tarde tuvo que darle explicaciones personalmente a Perón en Puerta de Hierro, en el marco de un juicio político interno. La resolución fue destituir a Galimberti como Delegado Juvenil.
El “Tío” Cámpora asumió el 25 de mayo. Perón no pudo evitar las lágrimas desde Puerta de Hierro al ver los millones de personas que colmaban las plazas de todo el país para festejar la vuelta de la democracia después del período más prolongado de un gobierno de facto, y el triunfo de la voluntad popular que clamaba por su vuelta. Ese 25 de mayo la Juventud Peronista se concentró en las calles de todo el país para hacer efectiva la liberación de los presos políticos; entre ellos, los tres sobrevivientes de la Masacre de Trelew. Pero la euforia de la vuelta de la democracia con un nuevo gobierno peronista encontró a Galimberti en los márgenes del movimiento. El creciente protagonismo que había logrado en poco tiempo se había disipado tan rápido como se había construído.

En Rosario y fuera del centro de la escena

En la pugna de Montoneros por ubicar cuadros propios dentro del gabinete, la organización decidió correr al Loco Galimba del centro de la escena para no generar problemas con Perón. Fue así que Rodolfo tuvo que empezar el camino orgánico de militancia como cualquier persona que se suma a sus filas. Eligió Rosario como destino de su nuevo comienzo. Viajó a principios de junio. A la frustración política se sumaba que debía vivir lejos de su nueva novia, Julieta Bullrich, hermana de una joven militante de la JP, Patricia. Rodolfo se había separado definitivamente de su esposa, Mónica Trimarco, en el mes de abril.
En Rosario le presentaron a quien sería su referente, Fernando Vaca Narvaja, conocido como Gustavo, uno de los líderes que escapó en el avión de la base de Trelew y se salvó de los fusilamientos, aunque su esposa Susana Lesgart no pudo hacerlo. La relación entre Rodolfo y Gustavo fue difícil desde el comienzo. Cuando Galimberti bajó del auto, tenía entre sus pertenencias una Magnum 357. Un militante raso, como era en ese momento, no podía portar armas sin permiso de un superior. Galimberti no iba a ser un militante común y corriente, como quedaría claro poco tiempo después.
Fuente:Pagina12