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28 de enero de 2021

Justicia por los desaparecidos de La Tablada.

 Justicia por los desaparecidos de La Tablada




































Pasaron 32 años del 23 de enero de 1989. Seguimos buscando justicia por nuestrxs caídxs y desaparecidxs de La Tablada, y reivindicando la militancia de nuestrxs compañerxs del Movimiento Todos por la Patria. Militaban en los barrios, militaban por los derechos humanos, militaban en toda la patria grande como internacionalistas que eran; desde sus distintas profesiones y trayectorias trabajaban para la transformación social, fundaron diarios y revistas, formaron compañer@s en las fábricas, en los barrios, acompañando con su cuerpo cada lucha por justicia. Su compromiso fue inclaudicable. La casa no estaba tan en orden en aquellos turbulentos primeros años de democracia. La Tablada se enmarcó en un contexto de levantamientos carapintadas en busca de impunidad y poder. Treinta y Dos años después, La Tablada sigue siendo silenciada y estigmatizada.

La enormidad de los crímenes cometidos por parte del estado golpean nuestra consciencia colectiva en la Argentina. En el 2019 logramos condenar al máximo responsable de la represión y desaparición de 4 compañerxs en La Tablada, pero vamos por los demás responsables militares y judiciales, garantes de tantos años de impunidad. Al milico Arrillaga lo llevamos a juicio y fue condenado por el homicidio de José Díaz Maradona: hacemos un llamado a la justicia a que quede firme la sentencia en este caso, y seguiremos buscando justicia por los fusilamientos y torturas, y por saber que hicieron con Francisco Provenzano, Carlos Samojedny, Iván Ruiz y José Díaz. Es parte de la restitución de derecho, basado en la articulación de MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA.

Vamos a continuar pidiendo Justicia, sin dejar de reivindicar a nuestrxs compañerxs, quienes coherentes con sus historias, pusieron sus propios cuerpos a sus palabras, con la frente en alto. Lxs caídxs nos enorgullecen, son nuestra bandera para pensar en qué mundo queremos vivir.

Este 23/1 se siente además la ausencia física de Martha Fernández, quien nos dejó durante la pandemia. Militante de la primera hora, desde la FAP hasta la conformación del MTP,  acompañó con su compromiso a lxs presxs y familiares cada segundo de su vida e impulsó incansablemente los pedidos de justicia. Los 23/1 para ella siempre fueron especiales, jamás dejó de recordar la lucha de su amado Quito Burgos y de cada unx de sus compañerxs.

¡MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA POR LOS 4 DESAPARECIDOS DE LA TABLADA!

¡MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA POR LXS CAIDXS DE LA TABLADA!

COMISIÓN POR LA VERDAD Y JUSTICIA POR LOS CRÍMENES EN LA REPRESIÓN DE LA TABLADA

Fuente:AgParalaLibertad

13 de abril de 2019

Perpetua a Arrillaga por la represión en La Tablada,

13 de abril de 2019
Perpetua a Arrillaga por la represión en La Tablada 
El inicio del fin de la impunidad 
Fue el primer juicio por los delitos cometidos por el Ejército contra los miembros del MTP que fueron torturados y desaparecidos. 
Por Adriana Meyer
El represor Alfredo Arrillaga es retirado tras escuchar su condena. 


Imagen: I Bernardino Avila
El represor Alfredo Arrillaga recibió por sexta vez una condena a prisión perpetua. La que escuchó ayer fue por haber violado los derechos humanos en democracia. El militar fue el jefe del operativo represivo de recuperación del cuartel de La Tablada, tras el ataque del Movimiento Todos por la Patria (MTP) en enero de 1989. La condena del Tribunal Oral Federal 4 de San Martín cerró el primer juicio por los delitos de lesa humanidad cometidos por el Ejército en aquel procedimiento, que incluyó la tortura, el fusilamiento y la desaparición de militantes luego de haberse rendido. Apenas el presidente del tribunal terminó de leer la sentencia, el joven nicaragüense Daniel Alexander Díaz Padilla se levantó de su asiento con los ojos húmedos y alzó bien alto el cartel con la foto de su padre, José Díaz. Los sobrevivientes y familiares de las víctimas que colmaban la sala soltaron la tensión acumulada en cuatro meses de juicio, aplaudieron y cantaron “a donde vayan los iremos a buscar”. El TOF 4 encontró a Arrillaga coautor responsable de homicidio agravado por alevosía de Díaz, uno de los cuatro militantes del MTP que permanecen desaparecidos, pero no lo consideró un crimen de Estado como pedía la querella. Sin embargo, concedió a su familia la reparación simbólica. El pedido de cárcel común fue diferido hasta que la sentencia quede firme. “Lo esperábamos, tenemos la verdad de nuestro lado”, murmuró muy emocionado Díaz a PáginaI12.
El primer juicio por las víctimas de La Tablada –habrá otros por los demás casos con parte de las pruebas nuevas surgidas durante este debate oral y público– culminó entre abrazos interminables, lágrimas, puños en alto y gritos de “presentes, ahora y siempre”. Liliana Mazea, abogada de la querella, cargó la mochila durante nueve años desde que el juez federal de Morón, Germán Castelli, determinó que fueron delitos de lesa humanidad los crímenes contra los militantes del MTP, pasando por la Corte Suprema y de regreso a primera instancia para juzgar a Arrillaga. “Estoy satisfecha con la condena a prisión perpetua pero entiendo que fue un acto terrorista del Estado en un Estado de derecho. Si no es un crimen de Estado no sé qué será, no es de derecho interno como si un carnicero mata a un verdulero sino estaría prescripto”, dijo Mazea a PáginaI12. 
El 23 de enero de 1989 José Alejandro “Maradona” Díaz había sido herido en la cabeza y permaneció en los calabozos del regimiento donde estaban los soldados y los desertores. A uno de ellos, de apellido Miranda, le dijo que si moría fuera a su casa a decirle a su madre que murió combatiendo. El fotógrafo, por entonces freelance, Eduardo Longoni había subido a una terraza y con su teleobjetivo captó las ocho imágenes que fueron prueba esencial: el momento en que el teniente Carlos Naselli controla a Díaz, rodilla al piso y con los brazos detrás de la nuca, mientras Iván Ruiz también se rendía tendido boca abajo. Ambos permanecen desaparecidos, al igual que Francisco “Pancho” Provenzano y Carlos Samojedny. Ni una palabra pronunció Arrillaga sobre el destino de sus restos.
“Es la primera vez que un poder del Estado reconoce a un familiar de una víctima el derecho a la reparación simbólica. Es importante desde lo jurídico y reconoce el daño que causaron”, manifestó Eduardo “Coco” Lombardi a este diario. “También es fundamental que el tribunal dijo que todas las denuncias realizadas sean copiadas y enviadas a los jueces respectivos. Ahí está el accionar del juez federal Gerardo Larrambebere, el Estado Mayor y el personal de inteligencia tal como lo pedimos, será un gran impulso para la instrucción de todo lo que queda por juzgar”, agregó.
El presidente del tribunal Matías Mancini, flanqueado por Alejandro de Korvez y Eduardo Rodríguez Eggers, rechazó el pedido del defensor público, Hernán Salvo, de quitar los carteles con las fotos de los militantes desaparecidos porque dijo sentirse “intimidado”. El defensor pidió la absolución al decir que no hubo un plan para exterminar a los militantes del MTP, que ninguna prueba así lo indica. En sus últimas palabras, Arrillaga dijo sobre el líder del MTP ya fallecido: “Gorriarán Merlo abandonó a su tropa, no hubo dignidad”, se consideró víctima de una “política revanchista y vengativa”, dijo ser parte de los “los kelpers argentinos, de los 500 muertos de un genocidio disfrazado de ley biológica”, y se permitió citar a Montesquieu y a Eugenio Zaffaroni. Sobre los testigos dijo que son “resentidos del Ejército” y cerró diciendo: “Soldado, si tu vida estuvo en peligro no te arrepientas”. 
La ex SIDE tenía documentos y llegaron antes del fin del debate. El querellante Pablo Llonto indicó que ubican a Díaz como “abatido” en 18 menciones. Es decir, el Estado siempre supo que no se había fugado. También aseguró que en esos mismos archivos ahora desclasificados “hay 4 NN y 27 muertos”. Este juicio había comenzado en diciembre y logró torcer la versión oficial que decía que militantes torturados y desaparecidos se habían fugado. Todo gracias a dos testigos que admitieron que habían sido obligados a mentir. También expuso otras responsabilidades tanto de represores como de la justicia, todos elementos de prueba para profundizar las investigaciones de los otros casos, Provenzano, Ruiz y Samojedny y sus compañeros fusilados y torturados en enero de 1989. Finalizado el juicio, afuera del tribunal Nora Cortiñas dijo en la radio abierta del Diario del Juicio que “los juicios tienen el valor ético y de compromiso con los que quedaron sometidos en ese horror, la perseverancia del pueblo y la que tenemos entre nosotros, mirarnos a los ojos y caminar para el mismo lado”.
Fuente:Pagina12

12 de abril de 2019

JUICIO DEESAPARECIDOS DE LA TABLADA: Los familiares esperan que Arrillaga sea condenado.

11 de abril de 2019 
Los familiares esperan que Arrillaga sea condenado Expectativa por la sentencia de La Tablada
Por Adriana Meyer
Imagen: Eduardo Longoni
"Creemos que será condenado porque hemos logrado probar su rol en el homicidio de José Díaz y mucho más que eso, quedó probado lo que pasó con Iván Ruiz, Carlos Samojedny y mi viejo el 24 de enero, después de la rendición", dijo a Página/12 la hija del dirigente del MTP Francisco Provenzano, desaparecido durante la recuperación del cuartel de La Tablada en enero de 1989, sobre la inminente sentencia del Tribunal Oral Federal 4 de San Martín en el primer juicio por las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Ejército en aquel operativo.
A partir de las 9 de la mañana del viernes 12 de abril el único imputado, el general retirado Alfredo Arrillaga, tendrá la oportunidad de hablar ante los jueces y el público, tras lo cual se dará a conocer el veredicto, que los familiares de las víctimas y los organismos de derechos humanos exigen sea condenatorio, con cárcel efectiva y común. También exigen que haya una reparación de la "verdad histórica", en la que el Estado reconozca que se trató de un crimen de Estado, e impulse nuevas causas por el resto de las víctimas y contra militares y civiles que formaron parte del proceso de encubrimiento que duró tres décadas.
"A diferencia de lo que planteó la fiscalía, dijimos que Arrillaga fue coautor del asesinato de José porque aparecieron sobradas pruebas de que él supo lo que pasó con Iván y con José cuando los detuvieron el 23; mucho de lo que les sucedió a ellos ocurrió bajo sus órdenes y en su puesto de comando", explicó Irene Provenzano. "Las expectativas en términos de la condena son muy buenas, y también respecto del recorrido del juicio porque aparecieron muchos futuros imputados, elementos para profundizar la investigación sobre los otros casos; el salto cualitativo que estamos esperando no sólo es que lo encuentren culpable del asesinato de José sino que también le revoquen la prisión domiciliaria" de la que goza Arrillaga, que tiene cinco condenas a prisión perpetua por otros delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura. "Es un privilegio otorgado a los militares, no tiene que ver con su estado de salud, tampoco con el carácter de los delitos que cometieron, que son de los más graves que existen", añadió.
El otro objetivo de la querella es que el tribunal, integrado por los jueces Matías Mancini, Alejandro de Korvez y Esteban Rodríguez Eggers, considere que hay pruebas suficientes para avanzar en las causas por las otras desapariciones y que se abra una nueva causa para evaluar la actuación del ex juez Gerardo Larrambebere, y el secretario Alberto Nisman. En el juicio varios testigos afirmaron que fueron obligados a mentir en sus declaraciones.
Provenzano estimó que es improbable que en su última intervención Arrillaga haga algún aporte para conocer la verdad sobre los cuerpos de los militantes del MTP desaparecidos. "En su extensa ampliación de su declaración indagatoria, antes del alegato de la querella, negó cualquier información sobre Iván y José, que negoció la rendición con mi viejo, que hubo 16 detenidos y no 14, y mantuvo su reivindicación de la recuperación del cuartel, negando lo que para él fueron cosas raras, los fusilamientos y las desapariciones", indicó.
En su alegato, el abogado querellante Pablo Llonto había dicho que en los archivos de la SIDE desclasificados figura que Provenzano y Díaz fueron "personas abatidas" durante la recuperación del cuartel. "El Estado argentino lo tenía clarísimo, Díaz tuvo pedido de captura hasta el año '97, seguimos teniendo que justificar que hubo un homicidio ahí, y en el caso de mi viejo y Samojedny directamente niegan su existencia, afirmando que solo se entregaron 14 personas", destacó Irene.
"Por estos muertos, nuestros muertos, pido castigo", concluyó su alegato la querellante Liliana Mazea, citando a Pablo Neruda. Eduardo Lombardi, también del equipo que representó a los familiares, expresó: "No dejaremos nunca de militar por la humanidad y por el respeto a los derechos humanos, por todos aquellos injustamente humillados".
Fuente:Pagina12

11 de abril de 2019

Un reclamo de justicia por La Tablada.

10 de abril de 2019 
Organismos de derechos humanos exigen la condena a Arrillaga
Un reclamo de justicia por La Tablada
Abuelas y Madres de Plaza de Mayo Linea Fundadora, entre otras agrupaciones, pidieron al Tribunal Oral Federal 4 de San Martín que declare culpable al general retirado, responsable de la represión en la que desaparecieron cuatro militantes del Movimiento Todos Por la Patria. 
Por Adriana Meyer
Imagen: Gentileza Agencia Paco Urondo
A pocos días de la sentencia en el primer juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos hace tres décadas por el Ejército durante la recuperación del cuartel de La Tablada, organismos de derechos humanos emitieron un mensaje de apoyo para que las víctimas obtengan justicia a través de un fallo condenatorio para el único imputado, el militar que comandó aquel operativo durante el gobierno del ex presidente Raúl Alfonsín. “Expresamos nuestra solidaridad con las familias y los compañeros y compañeras que tanto han trabajado durante 30 años para saber la verdad sobre los cuatro detenidos desaparecidos: José Díaz, Iván Ruiz, Francisco Provenzano y Carlos Samojedny”, dijeron en un comunicado firmado por trece agrupaciones, entre ellas Abuelas de Plaza de Mayo y Madres de Plaza de Mayo (LF). El viernes 12 el Tribunal Oral Federal 4 de San Martín emitirá el veredicto, luego de las últimas palabras del acusado.  
“Saludamos la realización, después de 30 años, del juicio oral por el homicidio y posterior desaparición de José ‘Maradona’ Díaz que tiene como único imputado al general retirado Alfredo Arrillaga, responsable de la represión que siguió a la toma del cuartel de la Tablada por parte de integrantes del MTP el 23 y 24 de enero de 1989”, indicaron los organismos en el texto al que accedió Página/12. Tras recordar que Arrillaga fue condenado cinco veces a prisión perpetua por su participación en la Noche de las Corbatas, entre otros delitos de lesa humanidad cometidos en la última dictadura cívico-militar, manifestaron que “ha quedado en evidencia durante el juicio que un sector del poder judicial trabajó para la impunidad de los responsables militares, avalando una coartada construida entre militares y funcionarios judiciales para la ocasión”, en referencia al armado de lo que durante décadas fue la versión oficial según la cual los militantes del MTP desaparecidos se habían fugado. Durante este proceso oral y público que comenzó en diciembre uno de los testigos aseguró que sus superiores le habían ordenado que mintiera en su declaración ante la justicia, realizada en el juzgado de Gerardo Larrambebere, donde el joven Alberto Nisman era secretario. Lo mismo dijo un soldado que estaba detenido por desertor, René Rojas, a quien los militares instaron a modificar su anterior declaración en el juicio en el que fueron condenados los militantes del MTP, lo indujeron a decir que los asaltantes habían maltratado a esos presos del regimiento. 
“Que se concrete este juicio sólo ha sido posible por la militancia de los sobrevivientes, ex presos y presas, los familiares de las víctimas y los organismos de derechos humanos que reclamaron por la memoria, la verdad y la justicia a pesar de los obstáculos que han puesto diversos gobiernos, el poder judicial y el ejército”, reza el texto consensuado. “La otra evidencia que surge de todos los testimonios es que estando en plena democracia los militares violaron los derechos humanos con los mismos métodos de la última dictadura: torturas, ejecuciones sumarias y desaparición de personas”, agregaron además de Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas, H.I.J.O.S. Capital, LADH, CELS, Comisión Memoria, Verdad y Justicia Zona Norte, APDH y APDH La Matanza, Familiares y compañeros de los 12 de la Santa Cruz, Fundación Memoria Histórica y Social Argentina, Asociación Buena Memoria y el MEDH. Para los firmantes, “la fiscalía y la querella están llevando adelante una tarea imprescindible que debe ser apoyada, en el camino no sólo del juzgamiento de Arrillaga sino también para avanzar con nuevas imputaciones sobre todos los responsables de lo ocurrido”. De hecho, el juicio que culmina el viernes es por sólo uno de los cuatro desaparecidos, sin contar los fusilamientos y las torturas del resto de sus compañeros, y con un sólo imputado.
Sumaron su adhesión a este pronunciamiento regionales de varias provincias de H.I.J.O.S, así como la Comisión Provincial por la Memoria, la Cátedra Libre de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y Familiares y Amigxs de Luciano Arruga, así como agrupaciones de víctimas del CCD Campo de Mayo (Comisión por la recuperación de la memoria, HIJOS de víctimas de desaparición forzada y de asesinato, Sobrevivientes, familiares y compañerxs de campo de Mayo), de Moreno (Familiares de detenidos desaparecidos y Moreno por la memoria), la Asociación Seré por la memoria y la vida, Ex detenidos-desaparecidos Mansión Seré Zona Oeste, el Grupo San Pablo Merlo Moreno, Comisión por la memoria, la verdad y la justicia Florencio Varela, la Mesa de la Memoria de La Matanza, la Comisión por la memoria militante de Necochea y varios organizaciones de Rosario (Familiares de Detenidos y Desaparecidos Políticos, Asociación Anahí Argentina, Colectivo Nacional ex presxspoliticxs y familiares, Asociación Derechos Humanos Cañada de Gómez).
También llegaron apoyos desde las provincias tales como los de la A.P.D.H San Luis, Multisectorial de DDHH Ushuaia, Zainuco – Neuquén, Ronda de las Madres de Plaza 25 de Mayo, Red por el Derecho a la Identidad-Jujuy, Ex Detenidos Políticos Ledesma, Familiares de Detenidos Desaparecidos- Calilegua, Asociación de DDHH Coca Gallardo- Salta y Asociación de DD.HH Lucrecia Barquet de la misma provincia. En tanto desde Córdoba se pronunciaron Familiares de Detenidos Desaparecidos, Familiares de Detenidos y Desaparecidos por razones políticas, Abuelas de Plaza de Mayo, Asociación de ex presos políticos por la Patria Grande y Mesa de trabajo por los Derechos Humanos.
Fuente:Pagina12

5 de abril de 2019

DESAPARECIDOS DE ÑA TABLADA: nadie fue.

Desaparecidos de La Tablada -día 17- Nadie fue 
El defensor oficial Hernán Silva pidió la absolución del militar Alfredo Arrillaga, único acusado en el primer juicio por los desaparecidos de La Tablada. Previendo un rechazo de este punto, dijo que no se sabía cómo había muerto José Díaz. Anticipándose a una condena, terminó pidiendo que no se le otorgara la cárcel común en el caso de ser condenado. El veredicto será el viernes 12 de abril. El Diario del Juicio transmitirá en vivo.
(Por El Diario del Juicio*)

“Sin embargo, no juzgar y no condenar el crimen sería fomentar la impunidad y convertirse, de algún modo, en su cómplice. Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el Código Civil y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer”.

Así cierra el texto Lunes 22 de julio de 1985. Lo escribió Jorge Luis Borges después de haber asistido a la audiencia del histórico Juicio a las Juntas. Presenció la declaración de Víctor Basterra, que duró 6 horas y fue una de las más significativas, porque luego abriría la chance de juzgar a los genocidas de la ESMA con contundencia a través de las fotos que el testigo rescató del infierno. 


Durante ese juicio regía a pleno la teoría de los dos demonios. Tanto que la sentencia intentó no dejar bien parado al testigo, confundiendo el trabajo forzado que debieron realizar quienes sobrevivieron, con una colaboración que nunca fue. La historia se encargó luego de poner las cosas en su lugar: los genocidas siguen siendo condenados, sobre todo por el aporte de los y las sobrevivientes, que ahora tienen el reconocimiento que se merecen.


Algo similar viene ocurriendo con los hechos de La Tablada. La justicia, apenas meses después de los hechos ocurridos en enero de 1989, más que aplicar la teoría de los dos demonios, se empecinó en que hubiera uno solo: los y las militantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP). Quienes sobrevivieron sufrieron durísimas condenas y pasaron entre 8 y 14 años presos. De juzgar a los militares, ni hablar, hasta ahora; aun cuando se denunciaron las torturas y desapariciones desde el primer momento. Sin embargo, 30 años después, este juicio -del que solo queda conocer el veredicto el 12 de abril- parece haber llegado para torcer esa historia de injusticia e impunidad.


El lunes pasado, el defensor oficial de Alfredo Arrillaga, Hernán Silva, alegó intentando quitarle de encima las responsabilidades al único imputado, que ya tiene 5 condenas por delitos de lesa humanidad ocurridas en Mar del Plata durante el genocidio. Lo primero que hizo fue lo mismo que hacen todos sus colegas: pedir la prescripción de los delitos. Es decir, que ya pasó el tiempo legal para juzgarlo. Seguramente, la lectura del veredicto comenzará con el rechazo de este y otros planteos de la defensa. Luego vendría la condena.


Silva lo presentó a Arrillaga como a un general democrático. Lo trajó otra vez al entonces presidente Raúl Alfonsín -ya lo había hecho Arrillaga en su indagatoria de hace algunas semanas-, esta vez para decir que fue un presidente de izquierda (“aunque no de la izquierda revolucionaria”, aclaró por si hiciera falta) y que como tal no hubiera aceptado que sucedieran las cosas que sucedieron.


Vestido con traje gris, adelantando siempre sus manos a sus palabras con gestos ampulosos, Silva utilizó buena parte de su tiempo para negar la evidente complicidad judicial que surgió en este juicio: “que alguien me explique por qué no lo sobreseyeron totalmente a Arrillaga para hacerlo pasible de la cosa juzgada”. Habría que preguntarle a Larrambebere, pero la impunidad puede ser una respuesta posible; es decir, que se pensara que este juicio no iba a llegar nunca. También dijo, aunque sea claramente comprobable lo contrario, que Arrillaga fue siempre el único imputado. En realidad, el militar Jorge Eduardo Varando no está en este juicio solo porque falleció, ya que también estaba imputado.


Mientras tomaba Coca Cola sin azúcar permanentemente desde la botellita de plástico, o eventualmente jugando con un breve jopo que cae sobre su frente, el abogado pidió la absolución de Arrillaga basado en que “no sabemos ni cuándo ni cómo ni dónde murió Díaz. Podríamos pensar, por ejemplo, que murió por el balazo que recibió en la cabeza”. Si bien está comprobado que Díaz tenía una herida en su cabeza y que uno de los colimbas desertores le dio su camisa para que se vendara, luego puede verse a Díaz, en fotos y videos, caminar e incluso responder a la orden de arrodillarse mientras le apuntaban con un fusil. Silva reconoció el “derecho de los familiares a saber la verdad”, aun cuando consideró que su defendido no puede ser condenado en esta causa.


“No queda otra alternativa para proteger el derecho de la defensa de Arrillaga que su absolución”, dijo varias veces.

El testigo estrella

"Si les parece monocorde mi tono, me piden y hacemos un cuarto intermedio", se excusó en un par de segmentos ante el tribunal. Salvo una interrupción al mediodía, más por el almuerzo que por el tono monocorde, los jueces Mancini, Rodríguez Eggers y De Korvez permitieron la continuidad de la intevención del defensor. Aunque esta vez cambiaron sus ubicaciones, que habían mantenido hasta aquí durante todo el juicio.


En un par de pasajes de su discurso, Silva se refirió a José Alberto Almada. Lo apodó "el testigo estrella". Almada es uno de los militares que rompió el pacto de silencio, y que relató que vio cómo se llevaban a Diaz y a Ruiz en un Ford Falcon blanco, Más que rebautizándolo, no aportó ninguna razón subjetiva u objetiva por la que desechar su testimonio. Solo un endeble: "es el único que declara eso". En el caso del otro testigo clave, el exmilitar César Ariel Quiroga, que desarmó la trama de complicidad judicial. ni lo nombró. Como ya explicamos líneas arriba, sí puso mucho más énfasis en rechazar la teoría de que la justicia encubrió tanto las desapariciones como las ejecuciones sumarias.

El odio visceral y el acta

En cuanto al pedido de la querella para que se lo condene y que cumpla su pena en cárcel común y efectiva, Silva dijo que “Argentina suscribió el 31 de julio de 2017 la Convención Interamericana sobre la protección de los derechos humanos de las personas mayores, que entre los principios que tiene son la protección y la defensa de la persona mayor. Incluso el artículo 4 dice que deben atenderse alternativas a la cárcel para personas mayores, y el justiciable (así llamó varias veces al genocida) supera en 20 años la edad de la que habla la convención”. Sin embargo, en casos de lesa humanidad, la justicia ha negado ese beneficio, que puede ser otorgado pero no constituye una obligación para los jueces darlo. Sobre todo porque se han demostrado las redes de inteligencia que todavía tienen a su favor (recordar a Jorge Julio López), o por el peligro de fuga. Ni hablar del incumplimiento permanente de las domicialiarias. En ese momento apareció nuevamente el apasionamiento. “¡Solo puede entenderse que se pida la cárcel común para Arrillaga en un odio visceral que el tribunal no puede admitir”, sostuvo el defensor oficial. En el tiempo de las réplicas, Ernesto Lombardi, abogado del equipo de Pablo Llonto, dijo que se sentían agraviados, y que harían una presentación en ese sentido, por lo que el defensor pidió luego disculpas y admitió que se quitara de las actas del juicio ese momento de efervescencia mayúscula.


Silva se mostró durante el juicio, o más bien fuera del debate, en los intermedios, siempre amable. Incluso aclaró varias veces, para que lo escucharan los familiares y sobrevivientes, que “el fervor que le pongo a esta defensa es el mismo que pongo en todos los casos. No es nada personal”. No parece ser el de Arrillaga un caso más. Es una persona que representando al Estado cometió los peores delitos. En dictadura y, como quedó claro en este juicio, también en democracia. En uno de esos intercambios, lo invitamos a leer el texto de Borges con el que comienza esta nota. Varios días después nos avisó que lo había leído, pero que seguía considerando que Arrillaga tenía derecho a la defensa. Es cierto, lo tiene, como todos los genocidas; pero los defensores oficiales pueden excusarse. Casi ninguno lo hace. En general, demuestran en los juicios un fervor especial, y en muchos casos hacen defensas ideológica más que técnicas.
“No menos admirable es que haya abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo peligro a sus negadores de ayer”, dijo, con su fina acidez, Borges, un poco menos de izquierda que Alfonsín. No podríamos escribirlo mejor que él.


*Este diario del juicio por los desaparecidos de La Tablada es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva y Agencia Paco Urondo, con la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en http://desaparecidosdelatablada.blogspot.com

Fuente:LaRetaguardia

29 de marzo de 2019

LA TABLADA: piden perpetua para el líder militar que comandó el operativo.

Memoria, verdad y justicia 
La Tablada: piden perpetua para el líder militar que comandó el operativo 
La querella y la fiscalía presentaron sus alegatos contra Alfredo Manuel Arrillaga. Durante el juicio se cayeron las coartadas del Ejército. El veredicto se conocerá el 12 de abril. 
Por Jesús Cabral 
28 de Marzo de 2019
En los alegatos del juicio por la represión militar en el cuartel de La Tablada, la querella y la fiscalía coincidieron en pedir prisión para el ex general Alfredo Manuel Arrillaga, como "autor mediato de homicidio con alevosía en perjuicio de José Alejandro Díaz". El 1 de abril será el alegato de la defensa y el 12 el Tribunal Oral Federal 4 de San Martín dictará el veredicto final.
Todo comenzó cuando un grupo del Movimiento Todos por la Patria (MTP) ingresó a La Tablada "con la convicción de impedir nuevos alzamientos militares", como aseguró Ernesto 'Coco' Lombardi, uno de los miembros de la querella. Entre esos militantes ingresó Díaz, de entonces 29 años. La clave para identificarlo en fotos y videos de la época fue una vincha que tenía en la cabeza para cubrir la herida de un proyectil 7,62 milímetros, calibre del FAL, sin orificio de salida. Junto con él, en la guardia, estaban otros 10 militantes del MTP, tres soldados y tres desertores. Desde un primer momento las fuerzas de Arrillaga supieron que había conscriptos y desertores allí. Sin embargo, su orden fue no dejar a ningún militante del MTP con vida.
A lo largo del juicio se probaron todas las denuncias que se vienen sosteniendo desde aquel 23 de enero de 1989: que hay cuatro desaparecidos que estaban con vida al momento de la rendición y que mediante una trama entre la Justicia y el Ejército se quiso ocultar. La querella considera al ex general Arrillaga coautor del hecho, por eso pidió cárcel común.
Las mentiras
Los militares armaron una coartada para ocultar que Díaz e Iván Ruiz, del MPT, fueron detenidos y posteriormente fusilados y desaparecidos. La versión oficial sostenía que mientras ambos estaban al cuidado del sargento Ricardo Esquivel, lo mataron y se fugaron. Sin embargo, durante el juicio se tuvo por acreditado que estuvo todo armado por el juzgado de Morón. Hubo varios militares retirados que reconocieron que en los testimonios de esa época mintieron por órdenes de sus superiores, para encubrir estos crímenes de Estado.
Según se reconstruyó en el juicio, los soldados y desertores que lograron escapar de la guardia se identificaron con Carlos Naselli -primer militar con el que entraron en contacto- y señalaron como atacantes a Ruiz y Díaz, quienes fueron sometidos a interrogatorio bajo tortura en los fondos del cuartel por el teniente Jorge Varando, entre otros. Luego, ambos fueron trasladados al puesto de comando de Arrillaga donde los volvieron a torturar y los sacaron del cuartel en un Ford Falcon blanco.
"Esa fue la última vez que se los vio con vida, fueron asesinados y sus cuerpos posteriormente desaparecidos", detalló el abogado Lombardi.
En los alegatos de la querella quedó en claro que el plan criminal estaba en marcha: las personas que se encontraban dentro de la guardia no podían salir del lugar por las balas que caían sobre el edificio, por lo que se encontraban condenadas a morir en su interior por el fuego. Algunos, fortuitamente, lograron hacer ceder un barrote y escaparon. No corrieron la misma suerte los heridos, quienes murieron allí calcinados.
“Los familiares y compañeros de los desaparecido del MTP queremos que haya una condena ejemplar y dejar denuncias hechas para poder hacer otros juicios donde se investigue la desaparición de Carlos Samojedny y mi papá, Francisco Provenzano. Ambos se encuentran desaparecidos desde la rendición. Fueron detenidos e interrogados y posteriormente desaparecidos. Por ello queremos más juicios para poder tener justicia ante estas terribles violaciones a los Derecho Humanos”, expresó Irene Provenzano, hija de un militante desaparecido.
Después de 30 años de impunidad, se conocerá la sentencia de la Justicia para el ex general Arrillaga, que estuvo a cargo del operativo y que es el único militar sentado en el banquillo de los acusados. A lo largo del juicio fueron apareciendo varios cómplices judiciales y militares. Entre los testimonios también se pudo reconstruir la muerte del sargento Ricardo Esquivel, ocurrida durante el combate: fue asesinado por una tropa del ejército.
Fuente:TiempoArgentino

18 de marzo de 2019

CRÍMENES DE LA TABLADA: Un genocida sin memoria.

18 de marzo de 2019 
El juicio por los crímenes en el regimiento de La Tablada
Un genocida sin memoria 
Alfredo Arrillaga fue el jefe militar encargado de recuperar el cuartel en 1989. Ante los jueces, negó que se hayan producido fusilamientos y “cosas raras”
.Alfredo Arrillaga, el general que comandó la represión al copamiento de La Tablada. 
@ Alfredo Arrillaga, el jefe militar encargado de recuperar el cuartel de La Tablada en la represión del 23 de enero de 1989, habló ante el tribunal que lo juzga por la desaparición de José Díaz, uno de los integrantes del Movimiento Todos por la Patria (MTP) que había tomado el regimiento. Fue la primera vez en treinta años que se escuchó la voz del militar ante los jueces. No hizo una defensa política pero sí reivindicó su actuación como el hombre encargado de “recuperar” el cuartel. Negó de manera sistemática los hechos por lo que se lo acusa –“no hubo fusilamiento”– y buscó criminalizar a las víctimas. En ese sentido, se preocupó en sostener todas las pistas falsas que sembró para justificar el relato oficial de lo sucedido pero que el juicio desacreditó.
Arrillaga no aceptó preguntas y se limitó a explicar de manera conveniente su rol en “el combate de La Tablada” al que caracterizó como “una gran desprolijidad” pero no por su culpa sino que responsabilizó a la Policía bonaerense e incluso afirmó que los integrantes del MTP contaban con mejor calidad de armamentos que el Ejército.
El militar purga cinco condenas a perpetua por su desempeño en Mar del Plata durante la última dictadura y ahora enfrenta a la Justicia por una de las cuatro desapariciones ocurridas tras la rendición del MTP. Ante el Tribunal Oral Federal 4 de San Martín, Arrillaga trató de relativizar lo ocurrido en la “recuperación militar”, como llamó a lo sucedido en el cuartel, donde “no hubo fusilamientos ni cosas raras”, según sus palabras. Las cosas raras vendrían a ser los desaparecidos que provocó el ataque del Ejército.
El MTP copó el Regimiento 3 de La Tablada bajo el argumento de que lo hacía para frenar un golpe de estado contra el gobierno de Raúl Alfonsín, que casi dos meses antes había afrontado en Villa Martelli el tercer alzamiento carapintada. En los hechos de La Tablada murieron 32 miembros del MTP, nueve militares y dos policías. Fotografías tomadas luego de la rendición de los atacantes mostraron vivos a integrantes del MTP que continúan desaparecidos: José Díaz, Francisco Provenzano, Iván Ruiz y Carlos Samojedny. El juicio busca establecer la responsabilidad de Arrillaga en el caso de Díaz.
El militar adujo que la “desprolijidad” se produjo por factores como “la sorpresa ganada por los terroristas al iniciar el ataque” y “el accionar desprolijo de la policía”, además de remarcar que el copamiento ocurrió “durante la licencia del Ejército y coincidiendo con el cambio de guardia en la unidad”. También dijo que los atacantes tenían “armamento más moderno” que el Ejército.
En otro pasaje de su declaración, Arrillaga sostuvo que careció de comunicaciones. “Llegamos al punto crítico de la falta total de comunicaciones que impedía una conducción centralizada”, manifestó. A raíz de ello se produjo “la falla de la conducción centralizadas”, porque no podía saber “lo que estaba pasando del otro lado del cuartel”. 


NA
El MTP ocupó el regimiento de la Tablada el 23 de enero de 1989.

Un viejo vocablo de la jerga militar volvió a escena: “aniquilar”. Arrillaga sostuvo que para el Ejército hay dos acepciones: “aniquilamiento físico del adversario o quebrar su voluntad de lucha”, y que lo que quiso hacer en La Tablada fue lo segundo. “Lo que sucedió, fue la rendición de La Tablada”, manifestó como forma de deslindar responsabilidad en lo sucedido. Y fue más allá: “Acá no hubo fusilamientos ni cosas raras”.
Arrillaga también relató el momento en que se produjo la rendición del 24 de enero. “A la mañana se intima la rendición, se ve que salen los terroristas a un lugar abierto para tener la posibilidad de ser filmados. Cuento unos 13 y una mujer herida, que va a fallecer luego, desconozco el lugar, pero será luego recogida por la Policía bonaerense en alguna parte del cuartel”, expresó en relación a Berta Calvo. La querella sostiene que entre los rendidos estaban Samojedny y Provenzano, y que el Ejército no los contabilizó entre los sobrevivientes. El militar no aludió a eso ni se refirió a Díaz, el caso por el que está sentado en el banquillo.
Más adelante, habló de la visita de Raúl Alfonsín al cuartel recuperado, horas después de la demostración de fuerza de los militares y pretendió contar con el apoyo del entonces presidente, quien “observa a los detenidos, cómo se les da apoyo médico, a uno se le coloca suero por la deshidratación de más de 30 horas de combate, observa el trato que si bien es duro es correcto”. Arrillaga estimó que “si mi proceder hubiera sido errado respecto de los detenidos, el señor presidente hubiera reaccionado ante un acto perjudicatorio a los detenidos, y hubiera aplicado el máximo rigor de inmediato ante la ley”. Lo cual no se condice con los testimonios de sobrevivientes encapuchados, que fueron torturados y escucharon cuando el mandatario ingresó al regimiento.
“¿Cuáles fueron mis errores? ¿Haber sido designado general de brigada durante un gobierno institucional, haber jurado a la bandera ofreciendo nuestra vida, jurar subordinación y valor para defender la patria?”, se despegó Arrillaga, quien llegó a decir que se enfrentó a Seineldín en el alzamiento carapintada de 1988 y que por eso algunos subordinados podrían no haber obedecido sus órdenes en La Tablada. 
En su defensa, nombró a todos a los militares muertos durante los sucesos de La Tablada y no mencionó el nombre del sargento Ricardo Esquivel, a quien la versión oficial dio por muerto a manos de Ruiz y Díaz antes de una supuesta fuga. Los testimonios en el juicio dejaron claro que Esquivel murió antes de las detenciones. Arrillaga no incluyó entonces el nombre del sargento en el listado de bajas. 
Fuente:Pagina12


Publicado en: 18 marzo, 2019 
Memoria Histórica Argentina. 
Crónica del día 15 Juicio por los Desaparecidos de La Tablada 
En una nueva audiencia del juicio que busca saber qué pasó con José Díaz, uno de los cuatro desaparecidos de La Tablada,
le tocó el turno de hablar al responsable de tanta barbarie. El ex General Arrillaga amplió su declaración, envuelto en la férrea voluntad de negar lo innegable y sostener la impunidad que lo acompañó 30 años. Antes de comenzar, el tribunal le consultó si podíamos registrar su testimonio en formato audiovisual, en vivo, a lo que Arrillaga se negó.
Foto: Arrillaga declarando frente al mapa de La Tablada (Gustavo Molfino)
“No voy a aceptar preguntas”, fue lo primero que dijo ante la consulta del tribunal. Y a partir de allí desplegó, durante casi dos horas, argumentos que han sido rebatidos por numerosas pruebas durante este ejemplar proceso llevado a cabo por el TOCF4 de San Martín.
La principal estrategia esgrimida por Arrillaga (y que permite anticipar cuál será la línea argumental del alegato de la defensa) fue intentar relativizar su responsabilidad en los hechos a partir del descontrol represivo que se vivió durante la “recuperación militar” del cuartel. “El combate de La Tablada se caracterizó por una gran desprolijidad”, indicó. Entre los factores que incidieron para que esto sucediera mencionó “la sorpresa ganada por los terroristas al iniciar el ataque”, “el accionar desprolijo de la policía”, “que esto sucedió durante la licencia del Ejército y coincidiendo con el cambio de guardia en la unidad”, “el poder de fuego de los terroristas, que se apoderaron de elementos, y que tenían armamento más moderno que el del Ejército”, y “los refuerzos heterogéneos que llegaban al cuartel, para reforzar el cerco”.
Otro de los puntos centrales con los que intentó limitar su responsabilidad en los hechos, fue sostener que  carecían de comunicaciones durante la recuperación. “Llegamos al punto crítico de la falta total de comunicaciones que impedía una conducción centralizada”, alegó. E insistió en la idea de que esto “le impedia al comandante conocer lo que estaba pasando del otro lado del cuartel” que provocó según Arrillaga “la falla de la conducción centralizada”.
Haciendo cosas raras
Sin dudas, lo que más dolió de la exposición del genocida Arrillaga fue la liviandad con que se refirió a la represión desatada en La Tablada. El discurso de impunidad de los militares genocidas volvió a escucharse en boca de este exgeneral ya condenado cinco veces por delitos de lesa humanidad en Mar del Plata. Sin más, quiso explicar “el termino aniquilar para el Ejército”, que tendría dos posibilidades: “anilquilamiento físico del adversario o quebrar su voluntad de lucha”. Según Arrillaga, que intentó convencer al tribunal de que solo sucedió esto último: “lo que sucedió, fue la rendición de La Tablada”, pero son numerosos los testimonios (y el alegato posterior de la querella así lo demostró) que dan cuenta de que el plan fue de exterminio.
Para reforzar su idea, y dejando ver su línea de pensamiento, indicó: “acá no hubo fusilamientos ni cosas raras”. Sin embargo, en su envalentonado discurso, volvió a demostrar de qué fueron capaces las fuerzas represivas y cuál era su desprecio por la vida humana. “El 23 también se consideró el ataque nocturno al Casino de Suboficiales, pensado que el fuego obligaría a las personas allí presentes, o a las alimañas, a salir. Pero la oscuridad no permitiría distinguir a terroristas de rehenes, y se desiste de esta idea”.
En su último intento de defensa, Arrillaga quiso arrastrar consigo a Raúl Alfonsín. Por eso se refirió a la visita del entonces presidente al lugar de los hechos. En su recorrida “observa a los detenidos, cómo se les da apoyo medico, a uno se le coloca suero por la deshidratación de más de 30 horas de combate, observa el trato que si bien es duro es correcto”, indicó Arrillaga. Y agregó, para intentar sostener esta línea argumental: “me queda una inquietud de pensar que si mi proceder hubiera sido errado respecto a los detenidos, y ante una novedad que afectara a ellos, el señor presidente caracterizado por ser el defensor de la democracia y el protector de los derechos humanos, hubiera reaccionado ante un acto perjudicatorio a los detenidos, y hubiera aplicado el máximo rigor de inmediato ante la ley”. Una argumentación que en lugar de salvarlo a él, hunde un poco más la figura pública de Alfonsin: los testimonios de los sobrevivientes, que lo escucharon ingresar al lugar donde estaban detenidos, encapuchados y maniatados, y su discurso posterior por cadena nacional (al que el exgeneral también citó) son el punto más oscuro en la trayectoria del “padre de la democracia”.
Reivindicando el exterminio 
Si bien no fue un discurso de defensa política de lo actuado, la sistemática negación de los hechos y el intento por criminalizar a las víctimas, demostró el carácter reivindicativo de su discurso ante el accionar criminal perpetrado 30 años atrás. A la vez que, muy atento a sostener las pistas falsas que sembró en el pasado, intentaba reforzar una historia que ha quedado en este juicio totalmente desacreditada.
Comenzó por relatar cada muerte de los efectivos del ejército, pero sin nombrar a Esquivel, a quien indicaron durante todo este tiempo como la última persona que vio con vida a José Díaz e Iván Ruíz, dos de los desaparecidos en La Tablada. En este juicio, fueron numerosos los testimonios que demuestran que Esquivel murió mucho antes de que fueran detenidos los militantes del MTP. O casualidad, Esquivel estuvo ausente del listado de bajas que presentó Arrillaga.
“A la mañana se intima la rendición, se ve que salen los terroristas a un lugar abierto para tener la posibilidad de ser filmados” aclaró Arrillaga, con una frialdad que duele. sin negar ni ratificar que haya sido él quien realizó la intimación, como han sostenido todos los sobrevivientes. “Cuento unos 13 y una mujer herida, que va a fallecer luego, desconozco el lugar, pero será luego recogida por la Policia bonaerense en alguna parte del cuartel”, indicó en un pasaje de su discurso. Se estaba refiriendo a Berta Calvo, quien se entregó con vida pero gravemente herida. Los testimonios indican que fue luego asesinada mediante la colocación de una bolsa de plástico en su cabeza. Todo esto sucedió ante el control de Arrillaga, que en ese momento se presentó como Dios ante los detenidos desnudos y encapuchados, y aseguró ser quien definía la vida o la muerte en aquel lugar. La intención del recurrente número 13 que utilizaron los militares de altos cargos en defensa de Arrillaga (y también en defensa propia) fue ocultar que fueron 16 los detenidos, ya que luego serían desaparecidos Provenzano y Samojedny, quienes se rindieron junto al resto de sus compañeros, además de la ejecución de Calvo.
El final intentó ser apoteotico, mostró la permanente falsedad con que se mueven los genocidas, y la impunidad que buscan eternamente consolidar. Arrillaga no hizo ninguna referencia a José Díaz, el militante desaparecido por cuyo asesinato es juzgado en esta oportunidad. Ni una muestra de arrepentimiento o excusa ante un error, pura apología genocida. A diferencia de los genocidas juzgados por sus crímenes durante la dictadura, aquí Arrillaga se mostró como un defensor de la democracia. Incluso mencionó al carapintada Mohamed Alí Seindeldín (otro muerto que ya no puedo contradecirlo) con la idea de que como Arrillaga habría disparado en su contra durante uno de los alzamientos, algunos comandos podrían no haber respetado su jefatura durante La Tablada. Inverosímil por donde se lo lea.
“¿Cuáles fueron mis errores?” se preguntó autocomplaciente: “¿haber sido designado general de brigada durante un gobierno institucional, haber jurado a la bandera ofreciendo nuestra vida, jurar subordinacion y valor para defendr la patria?”. Y culminó con una cita, otra vez con Dios de por medio: “Los hombres adoran a Dios y al soldado con el peligro delante. Cuando pasa el peligro Dios es olvidado y el soldado despreciado”. En eso tiene razón: si durante la represión en La Tablada se sintió Dios, ahora le queda bien el traje de soldado despreciado.

*Este diario del juicio por los desaparecidos de La Tablada es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva y Agencia Paco Urondo, con la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en http://desaparecidosdelatablada.blogspot.com
Fuente:KaosenlaRed

23 de febrero de 2019

Desaparecidos de La Tablada -Día 13- La muerte del Sargento Esquivel.

Desaparecidos de La Tablada -Día 13- La muerte del Sargento Esquivel
En el juicio por el asesinato y desaparición de José Díaz durante la represión militar en el cuartel de La Tablada comparecieron ayer 3 testigos. El aporte mayor vino quizá del menos esperado: Walter Gualberto Cruz, un enfermero general que hace 3 años se retiró del Ejército. Declaró por primera vez ante la justicia y aportó datos esenciales sobre la caída del sargento Esquivel, a quien la teoría oficial daba muerto por Ruiz y Díaz antes de la supuesta fuga. Como ya está más que claro, ambos fueron desaparecidos por las fuerzas que comandaba el General Arrillaga. Cruz describió ayer cómo Esquivel murió a su lado por fuego cruzado. También fueron testigos un militar que armó un informe que ratifica la versión de Cruz y que el ejército se negó a publicar; y otro que intentó eludir sus propias responsabilidades con un mensaje de paz y unidad que sonó poco convincente. (Por El Diario del Juicio*)

Foto: Arrillaga cada vez más preocupado (El Diario del Juicio)

—¿El Capitán Cabrera es un personaje? —preguntó el abogado querellante Ernesto Coco Lombardi al militar retirado Julio Ruarte.
—Sí, Cabrera es un personaje.
—Esquivel murió en esa circunstancia? —intentó precisar el juez Rodríguez Eggers.
—Para mí sí. Esquivel murió como está ahí —dijo Ruarte señalando su libro.
—¿Y cómo construyó el relato de Cabrera? —preguntó Lombardi.
—Con varios testimonios. Uno de un tal Galeano,  Galesi, no recuerdo bien, y seguramente le pregunté al Sargento Cruz.

Ese intercambio, que podría interpretarse incluso como una charla literaria, fue central en la jornada de ayer. Julio Ruarte es un militar retirado, autor del libro La Tablada: Un ataque para recordar. Su testimonio había sido solicitado porque en su informe, más tarde publicado como libro, se describe la muerte del sargento Ricardo Esquivel. Su motivación, según expresó varias veces, fue saber qué pasó con Ricardo Rolón, uno de los militares caídos durante el combate y “rendirle un homenaje a mi amigo y camarada”. El informe Ruarte fue escrito entre 1990/1991, y en 2003 el autor ya contaba con una edición para publicar. Sin embargo, en ese entonces, el ejército rechazó su publicación: “Me mandaron una nota que no era conveniente para la imagen de la fuerza, que podía traer problemas al autor” declaró. La querella solicitó que el testigo aporte esa respuesta oficial de la Secretaría General del Ejército, una prueba más del encubrimiento, que además suena amenazante: “la voy a buscar. Tuve varias mudanzas en el medio”, dijo Ruarte, que publicó el informe finalmente en 2016 luego de retirarse un año antes.
Develar los minutos finales del sargento Esquivel es una de las claves de este juicio. Casi sin saberlo, el militar, en su búsqueda personal por saber qué pasó con su amigo Rolón, aportó un dato revelador: cómo fue la muerte de Esquivel. Al ubicar en el lugar a Walter Gualberto Cruz, permitió que se escuchara su relato, por primera vez, luego de 30 años. Otro testimonio que fulminó la versión oficial. 

La palabra de Cruz


Walter Gualberto Cruz tiene todo el aspecto de un laburante común y corriente. Sin embargo, fue militar hasta hace casi 3 años. Morocho y petiso, tiene la palabra simple y segura a mano. Es la primera vez que declarara en la justicia por los hechos de La Tablada. Su aporte es esencial; seguramente por eso, justicia encubridora mediante, nunca estuvo ante un tribunal hasta ayer. Así relató la muerte de Esquivel. "En un momento quedé solo en medio de una balacera importante, y me di cuenta de que estaba Esquivel cerca, fue entonces que le dije me cubriera mientras avanzaba hacia el Casino de Oficiales", indicó. "En un momento cruzo para agarrar mi botiquín para seguir avanzando, y sentí un quejido que vino desde atrás. Entonces me di cuenta de que no me estaba cubriendo y me replegué adonde estaba él. Lo vi a Esquivel tirado en el piso, lo ausculté, busqué una herida superficial y no tenía, le giré la cabeza y ahí tenía la entrada de un proyectil 7,62 mm., calibre del FAL, sin orificio de salida".
En el relato oficial de los hechos, las huellas de Ruiz y Díaz llegaban hasta el oficial Esquivel, quien fue señalado como la última persona que vio con vida a los militantes del MTP, apenas antes de su propia muerte. Esquivel obviamente nunca estuvo para dar su versión. De alguna manera era el testigo perfecto para la versión militar/judicial; no había chance de contradicción alguna. Pero la cadena de mentiras se rompió en la 3ª audiencia, cuando el exmilitar César Ariel Quiroga, ambulanciero en La Tablada, que supuestamente les había entregado a Ruiz y Díaz al sargento Esquivel, no solo negó haberlo hecho, sino que aseguró no haber conocido a Esquivel ni haber tenido contacto con guerrilleros del MTP.  En aquella misma jornada ya histórica de diciembre pasado, otro exmilitar, José Almada, se ubicó como testigo ocular de la caída de Esquivel.
"Estuve en las inmediaciones de la Compañía B cuando explota parte del primer piso, por lo que tuve que asistir a varios soldados", relató Cruz. "Luego apareció Esquivel, que bajó de un vehículo en el cual estábamos haciendo las evacuaciones de los heridos".
 En su detallado testimonio, Cruz indicó que "a viva voz pedí un vehículo para movilizarlo, como tardaba me puse a arrastrarlo, era un hombre fortachón, me costó mucho y a duras penas pude subirlo al blindado. Esa fue la última vez que lo vi, pero ya sabía que era inevitable su deceso, estaba agonizando", agregó.
 Además, sumó un nuevo dato que muestra la complicidad del Ejército para ocultar la verdad y construir un relato que sirviera de coartada. Consultado por la querella sobre si alguna vez había tenido que contar en alguna instancia lo que estaba relatando, luego 30 años, en la sala del TOFC 4, dijo: "Unos meses después me llamaron del Estado Mayor para explicar la muerte de Esquivel. En la parte de legales del Edificio Libertador en Azopardo 250. Les dije que fui el único testigo de la muerte de Esquivel, porque nadie sabía en qué circunstancias había muerto. Nunca más me llamaron, y nunca declaré esto ante la justicia". Después de esa entrevista, nunca más lo convocaron en cuestiones que tuvieran que ver con La Tablada “hasta anoche, cerca de las 21, que me tocaron el timbre y era la policía con esta citación”. Tras el encubrimiento que se fue develando en el juicio actual, parece sencillo explicar que si no lo convocaron fue porque su testimonio no servía a los fines del encubrimiento. La cita a Cruz en el libro de Ruarte resultó fundamental.

El militar Echazarreta ayer después de su testimonio 
(Foto: El Diario del Juicio)

El elegido

En la audiencia ayer, como ya ha pasado en tantas otras, sólo escuchamos voces militares, una de las características especiales de este juicio. Jorge José Echezarreta, militar retirado, se explayó con cierto histrionismo cuando el tribunal hizo la rutinaria pregunta inicial sobre si hay “algo que le impida decir la verdad de los hechos. Si es amigo, conocido del imputado o la presunta víctima, o tiene deudas con ellos”. Echezarreta dijo entonces: "la guerrilla siempre fueron nuestros enemigos. En este caso particular ya no hay guerra, así que considero que no tengo ninguna animosidad contra ninguna organización guerrillera nacional o lo que fuere, pero quiero aclarar eso nada más. Ya la guerra supongo que terminó, así que yo no estoy en guerra”. Su testimonio había sido requerido la audiencia pasada por la defensa del General Arrillaga y se suponía venía a sostener que no fue Arrillaga quien intimó a la rendición de los y las militantes del MTP el 24 de enero, sino él mismo; al menos eso había indicado el defensor oficial Hernán Silva. Ayer no pudo corroborarlo.

—La persona que toma el megáfono era Sergio Fernández? —consultó el defensor, buscando alguien más que quite a Arrillaga del lugar donde lo colocan los y las sobrevivientes del MTP.
—No lo puedo asegurar, no lo puedo jurar. No puedo dar un falso testimonio —expresó a modo de lamento Echezarreta.
Sus palabras fueron, una vez más en este juicio, en el sentido inverso al que la defensa de Arrillaga pretendía. Intentando respaldar la versión oficial, va quedando cada vez más claro qué sucedió con José Díaz e Iván Ruiz, y en muchos casos a través de los propios testigos requeridos por la defensa.

Echezarreta comentó que a las 0:00 del día 24, Arrillaga le pidió que consiguiera un megáfono (“si alguien dice sobre Tablada ‘esto pasó a las cuatro, no está diciendo correctamente”, dijo minutos después Ruarte en alusión a la vorágine que se vivió en el lugar). Lo único que consiguió -según sus palabras- fue un patrullero de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, un Renault 12 blanco que tenía propaladoras sobre el techo, siempre según su testimonio. Durante toda su intervención de ayer, Echezarreta intentó reforzar la idea que Arrillaga no tenía el control total de la represión. Para el orgullo militar del general debe ser fuerte, pero parece ser a esta altura la única estrategia posible a mano, casi la última brazada desesperada del ahogado. Al mismo tiempo, comentó que Arrillaga le ordenó proteger y acompañar al presidente Alfonsín, al juez Larrambebere y también lo mandó a enfrentar a la prensa: “ahí tuve más miedo que en el combate”, dijo intentando ser simpático. Quizá haya hecho bien en temerle a la prensa de entonces. Un video de Nuevediario, que acompaña esta nota, lo muestra dialogando en las escalinatas del Edificio Libertador con el diputado del Partido Intransigente Oscar Alende.

—Voy a dar una de las razones por las que antes recuperábamos las instalaciones militares con mayor presteza. Y era por las órdenes que existían, que denominábamos de la línea Peugeot porque eran la 404, la 504 y la 505. Esas órdenes fueron emanadas por un documento secreto firmado por María Estela Martínez de Perón y otros decretos que lo complementaban —sostuvo el por entonces Teniente Coronel Echezarreta.
—Eso fue en 1973 —intentó precisar erroneamente Alende en referencia a lo que ocurrió en 1975.
—Esos decretos incluían el aniquilamiento. —subrayó el militar, remarcando cada letra de ese vocablo nefasto de la historia argentina— Quiero aclarar que quienes en aquella oportunidad posibilitaban cumplir con rapidez y presteza esas órdenes, hoy están presos, hoy están detenidos.


30 años después, sin esa prestancia todopoderosa con la que se lo observa en el video reivindicando a sus camaradas genocidas, Echezarreta terminó su declaración, se levantó apoyándose en su bastón e intentó un discurso conciliador.

—Ojalá todo esto termine pronto y que el Movimiento Todos por la Patria seamos
todos —sostuvo, justo enfrente de 2 familiares de desaparecidos, Daniel Díaz Padilla (hijo de José Díaz) e Irene Provenzano (hija de Francisco Provenzano).
—No le escuché eso último que dijo —le lanzó Provenzano seria, tensa y sosteniendo su mirada.
—¿Vos sos Irene? —sonrió mientras preguntaba Echezarreta.
—Sí, yo soy Irene.
—Vamos a charlar luego —sugirió, casi ordenó el militar, en un tono amable pero que a todos/as allí nos sonó amenazante por quién lo decía.
—Quizás —respondió sorprendida la hija de Pancho.

En medio de la tensión, en ese corto diálogo y cruce de miradas, quedaron en evidencia dos posiciones antagónicas. La de las/los familiares que construyeron Memoria, Verdad y Justicia, y que no ven reconciliación posible con los genocidas; y la de los aniquiladores de ayer, que hoy, ante la cercanía de esta justicia un poco más justa, impostan un discurso de unidad, paz y reconciliación, sin siquiera decirles antes dónde están los desaparecidos.

*Este diario del juicio por los desaparecidos de La Tablada es una herramienta llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, FM La Caterva y Agencia Paco Urondo, con la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguinos diariamente en http://desaparecidosdelatablada.blogspot.com Fuente:LaRetaguardia