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27 de abril de 2022

Por Walter y por todxs.

 

Por Walter y por todxs

Resumen Latinoamericano, 26 de abril de 2022. 

El 26 de Abril, Walter Bulacio muere en el Hospital Rivadavia, por los golpes recibidos en la comisaría cuando lo detuvieron en una razzia que realizó la policía en el recital de los Redonditos de Ricota.

El 19 de abril de 1991, Walter David Bulacio había asistido a un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, en el estadio Obras.  Esa noche, en los alrededores, la Policía Federal Argentina realizó una “Razzia” o detención masiva  de más de ochenta personas; que no estaban cometiendo ningún delito, sino que fueron detenidas arbitrariamente. 

Entre les detenides se encontraba Walter, de 17 años de edad. Lo trasladaron a la comisaría número 35, donde fue golpeado y torturado por policías; no le permitieron comunicarse con su familia y le negaron atención médica. El responsable de estos operativos fue el ex comisario Miguel Angel Expósito. 

Después de pasar la noche sin asistencia médica, pese a presentar malestares, Walter fue trasladado al Hospital Pirovano, donde lo internaron en estado grave. Allí constataron las múltiples lesiones que presentaba a causa del abuso policial y estuvo en coma durante varios días. El 26 de abril de 1991 Walter Bulacio falleció. 

Hoy, estar en un calabozo es la mayor causa de muerte bajo responsabilidad estatal. A pesar del fallo de la CIDH, la policía sigue deteniendo de manera arbitraria.

Por eso, desde la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) exigen:

Basta de Detenciones Arbitrarias

Basta de muertes en cárceles y comisarías

Envio:RL


20 de abril de 2021

Se cumplen 30 años de la detención de Walter Bulacio.

 

Se cumplen 30 años de la detención de Walter Bulacio

20 Abril 2021

Walter tenía 17 años cuando decidió ir con un grupo de amigos de su barrio, Aldo Bonzi, a ver a Patricio Rey y los Redonditos de Ricota a Obras Sanitarias. Cuando intentó entrar al recital lo detuvieron y lo alojaron en la Comisaría 35 donde lo torturaron.






















En una Argentina caótica (¿cuándo no lo es?, sería la pregunta) marcada por la salida de la hiperinflación con la nueva la ley de convertibilidad, las ruinas de la industria nacional, privatización de todo lo que pertenecía al Estado, una cultura floreciente que salía lentamente de la censura, y el indulto a los represores de la última y sanguinaria dictadura cívico-militar. Siempre vale la pena recordar que en la última semana de 1990, el por entonces presidente Carlos Menem firmó los indultos de: Jorge Rafael Videla, Emilio Massera, Ramón Camps, José Alfredo Martínez de Hoz , entre otros nombres de terror de nuestra historia.

En esta ensalada de caos, desde La Plata una banda venía pisando fuerte los escenarios de la capital, Patricio Rey y los Redonditos de Ricota, quienes además estaban dando sus propias batallas y una de ellas era la de organizar sus shows multitudinarios "sin que la cana reprimiera" y detuviera a sus seguidores.

Luego de varios incidentes habían logrado que la Policía no ingresara más a los establecimientos en donde se llevaban a cabo los recitales, pero en la calle "el cuento era otro". La policía venía envalentonada y, además, los métodos de la dictadura seguían muy presentes.

Y como dice el Indio Solari en su libro de memorias, su “público nunca entendió el concepto del soul out”, “¡Van igual! Y van con toda la intención de entrar” (esto volvió a suceder este fin de semana cuando estallaron la plataforma de streaming y se tuvo que liberar el show de los Fundamentalistas, es sin dudas justicia poética)

Volviendo. El 19 de abril de 1991 los Redondos volvían a Obras Sanitarias y el problema que enfrentaban es que la política del lugar era que ahí “nadie se colaba”.

Es en este momento en que un pibe de la localidad matancera de Aldo Bonzi entra en escena, lamentablemente. Walter David Bulacio tenía 17 años, trabajaba de caddie en un campo de golf para poder pagarse el viaje de egresados, era fanático de los Redonditos de Ricota y decidió ir con sus hermanos y amigos al recital en Obras Sanitarias.

Las entradas estaban agotadas, solo tenían una que era la de su hermana, y la comunicación no se viralizaba como ahora, por lo que emprendieron el viaje a capital.

Sobre la avenida del Libertador, la Policía Federal había desplegado un mega operativo, comandado por el comisario Miguel Ángel “El Aguilucho” Espósito. Cuando Walter y su hermano Jorge intentaron trepar un muro fueron detenidos bajo el eufemismo de “averiguación de antecedentes” y amparados por el secreto, y luego derogado, “Memorando 40” que iba en contra de lo que establecía la Ley de Patronato de Menores que prohibía la detención de menores sin la intervención de un juez. El show comenzó pero más de 70 pibes eran llevados a la Comisaría 35 de Núñez.

Walter se descompuso la mañana del 20 abril en el calabozo donde estaba hospedado, ya llevaba demorado más tiempo de lo que permite la ley, y lo sacaron para trasladarlo al hospital Pirovano donde ingresó por un traumatismo de cráneo. Por su gravedad fue trasladado al Hospital Fernández y cinco días después, el 26 de abril de 1991, falleció.

La autopsia precisó que el cuerpo de Walter Bulacio tenía rastros de golpes con objetos contundentes en miembros, torso, cabeza y extremidades. Había sido torturado en la comisaría, es más, luego se supo que le había dicho al primer médico que lo atendió que había sido golpeado por la policía.

A partir de ese momento, reinó la impunidad que despedazó de a poco a la familia de Walter. Espósito fue procesado por primeras vez en mayo de 1991 por privación ilegal de la libertad, abuso de autoridad e incumplimiento de los deberes de funcionario público, mientras que en marzo de 1992 lo sobreseyeron de manera provisional "con relación a la averiguación de lesiones seguidas de muerte" en perjuicio de Bulacio.

Sin embargo, en mayo de 1992, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional revocó el procesamiento por entender que no se podía "responsabilizar al procesado por la aplicación de un instrumento inconstitucional (y extrajudicial por tratarse de un menor) Memorándum 40 cuando (Espósito) pudo no ser consciente de ello", basado en que su conducta "se ajustó a las prácticas habitualmente vigentes".

Según reconstruyó la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuando Espósito llevó a cabo la detención de Walter actuó oficiosamente aplicando el Memorándum 40 de la Dirección de Asuntos Judiciales de la Policía Federal Argentina, adoptado el 19 de abril de 1965.

En agosto de 1992, el Juzgado de Menores 9, a cargo de la instrucción de la causa, sobreseyó a Espósito por la privación ilegal de la libertad, lo que luego confirmó la Sala VI de la Cámara de Apelaciones.

En 1993, la querella inició una demanda civil contra la Policía Federal Argentina y el comisario Espósito por 300 mil pesos, al tiempo que presentó un recurso extraordinario que llegó hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que el 5 de abril de 1994 hizo lugar a la queja.

A partir del fallo de la Corte, la Sala VI decidió que "aparecía necesario continuar investigando los alcances de la conducta enrostrada al imputado y revocó el sobreseimiento provisional" de Espósito, tras lo cual, la causa recayó en el Juzgado de Menores 4, que ordenó la detención de Espósito por el delito de privación ilegal de libertad calificada y dispuso un embargo por 100.000 pesos.

Meses después, en febrero de 1995, la querella aportó nuevas pruebas a la investigación sobre las "lesiones, apremios ilegales y tormento seguidos de muerte", por lo que se reabrió el sumario en el que días después declaró Fabián Rodolfo Sliwa, "ex-oficial que había presenciado, según él mismo dijo ante los medios de comunicación social, el castigo físico impuesto por Espósito a Bulacio".

Entre noviembre de 1995 y febrero de 1996, el Juzgado 4 llevó a cabo diligencias judiciales con el fin de confirmar lo señalado por Sliwa pero finalmente "sobreseyó provisionalmente" a Espósito y dejó sin efecto su prisión preventiva, según la recopilación de datos que hizo Télam hace unos años atrás.

Tras años de recusaciones, presentaciones judiciales e idas y vueltas del expediente a la Corte Suprema, la defensa del ex comisario solicitó la extinción de la acción penal por prescripción, lo que fue aceptado por la Sala VI de la Cámara de Apelaciones el 21 de noviembre de 2002.

Sin embargo, con el fallo de la CIDH de septiembre de 2003, mediante el cual el Estado Argentino fue considerado responsable institucional del hecho, la Corte Suprema dispuso reabrir la causa, que llegó al juicio y concluyó en 2013 con la condena a Espósito, quien nunca volvió a prisión y tendrá por cumplida su pena en septiembre de 2017.

En otros órdenes de cosas, Los Redondos nunca se recuperaron de esta muerte y de este grave caso de violencia institucional. Los medios y una parte de la sociedad los puso en el banquillo de los acusados y se corrieron de ese lugar con el paso del tiempo. Hicieron lo que pudieron, si podrían haber hecho algo más a esta altura de los años termina siendo contra factico, siempre lo recordaron sus recitales (algo que el Indio mantuvo con los Fundamentalistas del Aire Acondicionado).

Según cuenta el Indio Solari en el capítulo que habla sobre el Caso Bulacio, a partir de ahí jamás se fueron de los lugares de donde se presentaron hasta que no liberaran a todos los demorados. De hecho resalta que en el último show de los Fundamentalistas en Olavarría, en donde como si fuera un estigma falleció en pleno recital un hombre llamado Juan Francisco Bulacio, toda la banda se fue dos días después.

Hoy, a 30 años de la detención ilegal, tortura y posterior muerte de Walter Bulacio se sigue reclamando JUSTICIA, y que no haya más "Bulacios", "Arrugas", "Demontys", "Maldonados"... son tantos los apellidos que llenaríamos carillas y carillas. El denominador común en todos estos casos es la tortura y represión perpetradas por las fuerzas de seguridad de un Estado que tendría que cuidarnos.

Fuente:M1

28 de abril de 2019

Yo sabía que a Walter lo mató la policía.

Yo sabía que a Walter lo mató la policía
Por Leonardo Marcote, Revista Resistencias, Resumen Latinoamericano, 26 de abril de 2019.-
A 28 años del asesinato de Walter Bulacio.
El 19 de abril de 1991, Walter Bulacio, 17 años, viajó junto a sus amigos desde Aldo Bonzi hasta el estadio Obras Sanitarias. Esa noche tocaba Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la banda que lo apasionaba. Fueron un rato antes para conseguir entradas pero no tuvieron suerte y les avisaron que ya se habían agotado. Cientos de chicos se quedaron afuera del estadio mientras de fondo comenzaban a sonar los primeros acordes. Walter, junto a un amigo, quisieron entrar al estadio por una entrada alternativa pero fueron sacados rápidamente por la seguridad. No se fueron del lugar, adentro, la banda más convocante del país seguía tocando los temas de su disco “La Mosca en la Sopa”, pero afuera del estadio la policía desato una cacería. En una razia feroz, Walter fue detenido junto a otras 71 personas. La mayoría de los detenidos eran menores.
María Armas, abuela de Walter Bulacio.
El operativo estuvo a cargo del Comisario Miguel Ángel Espósito, jefe de la seccional 35 de Belgrano. Esa misma noche, Walter fue abandonado en un calabozo luego de haber sido golpeado. A la mañana siguiente fue atendido en estado de inconsciencia por una doctora en la misma comisaría y al ver el estado de gravedad en que se encontraba fue derivado al sanatorio Mitre, en Once. Murió el 26 de abril de 1991, luego de haber estado siete días agonizando. La autopsia confirmó que Walter había fallecido luego de los golpes recibidos en la comisaría. El castigo también fue confirmado por los 200 testigos de aquella noche y que posteriormente declararon en la causa.
Así como en los campos de concentración los detenidos-desaparecidos dejaban marcas de su paso por el siniestro lugar, lo mismo hizo Nazareno, amigo de Walter, quien escribió en la pared del calabozo, “Caímos por estar parados”. Cuenta María del Carmen Verdú, titular de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) y abogada de la familia Bulacio, que “lo que quiso decir Nazareno es que los detuvieron por estar parados, haciendo nada, por estar inmóviles, pero para mí fue simbólico porque así de inmóvil estaba el conjunto del campo popular por aquellos años”.
La “Causa Bulacio” pasó por infinidades de idas y vueltas. El hecho más doloroso fue en el año 2002 cuando la causa fue cerrada definitivamente y el Comisario Espósito, principal acusado, fue sobreseído.
En Octubre de 2003, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó al Estado argentino por “violaciones a los derechos humanos” y le ordenó tomar medidas, entre ellas la reapertura de la causa.
Finalmente, el 8 de noviembre de 2013, luego de 22 años del asesinato de Walter, El ex comisario de la Policía Federal Miguel Ángel Esposito fue condenado a tan solo tres años de prisión en suspenso.
Envío:RL

19 de abril de 2016

A 25 AñOS DE LA MUERTE DE WALTER BULACIO.

 A 25 AñOS DE LA MUERTE DE WALTER BULACIO
Un nombre, un símbolo
Fue detenido el 19 de abril de 1991, cuando iba a un recital. Para una generación, su muerte fue una referencia en la lucha contra la brutalidad policial y la violencia institucional.
Por Carlos Rodríguez

Recién en 2013, el comisario Espósito fue juzgado y recibió una condena más que leve.
A los 17 años, Walter Bulacio tenía dos pasiones: San Lorenzo y Los Redonditos de Ricota. Hoy, hace 25 años, una privación ilegítima de su libertad, la violencia institucional que lo encerró en una comisaría y las lesiones físicas que allí sufrió le impidieron el sueño de escuchar, por primera vez en vivo, la voz del Indio Solari y la guitarra de Skay Beilinson, los ídolos que lo habían convocado ese viernes 19 de abril de 1991 al estadio Obras Sanitarias. Se vino en micro, con otros chicos amigos, desde Aldo Bonzi, su barrio en el partido de La Matanza. Llegó a Obras a las nueve menos diez; en el bolsillo llevaba la plata que le había dado su abuela, María Ramona Armas, para comprar la entrada. El sueño se transformó en pesadilla porque a las 21.15, por orden del entonces comisario Miguel Angel Espósito, lo subieron en un colectivo de la línea 151 y lo llevaron detenido por “averiguación de antecedentes” a la seccional 53ª de la Policía Federal, junto con otros 72 jóvenes, diez de ellos menores de edad, igual que Walter.

En la mañana de ese 19 de abril de 1991, los matutinos daban cuenta en su portada de la intervención federal en la provincia de Catamarca que significó la caída del gobernador Ramón Saadi, luego de varios meses de protesta social por el crimen de una adolescente que también tenía 17 años, María Soledad Morales, asesinada el 8 de septiembre de 1990. Mañana a las 12, en la Legislatura Porteña, 60 organizaciones sociales, gremiales y políticas, anunciarán el lanzamiento de la Campaña Nacional contra las Detenciones Arbitrarias, a 25 años del Caso Bulacio, confirmó a Página/12 María del Carmen Verdú, abogada de Correpi y de la familia Bulacio.

El viernes, para recordar a Walter, se hará una marcha, a partir de las 17.30, desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo. La manifestación será encabezada por Tamara Bulacio, quien con su abuela, María Ramona Arias, ya fallecida, fueron bandera de la lucha por reclamar justicia para Walter.

El chico Bulacio vivía en Aldo Bonzi con sus padres, Graciela y Víctor, y con su hermana Lorena. Tamara todavía no había nacido, pero desde los 8 años asistió a cientos de marchas y escraches.

La abuela Mary, que falleció el 4 de octubre de 2014, fue la última en verlo a Walter, antes de que subiera al micro que lo llevó a Obras. El joven les había avisado a sus padres que no lo esperaran a dormir esa noche porque, una vez finalizado el recital, se iba a quedar en la Capital Federal porque a las 5.30 del sábado 20 tenía que “fichar” en su lugar de trabajo, en el Club Municipal de Golf, hoy Campo de Golf de la Ciudad, en el barrio de Palermo. Por eso, su familia recién lo empezó a buscar en la tarde del sábado. Walter era caddie y si bien cobraba un sueldo básico, lo importante era llegar bien temprano, para que los golfistas lo eligieran y recibir las propinas, más jugosas que su salario.

El chico de 17 años trabajaba por las mañanas y a la tarde estudiaba en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia, en San Juan al 1500, en la Capital Federal. Estaba cursando el quinto año, con buenas calificaciones. Nunca se había llegado ninguna materia. Walter era un soñador al que le gustaba escribir poesías. Verdú todavía conserva algunas que le hizo llegar Víctor Bulacio. Un profesor de Literatura aseguró que Walter tenía “una buena redacción y le gustaba mucho escribir”. Su abuela Mary era la que controlaba que no faltara a clase y que cumpliera las tareas.

María Ramona Armas, la abuela, cumplía un rol de madre. Los padres de Walter lo habían tenido cuando eran adolescentes, a los 17 años. Mary se encontraba con su nieto, de lunes a viernes, para almorzar juntos cerca del Nacional Rivadavia. Era posible porque ella trabajaba en un geriátrico ubicado en San Juan y Salta. Ella tomaba un descanso al mediodía, se encontraba con Walter cuando él salía del trabajo, almorzaban, Mary volvía a su trabajo, el joven al colegio, y después emprendían el regreso, siempre juntos, a Bonzi.

La noche del viernes 19 de abril de 1991, Walter Bulacio formó parte de la primera tanda de detenidos que partió hacia la comisaría 53ª. Sin embargo, como se demostró en el juicio oral contra el comisario Espósito, que se hizo 22 años después de la muerte de Walter, el chico fue uno de los últimos en ser registrados en las actas policiales. “Los policías aclararon que los menores eran los últimos en ser anotados porque había ‘más papeleo’, según dijeron”, recordó Verdú.

La causa Bulacio pasó por decenas de jueces, entre juzgados de instrucción, cámaras de apelaciones y Corte Suprema de Justicia. El caso fue cerrado por la Justicia local, por prescripción de la acción penal, y fue reabierto, en diciembre de 2004, por un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. El juicio oral se hizo a fines de 2013. El comisario Espósito sólo fue juzgado por el delito de “privación ilegal de la libertad” y nadie pagó por la muerte de Walter, que agonizó una semana por los golpes y lesiones sufridos en prisión.

El comisario Espósito, que siguió el juicio desde su casa, por video conferencia, recibió una pena de tres años de cárcel “en suspenso”, sin cumplimiento efectivo. La querella, que trató, sin éxito, de acusarlo por el homicidio, pidió seis años y no tenía argumentos jurídicamente atendibles para presentar el recurso de Casación. La defensa de Espósito aceptó una condena leve y el fallo quedó firme. El 9 de noviembre de 2013, al informar sobre la sentencia, Página/12 usó como título de tapa las palabras de la querella sobre el juicio: “Tarde y mal”.
Fuente:Pagina12

12 de octubre de 2014

ABUELA DE OTRA PLAZA.

viernes, 10 de octubre de 2014
Abuela de otra plaza
Alfredo Grande (APE)
Democracia restitutiva es un concepto que utilicé en un artículo para la revista “Enfoques Alternativos” que dirigió Jorge Beinstein. Su título: “Democracia restitutiva: del ritual al escrache”. Publicado en el 2001. Restitutiva se opone a representativa, y me parece una denominación más apropiada. Walter Bulacio nació en esa democracia restitutiva y fue asesinado en otra de las formas restitutivas de la democracia. Un privilegio de la cultura represora.

En noviembre de 1973 los perfumes de la primavera camporista ya se habían disipado. El presidente que no fue, al decir de Miguel Bonasso, dio paso a la patria peronista para exterminar a la patria socialista. El nombre de la infamia fue Lastiri. No el único, pero con seguridad uno de los más olvidados. La traición al presidente que no fue porque lo fueron, y de la peor manera, dos décadas después fue continuada por otra traición. De la revolución productiva y el salariazo, al pacto con Bunge y Born y luego otro pacto perverso con el liberalismo reaccionario del ingeniero doble AA. Parece que también la traición vence al tiempo.

¡Embriones del mundo uníos!
(Aforismo implicado con el nuevo
Código Civil. AG)

El 26 de abril de 1991 es secuestrado Walter Bulacio para ser brutalmente asesinado. Seccional 35 a cargo del comisario Espósito fue la mano de obra ocupada que decidió detenerlo en averiguación de antecedentes. Cruel forma de realizarlo. La continuación de la dictadura por otros medios. Menos averigua Dios y nunca perdona. El terrorismo de estado fue enfrentado por Madres y Abuelas de la plaza. Heroica lucha colectiva que nunca será olvidada por todas y todos que las acompañaron desde el primer momento. Pocos. Muy pocos.

La ingratitud es el peor de los venenos. Y hoy que el oportunismo político las ha sacralizado, conviene recordar esos tiempos de solitaria lucha contra un enemigo colosal. Fueron las diversas expresiones de la izquierda quienes acompañaron esos reclamos. Militantes y profesionales que estuvieron cerca, muy cerca, del pedido de aparición con vida. Y la vida era luchar no sólo por otro mundo posible, sino para que ese otro mundo posible fuera socialista, anticapitalista, anti imperialista.

El terrorismo de estado asesinó en forma planificada, sistemática, para exterminar “trapos rojos” de la argentina. Walter fue asesinado apenas por ir a un festival de los redonditos de ricota. Así paga el Estado Terrorista. Denominación que utilizo para designar la siniestra pareja entre Estado de Derecho y Terror Institucional. ¿Quién puede dudar del terror que aniquiló a Walter mientras lo torturaban apenas por ser joven? La cría del proceso, como alguna vez dijo el dictador que murió sin ser excomulgado por sus crímenes de lesa humanidad, esa cría se encarnizó con Walter. Que no fue una excepción, sino otra de las letales reglas de las democracias restitutivas. ¿Restitutivas de qué? Del terror. Y enfrentar ese terror con nombre y con apellido, es la dolorosa tarea que algunos familiares desean sostener.

“'Yo aprendí a luchar cuando la policía mató a Walter', decía Mary cuando le preguntaban de dónde sacaba la fuerza. Tenía 62 años cuando su nieto de 17 fue asesinado por la policía. A partir de entonces, su cara humilde y sufrida, detrás de esos anteojos que le sirvieron para conocer las atrocidades de un sistema aniquilador y desquiciado, se convirtió en el ícono de la lucha antirrepresiva. Hoy, a los 85, su cuerpo dijo basta” (Correpi. 4/10/2014).

Mary Bulacio conoció en cuerpo y mente propia, los terrores institucionales de la democracia restitutiva. Su pedido de justicia nada tenía que ver con el estado de derecho. La justicia es la condición de la verdadera paz. Sin justicia, la paz no es paz sino apenas tregua. Y la única justicia verdadera es la justicia por mano propia, colectiva y solidaria. Es la justicia de las marchas, de los escraches, de las pintadas callejeras, de los artistas populares, de los militantes cuerpo y coraje. Esa justicia por mano propia que a veces, cuando la impunidad satura, deriva en venganza. El único terror que nubla a los inquisidores de la historia. Esa venganza tan temida que sin embargo, el Poder Absoluto no deja de parir. La venganza más fiera de todas: la del tiempo, como nos enseñara el poeta filósofo Discepolín.

El tiempo arrasa con inquisidores y torturadores, con dictadores y con cómplices. Quedan los luchadores, los únicos que saben de alegrías porque son los únicos que saben de tristezas. Para los que saben porque luchan, no hay fines de semana largos, feriados puente, licencia por vacaciones, por días femeninos o masculinos, licencia con goce de haberes, sin goce. Sólo hay lucha contra todas las formas de la cultura represora. Que si bien es obvia en dictadura (y gracias a los mundiales de fútbol, plata dulce y guerras truchas mediante, ni siquiera tan obvia) no es nada obvia en democracia.

Las víctimas de las diferentes formas de cultura represora quizá no hayan podido conocer a sus victimarios. Nosotros si los conocemos y como escribiera Marx, nuestro cerebro seguirá oprimido con la pesadilla de esas generaciones muertas. Aquellos que prefieren ser los burritos del teniente, tendrán esa carga aunque no lo sientan. Pero de los que sientan toda forma de injusticia, por pequeña que sea, como enseñara el Che, serán todos los reinos, incluso el de los cielos. Construido en la tierra para perdurar en generaciones y generaciones.

"Lo que la mujer y el hombre unen
en la Tierra, que ningún dios lo
separe en el cielo"
(Aforismo implicado con el nuevo
Código Civil. AG)

Por eso Walter siguió viviendo en Mary, Mary en su nieta Tamara, todos en las luchas de Correpi, de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, entre otras y otros. Cuando entrevisté a María del Carmen Verdú para el programa radial “Sueños Posibles”, hicimos la semblanza de Mary. Por vez primera, noté que la enorme luchadora de tantas desiguales peleas con varios Poderes, se conmovía. No es posible en la charla telefónica saber con precisión hasta donde quiebra una emoción. Pero la voz tiene tonos y cadencias que la razón no entiende. Y nosotros en los estudios de La Retaguardia, también nos emocionamos.

Nos dimos cuenta de que para luchar contra los terrores de la democracia restitutiva, otras plazas son necesarias. Mary Bulacio marcó en esa otra plaza. Nosotros con ella. Al igual que con Herminia Severini que nos espera para continuar luchando juntos. Más temprano que tarde, otras plazas albergarán a las y los luchadores contra el terror institucional de las democracias restitutivas.

Y de esa lucha tampoco habrá ni un solo paso atrás. Y mucho menos a los costados.
Fuente:Argenpress

9 de noviembre de 2013

WALTER BULACIO, LA IMPUNIDAD HASTA EL FINAL.

CONDENARON A TRES AÑOS DE PRISION EN SUSPENSO AL COMISARIO QUE DETUVO ILEGALMENTE AL JOVEN EN 1991
Walter Bulacio, la impunidad hasta el final
Miguel Angel Espósito no irá a prisión. Pero sí quedó confirmado que es el responsable de la razzia que terminó con Bulacio en la comisaría, donde lo torturaron hasta provocarle la muerte. El homicidio nunca fue castigado. Familiares y abogados protestaron por el fallo.
Por Carlos Rodríguez

Tamara, la hermana de Walter: “No esperábamos mucho, apenas un poco de justicia, que vaya preso”.Imagen: Guadalupe Lombardo
Tamara Bulacio mueve la cabeza acompañando con el gesto su respuesta negativa cuando Página/12 le pregunta si el veredicto del Tribunal Oral N° 29 le trajo ese “poco de justicia” que esperaba por la detención ilegal y la muerte de su hermano Walter Bulacio, tal como le había dicho a este diario en una entrevista realizada en septiembre. “No esperábamos mucho, apenas un poco de justicia, que vaya preso, pero no tenemos nada que festejar, sólo que luchamos hasta el final y que hicimos todo lo posible.” Después de un mes y medio de juicio oral, el comisario retirado Miguel Angel Espósito fue condenado a la pena de tres años de prisión “en suspenso”, sin aplicación efectiva. El juicio era sólo por la “privación ilegal de la libertad” sufrida por Walter Bulacio, a los 17 años, cuando intentaba ir, por primera vez en su vida, a un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La abogada querellante, María del Carmen Verdú, afirmó que no vinieron al juicio oral “a buscar una sentencia que nos deje satisfechos, porque esta instancia llegó tarde y mal, porque acá no se estaba juzgando a los responsables de la muerte de Walter, que es lo que buscamos a lo largo de más de 22 años”, desde abril de 1991.

La sentencia más dura que se oyó dentro de la sala tuvo que ver con la reacción del público presente, en su mayoría familiares de víctimas del “gatillo fácil” y de la violencia institucional: “Yo sabía, yo sabía, que a Bulacio lo mató la policía”, cantaron luego de escuchar el fallo. Verdú, de la Coordinadora contra la Represión Policial (Correpi), señaló sobre la pena aplicada a Espósito que sabían de antemano que “no hay absolutamente ninguna sentencia que pueda reparar el asesinato de un pibe a manos del aparato policial que responde al Estado y encima le dieron tres años de prisión, tres años a un comisario que lo dijo todo cuando hizo su alegato, cuando agradeció a los jueces por haberlo ‘cuidado’ durante todo el proceso” oral y público.


Verdú se refirió a lo dicho por Espósito en sus últimas palabras frente a los jueces del Tribunal 29 –por videoconferencia–, antes de la lectura de la sentencia. “Quiero agradecer profundamente cómo he sido tratado, cómo me han cuidado, nada más.” Al final aclaró que se trataba de la “atención” que le habían dado respecto de su estado de salud. El ex jefe de la Comisaría 35ª, a la que fue llevado detenido Walter Bulacio, junto con otros 72 chicos, el 19 de abril de 1991, señaló, ante una pregunta del presidente del tribunal, Rodolfo Goerner, que prefería “no estar presente” durante la lectura del fallo. Prefirió no presenciar la lectura de la sentencia a través de la videoconferencia, dado que por sus problemas cardíacos fue eximido de hacerse presente en la sala de audiencia.


Espósito hizo su breve exposición por la mañana y después se pasó a un cuarto intermedio, hasta las 15, cuando se leyó sólo el veredicto de tres años de prisión en suspenso. El viernes próximo se darán a conocer los argumentos del fallo de los jueces Goerner, María Deluca Giacobini y Alejandro Litvak.


María del Carmen Verdú explicó a este diario que la sentencia es prácticamente definitiva, dado que “el fiscal (Horacio Fornaciari) pidió dos años y le dieron tres, mientras que nosotros no podemos apelar porque nos dieron la mitad de los seis que pedimos; si nos hubieran dado dos años y once meses, podríamos ir a Casación, pero ahora no podemos hacer nada. Lo único que puede cambiar la sentencia, para menos, es si hay una apelación de la defensa”, a cargo de Pablo Argibay Molina.


La primera parte de la audiencia, cuando habló Espósito por videoconferencia, la sala estaba prácticamente vacía, pero el lleno fue total a la hora de la sentencia. Un grupo de manifestantes llevaba una bandera que decía: “Lo sabía, a Bulacio lo mató la policía”. Entre otros familiares de jóvenes víctimas de la violencia policial, se encontraban los padres o hermanos de Mariano Witis, Rodrigo Corzo, Jorge González, Luis Oscar Ayunta y Sonia Colman. Había muy pocos periodistas en la sala, porque no hubo acreditaciones para la prensa, por decisión del Tribunal 29, desde la apertura del debate; sólo ingresaron los invitados por Correpi.


“Teniendo en cuenta todo lo que pasó a lo largo del proceso judicial, podría tomarse como un logro que le hayan dado tres años a Espósito, pero nos hubiera gustado que fuera preso, que tuviera que sufrir algo de lo que sufrimos nosotros como familia. A Walter nada nos lo puede devolver, pero verlo a Espósito preso hubiera sido alcanzar un poco de justicia”, dijo Tamara Bulacio, que tiene 20 años y dos hijos. Ella y Walter son hijos de Víctor Bulacio, ya fallecido.


Tamara, desde niña, iba a las marchas para pedir justicia por su hermano, a quien no conoció porque murió dos años antes de que ella naciera. Iba de la mano de su abuela, María Ramona Armas, que por su estado de salud no pudo ir ni un solo día a un juicio por el que siempre luchó. “Lo que queríamos, al menos, era que le dieran seis años de cárcel, la pena máxima; en realidad, lo justo es que lo hubieran juzgado por la muerte de mi hermano, pero eso no pudo ser”. Eso era imposible porque, si bien la causa se reabrió por decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, nunca se juzgó a Espósito por la muerte de Walter, porque la carátula de “torturas seguida de muerte” que impulsó la querella siempre fue desestimada por los cerca de cincuenta jueces que intervinieron en distintas etapas del proceso.


Tamara insistió en que, a pesar de que lo sabía de antemano, igual le sigue dando “mucha bronca que no vaya preso, pensé que iba a estar presente, que iba a decir algo de Walter, para disculparse, para lo que sea, pero nada, sólo les agradeció a los jueces”. La madre de Bulacio, Graciela Scavone, no pudo estar presente porque habría sufrido “un ataque de pánico”, según se supo en la sala de audiencia.


Verdú recordó que ella misma había anticipado a Página/12 que “era muy difícil lograr una condena efectiva”, pero que al menos esperaban que los jueces del Tribunal Oral 29 “digan algo sobre la forma en que sus pares de la Justicia argentina han permitido con su accionar que este crimen quede impune”. Ahora habrá que esperar hasta el próximo viernes, para saber qué dice el fallo. La CIDH, cuando ordenó al Estado argentina que se reabriera el caso, pidió que la Justicia investigara a esos jueces. Eso, hasta ahora, no ocurrió y en el veredicto leído ayer, nada se dijo sobre ese punto.


La sala de audiencias, como se dijo, estuvo llena de familiares de víctimas de la violencia policial, que se retiraron con cánticos de crítica a los jueces, a las fuerzas de seguridad y a todos los gobiernos, desde Carlos Menem hasta el actual, por la demora de más de 22 años en hacer justicia en el caso Bulacio. Dentro del recinto era notoria la soledad del defensor Pablo Argibay Molina, quien se fue varias horas después de finalizado el acto de lectura del veredicto, cuando se habían retirado las cientos de personas movilizadas por Correpi.


Antes de que se fuera Argibay, sin hacer declaraciones, salió del interior de la sede judicial una treintena de gendarmes, con armas largas y escudos, que habían permanecido ocultos en el interior del edificio, como si se esperara alguna situación que hiciera necesaria su presencia en el lugar. No hubo incidentes, más allá de los gritos y de algunos insultos. Verdú, que hizo una “gambeta” para no saludar a los funcionarios nacionales presentes, dijo en la calle, ante los manifestantes: “Llegamos hasta acá y es un triunfo. La policía no mata sólo porque son malos los que la integran. Reprimen y matan porque ése es el rol que les hacen jugar los sucesivos gobiernos. Igual todos sabemos lo que hay que saber: que a Bulacio lo mató la policía y que esta causa demuestra hasta qué punto los gobiernos pueden defender a sus herramientas represivas”.



“Es la Argentina de otros tiempos”

El secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda, estuvo presente durante la lectura del fallo por el caso Bulacio. Consideró que “es muy importante que por primera vez se reconozca a través de la Justicia y de un fallo de esta naturaleza que miembros de la policía han tenido algún nivel de responsabilidad en la privación ilegítima de la libertad” de Walter Bulacio.

Frente a las críticas que se escucharon por parte de los manifestantes y de la querella, que apuntaron a todos los gobiernos, incluyendo al actual, Fresneda sostuvo que lo ocurrido “se circunscribe en la Argentina de otros tiempos, que no tenía capacidad de reparar, capacidad de informar” sobre estos hechos de violencia institucional.


De todos modos, frente a las críticas que se escuchaban porque el comisario Miguel Angel Espósito no terminó preso y tampoco fue juzgado por la muerte de Bulacio, admitió que “ni los familiares ni nadie va a sentir el nivel de reparación que se necesita frente a un caso así”.


Fresneda escuchó el veredicto desde la primera fila, acompañado por el subsecretario del área, Luis Alén, y el fiscal de la Procuraduría contra la Violencia Institucional (Procuvin), Abel Córdoba. Consultado por la prensa, el funcionario nacional aseguró que fue uno de los tantos que “dijimos que a Walter Bulacio lo mató la policía. Walter formó parte de mi generación cuando yo estaba en Catamarca y surgían casos como éste, como el de María Soledad Morales, cuando había otro Estado que perseguía a los militantes y a los sectores populares”.


El secretario de Derechos Humanos aseguró que ahora “las cosas son muy distintas” y reiteró que es “muy importante llegar a veredictos como el de hoy (por ayer), aunque no se pueda reparar todo lo que piden los familiares y todos nosotros también”.


CRONOLOGIA DEL CASO BULACIO
Paso a paso
El caso de Walter Bulacio, que se convirtió en un hecho emblemático de la violencia policial e institucional, buscaba Justicia desde hace 22 años y medio.

- 19 abril 1991. Walter Bulacio, de 17 años, asiste al club Obras Sanitarias, donde tocaba su banda favorita, pero es “levantado” en una razzia policial y trasladado a la comisaría 35, a cargo del comisario Miguel Angel Espósito. La policía actuó por aplicación del Memorando 40, una reglamentación interna que no tenía validez judicial y que fue derogada luego del Caso Bulacio.


- 20 abril 1991. A las 10 es llevado al Hospital Pirovano con traumatismo de cráneo, según le dijeron los médicos a la madre de Bulacio. El médico que lo atendió les contó a los padres que los policías le habían pegado, según se desprendía de las huellas que tenía en su cuerpo.


- 26 abril 1991. El joven fallece en el Sanatorio Mitre. La versión oficial fue que había fallecido como consecuencia de un “aneurisma”.


- 23 mayo 1991. Comienzan las movilizaciones de jóvenes reclamando justicia. La familia de Walter, con María del Carmen Verdú como abogada, pide la detención de Espósito por “torturas seguidas de muerte”.


- Noviembre 1992. La Cámara de Apelaciones sobreseyó a Espósito de ese delito. Un año después la Corte Suprema rechazó el sobreseimiento.


- 1995. La Justicia de Primera Instancia reabrió la causa por privación ilegítima de la libertad. Fiscalía pidió 15 años de prisión para Espósito por las 73 detenciones.


- 28 junio 1996. Vencía el plazo para presentar la defensa y el abogado de Espósito pidió que la causa pasara al fuero federal. Se inició una cadena de dilaciones y presentaciones (sobre todo recursos de nulidad) que llevó a la prescripción de la causa.


- 13 mayo 1997. La familia de Walter presentó una denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por falta de justicia.


- 1999. El Estado argentino ofreció una indemnización a la familia de Walter para que la demanda no siguiera adelante, pero los Bulacio no buscaban plata y querían el reconocimiento del Estado en la muerte del joven. La causa en la CIDH siguió adelante.


- 16 mayo 2002. En los tribunales locales prescribe la causa contra Espósito.


- 18 septiembre 2003. El Estado argentino reconoció ante la CIDH que Walter “fue víctima de una violación a sus derechos en cuanto a un inapropiado ejercicio del deber de custodia y a una detención ilegítima”. La CIDH ordenó que “el Estado adopte las acciones ‘enérgicas’ para evitar la prescripción de la causa”, se indemnice a la familia y “sean investigados y sancionados quienes permitieron la impunidad de
este caso”.

- Noviembre 2005. La Corte Suprema de Justicia declara nula la prescripción de la causa, cumpliendo la condena de la Corte Internacional.


- 2008. El Consejo de la Magistratura archivó un pedido de juicio político para la jueza Alicia Iermini, al frente de la causa entre 1996 y 2005.


- 24 septiembre 2013. Después de 22 años, llega el juicio oral a Espósito, pero acusado únicamente por la privación ilegal de la libertad.


- 8 noviembre 2013. El Tribunal Oral Criminal N° 29 lo condena a tres años en suspenso.



MILITANTES Y FAMILIARES ORGANIZARON UN FESTIVAL “ANTIRREPRESIVO”
Tras la sentencia, un recital
Familiares de Bulacio, miembros de la Correpi y seguidores de bandas diversas se juntaron en la Plaza de Mayo después de que el tribunal leyera su fallo. Hubo abucheos al veredicto y reclamos para que cese “la represión policial en los barrios”.
Sobre el escenario hubo bandas; arriba y abajo hubo protestas por la impunidad del caso Bulacio.Imagen: Guadalupe Lombardo
Diego Ramírez, militante de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), mira su bandera y dice: “Ese podría haber sido yo”. La bandera cuelga a un costado del escenario montado en Plaza de Mayo. Tiene dibujado, sobre un fondo rojo, dos rostros: el de Walter Bulacio y el del Indio Solari. “Yo iba a ver a los Redondos, igual que Walter. Pensar que podría haber sido yo, o cualquier otro, me deja helado. Ahora él tendría casi mi misma edad”, confiesa Diego, de 36 años. Tras conocerse el fallo que condenó al ex comisario Miguel Angel Espósito a tres años en suspenso por la detención ilegal del joven, en 1991, la Correpi y los familiares y amigos de Bulacio organizaron ayer a la tarde un recital “antirrepresivo” en Plaza de Mayo. Hubo abucheos y silbatinas para las fuerzas de seguridad, música en vivo, baile y hamburguesas.

A las cinco y media de la tarde, la plaza comenzaba lentamente a tomar color de festival. Grupos de jóvenes llegaban con mate o cerveza entre sus manos. Los militantes de la Correpi custodiaban las brasas de una parrilla donde las hamburguesas todavía estaban crudas. Diego, parado a un costado de su bandera, contaba: “Siempre seguí la causa. Walter era como yo, como todos los ricoteros. Y después de su muerte, en los recitales siempre se escuchaban los cánticos en contra de la policía. Pero no había ninguna bandera. Cuando se cumplieron 20 años del asesinato, con mi señora nos propusimos hacer una. Y ahí está. La llevamos a todas partes para recordar a Walter y para dejar en claro que el sistema represivo sigue en pie”.


“¡Por Walter y por todos! ¡Vamos che...!”. Desde arriba del escenario, montado delante de la Pirámide de Mayo, el vocalista de Pezones Cardozo alentaba al público. Leandro, un padre de 34 años, tenía a su hija de cinco subida a los hombros; mientras su esposa, a un costado, gatillaba su cámara de fotos. “Estar acá es una manera de apoyar la búsqueda de justicia de la familia de Walter y de todos los chicos que mata la policía. Lamentablemente el fallo no fue el esperado. Aunque desde el vamos la causa venía torcida. No pueden pasar tantos años”, sostuvo Leandro.


La hermana de Bulacio, Tamara, estuvo presente en el festival. Llevaba puesta, como tantos otros, una remera blanca que decía “por Walter y por todos, basta de represión”. “Me cayó pésimo el fallo. Esperábamos la pena máxima. Espósito tendría que estar encerrado en una cárcel común”, dijo Tamara.


En un intervalo musical, una chica con una pechera negra de la Correpi subió al escenario y, mientras leía las adhesiones recibidas, dijo: “Como saben, el tribunal resolvió condenar a Espósito a tres años...”. Una silbatina generalizada brotó desde varios puntos de la plaza. Se sumaron también algunos abucheos para el ex comisario. La militante de la Correpi, tras leer las adhesiones, bajó del escenario para dejarles el lugar a otras bandas invitadas: Cumpas del Barrio. La cumbia piquetera del grupo del Frente Popular Darío Santillán contagió rápidamente al público, que comenzó a bailar al ritmo de la música.


“La represión y el hostigamiento de las fuerzas de seguridad son permanentes en los barrios. Venimos acá para apoyar esta lucha. Para que no se repitan más los casos como el de Bulacio o Arruga”, comentó, tras su participación, el guitarrista de Cumpas del Barrio, Federico Orchani.


Martín, un estudiante de Sociología de la UBA que se acercó al festival luego de su trabajo, consideró que “al fallo hay que leerlo en términos generales, porque el Estado es el que protege a los órganos de represión y no hay intención de modificarlos. Hay una lógica generalizada de protección de la policía por parte del Estado”. El cierre del festival estuvo a cargo de Las Manos de Filippi y 2 Minutos.

Informe: Nicolás Andrada.
Fuente:Pagina12



08.11.2013

La querella destacó que el condenado agradeció el trato que le dio el tribunal
Tres años de prisión en suspenso para el comisario que privó de su libertad a Bulacio

Walter Bulacio. Un ricotero de Albo Bonzi, alumno del Colegio Nacional Rivadavia 
El comisario (R) Miguel Angel Espósito fue condenado hoy a tres años de prisión en suspenso por haber privado de la libertad a Walter Bulacio, el joven de 17 años que murió en abril de 1991 en una comisaría, tras ser detenido cuando se disponía a presenciar un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el estadio Obras, en el porteño barrio de Núñez. "Yo sabía, yo sabía, que a Bulacio lo mato la Policía", cantaron todos los presentes en la sala apenas el presidente del tribunal, Rodolfo Goerner, terminó de leer el veredicto. A 22 años de ocurrido el hecho, la sentencia fue dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal 29, que consideró a Espósito, de 65 años -que no estuvo presente en la sala- autor de "privación ilegítima de la libertad agravada por ser cometida por un funcionario público y tratarse la víctima de una persona a la que se le debe respeto particular", al parecer, un circunloquio que alude a la condición de menor de edad de la víctima. Con esta sentencia, cuyos fundamentos se conocerán el 15 de noviembre, el ex policía continuará en libertad, tal como llegó a juicio. El fallo no puede ser apelado por la familia de la víctima ya que se le aplicó la mitad de la pena de lo que habían pedido en su alegato.

"Es un logro que le hayan dado tres años por lo menos. Me conformo, pero a él no me lo van a devolver", dijo Tamara (19),  hermana de Walter, única familiar presente en la sala de audiencias. Tamara estaba acompañada por miembros de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI).
Tamara Bulacio dijo no obstante que "la expectativa era la pena máxima, de seis años, como tendría que haber sido y que fuera condenado por la muerte de Walter, no por esto", en alusión al delito menor de haberlo retenido en la seccional de la que era titular sin habérselo comunicado al juez de guardia.

El comisario nunca fue imputado por el homicidio de Walter, por lo que no se lo pudo juzgar por ese delito.
"Me duele que no vaya preso. Me dio bronca, pensé que iba a estar presente, que iba a disculparse o algo, pero nada", concluyó.

Por su parte, la abogada querellante, María Del Carmen Verdú, dijo que sabían que era "muy difícil" que el tribunal aplicara más de tres años de prisión a Espósito y aclaró que ni ella ni la familia fueron a juicio a buscar una sentencia que las dejara satisfechas.

"Nosotros no vinimos a buscar una sentencia que nos satisficiera porque sabíamos, sabemos, que no hay absolutamente ninguna sentencia que pueda reponer lo que significa el asesinato de un pibe a manos del aparato policial", expresó Verdú.

Añadió que, "sin embargo, son apenas tres años de prisión, tres años de prisión para un comisario que lo dijo todo en sus 'últimas palabras', cuando agradeció a los jueces haberlo 'cuidado' y 'protegido' durante el proceso".

Es que por la mañana, desde un despacho del Consejo de la Magistratura y por videoconferencia, Espósito había agradecido a los jueces Goernes, María Deluca Giacobini y Alejandro Litvack haberle permitido hablar desde allí debido a una enfermedad que padece, privilegio al que pocos imputados acceden.

Por su parte, el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda, dijo que "es muy importante que por primera vez se reconozca a través de la Justicia y de un fallo de esta naturaleza
que miembros de la Policía han tenido algún nivel de responsabilidad en la privación ilegítima de la libertad" de Bulacio.

"Esto se circunscribe en la Argentina de otros tiempos, que no tenía capacidad de reparar, capacidad de informar", sostuvo el funcionario, aunque consideró que "ni los familiares ni nadie va a sentir el nivel de reparación que se necesita".

Los hechos ventilados en este debate ocurrieron el 19 de abril de 1991, en inmediaciones del Estadio Obras Sanitarias de Núñez, donde se iba a desarrollar el recital de Los Redonditos de Ricota, y centenares de personas que se dirigían a ese escenario fueron detenidas por la Policía Federal, entre ellas Bulacio.

Quienes detuvieron al joven en su momento invocaron el "Memorando 40", una disposición pergeñada por dos jueces correccionales en 1967, que autorizaba a los comisarios a no dar intervención a la Justicia por la detención de un menor de edad (siempre que no fuera por un delito), cuando el propósito era
entregárselo a los padres.

Según constancias de las actuaciones, Bulacio murió como consecuencia de un "aneurisma no traumático" tras ser alojado en la comisaría 35, pero Espósito sólo fue procesado por su detención ilegal y nunca por "torturas seguidas de muerte".

Por este caso, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó el 18 de septiembre de 2003 a la Argentina, luego que el Estado admitiese su responsabilidad en la muerte de Bulacio,
a indemnizar a su familia y a "concluir la investigación del conjunto de los hechos de este caso y sancionar a los responsables de los mismos".
Fuente:Telam

29 de octubre de 2013

CASO WALTER BULACIO: El miércoles se reanuda el juicio, en el TOC Nº 29 de la Capital Federal

28.10.2013
La querella pidió 6 años para el acusado. El Fiscal, 2. Y la defensa, absolución
Caso Walter Bulacio: El miércoles se reanuda el juicio, en el TOC Nº 29 de la Capital Federal
Bulacio: Aunque había pasado mucho tiempo, fue un logro que se declarara imprescriptible el crimen. 
El Tribunal Oral en lo Criminal N° 29 de la Capital Federal reanudará este miércoles 30 de octubre, a las 11, el juicio oral al comisario Miguel Ángel Espósito, en el marco de la investigación por la privación ilegítima de la libertad de Walter Bulacio, quien fuera detenido por personal policial antes de un recital de Los Redonditos de Ricota, en 1991. Durante la jornada del pasado jueves, los jueces Rodolfo Gustavo Goerner, María Cristina Deluca Giacobini y Alejandro Litvack escucharon el alegato de la defensa quien solicitó la absolución de su asistido. Cabe recordar que, en su alegato, la Fiscalía pidió que el comisario sea condenado a dos años de prisión; en tanto la parte querellante había requerido seis años de prisión para él. 
Fuente:Telam

16 de octubre de 2013

CRIMEN DE BULACIO: EL FISCAL PIDIO CUATRO AñOS MENOS QUE LO SOLICITADO POR LA FAMILIA.

EL FISCAL PIDIO CUATRO AñOS MENOS QUE LO SOLICITADO POR LA FAMILIA
Pedido de dos años en el juicio por Bulacio
Los familiares de Walter Bulacio presentes en el juicio a Espósito.Imagen: Bernardino Avila
El fiscal Horacio Fornaciari pidió que se condene a dos años de prisión al ex comisario Miguel Angel Espósito por la detención ilegal del adolescente Walter Bulacio antes de un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en 1991, tras lo cual fue llevado a una seccional y luego murió.

En la etapa de alegatos ante el Tribunal Oral en lo Criminal 29, Fornaciari solicitó que el imputado reciba esa pena por “privación ilegal de la libertad”, que es el delito por el que Espósito llegó a juicio. La abogada querellante, María del Carmen Verdú, sostuvo que “fue un buen alegato, de seis horas, pero el fiscal no tuvo en cuenta ninguno de los agravantes: la condición de menor de Walter, la condición de comisario de Espósito y el grave daño a la salud”.

Según Verdú, Fornaciari aclaró de entrada que tenía algunas diferencias con la querella y solicitó esa pena menor “porque interpretó que Espósito no fue el único responsable” de lo ocurrido con Bulacio.

El viernes pasado, la querella había pedido seis años de prisión para Espósito, el máximo de la pena para el delito por el que se lo juzga, y consideró que hubiera preferido esperar otros veinte años más, pero que en el debate se discutieran las torturas y la muerte de Bulacio, las cuales el Estado argentino reconoció y que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) tuvo por probados.

El juicio continuará el jueves con el alegato de la defensa de Espósito, ejercida por el abogado Pablo Argibay Molina. Finalmente, se le dará al imputado la posibilidad de decir sus “últimas palabras”, aunque nunca concurrió a las audiencias por problemas de salud y el tribunal, integrado por los jueces Rodolfo Goerner, María Deluca Giacobini y Alejandro Litvack, dará el veredicto en una fecha a definir.

Los hechos ocurrieron el 19 de abril de 1991 en inmediaciones del Estadio Obras Sanitarias, de Núñez, donde se iba a desarrollar el recital, y centenares de personas que se dirigían a ese escenario fueron detenidas por la policía, entre ellas Bulacio. Quienes detuvieron al joven en su momento invocaron el Memorando 40, una disposición pergeñada por dos magistrados correccionales en 1967, que autorizaba a los comisarios a no dar intervención a la Justicia por la detención de un menor de edad (siempre que no fuera por un delito), cuando el propósito era entregárselo a los padres. Bulacio murió como consecuencia de un “aneurisma no traumático” tras ser alojado en la comisaría 35, pero Espósito sólo fue procesado por su detención ilegal y nunca por “torturas seguidas de muerte”.
Fuente:Pagina12

12 de octubre de 2013

WALTER BULACIO: La querella pide 6 años de prisión para el comisario Espósito.

11.10.2013
"Hubiera preferido que se discutieran las torturas y la muerte", dijo Verdú
Caso Walter Bulacio: La querella pide 6 años de prisión para el comisario Espósito

Walter Bulacio: La causa fue tipificada por la CIDH como delito de lesa humanidad. 
La abogada de la familia de Walter Bulacio pidió hoy que se condene a seis años de prisión al ex comisario Miguel Angel Espósito por la detención ilegal del adolescente Walter Bulacio antes de un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en 1991, tras lo cual fue llevado a una seccional y murió. Ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 29, la querellante María del Carmen Verdú solicitó que reciba esa pena por el delito de "privación ilegal de la libertad", que es el delito por el que Espósito llegó a juicio.

No obstante, sostuvo que "aunque hubiera tenido que esperar otros 20 años más hubiera preferido que en el debate se discutieran las torturas y la muerte de Bulacio, las cuales el Estado Argentino reconoció y que la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)tuvo por probados".

Luego de relatar todas las idas y vueltas que tuvo la causa en 22 años, Verdú sostuvo que "la historia de Walter Bulacio dejó de ser la de un pibe detenido ilegalmente, apaleado y muerto por la Policía, para convertirse en símbolo de cada uno de esos chicos, como él, hijos de trabajadores, estudiantes y trabajadores ellos mismos, que a diario reciben igual tratamiento". La abogada remarcó que Bulacio fue "muerto por la Policía", pese a que no sea objeto del juicio, porque así surge de la sentencia que en 2003 dictó la CIDH.

El juicio continuará el martes con el alegato del fiscal Horacio Fornaciari y el jueves será el turno de la defensa de Espósito, ejercida por el abogado Pablo Argibay Molina.

Finalmente, se le dará al imputado la posibilidad de decir sus "últimas palabras", aunque nunca concurrió a las audiencias por problemas de salud, y el tribunal, integrado por los jueces Rodolfo Goerner, María Deluca Giacobini y Alejandro Litvack, dará el veredicto en una fecha a definir.

Los hechos ocurrieron el 19 de abril de 1991 en inmediaciones del Estadio Obras Sanitarias, de Núñez, donde se iba a desarrollar el  recital y centenares de personas que se dirigían a ese escenario fueron detenidas por la Policía, entre ellas Bulacio. Quienes detuvieron al joven en su momento invocaron el "Memorando 40", una disposición pergeñada por dos magistrados correccionales en 1967 que autorizaba a los comisarios a no dar intervención a la Justicia por la detención de un menor de edad (siempre que no fuera por un delito), cuando el propósito era entregárselo a los padres.
   
Según constancias de las actuaciones, Bulacio murió como consecuencia de un "aneurisma no traumático" tras ser alojado en la comisaría 35, pero Espósito sólo fue procesado por su detención ilegal y nunca por "torturas seguidas de muerte".

Tras años de presentaciones judiciales, el caso llegó a la CIDH, que en septiembre de 2003 condenó al Estado argentino luego de que éste admitiera su responsabilidad por la violación al derecho a la vida y a la integridad física del adolescente. En aquella oportunidad, la CIDH ordenó indemnizar a la familia de Bulacio y declaró que la causa es imprescriptible por tratarse de un crimen de Estado con iguales características que los de lesa humanidad.
Fuente:Telam