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10 de enero de 2024

Hace 97 años nacía el escritor y militante revolucionario Rodolfo Walsh.

 

Hace 97 años nacía el escritor y 

militante revolucionario Rodolfo Walsh

Resumen Latinoamericano, 9 de enero de 2024.

Hace 97 años nacía el gran Rodolfo Walsh, periodista, escritor y sobre todo un militante combatiente revolucionario.

Walsh fue un hombre de su época, atravesó los cambios que su generación y su tiempo le indicaron, desde su mirada crítica al peronismo a su compromiso militante con la organización Montoneros, pasando por sus libros e investigaciones periodísticas pero también como un militante internacionalista. Su rol fue fundamental fue en la resistencia de Bahía Cochinos en Cuba cuando el imperialismo gringo intentó invadir la isla socialista de Fidel y Guevara.

Walsh denunció en sus obras a la represión de los militares desde el fusilamiento de José León Suárez durante la dictadura de Aramburu, en su Carta a las Juntas de 1977, hasta en la Carta a los Amigos dónde relata como fue la muerte de su hija Victoria en un operativo militar en Floresta.

Hoy muchos intentan reivindicar solo el Walsh periodista o escritor, no les gusta o no les conviene hablar del Walsh que fue el Profesor Neurus o simplemente Esteban, sus nombres de guerra. Nadie mejor que Rodolfo entendió que con sólo escribir no alcanza, que había que poner el cuerpo y vaya si lo puso.

El asesinato de Rodolfo Walsh en pleno centro de Buenos Aires y la desaparición de su cuerpo muestra una vez más el odio y el ensañamiento contra un hombre de Nuevo Tipo, porque Walsh era eso, el Hombre Nuevo que se estaba gestando.

Walsh supo forjarse como uno de los ejemplos a seguir de periodistas y militantes revolucionarios. Abordar a Rodolfo Walsh es una tarea de todos los que creemos que el periodismo no puede solo ser información. Abordar a Rodolfo Walsh es una materia obligada para las y los nuevos militantes que quieren la transformación de la realidad.

Envio:RL

29 de septiembre de 2023

A 47 años del asesinato de María Victoria, hija y compañera de trabajo en “La Opinión” de Rodolfo Walsh.

 

A 47 años del asesinato de María Victoria, hija y compañera de trabajo en “La Opinión” de Rodolfo Walsh

El 9 de enero de 1927, 96 años atrás, nació Rodolfo Jorge Walsh, el periodista, historiador y escritor argentino, militante guerrillero, desaparecido en 1976.

Por Fernando del Corro
29 septiembre 2023
Rodolfo Jorge Walsh, periodista, historiador, escritor argentino, militante guerrillero, desaparecido en 1976.

El 9 de enero de 1927, 96 años atrás, nació Rodolfo Jorge Walsh, el periodista, historiador y escritor argentino, militante guerrillero, desaparecido en 1976 y en cuyo homenaje su nombre es el epónimo de la estación del subte “E” porteño situada en la intersección de las avenidas San Juan y Entre Ríos.

Rodolfo Walsh fue militante de las organizaciones Fuerzas Armadas Peronistas, las FAP, inicialmente, y Montoneros más tarde cuando ambas se fusionaron, etapa esta última en la que centró todas sus actividades en la lucha popular cesando en sus escritos de ficción. Hasta entonces había elaborado algunas novelas históricas de gran trascendencia como “Operación Masacre” y “¿Quién mató a Rosendo?”.


La primera de ellas reflotando los asesinatos de José León Suárez del 9 de junio de 1956, cometidos por la dictadura cívico-militar de la autodenominada “Revolución Libertadora” encabezada por el teniente general Pedro Eugenio Aramburu; y la segunda acerca de la muerte de Rosendo García, el número dos de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), quién recibiera un balazo en la espalda durante una trifulca entre dirigentes sindicales en la confitería “La Real”, de Avellaneda.

No casualmente tanto Aramburu como el secretario general de la UOM, Augusto Timoteo Vandor, presente durante el asesinato de Rosendo García, terminaron muriendo en 1970 y 1969, respectivamente, como consecuencia de atentados llevados a cabo por la organización Montoneros en la que Walsh había centrado su actividad a partir de 1973. En marzo 1976 como parte de la estructura montonera Rodolfo Walsh creó la Agencia de Noticias Clandestinas (ANCLA) para difundir las acciones de la resistencia contra la dictadura cívico-militar instalada el 24 de ese mes y encabezada por el teniente general Jorge Rafael Videla.

Precisamente el 24 de marzo de 1977, exactamente un año después del golpe, aquél dio a conocer su “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, en la que denunciara los asesinatos, las desapariciones y los secuestros implementados por los golpistas como así también adelantó las consecuencias de la política económica que implementaba el ministro José Alfredo Martínez de Hoz. Una política económica que, con matices y con agravantes, se aplicó durante las presidencias de Carlos Saúl Menem y Mauricio Macri y de la cual la Argentina hoy sufre las consecuencias entre las que se destacan la enorme deuda externa, la concentración de la riqueza y el empobrecimiento de una alta proporción de la población.

Al día siguiente de la publicación de la carta abierta, el 25 de marzo, Rodolfo Walsh fue secuestrado y fusilado y aún sus restos no han sido hallados. Algunos sobrevivientes de la Escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada (ESMA) dijeron haber visto allí su cadáver pero hasta el presente ello no fue comprobado.

Había nacido en Lamarque, Río Negro, el 9 de enero de 1927 por lo que al momento de su asesinato, en la esquina de las avenidas San Juan y Entre Ríos lo que explica el nombre de la estación del subte de la Línea “E” antes mencionada, contaba con 50 años. Fue padre de María Victoria Walsh, también periodista, delegada sindical en el matutino “La Opinión”, donde fueroncompañeros de trabajo, y militante también de Montoneros, muerta el 29 de septiembre de 1976, hacen hoy 47 años, en un enfrentamiento armado.

También fue padre de la psicóloga social Patricia Walsh, diputada nacional a partir de 2001 y legisladora porteña desde 2007 en representación del partido Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y dos veces candidata a la Presidencia de la Nación y una a jefa de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por la Alianza Izquierda Unida. Como diputada nacional fue la principal impulsora de las leyes de Punto Final y de Obediencia Debida.

Como periodista Rodolfo Walsh trabajó en las revistas “Leoplán”, “Vea y Lea”, “Panorama” y “Noticias”, en el diario “Mayoría” y en los periódicos “Revolución Nacional”, “Semanario Villero” y “Diario CGT de los Argentinos”. Entre sus obras se destacan la ya mencionada “Operación Masacre” (1957), “Los oficios terrestres” (1965), “Un kilo de oro” (1967), la también mencionada “¿Quién mató a Rosendo?” (1969), y la impactante “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar” (1977). En 1963 ya había recibido el “Premio Municipal de Literatura” de la hoy CABA por su obra “Variaciones en rojo”.

En la actualidad existe la Agencia Walsh de noticias la que durante años atrás fue víctima de un espionaje por parte de un infiltrado de la Policía Federal luego detectado y denunciado ante la justicia. Rodolfo Walsh, a los catorce años se trasladó para estudiar a la Provincia de Buenos Aires. Comenzó el secundario en un colegio de monjas en Capilla del Señor y luego, como pupilo, en el Instituto Fahy, en Moreno. Ese colegio, de curas estaba destinado a jóvenes de ascendencia irlandesa y así él se interesó en la cultura de sus antepasados y escribió algunos cuentos agrupados en el “Ciclo de los Irlandeses” cuya publicación fue realizada por la Editorial Jorge Álvarez en 1960 con comentarios del novelista Ricardo Emilio Piglia.

Tras cursar durante dos años la carrera de letras en la Universidad Nacional de La Plata abandonó los estudios y trabajó en cosas muy diversas hasta que a partir de emplearse como corrector en la editorial Hachette comenzó a insertarse en el mundo del periodismo, al que no abandonó jamás y mediante el cual realizó importantes aportes para las luchas sociales. Su vida fue resumida en el documental “P4R+, Operación Walsh” realizado por la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, dirigido por Gustavo Gordillo y el luego vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto; filme que ha recibido varios premios nacionales e internacionales. Por su secuestro y asesinato fueron condenados a prisión perpetua diez de los autores del hecho y otros varios a penas menores.

Fuente:Mitre


25 de marzo de 2023

Rodolfo Walsh: el texto completo de la Carta abierta de un escritor y militante montonero a la Junta Militar.

 

Rodolfo Walsh: el texto completo de

la Carta abierta de un escritor y 

militante montonero a la Junta Militar

Resumen Latinoamericano, 24 de marzo de 2023.

Hace 46 años, el periodista terminaba este texto demoledor elaborado tras una larga investigación. Sus verdugos quisieron por todos los medios que no circulara. Perdieron.

  

Carta abierta de un escritor a la Junta Militar

1

La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese “ser nacional” que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

2

Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional.

El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio. Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.

De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras. La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos.

El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el “submarino”, el soplete de las actualizaciones contemporáneas. Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.

3

La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.

Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.

Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.

Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de “cuenta-cadáveres” que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.

El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 o 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.

Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y Ios partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento. Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.

El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.

4

Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.

Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, “con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles” según su autopsia.

Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron. Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.

En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti.

Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre “violencias de distintos signos” ni el árbitro justo entre “dos terrorismos”, sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.

La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Boliva y Uruguay.

La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.

Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de “Prensa Libre” Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: “La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal”.

5

Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.

En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40 %, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30 %, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales

Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9 % prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.

Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40 %, el de ropa más del 50 %, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30 %, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan.

Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la “racionalización”. Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes.

Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.

Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar “el país”, han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3 %, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400 %, un aumento del circulante que en sólo una semana de diciembre llegó al 9 %, una baja del 13 % en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.

Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120 %, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.

6

Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o a Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.

Un aumento del 722 % en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: “Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”.

El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el “festín de los corruptos”.

Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina.

Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán dcsaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh. – C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977

Envio:ResumenLatinoamericano

16 de enero de 2023

A 96 años del nacimiento de Rodolfo Walsh.

 Lunes 9 de Enero de 2023

A 96 años del nacimiento de Rodolfo Walsh: “el fusilado que vive” que cambió su vida y su antiperonismo

Nacido el 9 de enero de 1927 en Río Negro, Rodolfo Walsh tenía 29 años cuando la dictadura de Aramburu y Rojas perpetró los fusilamientos clandestinos de José León Suárez. El recuerdo de esa noche y su indiferencia por los hechos hasta que una revelación lo motivó a realizar una de las investigaciones más impactantes de la historia del periodismo argentino y, a la vez, a transitar un camino que lo llevaría del antiperonismo y la simpatía por la Armada a la militancia en Montoneros

Por

Daniel Cecchini
Rodolfo Walsh, nacido el 9 de enero de 1927 en Choele Choel, provincia de Río Negro

“Tengo demasiado para una sola noche. Valle no me interesa. Perón no me interesa, la revolución no me interesa. ¿Puedo volver al ajedrez?”, escribe Rodolfo Walsh en su prólogo más célebre de “Operación Masacre”, al recordar cómo vivió la noche del 9 de junio de 1956, no solo determinante en la historia argentina más o menos reciente sino también en su propia vida.

El Valle que menciona no es otro que el general Juan José Valle, jefe del levantamiento de esa noche contra la dictadura de Pedro Eugenio Aramburu e Isaac Rojas; Juan Domingo Perón lleva menos de un año en el exilio, luego de ser derrocado en septiembre del año anterior; y “la revolución” es el intento fracasado cuya represión a sangre y fuego cambiará, para muchos argentinos, el nombre de esa dictadura para siempre: de “la libertadora” pasará a ser “la fusiladora”.

Ajedrez es lo que estaba jugando esa noche con un amigo en el ruidoso salón del Bar Rivadavia de La Plata cuando los parroquianos escucharon ruidos de tiros y explosiones un poco más gruesas que los hicieron salir a la vereda para ver “qué festejo era ese”.

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Las detonaciones, sin embargo, no tenían que ver con ninguna celebración sino con un duro enfrentamiento armando frente a la Jefatura de Policía, ubicada a unas diez cuadras del bar. El tiroteo era entre un grupo de oficiales y suboficiales del Regimiento VII de Infantería que intentaban ocuparlo por sorpresa y otros policías y militares que trataban de defender el edificio.

En el prólogo de “Operación Masacre”, cuya investigación y escritura empezó meses después, Walsh relata la vacilante caminata que debió hacer esa noche para llegar a su casa – donde estaban su mujer y sus dos hijas – ubicada a unos trescientos metros de la Jefatura
En el prólogo de “Operación Masacre”, cuya investigación y escritura empezó meses después, Walsh relata la vacilante caminata que debió hacer esa noche para llegar a su casa – donde estaban su mujer y sus dos hijas – ubicada a unos trescientos metros de la Jefatura

Había focos insurreccionales con distintos objetivos. La toma de la Jefatura de Policía, en La Plata, era uno de los más importantes.

En el prólogo de “Operación Masacre”, cuya investigación y escritura empezó meses después, Walsh relata la vacilante caminata que debió hacer esa noche para llegar a su casa – donde estaban su mujer y sus dos hijas – ubicada a unos trescientos metros de la Jefatura.

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Cuando finalmente llegó, cuenta no sin cierta ironía: “Mi casa era peor que el café y peor que la estación de ómnibus, porque había soldados en las azoteas y en la cocina y en los dormitorios, pero principalmente en el baño, y desde entonces he tomado aversión a las casas que están frente a un cuartel, un comando o un departamento de policía”.

También escribió que le tocó en suerte ser testigo de una muerte: “Tampoco olvido que, pegado a la persiana, oí morir a un conscripto en la calle y ese hombre no dijo ‘Viva la patria” sino que dijo ‘No me dejen solo, hijos de puta”.

Dice que no olvida, pero después de los sucesos de esa noche Walsh no querrá recordar. Eso cambiará abruptamente seis meses después, más precisamente la tarde del 18 de diciembre de 1956, cuando en el mismo Bar Rivadavia donde oyó aquellos tiros escuchará la frase que le cambiará la carrera y la vida. Hará, también, que abandone su feroz antiperonismo.

“Tengo demasiado para una sola noche. Valle no me interesa. Perón no me interesa, la revolución no me interesa. ¿Puedo volver al ajedrez?”, escribe Rodolfo Walsh en su prólogo más célebre de “Operación Masacre”
“Tengo demasiado para una sola noche. Valle no me interesa. Perón no me interesa, la revolución no me interesa. ¿Puedo volver al ajedrez?”, escribe Rodolfo Walsh en su prólogo más célebre de “Operación Masacre”

Esa frase que hoy es parte de la historia del periodismo: “Hay un fusilado que vive”.

Los oficios terrestres

Rodolfo Walsh, nacido el 9 de enero de 1927 en Choele Choel, provincia de Río Negro, tiene 29 años esa noche del 9 de junio. Su infancia no ha sido fácil: cuando tenía tres años su padre pasó casi sin transición de mayordomo de estancia a chacarero fracasado y después a peón jornalero.

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A los 10 años, lo internaron colegio irlandés para huérfanos fue una etapa que le pegó fuerte y lo llevó a escribir cuentos como “El Treinta y Siete” e “Irlandeses detrás de un gato”.

En su juventud limpió ventanas, lavó copas e intentó poner un negocio de antigüedades. Era lo que llamaba, los “oficios terrestres”.

Desde hacía algún tiempo trabajaba como traductor y editor en Hachette, donde había publicado un libro de cuentos (“Variaciones en rojo”) y editado dos antologías de relatos policiales. También incursionaba en “otras cosas que hago para ganarme la vida y que llamo periodismo, aunque no es periodismo”.

Era cierto, pero solo había publicado algunas reseñas de libros, unas pocas semblanzas de escritores que le gustaban y una sola crónica, “2-0-12 No vuelve”, sobre la muerte de tres aviadores navales golpistas en Puerto Belgrano durante el levantamiento del 16 de septiembre de 1955 que terminó con el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón.

Rodolfo Walsh era un apasionado del ajedrez
Rodolfo Walsh era un apasionado del ajedrez

Walsh había pedido escribir esa crónica publicada por Leoplán – una de las dos que hoy se conocen como sus “textos incómodos” -, en la que exaltaba el heroísmo de los aviadores golpistas.

Tenía sus razones: su hermano Carlos, a quien admiraba, era también aviador naval y había participado del golpe. Y él mismo había querido ser aviador: “Mi vocación se despertó tempranamente: a los ocho años decidí ser aviador. Por una de esas confusiones, el que la cumplió fue mi hermano. Supongo que a partir de ahí me quedé sin vocación y tuve muchos oficios”, relataría después en una breve nota autobiográfica.

La nota está centrada en el capitán de corbeta Eduardo Estivariz, muerto con otros del marinos al caer su avión, a quien califica en el texto como “una de las figuras más limpias del movimiento revolucionario”.

Casi un año después, en septiembre de 1956, publicará una segunda crónica sobre el tema, titulada “Aquí cerraron sus ojos. A un año de la gloria y de la muerte”. Era un homenaje a los tres aviadores caídos. “Al oírse el solemne toque de silencio con que se inició la ceremonia, todos los que allí estaban debieron recordar que en esos cielos del Sur, ahora tan límpidos, se había librado una de las fases más duras de la lucha y se había jugado el destino mismo de la revolución”, estampó en el artículo.

Entre la primera y la segunda crónica, el frustrado levantamiento de Valle y Tanco había dejado su saldo de fusilamientos ordenados por Aramburu y Rojas. Pero todavía, para Walsh, no había cambiado nada.

En su juventud limpió ventanas, lavó copas e intentó poner un negocio de antigüedades. Era lo que llamaba, los “oficios terrestres”
En su juventud limpió ventanas, lavó copas e intentó poner un negocio de antigüedades. Era lo que llamaba, los “oficios terrestres”

Frente a esos hechos había permanecido indiferente. Hasta ese momento, no lo habían preocupado el fusilamiento de Valle y otros militares rebeldes, tampoco los de ciudadanos civiles en Lanús y en un basural de José León Suárez.

Walsh antiperonista

La indiferencia de Walsh no implicaba un total desinterés por la política, en la que había incursionado brevemente unos años antes participando de la organización derechista Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), como relata el historiador y periodista Rubén Furman en su libro “Puños y pistolas”.

En septiembre de 1955 había asistido con beneplácito -como gran parte de la clase media de la época- al derrocamiento de Perón.

Lo dice él mismo sin medias tintas en la introducción a la primera edición de “Operación Masacre”, escrita en marzo de 1957: “La mayoría de los periodistas y escritores llegamos, en la última década, a considerar al peronismo como un enemigo personal. Y con sobrada razón. Pero algo tendríamos que haber advertido: no se puede vencer a un enemigo sin antes comprenderlo”.

El desinterés de Rodolfo Walsh frente a los fusilamientos perpetrados por la dictadura de “La Libertadora” después del levantamiento de Valle y Tanco desapareció repentinamente la noche del martes 18 de diciembre de 1956, cuando en el mismo bar desde donde había escuchado los tiros la noche del sábado 9 de junio alguien le dice casi susurrando:

-Hay un fusilado que vive.

En septiembre de 1955, Rodolfo Walsh había asistido con beneplácito -como gran parte de la clase media de la época- al derrocamiento de Perón
En septiembre de 1955, Rodolfo Walsh había asistido con beneplácito -como gran parte de la clase media de la época- al derrocamiento de Perón

La fuente secreta

Walsh no revelará jamás la identidad de esa fuente y tampoco lo hará su colaboradora en la investigación de los fusilamientos, Enriqueta Muñiz, durante toda su vida. La publicación, después de la muerte de Enriqueta, de los cuadernos con el diario personal que escribió mientras trabajaba con Walsh, reveló una parte del misterio: la fuente era un escritor y empleado bancario amigo de del autor de “Operación Masacre” llamado Enrique Dillon.

Esa era apenas la mitad del misterio. El autor de esta nota terminó de esclarecerlo en Infobae, en una nota titulada “El secreto que guardó Rodolfo Walsh se devela tras 63 años: quién fue el hombre detrás de la frase ‘hay un fusilado que vive’”.

Lo que hizo Enrique Dillón fue poner a Walsh en contacto con quien fue verdaderamente la fuente primigenia de “Operación Masacre”: su primo, el teniente de fragata (RE) Jorge Rodolfo Dillon, interventor en la Obra Social de la Policía Bonaerense, quien la noche del 9 de junio había participado de la defensa de la Jefatura de Policía.

Jorge Dillon no sólo había defendido la Jefatura del intento de copamiento por parte de los insurrectos, también había sido testigo del hecho que será el motor de la investigación de Walsh: el momento de la madrugada del domingo 10 de junio de 1956 en que el jefe de Policía, teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, dio la orden de fusilar a los civiles que había detenido él mismo la noche anterior, es decir, el 9 de junio, en la localidad de Florida.

“Fusilamientos clandestinos”

Si la existencia de “un fusilado que vive” – que, como después descubrirá, fueron muchos más los sobrevivientes – es la razón del impacto que causó “Operación Masacre”, la información que le dio el teniente Dillon a Walsh se convirtió en el eje de la investigación y la reconstrucción de los hechos.

Lo dice el propio Walsh en el primer párrafo del prólogo: “La primera noticia sobre los fusilamientos clandestinos de junio de 1956 me llegó en forma casual, a fines de ese año, en un café de La Plata donde se jugaba al ajedrez”.

Rodolfo Walsh en su refugio del Delta del Tigre
Rodolfo Walsh en su refugio del Delta del Tigre

La clave es la palabra “clandestinos” que utiliza para calificar a los fusilamientos de la madrugada del 10 de junio en José León Suárez. A su criterio de entonces esa ilegalidad los hace diferentes de otros fusilamientos de militares y civiles detenidos después de la promulgación del decreto de Ley Marcial a las 0.32 de la madrugada.

Los fusilados de José León Suárez – a diferencia del resto – habían sido detenidos la noche del 9 de junio, antes del anuncio por Radio del Estado de la Ley Marcial. Esa detención, previa al decreto, hace “ilegales” a esos fusilamientos y eso es lo que Walsh – con la ayuda de los sobrevivientes y la información que le brinda el teniente Dillon – quiere demostrar y demuestra.

Hoy todos esos fusilamientos – los unos y los otros – están claramente definidos como crímenes de terrorismo de Estado, una calificación que la Argentina todavía no conocía en 1956.

Lo que a Rodolfo Walsh lo indigna y lo lleva a investigar es que, con los fusilamientos clandestinos del basural, la “Revolución Libertadora” está violando sus propias leyes.

“Tampoco soy ya un partidario de la revolución que – como tantos – creí libertadora”, dirá.

Los anteojos rotos de Rodolfo Walsh
Los anteojos rotos de Rodolfo Walsh

“Seres humanos”

En el curso de su investigación, Walsh tomó por primera vez contacto con “los peronistas”, a los que diferencia del gobierno de Perón.

Los cuadernos de Enriqueta Muñiz son reveladores de cómo los va descubriendo y valorando. En uno de sus tantos recorridos por las casas de las familias de los fusilados, Walsh y Muñiz llegan a la casa de uno de ellos, Francisco Garibotti.

“Es una casa mejor construida, con muchas flores en el jardín. Mientras esperamos que nos abran, Walsh me dice: ‘¡Y luego quieren que dejen de ser peronistas! ¡Si Perón les dio una casita con flores, y estos vienen a sacarlos de ellas para llevarlos a un baldío y matarlos como a perros, por la espalda!’ – escribe Muñiz en su diario, y sigue: - Y Walsh es antiperonista. ¡Pero la evidencia es tan triste y abrumadora! ¡Qué saben los pobres de planes económicos!”, escribe Muñiz en su diario de la investigación.

En la introducción de la primera edición de “Operación Masacre”, Walsh también habla de su “descubrimiento” de los peronistas: “En los últimos meses he debido ponerme por primera vez en contacto con esos temibles seres – los peronistas – que inquietan los titulares de los diarios. Y he llegado a la conclusión (tan trivial que me asombra no verla compartida) de que, por muy equivocados que estén, son seres humanos y debe tratárselos como tales. Sobre todo no debe dárseles motivos para que persistan en su error. Los fusilamientos, las torturas y las persecuciones son motivos tan fuertes que, en determinado momento, pueden convertir el error en verdad. Más que nada, temo el momento en que humillados y ofendidos empiecen a tener razón”, escribe.

Un cambio profundo

Con su investigación de los fusilamientos en el basural de José León Suárez, Rodolfo Walsh no sólo reveló y denunció con claridad y precisión un crimen atroz cometido desde el Estado sino que revolucionó el periodismo argentino. En ese sentido, “Operación Masacre” es un libro fundante – y todavía un modelo difícil de superar – de periodismo de investigación.

Lo impactante es que esa investigación también cambió operó un cambio profundo en el propio Walsh.

Más de diez años después de la salida de “Operación Masacre”, cuando publicó “¿Quién mató a Rosendo?”, un periodista le preguntó:

-¿Por qué empleó técnicas distintas en sus libros periodísticos?

-En Operación Masacre yo libraba una batalla periodística “como si” existieran la justicia, el castigo, la inviolabilidad de la persona humana. Renuncié al encuadre histórico al menos parcialmente. Eso no era únicamente una viveza; respondía en parte a mis ambigüedades políticas. “¿Quién mató a Rosendo?”, en cambio, es una impugnación absoluta del sistema y corresponde a otra etapa de mi formación política.

En ese sentido puede decirse que, si Rodolfo Walsh parió un nuevo género periodístico con “Operación Masacre”, la investigación de los fusilamientos de José León Suárez parió a un nuevo Rodolfo Walsh.

A partir de allí vendrían su participación en el primer tramo de Prensa Latina, la agencia noticiosa de la Cuba revolucionaria fundada por Ernesto “Che” Guevara; otras investigaciones célebres como ¿Quién mató a Rosendo? y Caso Satanowsky; su participación en el diario de la CGT de los Argentinos, su incorporación y militancia en Montoneros, su magistral “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, y su muerte, el 25 de marzo de 1977, a manos de un grupo de tareas de la Escuela de Mecánica de la Armada, asesinos de civil que en las ceremonias oficiales vestían el mismo uniforme que Rodolfo Walsh había admirado en su hermano Carlos.

Fuente:Infobae

26 de marzo de 2022

Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar.

 

Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar: documento clave para comprender historia y presente

25 Marzo 2022

El 25 de marzo de 1977, el periodista y escritor distribuía copias de su carta en diferentes buzones de Buenos Aires. Horas después, era acribillado por un grupo de tareas que desapareció su cuerpo herido.

Este viernes 25 de marzo se cumplen 45 años exactos desde que Rodolfo Walsh hiciera pública su “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, difundida desde la clandestinidad y a través del correo a medios periodísticos de la Argentina y el mundo.

Ese mismo día, mientras el autor de “Operación Masacre” introducía en buzones copias de la carta y se dirigía a una cita con un militante de Montoneros —que había revelado bajo tortura el lugar del encuentro—, Walsh era acribillado a balazos por un grupo de tareas, que secuestró y desapareció el cuerpo mortalmente herido por la metralla.

El 17 de junio del año anterior, su gran amigo Francisco Paco Urondo había sido asesinado en Mendoza, y el 29 de septiembre de 1976 su hija María Victoria moría durante un enfrentamiento en Buenos Aires con fuerzas del Ejército, un día después de cumplir 26 años.

Esos duros golpes, sin embargo, no amedrentaron al periodista, escritor y militante nacido en Choele Choel (Río Negro) el 9 de enero de 1927, quien supo ser antiperonista, apoyar el golpe de 1955, posteriormente simpatizar con la ultraderecha, bastante más tarde militar en las filas de Montoneros y, tras un profundo balance político y vital, terminó sus días luchando por las causas populares.

Y una de sus batallas fue, justamente, desde el periodismo, fundando ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), apenas ocurrido el golpe cívico militar de 1976, y escribiendo y difundiendo aquella “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, calificada por Gabriel García Márquez como “obra maestra del periodismo”.

Fue su texto póstumo. En retrospectiva y a pesar de libros como “Operación Masacre” (1957), “¿Quién mató a Rosendo?” (1969) y “Caso Satanowsky” (1973) —que le valen ser considerado padre de la no ficción—, y volúmenes de cuentos como “Variaciones en rojo” (1953) y “Los oficios terrestres” (1965) —que lo califican como memorable escritor de ficción—, quizá el más importante de su carrera.

Tal vez por su calidad intrínseca o tal vez por las circunstancias en las que fue escrito y en las que lo distribuyó, costándole finalmente una vida que, vale aclarar, nunca le había escatimado al riesgo con tal de hurgar en la realidad para develar la verdad que pretendía ocultarse.

Escrita un día antes de ser asesinado, al cumplirse el primer aniversario del golpe encabezado por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, da cuenta del terrorismo económico, político y social ejecutado por la dictadura en apenas un año, bajo mandato de la burguesía terrateniente e industrial de la Argentina, nacional y multinacional.

“El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades”, dice Walsh en el segundo párrafo de la “Carta…”

Pero ningún diario o medio argentino se atrevió a publicarla. El primero en hacerlo, el siguiente 24 de abril, fue el diario El Nacional de Caracas, en el suplemento Papel Literario que entonces dirigía el argentino Tomás Eloy Martínez, quien estaba exiliado en Venezuela desde 1975.

Es, así, tanto por lo que dice como por sus circunstancias, por la lucidez de su caracterización como por su erudición y calidad periodística, un testimonio clave para comprender en toda su envergadura la ferocidad de la dictadura pero, sobre todo, sus causas y consecuencias, sus intenciones y sus alcances políticos, sociales, económicos y hasta culturales, que padecemos todavía hoy.

Un documento que, a 45 años de su difusión, mantiene vigencia y por lo tanto merece una nueva y profunda lectura:

CARTA ABIERTA DE UN ESCRITOR A LA JUNTA MILITAR

La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese "ser nacional" que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.

Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.

Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.

De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue respetada aun en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.

La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el "submarino", el soplete de las actualizaciones contemporáneas.

Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.

La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y en horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.

Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.

Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.

Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia, incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de «cuenta-cadáveres» que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.

El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 o 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.

Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y a los partidos de que aun los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.

Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.

El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Mason, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.

Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.

Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su autopsia.

Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.

Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.

En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre "violencias de distintos signos" ni el árbitro justo entre "dos terrorismos", sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.

La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay.

La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.

Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de Prensa Libre Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: "La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal".

Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.

En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar 11, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.

Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.

Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".

Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.

Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar "el país", han sido ustedes más afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.

Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.

Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaireo a Chile, a Uruguayo Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.

Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: "Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos".

El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el "festín de los corruptos".

Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología que amenaza al ser nacional.

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aun si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977

Fuente:m1