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9 de febrero de 2023

Las víctimas del terror en Bahía Blanca.

 

Nuevos testimonios en la Megacausa Zona 5, que juzga crímenes durante la dictadura

Las víctimas del terror en Bahía Blanca

 Imagen: Ministerio de Justicia

El Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca retomó el juicio denominado Megacausa Zona 5, en el que se juzga a 37 militares retirados y expolicías por delitos de lesa humanidad contra 333 víctimas durante la última dictadura. En la audiencia, que gran parte de los imputados sigue de forma virtual, declararon una empleada del local nocturno del que fueron secuestrados Julio Infante Julio y un hijo de Miguel Poblete, ambos desaparecidos.

El megajuicio bahiense ya tuvo 42 audiencias durante el año pasado, en las que declararon 124 testigos. Una de sus particularidades es que la mayoría de las víctimas (248) llegan por primera vez a la instancia de juicio como tales y no como testigos. 65 de ellas fueron asesinadas o desaparecidas, y dos son los niños que nacieron durante el cautiverio de sus madres, Graciela Izurieta y Graciela Romero, en el centro clandestino La Escuelita, en los fondos del ex Cuerpo V de Ejército, y que aún no recuperaron su identidad.

Infante, a quien todo el mundo conocía por su apodo, “El Chiva”, era un popular dirigente de atletismo y hombre de la noche, dueño del local Bowling Center, donde lo secuestraron la madrugada del 18 de mayo de 1976. Era además primo hermano de Diana Julio de Massot, dueña y directora del diario La Nueva Provincia, quien murió impune, sin llegar a ser juzgada por los asesinatos de los obreros gráficos Enrique Heinrich y Miguel Ángel Loyola y por el papel clave del diario al servicio del genocidio, por el que está imputado su hijo Vicente Massot.

“El Chiva era un guapo, un bacán de pueblo, la oveja negra de familia”, contaron años atrás a este diario amigos de Infante, que recordaron la frase que le costó la vida durante un asado organizado por la Policía Federal. “Vilas es un cagón, no se anima a salir sin ocho custodios atrás”, dijo en referencia a Adel Vilas, segundo comandante del Cuerpo V y cara visible del terrorismo de Estado en Bahía Blanca. “Hacen mierda a pibes recuperables y a (Rodolfo) Ponce (sindicalista y jefe de la Triple A local) lo encuentran en El Palacio de la Papa Frita y no lo tocan”, desafió al genocida que coordinaba con el diario de su familia la acción psicológica para sembrar pánico en la sociedad.

Vilas respondió a su manera. Dos vehículos del Ejército cortaron el tránsito, otros tres se ubicaron frente al Bowling Center y fueron por Infante. "Estábamos limpiando la cocina y de pronto entraron dos encapuchados con armas largas, nos redujeron y nos llevaron al salón" donde "empezaron infinidades de balaceras", recordó en la audiencia Nora Armario, que tenía apenas 16 años. “Empezaron a disparar, porque el señor se encerró en una oficina” y “los insultaba, decían cosas muy fuertes”, contó. En un momento “lo agarraron del cuello a la rastra, todo herido, pudimos ver una parte del brazo que tenía como huecos”. “Después escuchamos como arrastraban al señor Infante, se lo llevaron”, contó y apuntó que “gritaban que de ahí no iba a salir con vida”. “El sale herido, dejó todo un tendal de sangre que nosotros tuvimos que limpiar", agregó. Nunca más supo sobre su patrón.

Miguel Poblete, desaparecido en enero de 1977, tenía 55 años y vivía en el barrio Noroeste, donde militaban gran parte de los pibes que terminaron en las mesas de torturas del Ejército y la Armada. “Mi padre era vendedor ambulante y yo salía con él –declaró Rolando Poblete ante el tribunal–. Era chileno, se movía dentro de la colectividad chilena, andaba por todos lados, nos conocía todo Bahía”, recordó. “El vendía ají, semillas, manteca, entre otras cosas, y a las 11 de la mañana me daba el dinero recaudado del día. A las 12, 12.30 a más tardar venía a casa, pero no llegó”, dijo sobre el día del secuestro. Salieron a buscarlo por “Villa Nocito, donde lo habíamos dejado”, pero “nadie no supo decir nada”. Tampoco en la comisaría ni en el hospital.

“Cada tanto iba un oficial de policía a avisar que encontraron un cadáver y teníamos que ir a reconocerlo. Iba mi mamá con mi cuñado pero nunca fue mi viejo”, contó Poblete. El principal indicio sobre su destino se lo transmitió su madre en su lecho de muerte. “Antes de morir mi vieja, que tenía un tubo de oxígeno y le faltaba el aire, nos contó que en una oportunidad la llamaron del destacamento de (General Daniel) Cerri (localidad vecina a Bahía Blanca) porque había un cadáver”, comentó. Su madre contó que entró a una oficina donde había un oficial. “Se le acerca otro que les dice ‘nos mandamos una cagada’, abren un cajón y ahí mi mamá vio un porta documentos de mi papá”, contó. Apuntó que fue en 1977 y que su madre “lo aguantó (al secreto) más de 40 años”.

Fuente:Pagina12


11 de noviembre de 2022

BAHIA BLANCA: con nuevas declaraciones testimoniales continúa el juicio Mega causa Zona 5.

 Bahía Blanca: con nuevas declaraciones testimoniales continúa el juicio Mega causa Zona 5


10.11.2022

En las últimas jornadas brindaron su testimonio las hijas e hijos de Néstor Omar Repetto, Miguel Santiago Bacasun, y la hija y esposa de Mario Waldino Herrera. También declararon Jorge Pablo Escudero, Aldo Mario Rodríguez, Dionisio Rubén Acharez, Gustavo Luis Pérez y Daniel Cafaro, quienes estuvieron cautivos en el Centro Clandestino de Detención y Tortura “La Escuelita”.

Las víctimas Mario Waldino Herrera, Miguel Santiago Bacasun y Néstor Omar Repetto.

El Tribunal Oral Federal de Bahía Blanca continuó recibiendo declaraciones testimoniales en el juicio de la denominada “Mega causa Zona 5”, en el que se juzgan las responsabilidades de 37 imputados por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 334 víctimas durante la época del terrorismo de Estado en esa región. El Ministerio Público Fiscal está representado por el fiscal general Miguel Ángel Palazzani, el fiscal ad hoc José Alberto Nebbia, la auxiliar fiscal Paula Daniela Molini y el auxiliar fiscal Pablo Vicente Fermento.

Las audiencias continúan todos los jueves, y las próximas están fijadas para hoy, el 17 y el 24 de noviembre, siempre desde las 9.00, y pueden seguirse en vivo por los canales de Youtube de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires y del Poder Judicial de la Nación.

Entre los testimonios recibidos se cuentan los de familiares de Néstor Omar Repetto, Santiago Bacasun y Mario Waldino Herrera, cuyas desapariciones forzadas son juzgadas por primera vez en este debate. También declararon Jorge Pablo Escudero, Aldo Mario Rodríguez, Dionisio Rubén Acharez, Gustavo Luis Pérez y Daniel Cafaro, quienes estuvieron cautivos en el Centro Clandestino de Detención y Tortura “La Escuelita”.

Familiares de desaparecidos

En el debate declararon Beatriz Pilar y Andrés Néstor Repetto, hija e hijo de Néstor Omar, quien se desempeñaba como guardia en la Unidad Penitenciaria N°4 de Villa Floresta. Ambos relataron cómo, en la madrugada del 29 de marzo de 1976, un grupo de alrededor de diez personas armadas y con el rostro cubierto -que se identificaron como personal del Ejército y de la Policía— irrumpió violentamente en el domicilio familiar y secuestró a su padre. Además, golpearon y amenazaron a su madre, Teresa Alejandra Ayala.

Beatriz recordó que cuando la familia fue a dar aviso de que la víctima no iría a trabajar, el director de la cárcel, Héctor Luis Selaya —uno de los imputados en la causa-, les informó que estaba al tanto del secuestro de Repetto y de su vecino Jorge Collante, otra de las víctimas en el juicio.

Según refirió la mujer, Collante le contó que fue privado ilegítimamente de su libertad en el mismo operativo que su padre, y que estuvieron junto a él en cautiverio hasta que los separaron.

"Cuando tenía 18 fui al correo por un telegrama y un empleado me preguntó: ‘¿Tu papá fue maestro? ¿Es desaparecido? Yo sé dónde estuvo tu papá. ¿Te interesa saber?’ Fue una situación de miedo y dolor".

Los familiares también aclararon que, a pesar de haber denunciado la desaparición de su padre en la Comisaría Cuarta de Bahía Blanca, nunca obtuvieron noticias. Concluyeron sus testimonios con un pedido al tribunal: saber qué ocurrió y dónde está el cuerpo de su padre.

En la jornada del 27 de octubre declararon la hija y el hijo de Miguel Santiago Bacasun, Sergio Miguel y Patricia Julia, quienes se refirieron a las últimas noticias que tuvieron de su padre, quien trabajaba como bibliotecario en la biblioteca de los tribunales de Bahía Blanca y tenía una imprenta en la calle Güemes al 200, frente al domicilio de los abuelos paternos. La víctima también fue maestro en el colegio La Asunción y en la Escuela Naval de Puerto Belgrano.

De acuerdo con la investigación, el 25 de junio de 1976, personal del Ejército Miguel Santiago Bacasun fue secuestrado del edificio en el que vivía, en la calle España N°88, en Bahía Blanca. Al día siguiente, personal de esa misma fuerza montó un gran operativo en la imprenta y, en presencia de sus familiares, se llevaron gran cantidad de objetos y destruyeron el lugar.

En su declaración, Sergio -que al momento de los hechos tenía 7 años de edad- relató a los jueces los padecimientos que sufrió por crecer sin su padre y vivir con la incertidumbre de no saber dónde estaba. Agregó: “Cuando tenía 18 fui al correo por un telegrama y un empleado me preguntó: ‘¿Tu papá fue maestro? ¿Es desaparecido? Yo sé dónde estuvo tu papá. ¿Te interesa saber?’ Fue una situación de miedo y dolor, de mayor incertidumbre ante una verdad que asustaba. Me dijo ‘tu papá estuvo en La Escuelita’. Me asusté y me fui”.

Fue a partir del testimonio de Roberto Staheli -valorado en la requisitoria de elevación a juicio de la fiscalía- que pudo acreditarse que Bacasaun fue llevado al CCDyT “La Escuelita”. Según el hombre, durante su cautiverio en ese centro clandestino, un muchacho que se encontraba a su lado le prestó una campera y le comentó que tenía una imprenta y que trabajaba en tribunales.

María Teresa Lodieu destacó la importancia de declarar en una audiencia oral ante un tribunal por primera vez por los hechos que afectaron a su esposo. La querella informó que la testigo murió a los pocos días de su declaración.

La familia de Bacasun realizó diversas gestiones ante autoridades religiosas y militares, para dar con el paradero de Miguel Santiago. En tal sentido, Patricia mencionó que, a pesar de contar con 14 años, fue personalmente a las dependencias del Ejército para realizar averiguaciones, por ser –junto a su hermano menor– los únicos familiares con vínculo consanguineo. Expicó que allí le decían que se quedara tranquila, ya que si su padre no había hecho nada lo recuperaría enseguida.

En relación a las consecuencias que tuvo en su vida la desaparición de su padre, Sergio indicó: “Me afectó mucho. No tuve hijos por el miedo a alguien hacerle sufrir la pérdida de un padre como yo la sufrí. Me mató mucho vivir sin padre, apoyo, consejo. Por las referencias que tengo, me hubiera gustado enormemente tenerlo, pero no, tenía que estar perdido, en esta sociedad horrible que me hicieron dudar de si mi padre había hecho algo malo. Me lo quitaron y me destruyeron. (…) Yo quería a mi papá, para mí fue un orgullo mi padre, pero no lo pude tener ni demostrarle nada”. Patricia agregó que “la búsqueda de un desaparecido nunca termina”.

Por su parte, María Teresa Lodieu -quien falleció pocos días después de declarar-, esposa de Mario Waldino Herrera, y su hija Lucía, refirieron que la víctima era periodista, militaba en la Juventud Peronista, y vivía con ellas en un departamento en la ciudad de Buenos Aires.

Indicaron que en la noche del 19 de abril de 1976, Herrera fue secuestrado de su domicilio, donde se encontraba con unos amigos, por un grupo de personas que se identificaron como pertenecientes al V Cuerpo del Ejército.

Las testigos contaron que, tras realizar infructuosas averiguaciones respecto del paradero de Herrera, la siguiente noticia que tuvieron de él fue una citación a reconocer su cuerpo en Bahía Blanca. Hasta allí viajó María Teresa e identificó los restos de quien fuera su marido: “Sabía que era él, no me quedaban dudas. La boca estaba abierta y llena de coágulos de sangre por todos lados, totalmente destrozado. Le habían pasado una picana eléctrica, tenía marcas en los brazos (…), las tetillas rotas, la verdad era terrible (…)”.

"Fue muy difícil la adolescencia, vivir con todo eso, porque al dolor se suma la indiferencia de la sociedad y se hace carga. Y después cuando me sumé a espacios y organizaciones como fue H.I.J.O.S. en los años '90, volví a respirar porque no estaba sola”.

Narró que los restos fueron entregados en un cajón cerrado, con la orden de ser sepultados sin ceremonia y sin apertura del ataúd. Lucía contó que recién décadas después, y gracias a la labor del Equipo Argentino de Antropología Forense, pudieron tener la seguridad de que los restos pertenecían efectivamente a su padre.

De acuerdo a lo que pudo reconstruir la familia, Herrera fue llevado a “La Escuelita” de Bahía Blanca, donde lo sometieron a torturas y, posteriormente, lo asesinaron. Su cuerpo apareció junto al de Néstor Farias —otra víctima de esta mega causa— la madrugada del 3 de mayo de 1976 a la vera de la ruta 51, a 20 kilómetros de la ciudad portuaria.

Según surge del requerimiento de elevación a juicio formulado por el Ministerio Público Fiscal, las autoridades militares y el diario bahiense La Nueva Provincia divulgaron una versión falsa de los hechos, titulada “Efectivos del V Cuerpo abaten a cuatro subversivos en la Ruta 51”. Allí se indica que las víctimas intentaron escapar en un vehículo de un procedimiento de control realizado por el Ejército, lo que concluyó en su abatimiento.

María Teresa destacó la importancia de declarar en una audiencia oral ante un tribunal por primera vez por estos hechos, y subrayó la relevancia que tiene que “se divulgue la crueldad de este grupo militar, que se conozca la verdad y que se haga justicia”. Pocos días después de brindar su testimonio, María Teresa falleció, según informó la querella en la audiencia siguiente a la de su testimonio.

Por su parte, Lucía detalló que con su madre por entonces se exiliaron en México y narró las dificultades de adaptarse a vivir en Argentina a su regreso: “Yo me encontré con una sociedad donde seguía siendo tabú el tema de la represión y éramos bichos raros o circulaba el ‘por algo será o algo habrán hecho’ y fue muy difícil la adolescencia, vivir con todo eso, porque al dolor se suma la indiferencia de la sociedad y se hace carga. Y después cuando me sumé a espacios y organizaciones como fue H.I.J.O.S. en los años '90, volví a respirar porque no estaba sola”, señaló.

Sobrevivientes de La Escuelita

En las últimas jornadas de juicio también declararon varías víctimas que estuvieron detenidas ilegalmente en “La Escuelita” de Bahía Blanca.

Así, Jorge Pablo Escudero, Aldo Mario Rodríguez, Dionisio Rubén Acharez, Gustavo Luis Pérez y Daniel Cafaro, relataron las circunstancias de sus secuestros, los padecimientos sufridos durante su cautiverio, cómo fueron liberados y las secuelas que padecieron a causa de lo vivido.

Fuente:Fiscales.gob.ar

7 de noviembre de 2022

MEGACAUSA ZONA 5: Declararon cinco nuevos testigos-víctimas: «Ojalá que sirva para algo, para la Memoria y la Verdad».

 6 DE NOVIEMBRE DE 2022

Declararon cinco nuevos testigos-víctimas: 

«Ojalá que sirva para algo, para la Memoria y 

la Verdad»




En el marco de la Megacausa Zona 5, el pasado jueves 3 de noviembre se 

llevó adelante la trigesimosexta audiencia del juicio por Delitos de Lesa 

Humanidad, en la que declararon cinco testigos-víctimas de la causa. Entre los 

testimonios, se escuchó el caso de una víctima que fue secuestrada durante 

su adolescencia y de un periodista de nacionalidad chilena que había sido 

exiliado de su país.

Los relatos en esta jornada dieron cuenta de diversos secuestros de variadas 

procedencias, dejando sentado una vez más que la persecución y el ataque a la 

ciudadanía no respondía a un solo patrón, sino que era sistemático y sin distinciones.

Desde el secuestro de una mujer que revistaba en el servicio penitenciario, pasando

por militantes políticos, estudiantes universitarias y hasta un estudiante de 

escuela secundaria de apenas 17 años, constituyeron el núcleo de las 

declaraciones de la fecha.

La causa tiene 37 imputados que son juzgados por delitos aberrantes como 

secuestros, torturas, violaciones, asesinatos, desapariciones y robo de bebes en

perjuicio de 333 víctimas. Entre tanto, el Tribunal Oral está compuesto por los

jueces Ernesto Sebastián, Marcos Aguerrido y Sebastián Foglia.

De los cinco testimonios escuchados, tres solicitaron que su declaración 

no sea emitida por los canales digitales, haciendo valer ese derecho que 

le asiste a cada uno de quienes declaran.

Cabe aclarar, sin embargo, que esa opción se contradice con el pedido de

las víctimas en general de que sus declaraciones sirvan para que lo que 

ivieron no se repita y Nunca Mas vuelva a suceder. Si sus testimonios no 

trascienden las de por si pequeñas instalaciones de un Tribunal, 

difícilmente su palabra pueda ser escuchada por las personas a quienes se 

quiere transmitir ese mensaje.


Atrocidades cometidas en La Escuelita

El primero en declarar fue Jorge Gustavo Sgaveti, quien trabajaba como 

administrativo en el Servicio Penitenciario de la UP4 en Villa Floresta. 

Presentó su testimonio como testigo del secuestro de Susana Rosso, una 

compañera de trabajo. Al momento de los hechos el director del penal era 

Héctor Luis Selaya, imputado en este juicio y con varias condenas previas.

En julio de 1976, Susana Rosso fue secuestrada en su domicilio de 

Darregueira al 1000 de Bahía Blanca por personal militar uniformado y 

armado. Durante el procedimiento fue encapuchada y golpeada en 

presencia de sus hijos de 1 y 2 años de edad. En el acto también fueron 

secuestrados otros ocupantes de la vivienda.

Posteriormente, Rosso fue trasladada al predio del CCDyT «La Escuelita» 

y el 29 de julio fue liberada en la periferia de la ciudad, al costado de una ruta. 

El testigo recordó muy poco de los hechos, incluso no recordaba un documento 

firmado por él en búsqueda de Rosso.

Tampoco pudo recordar la ausencia y desaparición de otro miembro del Servicio 

Penitenciario, Néstor Omar Repetto. Ambos datos le fueron refrescados al 

testigo por la fiscalía.

En segundo lugar, declaró Gustavo Pérez, víctima de secuestro cuando tenía 

apenas 17 años de edad y era alumno de la ENET N°1, Cesar Cipolletti, por

entonces ubicada en la Calle Chiclana.

Pérez fue secuestrado en los meses de invierno de 1976, y llevado al Centro 

Clandestino «La Escuelita». La victima dio cuenta de las diversas atrocidades 

a las que fue sometido en ese Centro siendo apenas un adolescente, como 

también de las secuelas que ello le ocasionó.

Remarcó que declaró porque la «vida es intocable. Por las vidas vine» y 

aseguró que «necesitamos una justicia más justa, más independiente y más 

proba«.

El olvido como mecanismo de defensa

Posteriormente fue el turno de otra víctima de la causa, Carlos Lorenzo Weber,

quien realizó su declaración vía Zoom desde el país de Puerto Rico. Weber, 

periodista de nacionalidad chilena, vivía, trabajaba y estudiaba en Bahía Blanca 

por esos años.

Su llegada al país ocurrió cuando la dictadura de Pinochet había expulsado a 

miles de personas de Chile. «Presuntamente yo era un peligro para el país y 

para los chilenos«, explicó, «entonces me dan la opción del exilio o de 

permanecer encarcelado, así me fui a Buenos Aires».

Allí le otorgaron una beca para estudiar en Bahía Blanca, donde residía en

una pensión estudiantil alquilada por ACNUR (Agencia de la ONU para 

Refugiados) en la que vivían casi todos los chilenos en su misma condición. 

Weber tenía 22 años y previamente había estado preso entre 6 y 7 meses por 

ser dirigente estudiantil durante la dictadura genocida de Pinochet antes de 

que le dieran la extradición. El testigo relató que por ese entonces:

«Un tiempo antes del golpe de

 marzo del 76, a todos los chilenos que vivían 

en esa pensiónfueron arrestados y la única persona

que faltaba ser arrestado era yo porque no estaba».


«Esa noche cuando llego a la pensión y voy subiendo una escalera que

tenía», continuó, «me caen encima 6, 7, 10 hombres, todos de civil, 

armados y se produce mi arresto, y me llevan con ellos».



Carlos Lorenzo Weber

«¿Qué hicieron conmigo?»

Weber relató una situación muy particular que le sucedió a partir de ese 

momento y expresó que sería de su voluntad contar muchas cosas. Sin

embargo, admitió que no recuerda absolutamente nada más de su 

secuestro:

«No tengo absolutamente 

ningún recuerdo desde ahí en adelante. Yo le doy unaexplicación

científica a todo esto y es que mi inteligencia y mi 

cuerpo me está cuidando y me bloqueó absolutamente todo»

.

«Yo es lo último que recuerdo», señaló, «que me llevan, pero nada más… 

Ni siquiera recuerdo cuanto tiempo estuve con ellos«.

Algunas de las cosas que pudo saber de ese momento se dieron por información 

recopilada por personas allegadas a él en esos días que lo estaban buscando. 

Particularmente, su novia, quien luego sería su esposa. Ella pudo relatarle que 

estuvo desaparecido aproximadamente una semana.

«Yo no tengo ningún recuerdo de dónde estuve ni qué hicieron conmigo«,

explicó Weber, quien se refirió a su esposa, quien «me dice que me recuperó en 

una Iglesia, ya que me entregaron a un cura que tenía que ver con Cáritas».

 «Yo estaba sentado y el cura me estaba dando el almuerzo cuando ella llega», 

comentó.

Sin embargo, aclaró con emoción que «yo no tengo recuerdo de eso. No sé si 

llore, o si ella lloró, si nos abrazamos… Pero no tengo ningún recuerdo». 

Seguidamente comentó que «eso es lo que más me atormenta, porque qué 

hicieron conmigo, ¿no?«. En contraposición a ese bloqueo en su memoria con 

respecto a su secuestro, expresó que tiene el recurso exacto, minuto a minuto, 

de su detención en Chile.

Luego, esbozando una respuesta a la situación, manifestó que «la única 

explicación que me doy es que yo mismo me estoy cuidando». «Supongo que 

debe ser un buen tema para los profesionales de la psicología y psiquiatría 

de poder darle una explicación», agregó.

Según el relato de su pareja, su paradero fue averiguado a través de alguien de 

la policía que le había dicho que estaba secuestrado. Sin embargo, Weber no 

habría estado en manos de la fuerza policial, según había explicado la fuente.

Victor Olivia Troncoso

El declarante recordó que entre los refugiados chilenos que vivían en la ciudad,

con los cuales tenía trato, se encontraba una persona que fue asesinada por la

Triple A un tiempo antes que su propio secuestro. «Yo lo conocía a él como 

‘Chico Víctor’, su apellido creo que era Oliva«, comentó.

 
Se trata de la víctima Víctor Oliva Troncoso, asesinado por la Triple A y cuyo 

caso fue tratado en el juicio que se realizó en Bahía Blanca a dicha patota

parapolicial, donde fueron condenados cuatro de sus miembros.

Luego del asesinato de Oliva Troncoso, Weber se fue de la ciudad hacia Buenos

Aires, terminó de estudiar periodismo y junto a su novia se fueron del país.

El Plan Cóndor en Bahía Blanca

Como forma de darle una explicación a lo sucedido, explicó que «el fascismo 

funciona igual en todas partes del mundo» y comentó que «yo sabía lo que 

iban a hacer esta gente si tomaba el control en Chile a través de las armas, en 

contra de su propio pueblo desarmado». Además, agregó:

«Yo sabía lo que iba a pasar porque 

funcionan de esa manera, así fue en todo el mundo y también 

en Argentina. Es de esa manera que tratan de imponer 

sus ideas a toda la población».


Weber señaló que en el año 2011 su país lo llamó para pedirle perdón por lo sucedido con las 

detenciones y persecuciones a su persona. Eso hizo que se replanteara muchas 

de estas cuestiones que hasta el momento mantenía silenciadas. Así, decide 

hablar:

«Chile me llama para pedirme perdón por haberme quitado el país, y yo digo ¿Qué 

carajo hago con eso? ¿para qué quiero el perdón? entonces allí decido que voy a 

hablar».


El testigo referenció que enmarca su propia persecución como parte del 

Plan Cóndor y en la estrecha colaboración entre Chile y Argentina

siendo el agente de la DINA Arancibia Clavel, uno de sus principales 

contactos entre la embajada chilena en Argentina.

Además, reconoció tener amigos desaparecidos en el marco de ese Plan

que consistió en la acción represiva conjunta de casi todos los países de 

Sudamérica que confluían en dictaduras similares y colaboraban entre si en 

la persecución y el exterminio de personas.

Para finalizar expresó: «Ojalá que sirva para algo, para la Memoria y la 

Verdad, porque por aquello de la Justicia, yo ya no estoy muy seguro si a 

esta altura puede haber justicia para eso». «Yo no quiero gente presa, 

particularmente quisiera que hablaran para poder cerrar el círculo«, 

señaló.

También comentó que le gustaría «poder saber que pasó esa semana 

conmigo, poder saber sobre los desaparecidos, que pasó con toda esa gente». 

«Y el asunto del perdón… que busquen el perdón bíblico«, comentó, «y que 

nadie tenga que pasar más por estas experiencias». Finalmente, concluyó:

«Tomen en cuenta a Puerto Rico, busquen a Puerto Rico ustedes, busquen a Puerto Rico porque 

es parte de Latinoamérica, y si lo dejan solo, seguirá enfocándose únicamente hacia el Norte,

que no es su camino real. El camino real es con Latinoamérica. Y Memoria, Verdad Salud y 

Libertad… Y Palante».


El testigo siguiente fue Daniel Cafaro, también por medio de la plataforma 

digital Zoom, quien declaró como testigo-víctima. Cafaro junto a Gloria 

Amado eran militantes del Partido Socialista de los Trabajadores y 

compartían un departamento con María Cristina Prado en la primera cuadra de

calle Thompson de Bahía Blanca.

Daniel Cafaro y Gloria Amado fueron secuestrados en ese domicilio en julio

de 1976, siendo sometidos a cautiverio y torturas en el Centro Clandestino «La

Escuelita». En septiembre de 1976, Cafaro fue trasladado a la Unidad 

Penitenciaria N°4, y colocado a disposición del Poder Ejecutivo.

Integrantes de Coros secuestrados en La Escuelita

El último testimonio de la jornada fue el de Luis Antonio Sellan, quien declaró

de manera telemática como testigo del secuestro de las hermanas Laura y 

Zulma Fuxman.

Las hermanas Fuxman, quienes contaban con 19 y 20 años, eran estudiantes 

de la Universidad Nacional del Sur, trabajaban y participaban en tareas de 

asistencia en escuelas rurales de la zona. Ambas fueron secuestradas en julio 

de 1976. Zulma fue llevada al Comando del V Cuerpo de Ejército, mientras 

que Laura fue enviada al Centro Clandestino de Torturas La Escuelita. Ambas 

fueron liberadas luego de varios días.

Al ser consultado por su relación con ellas, expresó que «conozco a estas 

personas desde hace muchos años», y detalló que «nos conocimos en Mayor 

Buratovich, donde ellas vivían y éramos integrantes del Coro de Buratovich«. 

«Me hice muy amigo de ellas y de toda la familia», agregó.

Sobre los secuestros, el testigo explicó que «Laura fue secuestrada en el 

Banco Provincia, en la sucursal de Villa Mitre, a eso de las 4 de la tarde». 

«En ese momento me dirigí al departamento donde ellas vivían», continuó, «y 

ahí me relatan que ese grupo militar había ido a la casa a buscar a Laura». 

Además, agregó que:

«Como estaba trabajando, decidieron llevarse con ellos a Zulma hasta el Banco 

Provincia, y allí secuestraron a Laura a la vista de todo el mundo y ante el reclamo del 

gerente de la sucursal».


El testigo dijo que se sabía en eso momentos que cuando alguien 

desaparecía, era imprescindible que mucha gente reclamara por ellos y 

buscara a las personas desaparecidas, por lo que él se encargó de empezar

a buscar ayuda y recurrió al Juez Fortuni, que era una persona importante 

en Bahía Blanca.

También recurrió a la Curia, a ver a Monseñor Mayer, pero ambos le dijeron

que no podían hacer nada al respecto. Debido a su desesperación, fue al Barrio

Palihue a ver al General Azpitarte, quien le dijo que seguro ella ya estaría en 

la casa, lo que resultó ser falso. Durante la madrugada liberan a Laura

dejándola cerca de su casa.

Recordó que su amiga «Laura estuvo muchos años sin poder hablar con nadie

del tema», pero que luego de años de terapia:

«Ella dice que estuvo en La Escuelita, que a uno de sus torturadores le decían el Zorzal,

 y que la desnudaron, la picanearon, la torturaron y eso le trajo bastante problemas de 

salud posteriores».


Consultado sobre si conoció más víctimas del Terrorismo de Estado cuyos 

casos se están juzgando en esta causa, respondió que «Conocí a Elmo 

Sierra, compañero del Coro Universitario», «a Eduardo Gaztañaga y su 

mujer Isabel Forteza que eran también del coro universitario y de la caja 

de crédito».

Por otro lado, comentó que «fui muy amigo del matrimonio y recuerdo 

cuando los secuestraron el día que volvieron de su viaje de bodas«. Para 

el final, y ante la pregunta de si tiene conocimiento de las consecuencias 

que estos secuestros tuvieron, expresó:

«En el caso de Laura, ella tuvo problemas físicos, no podía quedar embarazada, y 

otros problemas. En el caso de Eduardo tuvo un cáncer de testículos, que se operó. Y 

su mujer Isabel, sé que tuvo muchos problemas con las hijas y con Eduardo también de 

hecho se separaron después».


El sueño del Genocida

Cabe señalar que Jorge Horacio Granada, genocida dos veces condenado 

a prisión perpetua y que está siendo juzgado nuevamente en este juicio, 

protagonizó un momento repudiable durante la audiencia: interrumpió la 

declaración con fuertes ronquidos que se oyeron por el micrófono 

abierto. Aunque la cámara la mantenía apagada, su actuación motivó al 

presidente del Tribunal, Juez Ernesto Sebastián, a frenar la declaración 

para silenciar al zoom del imputado.


Jorge Horacio Granada

Anteriormente, quienes presenciaron el juicio pudieron observar a otro 

imputado afeitándose descaradamente en cámara. Estos actos se suman 

a los de quienes comen, hablan por teléfono y duermen durante la 

audiencia. De esta forma, demuestran una real falta de consideración y 

respeto para el proceso judicial en general.

Ya han demostrado desprecio por las vidas y por el otro en sus actuaciones. 

Ahora demuestran desprecio por las leyes y la institucionalidad en este 

presente tan benévolo para genocidas que ejecutaron los crímenes más 

aberrantes que se cometieron en nuestro país. De esta manera transitamos

en 2022 los juicios de Lesa Humanidad.

¿Cuándo siguen las audiencias?

Las audiencias continuarán el día jueves 10 de noviembre, desde las 9 

horas, en la sede del Tribunal Oral de Chiclana y Lavalle. Los juicios son 

Orales y Públicos, y puede concurrir cualquier persona que así lo desee, 

con su DNI.

Además, las audiencias también se emiten de manera virtual por el canal 

de YouTube de la subsecretaria de Derechos Humanos de la Provincia 

de Buenos Aires y por el canal del Poder Judicial.

Fuente:ElAgoraDigital