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27 de abril de 2014

EN MEMORIA DE HORACIO MACHI.

En memoria de Horacio Machi
Esta semana, Nora Patrich se presentó por primera vez ante el juez Marcelo Bailaque para denunciar el asesinato de su esposo, Horacio Machi (foto), el 1E de marzo de 1977 en Fragata Sarmiento 4848, en Rosario. Convencida de que la trama colectiva de la memoria es la mejor manera de aportar a la búsqueda de justicia, Patrich también espera que algún vecino de la zona pueda recordar detalles del operativo conjunto del Ejército y la policía provincial que terminó con la vida de su compañero, dirigente nacional de la Juventud Universitaria Peronista. En aquel momento, Patrich había viajado a Buenos Aires, con Nicolás, de dos años y Laura Ana, de dos meses, los dos pequeños hijos de la pareja. Cualquier dato, se agradece comunicarse con causahoraciomachi@yahoo.com.ar. Nora Patrich es artista plástica. Apenas asesinaron a su marido debió exiliarse en Canadá, donde vivió muchos años. A Rosario recién volvió en 1991, porque ganó unos pasajes. Entonces, pudo hablar con vecinos que le contaron el operativo en el que mataron a Horacio. Años después, en 2010, Nora estuvo también para pintar un mural recordatorio de su compañero, a la vuelta de la casa donde lo mataron.
Fuente:Rosario12



El mural al que refiere Nora Patrich, fue realizado por el Colectivo de ex Presos Políticos y Sobrevivientes-Rosario, junto al Movimiento Rosario y la Agrupación Martín Fierro. El dideño fue de su autoría.

30 de junio de 2013

IMAGEN y MEMORIA.

Imagen y memoria
Año 6. Edición número 266. Domingo 23 de junio de 2013
Por Gabriela Esquivada 
sociedad@miradasalsur.com
Desde que llegó de Trelew a La Plata para estudiar arquitectura, Gabriela Hernández se sintió atraída por la imagen. Pero no cualquier clase de imagen: “Me interesa la imagen que transmite un mensaje, una historia, más allá de la cuestión estética”. Por eso, cuando comenzó el juicio por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura en la Unidad 9 tomó su cámara, se acercó con un permiso de prensa y comenzó a sacar fotos. Algunas de ellas se ven en la muestra Todo está guardado en la memoria, junto con otras imágenes –un total de ochenta, que ella misma eligió– sobre los juicios del Circuito Camps, que la Secretaría de Derechos Humanos de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata presenta hasta el 13 de julio en el Edificio Néstor Kirchner (Diagonal 113, Nº 291, La Plata).

Hernández se crió en democracia y su incorporación a la vida universitaria la acercó a las movilizaciones sobre memoria y denuncias o a los juicios por crímenes de lesa humanidad. En las salas judiciales no sólo tomó fotos, sino que atendió lo que se contaba, por lo cual comenzó a publicar en Facebook sus imágenes acompañadas por descripciones de lo que había escuchado. Así algunas publicaciones, como Verdad y Justicia, le pidieron sus imágenes sobre el juicio por la Unidad 9, y la revista de Abuelas de Plaza de Mayo sobre el del Circuito Camps.

“Me vinculé con testigos y familiares que, por suerte, tomaron de buena manera los registros”, dijo la autora de la muestra a Miradas al Sur. “Fui cuidadosa: preguntaba a los abogados de la querella si estaban de acuerdo en que tomara y difundiera las fotos con una descripción… No son imágenes de flores y mariposas: son momentos delicados, personales, una instancia a la que la gente llegó con mucho esfuerzo. A algunos les pasé los archivos originales, ya que para ellos eran circunstancias únicas.”

Una de las fotos muestra un video de Julio López en el juicio: su declaración contra Miguel Etchecolatz. “Fue el primer juicio en el que se incorporaron testimonios en video de gente que ya no está: él y Ana Calvo.” Para Hernández, López fue tema de otro proyecto fotográfico, La calle habla de López: “Veía las pintadas en las calles, ‘Falta López, falta justicia’, ‘¿Dónde está López?’, y me parecía tan tremendamente injusta su segunda desaparición, y el hecho de que esas pintadas fueran a ir borrando… Las fotos inmortalizan el reclamo”. Y entre las que se exhiben en Todo está guardado en la memoria, de la serie Circuito Camps, se ve la silla vacía, en primera fila, que debió haber ocupado él.
Fuente:MiradasalSur

20 de junio de 2013

A 40 años del complot para neutralizar el ala revolucionaria del peronismo.

20.06.2013
La Masacre de Ezeiza 
A 40 años del complot para neutralizar el ala revolucionaria del peronismo
El regreso definitivo de Perón derivó en un baño de sangre. Sus ejecutores: grupos fascistas, matones sindicales y pistoleros comunes. La historia del país cambiaría para siempre. El sinuoso rol del general Iñíguez en la masacre. 
Por: Ricardo Ragendorfer
Corría el otoño de 1973. Un anciano de porte retacón  y modales cuarteleros solía tomar café en un bar sobre la esquina de Laprida y Santa Fe. A veces, lo acompañaba un tipo más joven, con bigotito y gafas espejadas. El anciano, sin levantar la vista del diario Crónica, le deslizaba entonces algún comentario. Siempre en voz muy baja. No obstante, en una ocasión se le oyó decir: "Ahora el Movimiento debe estar más unido que nunca". Su interlocutor asintió con docilidad. El tipo le dispensaba una notable deferencia, al igual que el mozo, un morocho parecido a Monzón. Una tarde, el anciano estuvo con el de bigotito y otros dos sujetos. Les hablaba casi al oído, y con una mano sobre la boca, como para acentuar la confidencialidad de sus palabras. Luego, al retirarse, se volteó hacia Monzón, y dijo: "Mañana no salga de su casa".  
Mañana era el 20 de junio.

Desde la madrugada de ese miércoles, un millón de personas convergieron hacia Ezeiza para recibir a Perón. Para la Tendencia Revolucionaria, la oportunidad era propicia para impresionar al líder; demostrarle su colosal capacidad de movilización y así inclinar la balanza a su favor frente al sector ortodoxo del Movimiento. Embebidos en semejante simpleza táctica, los militantes de Montoneros marcharon sin más armas que los palos de sus carteles, algunas cadenas y unos pocos revólveres de bajo calibre. ¿Era posible advertir a esa hora el complot urdido por la ultraderecha partidaria? El asunto –con el padrinazgo de José López Rega– había sido planeado desde la comisión organizadora del acto, integrada por José Rucci, Lorenzo Miguel, Norma Kennedy y el coronel retirado Jorge Osinde. Su ejecución corrió por cuenta de bandas fascistas, matones sindicales y pistoleros comunes. Lo cierto es que los orquestadores de la masacre no habían dejado ningún detalle librado al azar. Hasta tuvieron a su disposición una flota de vehículos del Automóvil Club Argentino dotada con modernos equipos de comunicaciones, cuyos tripulantes debían detectar a las columnas de la izquierda peronista para que se las ametrallara desde el palco. El saldo de la faena fue estimado en una cifra aproximada de 50 muertos.

La masacre había sido concebida para correr de la presidencia a Héctor J. Cámpora y copar el poder. Es decir,  neutralizar la flamante etapa democrática del país por medio de la confusión ideológica y el terror. Claro que en semejante estallido de violencia anidaban las contradicciones que el peronismo había acumulado en sus 30 años de existencia. Pero ese baño de sangre también prefiguró los años por venir: la Triple A y el genocidio aplicado a partir de 1976.

Ese fue el precio del 20 de junio. 

A partir de entonces, el anciano dejó de hacerse ver en el cafetín de la calle Laprida. No se supo nada de él en el barrio hasta el 24 de septiembre. Era el día siguiente del triunfo en las elecciones de la fórmula Perón-Perón, horas antes del asesinato de Rucci, cuando ese mismo tipo fue designado jefe de la Policía Federal. No era otro que el general retirado Miguel Ángel Iñíguez.

Su historia es ambigua y compleja. Durante el golpe de 1955, fue uno de los pocos oficiales superiores que mantuvieron su lealtad al orden constitucional. Y con una división completa se desplazó a Córdoba para enfrentar a las tropas insurrectas. Capitularía mientras en Buenos Aires se pactaba el alejamiento de Perón. Desde entonces fue un referente de la Resistencia al nuevo régimen. En vísperas de las elecciones de 1958, se aliaría con sectores que ansiaban aprovechar los votos peronistas, pero soslayando el liderazgo de Perón. 

Tras reconsiderar tal desliz, bregó por el regreso del caudillo desde una organización clandestina fundada por él: la Central de Operaciones de la Resistencia (COR). Tres lustros más tarde, la COR pasó a ser el COR: Comando de Orientación Revolucionaria. Iñíguez seguía siendo el jefe.

Durante la sangrienta celada del 20 de junio, los hombres del COR tripulaban los vehículos del Automóvil Club Argentino.
Aún hoy, los viejos parroquianos del  bar de la calle Laprida creen que allí se gestó al menos ese detalle de la Masacre de Ezeiza. 

Fuente:TiempoArgentino

28 de mayo de 2013

OPINIÓN.

OPINION
No sólo son memoria
Por María Carolina Llorens *


“No son sólo memoria, son vida abierta,
son camino que empieza y que nos llama.”
Cirsemaia/Viglietti

Mis padres, Sebastián Llorens y Diana Triay, militantes del PRT/ERP, fueron secuestrados el 9 de diciembre de 1975. Estuvieron desaparecidos desde entonces. Tenía un año y medio cuando los secuestraron, y mi hermano Joaquín apenas tres meses. Gracias a personas que nos cuidaron amorosamente, a los vestigios que aún había de justicia en nuestro país y la fuerza incansable de mi abuela Carolina nosotros pudimos volver a nuestra familia.

Crecimos en el miedo, el dolor, la incertidumbre, el amor y la bronca de la ausencia. A pesar de los esfuerzos de la familia de explicarnos lo que había sucedido con nuestros padres, nos encontramos a menudo con preguntas sin respuestas. ¿Estaban muertos? Si la muerte es una pregunta ancestral que nos hacemos los humanos, ¿qué es la no muerte? ¿Qué es el desaparecido? ¿Qué es esta ausencia sin certezas? Y cuando ante esas preguntas había sólo silencios, cuando ante esas preguntas había cinismos siniestros como “el desaparecido no tiene entidad, no está ni muerto ni vivo, está desaparecido” (Jorge Rafael Videla), la desaparición era una incertidumbre que carcomía las entrañas. Por eso mi abuela materna soñó, hasta su muerte, con timbres. Timbres que en la madrugada sonaban y alimentaban la esperanza de volver a abrazar a su hija.

Cuando tuvimos 20 años participamos en la fundación de H.I.J.O.S. Asumimos nuestra mayoría de edad y la construcción de nuestra identidad. Fue ahí cuando las preguntas se hicieron reclamos y lucha por la memoria y la justicia. Hoy también nuestros hijos son una fuerza para seguir buscando. Sus preguntas siguen denunciando una historia que, de tanta crueldad, es difícil de explicar y comprender. Una mañana mi hijo de 8 años amaneció preguntando “yo ya eso de los militares lo entendí, pero decime mamá, los huesitos, ¿dónde están los huesitos de los abuelos?” Luego, cuando salíamos de hacer una declaración en el juzgado, siguió preguntando: “Entonces, ¿no sabemos dónde están? ¿Pueden estar en cualquier lado? ¿Pueden estar acá, debajo de la vereda?”

Al final mi hijo tenía razón. Los “huesitos de los abuelos” podían estar en cualquier lado. En octubre de 2012 los restos de Sebastián y Diana aparecieron. Salieron a la luz, en el lugar menos pensado, a orillas del río Matanza, al borde de la avenida La Noria en el Barrio Sarmiento. De esta manera, la vida, la verdad y la justicia, por más que quieran desaparecerlas o asesinarlas, siempre encuentran la grieta por donde seguir brotando.

El amor y la lucha de Diana y Sebastián, que los mantuvo unidos aun en la muerte, siguieron latiendo bajo la tierra. En ese descampado donde los arrojaron al lado del camino, en medio de lagunas que se fueron rellenando con escombros, desde el año 2008 viene creciendo el Barrio Sarmiento. Un barrio donde 700 familias, principalmente de inmigrantes y campesinos del interior, vienen enfrentando la exclusión y a la vez construyendo un futuro digno para sus hijos. Es decir, los “huesitos”, como semillas, estuvieron creciendo en ese barrio. Y desde este barrio comienzan a ser rescatados de la desaparición para transitar el camino que los devuelve a la muerte.

Fueron niños de este barrio los que ocasionalmente encontraron restos humanos y uno de los pobladores se animó a denunciarlos. La policía forense los retiró el 26 de octubre del 2012, y el Equipo de Antropología Forense los identificó el 1º de marzo del 2013, informando que entre los cuatro cuerpos encontrados estaban los de mis padres. El juez Daniel Rafecas, con una resolución de una lucidez implacable, el viernes 3 de mayo declaró públicamente que ya no son más desaparecidos, que son muertos asesinados por las mafias organizadas del Ejército, la policía y la Triple A, que venían operando desde antes del proceso, con los mismos procedimientos y la misma crueldad que los caracterizó durante la dictadura.

De esta manera, por fin, nos encontramos con una certeza que abre puertas. Una posibilidad tangible de despedida, de poder llorar a nuestros muertos, uno de los derechos humanos innegables ya enunciados desde la tragedia de Antígona que se conoce como “derecho al duelo”. Mi abuela paterna, Nelly Ruiz de Llorens, que con sus 92 años sigue luchando, puede luego de tantas pérdidas y tantas búsquedas infructuosas despedirse de su hijo. Y podemos despedirnos los hijos, hermanos, hermanas, sobrinos, sobrinas, tías abuelas, primos, nietos, nietas, compañeros, vecinos. En fin, toda una sociedad que necesita despedirlos.

Esta despedida implica emociones ambiguas y aparentemente contradictorias, porque es un encuentro y una despedida a la vez. El encuentro produce una “extraña alegría”, como dijo mi tío Bernardo; la alegría de encontrar la verdad de lo ocurrido luego de tantas tinieblas e incertidumbres. Una emoción indescriptible de verlos nuevamente a través de lo que sus restos nos hablan. En cambio, la despedida es un dolor, por la pérdida que vuelve a hacerse presente en un duelo con toda la intensidad, “como si se hubieran muerto ayer”.

Las puertas de la justicia se abren un poco más. Hay caminos para investigar, al haber cuerpos que delatan, hay centros clandestinos que pueden ser señalados, hay asesinos que pueden ser revelados y que podrán tener el juicio y el destino que les corresponda.

Este encuentro con Sebastián y Diana nos enfrenta, a su vez, a las tramas invisibles de la vida. A esas coincidencias significativas que nos iluminan. En el Barrio Sarmiento donde fueron hallados sus restos, los vecinos desde el comienzo cuentan con el apoyo de Sercupo (Servicio a la Cultura Popular), organización que forma parte del Movimiento Nacional Campesino Indígena. El trabajo de Sercupo consiste básicamente en apoyar la formación y capacitación en torno de la defensa y exigibilidad de derechos, formación de grupos de trabajo, conformación y puesta en marcha de un centro comunitario, etcétera.

Y es justamente en el Movimiento Campesino donde, junto con mi esposo, César Marchesino, venimos participando desde hace un par de años, compartiendo saberes, luchas y resistencias. De hecho, como si fuera una premonición, meses antes de que fueran encontrados los restos de Sebastián y Diana, César caminó las calles del barrio, entrevistando a los vecinos, y volvió a casa conmovido de la fuerza que había en ese lugar para construir futuros sobre tantas injusticias.

Los compañeros del barrio y del Movimiento Campesino nos han seguido acompañando ahora. Nos abrieron los brazos y nos consolaron cuando los familiares fuimos a reconocer la tierra que los había acogido durante tantos años. Así, en el encuentro con ellos, en las palabras, en los sueños compartidos, el dolor se fue mitigando. Como dijo una de las compañeras: “Para nosotros este hallazgo es doblemente importante. Por un lado, es la posibilidad dolorosa y esperanzada a la vez de que los familiares tengan la oportunidad de despedir a sus muertos. Por el otro, significa que Diana y Sebastián, entre muchos otros, no lucharon en vano, ya que aquí estamos nosotros continuando la lucha por derechos básicos como vivienda, salud, educación, identidad”.

Los desaparecidos son un duelo que necesita realizar toda la sociedad. Por este motivo, hoy, 28 de mayo, en un acto público, el secretario de Derechos Humanos, Martin Fresneda, restituirá los restos de Sebastián Llorens y Diana Triay. El acto en el Barrio Sarmiento, a mil metros de Camino de Cintura y avenida La Noria, al margen del río Matanza, en Esteban Echeverría. Será un modo simbólico de unir las luchas del pasado y el presente, que más allá de todos los intentos de acallarlas, “desaparecerlas” o asesinarlas, resurgen con toda su fuerza.

En Córdoba, realizaremos una despedida pública el 31 de mayo, desde las 14 hasta las 18, en el espacio Cepia de la Universidad Nacional de Córdoba, la casa que los acogió en la juventud y que hoy los sigue acompañando. De esta manera, como dice el himno guaraní “... he de hacer que la voz vuelva a fluir por los huesos y haré que vuelva a encarnarse el habla después de que se pierda este tiempo y un nuevo tiempo amanezca”.
* Hija de Diana Triay y Sebastián Llorens.
Fuente:Pagina12

27 de mayo de 2013

MERCEDES: La ciudad natal de Jorge Rafael Videla y de 22 desaparecidos.

26/05/2013
El rol de la madre del dictador y los pedidos a su hermana 
La ciudad natal de Jorge Rafael Videla y de 22 desaparecidos
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Patricia Bojorge recuperó el cuerpo de su hermana desaparecida y la enterró en el cementerio de Mercedes.
Desde hace una semana atraviesan las calles de Mercedes las imágenes de las víctimas de la última dictadura, que se amuraron en la entrada del cementerio, adonde se suponía iba a ir el cuerpo del dictador Jorge Rafael Videla. En las historias de los 22 desaparecidos en esa ciudad está la de Ciro José Lalla, quien a los trece años trabajaba en una radio de Mercedes. “Andá a entrevistarlo a Videla cuando llegue a la escuela”, le dijeron. 

El dictador volvía a su ciudad natal para inaugurar el edificio de la Escuela 13. “De pronto se me aparecieron dos monos grandotes, me cerraron el paso y lo único que me acuerdo es que me miraron la credencial y dijeron ‘ah, está acreditado’. 

Cuando me quise acordar, Videla ya se había ido. La sensación de aquel momento es que Mercedes se convulsionó porque venía el ‘Presidente’, pero no lo vi con otro presidente. Era el condimento de haber nacido en Mercedes. Si ves las fotos de los actos, decís: ‘¡Cómo lo querían!’.”

Ciro ahora actúa como historiador en una costosa reconstrucción de los efectos de la dictadura en Mercedes. La ciudad puede verse como esas dos escenas de su historia. Mercedes suele ser contada a través de los nombres que la emparientan con la dictadura o lo que Jorge Rafael Videla representa. Desde hace una semana, sin embargo, otros nombres atraviesan las calles, con las imágenes de los 22 desaparecidos y asesinados de la dictadura que están reproducidas en paneles enormes, amuradas en la entrada del cementerio municipal, adonde se suponía debía ir el cuerpo del dictador. El miércoles, las fotos estuvieron colocadas en la plaza San Martín, su centro político.

Mercedes está marcada por la presencia de tres sectores: Iglesia, Justicia –dado que fue cabeza departamental– y poder militar –hasta 1992 estuvo la sede del Regimiento VI, en el que actuó el padre de Videla–. Es la ciudad de los dictadores Videla y Orlando Agosti, del vicario castrense Adolfo Servando Tortolo, refugio de los represores Raúl Guglielminetti y Julio César Caserotto, quien estuvo a cargo de la maternidad clandestina de Campo de Mayo. Y las historias de los desaparecidos son contadas aquí como se cuentan en los pueblos. Con nombres y relaciones que cruzan a unos y otros: a las víctimas, a los que las cuentan y en algunos casos a los que estuvieron del otro lado.

Las historias
Carlitos Agosti es acá “el hijo de Rubén”, que es a su vez hermano del Ciego y del otro Agosti, que fue parte de la Junta. A Carlitos lo mataron el 12 de diciembre de 1976.

Luis es encargado de una flota de taxis y recuerda a los dos hermanos del hombre de la Junta, pero no tanto al represor. Lo de Ciego, dice, era “porque con los lentes gruesos que usaba parecía que no veía nada”.

Carlos estudió en el San Patricio, luego psicología en La Plata y militó en la JP. Según el taxista, alguna vez le hizo saber a su padre, Rubén, que lo estaban buscando. Dice que los hermanos estaban muy enfrentados. En la mesa de un bar, un grupo de familiares de desaparecidos agrega que el propio Orlando Agosti ordenó “ejecutarlo”. Pero no es la única versión. “Lo que yo alcancé a escuchar entre los compañeros indica que estarían pintando o algo así y cae en La Plata, que era un infierno. Era diciembre y aparentemente lo matan ahí. Y después descubren quién es. Al otro día Mercedes era un escándalo. Yo algo conocía de la familia, no creo que el tipo (Orlando Agosti) hubiera hecho eso, pero tampoco creo que si hubiera estado vivo hubiese hecho algo por ellos”, dice Javier Casaretto, un sobreviviente.

Edgardo Ojea Quintana desapareció en 1976, su hermano Ignacio en 1977. Acá se los cuenta como parientes por parte de madre de Videla. Los Videla tienen dos bóvedas en el cementerio municipal, otro de los ejes de disputa de estos días. La bóveda más antigua dice en el frente: “¡¡La materia descansa aquí!! El Espíritu se salva”, y abajo está la firma de “Ojea”. Cuando lo secuestraron, el 3 de abril de 1976, Esteban tenía 19 años, militaba en Montoneros y estudiaba en Derecho, igual que su hermano. Ignacio tenía 21 años, lo secuestraron el 26 de febrero de 1977 cerca de Plaza de Mayo, estuvo en la ESMA. Roberto Baschetti cuenta en su página web que un compañero durante una reunión dijo: “Yo soy parte de la pequeña burguesía”. Ignacio Ojea Quintana, “para darle ánimo, le contestó: ‘No te calentés, hermano, porque yo pertenezco a la pequeña oligarquía’ y tras cartón, para que el otro viera, abrió una puerta del ropero desvencijado que tenía en esa pieza del barrio de La Boca y colgado de una percha asomó insólitamente un frac”. En el libro El Dictador, María Seoane y Vicente Muleiro recuerdan que la familia acudió a ver a la hermana de Videla para pedirle por Carlos Tillet, del San Patricio, otro de los desaparecidos. Marta Videla les respondió: “¿Cómo Jorge puede permitir que pasen cosas como éstas?”.

“La historia de la familia (Videla) no era algo que corriera por acá –dice Ciro–. Pasa a ser un personaje importante cuando llega a la presidencia, porque ni siquiera lo es siendo el comandante del Ejército. Pero sí era del poder, su padre había sido jefe del Regimiento (VI) y comisionado municipal, se lo tenía como persona correcta. La alta burguesía mercedina eran profesionales, religiosos o militares, pero había que pertenecer a ese círculo para serlo y esta gente estaba vinculada con ese círculo social.” La madre de Videla “aparecía como referente del poder en los actos municipales. La tenés en el balcón: está el comisionado municipal, las autoridades municipales y la madre de Videla. En la despedida del jefe del Regimiento, está la madre de Videla. Es como el sello oficial”.

Marta Videla, la hermana, aparece en otros relatos. “Era común que a la hermana de Videla la fuera a ver un montón de gente –dice ahora Javier–. Pero también siempre escuché que la respuesta era: ‘No puedo hacer nada’, de mejor o peor modo. De Videla era impensable hablar con él. Es la idea que tengo.”

Patricia Bojorge es hermana de Stella Maris Bojorge. A Stella Maris la secuestraron el 22 de septiembre de 1977 en la casa de sus padres, en Mercedes. El padre era empleado jerárquico del Banco Nación. Stella se había ido a estudiar medicina a La Plata. En 1975 hacía tercer año entre amenazas de la CNU y el CdO y entró en la clandestinidad, lo que le significó volcarse a la militancia barrial. En julio de 1977, “con una enfermedad muy seria en los riñones, sin obra social, se vino a hacer un estudio a Mercedes. Se hacía un evento familiar por el primer bautismo de mi primer sobrino, era un viernes y el evento se hacía el sábado y comete el gravísimo error de quedarse”, cuenta su hermana. Una patota la secuestró el 2 de julio de 1977.

“La hermana de Videla vive acá a una cuadra. Marta Videla fue compañera de jardín de mi madre y hasta que terminó la carrera en la escuela normal. Cuando secuestran a mi hermana, mi madre la fue a ver, le pedimos por el paradero de Stella, que por favor intercediera ante su hermano. Ella dijo que sí, pero al poquito tiempo la vamos a ver y lo que nos dice es: ‘Mi hermano dice que hay mucha gente en el exterior, que seguro que se fue al exterior, puede estar en Holanda, en otro país de Europa’. Eso la indignó porque le dijo: ‘Pero, Marta, ¡la secuestraron de mi casa! No es que yo no vi, o que no volvió... La secuestraron en mi casa, vino una patota de tal característica’. De cualquier manera no rompió la relación. Es más, fue al velorio de la madre.”

En 1984, a través de sobrevivientes de La Cacha supieron que Stella Maris y su marido, Carlos Weber, habían pasado por ese centro clandestino. El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó sus restos, enterrados como NN en La Plata, el 8 de marzo de 2008.

San Patricio
Carlos Martín Cardinal desapareció el 21 de julio de 1976. Era estudiante del San Patricio, “abanderado”. Se casó con Silvia Fasce cuando ella tenía 18 años, estaba embarazada y se fueron a Buenos Aires. El se anotó en Ciencias Económicas. Para 1976, su hijo Martín tenía dos años y él trabajaba en el Banco del Oeste. Lo secuestraron el 21 de julio de 1976 cuando iba a una cita. Silvia todavía sigue buscando datos porque no sabe ni en qué centro clandestino estuvo. Tejió hipótesis, siguió nombres y así supo hace muy poco que su marido militó en el Grupo Obrero Revolucionario (GOR). Una compañera de Carlos le avisó esa noche que se fuera a dormir a otro lado. “Ahí empieza todo. Al cabo de un año me vengo a vivir a Mercedes”, dice ella.

El San Patricio es un colegio del “centro”. “Era el colegio más de la elite de pueblo, típicos hijos de profesionales, de comerciantes o gente dedicada a la producción agrícola ganadera, médicos –dice Javier Casaretto–. El colegio era de los sacerdotes palotinos y era muy particular, muy abierto. Los palotinos son una congregación, a Argentina llegó la rama irlandesa y se instalaron acá en Mercedes a fines del siglo XIX y luego se instalaron en Belgrano, la Iglesia donde matan a los tres palotinos. Hubo una colonia irlandesa bastante importante en Mercedes. El colegio al principio era para personas sin posibilidades económicas, con el tiempo cambió. Había pocos colegios privados y éste era confesional de varones.”

Como en contraplano de la ciudad de los vivos, el cementerio municipal de Mercedes replica sus formas. Alrededor del centro, las bóvedas de renombre. Los palotinos están ubicados en un lateral, sobre tierra, sin bóvedas ni monumentos. Javier señala la tumba del superior de la orden, Kevin O’Neill, que con el asesinato de los tres sacerdotes el 4 de julio de 1976 se plantó ante los militares porque querían enterrarlos enseguida y cerrar todo sin velorio ni misa. O’Neill se negó. Javier estaba en la escuela porque había una cancha de pelota paleta y escuchó los gritos de las maestras. “En la ciudad de Videla esto provocó una conmoción muy fuerte. En la Iglesia San Patricio, a la que iba la gente de buena situación, acababan de matar a los sacerdotes: nadie decía que había sido Montoneros sino que los mató el gobierno. O’Neill hizo de esto casi el tema de su vida. Quería saber la verdad. Hablaba pausado, lento, se plantaba y preguntaba quiénes fueron, sabía de dónde venía, quién los había matado.” Allí, en la tierra, hay un escrito: “Aquí aguardan la resurrección los sacerdotes palotinos trágicamente muertos en la parroquia de San Patricio. 4 de julio de 1976”.

El colegio atraviesa la historia de varios desaparecidos. Carlos, el esposo de Silvia. Pero también Francisco Manuel Heredia, Pancho, que “venía de una familia de abogados. Su padre era camarista, hombre de Tribunales”. Félix Eduardo Picardi venía de una familia de comerciantes. Su padre fue militante político y funcionario después del ‘83. También Carlos Miguel Tillet, que vivía en el “centro”, a una cuadra de la plaza. El padre era de una familia que regenteaba una feria de ganadería. También Carlitos Agosti. Un sexto es Luis Eduardo Goichochea, asesinado el 27 de octubre de 1976 y preceptor de la escuela. Salvo Carlos Cardinal, el resto militó en la JP. Parte de la militancia la hicieron en La Plata y Buenos Aires, donde, en general, estudiaron.

Javier Casaretto, en cambio, como Stella Maris, fue secuestrado en Mercedes. Junto a Juan Carlos Benítez y Arturo Chillida, fue torturado en el Regimiento VI, y luego los llevaron a El Vesubio, publicó Página/12.

El cementerio
El cementerio municipal fue zona de disputa estos días. Están ahí los tres curas palotinos asesinados en la Iglesia San Patricio: Pedro Duffau, Alfredo Leaden y Alfredo Kelly. Desde el año 2000 descansan los restos de madre e hija Carnaghi, secuestradas el 4 de agosto de 1976. Es el lugar donde está Stella Maris Bojorge. “A los 23 años te arrebataron del hogar pretendiendo de-saparecer tu identidad, tus ideales y tus sueños. ¡No lo lograron!”, dice la placa.

Patricia, Silvia y Ciro están en la mesa de un bar. Veinte años dicen que pasó hasta que salieron las caras de los desaparecidos a la calle. “En las relaciones entre familias que existían, era todo por debajo, porque todo el mundo conoce a todo el mundo, todo el mundo era amigo de todo el mundo. Todo el mundo sabía lo que pasaba. A los 20 años, en 1996, se hace la primera manifestación de la Comisión de Familiares y Amigos –dice Patricia–, hasta recuerdo que salíamos a buscar fotitos porque de algunos no teníamos, como de Carlitos Agosti. Yo tenía un vecino que hacía planos para tendido eléctrico, con una máquina muy grande... Va la primera fotito chiquita, carnet, porque no teníamos fotos de nuestros seres queridos y muchas estaban recauchutadas como de negativos. Y empezaron a aparecer de tamaño gigante y los papeles se llenaban y fue muy emocionante porque dinamizó todo.”

En 1998 Videla perdió el status de ciudadano ilustre al ser declarado persona no grata por impulso de la comisión que logró la aprobación del Concejo Deliberante. Ese año se hizo el escrache a Caserotto. El Regimiento se trasladó a La Pampa en 1992. Martín, el hijo de Carlos Cardinal, tiene hoy 40 años y tres hijos, Lucas, Clarita y Santiago. El próximo 21 de julio, que cae domingo, Silvia tiene ganas de ponerle su nombre a la calle en la que vivió. Las calles que rodean al colegio San Patricio llevan el nombre de los curas. Una ordenanza municipal habilita esa práctica. Nadie lo hizo todavía. Silvia dice que ayer se lo comentó a su nieto Lucas. “¿De verdad, abuela? –le dijo–. ¿Entonces lo encontramos?” “No –le dijo ella– pero el nombre está vivo.” Lucas le respondió: “¿Y puedo ir a ponerle una flor?”.

Fuente:AnalisisDigital

El Siluetazo desde la mirada de Eduardo Gil, en el Parque de la Memoria.

27.05.2013
El Siluetazo desde la mirada de Eduardo Gil, en el Parque de la Memoria
El día en que los desaparecidos tomaron forma de silueta de papel 
Una exposición de fotografías tomadas por Eduardo Gil durante la III Marcha de la Resistencia realizada el 21 de septiembre de 1983 recupera una de las acciones artístico-políticas más memorables de la historia argentina. 





Por: Ivana Romero
En el documento se lee: "Propuesta: realizar 30 mil imágenes de figuras humanas a tamaño natural realizadas por todas las entidades y militantes de distintos sectores que coincidan en reclamar por los derechos humanos". Y también: "Objetivos: 1) reclamar por la aparición con vida de los detenidos por causas políticas (…) 2) Darle a la movilización otra posibilidad de expresión y perdurabilidad temporal. 3) Crear un hecho gráfico que golpee al gobierno a través de su magnitud física y desarrollo formal." Así comienza el texto presentado a las Madres de Plaza de Mayo en septiembre de 1983 con la firma de Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores y Guillermo Kexel. Por entonces, estos artistas no sabían que esa acción estética y política que habían ideado perduraría hasta el presente. No sabían que le estaban dando forma a lo que, con el tiempo, se conoció como "Siluetazo". 

Mientras tomaba fotografías, Eduardo Gil tampoco tenía conciencia plena de que estaba documentando un hecho histórico, pero sí intuía que en esas figuras de pie, todas iguales, comenzaba a representarse lo irrepresentable: el vacío dejado por las personas desaparecidas. 

Se cumplen treinta años de esta experiencia de arte popular, que se realizó durante la Tercera Marcha de la Resistencia, el 21 de septiembre de 1983, con la dictadura militar aún en el poder. Por esa razón, el Parque de la Memoria inauguró la muestra El Siluetazo desde la mirada de Eduardo Gil. Se trata de una serie fotográfica con imágenes tomadas ese día, pero también incluye fotos de la Segunda Marcha de la Resistencia realizada en 1982 y una instalación visual, "Los ojos", realizada en 1997.

"La pregunta sobre cómo representar lo irrepresentable, cómo dar visibilidad a la presencia de una ausencia se aloja en el núcleo de los debates en torno de las paradojas de la representación. El 'siluetazo' fue, en este sentido, una acción estético-política que logró simbolizar la desaparición y articular de manera emblemática el arte con una demanda social colectiva: la aparición con vida de miles de desaparecidos durante la última dictadura militar", explica Florencia Battiti en el texto curatorial de la muestra. Esa primavera de 1983, artistas, organismos de Derechos Humanos y organizaciones sociales improvisaron un taller al aire libre con la Plaza de Mayo como epicentro. Usando plantillas, comenzaron a delinear siluetas humanas sobre papeles, que luego pegaron verticalmente sobre las paredes de los edificios aledaños (por ejemplo, la Catedral metropolitana), sobre otros carteles existentes, árboles, o donde fuera visible. Este gesto fue el puntapié para que el público se apropiara inmediatamente de la tarea. Cientos de manifestantes aportaron otros materiales para realizar las siluetas, "pusieron sus cuerpos" –como muchos contaron luego– para bosquejarlas y se sumaron a la pegatina impulsada por los organizadores. 

La frase "poner el cuerpo" adquiere en este marco un significado que Ana Longoni describe en el texto de apertura de El Siluetazo (un libro que compila documentos y testimonios, entre ellos, varias fotos de las que se exhiben ahora, editado por Adriana Hidalgo). "Ocupar el lugar del ausente es aceptar que cualquiera de los presentes podría haber desaparecido, correr esa incierta y siniestra suerte. A la vez, encarnarlo es devolverle una corporeidad –y una vida– siquiera efímera. El cuerpo del manifestante en lugar del desaparecido como soporte vivo de la elaboración de la silueta es el rasgo del Siluetazo que habilita aquellas lecturas que entienden la silueta como una huella que respira."

También el fotógrafo cuenta que sintió que se trataba de eso, de poner el cuerpo. Y que en su caso, el modo era dejar testimonio. "Yo estaba trabajando mucho en el Hospital Borda, con talleres primero y con imágenes después. La gente del Borda participaba de estas marchas a través del Movimiento Solidario de Salud Mental, así que fui a la Plaza de Mayo en el '83 un poco por eso, pero básicamente porque era lo que debía hacer", cuenta Gil, que fue aviador, taxista, estudiante de Sociología. También, jefe del departamento exterior de una multinacional y su delegado general, al mismo tiempo. "Ya sé, no se corresponde con el cliché", sonríe, mientras enumera todo aquello "que en definitiva constituye la mirada". ¿Por qué? "Porque somos producto de nuestra propia historia y miramos a través de ella."

Para entender que ningún fenómeno puede ocurrir sin una historia previa, la muestra incluye algunas imágenes previas al Siluetazo, tomadas durante la marcha de 1982, que Gil también documentó. Como la de una multitud que marcha junto a las Madres o la de cuatro niñitos que llevan un cartel junto a una mujer con la leyenda "Que aparezca con vida mi papá". 

Es que la dictadura comenzaba a retroceder por entonces y, al mismo tiempo, las primeras huellas del genocidio ganaban las calles. Los familiares de las personas detenidas-desaparecidas dejaban de ser voces clandestinas para ocupar el espacio público y exigir justicia. La toma de la plaza por parte de quienes reclamaban por sus seres queridos era una forma de salir de las fronteras de la muerte que había impuesto el silencio. Y uno de los primeros gestos para comprometer a toda la sociedad.

"Sí, claro que recuerdo las siluetas pegadas en las paredes en 1983, los policías no sabiendo muy bien qué hacer, mirando para otro lado, como en la foto 'Siluetas y canas'", comenta Gil. Y enfatiza: "Pero lo más fuerte era esta gente que hacía y compartía el hacer. Gente que no era un grupo de amigos. Gente que no necesariamente era artista o militante. Este aporte de rodillos, pinceles… La sensación era de cosa fuerte, colectiva. Gente participando de algo muy grande. Y la Plaza de Mayo tomada en medio de una dictadura que se iba."

El Siluetazo –que por entonces no tenía nombre– fue piedra de toque de una serie de siluetazos posteriores que se realizaron a partir de 1984 y que se expandieron sin pedir permiso por los espacios públicos de todo el país. "La exhibición de estas imágenes (…) posibilita hoy la reflexión crítica sobre una de las acciones artístico-políticas más memorables de la historia argentina, nos interpela para que pensemos en la inquietante vigencia que aún proyectan", finaliza el texto curatorial de Battiti.   
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La muestra
El Siluetazo desde la mirada de Eduardo Gil se puede ver en la Sala Presentes Ahora y Siempre del Parque de la Memoria (Avenida Costanera Norte 6745). De lunes a viernes de 
10 a 17; sábados, domingos y feriados 
de 12 a 18. Gratis.
Fuente:TiempoArgentino               

26 de mayo de 2013

DOCUMENTOS PARA LA HISTORIA.

Documentos para la historia 
Año 6. Edición número 262. Domingo 26 de mayo de 2013
Por Gabriel Rot. Coordinador del colectivo El Topo Blindado 
contacto@miradasalsur.com
La riquísima tradición de luchas populares en la Argentina está abonada por acontecimientos que merecen una particular atención debido a la experiencia de organización y rebeldía que nos ha legado. La Resistencia Peronista, la fuga y posterior masacre de Trelew, la resistencia a las dictaduras, las diversas insurrecciones provinciales, el Devotazo son algunas de ellas. Reivindicadas con una impronta legendaria y heroica, las luchas populares no siempre han sido abordadas con el debido acompañamiento de los documentos que sus protagonistas produjeron, una carencia que el colectivo El Topo Blindado intenta contribuir a salvar tanto a través de sus ediciones en papel como de su sitio web (www.eltopoblindado.com), socializando hasta ahora más de 2.200 documentos. En ese sentido, la presentación de nuestro libro El Devotazo Fotografías / Documentos constituye un paso más en nuestra elección política de socializar materiales de enorme importancia en la construcción de la memoria popular y su reflexión crítica, recuperando las fotografías, por primera vez de manera completa en nuestro país, que Alicia Sanguinetti, detenida en el penal de Villa Devoto, y su hermano Ricardo desde afuera, tomaron durante la histórica jornada en la que los presos políticos recuperaron su libertad, el 25 de mayo de 1973, en virtud de una presión popular que no concedió un solo día de espera. Por supuesto, tal como hacemos con cada una de nuestras publicaciones, en unos pocos meses también esta edición será subida a nuestra página, para que cualquier usuario, sin costo ni restricción alguna, pueda acceder a cada una de tan fantásticas imágenes.
Nuestro trabajo apunta a desandar un importante corpus de teorización manifiesto en numerosos textos y polémicas que, con sus claros y oscuros, constituyen la memoria de una acumulación de experiencias, configurando un soporte esencial para la comprensión y reflexión de nuestra historia reciente y para el enriquecimiento de la práctica política de las nuevas generaciones. Por otra parte, la labor de El Topo Blindado apunta a desmitificar la idea demonizadora de acreditar el desarrollo de la violencia revolucionaria en nuestro país a meros impulsos juvenilistas y sus supuestas pulsiones de muerte, despojando de sentido a una intervención política que las secuencias documentales dejan al descubierto.
Con esta premisa, ponemos al alcance de los lectores y usuarios en forma totalmente gratuita los hechos a través de sus testimonios más directos –comunicados, volantes, afiches, fotografías, revistas y periódicos, declaraciones, etc.–, con el criterio de que sean los propios protagonistas quienes expliquen y legitimen su accionar.
Esperamos que esta última publicación sea un aporte más al conocimiento y la comprensión de un pasado cercano y omnipresente.

Fuente:MiradasalSur

EN RAWSON, CON MEDIALUNAS.

En Rawson, con medialunas
Año 6. Edición número 262. Domingo 26 de mayo de 2013
Por Alberto Elizalde Leal 
politica@miradasalsur.com
De Rawson a Ezeiza. La militancia invadió el aeropuerto para recibir a los liberados en Rawson.
Cárcel de Rawson. 25 de mayo de 1973. Es una hermosa y fría mañana de otoño, inundada del aire purísimo de la Patagonia. Desde el triunfo popular del 11 de marzo, los presos políticos esperamos, con fundada expectativa, el momento en que se concrete, junto con la asunción del gobierno de Cámpora, nuestra ansiada libertad. En días previos, muchos legisladores y dirigentes políticos nos visitan para manifestar, con diversos matices, su compromiso con la causa de la libertad de los militantes populares. Los diputados de la tendencia son los más entusiastas y los más convencidos de que la liberación será un simple trámite, una rápida amnistía o un decreto de indulto. Los presos del PRT y del resto de la izquierda –llevados por la inveterada desconfianza hacia los “gobiernos burgueses”– no confiamos mucho en el cumplimiento de esas promesas y estamos en huelga de hambre desde hace unos días. Los presos montoneros y de la FAR, obviamente, no participan. Igualmente, la camaradería y el compañerismo se mantienen intactos. De pronto, por los parlantes en los pabellones se transmite el discurso de Cámpora en el Congreso Nacional. Se escuchan palabras impensadas en una asunción presidencial: “Héroes y mártires”, “las ofensas que no serán olvidadas”, “el camino de la liberación”. Casi sin darnos cuenta, sin mucha discusión, en una suerte de decisión colectiva, el bloque de izquierda levanta la huelga de hambre, motivada también, hay que decirlo, por el humeante chocolate patriótico y las recién horneadas medialunas que la cocina del penal ha mandado a los pabellones. El clima es festivo, después de las encendidas palabras del Tío ya no quedan dudas, no se puede ser consecuente al halagar a los héroes y los mártires de la juventud que lucharon contra la dictadura sin concretar de forma inmediata nuestra liberación. En las calles, miles de personas ya marchan hacia las cárceles con una sola consigna: “Primera ley del frente, libertad a los combatientes”.
Fuente:MiradasalSur

UNO, DOS, MUCHOS DEVOTAZOS.

Uno, dos, muchos devotazos 
Año 6. Edición número 262. Domingo 26 de mayo de 2013 
Por Ignacio Vélez. Fundador de Montoneros
contacto@miradasalsur.com


Otros tiempos. Ignacio Vélez en la cárcel de Córdoba.
Para dejar las cosas claras de entrada y que no haya confusiones: hubo sin duda muchos Devotazos. Uno, protagonizado por decenas de miles de compañeros que luego de saludar con euforia el juramento del Tío Cámpora marcharon a la cárcel de Devoto a exigir el cumplimiento inmediato de la consigna que marcó a fuego todos los actos de la campaña “Cámpora presidente, libertad a los combatientes”.
Otro, el de cada uno de nosotros. Pleno, lleno de sueños y alegrías, pero también en algún lugar, temeroso (pensemos de dónde veníamos) por esa vida ilimitada, llena de victoria que se abría ante nosotros
Recuperar la libertad, los compañeros, la militancia, los amigos, la familia llena de hermanos, nueras, tíos y sobrinos. Los amores que a veces tenazmente se conservaron y el duelo por otros muchos que se perdieron por trágicas ausencias o por la soledad difícil de soportar de la clandestinidad.
Allí, a metros nuestros, estaba todo lo mas hermoso de la vida: la historia en los rostros, los abrazos, los besos, en el cariño reparador de todos, y de cada compañero.
Pero en el devotazo personal, al menos en mi caso, pesaban otras preocupaciones. Volvía a la vida, a la libertad en una coyuntura compleja donde la lógica amigo-enemigo lo empapaba todo. El poder criminal, cívico-militar, estaba preparando el escarmiento. Y tenía como aliados a importantes sectores dentro del peronismo. Y eso era gravísimo en lo político-social y peligroso en lo personal. Yo, nosotros, los Sabinos, estábamos convencidos de que era el momento de masificar la política democratizadora. De reconstruir el movimiento desde sus bases militantes fortaleciendo su rebeldía transformadora. De evitar la guerra de aparatos. De la necesidad urgente de bajar los niveles de violencia
Y sentíamos que era casi imposible. Que el poder no perdonaría. Que estaban como siempre decididos a usar la violencia más brutal en defensa de sus intereses.
A partir de la victoria del 11 de marzo se sucedieron situaciones tan increíbles como la coyuntura. Cuando me trajeron a Devoto desde Rawson, me metieron en un calabozo para tomarme las huellas digitales. En ese momento tiran en el calabozo de al lado a una pequeña mujer. Cuando nos miramos, comenzamos a llorar de alegría, a hablarnos, a gritarnos. Era mi pareja a la que hacía años que no veía. Estaba en la clandestinidad después de la fuga del Buen Pastor y, justo la tarde anterior, había sido detenida. Lo recuerdo con mucha emoción. Fue increíble.
Fueron días inagotables y llenos de emociones cruzadas. A fines de abril, mientras lo abrazaba en su llanto desconsolado, tuve el inmenso dolor de informarle al Gallego Fernández Palmeiro que su hermano, por quien él se había cambiado para que se fugara, había sido asesinado cuando se retiraba luego de darle muerte al contraalmirante Hermes Quijada, uno de los cómplices de la masacre de Trelew .
Pero al rato, volvía a mi celda que compartía con Paco Urondo, y nuestro poeta me invitaba a charlar con Julio Cortázar, que venía a visitarlo.
Y luego, a la noche, nos trenzábamos en discusiones políticas frontales que me desesperaban. La organización político-militar de cuya fundación había participado no comprendía la gravedad que significaba continuar la guerra de aparatos con la derecha. Seguía abrazada a las armas y continuaba desafiante el proceso que la llevaba inevitablemente al enfrentamiento con Perón al pretender disputarle la conducción del movimiento.
Al atardecer del 25, la puerta de la celda que estaba entornada se abrió violentamente y apareció con los brazos abiertos y una inmensa sonrisa Juan Manuel Abal Medina. Ese es uno de los abrazos más importantes de mi vida. Sentí que los dos, en el otro, abrazábamos a Fernando.
Luego la noche se llenó de afectos, apretones y besos. Decenas de compañeros que parecían miles me llevaban en andas, antes de salir siquiera del pabellón y de mi emoción.
Caminaba abrazado con Iván Roqué hacia la libertad lleno de alegría pero con las preocupaciones señaladas. Ellos, mis hermanos, mis queridos compañeros con quienes compartía el reconocimiento reparatorio del cariño popular, seguirían en Montoneros, convencidos de que había que condicionar al gobierno popular aun a costa de dificultar la democratización del país.
Esa noche rehusé ir al balcón de Avenida La Plata. Era Sabino crítico y también Montonero. Esa era mi historia. Pero me negué a abrazarme a esa conducción que ya era presa del exitismo armado, avalado por el perejilismo. Una “patrulla perdida”.
Con mi compañera, nos refugiamos con Antonia Canizo y su compañero Pipo y fue volver a casa al cariño de los compañeros mas queridos.
La primavera duró poco, y sin otoño, llegó el frío invernal que nos desgarró como pueblo y nos arrancó brutalmente la alegría.
Hoy la estamos reconstruyendo y ya podemos ver las primeras flores. Vino cargada de pasiones y principios con Néstor y Cristina.
Fuente:MiradasalSur

EL DEVOTAZO: “Tratamos de convertir la cárcel en una escuela de cuadros”.

“Tratamos de convertir la cárcel en una escuela de cuadros” 
Año 6. Edición número 262. Domingo 26 de mayo de 2013
Por Alicia Sanguinetti. Extracto del libro El Devotazo
politica@miradasalsur.com
Liberados. Alicia sanguinetti, su compañero Alberto “el capitán” Munárriz, desaparecido en 1974, y Marcelo “el mono” Pistán.
El Devotazo. Alicia Sanguinetti, fotógrafa, militante presa del PRT, documentó con una cámara ingresada de contrabando a Villa Devoto el momento de la liberación de los presos políticos el 25 de mayo de 1973.
Provengo de una familia muy comprometida con la política, a pesar de no estar afiliados a ningún partido. Un abuelo paterno anarquista, un abuelo alemán socialista. Por su lado, mis padres, Anne-Marie Heinrich, fotógrafa, y Álvaro Sol, escritor, ambos eran socialistas que volcaron su militancia en la Junta de la Victoria y en el Consejo Argentino por la Paz. En la casa paterna solía haber mucha presencia de artistas y militantes políticos. (...)
Ya en la escuela secundaria me acerqué al Partido Comunista a través de la Federación Juvenil Comunista, la Fede; posteriormente me contacté con otra organización, Vanguardia Comunista, de orientación maoísta. En ambas agrupaciones estuve muy poco tiempo, ya que también tempranamente me relacioné con el Frente Antiimperialista de Trabajadores de la Cultura (Fatrac), que era el frente cultural organizado por el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). Poco tiempo después, en 1969, me incorporé al PRT-ERP (...)
Fui detenida el 8 de julio de 1970, con motivo de una acción que se iba a realizar como manifestación de protesta por el desfile militar que la dictadura, encabezada por entonces por el general Alejandro Agustín Lanusse, realizaría para celebrar el Día de la Independencia Nacional. Todo el equipo fue detenido. Yo tenía 25 años. (...)
Fuimos detenidos cinco militantes. De la comisaría 2da., nuestro primer destino, pasamos los cinco a Coordinación Federal. Posteriormente, más o menos al mes, las compañeras fuimos trasladadas a la Cárcel de Mujeres, bajo la dirección de unas monjas. Al final, terminamos inaugurando el Pabellón de Mujeres en la Cárcel de Villa Devoto, pero al tiempo fuimos nuevamente derivadas, esta vez al penal de Rawson. Después de la fuga de agosto de 1972 y la posterior masacre de Trelew, las compañeras nuevamente volvimos a Villa Devoto, imponiéndonos un régimen de aislamiento de “máxima peligrosidad”. (...)
Tratamos de convertir la cárcel en una escuela de cuadros, tal la línea emanada por el partido para todos los militantes en reclusión. Hacer de la experiencia carcelaria una experiencia útil. La idea era seguir formándonos en todos los aspectos, política y humanamente, para regresar a la libertad y seguir militando. En Villa Devoto nos reuníamos por equipos que compartíamos con compañeras de otras organizaciones, con las que manteníamos una excelente relación. (...)
En esos equipos se estudiaba historia y economía, y se realizaban lecturas y charlas. También debatíamos nuestras diferencias políticas. Además, realizábamos trabajos prácticos de tejidos que nuestros familiares después vendían afuera del penal. Esas ventas contribuían para ayudar con nuestros gastos en el penal. (...)
La victoria del Frejuli fue festejada con todos los compañeros, ya que sentíamos que se daban las condiciones para una mayor posibilidad de salir en libertad, y tras ello, reincorporarnos de inmediato a la lucha. (...)
Todos estábamos por la amnistía, el indulto o lo que nos permitiera salir en libertad y volver a la militancia externa. Creíamos que se iba a dar la liberación en algún momento, pero que no había que dejar de pelearla para que la liberación de los presos políticos se diera lo antes posible y que no hubiera ninguna tentativa de dar marcha atrás. (...)
En aquellas épocas mi relación con la fotografía era muy poca, ya que yo estaba militando a tiempo completo. La fotografía, por el momento, constituía una materia postergada. (...)
La cámara me llegó el 24 de mayo, un día antes de nuestra liberación. Ese día, las requisas en el penal eran mucho más relajadas y, siendo justamente día de visitas, mi hermano Ricardo, que estaba haciendo fotografías en la calle para documentar el clima que se vivía en esos días, pudo ingresar a Villa Devoto con la cámara medio oculta. Esos días las visitas pudieron hacerse con contacto físico directo, reencontrándonos los detenidos con nuestras familias en el patio del penal, y no a través de rejas como antes. Al irse, Ricardo me pasó la cámara. (...)
La verdad es que mi idea en esos momentos era simplemente documentar el ambiente festivo que se vivía en el penal, con la ilusión de que podíamos llegar a salir en libertad. Pude trabajar bastante libremente en el pabellón en el cual estábamos nosotras y también acercarme a las escaleras que llevaban al piso inferior. (...)
El rollo ese quedó en el estudio fotográfico de mi familia, oculto, sin tomar en consideración lo que esas imágenes significaban. Dado que después de la liberación continué militando, y más tarde de manera clandestina, mis padres guardaron celosamente el rollo fotográfico, al igual que recortes de diarios y otros recuerdos. Todo ese bagaje de recuerdos e historias los recuperé recién en 1983, cuando volví a mi vida legal.(...)
Viendo en esos momentos el rollo y las fotos, lo reviví como un material histórico que debía estar en manos de los Archivos de la Memoria. Es así como ese material fue a parar al Archivo Nacional de la Memoria (ANM), en la ex ESMA. También una muestra fotográfica completa fue donada al Museo de la Memoria de la Plata. Es un material histórico y que debe estar al servicio de nuestra historia. La historia de nuestro país.

Fuente:MiradasalSur

PRIMAVERA CAMPORISTA.

Un gabinete sorpresivo 
Año 6. Edición número 262. Domingo 26 de mayo de 2013 
Por Jorge Luis Bernetti. Escritor
politica@miradasalsur.com
El 25 de mayo de 1973, arrancaba en el país el gobierno de Héctor José Cámpora. Bajo la consigna “Perón al gobierno el Tío al poder”, fue una primavera democrática de 49 días que marcó la historia.
A partir del 15 de abril de 1973 y hasta el 25 de mayo de ese año, se ingresa en un nuevo estadio de la lucha interna del peronismo en el proceso de regreso al gobierno. De manera intensa ella se manifiesta alrededor y sobre la cúpula del Movimiento.
Perón, ganador neto en la escena política de esos días, comienza a fijar los límites y caminos por donde deberá transitar el nuevo gobierno justicialista. Empero, con el tradicional estilo indirecto de sus maniobras tácticas (el juego pendular de equilibrios y contrapesos entre las alas y sectores del peronismo), aquellos se manifiestan a través de un recorrido parabólico.
A partir del cónclave del juicio a Galimberti y Abal Medina en Madrid el 29 de abril, las fuerzas del peronismo comienzan a reacomodarse en función de la disputa en torno a la constitución del gabinete presidencial. Como se ha visto, la dupla Isabel-López Rega comienza a desarrollar de manera agresiva su juego que también se manifiesta en la cuestión de la conformación del elenco que debería acompañar al futuro presidente.
Por su parte, Montoneros-Far se hacen presentes directamente en el área de definición del gabinete. Es en este lapso cuando aquellas organizaciones guerrilleras elevan a Perón una lista de unos trescientos nombres con indicaciones acerca de los cargos que podrían ocupar en la función pública.
Por su parte, el presidente electo realizó dos viajes a Madrid para entrevistarse con Perón con anterioridad a la asunción del gobierno, tema ya mencionado en el capítulo anterior. Parece sensato entender que, entre otros temas, conversaron acerca de la designación del gabinete, como surge de los testimonios mencionados a propósito de la cumbre cuestionadora de la política revolucionaria.
No existen testimonios de Perón y Cámpora al respecto. Pero resulta evidente que Perón no fue ajeno a este proceso, como no lo fue respecto de cualquier acto de significación trascendente de su movimiento. En cuanto a Cámpora, ¿es posible estimar que se hubiera manejado frente a Perón con independencia absoluta a este respecto? Su trayectoria en el Movimiento, y especialmente en el proceso reciente, obligan a desechar esta hipótesis.
En el juego de propuestas (de Cámpora) y sugerencias (de Perón) podría encontrarse un balance de este proceso. La clave está en los límites de ese recorrido del presidente al líder y hasta qué punto la autonomía del poder vicario podía relativizarse para jugar políticas propias. En este punto se instala la polémica acerca de las características que presenta el gabinete con el que se inicia el gobierno peronista de 1973.
Aquí también se manifiesta la acción de Isabel Perón y López Rega para disponer de alguna fuerza en el gobierno del presidente Cámpora para poder continuar desde el poder la conspiración ya analizada a partir de la reunión de Madrid de mediados de abril. Conviene recordar que todavía no se habían apagado los ecos de su apoyo a la política de la victoria. Conviene recordar que Isabel y López Rega habían impulsado la defenestración de Paladino y la designación de Cámpora como delegado, estando de acuerdo inclusive con la promoción de la juventud peronista al Consejo Superior.
En definitiva, el gabinete quedó integrado de la siguiente manera: Esteban Righi (Interior); Ricardo Otero (Trabajo); José B. Gelbard (Hacienda y Finanzas); Juan Carlos Puig (Relaciones Exteriores); Jorge Taiana (Educación); Angel Robledo (Defensa); José López Rega (Bienestar Social); Antonio Bení-tez (Justicia).
El ministro de Trabajo, Ricardo Otero, era un viejo colaborador de Augusto Vandor, el antiguo secretario general de la UOM. Otero desempeñaba la secretaría Capital Federal de la UOM, por seis períodos consecutivos, desde 1967 hasta su toma de posesión. Nacido en España, argentino naturalizado con residencia en la Argentina desde niño. Otero contaba con 49 años al jurar el cargo. José Gelbard había nacido en Polonia en 1917 y como Otero arribado de niño a la Argentina donde se había nacionalizado. Había sido redactor del “Acta de Catamarca”, documento que había dado origen a la Confederación General Económica (CGE), entidad que presidió de 1953 a 1955, luego de 1962 a 1968 y finalmente de 1970 hasta marzo de 1973. Fue actor relevante en la redacción del Plan Conjunto CGE-CGT de septiembre de 1972 y de su recreación como “Sugerencias del Empresariado Nacional para un programa de gobierno” en marzo de 1973.
Puig, con 45 años de edad, ingresó al gabinete nacional luego de una carrera académica. Doctor en diplomacia, Puig había dictado cursos en la Universidad del Salvador y la Católica Argentina y desempeñaba el cargo de decano de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad de Rosario (su ciudad natal), en el momento de su designación. También el nuevo canciller había desempeñado las funciones de asesor en política exterior en la Secretaría del Consejo Nacional de Seguridad (Conase) y la Dirección Nacional de Política Fluvial Internacional de la Subsecretaría de Recursos Hídricos. Era considerado un experto en los temas referentes a la Cuenca del Plata. Jorge Taiana, médico, de 62 años en 1973, ejerció la cátedra de cirugía torácica desde 1936 hasta 1952, cuando asumió el decanato de la Facultad de Medicina de Buenos Aires y luego el rectorado de la Universidad homónima en 1954. Angel Robledo, por su parte, egresa como doctor en leyes de la Universidad del Litoral (Rosario) en 1953. Fue diputado provincial peronista por dos mandatos consecutivos; en la segunda ocasión presidió el bloque justicialista. Fue integrante de la Convención Reformadora Constituyente Nacional en 1949 y en la misma época presidió la Convención Reformadora provincial en Santa Fe. José López Rega, cabo de la Policía Federal en la primera presidencia de Perón donde formó parte en alguna ocasión de su cuerpo de custodia, era secretario privado de Perón en su destierro madrileño desde los primeros años de la década del ’60. Antonio Benítez, nativo de Rosario, fue electo diputado nacional en 1946, cargo que sostuvo hasta 1955, presidiendo la Cámara respectiva desde 1953. En la etapa previa al 11 de marzo fue uno de los apoderados legales del partido Justicialista. Esteban Righi, abogado, era el integrante más joven del gabinete y el más ligado personalmente al presidente Cámpora.
En medios del peronismo duro existió en aquellas circunstancias cierta convicción de que el equipo gobernante había sido formado por Perón y sugerido o impuesto al electo mandatario.
Sin embargo, un exponente de esta orientación en la época, Galimberti, señala: “No creo que Perón le impusiera ninguna figura a Cámpora, ni siquiera Gelbard, que creo de todo ese gabinete es la figura menos cuestionable”.
(Conviene recordar que Gelbard, quien nunca había tenido militancia justicialista, había desarrollado buenas relaciones con el gobierno de Lanusse. Fue durante el mismo que logró ganar con una de sus empresas –Aluar, Aluminio Argentino– el llamado a concurso para construir la primera planta productora del metal en Argentina. Por dicha operación se produjo en el propio gobierno peronista, luego de la salida de Gelbard del gobierno, una investigación parlamentaria y el propio Lanusse fue juzgado por la justicia del golpe del 24 de marzo de 1976.)
Pero la pieza más disonante del equipo del 25 de mayo fue, sin duda, José López Rega. El Ministerio de Bienestar Social (MBS) a su cargo abarcaba cuatro secretarías de Estado: Salud Pública, Vivienda, Seguridad Social y Turismo y Deportes. Esta última fue adjudicada al coronel (retirado) Jorge Osinde, de la especialidad de inteligencia, de firme ubicación en el ala derecha del justicialismo. El MBS pasaría desde el 25 de mayo a convertirse en el principal instrumento de la conspiración del poder personal, a la que brindó significativa apoyatura logística.
La izquierda peronista quedó sorprendida y desencantada por el equipo de Cámpora. Esa sensación es descripta por Galimberti: “Frente a Perón, Cámpora podía haber defendido una determinada composición del gabinete. Perón no tenía una definición tajante sobre el punto. El gabinete de Cámpora fue un intento de incluir a todas las corrientes internas. Fue un error. Había que haber logrado una representación de los sectores que expresaban la política revolucionaria del Movimiento. Sobre esa política había llegado el peronismo al poder después de 18 años. Y, sin embargo, esa orientación no estaba presente en el elenco ministerial. La cuestión era no perder en la mesa de negociaciones lo que se había ganado en la lucha. Nosotros, los que habíamos participado intensamente en la conducción táctica y en el Regreso, teníamos una gruesa responsabilidad en la victoria. Esa responsabilidad y representatividad nos fue mezquinada por una política vacilante de la cual el principal responsable fue el entorno del doctor Cámpora y el propio Cámpora. Él debió haber discutido con Perón cómo había sido la victoria del peronismo, en su carácter de delegado de Perón y presidente electo de los argentinos. Cámpora debió exponer claramente ante el jefe del Movimiento la posición revolucionaria. No lo hizo y ése fue el principal error de su conducción en el gobierno”.
En el gabinete del Frente Justicialista, los partidos aliados no tuvieron casi ninguna representación. La excepción la constituyó la designación de Horacio Zubiri para ocupar la Secretaría de Obras y Servicios Públicos. Especialmente significativa fue la ausencia del frondicismo que aspiraba, sin duda, a disponer de una influencia relevante en el área económica.
La integración del equipo de Cámpora constituyó un tema de polémica en su momento y en el del análisis histórico. Las fuentes camporistas, es decir, del equipo de asesores personales del mandatario, entregaron al autor su versión acerca de la constitución del discutido gabinete. En esta interpretación se señala que existieron cinco categorías en el origen de las designaciones ministeriales: a) los hombres nominados directamente por Perón, quienes habrían sido Gelbard y López Rega; b) los “conversados” entre Perón y Cámpora, pero sugeridos por el Líder, como Taiana y Benítez; c) los igualmente “conversados” entre ambos, pero propuestos por el presidente electo: Righi y Puig; d) el designado directamente por el presidente electo, sin consulta con Perón, que sería el caso de Robledo; e) el cargo de Trabajo planteado por las 62 Organizaciones para Otero, luego de una competencia que esta fuente menciona, a diferencia de otra que se ha citado con anterioridad, con Casildo Herreras, titular del gremio de obreros textiles. Y, por último, la fuente aludida habla del ministro “que no fue”: Raúl Matera. Éste iba a ser designado como cabeza de una nueva cartera a crearse –la de Planificación–, pero finalmente no pudo ser nominado por la limitación establecida por la Constitución al número de ministerios”.
El juicio de Abal Medina es también crítico sobre el elenco formado. En declaración al autor señaló: “Los sectores revolucionarios no contaban con representación alguna. La designación de López Rega fue un disparate y la de Robledo un gravísimo error del Presidente, sobre todo conociendo como conocía el aventurerismo del personaje. Tuve la certeza de que si bien Cámpora consultaba los nombres con Perón, él hacía las designaciones. Yo me enteré de los nombres en la mañana del 25 de mayo a través de un periodista –Fossati– un rato antes de que comenzara la Asamblea Legislativa. Antes de la jura y en presencia de Pedro Cámpora hermano del presidente y senador por Mendoza, le dije a Cámpora mi opinión absolutamente negativa. En cambio, Cámpora estaba encantado con sus colaboradores. Me hizo, en particular, un encendido elogio de Robledo y me contó entonces que faltaba Matera para constituir un gabinete de lujo”.

Aquella primavera en fotos 
Año 6. Edición número 262. Domingo 26 de mayo de 2013
Por Miradas al Sur 
contacto@miradasalsur.com
Fuente:MiradasalSur

24 de mayo de 2013

PELIGROSA MATRIZ.

Peligrosa Matriz
Verguenza argentina: para hacer memoria y reflexionar por qué hay tanto sustento nazi en nuestra cultura.
Las imagenes nos permiten tomar dimención de dónde venimos y hasta cuánto todavia tenemos que profundizar nuestra lucha y esfuerzo para borrar para siempre el terrorismo de estado. No olviamos, no perdonamos, juicio y castigo a los responsables materiales, intelectuales y a los que financiaron al régimen. MITIN DE APOYO AL III° REICH EN EL LUNA PARK - 1938 
La Argentina nazi 
Fue el mayor mitin de ese tipo realizado nunca fuera de Alemania 
Pocos recuerdan, la mayoría lo ignora. Sin embargo Argentina ha vivido en estos días el 75° aniversario de otra vergonzosa 'mancha negra' de su historia contemporánea: el masivo mitin de apoyo al III Reich de la Alemania nazi que hubo el 10 de abril de 1938 en el polideportivo porteño Luna Park, el mayor de ese tipo realizado nunca fuera de Alemania. 

Aquel día unos 15 mil nazis argentinos festejaron el 'anschluss' o anexión de Austria por el régimen nazi, en la misma jornada en que Adolf Hitler realizaba en Alemania un plebiscito y ganaba con 99% de votos. La embajada alemana quiso realizar el referéndum en Argentina pero no se lo permitieron y debió conformarse con la 'fiesta'. 

La Alemania nazi siempre soñó con la extraterritorialidad de ultramar y casi lo consigue en Argentina. El partido Nacional Socialista Alemán local alcanzó los 70.000 afiliados. Y muchos de ellos se enfervorizaron en aquel Luna Park a tope de gente coreando "¡Heil Hitler!" y el himno partidario "Horst Wessel Lied". 

Todo en un escenario imponente encabezado con banderas alemanas y argentinas gigantes, cruces esvásticas enormes, uniformes nazi –camisa parda, corbata, cinto, trincha y brazalete rojo con esvástica- y un orden casi militar, según consignó una crónica de época del diario 'La Prensa'. 

Bajo la inscripción en alemán 'Un pueblo, una nación, un conductor', el encargado de negocios de la embajada de Alemania, Erich Otto Meynen, arengó a la concurrencia. El público enloqueció, se puso de pie y bramó "¡Heil Führer!" saludando brazo en alto.

Mientras tanto, en la cercana plaza San Martín, grupos de jóvenes demócratas convocaron a una manifestación anti nazi pero la policía reprimió y causó dos muertos y 57 detenidos. Por entonces Argentina vivía el régimen conocido como la 'década infame' del ’30, gobiernos surgidos de fraude electoral y pro fascistas.
Envío:RM

15 de mayo de 2013

Soaje Pinto, de la Triple A a Papel Prensa.

DENUNCIAN A UN ABOGADO TOP DE LA DERECHA
Soaje Pinto, de la Triple A a Papel Prensa
POR RUBÉN PEREYRA
22.11.2012
El representante de Clarín que intentó agredir a Guillermo Moreno es señalado como presunto partícipe en la desaparición de un militante universitario. Escraches y amenazas.
La historia siempre se repite. Siempre. La primera vez se manifiesta como tragedia, la segunda como farsa. De la mano de la inconcebible defensa de sus privilegios que hace el Grupo Clarín se han montado algunos dinosaurios ideológicos que sacan a relucir todo su odio dormido desde hace años por la vigencia y consolidación de la vida democrática en la Argentina. Algo de todo esto publicó Veintitrés la semana pasada, en una nota del periodista Tomás Eliaschev titulada “El club de los fachos”. Uno de los protagonistas de ese artículo, José María Soaje Pinto, el abogado de Papel Prensa que intentó agredir a Guillermo Moreno, es ahora sindicado como presunto partícipe en la desaparición y asesinato de un militante universitario en los años ’70, además de ser el sospechoso de haber sido el autor intelectual e instigador de la fotografía en la que se ve al secretario de Comercio en un cajón con un tiro en la frente.
Este reverdecer de los militantes del fascismo en la Argentina (como bien lo revela la nota de Eliaschev) no se acaba en las marchas y las consignas que circulan en las redes sociales. Así como en el pasado, sueñan ahora a caballo del Grupo Clarín con imponer su ideología del terror. Por caso, uno de aquellos protagonistas de la violencia de los ’70, Soaje Pinto, apareció de nuevo en escena, primero como defensor de nazis y neonazis y luego como abogado de Papel Prensa. Fue en ese marco que amenazó y quiso agredir al actual secretario de Comercio.

En el currículum de Soaje Pinto, como se consigna en la anterior edición de esta revista, se anotan hitos tales como defender a Facundo Mazzini Uriburu, descendiente del dictador José Evaristo Uriburu, acusado de insultar a una afrodescendiente al grito de “a los negros hay que matarlos a todos de chiquitos”. Soaje Pinto hizo una encendida defensa, en la que alegó: “Esta mujer ni siquiera es argentina”. La frutilla del postre fue su defensa del criminal de guerra nazi Walter Kustchmann, a quien llamaba cariñosamente “Don Walter”.

Soaje Pinto parte I. “¡Cuando leí quién era el tipo que se quería pelear con Moreno no lo podía creer!”. Quien habla es Miguel Ponce, actual gerente de Relaciones Institucionales de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), radical de toda la vida y en los ’70 miembro de la Juventud Radical Revolucionaria. Fue presidente del centro de estudiantes de Ingeniería en el año ’74, cuando desapareció y fue asesinado un militante, Daniel Winner. Para él, el apellido Soaje Pinto no era extraño. “Yo fundé la agrupación Franja Morada de la Juventud Radical Revolucionaria en el ’71. El nombre de Daniel Winner era una institución en Ingeniería, pues fue el dirigente estudiantil que más tiempo estuvo preso durante la dictadura que terminó en el ’73. Con Cámpora en el gobierno entró a Ingeniería un decano normalizador, se hicieron elecciones y ganamos nosotros, por sobre una agrupación peronista y por sobre la izquierda. Yo era el presidente del centro y Winner el secretario gremial, él pertenecía a otra agrupación”, relata Ponce a Veintitrés.

Tras la primavera camporista, con Juan Domingo Perón ya en el país, el general y el líder radical, Ricardo Balbín, llegan a un acuerdo en Gaspar Campos respecto de la vida universitaria. Consistía en que en aquellas facultades donde el centro de estudiantes había sido ganado por el peronismo se designaría un decano de esa extracción, y a la inversa en las facultades donde el centro estuviera controlado por el radicalismo. “Me llamó Raúl Alfonsín –agrega Ponce– y me dice que don Ricardo me quería ver. El Chino me recibió y me pidió que elija un decano para nombrar en Ingeniería. Yo no tenía idea, pero propuse a Hilario Fernández Long, que no era radical pero era una institución en la carrera. Balbín se enojó mucho y me dijo que don Hilario sería un excelente ‘rector en una universidad de la democracia pero nunca un decano en una universidad montonera’. Rechazado Fernández Long, propuse luego a Jorge Roulet (luego conocido por ser el marido de Elva Pilar Barreiro de Roulet, vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires en el período 1983-1987)”.

Los años turbulentos que vivía la Argentina no permitían la vigencia de demasiados acuerdos, ni aun los pactados entre los líderes peronista y radical. Así que el decanato de Roulet terminó abruptamente cuando llegó la misión Ivanisevich-Ottalagano, que nombró a otro decano, de apellido Bonetto, e intervino el centro de estudiantes. Tras la muerte de Juan Perón, en julio de 1974, asume en la cartera de Educación Oscar Ivanisevich, el 14 de agosto. Duró un año en el cargo y su objetivo explícito era “eliminar el desorden” en la universidad y producir su depuración ideológica. Relata Ponce que cambiaron al decano y en la intervención del centro de estudiantes salen a escena cuatro personas, de apellido Soaje Pinto, Peralta Tanco, Boccardo y Recio, que de acuerdo con lo relatado por los no docentes al ex decano Roulet, eran integrantes del Comando Mazorca de la Triple A, muy activo por esos años en el asesinato de militantes populares. “El 28 de noviembre de 1974 desapareció Daniel Winner cuando fue a dar uno de los exámenes finales. Fue un error, porque él siguió yendo a la facultad, todos los demás del centro de estudiantes estábamos guardados. Finalmente aparece muerto Winner, a quien en un primer momento confunden con Galimberti, que también había estado desaparecido unos días para entonces. Es famosa la tapa de la 5ª de Crónica con el título catástrofe ‘Apareció el cadáver de Galimberti’. Yo vi la foto e inmediatamente me di cuenta de que el cadáver era de Daniel”, relata Miguel Ponce.
Jorge Roulet le relató luego a Miguel Ponce que un no docente lo llamó a su casa para denunciar que quienes habían secuestrado a Winner eran los cuatro integrantes del Comando Mazorca de la Triple A. El joven militante radical Ponce llevó esta discusión al seno de su partido, y el Comité Nacional del radicalismo decidió hacer una conferencia de prensa para denunciar a los cuatro presuntos asesinos del militante universitario de Ingeniería Daniel Winner. “Todo esto está en los diarios de la época, se puede chequear fácilmente”, agrega Ponce por si a su memoria le faltaran datos.

Soaje Pinto parte II. Juan María Ramos Padilla es un juez de la democracia, célebre por haber intervenido en innumerables causas de derechos humanos. En 1985, por caso, instruyó una causa sobre homicidios, secuestros, torturas y apropiación de menores cuyos acusados eran Jorge Rafael Videla, Santiago Omar Riveros, Ramón Camps, Albano Harguindeguy y otros militares que hoy esperan sentencia definitiva tras la demora que ocasionaron las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, además de los indultos dictados durante la presidencia de Carlos Menem. En 1985 también investigó una causa vinculada a la represión, durante la dictadura, de obreros y dirigentes gremiales que pertenecían a los astilleros Astarsa y Mestrina, además de las automotrices Mercedes-Benz y Ford, entre otras empresas. También en 1985 fue el primer juez en encarcelar al genocida Miguel Etchecolatz. Intervino en numerosas causas más que sería engorroso detallar, y desde el año 1989 hasta el 2005 participó en los juicios por la verdad y en querellas contra genocidas. Vale aclarar que ideológicamente el juez Ramos Padilla (por estas horas internado en terapia intensiva por una descompensación cardíaca) está en las antípodas del kirchnerismo. Sin embargo, cuando observó la foto de Guillermo Moreno en el cajón con un tiro en la frente le vinieron a la memoria las amenazas que él también sufrió de parte de José María Soaje Pinto cuando aquel era juez y este, abogado de genocidas. Fue por ese motivo que Ramos Padilla se presentó en la oficina de Guillermo Moreno para relatarle su visión de los hechos.

Moreno contra Soaje Pinto. Tanto el relato y testimonio de Miguel Ponce como la presentación espontánea de Ramos Padilla en la oficina de Guillermo Moreno fueron plasmadas en un escrito que el secretario de Comercio presentó ante la Justicia y al que tuvo acceso Veintitrés. Allí se relata que “días atrás se presentó en la Secretaría de Comercio el doctor Juan María Ramos Padilla, quien me hizo saber (…) diversos episodios similares que lo tuvieran como víctima, cuando se desempeñara como juez federal de Morón en los primeros años de la restauración democrática”.
El secretario de Comercio dice en ese escrito que el juez le relató las amenazas de las que fue objeto “a propósito de las investigaciones judiciales que llevaba adelante respecto de la represión ilegal y del accionar de ciertas bandas de ultraderecha que intervinieron asociadas con sectores de la policía bonaerense ligados a los ex comisarios Camps y Etchecolatz”. Según Moreno, Ramos Padilla le relató que conocía a Soaje Pinto “que se encontraba estrechamente vinculado con aquellas bandas, y que derechamente (sic) le anunciaba que ‘si seguía jodiendo’ iba a terminar con un balazo en la frente (como el que se ilustra en las imágenes de este caso) y que ya habían matado a muchos ‘montos’ y ‘zurdos’”.

Además de la autoincriminación que frecuentemente hace Soaje Pinto y que reiteró el día de la pelea con Moreno en Papel Prensa, del tipo “ya me cargué a varios montos y el próximo vas a ser vos” o “esto lo arreglo a los tiros”, en el escrito el funcionario agrega el testimonio de Miguel Ponce, “en su momento presidente de la Juventud Radical Revolucionaria, sobre la otrora participación de Soaje Pinto en el Comando Mazorca de la Triple A que asesinara a un militante universitario Daniel Winner, y en orden a que esos mismos que integraron aquellos comandos hoy operan como profesionales de los mismos grupos que fueron los beneficiarios del golpe del 76, encabezados por… Magnetto”.

Finalmente, la presentación de secretario de Comercio y del abogado que lo representa, Alejandro Rua, solicita al juez que se ordene el secreto del sumario, se investigue en base al expediente en que se tramitan las acusaciones contra Moreno y se disponga el allanamiento del domicilio de José María Soaje Pinto; además de otros pedidos, como la investigación de llamadas entrantes y salientes de una línea telefónica y una casilla de e-mail durante el período contemporáneo a los hechos que allí se denuncian. Por supuesto, Guillermo Moreno también solicita al juez que se reciba el testimonio de Juan María Ramos Padilla y de Miguel Ponce, cuyos dichos se reflejan en este artículo.

El escrito presentado por el funcionario de Comercio se agrega a la denuncia que presentó en su momento el ministro de Justicia, Julio Alak, ante la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Capital Federal.

Tragedia y farsa. La Argentina atravesó un siglo XX plagado de contrariedades, la mayor parte del tiempo fue gobernada en esos años por dictaduras militares, la más cruel de ellas desde 1976 hasta 1983. Se interrumpió un proceso democrático cada vez que se afectaban intereses poderosos, así pasó con los gobiernos de Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo Perón, Arturo Frondizi y Arturo Illia, además del gobierno de María Estela Martínez de Perón, que no gobernó contra las corporaciones pero persiguió a los militantes populares y preparó el terreno para lo que vino después. En ese marco crecieron muchas de las empresas que monopolizaron la economía del país, se aumentó la dependencia y la deuda externa hasta límites inasibles para la comprensión del ciudadano común. Clarín, La Nación y La Razón se adueñaron de Papel Prensa y la Justicia deberá determinar si en ese acto se cometieron delitos de lesa humanidad. Todo aquello forma parte de la tragedia que vivió el país. La farsa es que algunos protagonistas de aquellos tristes años quieran seguir actuando del mismo modo para defender a sangre y fuego los mismos intereses.
Fuente:Veintitres
Envío:
Asociacion Ex Presos Politicos Cordoba