Mostrando entradas con la etiqueta Campo de Mayo-Juicio de los Obreros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Campo de Mayo-Juicio de los Obreros. Mostrar todas las entradas

7 de mayo de 2021

Ex delegada de Dálmine Siderca relató la represión a referentes sindicales antes y durante la dictadura.

 

Ex delegada de Dálmine Siderca relató la represión a referentes sindicales antes y durante la dictadura

Desde Suecia, donde se exilió en 1979, Graciela Burián, declaró en la Megacausa Campo de Mayo sobre su secuestro en 1975 y el rol de Techint en la persecución a trabajadoras y trabajadores y a sus familias.

6 de mayo de 2021

Graciela Burián fue la primera delegada mujer en Dálmine Siderca (hoy Tenaris Siderca), la planta de producción de tubos que el Grupo Techint tiene en la localidad bonaerense de Campana. Había ingresado como secretaria de la gerencia en el año 1970 y, sin militancia previa, aceptó la oferta de ser representante de sus compañeras ante el maltrato y acoso que sufrían las mujeres en la empresa.

“El papel que nos asignaban a las mujeres era de una dependencia total: había que estar calladas y no reclamar nada. Y eso a mí me puso en rebeldía. No era justo. El acoso que teníamos, te invitaban a todos lados, desde los jefes, los compañeros…”, recordó Graciela y añadió: “No fue fácil la misión de ser delegada. Porque ese papel no era simpático para la patronal, que no les gustaba que una secretaria fuera delegada, y era extraño para el sindicato también, porque nunca habían tenido una delegada mujer”.

Graciela declaró este miércoles como testigo en la Megacausa Campo de Mayo, donde se investiga a 22 imputados por delitos de lesa humanidad cometidos contra 350 personas, entre ellas una veintena de obreros de la empresa.

“¿Hasta qué año trabajó ahí?”, le preguntó la fiscal Gabriela Sosti: “Hasta el 11 de noviembre de 1975, la fecha en la que a la noche me fueron a buscar a mi casa y me secuestraron”.

...
(Foto: captura)

La represión en Siderca había comenzado un poco antes, en marzo de 1975, en coincidencia con la persecución en Villa Constitución a delegados de Acindar y a miembros de la UOM local. Al menos 80 trabajadores y trabajadores de la planta de Techint fueron secuestrados y torturados por las fuerzas represivas desde 1975, 39 personas permanecen desaparecidas y 7 fueron asesinadas, según estableció la investigación “Responsabilidad empresarial”, realizada por la Secretaría de DDHH de la Nación, el CELS y el Área de Economía y Tecnología de la FLACSO Argentina.

“Todas las mañanas cuando uno llegaba la noticia era que se habían llevado a alguien”, contó sobre esos meses previos a su secuestro, y recordó que empezaron a llegar a la puerta de la fábrica familiares de esos compañeros pero desde la empresa los habían dejado desamparados. Entonces, conformaron una comisión para realizar colectas y donaciones los presos y sus familias. “Formamos una especie de comisión de familiares, con Graciela Silva de Lópes Goncálvez, cuyo marido estaba preso, Teresita di Martino, que el hermano estaba preso en Sierra Chica, y Noemí Fuhr, esposa de Zenón Sánchez, que había sido detenido en Villa Constitución. Esas tres compañeras están desaparecidas y yo, por los milagros de los milagros estoy hablando con ustedes”, agregó.

“Éramos ingenuos”, reconoció al recordar que “cuando hacíamos esa colecta hacíamos una lista y evidentemente todas esas listas iban a parar después a la oficina de la patronal”. Un día, llegó a la fábrica y habían secuestrado a quien había sido electa delegada después de ella, Luisa Brutti. “Fuimos a buscarla con otras compañeras a la comisaría y nos sacaron corriendo. Fuimos al sindicato, la UOM, y también. Fuimos a la casa de Luisa y sus padres estaban desconsolados. Les dijimos que íbamos a hacer todo lo posible por buscarla. Salimos de ahí, llegué a mi casa tarde. Estaba fundida y me fui a dormir. A eso de las 12.30 abren la puerta a patadas y entran en casa”, reconstruyó.

“Una cosa infernal”

Esa noche se la llevaron esposada y encapuchada junto a su hermana de 14 años. También se llevaron todas las cosas de valor que encontraron: dinero, copas, cafetera, tostadora, el monedero de su abuela y hasta un collar que tenía puesto su madre.

La llevaron a un lugar que después supo que era la Brigada de San Justo, en La Matanza. “Nos meten en una oficina. Me empiezan a interrogar y me preguntan cosas que no tenía idea. A qué jefes iban a secuestrar… ese era el terror que tenían”, reconoció y añadió: “Vino alguien y me dio una trompada. Me afllojó los dientes y me rompió la mandíbula. Decían que como no hablaba me iban a dar otro tratamiento, y me llevaron a la sala de torturas”.

“Me asombró como pude haber sobrevivido a ese maltrato. Ahí te crucifican sin cruz y sin corona”, sostuvo y reconoció a quien dirigía la tortura como un médico policial de apellido Cohen. “Era una cosa infernal, porque si hubieran querido saber algo hubieran hecho otras preguntas. Me torturaban y me ponían una almohada encima de la cara, así que no podía hablar. Me preguntaba por mi familia, si sabía a quién iban a secuestrar y a que organización pertenecía. Eso fue muy escalofriante”, agregó.

En ese lugar estuvo 5 días y se reencontró con su compañera Luisa y con Nora de Bernardi, esposa de un compañero delegado. Las trasladaron a todas a la Brigada de San Fernando, donde estuvieron otros 5 días, hasta que fueron legalizadas y llevadas al penal de Olmos.

En dos oportunidades creyó ver a personal de la empresa observando sus movimientos en los centros clandestinos de detención. En San Fernando, la llevaron a una oficina, le apuntaron con reflectores, pero pudo ver que estaban todos bien vestidos y hablaban con los policías. En la Brigada de San Justo, cuando las sacaban al patio, en la terraza también veían hombres bien vestidos que las observaban.

“Seguro que nos sabían qué hacer con nosotras. Los compañeros obreros habían puesto una condición a la fábrica, que si no aparecíamos iban a hacer una huelga. Deben haber hecho un cálculo, cuanto valían nuestra vida y cuanto perdían si se paraba la fábrica. Era así como ellos funcionaban”, manifestó.

También se refirió al efecto disciplinador que tuvo el secuestro suyo y de Luisa Brutti para el resto de las trabajadoras: “Realmente no sé si después de que nos detuvieran a Luisa y a mi alguien tuvo el coraje de seguir siendo delegada. Lo que hicieron con nosotras fue estatuar un ejemplo para que nadie se atreviera siquiera a abrir la boca”.

En el penal de Olmos se fue enterando por su mamá del alcance de la represión en la empresa, del secuestro de amigos y conocidos de la infancia en Campana, como Nillo Agnolli, o Alberto Bedia y Armando Culzoni, ambos desaparecidos durante la Noche de los tubos, el 22 de septiembre de 1976.

Su hermana salió en libertad a los 10 meses y ella en el año 79, cuando se exilió en Suecia, donde todavía reside. Al finalizar su declaración, pidió nuevamente la palabra para hacer dos pedidos: por la apertura de los archivos de la dictadura, “para saber a dónde habrán ido a parar tantos compañeros”, y por pensiones y reparación para los ex detenidos.

Fuente:TiempoArgentino

27 de mayo de 2020

Vuelve, de manera remota, el megajuicio por los crímenes de Campo de Mayo.

26 de mayo de 2020
Comenzará a evaluar el secuestro de trabajadores ferroviarios 
Vuelve, de manera remota, el megajuicio por los crímenes de Campo de Mayo 
El Tribunal Oral federal número 1 de San Martín inaugura la etapa del debate oral que repasará lo ocurrido a un grupo de obreros ferroviarios de la empresa Ferrocarriles Argentinos, en su mayoría militantes de base de los ramales Mitre y Belgrano, y algunos de ellos integrantes de la Juventud de Trabajadores Peronistas.
Lorena Battistiol Colayago busca junto a su hermana a un tercer hermano nacido en cautiverio. 
Con el testimonio de Lorena y Flavia Battistiol Colayago, hijas de desaprecidos y quienes buscan a un hermane nacido en cautiverio, retomará audiencias este miércoles el juicio por los crímenes comprendidos en la Megacausa Campo de Mayo. Es el primer debate por crímenes de lesa humanidad de la jurisdicción federal de San Martín que reanuda su ritmo, por la vía remota, tras el parate de más de dos meses que provocó la cuarentena por el coronavirus.
Con el testimonio de las hermanas Battistiol Colayago y el de Roberto y María Esther Landaburu, que declararán sobre el secuestro y la desaparición de su hermana y su cuñado, el Tribunal Oral federal número 1 de San Martín inaugura la etapa del megadebate oral que repasará lo ocurrido a un grupo de obreros ferroviarios de la empresa Ferrocarriles Argentinos, en su mayoría militantes de base de los ramales Mitre y Belgrano, y algunos de ellos integrantes de la Juventud de Trabajadores Peronistas (JTP). Y también a algunas de sus compañeras, tres de ellas estaban embarazadas, y familiares. Los secuestros de estas víctimas, comprendidos en una causa identificada como “Ferroviarios”, sucedieron entre el 31 de agosto y el 5 de septiembre de 1977.
Será la primera vez que Lorena (integrante de la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo) y Flavia ofrecerán testimonio ante un tribunal. Desde la casa de una de ellas y a través de una plataforma digital, los magistrados que integran el Tribunal Oral Federal número 1 de San Martín, Daniel Omar Gutiérrez, Silvina Mayorga y Nada Flores Vega, las oirán contar sobre el secuestro y desaparición de su mamá, Juana Colayago, embarazada de 6 meses, y su papá, Egidio Battistiol, trabajador ferroviario de la Línea Mitre.
A él fue a buscar un grupo de tareas, la noche del 30 de agosto de 1977, a la casa que compartía con Juana, embarazada de seis meses, y sus dos hijas, Lorena y Flavia, en Bulogne. Estaba trabajando Egidio, pero la patota decidió esperarlo. Esa noche, en esa casa, también Ema, hermana de Egidio, con su hija Sandra Missori, de 13 años. De allí se llevaron a todes menos a las dos hermanas, que entonces tenían 3 años y 11 meses. Fueron dejadas con una vecina que se contactó con su abuela materna, María Ángela Lescano, quien se hizo cargo de las niñas. Sandra y Ema fueron liberadas a los cinco días y por su testimonio se pudo reconstruir que Juana, Egidio y el grupo de ferroviarios fueron llevados a Campo de Mayo. Egidio, Juana y el bebé por nacer continúan desaparecidos.
Roberto y María Esther declararán por la desaparición de su hermana, Leonor Rosario Landaburu, y su cuñado, Juan Carlos Catnich. A Juan Carlos lo secuestraron el 31 de agosto al mediodía de los galpones ferroviarios de José León Suárez, junto a Enrique Montarcé. A las horas se llevaron de su domicilio a Iris Beatriz Pereyra, esposa de Enrique, y, por la noche, a Leonor, quien estaba de reposo absoluto por su embarazo de ocho meses. Todos ellos fueron traslados al CCD de Campo de Mayo. Leonor, Juan Carlos y el bebé que debió nacer en octubre de 1977 permanecen desaparecidos.
Por estos hechos, están imputados los represores Carlos Javier Tamini, Carlos Eduardo José Somoza, Hugo Miguel Castagno Monge, Carlos Francisco Villanova, Luis Sadí Pepa y Santiago Omar Riveros. Integran la lista de 22 acusados en el megajuicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura cívico militar contra más de 323 víctimas alojadas entre los años 1976 y 1978 en en Campo de Mayo. 13 de ellos no tienen condena previa. 
Fuente:Pagina12

25 de agosto de 2019

JUICIO CAMPO DE MAYO: «Todos estaban en esa lista».

«Todos estaban en esa lista»
CAMPO DE MAYO: TESTIMONIO CONFIRMO COMPLICIDAD DE CIVILES
25/08/2019
«Me pusieron un número con un alfiler, me dijeron que no tomara agua por 24 horas, y me dijeron que en ese momento no tenía ni nombre ni apellido y que yo era el N°478», recordó Héctor Aníbal Ratto ante los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de San Martín. El testigo es el único sobreviviente de los siete trabajadores de la empresa Mercedes Benz que fueron secuestrados por la dictadura militar en Campo de Mayo.
Esta semana declaró en el juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en ese centro. A pesar de que entre los 20 acusados que tiene el debate no hay civiles, el testimonio del ex trabajador permitió comprender la complicidad civil empresaria con la dictadura: contó que fue secuestrado dentro de la fábrica, vinculó los secuestros con los reclamos gremiales y recordó que presenció cuando un directivo dio información de un trabajador a los secuestradores.
El juicio que comenzó el 29 de abril pasado tiene en el banquillo de los acusados a veinte militares, gendarmes, policías y civiles de inteligencia por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 323 víctimas, entre ellas 14 embarazadas. Reúne, en total, 169 casos, entre ellos los secuestros de los trabajadores de Mercedes Benz.
Relato.
Ratto contó en el juicio que fue secuestrado el 12 de agosto de 1977, 42 años y nueve días antes de sentarse ante los jueces Omar Gutiérrez, Silvina Mayorga y Nada Flores Vega, del TOF1. El testigo recordó que ese día fue citado por el Gerente de Producción, Juan Ronaldo Tasselkrautz, en su oficina. Allí se encontró con dos policías de civil. 
«Tasselkrautz me dijo que había venido personal que decían que era policía a buscarme, pero que iban a retirarme de ahí personal del Ejército», recordó.
Ratto recordó que en la oficina de Tasselkrautz presenció cuando el gerente les dio a los policías la dirección del trabajador Diego Nuñez, quien luego fue secuestrado en su casa. «¿Quien le pasa la dirección de Diego Nuñez?», preguntaron los jueces. «Yo presumo que la llamada era directa y era de la oficina de personal donde tienen todos los datos de los trabajadores. Tasselkrautz recibe la llamada y le pasa el teléfono a uno de los policías y ellos anotan en un papel la dirección», respondió el testigo.
Ratto fue sacado de la empresa por un comando militar. Esa misma noche lo llevaron a la comisaría de Ramos Mejía, donde días después lo hicieron firmar su salida y, al mismo tiempo, fue secuestrado en el baúl de un auto por los mismos policías que había visto en la oficina de Tasselkrautz. Fue llevado a Campo de Mayo donde, de inmediato, lo torturaron.
«-¿Que le preguntaban?». «-Sobre si conocía gente que trabajaba en la fábrica que tuviera relación con algún partido de izquierda, o con el PRT o con Montoneros», recordó el testigo.
Lista.
Ratto explicó que los trabajadores secuestrados estaban vinculados a una huelga del año 1975, que se produjo en el marco de un conflicto con el sindicato SMATA, a quien le disputaban la conducción de la Comisión Interna. En ese contexto los trabajadores habían tomado la fábrica y la empresa había despedido a 117 obreros. «Todos los desaparecidos, los secuestrados de Mercedes Benz estaban dentro de esa lista», contó en el debate.
Los trabajadores desaparecidos son Alberto Francisco Arenas, Juan José Mosquera, Jorge Alberto Leichner Quilodran, Alberto Gigena, Diego Eustaquio Nuñez y Fernando Omar Del Contte. Solo el testigo sobrevivió. Ratto contó que tras permanecer en Campo de Mayo lo devolvieron a la comisaría de Ramos Mejia, desde donde recuperó la libertad el 8 de marzo de 1979.
Civiles involucrados.
La declaración de Ratto se sumó a los testimonios que se vienen vertiendo en el juicio que involucran a Tasselkrautz y al gerente de Asuntos Jurídicos de la empresa Mercedes Benz, Rubén Pablo Cueva, quienes no fueron involucrados en el expediente a pesar de los pedidos del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), que representa a los trabajadores secuestrados y desaparecidos de la automotriz.
El debate por Campo de Mayo, que reúne 169 casos, comenzó con la causa que indaga en los secuestros de los trabajadores de la Mercedes Benz. Desde el primer día, los testimonios recordaron los secuestros de trabajadores, señalaron la complicidad del Smata y de la empresa y señalaron la presencia de espías del Destacamento de Inteligencia 601 en la planta fabril. Con su testimonio, Ratto agregó que la información se entregaba a los secuestradores sin intermediarios en la planta fabril. (Tiempoar.com)
Fuente:LaArena

19 de octubre de 2015

HOY SE DICTARA EL FALLO POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD EN BERISSO, ENSENADA Y LA PLATA

HOY SE DICTARA EL FALLO POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD EN BERISSO, ENSENADA Y LA PLATA 
Los represores de los obreros 
El Tribunal Oral Federal Número 1 de La Plata dará a conocer su sentencia en el juicio a seis ex jefes de la Armada y otros dos represores por crímenes cometidos durante la dictadura. 
Por Cecilia Valdez 

La mayoría de las víctimas abarcadas por este juicio fueron trabajadores. Imagen: Télam 
El Tribunal Oral Federal Número 1 de La Plata dictará hoy sentencia en el Juicio al Grupo de Tareas Nº 5, que juzga a seis ex jefes de la Armada y otros dos represores por delitos de lesa humanidad. Lo atípico de este juicio tiene que ver con que es la primera vez que se juzga el accionar de un grupo de tareas de esta jurisdicción y con que este tuvo fundamental injerencia en la desarticulación de la lucha obrera en ciudades como Berisso y Ensenada y, en menor medida, La Plata.

Aunque el hecho de que las listas de desaparecidos permanezcan incompletas hace imposible determinar un número preciso, la fuerte concentración de estudiantes y obreros alrededor de estas tres ciudades implicó una proporcional represión que hizo de esta área geográfica uno de los sectores más duramente castigados. Exclusivamente a partir de los casos denunciados, el porcentaje de desaparecidos por profesión fue, en orden decreciente, 30 por ciento de obreros, 21 de estudiantes, 18 de empleados y 11 de profesionales. En base a estas cifras, la antropóloga Ludmila Da Silva Catela se preguntó: “¿Por qué sí un 30 por ciento de los desaparecidos denunciados eran obreros, la representación inmediata que prevalece sobre “el desaparecido” remite a un “estudiante”, un “intelectual”, o a un “periodista”, que en términos numéricos fueron los grupos proporcionalmente “menos” afectados?”. La respuesta está determinada por la desigual distribución de los medios culturales y simbólicos que, con el tiempo, habilitaron cierta legitimidad social. Si bien el accionar de las fuerzas armadas no hizo distinción en la aplicación de sus métodos en función de si se trataba de obreros o estudiantes, sí hubo enormes diferencias en cuanto a cómo fueron capaces de reconstruir sus historias personales, familiares y colectivas unos y otros, en función de las clases sociales a las que pertenecían.

Las listas 
El armado de las listas por parte de los familiares marca un hito en el proceso de reconstrucción posdictadura. En 1996 un grupo de familiares e integrantes de distintas organizaciones de derechos humanos se dieron la enorme tarea de organizar un homenaje a los desaparecidos y asesinados de Berisso y Ensenada. Para ese entonces ya se habían dado los homenajes a los desaparecidos de las facultades de La Plata y muchos notaron la falta de reconocimiento para con quienes no habían pasado por la universidad. “La búsqueda comenzó con listas incompletas que fuimos completando con un trabajo puerta a puerta”, relatan Sofía Caravelos (Hijos) y Cristina Diez (Familiares de Desaparecidos), que por entonces vivían en Berisso. “Fue muy duro lo que nos encontramos. En muchos casos esta gente no había hecho ni la denuncia en la Conadep, y cuando nosotras íbamos a tocarles la puerta, 20 años después, era la primera vez que volvían a escuchar hablar de su familiar desde el día del secuestro”, cuenta Cristina. “Algunos nos cerraban la puerta en la cara y otros nos atendían muy bien. Incluso nos prestaban las fotos para que les sacáramos una copia. Esos eran verdaderos tesoros porque en muchos casos era la única foto que existía”, sostiene Sofía. Es importante tener en cuenta que dentro del grupo de los que realizaron menos denuncias están los familiares de los obreros. Muchos de estos familiares temían que la denuncia pública del secuestro provocará nuevas represalias. “Fue como armar un rompecabezas. Empezábamos con un dato mínimo y tirábamos de ahí hasta que lográbamos dar con el familiar. Nos encontramos gente que vivía en la pobreza más absoluta y que, al no haber hecho la denuncia, tampoco había podido tener acceso a las leyes reparatorias”, dice Cristina.

El plan de la Marina
Con el Plan de Capacidades Comando de Operaciones Navales “Placintara”, dictado el 21 de noviembre de 1975 por el Consejo de Defensa –creado en los decretos de “aniquilamiento de la subversión” firmados durante el gobierno constitucional–, la Armada encargó a once Fuerzas de Tareas la ejecución de “operaciones ofensivas, defensivas y/o especiales contra el oponente subversivo”. Uno de los lugares considerados prioritarios para el “esfuerzo antisubversivo” fue la zona de Ensenada y Berisso, que correspondió a la Fuerza de Tareas Nº 5. La Fuertar 5 comprendía las dependencias y el personal de la Escuela Naval Militar Río Santiago, el Liceo Naval, el Hospital Naval Río Santiago, el Batallón de Infantería de Marina, el Centro de Incorporación y Formación de Conscriptos de Infantería de Marina (CCIM) y la Prefectura o Subprefectura Naval. La zona de operaciones de la Fuertar 5 incluía el polo industrial conformado por: Destilería YPF, Propulsora Siderúrgica, Astilleros Río Santiago, Petroquímica General Mosconi, Ipako y los Frigoríficos Swift, todos ellos con una larga tradición de lucha y organización sindical de base.

Los secuestros, homicidios y desapariciones en la zona se iniciaron con anterioridad al golpe de Estado, en ocasiones con intervención coordinada con la CNU/Triple A. En las horas previas al golpe de Estado, y durante los días sucesivos, la Marina militarizó las ciudades de Berisso y Ensenada, realizando detenciones masivas. La Fuertar 5 utilizó como centros clandestinos de detención la sede de Prefectura, el Hospital Naval Río Santiago, el BIM 3 y la Base Naval.

Las fábricas 
Como es de suponer, la vida de las fábricas se vio notablemente afectada por la dictadura y esto repercutió enormemente en la vida de sus pobladores. Sólo en el Astillero Río Santiago hubo 44 desaparecidos; 11 asesinados; 134 despedidos por la Ley de Prescindibilidad; 299 despedidos por la Ley de Bajas de Personal por Seguridad Nacional; y la “renuncia” de 1016 trabajadores en los dos primeros años de la dictadura. Pedro Niselsky trabajaba en el astillero y fue una de las voces testimoniantes del juicio: “A mí me secuestraron el 25 de marzo de 1976 en un operativo a plena luz del día en el que también secuestraron otras 200 y pico de personas de distintas fábricas. Me fueron a buscar a mi casa, estaban con varios micros, todos uniformados. Me encapucharon y me metieron agachado adentro de un micro. Nos llevaron a la Prefectura adonde nos interrogaron y luego nos trasladaron en lancha a la Base Naval. Estuvimos en la Base cuatro días hasta que nos trasladaron a la Unidad 9 y nos pasaron a disposición del Ejecutivo”. Una vez fuera de la cárcel, Pedro intentó reingresar al Astillero pero no lo consiguió hasta que en 2006 él y 25 compañeros lo lograron.

Las partes querellantes denunciaron la inoperancia del Poder Judicial en algunas cuestiones clave: desde la lentitud en el avance de las causas hasta que se vuelve a juzgar un porcentaje mínimo de casos en relación con la cantidad de desaparecidos de la región. Sin ir más lejos, de los 44 trabajadores del Astillero Río Santiago desaparecidos sólo se juzgan cuatro casos. “La selección la hace el Poder Judicial y los criterios de imputación suelen ser bastante estrictos”, dice la abogada querellante Guadalupe Godoy. “Es necesario, para que el caso sea tenido en cuenta, que haya alguna prueba que permita determinar que fue la Marina la responsable del secuestro o la desaparición.”

Sobre la diferencia entre éste y otros juicios, Guadalupe destaca que “en Berisso y Ensenada ha habido una dificultad mucho más grande en el proceso de elaboración. Si uno ve la composición de los organismos de derechos humanos, son familiares de aquellos que desaparecieron en la ciudad de La Plata, y mayormente vinculados al movimiento estudiantil. Hay una cuestión de clase muy evidente. Por otro lado, la mayoría de los que fueron presos políticos (de las fábricas), al volver se encontraron con las dificultades propias de la clase obrera para reinsertarse laboralmente. No hay que olvidar la incidencia que tuvo todo lo sucedido en el circuito productivo de estas ciudades. Volvieron a la nada, a los frigoríficos cerrados y a las fábricas destruidas. La mayoría terminaron como trabajadores precarizados... Entonces, si bien Berisso y Ensenada quedan cerca, el juicio se hace en La Plata y hay una distancia simbólica enorme. Lo más interesante de esto es que, como sea, permite visibilizar estas distintas realidades”.
Fuente:Pagina12
Envío:AgnDDHH

27 de noviembre de 2014

PIDIERON INDAGAR A DOS EX GERENTES DE MERCEDES BENZ.

Lunes 24 de Noviembre de 2014
Pidieron indagar a dos ex gerentes de Mercedes Benz
Es por el secuestro de obreros de la automotriz durante la dictadura. "La represión perseguía un objetivo económico", indicó la fiscalía. Además, hizo mención a la "indispensable intervención de sectores empresarios".
Por franco mizrahi 
El avance judicial sobre la complicidad empresaria con el terrorismo de Estado es una cuenta pendiente de los juicios de lesa humanidad. Según consignó Tiempo Argentino, el viernes pasado, la oficina que investiga las violaciones a los Derechos Humanos cometidas en Campo de Mayo, a cargo de los fiscales Miguel Blanco García Ordás y Hugo Bogetti, solicitó a la jueza federal de San Martín, Alicia Vence, que cite a indagatoria a dos ex gerentes de la automotriz Mercedes Benz por su presunta colaboración con la represión. 

Para lograr que los civiles sean juzgados con premura, los procuradores solicitaron que se suspenda la elevación a juicio del caso hasta que los acusados sean citados. Los únicos imputados en la causa que se inició hace 12 años por el secuestro de 13 trabajadores y activistas de la planta de González Catán son militares que ya fueron juzgados en otros expedientes.

El caso testigo es el de Ford, donde fueron procesados tres civiles que esperan detenidos el inicio el juicio. Se estima que comenzará el año próximo. Blanco García Ordás y Bogetti imputaron a Rubén Cuevas, ex gerente de Asuntos Jurídicos, y Juan Tasselkraut, que tuvo a su cargo el área de Producción, el "haber arbitrado los medios necesarios" para señalar a los trabajadores de la compañía con la intención de que fueran secuestrados por la dictadura.

Los vincularon con la privación ilegal de la libertad, los tormentos y el homicidio agravado en los siete casos que son investigados. Ocurre que de los 13 obreros secuestrados en la planta, seis no fueron trasladados a Campo de Mayo por lo que la pesquisa se dividió. Ese fragmento recayó en otra jurisdicción.

Para el abogado querellante Pablo Llonto, "es necesario que en el caso Mercedes Benz la elevación a juicio incluya responsables civiles. Hay una cantidad importante de prueba que indica que hubo una participación criminal de directivos y gerentes en los secuestros de los obreros, sobre todo los que fueron llevados a Campo de Mayo", señaló. Los fiscales coinciden con el letrado.

En su resolución destacaron "la estrecha relación entre el personal directivo (de la automotriz) y la cúpula militar". Por caso, citaron que en 1977 se montó una casilla castrense en la empresa.

A eso se suma, entre diversos elementos, que Rubén Lavallén, comisario de San Justo y condenado por la apropiación de una menor, fue reconocido por el obrero secuestrado Alfredo Martín como su captor. En 1978, Lavallén fue designado jefe de vigilancia de la planta de González Catán.

Para Blanco García Ordás y Bogetti "abundan los documentos y testimonios que sostienen que la brutal represión de la dictadura perseguía un innegable objetivo económico, para cuyo logro resultaba indispensable la intervención de sectores empresarios y sindicales que reclamaran la intervención de las esferas represivas o cuanto menos lo alentaran o encubrieran".

El caso Mercedes Benz podría transformarse en el segundo de la megacausa Campo de Mayo en el que, si la magistrada Vence lo avala, serían indagados cómplices empresarios. El caso testigo es el de Ford, donde fueron procesados tres civiles que esperan detenidos el inicio el juicio. Se estima que comenzará el año próximo.

En cambio, la complicidad de los directores fue soslayada hasta el momento en otras causas donde se investigan los crímenes de lesa humanidad cometidos en Campo de Mayo.

Es el caso de Astilleros Navales Astarsa y Mestrina; las ceramistas Lozadur y Cattaneo; y la empresa Dálmine, en Campana, que hoy pertenece al Grupo Techint. Para los procuradores este vacío se debe a "una resistencia por parte de los operadores de la justicia de ahondar las investigaciones hacia los sectores civiles –empresariales en este caso– que apoyaron, colaboraron y facilitaron" la "cruenta represión" durante la última dictadura.
Fuente:Infonews

9 de octubre de 2014

JUICIO DE LOS OBREROS: REPRESORES PRESOS POR DOS HERMANAS DESAPARECIDAS.

08/10/2014
Represores presos por dos hermanas desaparecidas

Las hermanas Abadía Crespo fueron secuestradas en su casa de Del Viso.


El Tribunal Oral Federal 1 de San Martín impuso ayer penas de prisión perpetua a Santiago Riveros y 23 años de prisión a Reynaldo Bignone en el llamado “juicio de los obreros” de la Zona Norte del Gran Buenos Aires, por delitos de lesa humanidad cometidos en perjuicio de más de 30 víctimas durante la última dictadura.

Entre las víctimas se encuentran las hermanas Dominga y Felicidad Abadía Crespo, secuestradas en su casa de Del Viso y desaparecidas hasta hoy.

El fallo condenó también a otros cuatro represores a penas de entre 9 y 17 años de prisión en el juicio por ser coautores de delitos comprendidos en cuatro causas con un total de 33 víctimas, en su gran mayoría trabajadores navales y ceramistas que actuaban como delegados de base o activistas sindicales.

La sentencia tomó en cuenta los delitos de privación ilegal de libertad, homicidio, tormentos, allanamiento ilegal y robo, en todos los casos agravados, de lesa humanidad y por tanto imprescriptibles.

Además de Riveros y Bignone, fueron condenados a 17 años de prisión a Luis Sadi Pepa, a 16 años de prisión Eugenio Guañabens Perelló y a nueve años de prisión a Juan Demetrio Luna y Juan Carlos Gerardi.

El Tribunal integrado por los jueces Hector Sagretti, Marta Milloc y Diego Barroetaveña resolvió además girar copia de las actuaciones al juzgado de primera instancia, como pidieron querellas y fiscalía para que se investigue la responsabilidad civil empresarial en los delitos considerados y otros de índole sexual.

La investigación solicitada apunta ante todo a la complicidad de empresarios y directivos de los astilleros Astarsa y Mestrina y de los establecimientos ceramistas Lozadur y Cattáneo en los delitos por los que fueron condenados hoy seis represores.
Fuente:ElDiarioRegionalPilar

8 de octubre de 2014

JUICIO DE LOS OBREROS: SEIS CONDENAS y TRES ABSOLUCIONES.

7-10-2014
Lesa Humanidad
Fue el juicio once de la megacausa Campo de Mayo
Seis condenas y tres absoluciones en el "juicio de los obreros"

Los integrantes del TOF 1 de San Martín escucharon las últimas palabras de los acusados y por la tarde dictaron la sentencia por el secuestro y desaparición de 32 obreros. Fueron condenados Santiago Omar Riveros y Reynaldo Benito Bignone y otros cuatro represores. La fiscalía y la querella señalaron el vínculo entre los empresarios y la dictadura.
Por: Juan Carrá
Fotos:Facundo Nivolo
Los ex generales Santiago Omar Riveros y Reynaldo Benito Antonio Bignone fueron condenados a prisión perpetua y a 23 años de prisión respectivamente en el juicio por delitos de lesa humanidad en el que se ventilaron los secuestros y desapariciones de 32 obreros de las plantas de los astilleros Astarsa y Mestrina y de las cerámicas Lozadur y Cattáneo. Además hubo otras cuatro condenas que van desde los 17 a los 9 años de prisión. Tres prefectos fueron absueltos. La sentencia fue recibida en silencio por los sobrevivientes y los familiares de las víctimas que solo aplaudieron cuando escucharon la perpetua a Riveros. En las puertas del Tribunal se mostró el descontento por las absoluciones.

Eran las 16.50 cuando los jueces del Tribunal Oral Federal de San Martín entró a la sala de audiencias y comenzó la lectura del veredicto de uno de los desprendimientos de la megacausa Campo de Mayo. Afuera, un barco de madera que, pintado a mano, dice “Comisión Memoria, Verdad y Justicia zona norte”. Hasta ahí lo llevaron los militantes de derechos humanos, sobrevivientes al terrorismo de Estado y familiares de desaparecidos que esperaron ansiosos la lectura del veredicto. Las tres absoluciones empañaron la sensación de Justicia. “Hay mucha bronca, es injusto, absolvieron a algunos que fueron parte de los allanamientos, que iban con itakas a las casas de los compañeros”, contó a Infojus Noticias Carlos Leguizamón, ex trabajador de Astarsa, sobreviviente a la dictadura.

 Las esperanzas de los familiares y sobrevivientes se colmaron cuando se escuchó la primera condena: prisión perpetua para el ex general Santiago Omar Riveros, a quien se lo halló culpable de 14 allanamientos ilegales, 5 casos de robo agravado, 33 secuestros y torturas y tres homicidios. Por su parte, el ex dictador Reynaldo Benito Antonio Bignone recibió la condena a 23 años, igual que durante todo el juicio, en silencio y con la mirada desafiante. El Tribunal lo encontró responsable de 9 allanamientos ilegales, 5 casos de robo agravado, 13 secuestros y torturas.

Los otros dos miembros del ejército Luis Sadi Pepa y Eugenio Guañabens Perelló fueron condenados a 16  y 17 años de prisión respectivamente. Mientras que el jefe de policía Juan Demetrio Luna deberá cumplir 9 años.
De los cuatro miembros de la Prefectura imputados solo fue condenado el de mayor rango: Juan Carlos Gerardi, quien deberá cumplir 9 años de prisión por  un allanamiento ilegal, cuatro secuestros y torturas. Sus subordinados Roberto Julio Rossin, Héctor Omar Maldonado y Alejandro Puertas fueron absueltos y eso despertó la indignación de los presentes que en silencio salieron de la sala y se agruparon en la puerta del Tribunal para expresar su descontento.

Un perdón sin arrepentimiento
El primero en tomar el micrófono para decir algo fue Juan Carlos Gerardi. Saco marrón, anteojos, la voz un poco temblorosa. Parado en el lugar desde donde siguió el juicio que lo tiene como imputado, dijo que él se limitó a cumplir “funciones específicas” durante la “lucha contra la subversión” y solo había hecho inteligencia. Agradeció al Tribunal por la oportunidad de hablar y pidió disculpas a las familias de los desaparecidos. El Tribunal lo condenó y absolvió a sus tres subordinados que también habían pedido perdón.
Si de verdad están arrepentidos, que digan qué hicieron con nuestros compañeros”, la frase se repitió entre los sobrevivientes y los familiares de los desaparecidos, en la puerta del Tribunal Oral Federal de San Martín durante la mañana. Minutos antes, los nueve imputados en la causa por la desaparición de los obreros de varias fábricas de la zona norte del Gran Buenos Aires durante la última dictadura cívico militar tuvieron la oportunidad de dar sus últimas.
Riveros y Bignone, que tenían a su cargo la zona militar de Campo de Mayo, guardaron silencio. La misma actitud tomaron el ex jefe policial Luna y los represores Sadi Pepa y Guañabens Perelló. Los prefectos Gerardi, Rossin, Maldonado y Puertas decidieron hablar. Palabras más o menos, los cuatro pidieron perdón a los familiares de las víctimas y dijeron que obedecieron órdenes de sus superiores. Walter Vivanco, sobreviviente del astillero Astarsa, resumió la actitud de los imputados en una sola frase: “Todo una pantomima”.

Esta causa es una de las causas que toma especial relevancia porque pone el foco en la relación cívico militar durante la última dictadura. Es que la desaparición de los delegados de las comisiones internas estaba directamente relacionada con los directorios y oficinas de personal de las empresas.  “Las corporaciones fueron los verdaderos autores del genocidio y del terrorismo de Estado, que se asentó bajo un modelo económico”, afirmaron en los alegatos las querellas encabezadas por los abogados Ciro Annicchiarico, de la Secretaría de Derechos Humanos y Pablo Llonto.
El fiscal Marcelo García Berro, ahía pedido la pena de prisión perpetua para Riveros; 25 años de prisión para Bignone; 20 años de prisión para Sadi Pepa; 18 años de prisión para Guañabens Perelló; 15 años de prisión para Gerardi y Luna, y 9 años de prisión para Rossin, Puertas y Maldonado. En todos los casos requirió también inhabilitación absoluta y perpetua, accesorias legales y costas. Por su parte, los querellantes coincidieron en el pedido para Riveros y Bignone, pero para el resto de los imputados solicitaron 25 años de prisión.

Llonto después de la audiencia de esta mañana, dijo a Infojus Noticias: “Por supuesto que siempre escuchar a un genocida o a quienes participaron del terrorismo de Estado pedir disculpas pero no contar la verdad genera un sentimiento contradictorio. Causa bronca porque los familiares están predispuestos a escuchar pedidos de disculpa, pero siempre y cuando tengan  la verdad. Son frases hechas para tratar de conmover al Tribunal, por ahí lo logran, pero no nos da a nosotros ningún tipo de respuesta”.
Un poco de justicia
Graciela Villalba lleva el rostro de su padre, Mauricio, en un prendedor. Él era trabajador del astillero Astarsa y está desaparecido desde mayo de 1977 cuando una patota se lo llevó de su casa en plena madrugada. Otros siete obreros navales, esa misma noche del 25 de mayo, corrieron la misma suerte. Ese mismo día, a Mauricio, que era delegado de los trabajadores navales, le habían dicho en la empresa que se diera por despedido. Astarsa lucía en sus puertas camiones militares y soldados custodiando quién entraba a trabajar y quién no. Riveros, único imputado por lo que le ocurrió a su padre, fue condenado a perpetua. “El perdón de los prefectos da impotencia, ellos cometieron actos de violencia, asesinaron desaparecieron a nuestros familiares y nosotros lo único que hacemos es levantar la fotos de nuestros desparecidos para que los miren”, dijo la mujer  mientras espera la lectura de la sentencia.
Fuente:Infojus






EL FALLO DEL TRIBUNAL FEDERAL DE SAN MARTIN EN EL LLAMADO JUICIO DE LOS OBREROS
Seis condenas y tres absoluciones
Por 33 casos de secuestros y desapariciones fueron condenados Riveros, Bignone y otros. Quejas de los familiares de las víctimas.

Los prefectos acusados quedaron libres al anularse una prueba.Imagen: Guadalupe Lombardo
Por Alejandra Dandan

Liliana Giovannelli se subió a los tablones colocados a modo de escenario en medio de la calle, frente a los tribunales federales de San Martín, donde desde hace algunos años se realizan los juicios de lesa humanidad. “Con los ceramistas todo salió más o menos como esperábamos –dijo–, pero con los navales, ¡es una vergüenza! ¡Es una vergüenza que los tipos se vayan a su casa caminando!” Después de tres meses de audiencias, ayer concluyó el llamado Juicio de los Obreros. El Tribunal Oral Federal 1 de San Martín, compuesto por Héctor Omar Sagretti, Marta Isabel Milloc y Diego Gustavo Barroetaveña, juzgó a nueve integrantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad por los secuestros y desapariciones de 33 trabajadores de la zona norte. De los nueve acusados, condenó a seis. Hubo una pena a prisión perpetua para Santiago Omar Riveros, jefe de Institutos Militares de Campo de Mayo, y de 23 años para Reynaldo Bignone. Y penas de 17 a 9 años de prisión para el resto. En tanto, absolvió a tres prefectos luego de anular una prueba testimonial de los años ’80. Esa decisión desató bronca entre familiares y ex trabajadores. Los prefectos eran los únicos acusados presentes físicamente en la sala. El resto no fue. Por otra parte, sin muchas palabras, los jueces sí aceptaron impulsar una investigación por la complicidad de los civiles, de cuyas responsabilidades se habló durante todo el juicio.

Cuando la lectura de las condenas y absoluciones terminó, la sala había pasado de los aplausos a un silencio repentino. Como intentando entender. Los tres prefectos se dieron vuelta y empezaron a levantarse. Y en ese momento, la esposa de uno de los ex trabajadores de Cattáneo gritó lo que pudo, como pudo. La sala acompañó. Se oyó el “como a los nazis les va a pasar”. En ese momento, se oyó sólo la voz de Santina Mastinú. Ellos seguían en la sala. Santina es la hermana de Martín Mastinú, trabajador de Astarsa, delegado, secuestrado en julio de 1976 por la patota integrada por los prefectos. Santina es además la esposa de Mario Marrás, obrero del astillero Mestrina. “Asesinos”, les gritó. “Asesinos y torturadores. Patoteros. Hijos de puta. Abusadores de mujeres. Basuras.”

“Tenemos bronca porque todo lo que se trabajó para conseguir la prueba no merece esta declaración”, dijo a la salida el abogado Pablo Llonto, representante de las querellas particulares. “Para nosotros había otros elementos de prueba, pero además nos queda el sabor amargo de que los jueces no hayan mencionado en el veredicto algunos de los pedidos explícitos sobre civiles, hay una remisión general a la instrucción de todos nuestros pedidos, pero la verdad es que no responde a lo que esperábamos. Así que plantearemos el recurso de Casación y habrá que dar una pelea nueva en instrucción, para que aparezca de una vez por todas la responsabilidad de los civiles.”

El juicio se hacía por el secuestro, tortura, desaparición y homicidio, en algunos casos, de los trabajadores de las fábricas de cerámica Lozadur y Cattáneo y los astilleros de Mestrina y Astarsa. La mayor parte de las víctimas eran delegados. En el debate se juzgó a integrantes de las fuerzas de seguridad y militares, pero no a los civiles. La fiscalía y las querellas pidieron en los alegatos que el tribunal ordenara impulsar las investigaciones sobre propietarios, directivos, gerentes y todas las personas mencionadas en los testimonios. La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación pidió además algún pronunciamiento simbólico en ese sentido. Aunque eso puede llegar a ser incluido en los fundamentos de la sentencia, que se darán a conocer el 5 de noviembre, algo de todo eso se esperaba ayer y no ocurrió. Los jueces sí aceptaron todos los pedidos generales, ordenaron enviar los testimonios al juzgado de instrucción e iniciar las investigaciones.

“Estamos todos conmovidos”, dijo Carlos Leguizamón, enorme, grandote, casi saliendo a la calle. Habla con alguna lágrima. “No dejamos de reconocer los avances, pero con los argumentos contundentes de cada uno de los testigos nos parece que hay cosas que no se entienden bien –sigue–. No sé qué tenemos que probar para estos jueces, nos gustaría saberlo: ¿qué más hay que hacer?”. Leguizamón estuvo en Cattáneo entre 1970 y 1977, era delegado, parte de la JTP, la Agrupación Evita, testigo de este juicio que dio voz a muchas familias humildes de la zona norte, a muchas personas que no habían vuelto a buscar datos de sus familiares. “Cualquier persona común, cuando escucha todo esto, se da cuenta de la complicidad civil en estos crímenes, de que hubo listas hechas por empresarios con el Ejército, pero los poderosos todavía están en su casa.” Me gustaría, dijo, “reivindicar en este momento a cada compañero y su lucha. No es verdad que luchábamos sólo por mejores salarios: queríamos cambiar el mundo y eso es lo que no nos perdonan”.

Al lado suyo, lo mira Omar Ozeldín. Como cada nombre, sus presentaciones despiertan en los patios del edificio imágenes de las historias que se fueron escuchando durante los meses de juicio. Omar es el hijo de Jorge Ozeldín, otro de los trabajadores de Cattáneo, secuestrado de su casa, el 27 de octubre de 1977. A Ozeldín hijo lo buscaron y lo encontraron otros familiares cuando imaginaron llegar a un juicio. “Hoy tengo 50 años y llevo 38 tratando de restaurar la dignidad de aquella persona que no era la que ellos pretendieron que fuera”, dijo sobre su padre.

En el fondo, contra una pared del patio, está Jorge Velarde con su bastón. Es un ex trabajador de Astarsa, también testimoniante. Llegó temprano. “Fui delegado de Astarsa”, se presentó cuando llegó. “Y para mí es muy emocionante haber llegado al final de este juicio que esperamos durante muchísimos años, y luchamos por él. Esperemos que las condenas sean justas. Sabemos que el juicio ha permitido revelar cosas sobre la responsabilidad civil, pero sabemos que la Justicia tiene dificultades porque quiere pruebas fehacientes. Pero, bueno, esto va a continuar. Vamos a aportar todo lo que podamos en la investigación.” Al final, algo había cambiado. “Por un lado satisfecho, pero al mismo tiempo tengo mucha tristeza.”

Durante la lectura de la sentencia, a la hija de Francisco Palavacino se le llenaron varias veces los ojos de lágrimas, cuando escuchaba los nombres de los acusados Riveros y Bignone. En otra fila estaban las tres docentes que buscaron durante años reconstruir las historias de las hermanas Dominga y Felicidad Abadía Crespo, trabajadoras de Lozadur. Estaba Liliana Giovannelli, que fue empleada de un laboratorio en los años ’70 y ahora habla en un escenario. Estaban las hijas de Ismael Notaliberto y de Pablo Villanueva. “La verdad es que estoy con miedo”, dijo Marisa Villanueva. “El miedo es porque todo esto tardó mucho en llegar, tengo terror a que no se los condene y es la primera vez que estoy en un juicio. Para mí es fuertísimo estar acá.”




Las penas
- Santiago Omar Riveros (militar): prisión perpetua por ser coautor de los delitos de allanamiento ilegal; robo agravado por el uso de armas; privación ilegal de la libertad; imposición de tormentos y homicidio agravado.
- Reynaldo Bignone (militar): 23 años de prisión por ser coautor de los delitos de allanamiento ilegal; robo agravado por el uso de armas; privación ilegal de la libertad; imposición de tormentos agravados.
- Luis Sadi Pepa (militar): 17 años por allanamiento ilegal; robo agravado por el uso de armas; privación ilegal de la libertad e imposición de tormentos agravados.
- Eugenio Guañabens Perelló (militar): 16 años por allanamiento ilegal; robo agravado por el uso de armas; privación ilegal de la libertad; imposición de tormentos agravados.
- Juan Demetrio Luna (comisario de Tigre): 9 años por privación ilegal de la libertad; imposición de tormentos agravados.
- Juan Carlos Gerardi (prefecto): 9 años por allanamiento ilegal, privación ilegal de la libertad e imposición de tormentos agravados.
- Héctor Omar Maldonado, Alejandro Puertas y Roberto Julio Rossin (prefectos): absueltos.




Se juzgaron crímenes de lesa humanidad cometidos contra una treintena de trabajadores navales y ceramistas
Juicio de los obreros: seis condenados Santiago Riveros recibió reclusión perpetua, y hubo tres absoluciones. "Sabor amargo" en los familiares de las víctimas.
Juicio de los obreros: seis condenados
Justicia - Familiares de las víctimas se presentaron en el Tribunal Oral Federal de San Martín. Hubo quejas por el veredicto.
La justicia decepcionó una vez más a los familiares de víctimas y sobrevivientes del terrorismo de Estado. El Tribunal Oral Federal N° 1 de San Martín dio a conocer ayer la sentencia en el undécimo proceso de la megacausa Campo de Mayo, conocido como "el juicio de los obreros", donde se juzgaron los crímenes de lesa humanidad cometidos entre 1976 y 1977 contra una treintena trabajadores navales y ceramistas de la zona norte del Conurbano Bonaerense, la mayoría con una fuerte militancia sindical de base. "En el balance global del veredicto predomina el sabor amargo", explicó a Tiempo Argentino el abogado Pablo Llonto, que representa a las víctimas. Ocurre que tres de los nueve acusados fueron absueltos y la complicidad civil denunciada por los familiares apenas fue mencionada por los magistrados. La querella adelantó que apelará el fallo. El ex jefe del Comando de Institutos Militares Santiago Riveros fue el único procesado que recibió la pena de prisión perpetua.

Los jueces Héctor Sagretti, Marta Milloc y Diego Barroetaveña condenaron ayer a seis de los nueve acusados en el pleito. La pena de prisión perpetua contra el militar Riveros fue la única que coincidió con la solicitud que habían realizado las querellas. Quien lo secundaba en el cargo, Reynaldo Bignone, recibió 23 años de cárcel. El ex director de la Escuela de Comunicaciones, Luís Sadi Pepa, fue penado con 17 años de prisión; el ex director de la Escuela General Lemos, Eugenio Guañabens Perelló, deberá purgar una condena de 16 años. Mientras que el titular de la Comisaría 1ª de Tigre, Juan Demetrio Luna, y el prefecto Juan Gerardi, recibieron nueve años de reclusión.

Las querellas habían solicitado 25 años de prisión para Bignone, Sadi Pepa y Gerardi, y 18 años para Perelló. Salvo el prefecto, los restantes procesados ya habían recibido penas severas en otros juicios de lesa humanidad.

No obstante, la mayor desazón de los familiares se produjo cuando escucharon que los prefectos Héctor Maldonado, Alejandro Puertas y Roberto Rossin, para quienes habían solicitado 20 años de prisión, fueron absueltos. Junto a Gerardi, jefe de los agentes mencionados, estaban sindicados como "autores inmediatos" en el caso de los obreros navales Martín Mastinú y Mario Marras. "Muchas pruebas indicaban que la Prefectura actuó en esos operativos", afirmó Llonto. El 5 de noviembre, cuando se lean los fundamentos del veredicto, se conocerán las razones que beneficiaron a los represores. A partir de ese momento, las querellas podrán recurrir la decisión del tribunal ante la cámara de Casación.
COMPLICIDAD CIVIL. El juicio había comenzado el 8 de julio pasado y durante su desarrollo había quedado expuesta la complicidad empresaria en el secuestro y desaparición de las víctimas, vinculadas a las firmas navales Astilleros Astarsa y Mestrina y las fábricas de cerámica Lozadur y Cattáneo. Por negligencia judicial los civiles no fueron imputados. Los familiares y sobrevivientes esperaban que el tribunal ordenase al juzgado de instrucción que profundice la investigación en torno a los colaboracionistas, atento al cúmulo de prueba que había surgido a lo largo de las audiencias. Además de las declaraciones de los testigos, durante los tres meses que duró el proceso también surgió nueva prueba documental. Se destacaron los archivos de la ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA), cables desclasificados de Estados Unidos y el libro de actas de la ceramista Lozadur.

"No se mencionó el tema de los civiles. Estamos disconformes con eso. Los jueces solo dijeron que se extraigan fotocopias (de las pruebas) y que se remitan al juzgado de instrucción para que las querellas insten la investigación. Pedir que saquen fotocopias, la verdad que es lo mismo que no decir nada", cuestionó Llonto. "Nosotros solicitamos una exhortación mayor, que el tribunal dijese que había evidencia de pruebas sobre la responsabilidad empresarial y que pidiese al juzgado que investigue ese delito", añadió. El tribunal tampoco hizo lugar al pedido de prisión efectiva de los procesados.

"Estamos muy decepcionados", aseguró a Tiempo Argentino Liliana Giovannelli, quien integra la comisión Memoria, Verdad y Justicia-Zona Norte e impulsa la pesquisa junto a otros compañeros. "Nosotros pensamos que a los prefectos les iban a dar condenas chicas pero no que los iban a absolver. Es una decepción grande", manifestó la pareja del obrero ceramista desaparecido Juan Carlos Panizza. A pesar del nuevo revés, no baja los brazos:

"Seguiremos trabajando para que mejoren las cosas", prometió.
Fuente:TiempoArgentino







07.10.2014
Giran copia de actuaciones para que se investigue complicidad civil y empresaria
Juicio de los Obreros: Perpetua a Bignone y Riveros y altas penas para Guañabens Perelló y Sadi Pepa

Obrero Naval Martín Mastinu. Permanece desaparecido.
El Tribunal Oral Federal 1 de San Martín impuso hoy penas de prisión perpetua al general de división (RE) Santiago Riveros y de 23 años de prisión al ex presidente de facto, Reynaldo Benito Antonio Bignone en el llamado "juicio de los obreros" de la Zona Norte del Gran Buenos Aires, por delitos de lesa humanidad perpetrados durante la última dictadura en perjuicio de más de 30 personas. El fallo condenó también a otros cuatro represores, entre ellos el general de división (RE) Eugenio Guañabens Perelló y el coronel (RE) Luis Sadi Pepa. Al mismo tiempo, tres de los imputados fueron absueltos.La Secretaría de Derechos Humanos, que es querellante, adelantó que recurrirá.

El TOF ghiró copia de actuaciones al juzgado de primera instancia, para que se investigue la resposabilidad civil y empresarial en los delitos.

La sentencia tomó en cuenta los delitos de privación ilegal de libertad, homicidio, tormentos, allanamiento ilegal y robo, en todos los casos agravados, de lesa humanidad y por tanto imprescriptibles. Además de Riveros y Bignone, fueron condenados a 17 años de prisión al coronel Luis Sadi Pepa, a 16 años de prisión al general de división Eugenio Guañabens Perelló y a nueve años de prisión a Juan Demetrio Luna y Juan Carlos Gerardi.

El Tribunal integrado por los jueces Hector Sagretti, Marta Milloc y Diego Barroetaveña resolvió además girar copia de las actuaciones al juzgado de primera instancia, como pidieron querellas y fiscalía para que se investigue la responsabilidad civil empresarial en los delitos considerados y otros de índole sexual. La investigación solicitada apunta ante todo a la complicidad de empresarios y directivos de los astilleros Astarsa y Mestrina y de los establecimientos ceramistas Lozadur y Cattáneo en los delitos por los que fueron condenados hoy seis represores.

En el mismo fallo, los magistrados absolvieron en cambio a otros tres imputados en este undécimo juicio de la megacausa de Campo de Mayo, que comenzó el 8 de julio último. Excepto en las tres absoluciones, que serán recurridas, las penas de prisión impuestas por el Tribunal se aproximaron a las solicitadas por la fiscalía y las querellas.

"Terminamos con sabor semiamargo porque, si bien se condenó una vez más a Riveros, Bignone y otros cuatro represores, tres más fueron absueltos en una decisión por la que vamos a interponer recurso de casación", dijo Télam el abogado Ciro Annicchiarico, querellante por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

"Teníamos la expectativa de que el Tribunal evaluara adecuadamente las pruebas de cargo" ofrecidas respecto de los absueltos Roberto Rossin, Alejandro Puertas y Héctor Maldonado, imputados en el caso de los obreros navales Martín Mastinú, desaparecido y Mario Marras, asesinado.

El letrado señaló que estos tres imputados finalmente absueltos, represores que integraban la Prefectura, al pronunciar hoy sus "últimas palabras, terminaron pidiendo perdón".
"El 5 de noviembre vamos a conocer los fundamentos de la sentencia pero ya vemos que en estas absoluciones el Tribunal dio prioridad a la nulidad de indagatorias de 1984 por evidentes fallas en la instrucción" y desestimó en cambio las pruebas de cargo acumuladas con posterioridad", argumentó.

Por otra parte, Annicchiarico destacó que "este juicio puso de manera clarísima en evidencia la complicidad civil empresaria, que no solo instigó sino que tuvo una intervención esencial en la individualización y delación, mediante confección de listas, de los propios trabajadores que resultarían víctimas".

"Directivos de Astarsa, Mestrina, Lozadur y Cattaneo fueron denunciados con nombre y apellido por las víctimas sobrevivientes y por los familiares que peregrinaron, en la mayoría de los casos infructuosamente, por dar con el paradero de sus seres queridos, cuyo 'delito' consistió en reclamar mejoras salariales y laborales", añadió.

Además de numerosos testimonios vertidos en este juicio, la nueva prueba reunida incluye documentación desclasificada del Departamento de Estado norteamericano, libros de actas del directorio de Lozadur e informes de la ex DIPBA (Dirección de Inteligencia de la Policía bonaerense).

Por otra parte, para un futuro juicio de la megacausa de Campo de Mayo, quedaron además otras causas que también tuvieron como víctimas a trabajadores de la Zona Norte, entre ellos los secuestrados en la planta de Ford Pacheco, una causa que comprende entre los imputados a tres ex directivos de la automotriz de origen estadounidense.
Fuente:Telam

7 de octubre de 2014

JUICIO CAMPO DE MAYO: HOY SENTENCIA.

7/10: ¡TODOS/AS AL JUICIO DE CAMPO DE MAYO! SENTENCIA A GENOCIDAS

H.I.J.O.S.-Capital 





EL JUICIO POR LOS OBREROS
Hoy habrá sentencia
Santiago Omar Riveros y Reynaldo Bignone, entre los acusados.Imagen: Rafael Yohai

El Tribunal Oral Federal Nº1 de San Martín dará a conocer hoy su veredicto en el llamado “juicio de los obreros” de la Zona Norte del Gran Buenos Aires, por crímenes de lesa humanidad cometidos contra más de 30 trabajadores navales y ceramistas durante la última dictadura.

La audiencia comenzará con las dúplicas de las defensas y las últimas palabras de los acusados, incluidos Santiago Omar Riveros, Reynaldo Bignone y otros siete represores, para los cuales la querella solicitó penas que van de prisión perpetua a 18 años.

La sentencia se conocerá por la tarde, después de un cuarto intermedio para almorzar, según lo dispuesto por el tribunal que integran los jueces Héctor Omar Sagretti, Marta Isabel Milloc y Diego Gustavo Barroetaveña.

En este juicio, el undécimo de la megacausa Campo de Mayo, están acusados represores del Ejército, la Prefectura y la Policía bonaerense, pero no los responsables de la complicidad empresarial. Querellantes y fiscales pidieron al tribunal que remita al juzgado de primera instancia los antecedentes y nuevas pruebas que apuntan a la responsabilidad de autoridades empresariales de los astilleros Astarsa y Mestrina y de las ceramistas Lozadur y Cattáneo en los delitos investigados.

En su alegato, el abogado Pablo Llonto recordó que familiares de las víctimas declararon: “Destrozaron a nuestras familias”. También habló del testimonio de Pablo Ramón Legizamón, cuya mujer trabajaba en Lozadur y está desaparecida: “La llevaron por decir la verdad”. Y Graciela Villalba, madre de una de las desaparecidas: “He cumplido 60 años y me doy cuenta de que he pasado 31 pidiendo justicia”.

Además de numerosos testimonios vertidos en este juicio, la nueva prueba incluye documentación desclasificada del Departamento de Estado norteamericano, libros de actas del directorio de Lozadur e informes de la ex Dipba (Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires).

Para un futuro juicio de la megacausa de Campo de Mayo quedaron además otras causas que también tuvieron como víctimas a trabajadores de la Zona Norte, entre ellos los secuestrados en la planta de la Ford en Pacheco, caso que comprende entre los imputados a tres ex directivos de esa automotriz.
Fuente:Pagina12

6 de octubre de 2014

SIN EL EJE EMPRESARIO EL JUICIO DE LOS OBREROS TENDRÁ SENTENCIA.

Mañana se conocerá el veredicto. La querella solicitó penas que van de los 18 años de cárcel a la prisió perpetua
Sin el eje empresario, el "juicio de los obreros" tendrá sentencia
El expediente investigó los delitos de lesa humanidad contra una treintena de trabajadores del Conurbano. Por negligencia judicial, los únicos imputados fueron militares, prefectos y policías.
Sin el eje  empresario, el
Condenas - Las audiencias del juicio comenzaron el 8 de julio pasado. Mañana, el proceso llegará a su fin y tendrá sentencia.

Este martes se leerá el veredicto del llamado "juicio de los obreros", el undécimo proceso de la megacausa Campo de Mayo, en el que se juzgan los crímenes de lesa humanidad cometidos contra una treintena trabajadores navales y ceramistas de la zona norte del Conurbano Bonaerense, la mayoría con una fuerte militancia sindical de base. Durante las audiencias, que comenzaron el 8 de julio pasado, quedó expuesta la complicidad empresaria con el terrorismo de Estado en el secuestro y desaparición de las víctimas, entre 1976 y 1977. No obstante, por negligencia judicial los únicos imputados fueron cuatro militares, cuatro prefectos y un policía bonaerense. Se espera que en un próximo pleito se incluya a los colaboracionistas civiles.

"Este juicio, en el que abundaron testimonios y pruebas documentales sobre la participación empresarial y gerencial en los secuestros, no debería culminar sólo en condenas a los imputados militares, policías y prefectos. Es una gran oportunidad para que la justicia advierta o exhorte en sus sentencias a que se profundice la investigación sobre aquellos responsables no sólo de instigar a los secuestros, sino que participaron con determinados actos en la comisión de los hechos", afirmó el abogado Pablo Llonto, quien representa a las víctimas, a Tiempo Argentino. "Hay muchos empresarios y jefes de personal en la Argentina que vienen eludiendo los juicios porque ciertos sectores de la justicia son muy generosos con ellos", aseguró el letrado.

"Este caso fue elevado a juicio con pruebas que generamos los familiares. La complicidad civil ni siquiera se investigó. Hubo un trabajo deficiente del Juzgado de Instrucción y no hubo colaboración por parte del fiscal (Jorge) Sica", indicó Liliana Giovannelli, que integra la comisión Memoria, Verdad y Justicia-zona norte e impulsa la pesquisa junto con otros de sus compañeros. Los organismos de Derechos Humanos ya habían solicitado la recusación de Sica en abril del año pasado por su "falta de objetividad y compromiso" a la hora de "investigar y acusar a los responsables de los miles de crímenes de lesa humanidad cometidos en Campo de Mayo durante la última dictadura cívico-militar". El procurador fue remplazado luego de realizar casi toda la instrucción. En su lugar fue designado Miguel Blanco García Ordas.

Las empresas involucradas en este pleito, a las que las querellas sindican como colaboracionistas del genocidio, son los Astilleros Astarsa y Mestrina, y las fábricas de cerámica Lozadur y Cattáneo. Los secuestros de los militantes sindicales en estas firmas no se produjeron al azar. Al momento de los hechos, había conflictos gremiales abiertos.
Si bien los trabajadores de cada rubro transitaron un circuito represivo diferente, la mayoría tuvo un destino final común: Campo de Mayo y la muerte. Por eso, se produjo una unidad en el tratamiento judicial. Entre el 8 de julio y el 12 de agosto se abordaron los 17 casos que involucran a obreros navales. Y desde el 12 de agosto se trataron los secuestros de los 13 ceramistas.

IMPUTADOS Y AUSENTES. En el banquillo de los acusados escucharán la sentencia del Tribunal Oral Federal 1 de San Martín los militares Santiago Riveros, ex jefe del Comando de Institutos Militares, quien lo secundaba en el comando, Reynaldo Bignone; Luís Sadi Pepa, ex director de la Escuela de Comunicaciones; y Eugenio Guañabens Perelló, ex director de la Escuela General Lemos dentro del Comando de Institutos Militares. Junto con el titular de la Comisaría 1ª de Tigre, Juan Demetrio Luna, son sindicados como responsables de los hechos y ya fueron condenados en otros juicios de lesa humanidad. A ellos se suman los prefectos Carlos Gerardi, Héctor Maldonado, Servando Ortega y Roberto Rossin. Los agentes de Prefectura están acusados como ejecutores, aunque en un solo caso: el de los obreros navales Martín Mastinú y Mario Marras. La querella solicitó para Riveros la prisión perpetua. Para Bignone, Sadi Pepa y el prefecto Gerardi, 25 años de prisión. A su vez, solicitó 20 años de cárcel para los prefectos Rossin, Puertas y Maldonado, y 18 años para Perelló.

"Esperemos que se apliquen las condenas que pedimos. Nuestra mayor expectativa es que el tribunal tome en consideración lo que solicitamos y que exija al juez de instrucción que investigue la prueba que surgió en este juicio. Para que se haga justicia se debe condenar a los responsables que quedaron afuera de este proceso. Se debe bajar en la cadena de mando y también apuntar a la evidente complicidad civil y empresarial", señaló Giovannelli en diálogo con este diario. Liliana tenía tan sólo 20 años de edad y ocho meses de casada cuando desaparecieron a su pareja, el obrero ceramista Juan Carlos Panizza.

LA COMPLICIDAD CIVIL. "En el transcurso del juicio declararon testigos como el ceramista José Alonso, quien dijo que la policía de la provincia de Buenos Aires se había infiltrado las fábricas. También declaró un jefe de personal de Lozadur, quien dijo que el dueño de la firma recibía a los militares, que tenía trato fluido con ellos", destacó Llonto.

"También es muy clara la responsabilidad empresaria en el caso de Cerámicas Cattáneo, donde los trabajadores fueron secuestrados y golpeados dentro de la misma fábrica durante su jornada laboral. En algunas ocasiones participó personal de seguridad vinculado a la empresa. En otras, directamente la firma acordó para que el personal de seguridad esté a cargo de grupos de tareas (vestidos) de civil", añadió el abogado.

En el caso de los obreros navales, ex trabajadores relataron que iban a buscar a las víctimas con un listado y en algunos casos tenían hasta una ficha con fotos. Muchos fueron secuestrados en las puertas de los astilleros.

nueva prueba documental

Además de las declaraciones esclarecedoras de los testigos, durante los tres meses que duró el proceso también surgió nueva prueba documental. Se destacan los archivos de la ex Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPBA), cables desclasificados de los Estados Unidos y el libro de actas de Lozadur que desnudarron la complicidad empresarial.

Un cable desclasificado por el Departamento de Estado que data del 14 de junio de 1978 es contundente: una "fuente que se codea con agentes de inteligencia del Ejército nos dijo que 19 trabajadores de cerámica fueron ejecutados en Campo de Mayo en noviembre 1977". En otro pasaje, se resaltó: "Creemos que hay un alto grado de cooperación generalmente entre representantes de la administración y las agencias de seguridad orientada a eliminar infiltrados terroristas del los lugares de trabajo industriales y a minimizar el riesgo de conflicto industrial." Los documentos, otrora secretos, fueron aportados por Carlos Osorio, quien declaró como testigo mediante Teleconferencia desde el Consulado argentino en Washington.

Los libros de actas del Directorio de Lozadur también reflejaron la participación civil en los secuestros. Allí se plasmaron las reuniones que mantenían los directivos quienes se sentían tan impunes que dejaron por escrito sus deseos de volver a instaurar la "disciplina" en las fábricas.

"La única solución definitiva del problema era la eliminación de todos los elementos vinculados claramente a la acción disfrazada de gremial… por ello se resolvió cerrar el establecimiento y despedir con legal causa a todo el personal…", suscribieron los escribas. Giovannelli explicó: "El 18 de octubre del ’77, Lozadur cerró la fábrica. Echó a todos los obreros. El 24 de noviembre, según consta en las actas, reincorporó a todos, con una salvedad. Los directivos resaltaron que siete operarios no se presentaron a trabajar. Consideraron que su ausencia se debió a una falta ordinaria. Sabían muy bien que estaban desaparecidos."

Los libros de actas donde surge esta información valiosa se encontraban en la causa de la quiebra de Lozadur. Fue pedida por la querella en el 2010 y llegaron al expediente en febrero del 2014 con el caso ya elevado a juicio.

Otro elemento que surgió en el expediente fueron los informes de la ex DIPBA con información sobre las regionales Tigre y La Plata. "Un investigador del CONICET quien revisó los archivos dio cuenta de que una de las fuentes era un alto directivo de la empresa", explicó Giovannelli.
Fuente:TiempoArgentino