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14 de diciembre de 2021

Confirman las condenas por la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001.

 

Confirman las condenas por la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001

El ex secretario de Seguridad Enrique Mathov y el ex jefe de la Policía Federal Rubén Santos deberán cumplir penas de cárcel. El fallo se conoce en la semana del vigésimo aniversario de la caída del gobierno de la Alianza.

La Cámara Federal de Casación Penal confirmó las condenas a penas de prisión de cumplimiento efectivo del ex secretario de Seguridad del gobierno de la Alianza, Enrique Mathov, y del ex jefe de la Policía Federal Rubén Santos, por la represión que precedió a la caída del gobierno de la Alianza el 19 y 20 de diciembre de 2001 y causó cinco muertes en los alrededores de la Plaza de Mayo.

Ambos fueron condenados por el delito de “homicidio culposo en perjuicio de Gastón Riva, Diego Lamagna y Carlos Almirón”, y heridas a otra veintena de manifestantes que protestaban por la situación social, las medidas restrictivas para el retiro de dinero en efectivo y el Estado de Sitio decretado por el ex presidente Fernando De la Rúa. prisión perpetua

Justo en la semana en que se recordarán los 20 años de aquellos trágicos episodios, los camaristas Ángela Ledesma, Daniel Petrone y Diego Barroetaveña firmaron el fallo de 55 páginas que ratifica las penas a cuatro años y tres meses para Mathov y a tres años y medio para Santos, en ambos casos de cumplimiento efectivo.

El fallo también confirmó la condena contra el ex subcomisario Carlos José López, a cinco años y nueve meses de cárcel como “coautor penalmente responsable de los delitos de homicidio en agresión (por la muerte de Alberto Manuel Márquez) en concurso ideal con lesiones en agresión”.

De todos modos, ninguno de ellos irá por ahora a prisión, puesto que las condenas no están aún firmes, ya que resta aún un pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia.

Condenas por la represión.

Condenas por la represión.

El fallo también ratificó las condenas de cumplimiento en suspenso del ex director general de Operaciones de la Policía Federal Norberto Gaudiero, a tres años; y Víctor Manuel Belloni Víctor Manuel Belloni, a dos años y nueve meses pero en su caso sólo por el delito de “abuso de armas”. (en suspenso).

“No se advierte, ni las partes han logrado demostrar una hipotética arbitrariedad en los fundamentos del tribunal de sentencia al mensurar las sanciones, desde que los jueces desarrollaron los motivos por los que, en cada caso, correspondía alejarse de los mínimos previstos en las escalas penales”, sostuvo el fallo.

Mathov sufrió además una inhabilitación especial para ejercer cargos públicos por ochos años y medio. Santos, por su parte, quedó inhabilitado por siete años para ejercer cargos públicos.

Todos los imputados habían sido condenados en 2016, pero tres años después la Cámara Federal de Casación, si bien ratificó sus responsabilidades, ordenó revisar el monto de las condenas.

Así, el tribunal oral federal número seis redujo en mayo pasado la condena de Mathov de cuatro años y nueve meses de cárcel a cuatro años y tres meses, en tanto que para Santos la rebaja fue de cuatro años a tres años y medio.

Las defensas volvieron a apelar el monto de la condena, pero la Casación hoy desestimó los recursos y dejó firmes las últimas sentencias.

La Casación consideró que el tribunal oral, al fijar las penas, evaluó “circunstancias concretas y generales del accionar y de las particularidades de cada imputado para llegar a la conclusión del quantum punitivo que le correspondía a cada uno”.

“Ha fundamentado suficientemente la sanción impuesta a los condenados, toda vez que se ha hecho un adecuado desarrollo de las pautas legales exigidas, llegándose luego de ese análisis a la conclusión de que correspondía imponerles las penas finalmente dispuestas”, subrayaron los jueces.

Los sentenciantes han brindado adecuados y suficientes fundamentos a la hora de determinar las penas a imponer a los encartados, han decidido el monto de las mismas dentro de los límites previstos para los delitos imputados de acuerdo a la ley vigente al momento de su comisión, evaluando en forma adecuada las pautas mensurativas de la pena”, resumieron.

Fuente:lmNeuquen


Cuentas pendientes a 20 años del estallido en Argentina

Ana Delicado Palacios
BUENOS AIRES (Sputnik) — Es una frase del filósofo madrileño George Santayana (1863-1952) que ha tenido sus meandros, pero su versión más fiel dice así: "Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo".
Bien podría estar de acuerdo con este aforismo Martín Galli, sobreviviente de la represión que en diciembre de 2001 marcó un punto de quiebre en Argentina.
Era el 20 de diciembre y Martín, un joven de 26 años de la localidad bonaerense de San Justo con una situación laboral muy precaria, vio por televisión cómo la policía montada a caballo reprimía a Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. "Eso me hizo levantarme de la silla", cuenta a la Agencia Sputnik. "Sentí que tenía que estar ahí".
Martín se encaminó con dos amigos hacia el centro de la ciudad de Buenos Aires desde la estación ferroviaria de Once. Pasaron por el Congreso y llegaron a la Plaza de Mayo, uno de los epicentros de la protesta social, frente a la sede de Gobierno.
Se encontraron la plaza vallada, así que se dirigieron hacia el monumento del Obelisco, donde se manifestaban más de un millar de personas. Allí permanecieron unas horas, y después se apartaron unos metros para descansar. Entre el verano y el humo de los gases lacrimógenos, hacía un calor demoledor.
Protestas en Argentina, diciembre 2001 - Sputnik Mundo, 1920, 08.12.2021
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A 20 años del 'Argentinazo': cronología de un diciembre fatal e inolvidable
Eran las 19.15 cuando aparecieron sobre la avenida dos coches y una camioneta sin identificar. Los automóviles frenaron frente a unas 200 personas que se resguardaban de la canícula bajo unos árboles, donde también estaban Martín y sus amigos. Varios hombres con los chalecos de la Policía Federal descendieron.
"Estábamos en su mira. Apuntaron hacia nosotros y empezaron a disparar", rememora Martín. "Yo me levanté, giré, y ya no recuerdo más. Caí herido con una bala de plomo en la cabeza. En ese momento tuve un paro cardíaco".
En semejante desgracia, Martín tuvo la fortuna de ser auxiliado por un docente llamado Héctor García, apodado "El Toba", que le realizó maniobras de reanimación cardiopulmonar.
La policía tenía intención de llevarse a los heridos y fallecidos que habían caído a su alrededor. "Pero el Toba me abrazó de atrás, empezó a insultar a la policía y a arengar a la gente para que se acercara y no nos llevaran", continúa Martín, según pudo reconstruir después.
Un segundo paro cardíaco sufrió este argentino mientras un taxi lo llevaba al hospital. "El Toba", a su lado, lo rescató de la muerte una vez más. Faltaban minutos para que Fernando de la Rúa abandonara la Casa Rosada en helicóptero.
Corralito de 2001 en Argentina - Sputnik Mundo, 1920, 01.12.2021
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El 'corralito', el fantasma que asusta a los argentinos desde hace 20 años
Hoy Martín evoca al que después se convirtió en su amigo con un timbre opaco en la voz.
"A partir de ahí tuvimos una relación de mucha cercanía y hermandad. Empecé a ir a su casa, él que tenía un comedor comunitario. Nos veíamos siempre, nos visitábamos con nuestras familias", relata. "El día que falleció, le pude acercar la música que él disfrutaba con un discman y fue una manera de acompañarlo. Fue un final difícil, porque tuvo cáncer, pero sigue muy presente".
Tres días antes de que falleciera su amigo, el 14 de junio de 2014, Martín se convirtió en el primer baleado en declarar en el juicio por la represión que en la capital causó cinco fallecidos y 117 heridos.
La sentencia llegó dos años después. El único político que fue condenado fue el exsecretario de Seguridad, Enrique Mathov, que recibió 4 años y 9 meses de cárcel. Otros ocho expolicías recibieron penas de hasta seis años, incluido el exjefe de la PFA, Rubén Santos, sentenciado a 4 años de cárcel.
En mayo de este año, sus penas fueron revisadas por orden del máximo tribunal penal del país. A Mathov se le redujo la condena a 4 años y 3 meses de prisión efectiva, mientras que Santos recibió la pena de 3 años y 6 meses de calabozo. Sus penas siguen sin estar confirmadas.
En mayo de 2015, la Corte Suprema dejó firme el sobreseimiento de quien fuera el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Fernando de la Rúa (1999-2001) falleció en 2019.
Esta indefinición es agotadora para quienes buscan justicia hace dos décadas. "Llego hastiado de que no haya una definición judicial", reconoce Martín.

Aprendizajes

Veinte años después de aquella tragedia, Martín se pregunta qué lección aprendió el país. "El humor social es muy cambiante", evalúa. "La gente busca simplificar todo lo más posible, y eso hace que crezcan las derechas en el mundo. Desde ahí, todo va a ser todo muy complicado".
En 2001 hubo una vocación de unidad en medio de la lucha que involucró a la clase media afectada por el corralito y a los piqueteros de barrios populares en la provincia de Buenos Aires (este). "Piqueteros, cacerolas, la lucha en una sola" era uno de los cantos que se podía oír en las calles erizadas de terror por la violencia.
"Venían las caravanas de provincia a capital y eran recibidos con agua en las plazas. Todos iban después unidos a protestar", recuerda Martín. "Pero en un momento eso se rompió y la clase media empezó a cortarse sola".
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El corolario de aquellos incidentes arrastra, en la reflexión de Martín, una connotación melancólica. "Creo que no se aprendió nada, esa impresión me da", lamenta. "Si gana la derecha no se aprendió, porque en definitiva, son los que proponen estos planes de ajuste, que son los que ocasionaron el 2001".
El progresismo tampoco tiene nada de qué felicitarse. "Poco aprendieron también, porque incurren en los mismos errores en un país periférico como el nuestro que siempre cae en la restricción eterna por la falta de dólares", concluye.
La represión desencadenada en el país por el corralito y el Estado de sitio, últimas decisiones de De La Rúa, causó entre el 19 y el 20 de diciembre 39 asesinatos en todo el país.
Fuente:Sputnik




19 y 20 de diciembre: un balance 

a 20 años

Por Guillermo Cieza, Resumen Latinoamericano, 13 de diciembre de 2021. 

La rebelión del 19 y 20 de diciembre fue la eclosión de un largo período de acumulación de lucha populares. A diferencia de lo que ocurrió en otros países como Bolivia, quienes generaron con su movilización una crisis politica no pudieron capitalizarla para llegar al gobierno y producir transformaciones. No hay elegidsxs por la historia que puedan atribuirse ser continuadores de esa rebelión popular. Su legado será patrimonio de quiénes estén dispuestos a cargar con esa mochila y a encarnar esos sueños de rebelión.

El estallido del 19 y 20 de diciembre de 2001 está precedido de una larga secuencia de gestiones políticas que habían llevado al país a una situación de abultado endeudamiento externo y gran crisis social. El endeudamiento externo se había iniciado con la dictadura que además, había producido cambios sustanciales en la estructura productiva del país con un agudo proceso de desnacionalización de empresas y de desindustrialización, baja de salarios y crecimiento de la desocupación. El gobierno de Alfonsín intentó enfrentar en los primeros tiempos la cuestión de la deuda y del control monopólico de la economía por parte de los grupos concentrados, pero siendo derrotado por esos grupos no se animó o no pudo hacer los cambios estructurales exigidos por el FMI y terminó arrasado por la hiperinflación. El gobierno de Menem echó mano a la venta de activos estatales como YPF, gas del estado, empresas de electricidad, etc. con lo que consiguió en los primeros tiempos hacer ingresar algunas divisas y un mayor circulante en algunas ciudades obreras fruto del pago de las indemnizaciones. Hacia el final del gobierno se advirtió que no sólo no se habían mejorado las cuentas externas, sino que se habían perdido las principales empresas públicas, por lo que no se podían regular tarifas, y que se había incrementado el nivel de desempleados. Al gobierno de De La Rúa le tocó pagar la fiesta menemista y lo hizo de la peor manera concediendo a las presiones del FMI, impulsando reformas regresivas y finalmente apelando a la represión abierta.
La continuidad en las medidas populares y antinacionales entre la dictadura y los posteriores gobiernos constitucionales habían llevado al país a un profundo colapso económico social y a una bajísima credibilidad de la clase política y de la institucionalidad, y esos fueron dos elementos fundantes de la rebelión popular de 2001.
En ese contexto debe agregarse el condimento de la aparición de nuevos sujetos sociales y de organizaciones que expresaban la nueva realidad. Estos nuevos sujetos empiezaron a expresarse en los cortes de ruta en ciudades petroleras, donde trabajadores que habían sido indemnizados al privatizarse empresas públicas como YPF se quedaron sin ningún sustento y decidieron salir a las rutas a reclamar trabajo. Los primeros cortes se produjeron en Cutral Co y Plaza Huincul en 1996, después en Tartagal-Mosconi y posteriormente se extendieron al conurbano bonaerense en zonas donde quedaban restos de la experiencia obrera de las interfabriles, y una vivencia más presente de las luchas de los asentamientos. Si bien algunos partidos clásicos de la izquierda construyeron su rama piquetera, primero EL PCR-CCC , después el Partido Obrero, en general los movimientos de desocupados fueron organizaciones nuevas, que se masificaron a partir de algunos núcleos militantes que sin ninguna expectativa en lo electoral, habían elegido empezar a construir con los marginados.
Los trabajadores con empleos formales y sindicalizados son también parte de esa lucha, en particular en algunas provincias como Jujuy, Chaco y Neuquén, y en la zona sur del conurbano bonaerense, aunque las conducciones centralizadas no llegan a sintonizar con la situación que se avecinaba. La CGT estaba ausente y la Central de Trabajadores Argentinos, propuso crear el FRENAPO, el Frente Nacional contra la Pobreza, para juntar millones de firmas para elevar un proyecto para paliar “El Hambre mas urgente”, garantizando un ingreso mínimo a los menores de 5 años. La CTA advertía cuál era el problema social, pero apostó a que el conflicto iba a canalizarse por vía institucional. Por eso proponía presentar esas firmas en el Congreso, donde tenía diputados que impulsarían la iniciativa. No advertía que al desencadenarse el conflicto la rebelión iba a enfrentar al conjunto de la institucionalidad.
La aparición de este nuevo sujeto, donde los movimientos de desocupados eran el sector mas dinámico, tuvo distintas expresiones. A modo de ejemplo entre 1997 y 2001 funcionó el Encuentro de Organizaciones Sociales -EOS- con presencia en CABA, y las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fé que se proclamaba independiente de los Partidos Politicos, las Centrales Sindicales y el Estado, y que reunía a 200 pequeñas organizaciones surgidas desde lo territorial. En las vísperas de la rebelión de 19 y 20 de diciembre florecieron en la ciudad de Buenos Aires y otras ciudades las asambleas vecinales que eran autoconvocadas.
Las jornadas del 19 y 20 de diciembre están precedidas en los meses previos por otras luchas. Una de las más significativas se desarrolló en Mosconi en julio de 2001, donde una pueblada popular enfrentó a la Gendarmería durante días con el saldo de dos muertos: Carlos Santillán y Rubén Barrios.
En los dias previos, entre el 14 y 18 de diciembre, la grave crisis económica agravada por la eminencia de las fiestas de fin de año, se expresó en saqueos a comercios en distintas ciudades del país y, en aquellos lugares con mayor organización, en plantones frente a los supermercados para exigir alimentos. Los enfrentamientos del 19 y 20 de diciembre tuvieron algunos detonantes como el corralito impuesto a los ahorros en dólares que provocaron la furia de los ahorristas porteños, y la implantación del Estado de Sitio por parte del Presidente De la Rúa, pero su significado excede en mucho estas provocaciones. La rebelión de diciembre planteó una fuerte impugnación a toda la clase política y a la institucionalidad de gobierno. La consigna “Que se Vayan Todos” , estaba acompañada por la realidad que los legisladores y dirigentes políticos no salían a la calle por temor a ser escrachados. El diputado de izquierda Luis Zamora, era una de las pocas excepciones.
Las decisiones del Presidente que reemplazó a De la Rua, Adolfo Rodríguez Sá, que inmediatamente convocó a las Madres de PLaza de Mayo a la Casa Rosada y proclamó la suspensión del pago de la Deuda Externa, tiene que ver con la desesperación de la clase politica que tiraba manotazos de ahogado para tratar de salir de su situación de total ilegitimidad política.
Sobre lo ocurrido en esas jornadas memorables se generaron distintos relatos. El radicalismo y la derecha oligárquica acusaron al peronismo de promover estos incidentes. Es cierto que el Justicialismo no intentó aplacar los ánimos, ni corrió en auxilio del gobierno. Pero, salvo por el hecho que algunos punteros políticos territoriales consintieron, o acompañaron algún saqueo, es evidente que lo ocurrido pasó muy por afuera de la conducción política y la estructura clientelar del PJ. Seguramente muchos peronistas estuvieron en la calle el 19 y 20 de diciembre, pero por la libre, no hubo expresiones orgánicas del peronismo comprometidas en la revuelta.
En la vereda opuesta de la postura que reduce la génesis de estos acontecimientos a una conspiración del justicialismo, ha tenido y tiene mucho predicamento la versión que se trataron de hechos exclusivamente espontáneos. Esta versión que difundieron a nivel local grupos autonomistas, fueron publicitadas fervorosamente por periodistas y analistas de otros países y asociadas a algunas interpretaciones particulares del fenómeno neo zapatista como las del intelectual europeo John Holloway. Desde esa mirada la gran novedad y radicalidad de la rebelión popular argentina se debía a haber surgido al margen de toda expresión organizada, y sin lastres históricos. En espacios militantes traumatizados por la caída del muro y muy propensos a asociar organización, herramienta política o partido con burocracia, esta interpretación de innegable raíz eurocéntrica tuvo mucha aceptación. Esta versión sobre lo ocurrido, centró su mirada en un sector localizado, lo ocurrido en Capital Federal con y en un corto período de tiempo. Sin desconocer que estos hechos tuvieron un componente espontáneo, en particular por lo protagonizado por el efímero despliegue de los caceroleros porteños, desde una mirada nacional y más larga, parece claro que lo ocurrido en ese momento fue la eclosión de un largo período de acumulación de luchas que se inicia en tiempos del menemismo en todo el país y donde se combinan luchas y organizaciones clásicas como son las movilizaciones, marchas y huelgas promovidas por sindicatos, con cortes de rutas y avenidas, plantones y otras formas de enfrentamiento promovidas por las nuevas organizaciones piqueteras. En una mirada aún más larga, si superponemos los mapas de las interfabriles de los años 70, con los lugares donde se produjeron los asentamientos en los 80 y aquellos donde surgen las expresiones más radicales del movimiento piquetero, podemos advertir que hay una continuidad de lucha en los mismos territorios.
La rebelión popular produjo un retroceso de los sectores dominantes que se mostraron dispuestos a hacer concesiones para preservar la salud del sistema y un repliegue de la clase política. Pero a diferencia de países como Bolivia donde los mismos protagonistas de luchas como las guerras del agua y del gas, crearon su intrumento poilítico electoral y llegaron a la presidencia con Evo Morales, en la Argentina la crísis política desatada por la rebelión de las fuerzas populares, no pudo ser capitalizada por quienes la generaron. Las prédicas de antipolitica y antiorganización que acompañaron a quienes adhirieron a la versión espontaneísta de lo ocurrido el 19 y 20 de diciembre, contribuyeron a que no pudiera articularse una respuesta política popular para capitalizar la crisis, pero no fue la única responsable. Los partidos clasicos de la izquierda Argentina, comunistas y troskistas, fueron sorprendidos por la rebelión y no encontraron, ni tenían el peso suficiente para proponer una salida revolucionaria a la crisis. Las nuevas organizaciones, que habían tenido mucho protagonismo en los últimos años todavía todavía eran muy inmaduras para capitalizar esa oportunidad.
La política aborrece el vacío y un poco por casualidad, luego de la renuncia de Carlos Reutemann, que era el candidato oficial del Justicialismo, llegó al gobierno Nestor Kirchner, un político que al igual que Rodríguez Sá, era conciente de que sólo se podía gobernar desde reconocer que en la sociedad argentina se habían producido cambios y que sólo se le podía dar respuestas desde nuevas formas de intervención política que combinaran políticas de inclusión social, una mayor preocupación por la recuperación del trabajo asalariado, la asociación con otros gobiernos latinoamericanos de origen popular, y el progresismo político asociado al enjuiciamiento de los genocidas de la dictadura y la ampliación de derechos personales.
El kirchnerismo es un heredero demandante de las concesiones arrancadas a las clases dominantes por la rebelión popular, pero no un hijo de esas luchas, ni su continuador. Por el contrario, uno de los primeros actos de gobierno de Néstor Kirchner fue convocar a todas las organizaciones y referencias políticas que consideraba protagonistas de 2001 para proponerles trabajar juntos, obteniendo recursos y espacios dentro de la institucionalidad partidaria y estatal a cambio de dejar de lado la movilización. Ese primer gesto denota lo que será una constante de la relación entre el kirchnerismo las organizaciones sociales y los sindicatos. Lo único que el gobierno no está dispuesto a negociar es que estas fuerzas populares organizadas mantengan su independencia política. Las convida a participar de las concesiones obtenidas, pagando el precio de no seguir adelante en el rumbo de ruptura con la institucionalidad vigente, y de alejarse de cauces revolucionarios. Esta doble condición del kirchnerismo de heredero demandante y de antitésis del impulso liberador de la rebelión popular, ha generado un importante impacto político en sectores y organizaciones populares aportando a divisiones y conflictos.
Me he detenido en la caracterización del papel jugado por el kirchnerismo con posterioridad a la rebelión popular, para fundamentar que en realidad nuestro foco de atención debería ponerse en las debilidades de nuestra izquierda con vocación revolucionaria, y no en el kirchnerismo. La evidencia de que cada fracaso de articulaciones políticas con perspectivas revolucionarias en la Argentina, agranda y embellece el atajo que propone el kirchnerismo, debería profundizar nuestra preocupación por las causas de nuestro fracasos.
Deberían ser fuente de preocupación las razones de por qué un amplio sector de la izquierda independiente que empezó a estructurarse con una perspectiva más multisectorial y política a partir de 2004 y que hacia 2011 alcanzó un nivel interesante de coordinación, se fue diluyendo, fraccionándose y en algunos casos retrocediendo en acuerdos políticos alcanzados, permitiendo un creciente proceso de estatización de las organizaciones territoriales. Si resulta evidente lo ocurrido con el vacío politico que no pudimos capitalizar después de la rebelión de 2001, deberíamos indagar también qué nos sucedió con los vacíos teóricos. Deberíamos indagar por qué teniendo un acumulado teórico interesante que tuvo difusión y valoración en la militancia popular de distintos países de nuestrámerica, en el país la izquierda independiente reforzó su dependencia de producciones teóricas elaboradas en países que son páramos de la lucha de clases, o de intelectuales totalmente desconectados de conflictos y construcción social alguna, salvo por su condición de observadores viajeros. Deberíamos preocuparnos por la fascinación que ejercen ciertos relatos que reducen experiencias latinoamericanas exitosas al mero electoralismo, y ensalzan sus aspectos menos disruptivos. Deberíamos indagar también sobre nuestra dependencia de las modas académicas o de producciones que nos aleccionan sobre nuevos sujetos esenciales que se corresponden con las líneas de financiación de las ONG. Y también por qué la promoción del antiintelectualismo, que al igual que la denostación de cualquier conclusión histórica, está en el arsenal de muchos caudillos y caudillas de nuestra izquierda, para dar sus disputas de poder micro. Los vacíos provocados por la acumulación teórica de nuestra izquierda independiente fue ocupado por la promoción del institucionalismo, el posmodernismo y el corporativismo.
En ese sentido debe reconocerse que la izquierda del FIT-U ha sido mucho más consecuente en la defensa de su patrimonio teórico. Se puede no coincidir en algunas de sus apreciaciones y hasta pensar que en algunas cuestiones se han quedado en polémicas de principios del siglo pasado, pero es indiscutible que esas verdades le han permitido sostener una coherencia teórica que hoy empiezan a capitalizar. Hoy el Fit-U, es la tercera fuerza nacional electoral y ha tenido un gran protagonismo en la reciente convocatoria en que el conjunto de la izquierda llenó la Plazade Mayo para exigir el No Pago al FMI.
La rebelión de diciembre de 2001 fue la eclosión de un período de luchas históricas y abrió la posibilidad de ir por grandes transformaciones a los sectores de la sociedad que fueron protagonistas. Con extrema prolijidad los gobiernos posteriores han tratado de cerrar esa herida en la institucionalidad vigente. La conmemoración de los veinte años se produce en un contexto social y político que empieza a parecerse al de 2001, porque se combina una situación social muy grave, con 43 % de pobres, una desocupación de alrededor del 10% y grandes presiones de los acreedores internacionales para promover nuevos ajustes. El gobierno que pretende recrear la mística de tiempos mejores ya no tiene para demandar o repartir herencias ajenas, y transita en un delicado equilibrio entre contentar a los acreedores externos y a los sectores concentrados de la economía, diferenciarse de la derecha que los acosa con su poderoso lobby mediático, judicial e institucional, y la pretensión de contener la siempre latente amenaza de que se agudicen los conflictos sociales.
El kirchnerismo y el peronismo en particular, seguirá vigente como lo menos malo que puede dar la dirigencia política tradicional, en tanto la izquierda no sea capaz de convertirse en alternativa. La recuperación de la rebelión de diciembre de 2001, es una cuestión exclusiva de la izquierda, de la misma manera que es responsabilidad de la izquierda generar la posibilidad de que en el país haya un futuro que supere la decadencia crónica y el ajuste permanente. Para asumir esa responsabilidad no hay elegidsxs por la historia, será patrimonio de quienes estén dispuestos a cargar con esa mochila y a encarnar esos sueños de rebelión.

Fuente: Tramas – FOTO. agencia Paco Urondo

Envio:RL


27 de noviembre de 2021

2001: Memoria del caos. De la atomización a la organización popular.

 

2001: Memoria del caos. De la atomización a la organización popular

Hasta el 16 de enero, la Casa Nacional del Bicentenario presenta una exposición de fotografías, videos e instalaciones sobre las históricas jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001.

Publicado el viernes 26 de noviembre de 2021

Decenas de soldaditos de plástico, con sus paracaídas rojo sangre, invaden la sala principal de la planta baja de la Casa Nacional del Bicentenario (CNB). Fotografías y videos, en su mayoría blanco y negro, visten las paredes con imágenes familiares de bancos tapiados, protestas, represión, Madres de Plaza de Mayo y trabajadoras de fábricas recuperadas.

Sobre el muro izquierdo, una gran foto color: Jorge Demetrio Cárdenas yace herido mortalmente sobre las escalinatas del Congreso de la Nación. Cárdenas falleció varios meses después, pero la imagen se utilizó para probar judicialmente que su muerte fue causada por disparos policiales durante la represión al levantamiento popular del 19 y 20 de diciembre de 2001. 39 personas fueron asesinadas en total.


"Invasión", instalación del Grupo de Arte Callejero.

El viernes 26 de noviembre, la Casa Nacional del Bicentenario inaugura 2001: Memoria del caos. De la atomización a la organización popular, una exposición que, a través de fotografías, instalaciones y videos, retrata y trae al presente esas históricas jornadas, 20 años después. Curada por Verónica Mastrosimone, cuenta con la participación de fotoperiodistas y artistas que aportan sus particulares miradas sobre un momento bisagra en la historia del país.

“El recorrido de la muestra se fue armando a medida que aparecieron las obras. Fue un trabajo de búsqueda de piezas, ensayos fotográficos, series, instalaciones que hubieran sido trabajadas en aquel momento o que hayan sido editadas o repensadas en estos años”, explica Mastrosimone.


Verónica Mastrosimone, curadora de la exposición.

“En un principio la idea era que fueran trabajos colectivos, pero a medida que fuimos avanzando en la investigación nos dimos cuenta que los archivos están dispersos”. Así, se fueron sumando a la exposición Sergio Goya, el Grupo de Arte Callejero (GAC), Rafael Calviño, Graciela Calabrese, Nicolás Pousthomis de Subcoop, Damian Neustadt, Enrique Medina, Paloma García, Neka Jara, Verónica Gago, Florencia Vespignani, Malena Bystrowicz, Victoria Tesoriero, Marlene Wayar, Ana Paula Far Puharre, María Claudia Martínez, Aníbal Greco, Martín Acosta, Fernando Gutierrez, Santiago Porter, Alberto Haliasz, Arnaldo Pampillón, Gonzalo Martínez, Antonio Gómez y Guillermo Viana.

Todas las obras son fotografías analógicas, porque así eran las cámaras en ese entonces, y su destino principal, los medios gráficos. “En la calle sucedían muchas cosas, pero los fotógrafos sacaban como mucho dos rollos de 36 fotos durante todo un día. Termina habiendo poco material en relación a todo lo que sucedía”.

Un guion que va de la crisis a la esperanza

El recorrido de la muestra empieza con una serie de fotos de los bancos y las empresas de servicios que eran tapiadas para frenar los piedrazos de los ahorristas y de las y los trabajadores enojados, una situación común en esos días.

“La exposición arranca con la Economía porque es el aspecto fundamental para explicar la crisis que produjeron el neoliberalismo, la intervención del Fondo Monetario Internacional, los ajustes, las privatizaciones de las empresas de servicios. En definitiva, con esa falta de decisión en favor de la gente que la estaba pasando mal y resolver en cambio a favor de las empresas, los bancos o por políticas que venían de afuera”, explica la curadora, también fotógrafa y realizadora audiovisual.

A continuación, una proyección documental explica la instalación de los soldaditos y retoma una acción del Grupo de Arte Callejero (GAC) del 19 de diciembre de 2001 y que llamaron Invasión. El GAC había planeado lanzar los soldaditos en el marco del tradicional Tedeum de navidad en la Catedral, pero al ser suspendido las artistas del grupo decidieron trasladar la performace al microcentro. Tiraron 10 mil soldaditos con sus paracaídas desde los edificios de la City porteña como símbolo de la intrusión de políticas de ajuste foráneas. “Una hora después se decretó el estado de sitio”, recuerda Verónica. Enfrentadas a la sección económica, y como contracara de ese ajuste, la curadora montó imágenes que retratan con crudeza la sangrienta represión

Rafael Calviño
De la serie "La Calle", de Rafael Calviño

Una famosa foto de la serie La Calle de Rafael Calviño continúa el relato de la muestra. En ella, se puede ver un cuadro de Carlos Menem con la banda presidencial tirado en un volquete. La imagen representa para la curadora ese “caldo de cultivo que se estaba gestando por abajo” y que desembocó en un hartazgo social generalizado.

Aparece justo después en el guion otra vez la represión, con una foto de un muy joven Wado De Pedro mientras es detenido violentamente por la policía. En su rostro se ve el mismo gesto de bronca y resistencia que compartían los miles de jóvenes que participaron de las movilizaciones autoconvocadas. “Es muy simbólica porque en la foto lo llevan detenido y hoy está donde está”, señala Verónica.


Foto: Damian Neustadt

2001: Memoria del caos. De la atomización a la organización popular da cuenta además de un cambio histórico también para el fotoperiodismo, el traspaso de lo analógico a lo digital y el surgimiento de cooperativas de fotógrafos y medios alternativos. Una serie de contactos con fotos de las Madres de Plaza de Mayo de Paloma García, entonces integrante del colectivo Argentina Arde, es un ejemplo de cómo trabajan los reporteros gráficos en esa etapa. “Me gusta que la muestra se sostenga también desde lo analógico y la toma directa sin manipulación digital. Tiene otro valor artístico e histórico”, opina Verónica.

En el fondo de la sala de la CNB se destaca una columna empapelada con lo que de lejos parecen billetes verdes, pero que vistos en detalle son cupones del Club del Trueque. La columna verde sirve de marco a varias instantáneas de mismo hecho: el momento exacto en el que el ex presidente Fernando de la Rúa abandona la Casa Rosada, y el Gobierno, en helicóptero.


Contacto fotográficos de Paloma García.

La última parte de la exposición reivindica a las distintas formas de organización colectiva y plural que aparecieron como solución popular a los problemas y sobre las cuales se erigieron otros movimientos actuales como explica María Fukelman, directora de la CNB, en el texto de sala que se puede leer completo más abajo.

“La visibilización del feminismo no es igual hoy que en 2001. Sin embargo, las mujeres estaban: organizaban las ollas populares, el trueque, los piquetes, las asambleas, las fábricas recuperadas”, explica por su parte la curadora sobre la inclusión de un video producido especialmente para la muestra con el testimonio de especialistas y referentas sociales sobre la situación del movimiento mujeres, pre y post 2001. “El 80% de los piqueteros eran mujeres”, señalan en el audiovisual y un ensayo fotográfico de Graciela Calabrese sobre fábricas recuperadas centrado en sus trabajadoras corrobora con poéticas imágenes ese incipiente protagonismo.

“La muestra está pensada para reconstruir la memoria, para hablar del tema y que en ese hablar se integre a les jóvenes, que hoy tienen 20 años o menos y que crecieron con algunos derechos garantizados. Me parece que elles no saben de esto, les parece que es una película de ficción. Contarlo oralmente es fundamental, pero también lo es hacerlo desde lo visual”.


Foto: Graciela Calabrese

¿Es una muestra de arte o de fotoperiodismo? “Es arte. Porque el fotoperiodismo es instantáneo. Las fotos del helicóptero de De la Rúa son tomas instantáneas, pero al compartirlas de otra manera, en conjunto, producen una obra distinta. El fotoperiodista tiene como fin comunicar a través de un medio gráfico. El trabajo de una fotógrafa que está años haciendo fotos sobre fábricas recuperadas, con confianza y profundidad, produce una estética diferente”.

María Fukelman: "La experiencia asamblearia fue retomada con intensidad y constancia por los movimientos feministas"

Compartimos el texto de sala de la Directora de la Casa Nacional del Bicentenario:

"Los levantamientos populares del 19 y 20 de diciembre de 2001 encarnan, sin dudas, uno de los acontecimientos de la historia reciente que más marcas ha dejado en nuestra sensibilidad contemporánea. Pasaron tantas cosas en esos pocos días que la única forma de referirnos a todas al mismo tiempo es acudiendo al calendario: “19 y 20 de diciembre” pareciera ser el significante que explica la multiplicidad de hechos y emociones que vivimos en aquellas jornadas del “¡Que se vayan todos, que no quede ni uno solo!”. Por supuesto que estas reacciones no eran producto únicamente de lo sucedido ese año. La crisis económica, política y social se había gestado en la década del noventa, con la aplicación del neoliberalismo a ultranza, que luego la Alianza profundizó, condenando al hambre y la exclusión a millones de compatriotas.

La reconstrucción de los diferentes entramados sociales post 2001 fue sumamente difícil. Pero la organización popular había dado frutos: asambleas, cooperativas, fábricas recuperadas, teatros comunitarios, clubes del trueque y otros agrupamientos colectivos fueron vitales para atravesar las dificultades. Muchos de ellos, incluso, se instalaron como forma de construcción política y hoy los encontramos en algunos de los movimientos que signan nuestro presente: el feminismo y el ambientalismo.


Nicolás Pousthomis (Subcoop)

Si miramos el movimiento feminista, es pertinente hablar de cierta continuidad. No solo porque quienes se pusieron al frente de los piquetes y se las rebuscaron de mil maneras para parar la olla fueron las compañeras, sino también porque la experiencia asamblearia ‒modalidad de organización horizontal, plural y colectiva‒ fue retomada con intensidad y constancia por los movimientos feministas.

Después de la primera convocatoria de “Ni Una Menos” el 3 de junio de 2015, que marcó el comienzo de una nueva etapa de luchas y conquistas para las mujeres, lesbianas, trans, travestis, bisexuales y no binaries en Argentina, las asambleas feministas se multiplicaron. Sin ir más lejos, desde 2016 a la actualidad, cada marcha para los 8M y los 3J se forjó de esa manera. Y si pensamos en el ambientalismo, causa a la que cada vez se vuelve más imperioso prestarle la debida atención (ya vimos cómo la pandemia por el Covid 19 está íntimamente ligada a esta problemática), también encontramos conexiones con lo sucedido en 2001.

Durante los momentos previos y posteriores al estallido, se incrementó notablemente la presencia de cartoneros y cartoneras. Su actividad puso en evidencia la pobreza, la desigualdad y la exclusión de un sector de la sociedad que, a la vez, era fuertemente estigmatizado y hasta acusado de “robar basura”. Pero con el correr de los años “cartonear” pasó a significar algo más: organización. El armado de cooperativas (otra forma de articulación que cobró más fuerza luego de 2001) fue determinante en la lucha por la recuperación de derechos (seguridad social, jubilación, sueldo fijo), pero sobre todo para habilitar una arista más de esa tarea: el ambientalismo popular. Hoy sabemos que el trabajo de cartoneros y cartoneras es fundamental para la reducción de residuos evitando la contaminación. También sabemos que las consecuencias de la crisis ambiental afectan principalmente a los sectores más pobres.

Desde el Estado, las respuestas empezaron a llegar en 2003, de la mano de Néstor Kirchner, el presidente que prometió no dejar sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada. Su gestión fortaleció aquello que el pueblo había comenzado y, entre otras cosas, le devolvió la esperanza de que la política podía ser un instrumento de cambio.

Esta exposición se propone recuperar, a través de fotografías, videos e instalaciones, algunos de aquellos sucesos que, en este 2021, están cumpliendo 20 años, con la firme intención de que los contundentes documentos que se exhiben contribuyan al tan necesario ejercicio de la memoria".

Agenda de actividades

La exhibición está acompañada por una programación de cine, música, danza, teatro, charlas y encuentros que contribuyen a conformar un relato robusto y coral sobre aquellos hechos que ocurrieron hace dos décadas y que todavía hoy resuenan en la sociedad. En ellas participan reporteros gráficos como Pepe Mateos, autor de la serie de fotos que reveló la verdadera cronología del asesinato de Maximiliano Kosteki y Dario Santillán; el artista visual RES, y también un encuentro de mujeres fotógrafas.

2001: Memoria del caos. De la atomización a la organización popular se puede visitar en Riobamba 985, hasta el 16 de enero de 2022, de jueves a domingos de 16 a 20 h.

INAUGURACIÓN + MÚSICA
Viernes 26 de noviembre a las 18.30
Malena D’Alessio y banda

CICLO CONTACTOS

Charla #1 La imagen justa
Viernes 3 de diciembre a las 17
Pepe Mateos + Mariana Eliano
En un momento en que invaden las imágenes y abundan por doquier aparece la necesidad de detenerse a pensar cuál es el valor del fotoperiodismo, de las imágenes como documentos de la historia y de los fotoperiodistas como agentes activos en la construcción de la misma. ¿Cómo hablaríamos de los 90 sin las fotografías que nos ayudan a describir el hambre y las necesidades básicas descubiertas a flor de piel? ¿Cuáles son esas imágenes que no podemos permitir que pasen al olvido? Pensemos en la importancia de las y los trabajadores de prensa que ponen el cuerpo y contribuyen a encontrar justicia, ese cuerpo/cámara testigo que teniendo en aquel entonces un número limitado de posibilidades, supo esperar el momento justo para tomar la imagen que hoy forma nuestra memoria colectiva.

Charla #2 Diálogos. A veinte años de 2001
Martes 7 de diciembre a las 18.30
Ricardo Aronskind + Alicia Montoya + Federico Tonarelli + Agustina Ruiz Barrea
Un panel que se propone pensar y construir memoria tomando como ejes la economía, el trabajo y la cultura.

Charla #3 Memoria para armar
Viernes 10 de diciembre a las 17
RES + Cristina Fraire
Cristina Fraire tiene guardada en su memoria las imágenes vividas en el 2001. Para Res, la memoria tiene espacios de olvido. Ambos trabajan y accionan para pensar y pensarse en relación a la historia argentina. Mientras tanto, ¿cómo pensamos la memoria en relación a la velocidad del tiempo que marca lo digital que no tienen que ver con el tiempo de nuestros pasos?

ENCUENTRO EN EL PATIO
Domingo 5 de diciembre a las 17
Encuentro de mujeres fotógrafas. ¿Cuáles fueron los cambios que a partir de 2001 se generaron en el ámbito del trabajo profesional?

CINE
Domingos 5, 12 y 19 de diciembre a las 20.30
Ciclo 2001, a 20 años del estallido
Se proyectarán: Tirar del Carro. Dir. Constanza Niscovolos; Un día de suerte. Dir. Sandra Gugliotta; 19/20. Dir. Sebastián Menassé, Carolina Golder, Mariano Tealdi y Florencia Gemetro.

TEATRO
Sábados 4 y 11 de diciembre a las 20
La vergüenza de haber sido, el dólar de ya no ser
Con actuación y dirección de Alberto Ajaka.

Viernes 17 y sábado 18 de diciembre a las 20
Recorte de Jorge Cárdenas cayendo
Una creación de Compañía Terceto. Danza + Circo + Teatro.
Dirección: Juan Pablo Gómez

Fuente:Argentina.gob.ar