Golpes en la Secretaría de DD. HH.
Año 5. Edición número 195. Domingo 12 de febrero de 2012
Por Laureano Barrera
lesahumanidad@miradasalsur.com
Sara Derothier de Cobacho. (TELAM)
Otro extraño episodio en la provincia.
Eran tres: Juan Ignacio Manazza, el encargado de seguridad, y dos secuaces desconocidos. Así empezó todo, el viernes a las 9 de la mañana, en uno de los tres edificios donde funciona la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia. Irrumpieron en el segundo piso con prepotencia, desbaratando papeles y revisando muebles. Decían buscar algo que les había faltado.
–¿Quiénes son?– quiso saber Rubén Schaposnik, uno de los golpeados.
–Qué te importa.
–De dónde vienen– insistió.
–De tu casa– se burlaron.
Manazza, el único participante de esa abrupta requisa que trabajaba allí, dijo que hablaran “con el director provincial (de Promoción y Protección)” Juan Manuel Oteriño. Después se fueron.
Eso hicieron: tres horas después, Schaposnik y otros delegados de ATE le presentaban a Oteriño una nota por escrito pidiendo que identificara a los intrusos. “Si ustedes lo piden por escrito, se los respondo por escrito”, repuso el funcionario. Cinco minutos después, cuando aún estaban reunidos, llegaron al sexto piso siete osos robustos. El que habló se hizo llamar Juanjo y dijo integrar el gremio de patovicas (Sutcapra):
–Queremos ver al director– increpó a una empleada.
–Está en reunión.
–Venimos a esa reunión.
Los modales de matón intimidaron a la empleada. Los anunció. Por la expresión, Oteriño pareció no conocer al tal Juanjo. Detrás de ella se metieron: “No se metan con el pibe de abajo”, alcanzó a escuchar. Después, la puerta se cerró y se escucharon los puños. Tres delegados y tres trabajadores fueron salvajemente golpeados. Pablo Rivelli, uno de ellos, debió ser hospitalizado. Minutos después, en la recepción, dos trabajadores interrogaron a Manazza.
–¿Cómo no les pediste documentos? El otro día se lo retuviste a mi mamá que vino a visitarme.
–Me amenazaron– se defendió el vigilante.
–Pero si dijeron que eran amigos tuyos.
Al rato, la policía se lo llevó demorado. Los rufianes que habían golpeado en su nombre se fueron como llegaron. Los trabajadores ya habían advertido a varios funcionarios que Manazza no sólo fiscalizaba celosamente entradas y salidas, sino que su trato era rudo, prepotente. La última, a Miguel Unamuno, el jefe de gabinete del subsecretario Fernando Cano. Ahora se lo patean: una fuente confió a este diario que Sara Cobacho dice “que lo metió el gobernador”, mientras que Juan Ignacio Gianibelli, uno de los delegados agredidos, dijo en una entrevista radial que cuando advirtieron a Cano sobre sus modales, les contestó: “Esas determinaciones las tomo yo”.
En un comunicado de prensa, los funcionarios condenan el ataque y se solidarizan con los agredidos. Los trabajadores piensan otra cosa: piden la renuncia de Cobacho, Cano y todo su gabinete. Declaran el paro a partir del lunes, y convocan a las 10 hs. a marchar desde el edificio de la calle 47, 11 y 12 hasta la sede central, en 8 y 53.
Fuente:MiradasalSur

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