LAS COMISIONES DE RELACIONES EXTERIORES DEL CONGRESO HICIERON UNA SESION ESPECIAL EN USHUAIA
Por las islas Malvinas en Tierra del Fuego
Aprobaron un proyecto de declaración que cuestiona la “actitud colonialista” británica y reclama una solución pacífica al conflicto.
Los legisladores y la gobernadora fueguina Fabiana Ríos, en el auditorio donde sesionaron las Comisiones de Relaciones Exteriores.Imagen: Télam.
Los senadores y diputados de diversos bloques hicieron la sesión especial de la Comisión de Relaciones Exteriores en Tierra del Fuego, donde aprobaron un proyecto de declaración en el que cuestionaron “la persistente actitud colonialista y militarista del Reino Unido” y reclamaron una solución pacífica al conflicto por la soberanía de las islas Malvinas. Al encuentro no asistieron los legisladores del peronismo disidente por diferencias con el texto, ni tampoco cuatro diputados del Frente Amplio Progresista (FAP), quienes argumentaron que estaban de acuerdo, pero no iban por la tragedia del Sarmiento. Sí estuvieron el senador socialista Rubén Giustiniani, el diputado radical Ricardo Alfonsín y el macrista Federico Pinedo. La gobernadora fueguina Fabiana Ríos remarcó: “Nos tratan de colonialistas y vienen con un destructor”.
La declaración conjunta del Senado y la Cámara de Diputados fue negociada en esta última semana. La sesión especial de ayer en Tierra del Fuego se postergó debido al choque del tren en Once que dejó 51 muertos. Finalmente, viajaron a Tierra del Fuego 35 diputados y 12 senadores que integraron la sesión especial de la Comisión de Relaciones Exteriores. Fue conducida por el diputado Guillermo Carmona y el senador Daniel Filmus.
La comitiva se trasladó al Monumento a los Caídos en las Islas, donde dejó una ofrenda floral en nombre de ambas Cámaras. “No reivindicamos los procesos bélicos, pero sí tenemos respeto por la sangre de los caídos”, afirmó la gobernadora. Luego fueron al Hotel Las Hayas, donde se hizo la sesión ante un auditorio concurrido. “No nos anima ningún sentimiento de rencor hacia el pueblo inglés y menos hacia los isleños, que son hombres, mujeres y niños nacidos en nuestro territorio”, aseguró Alfonsín. “Nuestro conflicto no es con pueblo alguno, sino con una forma de relacionarse anacrónica que es el imperialismo”, indicó el diputado radical.
Por su parte, Alfredo Atanasof –que asistió “a título personal”– consideró que el encuentro era “reunión histórica” y llamó a diseñar “una agenda permanente sobre la cuestión Malvinas para llevar a otros foros el reclamo”. El jefe del bloque del PRO, Federico Pinedo, recordó que el primer presupuesto para las islas fue aprobado desde el Ministerio de Colonias de Inglaterra. “En estos tiempos en que tanto se habla del principio de autodeterminación, también se debe respetar el principio de integridad territorial”, dijo Pinedo, en un tiro por elevación al documento que firmaron 17 académicos y periodistas.
Los legisladores de distintos bloques leyeron los diez puntos de la declaración que firmaron en Ushuaia (ver aparte) y que será tratada en el Senado y Diputados al comienzo de las sesiones ordinarias. Entre otros, viajaron el terrateniente salteño Alfredo Olmedo (con una corbata amarilla y una campera a tono), el sabbatellista Carlos Raimundi y el secretario general de La Cámpora Andrés “Cuervo” Larroque.
En tanto, los diputados del FAP Margarita Stolbizer, Graciela Villata, Juan Carlos Zabalza y Claudio Lozano afirmaron que no asistieron por “el sentimiento de consternación, dolor e indignación que sentimos las familias argentinas como consecuencia del siniestro ferroviario en Once y la aparición del cuerpo de Lucas Menghini inexplicablemente dos días después”. Aclararon que, de todas maneras, compartían la convocatoria. En el entorno del senador Giustiniani se mostraron sorprendidos y recordaron que Lozano había comprometido públicamente su presencia.
El jefe del bloque K en Diputados, Agustín Rossi, por su parte, agradeció “el genuino acompañamiento de los partidos de oposición”. También se ocupó de recordar al ex presidente Néstor Kirchner, “quien hoy cumpliría 62 años”, como “un malvinero que profundizó la estrategia de la mayoría de los gobiernos democráticos”.
Los diez puntos
Los senadores y diputados reunidos en Tierra del Fuego declararon:
1 La legítima e imprescriptible soberanía argentina sobre las Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.
2 Su convicción acerca de que la situación colonial afecta la integridad territorial argentina, y de que la disputa con el Reino Unido debe resolverse pacíficamente, según lo dispuesto por la Asamblea de la ONU.
3 Su vocación por el diálogo y la paz en el esfuerzo sostenido por recuperar la soberanía sobre las islas, respetando el modo de vida de sus habitantes y conforme al derecho internacional.
4 Su advertencia a la comunidad internacional ante la militarización e introducción de armas nucleares en el Atlántico Sur.
5 Su rechazo a la persistente actitud colonialista y militarista del Reino Unido.
6 Su condena a las acciones unilaterales e ilegítimas del Reino Unido en materia pesquera e hidrocarburíferas, y su denuncia del potencial peligro de un desastre medioambiental.
7 Su respaldo a la presentación de la Argentina ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental, y el apoyo a los propósitos del Tratado Antártico.
8 Su voluntad de instar a la Unión Europea a revisar lo dispuesto en el Tratado de la Unión Europea, para que reconozca la situación particular de estos territorios.
9 Su profundo agradecimiento a los gobiernos y pueblos hermanos de Chile, Uruguay y Brasil por reiterar el compromiso asumido de impedir el ingreso a sus puertos de barcos con la bandera ilegal de las Islas Malvinas. También agradece el apoyo de diversos organismos internacionales.
10 Su decisión de instar al Reino Unido a cumplir con las resoluciones adoptadas por la Asamblea General de la ONU, con el fin de alcanzar una solución pacífica sobre la disputa de soberanía.
En nombre del Parlamento
El presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, reclamó a Gran Bretaña “retomar el diálogo bilateral por la soberanía de las Islas Malvinas” y “la inmediata desmilitarización del Atlántico Sur”. Lo hizo en la cumbre de presidentes de Parlamentos del G-20 que se realiza en Ryad, donde llamó a los británicos a aceptar la Resolución 2065 de Naciones Unidas, que convoca a las partes a negociar. “En nombre del conjunto del Parlamento argentino, y de la diversidad de las fuerzas políticas que lo componen, quiero nominar en este ámbito parlamentario global la decisión irrenunciable de Argentina de defender la unidad territorial de nuestro país con la Islas Malvinas e islas del Atlántico Sur”, afirmó Domínguez en su discurso en ese foro.
Fuente:Pagina12
25.02.2012
durante la cumbre de presidentes parlamentarios
Un pedido ante el G-20
Julián Domínguez instó a Inglaterra a cumplir con las resoluciones de la ONU y reclamó la urgente “desmilitarización” del Atlántico Sur.
El titular de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, llevó a la cumbre de presidentes de Parlamentos del G-20, realizado en Ryad, Arabia Saudita, el reclamo argentino de soberanía por las Islas Malvinas.
“En nombre del conjunto del Parlamento argentino, y de la diversidad de las fuerzas políticas que lo componen, quiero nominar en este ámbito parlamentario global, la decisión irrenunciable de Argentina de defender la unidad territorial de nuestro país con las Islas Malvinas e Islas del Atlántico Sur”, expresó Domínguez. El legislador resaltó que en el momento que hacía su exposición, sus pares realizaban en Ushuaia una “defensa sostenida de los derechos de soberanía de Argentina” sobre las islas. El titular de la Cámara baja instó al Reino Unido a aceptar la resolución 2065 de la ONU que conmina a ambas naciones a retomar el diálogo y determina la “inmediata desmilitarización del Atlántico Sur”.
Además, abogó por una solución pacífica: “Quiero expresar, nuestra voluntad de resolución del conflicto por la vía del diálogo y la diplomacia, y despejar del Cono Sur cualquier reconstrucción de un escenario militarista que amenace la paz, ya que no es compatible con la ética de la democracia.”
Fuente:TiempoArgentino
OPINION
Sobre islas y peñones
Por Mario Wainfeld
En declaraciones periodísticas, el canciller español, José Manuel García Margallo, negó la posibilidad de sentar a los gibraltareños en la nonata mesa de negociación para la restitución del Peñón. “Eso corresponde a los mayores”, fustigó. Expresó así, sarcástico, que la soberanía deben discutirla su país y Gran Bretaña. Las cuestiones de “cooperación” son otro aspecto y ahí sí cabe acodar a “Gibraltar y a la Junta de Andalucía”. Es dable imaginar cómo hubieran reaccionado por acá si el, muy medido en estos temas, canciller argentino, Héctor Timerman, hubiera dicho algo similar.
Sin embargo, el planteo es lógico. La cuestión principal se dirime entre los Estados que están enfrentados, otros aspectos muy relevantes son otro estadio y habilitan otros espacios.
La Argentina acelera, en el año de un aniversario doloroso y significativo, sus acciones para forzar a los británicos a sentarse a negociar. La tozudez de la contraparte, que también padecen los españoles, cierra todas las puertas, se ne frega de las recomendaciones de los organismos y la comunidad internacional. La estrategia argentina, desde 1983 y, en rigor, desde antes –con la brutal excepción de la guerra– es conseguir un ámbito de negociación. La táctica de los gobiernos kirchneristas es ampliar el arco de apoyos internacionales, tornar más ostensible el aislamiento inglés y hacerlo más gravoso. No son las palabras, ni la ley sola las que convencerán al ex imperio colonial que conserva sus últimos bastiones. En una recomendable y versada columna publicada días atrás en Página/12, el especialista Juan Gabriel Tokatlián explicó que Argentina ha acrecentado visiblemente su “soft power” en los últimos años. Y también remarcó lo trabajosos que son los avances y lo lenta que será una virtual tratativa.
Por ahora, se trata de forzar (con medios lícitos y pacíficos) a los británicos a recapacitar.
Para negociar (lo que casi siempre incluye ceder algo) habrá tiempo y oportunidad, si es que se “tiende la mesa”.
- - -
La frase anterior viene a cuento para comentar el documento de un conjunto de intelectuales, periodistas y un dirigente político que se divulgó el miércoles. Página/12 lo publicó completo, en su edición impresa. No hicieron lo mismo Clarín
ni La Nación, que es el medio donde publican muchos de sus firmantes. El documento es más breve y menos fundado que artículos individuales previos de varios de sus autores. Acaso es el máximo común denominador entre personalidades diferentes, varias con egos significativos. La iniciativa política se la atribuye el ex diputado cívico Fernando Iglesias. El texto original fue escrito por éste, por el historiador Luis Alberto Romero y el sociólogo Vicente Palermo. Se reconocen párrafos casi textuales de columnas de los dos últimos. Circuló por cadena de correos electrónicos, tuvo mínimas correcciones. No hubo reuniones grupales. Es un gesto político de un grupo disperso, antes que un trabajo intelectual.
Los dos vocablos más significativos y repetidos son “autodeterminación” y “patrioteros”, referidos a los derechos de los isleños y a quienes no piensan como los autores. La idea básica, que Argentina debe reducir sus reclamos, deponer el de soberanía y buscar mecanismos de acercamiento a los isleños.
Dos objeciones sustanciales, cree el cronista, merece el texto. La primera es que la soberanía sobre las Malvinas es un imperativo constitucional, establecido en una cláusula transitoria en la reforma de 1994. Desde luego, y eso sí se menciona en el documento reconociendo “el modo de vida de sus habitantes”. Retractar ese principio, a más de dejar de lado una constante de la política internacional argentina quebrada en la dictadura, importa apartarse de la Constitución.
Pero, además, el planteo expresa una visión entre candorosa e inexplicable de lo que es una negociación. O, hasta aquí, su procura. Renunciar a la parte sustantiva del reclamo como señuelo para atraer a la contraparte es conceder sin contrapartidas. El objetivo (en la coyuntura y desde hace décadas) es construir el ámbito de intercambio, recién ahí puede verse cómo se negocia.
Tampoco explican los firmantes qué legitimidad o qué fuerza tendría la Argentina si retracta su planteo de soberanía sostenido con creciente apoyo ante la comunidad internacional. O por qué los isleños, que son muy refractarios al diálogo, se sentirían estimulados a hablar con quien “baja el precio” a sus legítimas pretensiones.
En afán de extremar el reproche a las posiciones argentinas, los autores obvian cualquier simetría: no exigen a los británicos ninguna autocrítica, ni siquiera la del hundimiento del General Belgrano.
- - -
Un aspecto atendible del documento es aquel que recomienda un ejercicio de introspección acerca del apoyo popular a la guerra emprendida por la dictadura. Como discusión pública es válida. A nivel político, el Estado y el pueblo argentino han revisado y recusado esas prácticas en el decisivo terreno de los hechos. Todos los gobiernos surgidos desde 1983 criticaron la guerra y adoptaron metodologías variadas pero siempre pacíficas. Hasta las patéticas movidas del menemismo encuadran en esa regla de oro.
La brega por Malvinas no está “al tope de las prioridades nacionales y de la agenda internacional de nuestro país”, como denuncia el colectivo intelectual. El abanico de prioridades democráticas es muy amplio y creciente. Casi sobra decirlo.
En cuanto a la agenda internacional se construyó con otros ítems preferenciales desde 2003. El Mercosur, la Unasur, la Celac. La integración estratégica con Brasil. Y un nivel de cooperación en la región, en Sudamérica especialmente, traducido en una seguidilla relevante de cumbres presidenciales. Los gobiernos argentino y brasileño (y esto vale como señal para Malvinas) fueron activos garantes de la paz y amortiguadores de conflictos bélicos entre países hermanos. E intervinieron contra intentonas golpistas con éxito en Bolivia en dos ocasiones y sin fortuna en Honduras. Esa trayectoria demuestra objetivos perdurables y resultados sin término de comparación previa. Todos enderezados a defender la gobernabilidad democrática y la paz regional.
Las alarmas de los redactores del documento parecen menos sólidas que su voluntad de diferenciarse del oficialismo, aún cuando éste sea apoyado por todo el arco político con representación parlamentaria.
De cualquier manera, el cronista piensa que debe saludarse cualquier propuesta a debatir. Y no maltratar con sustantivos o adjetivos descalificativos a quienes, desde una posición muy solitaria (detalle que, sin zanjar la polémica, es digno de mención), ejercen su derecho a expresarse.
DEL DEBATE SOBRE MALVINAS AL PROYECTO X
Illia, Alfonsín, CFK
Con reverberaciones marxianas, el debate propuesto por 17 intelectuales identifica con la aventura militar de 1982 la posición del actual gobierno. Por el contrario, CFK sigue la línea firme pero pacífica de los ex presidentes Illia y Alfonsín. Llamarlos gurkhas o traidores no rebate sus endebles argumentos, como el reclamo de una autocrítica que no ejercen. El Proyecto X no contiene Inteligencia sobre las protestas sociales, cuya criminalización es un estigma político, no legal.
Por Horacio Verbitsky
La catástrofe ferroviaria postergó el anuncio sobre la construcción de un museo histórico dedicado a las Malvinas, allí donde hoy están los dormitorios en desuso de los marinos que prestaron servicios en su Escuela de Mecánica. Cuando se conoció ese propósito, por una visita oficial al predio, organismos defensores de los Derechos Humanos comunicaron su inquietud.
CFK la disipó al regreso de su operación: ordenó publicar el aún secreto Informe Rattenbach, que es la cuña más aguda que alguna vez se clavó en el palo militar; proclamó la precedencia de la soberanía popular sobre cualquier reivindicación territorial; renegó de todo intento bélico sobre las islas; denunció la militarización y nuclearización del Atlántico Sur y encuadró el reclamo dentro de la defensa de los recursos naturales de Sudamérica, amenazados por el pillaje de las grandes potencias. Eso explica el respaldo regional que nunca antes había acompañado la posición argentina, para exigir que el gobierno británico cumpla con la resolución de las Naciones Unidas que ordenó a ambas partes negociar dentro del marco del proceso de descolonización. Fue conseguida por el presidente Arturo Illia, en 1965. En 1982, el único político notable que se opuso a la invasión fue otro dirigente de la UCR, Raúl Alfonsín. Esa posición mesurada y su promesa de enjuiciar a los conductores de la guerra sucia contra la sociedad argentina fueron las razones de su sorprendente victoria sobre su lúgubre adversario justicialista, el mismo Italo Lúder que les dio a las Fuerzas Armadas “licencia para matar”, según la precisa descripción del dictador Videla. Los hechos posteriores, que culminaron con la desdichada frase sobre los héroes de Malvinas y con la ley de obediencia debida, no borrarán el reconocimiento histórico que Alfonsín merece por aquellos deslindes fundamentales. Pero tampoco pueden ser omitidos del análisis, que recobra actualidad ahora, cuando Cristina retoma y profundiza el rumbo firme y pacífico señalado por Illia y Alfonsín.
La impronta marxiana
Cuesta comprender, entonces, la declaración de 17 intelectuales que identifican esta madura perspectiva con “la trágica aventura militar de 1982”. Varios firmantes provienen de distintas confesiones marxistas. Cuestionan como contrario a la paz “el intento de devolver las fronteras nacionales a una situación existente hace casi dos siglos –es decir: anterior a nuestra unidad nacional y cuando la Patagonia no estaba aún bajo dominio argentino–” y destacan las “inevitables consecuencias de largo plazo” que atribuyen a la guerra perdida en 1982. En esta legitimación pasiva del apoderamiento británico de las islas reverbera el Manifiesto Comunista de 1848 y su apología de la expansión colonial como transmisora de “la civilización hasta a las naciones más salvajes”. O la declarada alegría de Marx ese mismo año por “la conquista de México” por los Estados Unidos porque, como celebró Engels “la magnífica California” fue “arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella”. Podría seguir con las enmiendas tardías de Marx, perfeccionadas por Lenin al distinguir entre el nacionalismo opresor de las grandes potencias y el nacionalismo liberador de las sociedades más débiles sometidas por aquellas, fundamento del posterior tercermundismo. Pero sería superfluo para estos efectos, porque los buscadores de nuevas alternativas para las Malvinas se quedaron en 1848. En esas definiciones marxianas puede encontrarse también la génesis del tránsito de algunos de ellos hacia el liberalismo y su aversión hacia el actual gobierno, que parece su motivación más profunda. Es legítimo reclamar la “crítica pública del apoyo social que acompañó a la guerra de Malvinas y movilizó a casi todos los sectores de la sociedad argentina” y no es verosímil reducir ese fervor a una manipulación mediática, aunque es ostensible que ocurrió. Pero no hay razón para excluir de esa revisión a ellos mismos y a los partidos y las organizaciones en las que militaban. Salvo error u omisión, las corrientes leninistas, trotskystas y maoístas apoyaron la invasión con entusiasmo.
Prioridades nacionales
No veo tampoco que el gobierno plantee lo que ellos llaman “la causa-Malvinas” como “una cuestión de identidad” ni que la coloque “al tope de nuestras prioridades nacionales y de la agenda internacional del país”. Ocurre que están por cumplirse tres décadas de la guerra de 1982 y dieciocho de la ocupación inglesa de 1833 y esto coincide con grandes novedades en la escena mundial, como la profunda crisis europea y la emergencia de un nuevo poder regional, que tiene a la Argentina en su núcleo (Mercosur, Unasur y la CELAC) y que estrecha relaciones comerciales y políticas con otros polos de poder emergente. En el número enero-febrero de “Nueva Sociedad”, el economista y diplomático mexicano Jorge Eduardo Navarrete destaca que la contribución de los países emergentes al Producto Bruto global desde 1998 “es mayor que la de las economías avanzadas. En otras palabras, se modificó la brecha de producción entre los dos grandes segmentos de la economía mundial”. Mientras el Reino Unido “ha tenido un crecimiento aplanado a resultas de la austeridad”, entre el cuarto trimestre de 2007 y el primero de 2011 el crecimiento real del PIB argentino per cápita sólo fue superado por China y la India, y seguido por Brasil. Si se consideran los países integrantes del G-20, la Argentina, Brasil y México ocupan el 4º, 5º y 9º puesto en la tabla de solidez de la recuperación, luego de China, Turquía y la India. En cambio, Gran Bretaña está en el penúltimo escalón, después de Italia y antes de España.
La participación en tales agrupamientos, en cuya concreción Néstor Kirchner tuvo un papel más reconocido fuera que dentro del país, encabeza las prioridades y define la identidad nacional, no Malvinas. En cuanto a la “escasa relación” de las islas con “los grandes problemas políticos, sociales y económicos que nos aquejan”, me permito disentir. La militarización y nuclearización de la única zona de paz del mundo es una amenaza gravísima, sobre todo si se ejerce en apoyo de las exploraciones hidrocarburíferas en el mar y de la depredación de los recursos ictícolas. Ambas cuestiones están vinculadas con algunos de los problemas principales del país, como la restricción externa que amaga por la crisis global. En 2011 la Argentina exportó pescados y mariscos por 1.365 millones de dólares, más de lo que obtiene por la venta de carne vacuna. Y la balanza del comercio energético arrojó un saldo negativo de 4.500 millones de dólares, que explica la escalada de conflicto con Repsol-YPF.¿Qué lógica tendría controlar la remisión de utilidades y exigir inversiones a las multinacionales radicadas en el continente e ignorar que Gran Bretaña explota los tan necesarios recursos propios en el Atlántico Sur? La declaración recomienda al respecto “una gestión de los recursos naturales negociada entre argentinos e isleños”, olvidando que Gran Bretaña decide sin consultar a nadie y que los pasados intentos por congraciarse con los isleños sólo sirvieron para que el Reino Unido acelerara el usufructo inconsulto de esos recursos.
Intereses vs. deseos
Los firmantes ven un “clima de agitación nacionalista” y proponen como alternativa “una estrategia que concilie los intereses nacionales legítimos con el principio de autodeterminación”. Hubiera sido útil que explicaran qué intereses nacionales consideran legítimos y cómo conciliarlos con la autodeterminación de los habitantes de las islas. Sólo un tercio de esas 3.000 personas descienden de los ocupantes originarios, desde 1983 tienen la nacionalidad británica, y ningún argentino puede radicarse allí aunque lo desee. Esto ridiculiza aún más la pretensión autodeterminatoria. El resto fueron traídos de otras colonias inglesas, son trabajadores migrantes de Chile y Perú y funcionarios de la administración colonial. Como escribió un grupo de ex soldados conscriptos, los habitantes viven en una aldea controlada y no toman ninguna decisión de política exterior, forman parte de los territorios de ultramar de Gran Bretaña. “Conviven en una relación de un habitante por un miembro de las Fuerzas Armadas británicas, unos 3.000 soldados que están asentados en la fortaleza Malvinas en la base de Mount Pleasant, donde se violan tratados de la comunidad internacional como lo es el de Tlatelolco. Hoy Malvinas es un campo de entrenamiento de las últimas tecnologías militares”. No hay partidos políticos. La única radio y el único canal de televisión son militares y, según una fuente de la cancillería uruguaya, allí se preparan las tropas que inocularán la democracia al pueblo salvaje de Afganistán. El rompehielos “Protector”, que reemplazó al “Endurance” y llegó a las islas el mes pasado, es un barco científico, pero posee defensas que lo hacen invisible para el radar, lo cual lo asemeja a una nave de guerra. Los firmantes también consideran contradictoria la propuesta de “abrir una negociación bilateral que incluya el tema de la soberanía” con el anuncio de que “la soberanía argentina es innegociable”. Es sólo un juego de palabras: en todos los procesos de descolonización los países que negociaron su soberanía ofrecieron algo a cambio. Mandela renunció al enjuiciamiento de los crímenes del apartheid en Sudáfrica y China admitió que Hong Kong mantuviera su régimen de gobierno y su sistema financiero integrado al circuito occidental. La Constitución de 1994 declara el respeto por el modo de vida de los habitantes de las islas y en todos los foros internacionales la Argentina ha expuesto que toma en cuenta sus intereses. Pero Gran Bretaña pretende, y los firmantes de la declaración lo comparten, que se pongan en la balanza sus deseos, que es otra cosa. También proponen “ofrecer instancias de diálogo real con los británicos y –en especial– con los malvinenses”, que es lo que Londres querría como legitimación del escenario colonial. Agregan que ese diálogo debería ocurrir “con agenda abierta y ámbito regional”, como si no tomaran nota del apoyo de todos y cada uno de los países de la región a la soberanía argentina. Agenda abierta quiere decir, entonces, renuncia al derecho que nuestro país invoca y “abdicar de la intención de imponerles una soberanía, una ciudadanía y un gobierno”, como si las tres cosas fueran lo mismo.
Autodeterminación
vs integridad
De los tratados de derechos humanos incorporados a la Constitución en 1994, los declarantes deducen en forma correcta que “los habitantes de Malvinas deben ser reconocidos como sujeto de derecho”. Es discutible si se les aplica la Convención Americana, dado que Gran Bretaña no la firmó y nadie reconoce a los malvinenses otra representación política. En cualquier caso ese tratado prescribe el respeto por la vida, la libertad, la seguridad, la integridad de cada persona, que nadie les discute. El artículo 23 reconoce incluso los derechos políticos “de los ciudadanos” a elegir y ser elegidos para ocupar cargos públicos, pero la Corona designa al gobernador sin consultarlos. El derecho a la autodeterminación sí está contenido en el Pacto de Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas. El sujeto de ese derecho no son los individuos sino los pueblos y, desde que la Asamblea General de las Naciones Unidas sancionó en diciembre de 1960 la Resolución 1514, está condicionado al derecho de integridad territorial de los Estados. En 1964, la Secretaría General incluyó a las Malvinas entre los territorios a descolonizar aplicando esos principios y en 1965 la Asamblea votó la resolución 2065 en la que reconoce que hay una disputa de soberanía entre ambos países, a los que insta a negociar una solución pacífica que tenga en cuenta “los intereses de la población”, pero no sus deseos. Es decir que el principio de integridad territorial prevalece sobre el de autodeterminación de un agrupamiento humano injertado allí por un acto de fuerza. Comparar esto con el proceso inmigratorio de nuestra “sociedad plural y diversa” es extravagante. ¿Por qué Gran Bretaña no reconoce, y los firmantes no se lo reclaman, el derecho humano a migrar, universal, imprescriptible e indivisible, que la Argentina consagró en la ejemplar ley 25.871/04, y después de unos años sin restringir la radicación de argentinos convoca a un plebiscito autodeterminatorio?
Mi desacuerdo con este documento no implica desconocer la legitimidad del debate que propone y de su oposición a sacralizar posiciones. No discutiría tampoco que “los principales problemas nacionales y nuestras peores tragedias no han sido causados por la pérdida de territorios ni la escasez de recursos naturales”. Llamar a los firmantes gurkhas, cipayos, colonizados, quinta columna o traidores no es la mejor manera de rebatir sus endebles argumentos.
G-20: Indice de Solidez de la Recuperación
Fuente: Jorge Eduardo Navarrete, “La crisis global: brechas que se reducen. El desafío de los países emergentes”, en “Nueva Sociedad”, Nº 237, enero-febrero de 2012.
Ni uno
Por Horacio Verbitsky
La auditoría informática y jurídica que la ministra de Seguridad Nilda Garré encomendó a la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal sobre el Proyecto X indicó que ese software de la Gendarmería se utiliza para ingresar y relacionar datos de causas judiciales y de reunión de Inteligencia sobre delitos complejos, terrorismo y narcotráfico, pero no incluye protestas, partidos, dirigentes ni organizaciones sociales o políticas. La aplicación informática fue donada por Estados Unidos en 2002 y actualizada en 2006. Los servicios de entrecruzamiento de llamadas del Proyecto X fueron requeridos en 242 causas judiciales desde 2007, año en que Gendarmería lo inscribió ante la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales. La auditoría procuró verificar si alguna incorporación a la base respondía a criterios prohibidos por la ley de Inteligencia nacional (sobre personas “por el solo hecho de su raza, fe religiosa, acciones privadas u opinión política o de adhesión o pertenencia a organizaciones partidarias, sociales, sindicales, comunitarias, cooperativas, asistenciales, culturales o laborales”). Para ello se realizaron tres búsquedas. La primera, censal, sobre las 23.000 personas identificables en la base. Sólo en siete casos se encontraron informaciones complementarias a las causas judiciales, pero ninguna se vincula con protestas o reclamos sociales, sino con características físicas o hábitos. La segunda búsqueda, muestral, analizó en forma exhaustiva 378 casos, representativos estadísticamente del total, y determinó que el 99 por ciento “cumple con el requisito de legalidad”. Por último, la búsqueda orientada consistió en seleccionar cuatro categorías vinculadas a protestas sociales y comprobar si formaban parte de la base. Se consultaron los nombres de 147 candidatos de partidos políticos tomados de la Dirección Nacional Electoral, de 197 referentes de organizaciones sociales provenientes de sus propios sitios web y de 1020 representantes sindicales de 28 organizaciones gremiales. No se hallaron registros ni información vinculada estas personas y organizaciones. También se contrastaron 37 palabras clave que pudieran asociarse a protestas sociales, cortes de rutas, internas sindicales, movilizaciones laborales, reivindicaciones salariales y manifestaciones. En ningún caso aparecieron datos sobre personas. Cuando se introdujo la palabra “Puntero”, todos los casos se referían a la venta de estupefacientes; con “Tránsito”, a salidas transitorias de prisión, tránsito de llamadas o mercadería en tránsito. Tampoco hubo coincidencias referidas al conflicto en Kraft, la etnia Qom, el MOCASE o las protestas contra la minería. Garré explicó que todas las tareas de Inteligencia de Gendarmería en caso de cortes de rutas las realizó la Unidad Especial de Procedimientos Judiciales (Uesprojud), con sede en Campo de Mayo, por orden y con control judicial. Sus miembros no tienen acceso al Proyecto X, cuya sede está en el Edificio Centinela, y los resultados no se cargan en esa base de datos. Efectivamente, todos los expedientes mencionados la semana pasada en esta columna se originaron en órdenes a esa Uesprojud de los jueces Sandra Arroyo Guzmán, Juan Manuel Yalj y Adrián González Charvay, quienes pidieron identificar a los dirigentes o representantes en la manifestación, fotografiarlos y filmarlos. Hubo incluso un caso en el que un juez federal subrogante de Tres de Febrero, Mariano Larrea, procesó a oficiales de Gendarmería por incumplir sus órdenes de desalojar la ruta Panamericana cortada por empleados de Kraft Foods. Si en el Uesprojud no hay otra base de datos sobre dirigentes políticos y sindicales, alguien debería explicar por qué cada vez que se nombra al delegado Hermosilla, distintos oficiales de la Gendarmería en oficios dirigidos a diferentes jueces, lo identifican con involuntario humor como “alienado (sic) al Partido Obrero (PO)”. La ministra dijo que eran los jueces quienes garantizaban que no se violara la ley. Ése es el punto clave a dirimir: un corte de ruta constituye al mismo tiempo una protesta social y un delito del Código Penal y los jueces deciden qué prevalece en cada momento. La criminalización de la protesta es un estigma político, no legal.
Petróleo
Por Horacio Verbitsky
Un economista inglés de la London School of Economics que cursó aquí la maestría de FLACSO en Política Económica Argentina, dejó al partir un documento de lectura pertinente en este momento. Se trata de un cable enviado al Departamento de Estado, el 22 de mayo de 1965, sobre la anulación de los contratos petroleros por el presidente Arturo Illia y las restricciones a la remisión de utilidades al exterior. Narra una comida oganizada por el banquero Alex Shaw para que el embajador estadounidense Edwin Martin conociera a su primo, el jefe de Estado Mayor del Ejército, general Jorge Shaw, convencido igual que su colega Alejandro Lanusse de que “este gobierno debía irse”. Los otros comensales fueron el presidente de Shell, Enrique Puricelli, y Joe Martínez de Hoz. “Alex organizó la comida para persuadir al general Shaw de la necesidad de un golpe”, palabra que el embajador escribió en castellano. Alex comenzó por exponer todos los posibles aspectos erróneos en la política petrolera del gobierno y luego destacó “el daño de largo plazo a la confianza de los inversores europeos en la Argentina por las actuales dificultades para remitir utilidades”. Luego comentó “sin dar precisiones”, los comentarios críticos de unos ministros contra otros, “como ilustración de que el gobierno se estaba cayendo a pedazos”. También criticó “la completa rigidez mental de Illia dentro de la doctrina partidaria y varias veces sugirió que [el vicepresidente Carlos] Perette era una mentalidad más abierta”. El general Shaw y Martínez de Hoz hablaron poco. El militar expresó dudas sobre la apertura mental de Perette y dijo que el “gran problema de la Argentina era el peronismo”. Lo que hacía falta, agregó, era el “liderazgo fuerte” de un caudillo, pero “sólo había políticos que se pasaban el tiempo cortejando a los votantes en vez de decirles qué debían hacer”. También expresó su firme apoyo a la invasión estadounidense de la República Dominicana y se mostró preocupado por las manifestaciones callejeras en contra. Martínez de Hoz criticó la “inmadurez política de la Argentina en comparación con los Estados Unidos”. Al salir, el banquero Shaw le dijo al general Shaw que algo habría que hacer respecto al presidente del Consejo Federal de la Energía Eléctrica, Abraham Eidlicz, porque era “un conocido comunista”. Trece meses después, las “bellas almas” de esa clase “temperamentalmente inclinada al asesinato” derrocaron a Illia. Que sus guardaespaldas castrenses, y algunos de sus propios miembros, purguen hoy sus crímenes en cárceles o arrestos domiciliarios, permite discutir sin esas presiones los perdurables asuntos estructurales de la economía y la sociedad argentina.
Fuente:Pagina12
REPORTAJE A MARTIN BALZA SOBRE SU EXPERIENCIA COMO JEFE DE ARTILLERIA EN MALVINAS
“La mejor voz de mando es el ejemplo personal”
Actual embajador político, Balza compartió la visión de un oficial que era teniente coronel en 1982 y no estaba de acuerdo con iniciar la guerra, pero combatió en las islas. El bastón de Parada. El papel de Bignone.
Por Martín Granovsky
Imagen: Leandro Teysseire
Fue embajador en Colombia casi ocho años. Está por acreditarse como embajador en Costa Rica. Como jefe del Ejército, el teniente general retirado Martín Balza terminó a cañonazos con la última sublevación carapintada y en 1995 inició la primera de una serie de declaraciones públicas sobre la masacre de la dictadura. De paso por Buenos Aires entre un destino diplomático y otro, aceptó conversar sobre la guerra de Malvinas desde su experiencia como teniente coronel que fue jefe de una brigada de Artillería sin estar de acuerdo con la decisión de desembarcar en las islas.
–¿Cuál es el nivel de importancia del Informe Rattenbach?
–Como Benjamín Rattenbach era el militar más antiguo (se había retirado del Ejército en 1957) fue elegido presidente de la comisión. Por eso se conoce como Comisión Rattenbach. Pero no era un órgano jurisdiccional. Podría ser algo similar –digo similar, no igual, porque no es lo mismo una democracia que una dictadura– a la Conadep. Obtuvo información y la entregó al órgano jurisidiccional, que en ese entonces era el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Producido el fallo del Consejo, el expediente se trasladó a la Cámara Federal. Esos eran los órganos jurisdiccionales.
–¿Es cierto que Rattenbach pidió la pena de muerte?
–No. La Comisión sólo dijo que algunos oficiales, como Leopoldo Galtieri y Jorge Anaya, y tal vez también Alfredo Astiz, podrían estar incursos o contemplados en un número del entonces vigente Código de Justicia Militar que preveía la figura de la pena de muerte.
–¿Cuántos declararon?
–No lo sé. Seguramente un número importante, en cantidad y en jerarquía, de jefes y oficiales.
–Por ejemplo usted.
–Sí, declaré como jefe del Grupo de Artillería 3. Era teniente coronel. Pero también tenía otro puesto: coordinador de apoyo de fuego, que es el que coordina todos los fuegos de artillería, de morteros pesados 120 y de los aviones Pucará que estaban en las islas. Como yo era el más antiguo de los jefes de artillería, eso me permitió tener un conocimiento de todas las operaciones en las islas y las decisiones del continente. En la guerra cada uno tiene su visión, y esa visión es veraz, pero a veces se trata del cabo, del sargento, del teniente, del que está al lado del pozo de zorro. No soy el que más conoce, pero sí probablemente el que tiene la vivencia de ese conflicto. Lo viví, lo olí, lo aprecié y soporté la incapacidad de quienes tenían que conducir las operaciones de estrategia nacional y operacional, desde la Junta y Nicanor Costa Méndez por un lado hasta el vicealmirante Juan José Lombardo, jefe del teatro de operaciones, por otro.
–Hubo condenas.
–La Cámara Federal unificó la pena en Galtieri, Anaya y Basilio Lami Dozo, el jefe de la Fuerza Aérea. Estoy totalmente de acuerdo con el criterio, porque los tres fueron corresponsables como miembros de la Junta. El Consejo había condenado a catorce años a Anaya, doce a Galtieri y ocho a Lami Dozo. Estoy convencido de que el Informe Rattenbach es un documento veraz, completo, serio, que apuntó a la esencia de lo que ellos llamaban la “impericia”, y yo le agregaría carencia de profesionalidad y una por demás evidente incapacidad. Pero el documento también habló de otros niveles. De Lombardo, el único almirante que pretendió ganar una batalla naval desde tierra. De Costa Méndez, que dijo en enero: “Yo soy el canciller que va a tomar las Malvinas”. De Mario Benjamín Menéndez, designado gobernador de las islas. Yo no sé si alguna vez se enteró de eso. Se lo debe haber impedido su manifiesta incapacidad y una gran pusilanimidad.
–¿Cuánto duró su declaración ante Rattenbach?
–Fueron cuatro horas de declaración informativa. Unos años después, cuando ya había ascendido un grado, me lo encontré en la Escuela de Defensa Nacional. “Qué cosas interesantes nos dijo usted, coronel”, me comentó. Por ejemplo, el general Omar Parada no fue a visitar nunca a su tropa a Pradera del Ganso. Su tropa combatía allí. Hasta Menéndez le dio orden de trasladarse. No lo hizo porque decía que no había seguridad. Otro caso a analizar es el de Cristino Nicolaides.
–El jefe del Ejército que designó a Reynaldo Bignone como último presidente de la dictadura.
–Nicolaides es uno de los que ordenó la confección del Informe, pero tiene otro grado de responsabilidad porque era comandante del Cuerpo I que mandó la Brigada X mal pertrechada. No pasó del continente a las islas con todo el material que debía. Fue responsable de las penurias que padeció una brigada suya. La Brigada 3 de Artillería, la que yo comandaba, tenía un sistema de incorporación diferente. Mis soldados llevaban un año de instrucción, a diferencia de otras que llevaban cuarenta días. Un soldado no combate solo. Si el soldado no está mandado... Las operaciones duraron 44 días. Además, mi unidad tenía casi un 50 por ciento de suboficiales y oficiales. El sistema de incorporación que había pensado era cuatrimestral. Entonces siempre tenía dos tercios de los conscriptos entrenados, especialmente en combate nocturno. Llevé a los más entrenados. Volviendo al Informe Rattenbach, para mí es más riguroso aún que los fallos del Consejo Supremo y de la Cámara Federal, porque expone una inoperancia que costó vidas, que no fue sancionada salvo en el caso de la Junta. También pone en evidencia a las unidades que funcionaron bien. Y a sus jefes de unidad. No hablo de mí, aunque mi brigada tuvo un buen desempeño. Hablo del 25 de Infantería, del Batallón de Infantería de Marina N0 5 y de compañías de comandos. Es muy contundente.
–¿Qué preguntas hacían Rattenbach y sus ayudantes?
–Uno relataba. Ellos preguntaban y todo era pasado a máquina de escribir. Preguntaban dónde estaban las posiciones, el tipo de material utilizado, con cuántos hombres había pasado a las islas, cuáles eran las dificultades... No me preguntaron si desobedecí órdenes. Me lo preguntó una vez por radio el periodista Eduardo Anguita. Y le dije que sí. En Malvinas. Una orden decía que los cambios de posición de Artillería sólo podían realizarse con expresa autorización del comandante de la Agrupación Ejército Puerto Argentino, que era el general Oscar Jofre. Traté de comunicarme con Jofre y no pude porque la red de fuego (la red de comunicaciones del tráfico de artillería) estaba ocupada en cuestiones logísticas. Ordené un cambio de posición. Una batería mía estaba en primera línea. Cuando se enteraron, después, el segundo de Jofre me dijo: “Usted no ha cumplido una orden”. Le dije: “No la cumplí, pero por no cumplirla salvé la vida de 60 o 70 hombres y la batería, porque ahí cayó el fuego inglés”. Otra vez me puse a construir posiciones simuladas con cañas, ruedas viejas y red de enmascaramiento. Dio resultado, pero me cuestionaron. Estaban equivocados. Si un jefe de unidad con jerarquía de teniente coronel no puede tomar una decisión así, concreta, sería un autómata. Claro, ellos a veces usaban la red de fuego para informar el horario de baño. En otras oportunidades cuando estaba por oscurecer, ponía los cañones de 155 milímetros en lugares especiales para que los isleños los vieran, porque yo sabía que ellos les pasaban información a los ingleses. Después los movía y entonces el fuego naval le erraba porque disparaba sin datos precisos. El que está mandando tampoco es el hacedor del universo. A veces no hay tiempo de consultar. Y hay que hacer de todo. Cada vez que iba manejando el jeep y pasaba por el centro logístico bajaba y llevaba una bolsa de papas, de verdura, para mis soldados. Eso lo hace cualquier comandante que se preocupe por su brigada.
–¿Vio su propia declaración?
–No. Si es que me tomaron todo lo que dije, debe estar la declaración entera. Mire, hay algo que sostuve siempre, como jefe del Ejército y antes en Malvinas como jefe de una unidad táctica, que es donde mueren las palabras. Si tuviera que poner una enseñanza diría que la mejor voz de mando es el ejemplo personal. Las palabras pueden convencer, pero los ejemplos arrastran. Si el soldado ve que cuando caen los proyectiles, lo pueden matar a él pero a uno, el jefe, también, ya es otra cosa. Si el sargento no duerme y el jefe, que tampoco duerme, a las tres de la mañana le pregunta cómo está, ahí está el ejemplo. Un jefe debe proceder con la fracción que manda como con los tallarines: con cuidado, porque si los empujás se arrugan. Me acuerdo bien de un hecho. Había un bombardeo. Estaba recorriendo una batería y un soldado mío me gritó: “Póngase el casco, mi teniente coronel. Usted nos exige que andemos con el casco para cuidarnos, así que cumpla con lo que dijo”. Me conmovió, porque me cuidaba. Y en medio de la guerra festejábamos los cumpleaños con un trago de whisky para cada uno. No era lo mismo ver al general Parada con su bastoncito de mando en Puerto Argentino, todo atildado, caminando y sancionando a los que veía con pelo un poco largo o algo de barba. Quiero destacar a algunos que no son amigos míos. El entonces teniente coronel Quevedo fue a la guerra seriamente disminuido en su capacidad física por una enfermedad. Un infante, el teniente coronel Soria, del Regimiento 4, tenía un hijo con una enfermedad terminal. Fue igual a la guerra. Remarco también el profesionalismo del entonces teniente coronel Arias en la artillería antiaérea. En cambio no hubo ningún ejemplo de liderazgo más arriba.
–¿Cómo define el liderazgo?
–Una cosa es el comando, otra el mando y otra el liderazgo. El comando es cuando el jefe ejerce comando amparado por los reglamentos, sobre todo de la llamada justicia militar. Ordeno tal cosa porque si no me obedecen se harán pasibles de una sanción. El mando es cuando el hombre cumple la orden sin la espada de Damocles de una sanción. Sabe que si el jefe ordena, es porque corresponde. El liderazgo se da cuando el ejemplo convence. Julio César cuenta que le dijeron: tenés más potestas que nosotros. Les respondió: potestas tengo lo mismo, lo que tengo más que ustedes es auctoritas. Autoridad.
–¿Autoridad moral?
–La autoridad que va más allá de los atributos del mando. Eso es lo que define al líder. Que el soldado pueda seguir una acción con una mirada. Una vez se prendió fuego un pequeño polvorín. Veo un soldado que sale corriendo a intentar apagar el fuego. Le grité: “Venga para acá. Se está arriesgando y nadie le dijo que hiciera eso”. Me respondió: “¡Pero yo creí que tenía que hacerlo!”. Uno ve solidaridad y egoísmo, valentía y cobardía, al hombre a quien siguen y al que no lo siguen. Estando en la guerra me comunicaron que mi esposa había tenido una hija. Mi hija Inesita. Por esos días le tuve que informar a un hombre que ahora es coronel y era teniente primero que el hijo que esperaban había nacido muerto. Fui y le dije: “Mi amigo, tengo que darle una noticia”. Se la di. Su esposa está bien. Vaya a Puerto Argentino y hable por teléfono. Soportó ese trance. Se quedó en las islas. A algún soldado le tuve que comunicar que había muerto el padre. También lo soportó.
–¿Cuántos muertos hubo en su brigada?
–Un oficial y dos suboficiales. De los 25 heridos, trece fueron oficiales y suboficiales. Doce, soldados. El 13 de julio, el día de Bélgica 1-Argentina 0 del Mundial de España, fueron los combates de Artillería más intensos. El 13 a la mañana, cuando yo cumplía 47 años, estaba con un cabo primero cerca de las baterías y se desencadenó un fuego de contraartillería inglesa que quería neutralizarnos. Logré arrastrarme con el médico hasta el pozo, pero vimos que el cabo primero estaba boca abajo. En una pausa de segundos, corrimos. Sangraba. Se llamaba Quispe. Sangraba de los oídos, de la nariz y de la boca. El médico me dijo que estaba muerto por la onda expansiva. Le corté la chapita de identificación y lo metimos en una bolsa, en un forro de colchoneta, porque no se habían llevado bolsas para los muertos. Al muerto hay que sacarlo inmediatamente, para que quien combate no lo siga viendo. Soy creyente. Siempre dije que, hasta ahora, Dios me dio treinta años de vida después de esos diez metros de distancia en que cayó el cabo primero. Podría haber sido yo. Y me permitió conocer a Inesita, que nació el 22 de abril de 1982. No sé si respondí a la oportunidad que Dios me dio.
–Usted estaba en Paso de los Libres cuando Galtieri convocó a Plaza de Mayo el 10 de abril, el día que dijo “si quieren venir, que vengan” y lo aplaudieron, y el mismo día que lo silbaron cuando se presentó como “presidente de los argentinos”.
–Muchos de los que estaban allí fueron a exteriorizar lo que yo llamo el “sentimiento Malvinas”. Claro, la Junta creyó que era el “sentimiento Galtieri”. Fue una causa justa en manos bastardas. El 14 de junio, la derrota mostró la falta de hidalguía de los altos mandos respecto de los combatientes. Pero los pueblos siempre valoran al combatiente. Y no me refiero sólo a los muertos. Me refiero al que sufre stress postraumático, al que combatió y volvió. Los pueblos separan el comportamiento en combate de la torpe decisión política. Escuché a la Presidenta hace cinco años, cuando era senadora, en el Observatorio Malvinas. Se refirió a los combatientes y aclaró que hubo hombres que combatieron bien.
–Como teniente coronel ¿por qué fue a las islas?
–Obviamente no participé de la decisión. Yo sabía que era torpe, pero si no hubiera ido mis propios soldados me hubieran tildado de cobarde. No sé si fue Quevedo o Góngora el que dijo que el valor es el miedo disfrazado. Mis soldados recuerdan, más bien, el 14 de junio. Por eso me parece bien que el sentimiento ahora sea una causa nacional y una política de Estado que busca la paz y la negociación, y quede separado el análisis del comportamiento concreto de quienes estuvimos en las islas. Hay un dato interesante: los británicos no hablan mal de los soldados argentinos. Yo estuve con la Comisión de Defensa de la Cámara de los Comunes, charlando con ellos. No es lo mismo hablar de Malvinas como parte de un gobierno democrático que en nombre de un gobierno desprestigiado y condenado en el mundo por las violaciones a los derechos humanos. Está la relación de fortaleza con Brasil, está el respaldo de Unasur, está la decisión del Mercosur de evitar que atraquen los barcos del no-Estado. Estoy convencido de que hubo coherencia, con el altibajo de Menem, que le dio participación a una tercera pata que no puede ser parte: los isleños. Las únicas partes son la Argentina y el Reino Unido.
–Estos días uno de los debates es qué actitud debe tener la Argentina hacia los isleños.
–Los isleños no pueden ser parte pero la Argentina siempre se comprometió a respetar su forma de vida y sus intereses. Sin embargo, la autodeterminación de los pueblos no rige para ellos, que no son pueblos originarios. En cuanto al respeto, se dio hasta durante la guerra. Recuerdo haber escuchado al gobernador de entonces, Rex Hunt, diciendo que había habido dos casos de violaciones. Pero no dijo que habían sido cometidas por argentinos. No hubo un solo isleño muerto por fuego argentino. Los muertos que hubo fueron por fuego inglés que se equivocó y pegó en una casa. De manera que los isleños no pueden dudar del respeto a los intereses y a la forma de vida. Le voy a decir algo como militar: la forma de recuperar las islas es el diálogo y la negociación. La guerra no. La guerra no es una obra de Dios. La guerra son muertos, huérfanos, mutilados... Isaac Rabin, un tipo que admiré, dijo que el sendero de la paz es siempre mejor que el de la guerra. Y era general. La guerra no es obra de Dios incluso cuando se respeta el derecho internacional humanitario. Lo dijo el Comité Internacional de la Cruz Roja sobre la guerra de Malvinas. Dijo que era el único conflicto en que ambas partes respetamos la convención de Ginebra. El derecho internacional humanitario se vulneró no sólo en la Primera Guerra Mundial y en la Segunda sino en los Balcanes, en Irak, en los conflictos de hoy. Respetamos la dignidad del adversario. A los prisioneros ingleses y a los isleños. No entrábamos a los supermercados para no producir desabastecimientos. Y repito, ni una muerte.
–Reynaldo Bignone, a quien usted nombró antes, tomó dos decisiones paralelas como presidente, además de la autoamnistía militar. Una, ordenar la destrucción de los archivos de la represión. La otra, disponer que los resultados de la Comisión Rattenbach fueran secretos.
–El propio Bignone dijo durante la dictadura que los tres secretarios generales de la fuerza se reunieron para ver si daban a conocer las listas y que al final decidieron no difundirlas porque después vendrían las preguntas sobre dónde estaban los muertos y quiénes los habían matado. O sea que él reconoció antes de 1983 que había listas. Quemó documentación como parte del Ejército y como presidente designado por Nicolaides. No dio a conocer institucionalmente el Informe Rattenbach porque quedaba clara la ineptitud, la impericia, la incapacidad de los mandos militares y diplomáticos que nos llevaron a esa aventura. Entonces decidió que no debía ser conocido para que la población no se enterara a través de un documento oficial.
martin.granovsky@gmail.com
Fuente:Pagina12
25.02.2012
Fue el primer secuestro aerocomercial en la Argentina
A 45 años del Operativo Cóndor los sobrevivientes reeditan la hazaña
Eran 18 jóvenes militantes peronistas que desviaron un avión en pleno vuelo y lo hicieron aterrizar en las Malvinas.
Allí lograron hacer flamear la bandera celeste y blanca durante 36 horas. Para Onganía fue un acto de piratería .
Por: Fernando Pittaro
Pocos lo saben, pero el primer secuestro aéreo del país tuvo un fin noble y patriótico: reclamar la soberanía nacional sobre las Islas Malvinas. Y por 36 horas lo lograron, al hacer flamear allí siete banderas argentinas.
“Muchachos, aunque nos cueste la vida. Lo de menos es que nos lleven presos a Inglaterra. Lo más glorioso, que caigamos en el intento”, les dijo Dardo Cabo, jefe del autodenominado Operativo Cóndor, a los 18 militantes peronistas que decidieron desviar en pleno vuelo el Douglas DC4 de Aerolíneas Argentinas que se dirigía a Río Gallegos. Fue el 28 de septiembre de 1966 cuando hacía sólo tres meses el dictador Juan Carlos Onganía había tomado el poder.
Hoy, cuatro sobrevivientes de aquella gesta heroica se reunieron por primera vez para contarle a Tiempo Argentino qué pasó hace 45 años y por qué su reclamo hoy tiene más vigencia que nunca.
Norberto Karasiewicz y Juan Carlos Bovo coinciden en que las negociaciones por la soberanía en las islas que inició el gobierno nacional “son correctas, no hay otra forma que la paz y el derecho. La guerra ya nos costó mucha sangre, la única salida es la diplomacia”, aseguran. Ricardo Ahe, en tanto, agrega que eso solo no alcanza. “Hay que sudamericanizar la Antártida para cerrar la penetración británica y comenzar a pensar estratégicamente cómo poblamos la Patagonia. Porque hay que estar atentos, a ellos le interesan los recursos naturales de toda la zona.” Fernando Aguirre se reserva una crítica para los intelectuales argentinos (Beatriz Sarlo, José Luis Sebrelli, Luis Alberto Romero, entre otros) que hace pocos días escribieron una solicitada pidiendo tener en cuenta a los kelpers para una futura negociación. “Es una vergüenza lo que plantean, no dejan de ser alternativas pusilánimes”, dice.
Ellos, que se reunieron ayer en la Plaza San Martín de Ituzaingó donde un cóndor hecho monumento les rinde homenaje, fueron los primeros en reafirmar la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas después de 133 años, cuando formaron parte de los 18 jóvenes que durante casi diez meses planearon en absoluta reserva el operativo. Todos ellos estuvieron concentrados en un retiro espiritual durante tres días en un camping de la UTA en Ituzaingó. Totalmente aislados y sin comunicación con el exterior para que no se filtrara ninguna información que pudiera hacer peligrar el operativo. La fecha original de partida estaba prevista para octubre, pero la visita al país del príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel de Inglaterra, precipitó las cosas. El príncipe venía en representación de la Federación Ecuestre Internacional y por esos días iba a estar jugando al polo con el dictador Juan Carlos Onganía. El momento político, según confiesan, era inmejorable.
Fernando Aguirre, que con 21 años militaba en el Comando Revolucionario de la Juventud Peronista de Merlo, relata a Tiempo que “la idea original era comprar todos los boletos del vuelo AR 648 para evitar problemas con los pasajeros. Pero el dinero para el operativo, no alcanzó”. Aguirre fue uno de los que esa noche llevaba en su bolso armas y explosivos, que fueron cuidadosamente guardados en las bodegas que daban a los asientos delanteros. Ese trabajo de inteligencia previo fue delegado casi en su totalidad a María Cristina Verrier, la pareja de Dardo Cabo, una joven periodista de la revista Panorama que ya había viajado varias veces a las Islas Malvinas y tenía estudiado todos los detalles de la nave, desde los pasajeros habituales hasta la autonomía de vuelo.
A las 0:30 el Douglas DC4 despegó con 48 pasajeros a bordo. Todo parecía normal hasta que apenas pasadas las 6 de la mañana, el operativo comenzó a desplegarse en pleno vuelo.
Dardo Cabo y Alejandro Giovenco ingresaron a punta de pistola a la cabina y ordenaron al piloto Ernesto Fernández García y al copiloto Silvio Sosa Laprida cambiar el rumbo.
–No se muevan ni toquen la radio. El avión está tomado –ordenaron–.
–Muchachos, no jodan. Vuelvan a sus asientos.
–Obedezcan mis órdenes y nadie saldrá herido. Somos el Comando Cóndor. Usted, coloque el rumbo uno-cero-cinco. Nos dirigimos a Malvinas.
Ahí empezó la odisea. El piloto, con el revólver apuntándole en la cabeza, cambió la dirección, ahora hacia Puerto San Julián, y de a poco, el avión comenzó a girar a la izquierda para abrirse del continente.
En tanto, Carlos Rodríguez y Pedro Tursi, que ya habían encerrado en el baño al comisario de a bordo Raúl Ferrari, fueron hasta el asiento del gobernador de facto de Tierra del Fuego, el contraalmirante Guzmán, que casualmente formaba parte del pasaje y le dijeron: “Contraalmirante, el avión ha sido tomado. Vamos a Puerto San Julián rumbo a Malvinas.” El militar no le creyó y su edecán sacó un arma, pero los cóndores se la arrebataron. Guzmán quedó mudo hasta pisar tierra.
Eso ocurrió finalmente a las 9:57, luego de sobrevolar tres veces la zona y cambiar el lugar del descenso por las malas condiciones climáticas. Tuvieron que hacerlo en una improvisada pista hípica, bastante lejos de la residencia del gobernador, alterado el plan original.
Una vez en tierra firme, se dispusieron en forma de abanico para izar las siete banderas que traían y entonaron el himno nacional. El gobernador de facto de Tierra del Fuego se negó a cantar y les dio la espalda. Mientras tanto, de pie y frente a la atenta mirada de todos, Dardo Cabo proclamó: “Ponemos hoy nuestros pies en las Islas Malvinas argentinas para reafirmar con nuestra presencia la soberanía nacional y quedar como celosos custodios de la azul y blanca (...) O concretamos nuestro futuro o moriremos con el pasado.” Luego, rebautizó al lugar como Puerto Rivero, en homenaje al gaucho Antonio Rivero que en 1833 se levantó contra los ingleses y gobernó las islas por unos meses.
En ese mismo acto se tomó como rehenes a pobladores civiles de la isla y a jefes de las milicias locales “hasta tanto el gobernador inglés reconozca que estamos en territorio argentino”. Pero eso jamás ocurrió y tuvo que intervenir Rodolfo Roel, un cura católico holandés, para calmar la situación. El párroco dio una misa en el interior del avión y luego intercedió para que los pasajeros se alojaran en viviendas cercanas a la pista, mientras los integrantes del operativo esperaban afuera bajo una fuerte llovizna. Ya habían pasado 40 horas y el hambre y el frío se hacían notar.
Al rato, se vieron rodeados por unos 30 civiles y militares belgas e ingleses que exigían la rendición. No hubo ningún disparo y 48 horas después la resistencia terminó. “No nos entregamos ni nos rendimos, ‘depusimos’ la actitud -aclara Karasiewicz-. El reclamo de soberanía se había hecho y no tuvimos el apoyo de las tropas argentinas. Entonces, ante el comandante (Fernández García), la única autoridad que reconocimos, depusimos las armas.”
Para Ricardo Ahe, esa actitud fue clave. “Al tomarnos presos el comandante, significa que por intermedio suyo el Estado nacional ejerció el poder de policía y ese es un acto pleno de soberanía. Además, esto se complementó con el accionar del Poder Judicial, que nos juzgó reconociendo su competencia y jurisdicción, lo cual reafirma la pertenencia de las islas al territorio nacional de Tierra del Fuego.”
Los 18 jóvenes peronistas, que permanecieron detenidos en la iglesia del puerto durante una semana, embarcaron rumbo a Ushuaia, junto al resto de los pasajeros, en el buque de bandera argentina Bahía Buen Suceso.
Allí estuvieron detenidos en el penal de Ushuaia nueve meses hasta que el 26 de junio de 1967, fueron condenados por privación ilegítima de la libertad, portación de arma de guerra, asociación ilícita, piratería y robo en descampado. Por no existir jurisprudencia nacional en la materia, no pudieron ser condenados por el delito de secuestro aéreo. A Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez les dieron tres años de prisión; para el resto, nueve meses.
La idea era reclamar la soberanía sobre el territorio y esperar que un sector del Ejército argentino aprovechara esa situación y desembarcara en las islas para recuperarlas. Pero eso nunca sucedió, sino todo lo contrario ya que el gobierno de facto de Onganía emitió un comunicado en el que expresó que “la recuperación de Malvinas debe ser resuelta por la vía diplomática y no por un acto de piratería”. Para las bases sindicales y estudiantiles, en cambio, fueron “héroes”.
Hoy, los cuatro integrantes de aquella gesta histórica que volvió a instalar en la agenda pública el olvidado reclamo sobre la soberanía de Malvinas le piden a los jóvenes no olvidar a los caídos en combate y jamás renunciar a lo que nos corresponde como argentinos. Quizás ellos no lo vean, pero están convencidos de que algún día las islas volverán a ser argentinas. Por eso volaron hacia allá hace 45 años. Y por esa misma causa lo volverían a hacer.
Fuente:TiempoArgentino
25.02.2012
Los nueve que murieron
Además de los cuatro sobrevivientes del Operativo Cóndor que hoy dan su testimonio en este reportaje, siguen con vida Andrés Castillo, Edelmiro Navarro, Fernando Lisardo, Luis Caprara y María Cristina Verrier. Los otros nueve integrantes fallecieron en diferentes circunstancias.
Alejandro Giovenco, por ejemplo, murió en 1972 cuando explotó una bomba que trasladaba para realizar un acto terrorista contra un local de izquierda en el centro porteño. Dardo Cabo, el jefe del Operativo Cóndor, fue fusilado por la dictadura militar en 1977.
También fueron desaparecidos en ese período Pedro Tursi, Aldo Omar Ramírez y Edgardo Jesús Salcedo. Juan Carlos Rodríguez, en tanto, fue asesinado por la Triple A. Y Ramón Adolfo Sánchez, Víctor Chazarreta y Pedro Bernardini fallecieron por causas naturales una vez recuperada la democracia.
Fuente:TiempoArgentino
25.02.2012
El relato en fotos
1-Ricardo Ahe intenta izar la bandera argentina en Puerto Rivero, los demás integrantes del Operativo Cóndor lo ayudan. Luego, cantaron el himno nacional.
2- El Douglas DC4 de Aerolíneas Argentinas que los 18 jóvenes peronistas desviaron hacia las Islas Malvinas.
3- Dardo Cabo y Cristina Verrier, los dos ideólogos del Operativo Cóndor. Se casaron en la cárcel de Ushuaia mientras cumplían condena.
4- A 45 años de la hazaña, Norberto Karasiewicz, Fernando Aguirre y Juan Carlos Bovo recuerdan cómo lo cubrieron los diarios de la época.
25.02.2012
El documentalista fue Héctor Ricardo García
El martes 27 de septiembre de 1966 a las cinco de la tarde sonó el teléfono en la oficina de Héctor Ricardo García, el empresario periodístico más importante del país. Años más tarde, en su autobiografía Cien veces me quisieron matar, confesó que ese día comenzó “uno de los momentos más inciertos de mi vida periodística.” Del otro lado de la línea, una voz masculina y seria le pedía verse en una hora en la confitería El Ciervo, de Callao y Corrientes. García, primero se negó y después aceptó. Allí lo esperaba Dardo Cabo, un militante nacionalista de renombre e hijo de un reconocido sindicalista metalúrgico, quien en menos de 48 horas encabezaría el llamado Operativo Cóndor. El hermetismo de la charla fue total. Cabo sólo atinó a decirle que le ofrecía “una nota periodística exclusiva muy importante”. García dijo que mandaría a un corresponsal del diario Crónica, pero Cabo fue tajante: “Usted o nadie.” Se despidieron sin ponerse de acuerdo y antes de irse, Cabo le extendió un papel con su teléfono por si cambiaba de opinión.
García se fue meditando. No tenía idea de qué se trataba esa misteriosa expedición. Pensó en la vuelta de Perón, en la aparición del cadáver de Evita y hasta en una visita secreta del Che Guevara. Pero, la curiosidad periodística pudo más y finalmente aceptó. A las nueve de la noche, discó el número que tenía guardado y volvió a escuchar la voz áspera y firme de Dardo Cabo.
“A las 12 de la noche en el Aeroparque para un viaje de dos días al sur de país.”
Eso fue todo. No le dijo ni una palabra más. Guardó ropa de abrigo en un bolso y cargó su cámara fotográfica.
Ya en el interior del avión, García ocupó uno de los tres primeros asientos del sector derecho. En un par de horas más, a eso de las seis de la mañana, comenzarían los primeros movimientos extraños. Quiso ir al baño y dos jóvenes de campera gris lo pararon en seco: acababan de encerrar al comisario de abordo, Raúl Ferrari. Volvió a su butaca y vio cómo “estaban forzando la tapa de una de las bodegas de la máquina, ubicada bajo dos asientos delanteros, separada del resto por una cortina de tela floreada”. Allí guardaban las armas cortas que, en minutos más, usarían para tomar el avión en pleno vuelo y obligar a desviarlo hacia las Islas Malvinas. En ese instante, el director del diario Crónica empezó a intuir que estaba frente a una verdadera hazañaza histórica. Y él, estaba ahí para contárselo a millones de argentinos.
25.02.2012
Ernesto Laclau
"Mi posición es la opuesta”
El especialista en Filosofía Política opina sobre el documento “Malvinas, una visión alternativa” que avalan casi dos decenas de intelectuales argentinos. Señala que se tata de una reivindicación histórica aunque la recuperación en 1982 fue un “manotazo de ahogado.”
El documento “Malvinas, una visión alternativa”, avalado por Hilda Sábato, Beatriz Sarlo, Juan José Sebrelli, Roberto Gargarella, Santiago Kovadloff, Rafael Filippelli, Emilio de Ipola, Vicente Palermo, Marcos Novaro, Luis Alberto Romero, Eduardo Antín, José Miguel Onaindia, Jorge Lanata, Gustavo Noriega, Pepe Eliaschev y el ex legislador Fernando Iglesias, ya generó polémica aun antes de su presentación. Referentes del grupo adelantaron que en dicho documento se hace un llamado a respetar los “deseos” de los habitantes de las islas.
Al respecto, el especialista en Filosofía política Ernesto Laclau vertió su opinión respecto del documento en declaraciones realizadas al programa Mañana es hoy que conduce Roberto Caballero y se transmite por Radio Nacional, de lunes a viernes de 18 a 20 horas.
–¿Leyó el documento presentado por este grupo de intelectuales, pensadores y periodistas? ¿Qué opinión le merece?
–Sí, lo he leído. Y mi opinión es diametralmente opuesta a lo que firmantes de ese documento. Pienso lo que es la situación en Malvinas hoy.
–¿Por qué?
–Porque en primer lugar, la posición británica se ha modificado un tanto en el sentido de que ya no pueden negar el hecho de que las Malvinas fueron ocupadas por Gran Bretaña en un acto de piratería puro y simple en el siglo XIX. Respecto a lo que fue la invasión de un territorio extranjero por parte de Gran Bretaña, no hay duda. En segundo lugar, se habla de la cuestión de la autodeterminación, pero hay que plantearlo desde una perspectiva realista: en Malvinas hay 3000 habitantes, de los cuales 300 son chilenos: hay malvinenses de origen británico, poco más que los habitantes de una o dos manzanas de la Ciudad de Buenos Aires. No se puede decir que en Malvinas haya una etnia propia. De esos 2000 y pico de habitantes con cultura británica en Malvinas, una buena parte de ellos, cuando se jubilan se mudan a Inglaterra, a vivir en los condados del Sur de Londres, o sea que no se puede decir que haya una cultura malvinense específica. Evidentemente, en el proceso de negociación, la situación de los habitantes de Malvinas deberá ser tenida en cuenta de una u otra manera, pero no estamos en situación de que haya una población con una identidad nacional, étnica, cultural, que tenga que ser considerada con estos criterios.
–¿Deberá la población ser reconocida como parte de este asunto?
–Sí, por supuesto. Evidentemente, cuando se llegue a las negociaciones (si se llegan a hacer porque los ingleses se niegan a debatir el asunto y violan las decisiones específicas tomadas por las Naciones Unidas y la decisión unánime de los gobiernos latinoamericanos), el problema de los habitantes actuales de las Malvinas, sería uno de los puntos a negociarse entre los dos países, pero no se puede hacer un caso por la autodeterminación como principio abstracto.
–Para mí el documento tiene mala fe en muchos párrafos, cuando por ejemplo dice que “falta aún una crítica pública al apoyo social que acompañó la Guerra de Malvinas y que movilizó a casi todos los sectores de la sociedad argentina”, poniendo la reacción del pueblo argentino en aquel momento como elemento para disminuir la gravedad de los hechos.
–Ahí hay que discriminar. Como la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha dicho, la invasión a Malvinas, el intento de recuperación de 1982, fue un manotazo de ahogado de un régimen militar que se estaba desintegrado, con motivaciones non santas. El fervor popular es otra cosa, porque las Malvinas son una reivindicación histórica en la Argentina, y la gente respondió en este sentido, pero ambos aspectos deben ser diferenciados.
–¿Qué se dice en Gran Bretaña? ¿Hay alguna reacción? El tema es importante, ¿está mezclado con un momento político de crisis?
–El momento de crisis existe, como existe en toda Europa. No se habla tanto del tema Malvinas en Inglaterra. De todos modos, la posición de la izquierda en general es favorable a la posición argentina: evidentemente no hay un discurso colonialista que esté dominando a los sectores progresistas de la sociedad británica.
–¿Qué porcentaje tienen los sectores progresistas? ¿No influyen más los conservadores?
–Ya deberíamos hablar de la política británica. En la última semana, después del desastre que está haciendo el gobierno conservador con los servicios sanitarios, el Partido Laborista de nuevo está mejor posicionado en las encuestas, está a la cabeza.
–¿Esto sería beneficioso para los intereses argentinos, entonces?
–Vamos a ver. Tampoco todos los sectores dentro del Partido Laborista están dispuestos a apoyar la posición argentina, pero seguramente va a ser mucho más fácil una negociación en la medida en que el laborismo pueda volver al gobierno.
Fuente:TiempoArgentino
LUIS ALBERTO CORONEL
"Mi hermano volvió loco de Malvinas por el maltrato de un superior"
El beltranense está postrado a raíz del trauma psicológico y los presuntos golpes que recibió de un teniente de apellido Bustillo. El testimonio de su hermano Julio, que hoy cuida de este héroe de guerra que se sacrificó y recibió un duro castigo por haberse atrevido a robar comida para darles a sus compañeros que se morían de hambre.
SECUELAS. Con el paso de los años, las imágenes reflejan claramente cómo el trauma de la guerra fue minando al veterano.
Publicado el 26/02/2012 - Muchos años después de que finalizara la Guerra de Malvinas, comenzaron a aflorar públicamente las denuncias por delitos de lesa humanidad promovidas por ex combatientes argentinos en contra de superiores de las Fuerzas Armadas, a raíz de los vejámenes a los que fueron sometidos en pleno conflicto bélico. Estaqueadas, “bailes”, golpes, eran métodos a los que oficiales apelaban para mantener el orden en los efectivos que sufrían de frío y hambre, efectos de una guerra improvisada por la cúpula militar.
Una de las víctimas de estos tormentos fue un soldado de Beltrán, Luis Alberto Coronel, que por 10 días estuvo estaqueado en el lugar denominado Ganso Verde en Darwin, por haber robado comida para él y sus compañeros que se estaban muriendo de hambre. Coronel cumplía funciones en la cocina de un batallón de la Fuerza Aérea que debía mantener operativa una pista. Además, fue obligado a permanecer al frente de la agrupación, como “carne de cañón”.
Esta situación provocó un fuerte trauma y serias secuelas en el veterano santiagueño: Coronel, un joven alegre y corpulento que fue con ganas de luchar y pelear por su país, hoy está postrado en una cama en una casita del barrio Aipo, en la localidad de Las Breñas, Chaco, al cuidado de su hermano mayor Julio Oscar (50), que vive con indignación el padecimiento de Luis que este año cumplirá 48. El héroe de Malvinas no habla, no se mueve, debe ser bañado y recibir cuidado permanente de otras personas.
“Volvió loco de la guerra de Malvinas. Estoy indignado por lo que le pasó”, manifestó Julio en el diálogo telefónico con EL LIBERAL, desde Chaco, al opinar sobre el caso de su hermano y del conflicto bélico.
Alrededor de 10 años atrás logró dar con Luis, que estaba internado en un centro psiquiátrico de Santiago en malas condiciones de salud, sin habla, sin poder dominar su cuerpo, y con un cuadro de desnutrición. “Tuve que firmar muchos papeles para poder llevármelo, no me lo querían dar porque me decían que le daban tres meses de vida”, recordó. Antes del reencuentro de los hermanos, Luis había sido internado en el Hospital Psiquiátrico Borda por la Fuerza Aérea, pero se escapó. A medida que pasaban los años, su conexión con la realidad se iba cortando, y su salud desmejoraba. Incluso recibió atención de sus compañeros de armas en el Centro de Ex Combatientes del Atlántico Sur, en el barrio Sarmiento.
Cuando Julio pudo llevar a Luis a Las Breñas, al poco tiempo, el ex combatiente fue internado en un hospital de la capital chaqueña, donde le hallaron un hematoma en la cabeza. “Ahí se complicó todo, fue operado en la cabeza”, contó Julio quien indagando sobre los motivos de esta afección, le fue revelado por un compañero de su hermano, que el soldado recibió un golpe durante la guerra, propinado por un superior. Entonces supo que Luis había sido estaqueado 10 días y “bailado” por un oficial, por haber robado comida y dársela a sus compañeros que se estaban muriendo de hambre ya que no recibían provisiones. También, que el joven soldado santiagueño fue llevado al frente de batalla, como carne de cañón.
“Me enteré en Santiago, por medio de un compañero, porque él no me comunicó nada personalmente”, relató Julio Coronel, quien dijo que trató de iniciar una denuncia en contra de la Fuerza Aérea y del responsable del vejamen a su hermano (un teniente Bustillo), pero que según sus abogados no se podía hacer nada porque “Luis firmó un acuerdo sin saber, la Fuerza Aérea preparó algo bien hecho para que no se pueda hacer juicio de ningún tipo. Porque la Fuerza Aérea le otorga una pensión graciable, pero le hacen eso para que no pueda hacer nada, ningún tipo de juicio”, manifestó. A pesar de ello, aseguró que intentará llevar adelante una denuncia por este crimen de guerra.
Deseos de venganza
Luis contóen una entrevista que le realizó EL LIBERAL en el 96, cómo sucedió el hecho: “Un cabo se calentó conmigo y me metió la púa con el teniente Bustillo. Me estaquearon y me daban de comer si alcanzaba o si se acordaban. Lo único que sé es que a ese soldado lo voy a matar. Todo lo que pasé, sólo yo lo sé. Estuve estaqueado 10 días, me bailaron y fue culpa de él”.
Julio fue el primer testigo de cómo la guerra había cambiado a Luis Alberto Coronel, con quien se reencontró pocos meses después del fin del conflicto en Buenos Aires (antes de que pasaran más de 11 años sin verse), donde Julio se había afincado con su familia. “Lo poquito que pudimos hablar, era muy alterado, se acordaba de la guerra, veía la televisión y se ponía muy violento. En la guerra aprendió a fumar, se acordaba que los compañeros bombardeaban, todos salían corriendo porque el armamento que tenían era muy precario y que cuando estuvo como prisionero de los ingleses lo trataron muy bien”, relató.
“Hoy veo a mi hermano postrado y me causa indignación. A través de él estoy viviendo lo que fue la guerra, fue una mentira, un negocio”, cuestionó desde el dolor y la bronca, evidenciando que el trauma también afecta a la familia del ex combatiente.
Fuente:ElLiberal







No hay comentarios:
Publicar un comentario