Pasarela al horror
07.03.2012
El periodista y escritor Philippe Broussard desentraña la vida de la modelo Marie-Anne Erize, secuestrada en San Juan en 1976. Una historia de flashes, villas y militancia.
Tapas. Marie-Anne era requerida por revistas como Gente y Siete Días. También la solicitaban los creadores más famosos de la Argentina.
Es un día que la historia ha olvidado. Un viernes banal del año 1976. Ese día, 15 de octubre, en Francia era otoño y llegaba una tormenta desde Bretaña. En el oeste de la Argentina, en cambio, se celebraba la fiesta del sol. (…)
Esa mañana, la ciudad de San Juan se había despertado al lento compás de las costumbres de la provincia. Desde las primeras horas del alba, los trabajadores agrícolas estaban ya en los viñedos y los olivares. En la esquina de las calles Abraham Tapia y General Mariano Acha, la vendedora del kiosco de golosinas, Elsa Emperatriz Astensio, esperaba la llegada de sus clientes, los alumnos del colegio vecino. En la vereda opuesta, Domingo Palacio, el bicicletero, se preparaba para la nueva jornada, en un negocio a la antigua que olía a pegamento para parches y a caucho de las cámaras de aire.
A media mañana, una joven abrió la puerta. Traía una bicicleta.
Su bicicleta tenía un problema de frenos o quizá de cambio de velocidades, en todo caso, no era nada grave. El arreglo sería rápido, bastaba con dar una vuelta por la ciudad y la recuperaría enseguida.
Cuando volvió, a eso de las doce del mediodía, el arreglo estaba hecho y la factura preparada. La bella desconocida pagó y dejó el negocio. Desde adentro, Domingo Palacio vio entonces que un hombre vestido de civil se acercaba a ella en la vereda. Parecía agresivo y amenazante, como si hubiera querido llevársela a algún lado. Ella se resistía con fuerza. El comerciante intentó interponerse, pero otros tres hombres lo inmovilizaron contra la fachada del negocio. Uno de ellos lo amenazó con un arma y lo obligó a entrar: “Guardá la bicicleta, seguro que alguien va a venir a buscarla”, le gritó al irse.
De pie delante de su kiosco, Elsa Emperatriz Astensio tampoco pudo hacer nada. Apenas tuvo tiempo de ver que dos de los agresores metían a la fuerza a la muchacha en el asiento trasero de un Ford Falcon de color claro. Ella gritaba e intentaba escaparse.
Las puertas del coche se cerraron de un golpe, el chofer arrancó a toda velocidad. Otros dos vehículos siguieron al Ford, con paradero desconocido.
Así empezó el caso Marie-Anne Erize. (…)
París, 22 de noviembre de 2008
Señora,
Tal vez esta carta la sorprenda. Hace ocho años que no le he dado signos de vida. Acuérdese, era en noviembre de 2000. Yo trabajaba entonces en el diario Le Monde y nos habíamos visto en Buenos Aires para evocar la desaparición de su hija. (…)
La historia de Marie-Anne merece un libro. Los que la secuestraron en 1976 tienen que saber quién era ella y medir de ese modo –¿serán capaces de ello?– el horror de su crimen. (…)
Ese día de mayo de 1999, más de veintidós años después de los hechos, Françoise Erize se sentó en su departamento de Buenos Aires. Empezó por redactar una carta que otorgaba “todos los poderes” a su abogada francesa para realizar una denuncia en su nombre, en París, por “secuestro con torturas” y “desaparición”.
Arriba y a la izquierda de la primera hoja, mencionó su identidad, su fecha de nacimiento (25 de julio de 1928), su nacionalidad –“FRANCESA”, con mayúsculas–, su dirección, a lo que se agregaban las dos precisiones siguientes:
Estado civil: Viuda.
Parentesco con la víctima: MADRE.
“MADRE” con mayúsculas, como “FRANCESA”.
Abajo, en una posdata, añade: “Adjunto el relato de la desaparición de mi hija Marie-Anne Erize”. (…)
París, 30 de noviembre de 2008
Querida Françoise,
Usted debe estar preguntándose por qué me intereso por ella en vez de otros franceses en la Argentina. ¿Por qué no me ocupo, por ejemplo, del periodista Maurice Jeger, del estudiante Yves Domergue o de las monjas Alice Domon y Léonie Duquet? La explicación es simple: leí un documento de la Asociación de las Familias y Amigos de los Franceses desaparecidos en la Argentina, que conduce hace más de treinta años su amigo Jean-Pierre Lhande.
Es una doble página titulada «Ciudadanos franceses víctimas del terrorismo de Estado en la Argentina», Marie-Anne aparece en el noveno lugar de la lista. (…)
Lo que importa es la breve noticia biográfica redactada por la asociación a propósito de Marie-Anne: “Nacida el 28 de marzo de 1952 en Espartillar, provincia de Buenos Aires. Trabajó como modelo, después fue asistente social, sobre todo en la parroquia del padre Carlos Mugica”. (…)
La hermana Léonie descansa actualmente en los jardines de la iglesia de Santa Cruz. Su nombre figura en la lista de las víctimas pero ha sido borrado de la lista de los “desaparecidos”. ¿Pasará lo mismo algún día con el nombre de Marie-Anne? (…)
Retrocediendo aún más en el tiempo, Anne-Marie Ortiz es también el último testigo directo –con su hermana Françoise, la madre de Marie-Anne– de la llegada de la familia a Buenos Aires. Todo eso ocurrió hace unos setenta años, siguiendo los pasos de su padre, Louis Tisseau, cuyo recorrido orientó el de toda su descendencia. Sin él y sus decisiones, ninguno de ellos habría conocido la Argentina. (…)
París, 15 de diciembre de 2008
Querida Françoise,
Usted ha tomado partido por el silencio.
No decir ni hacer nada antes del juicio. (…)
Marie-Anne forma parte de los Guías, el grupo exclusivamente femenino dirigido por el padre André Baqué, un cura originario del sudeste de Francia, apasionado por el rugby. Marie-Anne encuentra entre ellas a hijas de diplomáticos, ejecutivos e ingenieros. Entre ellas está Laurence Fabre, guía desde 1963, seducida desde sus primeros encuentros por la peculiar personalidad y la frescura vivificante de Marie-Anne. Hasta su fe de novicia terminó por impresionarla. Agreguemos que Marie-Anne reza con frecuencia, por toda clase de razones… (…)
Unos meses después, otra estada lleva a Marie-Anne a Bariloche, en el corazón de los Andes. Un nuevo sacerdote francés, Jean Loison, acompaña al grupo. (…) Los “sacerdotes del Tercer Mundo”, como se autodenominan, prefieren dedicarse a los habitantes de las villas miseria. (…)
A pesar de sus 17 años, Marie-Anne es la más difícil de captar y la más rebelde. Desde los tiempos de Wanda, sus padres saben que sueña con “ayudar a los pobres” (…)
Marie-Anne, por el contrario, abre cada vez más sus oídos a los combates ideológicos de la época. Piensa que el retorno de Perón a la Argentina sería lo mejor que pudiera ocurrir y la única manera de terminar con décadas de dictadura. (…)
Marie-Anne lleva una vida de una intensidad inaudita para una muchacha de 19 años. En Buenos Aires, se las arregla para combinar sus actividades sociales en el Bajo Belgrano con las reuniones familiares de la avenida Monroe, y estas con su trabajo de maestra jardinera en el liceo Mermoz.
Además, da sus primeros pasos en un universo desconocido: la moda. Después de un largo período en que sufría un complejo de flacura, Marie-Anne ha cobrado confianza en sí misma. Ese cuerpo, ayer tan frágil, es hoy toda su fuerza. Lo adivina en la mirada de los hombres. No llegó al universo de la moda por vocación sino encontrándose con gente acá y allá, sobre todo cuando conoció a los jóvenes publicitarios de una agencia llamada Vanguardia. Mario Berlingieri, el audaz ítalo-argentino que creyó poder conquistarla alquilando una avioneta de aventurero, la ayuda presentándole mucha gente. (...)
¡Unos días después, se ponía en pose delante del fotógrafo en una sesión que iba a lanzar su carrera de top-model!
A partir de ahí, su vida se convierte en un perpetuo torbellino. Firma un contrato tras otro, acumula los viajes y las aventuras sentimentales. En Buenos Aires, tiene su entrada en Mau Mau, la discoteca de la farándula. Se la ve en los cócteles, del brazo de Eduardo Blaquier, el heredero de una de las familias más ricas del país.
Los argentinos se acostumbran a verla en los catálogos y revistas de modas, ya sea llevando un vestido o en pantalones o con abrigo de cuello de pieles, ya sea con aspecto estricto o más desenvuelta, vestida de invierno o verano, siempre sonriente. Grandes anunciantes, como la compañía aérea colombiana Avianca o los cigarrillos Jockey, recurren a sus servicios. En enero de 1972, participa en el concurso de Miss Punta del Este, el Saint-Tropez uruguayo. Tres meses después, la revista argentina Siete Días la selecciona para su concurso de belleza y la premia en calidad de “primera princesa” sacándola en su tapa del 4 de mayo. Aparece en la foto con una gran sonrisa, con un pulóver a rayas y el pelo peinado al estilo carré. En la misma semana, su rival mediático, la revista Gente, dedica su cobertura a esa modelo que se ha convertido en tema de todas las conversaciones. Esa semana, se la ve sólo a ella en una foto que ocupa toda la tapa, con una remera amarilla y muy ajustada, que deja ver su vientre desnudo. (…)
Marie-Anne es así: auténtica, escucha más su corazón que su razón. Teté Coustarot lo confirma: “Ocupaba un lugar aparte en nuestro ambiente. Su aire selvático hacía de ella una figura especial y muy atractiva. A veces desaparecía durante meses, por viajes o por amores, sin dar noticias, luego reaparecía como si nada, con la misma naturalidad. Todas nosotras nos maquillábamos, nos pintábamos las uñas y teníamos el pelo largo. Sólo una francesa podía tener el aplomo de presentarse como ella, con el pelo corto y sin maquillaje. Marie-Anne era una aventurera que se burlaba de la opinión de los demás. Para ella, ese laburo no era un fin en sí mismo, nada más que un modo de ganar dinero que la liberase de trabajar en una oficina. En los camarines, mientras preparábamos los desfiles, nos hablaba del barrio de Bajo Belgrano. A su modo, tenía una modernidad asombrosa. Libre, muy libre”. (...)
A los 21 años, la ex primera princesa de las revistas femeninas ha viajado por todo el mundo, ha conocido Nueva York, Río, Marbella, Montevideo, pero la casa de la avenida Monroe sigue siendo el puerto donde echa el ancla. (…)
Mientras tanto, se orienta hacia el periodismo y se inscribe en la carrera de antropología en la Universidad de Buenos Aires (UBA). (…)
La misma Marie-Anne se acercó a la “causa” montonera por la vía de la fe y a partir de una fuerte sensibilidad social. (…)
Como sus compañeros de lucha, Marie-Anne cifra muchas esperanzas en su retorno. Es cierto que Perón había venido una primera vez, el 17 de noviembre de 1972, pero su estada en Vicente López, al norte de la capital, no había pasado de diez días, y además estuvo vigilado de cerca por las fuerzas del orden. Por otro lado, los militares habían sabido frenar el fervor popular en las zonas exteriores a su predio de Vicente López, invadido por sus adherentes. Después, comprendieron que debían relajar la presión y llamar a elecciones presidenciales democráticas. Ese escrutinio histórico, programado para marzo de 1973, está marcado por la victoria del candidato del peronismo de izquierda, Héctor José Cámpora. Ese triunfo abre las puertas a la vuelta definitiva –y esta vez triunfal– del jefe venerado… (…)
La “31” de Retiro es una enorme excrecencia urbana derramada de un modo anárquico al sur del corazón histórico de Buenos Aires, entre el puerto y la estación Retiro. Se amontonan allí alrededor de 5.000 personas, muchos de los cuales son paraguayos y bolivianos, en condiciones de higiene deplorables.
Para peronistas de izquierda como Daniel y Marie-Anne, ese barrio de paredes de cemento y techos de chapa encarna la Argentina de las injusticias y la esperanza, la Argentina que es preciso ayudar cotidianamente para preparar el gran día final del socialismo. Un eclesiástico goza allí de una popularidad sin igual: el padre Carlos Mugica. (…)
Para no poner en peligro a su familia, Marie-Anne ha dejado casi de pasar por la casa de la avenida Monroe. (…)
En cuanto se entera del arresto de su compañero, Marie-Anne redacta su carta de renuncia a la compañía Austral. Un texto breve, escrito a las apuradas en una hoja suelta: “Presento mi renuncia a mi puesto a partir del 7 del mes corriente (febrero). Marie-Anne Erize”. No volverá nunca más a la agencia y a la casa. (…)
En San Juan, Marie-Anne Erize no existe, no existe más. Nadie, en todo caso, conoce su nombre. En el grupo interno, es “Lucía” o “Sofía”. (…)
Desde que se esconde en San Juan, la única persona con la que Marie-Anne ha conservado contacto, fuera de sus padres, es Eudes Colcombet, su ex novio del Chaco y del bulevar Beaumarchais. El amigo de siempre. (…)
San Juan, 10 de febrero de 2010
Querida Françoise,
De algún modo, Daniel Russo fue el último hombre en la vida de Marie-Anne. Varias personas de confianza me aseguran que sus relaciones fueron siempre de tipo amistoso. Que yo sepa, su hija no tuvo relaciones amorosas en San Juan. No por eso Daniel Russo deja de ocupar un lugar particular dentro de su entorno: ella era su superior jerárquico, lo que en la jerga de Montoneros se llamaba una “responsable”.(...)
Volvamos ahora al 15 de octubre de 1976… En esa época, como dijimos, Marie-Anne vive en la calle Sabatini al 170, con una joven pareja, Carlos Poblete (32 años) y su mujer, María del Carmen Moyano (23 años), alias “La Pichona”. Usted conoce quizá sus nombres, mencionados hace veinticinco años en el legajo judicial, pero ignoraba probablemente un aspecto crucial que figura en los archivos, o sea, el rango de esta pareja en la organización Montoneros en ese mes de octubre de 1976.
Es muy simple: Carlos Poblete es entonces el responsable militar de la organización en San Juan. “EL” patrón. Su mujer, “La Pichona”, es la superior directa de Marie-Anne, de algún modo su jefa.
Su casa hace las veces de centro de operaciones de Montoneros. (…)
Han pasado cerca de veinticuatro años entre su desaparición y el arresto de Olivera en Roma. Sí, veinticuatro años…
Cuando nos encontramos usted y yo en 2000, en Buenos Aires, usted me había dicho cómo sufría por tener que morirse sin conocer la verdad, el 8 de marzo de 1993. Como usted, nunca había perdido la esperanza de encontrar un día el cuerpo de su hija, para tener por fin un lugar donde recogerse.
Usted sigue sin tener ese lugar porque un hombre, Jorge Olivera, la priva de tenerlo. Él sabe, sin embargo, lo que le ocurrió a Marie-Anne a la salida de la bicicletería…
Con mi amistoso recuerdo,
Philippe.
Fuente:Revista23
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