27 de julio de 2012

Masacre de Trelew: "Al escalofrío lo siento como si fuese hoy".

27/07/2012 
Masacre de Trelew: "Al escalofrío lo siento como si fuese hoy" 
Lo dijo ayer en el juicio que se desarrolla en Rawson el exconscripto de Infantería, Héctor González, que la noche de la matanza de presos políticos hizo guardia fuera de la Base "Almirante Zar" de Trelew. 
"Lo siento como si fuese hoy", dijo Héctor González, aquí junto a Carlos Juárez. 
La noche del 21 de agosto, el conscripto de Infantería Héctor González hizo guardia fuera de la Base, en el polvorín. Pasó la madrugada del 22 despierto pero no escuchó disparos. Sí oyó el aterrizaje de un misterioso avión que no identificó. "Me llamó la atención que al terminar mi turno irme, a los pies de mi cama había cabos durmiendo donde no era su lugar". Les preguntó qué pasaba para que durmieran allí. "No sé, creo que mataron a 2 ó 3 de los presos", contestó uno. 


Le pareció raro que esa misma mañana del 22 nadie los despertó temprano, como era rutina. También que el jefe del Batallón de Infantería 4, capitán Alfredo José María Fernández, reuniera a su tropa en una oficina amplia de la Base. "Estaban todos los oficiales: Sosa, Bravo, Troitiño, Galíndez y Goff", recordó ante el tribunal. 


Junto con otros colimbas escuchó la versión oficial del intento de fuga. "A mi lado estaba Ondícola y Rubén Zamorano, dos compañeros. Nos miramos con estupor por lo que decía, ¿cómo se van a escapar si nosotros en persona los custodiábamos? Hasta hoy siento el escalofrío que nos corrió, parece que fuese ahora". Reveló a otros dos guardiamarinas presentes esa tarde: Aristimuño y Menéndez. Y recordó a Jorge Campos y un tal Landriel, colimbas que escucharon lo mismo. 


Los conscriptos dudaron de la explicación. "Los presos ni siquiera pensaron en escaparse por razones muy simples: lo estrecho del pasillo y la cantidad de hombres apostados en todos los puestos de guardia. Fugarse era un movimiento imposible". Por aquellas horas González vio mucho movimiento en la unidad, de hombres y de ambulancias. 


"Los días que siguieron el ánimo no estaba muy bueno, el asunto estaba medio bravo", graficó. El malhumor de los oficiales era visible. "Una mañana el teniente Bravo nos pegó un baile en la Plaza de Armas que mamita querida", aseguró. De a poco esos jefes fueron trasladados. Los reencontró un par de meses después. "Era un ejercicio militar en Infierno Verde, en Bahía Blanca; parecía una película de guerra con todos los infantes juntos y allí volví a ver a Sosa, Bravo, Troitiño y Galíndez como jefes de otras divisiones". 


El 15 de agosto, por la toma del aeropuerto, González fue citado de urgencia como el resto de los colimbas. Vigiló fuera del edificio, en posición de tiro. Anotó en un cuaderno las armas que entregaron los guerrilleros y hasta borró de los vidrios de la confitería lo que escribieron las militantes con lápiz labial, cosas como "ERP" y "Montoneros". 


Regresó a la Base y quedó acuartelado. Le tocó hacer guardias de tres horas en el primer pasillo, antes de llegar a las celdas. Nunca escuchó disturbios de los presos. 


"Cada vez que pasaban rumbo al baño los detenidos iban esposados y con las manos en la nuca. Me tocaba ir detrás apuntándoles con el fusil, con bala en boca y un cargador extra pegado con cinta adhesiva para recargar rápido por si ocurría algo. Era una orden superior".
Fuente:DiarioJornada

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