JUEVES, 2 DE AGOSTO DE 2012
En la democracia más vale un presidente interino, que uno que haya comprado el cargo
Por Pedro Echeverría
1. México, con la posibilidad de nombrar un presidente interino independiente, está en el momento adecuado para limpiar su cara, cuerpo y pensamiento totalmente sucio, enlodado, por gobiernos y empresarios de distintos partidos -el PRI y el PAN en particular- que lo han desprestigiado ante los demás países. Con un gobierno interino neutral durante un año, se podría organizar un proceso electoral decente, sin enormes gastos y presiones que podrían comenzar a limpiar el buen nombre de México ante el mundo.
Si por el contrario las autoridades electorales deciden imponer al candidato del PRI sin pensar en el futuro de México y a pesar de las acusaciones que se le han hecho, podrán ponerlo en la silla presidencial, pero al mismo tiempo estarán provocando reacciones que podrían manifestarse en semanas y meses.
2. Con una Presidencia Interina no ganan ni Enrique Peña Nieto ni Andrés Manuel López Obrador. Gana el país al ver que con sus protestas y sus luchas están a punto de imponer eso que llaman democracia, es decir, que en México se aleje la manipulación y la compra del voto aprovechándose de la miseria económica de la gente y que además se instale una sociedad más consciente y participativa. Por el contrario, si el IFE y el TRIFE por comodidad, por irresponsabilidad, por venderse o por tener miedo, deciden entregar la Presidencia a Peña, quizá no pase inmediatamente nada, pero en los próximos meses o años muchas cosas graves, muy violentas, podrían registrarse y los culpables serían aquellos que no supieron escuchar y sólo buscaban imponerse. Y la población, que parece no darse cuenta de lo que pasa, no olvida a quienes actúan con maldad.
3. Si se nombra un presidente interino en México, por un período de un año, no pasa nada trascendente; como tampoco nada sucedió en los cinco cortos periodos del siglo XX que tuvimos presidentes interinos. Más aún, es posible que sirva el interinato para pensar y repensar en la situación de los trabajadores y desempleados en México -además de sus mil y un problemas- y las soluciones que se proponen. Un gobierno interino que convoque a nuevas elecciones que evite la compra de votos y muchas trampas que se cometen en cada proceso electoral. Eso, como han gritado millones de gentes que luchan en las calles, comenzaría a limpiar el desprestigio del país que sigue apareciendo en el mundo como símbolo del narcotráfico y la corrupción. Así que si alguien dice querer a México, debe comenzar por limpiar toda la basura que lo corroe desde hace décadas.
4. En el México del siglo XX, hemos tenido presidentes interinos: a) Al renunciar Díaz a la Presidencia República por el triunfo en 1911 de la Revolución. b) Luego tuvimos otro interinato después del asesinato de Madero (1913); c) Otro al ser asesinado Carranza (1920); d) un cuarto después de ser asesinado Obregón (1928) y e) El más reciente, después de la renuncia de Ortiz Rubio por presiones de Elías Calles en 1932. A pesar de la larga dictadura del PRI y de dos gobiernos del PAN, que cumplieron sus cuatrienios (hasta 1928) y con sexenios hasta la actualidad, se han registrado gobiernos interinos y no ha pasado nada trascendente o importante. Los gobernantes sustitutos: León de la Barra, Huerta, De la Huerta, Portes Gil y Rodríguez, respectivamente, fueron -con excepción del segundo- la misma política oficial.
5. El pobre presidente mexicano Felipe Calderón no pudo gobernar; tuvo que hacer uso del ejército y apechugar la muerte de más de 60 mil mexicanos, para demostrar durante seis años su fuerza; pero logró Calderón que sus funcionarios y amigos cobren fabulosos salarios durante todo ese tiempo. Preguntamos: ¿Lo mismo hará Enrique Peña Nieto para evitar las permanentes protestas de la población por haber comprado -de manera abierta y descarada- millones de votos? Por eso una de las frases más pegajosas que hoy se usan en México: “En la democracia más vale un presidente interino, que uno que haya comprado el cargo”. Si el IFE y el PRIFE deciden reconocer el triunfo de Peña -a pesar de las decenas de miles de pruebas de compras de votos entregadas- volveremos a la sucedido hace seis años; pero ahora en un nivel más alto de indignación y de rabia.
6. Sería interesante conocer lo que pasaría si todos los Senadores y Diputados del Movimiento Progresista se negaran -sin pretexto alguno- a tomar posesión de sus cargos el 1 de septiembre protestando contra el fraude en el proceso electoral. Es un acuerdo aprobado por más de 300 organizaciones incluidas la estudiantil Yo soy 132, los campesinos de Atenco, los electricistas, Morena y demás; se aprobó además boicotear el 1 de septiembre el informe de Felipe Calderón y el 1 de diciembre la toma de posesión de Peña Nieto. La realidad es que ya no habrá más esperas de seis años porque los procesos electorales en México se han convertido en una vergonzosa burla para millones de esperanzados que desde 1988, por no decir mucho antes, están sufriendo el escarnio de gobiernos priístas y panistas.
7. Un gobierno interino bajaría mucho la confrontación que cada día se hace más grande entre el PRI y el movimiento progresista, sobre todo ahora que la empresa Soriana -la que entregó millones de tarjetas al PRI para comprar votos- acusó a López Obrador, Monreal y Zambrano de ser los culpables de que perredistas hagan tropelías en las tiendas. El movimiento progresista ha rechazado todas las acusaciones por ridículas; sin embargo el movimiento estudiantil y las 300 organizaciones que se reunieron en San Salvador Atenco están preparándose para cumplir los acuerdos a que se comprometieron. Se espera que el IFE y el TRIFE decidan por el bien del país y no cometan el error de seguir poniéndose a las órdenes de quienes dominan económica y políticamente en México.
JUEVES, 2 DE AGOSTO DE 2012
Invalidación e interinato
Por Gerardo Fernández Casanova
“Que el fraude electoral jamás se olvide”
Confieso que me entusiasma la idea de que el conflicto electoral se resuelva mediante la invalidación de las elecciones y el nombramiento de un gobierno interino, no sólo por las razones de justicia que obligan a corregir el cúmulo de violaciones a la letra y el espíritu de la Constitución, sino también por ofrecer la oportunidad histórica de emprender una reforma de fondo al sistema por consenso de las fuerzas políticas, en un marco en que, independientemente del partido al que pertenezca el interino, la concertación política y la negociación honesta puedan y deban prevalecer.
Para comenzar, la designación del presidente interino no podrá ser impuesta por un solo partido, ni siquiera un bloque de partidos, sino que tendrá que ser resultado de una amplia negociación con participación y el acuerdo de todos; esto llevaría al desarrollo de una agenda convenida y a abrir un espacio sin la oposición sistemática capaz de elevar el nivel del debate parlamentario.
Es por ello una oportunidad de excelencia para recuperar la institucionalidad dañada por el manoseo irresponsable de los últimos sexenios.
Este es un factor relevante a ser tomado en cuenta en la decisión que adopte el Tribunal Electoral de la Federación y, en especial, por quienes verdaderamente toman las decisiones.
La alternativa aparece clara: un gobierno interino de consenso capaz de sanear o, en su defecto, el caos de un gobierno impuesto a contrapelo de la legitimidad y la honestidad. A nadie conviene la segunda alternativa, ni siquiera a los intereses del poderoso vecino; el riesgo del incendio aconseja negociar tanto a tirios como a troyanos.
La agenda central del gobierno interino, que también pudiera considerarse como uno de transición efectiva, giraría en torno a una profunda reforma del estado y del sistema político, ambos tan desfigurados de tan parchados.
Es la oportunidad para cuestionar a fondo el sistema de la representación y auspiciar una sustantivamente mayor participación social; corregir el actual régimen de los partidos, incluido su financiamiento; acotar el funcionamiento de los medios masivos de comunicación para conferir equidad a la competencia electoral; actualizar la relación entre los poderes y entre los niveles de gobierno, entre otros temas de la agenda política.
Un aspecto importante a tomar muy en cuenta en la posibilidad de la designación del presidente interino es el garantizar su fortaleza, tanto por el consenso como por su personalidad. No confundir el interinato con un gobierno provisional; el interinato podrá emprender la transición, en tanto que el provisional sólo podría mantener el statu quo.
La situación del país reclama una gran responsabilidad patriótica de los actores políticos y, preferencias políticas aparte, creo firmemente que existe una buena medida de tal cualidad.
La prioridad está en la reforma política pero el consenso deberá permitir un combate eficaz contra la violencia y el crimen organizado así como hacer frente a la emergencia económica que, sin lugar a dudas, se avizora en el futuro inmediato.
Desde luego que en la concertación de la agenda tendrán que olvidarse de las reformas estructurales del neoliberalismo y atender la corrección de sus más graves implicaciones.
Pero en todo este enjuague lo verdaderamente importante es que se avance en la organización y fortalecimiento de la movilización social para participar en todos los ámbitos.
Particularmente habrá que consolidar el Movimiento Progresista mucho más allá de los partidos que lo integran, con especial énfasis en el diseño de una fórmula que incorpore a MORENA, a la insurgencia juvenil y al universo de expresiones populares de participación.
Fuente:Argenpress

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