LUNES, 17 DE SEPTIEMBRE DE 2012
De la corrupción y otros demonios
Por Álvaro Montero Mejía
Uno de los argumentos más empleados por los introductores de las nuevas corrientes económicas y sociales en nuestros países, esa que se refiere al papel del Estado. Todo se deriva de la vieja fórmula reaganiana: “El Estado no es la solución, el Estado es el problema”. Se trata de un tema puede abarcar extensas reflexiones. Nuestro interés es, en lo fundamental, discutirlo en términos locales, costarricenses.
Expresa El Dr. Ennio Rodriguez: “El Estado,… ¡sigue produciendo hasta licores!, y con una planilla desproporcionada en tamaño y niveles de remuneración. Asimismo no se han modernizado las condiciones de competitividad para el empresariado nacional”.
Todos los costarricenses deberíamos saber que la ingesta de licores con altos contenidos etílicos y otros venenos producidos por una mala destilación del alcohol, hizo presa por decenios de los pueblos de Centroamérica, con la excepción de Costa Rica donde, gracias a FANAL y al monopolio de la fabricación de alcohol, miles de costarricenses escaparon de la locura, la ceguera, la cirrosis hepática y otros daños provocados por el alcohol mal destilado.
Sin embargo, detrás de la frase de Don Ennio donde menciona un Estado ¡produciendo hasta licores! se oculta una clara visión ideológica sobre lo que debe o no debe producir o hacer el Estado. Sin que suene peyorativo, a veces no puedo distinguir con claridad entre lo que es una concepción ideológica o un simple prejuicio. Ha habido una campaña tan feroz y persistente contra la inoperancia y la ineficiencia del Estado, que todos terminamos aceptándolo como un hecho irrebatible. Por eso prefiero calificar de “ideológica” la posición de Don Ennio Rodríguez, pues un intelectual como él no puede ser presa de la vulgaridad cotidiana de la propaganda interesada.
Sería como decir que una persona seria e inteligente está con Rodrigo Arias Sánchez, por los millones que bota diariamente en basura publicitaria.
Otros podrían decir ¡Qué barbaridad! ¡Un Estado produciendo hasta electricidad! O bien ¡Válgame Dios! ¡Un Estado manejando a su antojo las telecomunicaciones! O quizás ¡Es inconcebible! ¡Un Estado monopolizando la captación y distribución del agua! Etc., etc. La verdad es que en nuestros días algunos sectores lanzan exclamaciones como estas sin atreverse a discutir lo que conviene o no. Con el poder en sus manos, usurpado a base de procesos electorales amañados y manejados a punta de chequera y cortos televisivos, han dado marcha atrás en las principales conquistas del proyecto democrático, social y reformador costarricense.
Sobre el asunto de las planillas del Estado, valdría la pena preguntarle a Eduardo Dorian y a Óscar Arias Sánchez, por qué le agregaron más de 8000 nuevos trabajadores a la CCSS y a otras instituciones, convirtiendo la inflación de puestos gubernamentales en un claro plan de trasiego de influencias, además de usarlo para mantener elevadas ciertas cifras estadísticas de ocupación. Estaríamos de acuerdo con D. Ennio, si la discusión se centrara en cómo mantener muchos trabajadores ocupados y productivos y no simplemente empleados.
Señala el autor: “En medio de esta transición desordenada hacia la modernidad, sin claridad de un proyecto nación, estallan los grandes casos de corrupción.
Vamos a ver ¿Teníamos o no los costarricenses, una vez finalizado el ciclo reformista en la segunda mitad del siglo pasado, un Proyecto de Nación? La respuesta es esencialmente afirmativa. Este proyecto por supuesto, no tiene nada que ver con lo que un recién venido al país, insiste en presentar como proyecto de campaña.
Sería muy largo de reseñar. Pero quizás en estos vale la pena hacer comparaciones de datos objetivos ¿Cuantos pueblos de Mesoamérica, incluido México, disfrutaban de las cifras de mortalidad infantil, atención hospitalaria, cuidados prenatales, y otros datos fundamentales atribuibles a la revolución médica y sanitaria iniciada con la fundación y expansión de la CCSS? ¿Cuántos pueblos de Mesoamérica disfrutaban de la extensión de la telefonía domiciliaria, servicios eléctricos o agua potable a domicilio, en los porcentajes alcanzados por nuestro pequeño país gracias al ICE y AyA? ¿Cuántos de ellos habían iniciado con el mismo ímpetu que Costa Rica, la atención al problema de la vivienda, o los precios de sustentación de la producción agropecuaria, o la distribución de bienes indispensables en una red de estancos extendida a lo largo y ancho del país, o el recuento sistemático y ordenado de las estadísticas nacionales, o el desarrollo y extensión de un poder judicial altamente profesional? ¿Hasta dónde llegaba, en esos pueblos hermanos, la educación primaria y secundaria atendida en Costa Rica por instituciones públicas, en muchos casos de extraordinario nivel? ¿Cuántos países cercanos disponían de un sistema bancario para apoyar a los inversionistas locales, la construcción de viviendas o el movimiento cooperativo?
Luego viene al tema de la corrupción. El Dr. Ennio Rodríguez sabe, mejor que muchos costarricenses por su importante desempeño en la vida pública del país, que la corrupción es una lacra que viene de muchos años atrás. Hemos mencionado antes el tema de la deuda externa y las inversiones de CODESA, o podríamos recordar el abuso con los créditos bancarios o la recompra de la deuda externa bonificada.
A muchos les conviene que todas las culpas recaigan en doña Laura, pero lo cierto es que otros gobiernos, anteriores al suyo, dejaron una estela de demolición social, malversación y peculado sin ninguna obra digna de ser anotada. Además, la mayor parte de los actos de corrupción, algunos enormes, han pasado inadvertidos, porque el control ciudadano es débil y la oposición política casi inexistente o porque los medios de comunicación no obran con la garra o el coraje con que debieran actuar.
También habla Don Ennio de invasión de competencias. Pero ¿a qué se refiere con eso que denomina “una invasión inmisericorde de competencias”? ¿Se refiere a la capacidad demostrada por el Ex Presidente Oscar Arias y su hermano Rodrigo, para someter a su mando irrestricto a todos los Poderes del Estado: Asamblea Legislativa, instituciones públicas, Contraloría, Procuraduría, Fiscalía, Tribunal Electoral y la Dirección de Inteligencia Y Seguridad. ¡Eso si es una “invasión inmisericorde de competencias”.
Afirma el Dr. Rodríguez: “Así se ha dificultado el accionar público … y, para colmos, los intentos de hacer obra mediante procedimientos expeditos ante la asfixia reglamentaria, han terminado en los abusos más sonoros, con el descrédito de los procedimientos de emergencia”.
¡Claro que no estoy de acuerdo con Don Ennio! Ahora resulta que todo se inicia con el acto de buena fe de buscar procedimientos expeditos para hacer obras públicas. Si así fuera ¿a dónde están las obras? Porque la Comisión de Emergencias opera desde hace años, entonces ¿Cuáles son los resultados de esos intentos para hacer obras expeditando procedimientos mediante las declaratorias de emergencias? Esas “dificultades del accionar público” han sido habilidosamente resueltas con licitaciones amañadas y contratos de obra, buenas para enriquecer a contratistas inescrupulosos.
Como las obras de esa bendita Comisión se han prestado desde siempre para el enriquecimiento fácil de algunos malandrines, aunque es justo decir que algunas personas honorables la tuvieron a su cargo, no es justo decir que es ahora cuando el asunto termina “en los abusos más sonoros”, sólo porque la prensa acuciosa decidió ponerlos al descubierto.
El Dr. Ennio Rodríguez lo sabe. En esa Comisión y en otras instituciones, el asalto a mano armada, comenzó hace años.
Continuaremos.
Fuente:Argenpress
No hay comentarios:
Publicar un comentario