Una testigo ofreció un relato de cómo habrían asesinado al intendente Aredez
14.09.2012
"El Turco me dijo que le pegaron dos tiros y lo enterraron todavía vivo en el fondo del ingenio"
La enfermera Nelly del Valle Márquez, prima de Olga Márquez de Aredez, la fallecida viuda del desaparecido intendente de Libertador General San Martín, Luis Aredez, dijo hoy que un hombre apodado "El Turco", conocido por oficiar de vocero informal del dueño del ingenio Ledesma, Carlos Blaquier, le contó como habrían matado y enterrado al infortunado jefe comunal. “Lo secuestraron y lo llevaron en una camioneta del ingenio Ledesma; luego lo llevaron a una fosa ubicada en el fondo del ingenio, en medio de altísimos cañaverales, le pegaron dos tiros en la nuca y lo enterraron vivo” dijo que le contó "El Turco" la prima de la esposa de Aredez frente al Tribunal Oral Federal.
El TOF constituido en Jujuy escuchó hoy el relató de Márquez, quien una testigo presencial del horror, quien envuelta en dolor e indignación contó cómo en 2004 “El Turco” le contó el modo como habrían secuestrado y matado al esposo de su prima hermana, el médico Luis Aredez.
La enfermera dijo que estuvo en Libertador San Martín en septiembre del 2004 cuidando a su prima, y que fue entonces cuando, inesperadamente, "El Turco" se le franqueó de tal modo.
La mujer, al declarar por videoconferencia desde el Consejo de la Magistratura, en Buenos Aires, se quebró y el Tribunal debió esperar a que se recompusiera y pudiera retomar la exposición, señalando que lo que iba a contar "ni los chicos (por los hijos de Luis y Olga Aredez) lo saben, jamás se los conté para no lastimarlos".
Luis Aredez fue médico de la sala que funcionaba adentro del ingenio, con cuyas autoridades se enfrentó, entrre otras razones, porque la empresa consideraba que le recetaba a sus trabajadores medicamentos caros.
Como intendente, Aredez consiguió que Ledesma pagara impuestos que solventaran parte de los gastos del pueblo donde tiene sede, lo que tampoco había sido bien recibido por la empresa.
Aredez fue secuestrado por primera vez el mismo 24 de marzo de 1976; estuvo en la cárcel de Jujuy y en la Unidad 9 de La Plata, donde fue liberado el 9 de abril de ese año.
El 13 de mayo de 1977 al mediodía, cuando retornaba del Hospital de Fraile Pintado, donde trabajaba por las mañanas, su automóvil fue interceptado en la ruta a Libertador y nunca volvió a saberse de él.
Nelly del Valle relató que en s eptiembre de 2004, estaba en la casa de Alfredo Tapia, un amigo que había hecho en Libertador, llegó un hombre apodado "El Turco", de quien nunca supo el nombre. Tras enterarse de su parentesco con Olga Aredez le manifestó que: “El doctor fue un tonto, un soberbio, él tendría que estar vivo ahora. Yo le dije que estaba en una lista, pero fue muy cabezón, muy caprichoso.
Muchas otras personas a las que le dije que se vayan del pueblo están vivas ahora”.
Cuando Nelly le pidió a su interlocutor del Valle le pidió que la llevara a dónde había sido enterrado el marido de su prima "me respondió para qué, si la doctora no me quiere recibir, para qué quiere saber usted".
Manifestó la testigo que Alfredo Tapia escuchó esa conversación, al igual que dos mujeres que iban y venían. Y agregó que cuando le preguntó a "El Turco" quienes había realizado el operativo, se limitó a decir: "Los muchachos".
Agregó que cuando le contó a su prima Olga lo que El Turco había escuchado y le pidió que hablara con él, Olga le respondió que cómo iba a hablar con él, si era un asesino. "Si no, no hay ninguna posibilidad de que tenga tanta información”, remató.
Nelly dijo que Olga, que murió en 2005, estaba "muerta de miedo, me pedía que no saliera a la calle, que no hablara con nadie. "Porque si no los matan y tiran a las acequias, los dejan sin trabajo y la gente del pueblo prácticamente todos del ingenio”.
Con todo, Olga se atrevió a preguntarle a Alfredo Tapia si era verdad lo que su prima le había contado, y que Alfredo le contestó, “Hija, yo no sé.” Pero la testigo considera que Tapia no se quiso meter. "Intuyo que el sabia pero nunca jamás me dijo nada, estaba lleno de miedo”.
“Aredez debe estar enterrado al fondo del ingenio, en los cañaverales altísimos; ahí es dónde están las fosas”, agregó.
“La gente me huía cuando yo quería hablar del tema. Tardé en darme de hasta que punto tenían miedo. Mi prima tenía razón", remató Nelly Del Valle.
Ante preguntas del tribunal y de las querellas, no escatimó detalles de su encuentro con "El Turco".
"Tenía más o menos de 56 años, 1.70 de altura; lo vi una sola vez. Parecía que él estaba disfrutando lo que me contaba, y estaba hablando de mi familia”. Contó que tenía tonada norteña y que se le notaba por el trato que tenía mucha confianza con Alfredo Tapia, el dueño de casa, quien nunca quiso darle el real de "El Turco" ni otros datos que sirvieran para identificarlo.
“'Por caprichoso le pasó” dijo como si estuviera hablando de un perro. De una manera tan cruel, que yo pensé: 'Este hombre está enfermo'”, comentó la testigo.
Ella le preguntó quién había sido y El Turco le dijo: “Lo levantaron los muchachos y se lo llevaron en una camioneta del ingenio".
"De eso me acuerdo perfecto", dijo Nelly, terminando su declaración.
FuentedeOrigen:http://memoria.telam.com.ar
Fuente:Agnddhh
UNA TESTIGO APORTO UN RELATO SOBRE LUIS AREDEZ
“LE DIERON DOS TIROS EN LA NUCA
Y LO ENTERRARON VIVO, AL FONDO DEL INGENIO”
Este viernes, en la audiencia Nº 18 del juicio por delitos de lesa humanidad, comparecieron ante el Tribunal Oral Federal, testigos correspondientes a las causas Aredez y otros, Galeán y otros y Aragón y otros. Una de los revelaciones más conmocionantes de la jornada fue realizada por la prima de Olga Márquez Aredez. Nelly Márquez señaló que un hombre apodado “El turco” le relató en el 2004 -durante un encuentro en Libertador- que al Dr. Luis Aredez “lo levantaron en una camioneta de Ledesma, lo llevaron atrás del Ingenio, cerca de unos cañaverales, lo hicieron arrodillar y le dieron dos tiros en la nuca. Yo creo que lo enterraron vivo, ahí mismo”.
Es la primera vez que durante el juicio aparecen datos referidos al destino final de Aredez. La declarante aportó además nombres de personas que pueden ayudar a profundizar esta hipótesis y que declararán en próximas audiencias.
También durante la jornada declararon Patricio Vidal Lazarte, una víctima sobreviviente de la causa Aragón; Juan Anún, un ex trabajador de Ledesa, quien no aportó datos sobre las causas y Jorgelina Díaz, esposa del policía sampedreño Narciso Santiesteban, víctima desaparecida de la causa Aragón. La mujer –en un conmovedor relato- dio detalles de todos los padecimientos que soportó tras la desaparición de su esposo, un joven policía que militaba en la JP y que, por los datos recabados hasta ahora, habría sido desaparecido por disposición del ex Tte. Bulgheroni.
JORGELINA DÍAZ:
“NO HAY UN LUGAR DONDE DECIRLES A MIS HIJOS AHÍ ESTÁ SEPULTADO SU PAPÁ”
Jorgelina Díaz, esposa del detenido desaparecido Narciso Santisteban “Chichi“, recordó que la última vez que vió a su marido fue en abril de 1977 cuando a él lo llamaron desde Libertador en forma urgente porque se había desbordado un río, él se despidió de sus dos hijos pequeños y de ella diciéndole “negrita yo no quiero ningún error”, y nunca mas volvió.
Relató que al ver que su esposo no volvía se presenta en la Comisaría de Libertador General San Martín donde un oficial le dice que Santiestéban estaba detenido en la Central de Policía de San Salvador de Jujuy y que la detención se debía a una orden militar.
“En la central me atendió Jaig, me dijo que mi esposo estaba detenido incomunicado a disposición del Poder Ejecutivo Nacional y que no iba a poder verlo hasta que haga los trámites correspondientes, pero nunca lo pude ver”, luego le informan a Jorgelina que su esposo había sido trasladado al Penal del Barrio Gorriti y que para verlo debía ir el día domingo.
La testigo contó que junto a su cuñada y sus dos hijos se presentaron en el penal el día domingo llevando comida y ropa para Narciso, “ese día fue bochornoso, porque los desnudaron a mis hijos, a mi y a mi cuñada, yo les dije que solo quería ver a mi marido y me dijeron que tenía que sacar una orden para verlo, les decía por favor déjenme pasar, aunque sea un momentito, pero nos tuvimos que volver”.
Después Jorgelina comenzó a recorrer el GAM 5 y el RIM 20 para poder conseguir la orden de visita, recordó que una oportunidad la atendió Bulgheroni quien le entrega un papel escrito a máquina donde decía que su marido había sido liberado a las tres de la tarde, y luego le dijo “debería dejarse de joder si no quiere correr la misma suerte de su marido, me dijo eso pero no le presté atención yo solo quería volver a mi casa con mi marido”, agregó Jorgelina, quien dijo haber visto en otras oportunidades a Bulgheroni pero nunca mas la quiso recibir, ni darle noticias sobre “Chichí”.
El tiempo fue pasando y Jorgelina relata que debía trabajar para criar a sus hijos, y que se le hacía difícil continuar la búsqueda: “hasta hoy miro los programas de televisión, cuando aparece mucha gente lo busco a él, no hay un lugar donde ponerle una flor, o decirles a mis hijos ahí está sepultado su papá. Hasta ahora espero. Yo quería que sea una pesadilla, que no haya pasado”.
¿Cuál ha sido su crimen para que le pasara lo que le pasó?
“Me fui enterando cosas de a poco, después de 36 años, un vecino, Robustiano Ávila, que estuvo detenido en esa época, me contó que lo vió a Chichí detenido, mi esposo le dijo que estaba detenido por subversivo, y Robustiano le decía mirá como estás y Narciso le respondió es porque me picanean todos los días”, relató consternada Jorgelina.
Luego, también narró que otro amigo, Enrique, que en esa época era el encargado de la limpieza de celdas en el penal, le contó que una noche lo llevaron a limpiar una habitación donde había mucha sangre, y que en la de al lado vió a “Chichí” al que lo escuchó gritar, y que quien lo golpeaba le decía “hablá, vamos a traer a tu mamá, a tus hijos y les va a pasar lo mismo”, y que Narciso no contestaba.
“Teníamos sueños, aspiraciones, anhelos”
Jorgelina expresó que junto a su marido, eran jóvenes con muchos sueños, y que a él no le gustaba trabajar en la policía, que lo hacía por necesidad.
“Los jóvenes se reunían en mi casa, compartíamos los sueños que teníamos, no eran belicosos ni malintencionados, tenían un pensamiento diferente”.
“Luego de lo que pasó no volví nunca mas a Ledesma, la gente en el barrio no me hablaba, no me miraba. Y este año, el 24 de marzo, Juan Meccia me dijo que estuvo detenido con Narciso, que lo vió”, concluyó Jorgelina.
PATRICIO VIDAL LAZARTE:
LAS AMENAZAS DE BULGHERONI
La jornada comenzó con el testimonio de Patricio Vidal Lazarte, la única víctima sobreviviente de la causa Aragón y otros, donde se encuentra imputado José Eduardo Bulgheroni. Lazarte compareció vía teleconferencia, desde el Consejo de la Magistratura en Capital Federal, donde además esta semana estuvo la Dra. Fátima Ruiz López, miembro suplente del Tribunal.
Vidal Lazarte estuvo afiliado al Partido Comunista, fue secuestrado el 3 de enero de 1977, en horas de la madrugada, de su casa en Ingenio La Esperanza. El operativo estuvo a cargo de personal civil armado. Fue trasladado a la Comisaría de La Esperanza, donde permaneció atado de pies y manos. Luego fue llevado a la Seccional 9na de San Pedro y sometido a sesiones de torturas, algunas en sede policial, otras en un lugar cercano a un río. El testigo que siempre permaneció vendado pudo identificar el lugar por los ruidos del agua y de las piedras.
En una de esas sesiones –donde le pedían su “nombre de guerillero”- padeció un simulacro de fusilamiento.
“Tenía miedo, no entendía por qué me trataban así. Me preguntaban cosas políticas” relató y señaló que luego de estos episodios fue trasladado a la capital jujeña. Uno de los guardias que acompañó su traslado le advirtió entonces “algo vas a tener que confesar porque si no te van a torturar más”.
Estuvo detenido en la Central de Polícía de San Salvador de Jujuy. Allí pudo ver -durante una golpiza donde se le corrieron las vendas- a un “señor con la cara quemada”, a quien más adelante identificó como Jaig.
“Me dolía todo el cuerpo, había llegado en la mañana y eran las 4 de la tarde y seguían golpeándome” recordó y acotó que entonces un policía joven le acercó “una declaración para que firme, donde pusieron lo que ellos quisieron. Firmé como estaba, para no provocar, tenía miedo”.
De la Central de Policía –donde estuvo alrededor de 2 días- fue llevado al Penal de Gorriti donde estuvo alrededor de 18 meses. Recién a los tres meses de su detención es puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.
En el Penal, relató, recibía junto a otros presos, visitas periódicas del Tte. José E. Bulgheroni. Entre los detenidos entonces mencionó al Dr. Ricardo Ovando, al Dr. Carlos Cardozo, a un dirigente obrero de apellido Vega y a Rosa Santos Mamaní.
“Una vez me amenazó de muerte, me reí pensaba que era una broma”, dijo Lazarte quien señaló que insistentemente trató de explicarle a Bulgheroni su situación, pero no fue escuchado. “Calláte porque sino vas a desaparecer” recordó Lazarte que dijo entonces Bulgheroni.
Recordó a Bulgheroni como “un tipo petulante, con la cabeza erguida que nos miraba desde arriba. Nos daba unas sanatas y no decía nada. Nosotros queríamos saber sobre nuestra situación, cuándo nos iban a liberar”
El testigo víctima, también buscó la asistencia del Obispo de Jujuy Miguel Medina. “No, vos sos comunista” le respondió el cura.
También relató que la Cruz Roja visitó el penal para entrevistar a los presos.
En esa oportunidad, antes de ser entrevistado por la gente de la Cruz Roja, Lazarte, fue nuevamente amenazado por Bulgheroni y sus secuaces que vigilaban ese suceso bajo una mirada atenta. “Tené cuidado con lo que vas a decir. Vaya con Dios” le dijeron irónicamente.
Narró el testigo que en la cárcel de Gorriti los presos eran sometidos a requisas periódicas y reveló que en las noches se escuchaba que “sacaban a algunos y después las celdas quedaban vacías”.
18 meses después de su ingreso a Gorriti, en junio de 1978, fue conducido junto a otros presos al Regimiento 20, intuían que iban a ser liberados.
En el grupo que fue trasladado al RIM 20 se encontraban también Rosa Santos Mamaní (detenido desaparecido de Tumbaya, en la causa Galeán y otros), Vega y dos hermanos de apellido Sanabria.
Lazarte afirmó que allí en forma individual se fueron entrevistando con Bulgheroni. “Mamaní salió llorando porque le dijeron que si no confesaba le iba a pasar lo mismo que a los otros y no le iban a dar la libertad”, contó Lazarte y aseguró que el resto de los presos recuperaron su libertad, menos Rosa Santos Mamaní que continúa actualmente detenido desaparecido.
Lazarte escuchó cuando un militar le dijo a Mamaní “usted se queda”
Tras estos sucesos, Vidal Lazarte regresó a San Pedro. “Tuve que irme de San Pedro me dijeron que era conveniente que me fuera” narró.
NELLY MARQUEZ:
LAS REVELACIONES DE “EL TURCO”
SOBRE EL DESTINO DE AREDEZ
El segundo testimonio –convocado por la Fiscalía en el marco de la causa Luis Aredez y otros, donde se encuentra imputado Antonio Vargas- fue el de Nelly del Valle Márquez, prima hermana de Olga Márquez de Aredez.
La testigo fue compañera de Olga durante su larga enfermedad. Estuvo con ella en Buenos Aires y después por su solicitud, se trasladó hasta Libertador, a donde Olga insistía en retornar, no obstante su enfermedad y las dolencias del tratamiento.
“Durante ese lapso me ha contado muchas cosas, hizo catarsis conmigo” dijo la testigo y recordó que Olga le había contado que Luis Arédez trabajaba para el Ingenio Ledesma, pero había tenido problemas con la empresa a raíz de la medicación que recetaba y que enojaba a los directivos de Ledesma, porque era onerosa. Aredez “no quiso acatar las órdenes y ahí comenzaron los problemas”.
Tiempo después se produjo su primer secuestro. “Cuando volvió de esa primer detención, estaba anímicamente muy mal, no era el mismo, le habían sacado su personalidad” dijo Nelly del Valle Márquez.
También recordó que Olga le había relatado las torturas psicológicas que padecía en Ledesma.
“Cuando ella volvía de Buenos Aires encontraba todo en orden, pero la computadora, el lavarropa, la heladera, todo estaba descompuesto”.
Nelly Márquez relató que le sugirió a Olga que se fuera de esa ciudad, pero ella no quiso. “No quería, decía que esa era su casa y quería saber que había pasado con su marido”.
Durante su esa estadía en Libertador – en septiembre de 2004- Nelly conoció a Alfredo Tapia con quien trabó una amistad.
Un día en la casa de este, llegó una persona a la que apodaban “El turco”. Cuando este supo que Nelly era cuñada de Aredez le dijo: Le cuento a usted porque su prima no me quiso recibir.
Yo sabía que iban a secuestrar a Aredez. Se lo había dicho. Le había dicho que se vaya de Ledesma por un tiempo, porque estaba en la lista” afirmó. Ante esto Aredez le respondió “no voy a irme, no tengo por qué, no hice nada”.
“El turco” - durante el encuentro- afirmó la testigo, dijo que le había advertido a otra gente que se fuera y esas personas hoy estaban vivas y habían podido volver a Libertador.
“El Doctor Aredez fue un cabezón, un caprichoso, un tonto y ahora está muerto” acotó “El Turco”.
Ante la consulta de la testigo, esta persona le narró que “a Aredez lo levantaron en una camioneta de Ledesma, lo llevaron atrás del Ingenio donde hay unos cañaverales altos, lo hicieron arrodillar y le metieron dos tiros en la nuca. Yo creo que lo enterraron vivo, ahí mismo.
Está enterrado al fondo del ingenio”.
Nelly Márquez dijo que le solicitó a “El turco” que la llevara al lugar donde lo habían enterrado, pero este se negó expresando “para qué si la Doctora no quiere escuchar”.
Después de este episodio, Nelly regresó a la casa de Olga, le contó lo sucedido con “El turco” y Olga muy asustada, le pidió que se fuera de Libertador, que se cuidara, porque temía por su vida.
“Estaba muerta de miedo” dijo la testigo y resaltó que pudo comprobar entonces el trabajo psicológico que le hacían a Olga.
Al respecto, recordó también que una vez al volver de San Salvador “la casa estaba ordenada pero los aparatos no funcionaban”, tal como lo había descripto anteriormente Olga. Pero además, dijo que en Libertador, cuando conocían su vinculación con Aredez, “nadie quería hablar conmigo”.
Envío:Agnddhh
EL TESTIMONIO DE UN MEDICO QUE TRABAJO EN EL HOSPITAL DEL TALAR DEL INGENIO LEDESMA
“Me obligaron a renunciar en la cárcel”
Miguel Angel Vadamar fue secuestrado en Jujuy, voló vendado y atado en el piso de un avión a la Unidad 9 de La Plata. El 16 de mayo de 1979 una escribana de la empresa Ledesma lo visitó en la cárcel en compañía de dos militares y lo obligó a firmar su renuncia.
Por Alejandra Dandan
Miguel Angel Vadamar trabajó de médico pediatra en el hospital del Talar del Ingenio Ledesma en 1978. Lo secuestraron al final de ese año, estuvo desaparecido en Jujuy, voló vendado y atado en el piso de un avión a la Unidad 9 de La Plata.
El 16 de mayo de 1979 una escribana de la empresa Ledesma lo visitó en la cárcel en compañía de dos militares y un hombre del Servicio Penitenciario. Lo obligó a firmar “su renuncia indeclinable” al puesto de “médico pediatra de la Administración del Ingenio Ledesma”.
Esa historia quedó dormida hasta que las imágenes del juicio de Jujuy la despertaron. Los datos quedaron documentados en papeles que guardó la familia. Miguel Angel declaró en Santa Fe, donde vive, y su relato acaba de pasar a la Justicia federal jujeña. Para el fiscal Pablo Pelazzo es uno de los testimonios más importantes de la causa al Ingenio Ledesma.
Fiscales y especialistas laborales creen que la escena de la escribana –y por extensión la de la empresa– configura la figura extorsiva por la falta de libertad de acción de la víctima.
Consultados por Página/12, compararon la situación con los empresarios obligados a firmar trasferencias de activos mientras estuvieron secuestrados. O los detenidos-desaparecidos obligados a firmar ventas fraguadas de sus bienes.
–¿Cómo llegó a trabajar al Ingenio?
–Yo soy de Santa Fe. Me fui a estudiar medicina a Córdoba, empiezo a militar en el ’73 aproximadamente, en la parte estudiantil. En el ’75, sin saber qué pasaba, empiezo a no tener más contacto con mis compañeros, y releyendo la historia me doy cuenta de cómo fue.
–¿En ese momento no se daban cuenta?
–No. Empecé a desconectarme. Dejé un poco el estudio, y en 1975 con todo el miedo del mundo empiezo a averiguar cómo hacer para seguir, porque para rendir materias en Córdoba, por cada una, teníamos que presentar certificados de buena conducta. La cuestión es que me animo, me dan el certificado y retomo los estudios.
Me recibo en marzo del ’78. Yo trabajaba en la construcción y en una playa de estacionamiento del centro. Es ahí cuando conozco a un brigadier que guardaba su auto en la playa. Tenía una cochera y siempre me veía estudiar en la casilla del trabajo. Un día me dice que cuando me reciba le avise. El brigadier se llamaba Rafael Gandolfo.
Cuando terminé, le comenté que me había recibido y me dijo: “¿Quiere ir a trabajar al Ingenio Ledesma?”. Yo ya tenía dos hijos y lo que venía de trabajo, lo agarraba.
–¿Qué pasó después?
–Se hizo el contrato a partir de este militar. Se ve que lo arregló todo por teléfono. Llegué mas o menos en agosto de 1978 a trabajar para Ledesma. En ese momento el Ingenio tenía tres hospitales.
Uno en la fábrica de papel, alcohol y azúcar en el pueblo Libertador General San Martín; otro en Calilegua, a seis kilómetros, y un hospitalito que estaba a unos 40 o 50 kilómetros hacia Bolivia, en el pueblo del Talar. Me destinan ahí.
–¿Cómo era el trabajo?
–Es un pueblo muy chiquito, lleno de personas, sobre todo de zafreros de Bolivia, de Jujuy y un almacén de ramos generales, era muy poquita la cosa. Mi trabajo era ir todos los días al hospital.
Hacer consultorio y atender lo que había que atender. Ahí aprendí a hacer pediatría, hice mis primeras armas en la medicina, veía cómo se moría la pobre gente en la zafra con las picaduras de víboras, he aprendido de todo.
Nos trasladaban en camionetas porque la gente vivía en casillas que eran como trenes, en condiciones infrahumanas. La vida de pueblo me gustaba, trataba mucho con la gente.
Un día viene la empresa y me da una orden de sacar una cédula de la Policía de la Provincia, y cuando lo hago salta una orden de captura. Ahí es cuando me detienen. Según averigüé después, me saltó la orden porque hacía tiempo había ido a visitar a un amigo a la cárcel de Coronda. Nos detuvieron a mí y a mi esposa.
–¿Cómo fue?
–Me hacen ir a la comisaría. Ahí veo los Falcon, veo camionetas del Ingenio, yo las conocía bien. Estábamos en la comisaría del Talar. Yo era muy respetado por el comisario por ser médico del pueblo, pero ya había unos tipos grandotes con armas largas y me dice: “Discúlpeme, doctor, pero está detenido”.
Quedo en manos de otras personas, que empiezan a tratarme mal, me vendan, me llevan a los sopapos hasta los autos, me meten en uno. Después me entero de que otro grupo fue a mi casa, revolvió todo, estaban los chicos presentes. Estaba mi esposa, y antes de que se la lleven a ella les pidió dejar una valija con ropa para los chicos.
Nos llevan a nosotros en autos diferentes. En ese momento nos imaginamos que nos mataban. A mí me depositan en un lugar que nunca supe qué fue. Pudo haber sido la Jefatura de Policía en San Salvador, pero estábamos en un pabellón en el que después me entero de que también estaba mi esposa, estuvimos como tres meses incomunicados.
–¿Sería la cárcel de Gorriti?
–La verdad, no sé. Como al mes de estar ahí me enfermo de una infección urinaria, tenía fiebre. Había un teniente que casi seguro es (José) Bulgheroni, me visitaba dos o tres veces a la semana y me mataba a palos. Un día aparece el obispo (José Miguel) Medina con una cruz de oro grandísima y me hace miércoles, verbalmente. Me trata mal, me dice que confiese todo... Yo lloraba. Lloraba porque cuando veo pasar una sotana –ahora soy ateo– me dije: un ser humano que aparece, me puedo descargar.
Pero no. Me retó de arriba abajo, me insultó, me dijo que colabore con Dios, con la patria y con los militares, que cuente todo lo que yo sabía porque soy “un inmundo guerrillero”, una cosa así.
Estuvo cinco minutos, y se fue. Después llega un traslado. Los traslados eran fuertes, violentos... Me llevan en avión. Me suben vendado, ahí viajé en el piso, esposado y acostado. Caigo en La Plata y de ahí a Rawson. Y en Rawson de nuevo a La Plata y me liberan en el ’80. Estuve casi todo el ’79 y ’80 detenido. Con la declaración, presenté todos los papeles que me parecían más importantes. En mis manos tengo la renuncia original.
–¿Cómo fue ese momento?
–Ya le digo la fecha ...(busca el papel): “El 16 de mayo de 1979”. Me sacan del pabellón y me llevan a una parte administrativa y ahí estaban esperándome. Dos militares, alguien del Servicio Penitenciario que por las insignias parecía de alta graduación, y la escribana Delia Benigna Anguis. Yo estaba esposado y todo lo demás y me obligan a firmar ese papel.
Primero habló el del Servicio Penitenciario. Me dijo: “Acá vienen estos señores” y me dijo que yo tenía que firmar unos papeles. Trae mi Libreta de Enrolamiento. Habla la escribana y los dos militares me dan la orden: “Tiene que firmar la renuncia, sí o sí, así terminamos rápido”.
Me hacen un acta muy modesta en la que digo: “Presento la renuncia indeclinable como médico pediatra de la Administración del Ingenio Ledesma”. Firmo yo y la escribana (ver imagen).
–¿Por qué una renuncia?
–La empresa necesitaba que yo me desligara de ellos, pienso. Uno no sabe si fue un acto inteligente, hacerme firmar, porque me podrían haber echado. Al faltar al trabajo, ellos podrían haberse lavado las manos...
–¿Usted pudo decir algo?
–Bueno, imaginate cómo es esa situación: un tipo detenido, que está esposado. Mucha alternativa no tenía. Los militares acompañaron a la escribana.
En el texto, yo presento mi renuncia indeclinable al cargo de pediatra, porque allá me estaba dedicando más a la pediatría. El acta dice: “Firmo la presente en la ciudad de La Plata, capital de la Provincia de Buenos Aires, a los 16 días del mes de mayo de 1979”. Abajo la escribana escribió un “conste” y certifica que la firma es mía, mi número de libreta...
–¿Ella le dijo algo más?
–No mucho, me dijo: “Dada la situación, usted tiene que ir a firmar eso. Me manda la empresa”. Eso solo, estuvo más suave que los otros. Fue muy cortito, no tuve mucho que hablar.
Retrocediendo un poco
-¿Por qué la empresa le pidió un documento de Jujuy?
–Era una cédula de Jujuy. Yo lo tomé como algo natural. Como un trámite más. Pero fue necesario eso para que venga después la detención. A lo mejor ellos sabían algo y me hicieron hacer ese trámite.
–En la comisaría del Talar, usted habla de camionetas de Ledesma. A usted se lo llevan en coches. ¿Por qué están ahí entonces?
–Porque Ledesma es el pueblo, el pueblo es Ledesma. ¿Cómo te puedo decir? Es tan poderoso que no pasa nada si no es de Ledesma, el hospital, todo pasa por ahí.
Hay que meterse en un pueblito muy chiquitito del interior, lejano, donde todo es del patrón, es el que les da de comer. Para todos los empleados era así, también el almacén que daba los bonos para comprar la mercadería. Todo era de Ledesma.
–Lo del brigadier, ¿por qué fue tan rápido?
–Yo también me pregunté eso. Pero creo que era porque tenía amigos en el directorio. El directorio tenía militares, uno de los que más se nombraban era (Alcides) López Aufranc.
–¿Qué pasó con sus hijos?
–Tengo un relato de un tío y de mi padre, que son los que se movieron esos días. A los chicos los tuvieron otros médicos del Talar, uno de apellido Ferro que ojalá lo pueda localizar para agradecerle algún día.
Ellos se ponen en contacto con mi tío. Mi señora había alcanzado a darles un teléfono en Salta. Después Ferro tiene que renunciar a la empresa, lo obligaron a renunciar también.
A los chicos los llevaron con la ropa que había dejado Diana y de Salta mi padre los trajo a Santa Fe. Pablo se cría con mis padres, y Alfredo con los abuelos maternos. Diana salió en el mismo momento que yo. Después nació nuestro tercer hijo, y después nos divorciamos.
Ella borró todo, no quiere saber nada de nada. Yo me movilicé cuando leí las noticias de Ledesma, cuando empiezan los juicios en Jujuy, francamente me empecé a sentir mal, me vi diciendo: “Yo no puedo estar borrado en esto”.
–¿Qué escena le llamó mas la atención cuando decidió contar todo?
–Me movilizó la bronca de lo que vivieron mis hijos. Lo de uno, uno asume la responsabilidad, no me arrepiento de lo que uno hizo como joven, pero no los chicos. Eso me parece que es lo más importante.
Pienso en toda la gente que no está y la que está y ha sufrido. Lo mío, no; me siento entero, me siento bien y si hubo que pagar y me tocó eso, ya está. Pero creo que tengo que ayudar un poco ahora, medio tarde quizá.
El acta de renuncia que Miguel Angel Vadamar firmó en la cárcel.
FuentedeOrigen:Pagina12
Fuente:Agnddhh
Confirman que los detenidos en la dictadura firmaban una liberación, pero los desaparecían
Jorgelina Díaz, esposa de Narciso Santibañez detenido el 13 de abril de 1977 y desaparecido el 3 de julio del mismo año tras pasar por la central de la policía jujeña y el penal del Barrio Gorriti, confirmó ante el Tribunal Oral Federal de Jujuy que obligaban a los presos a firmar una supuesta liberación cuando en realidad los desaparecían.
"Allí me muestran un papelito que decía que mi marido estaba en libertad con su firma, pero no retornó nunca a casa. A veces cuando miro televisión en la que hay mucha gente creo que voy a verlo", expresó la mujer ante el tribunal que enjuicia casos de crímenes de lesa humanidad cometidos en Jujuy.
La testigo recordó que vio por última vez a su esposo el 13 de abril de 1977: "Esa noche lo llamaron desde Libertador, donde trabajaba como policía porque me dijo que se había desbordado el río San Lorenzo. Al despedirse me dijo `negrita no quiero ningún error´.
Nunca supe por qué me lo dijo", relató.
Jorgelina y Narciso tenían dos hijos mellizos que habían nacido el 15 de febrero de ese año y vivían en San Pedro de Jujuy.
Cuando ella fue a preguntar por su marido a la seccional de Libertador, le dijeron que estaba "incomunicado" en la central de Policía y de esa manera inició un doloroso peregrinar para encontrar y ver a su marido.
Pero nunca pudo hacerlo, pese a haber hablado con el oficial Ernesto Jaig, enlace policial con el Ejército en el Area 323, al mando del coronel Néstor Bulacios.
Cuando se enteró del traslado de su marido a la cárcel de Jujuy, Jorgelina intentó verlo junto a una hermana de Narciso.
Recordó que al llegar a la unidad carcelaria, desnudaron a sus dos hijos, le ordenaron desvestirse y la manosearon para luego comunicarle que no podía ingresar porque "no tenía una orden para pasar".
Tras sucesivos intentos de conseguir un permiso para visitar a su marido, el 3 de julio de 1977 la convocaron al Grupo de Artillería de Montaña 5 (GAM5).
Allí recibió amenazas para que se "dejara de joder" porque a ella le "iba a pasar lo mismo" que su marido.
Identificó a la persona que daba los permisos como el represor José Eduardo Bulgheroni, también involucrado en otras causas.
Recordó que un vecino amigo que estaba en la cárcel por otros motivos lo vio a Narciso con las uñas levantadas y los dedos pudriéndose.
`Me picanean todos los días` le comentó, luego de verlo a "Chichi", su apodo, tirado en el piso en una celda mientras limpiaba restos de sangre.
El 24 de marzo de este año, relató, Juan Bosco Mecchi fue la primera persona que confirmó que estuvo con él.
"No hay un lugar donde ir a ponerle una flor" se lamentó la mujer frente a los jueces.
Por su parte Antonia Flores, cuñada del detenido desaparecido Santos Rosa Mamaní, ya había declarado que también en este caso, cuando fueron a la jefatura del Area 323 le entregaron un papel donde decía que había salido en libertad.
Otro testimonio en la audiencia fue el de Patricio Vidal Lazarte, detenido desde el 3 de enero de 1977 por 18 meses, pasando por una comisaría de San Pedro donde lo torturaron y le hicieron simulacro de fusilamiento, para trasladarlo luego al Penal jujeño.
Lazarte dijo que todo comenzó cuando el padre de su esposa y un hermano, que no admitían la relación, fueron en la noche de Navidad a su casa familiar en San Pedro, agrediendo a los presentes.
El, fuera de sí fue a la casa de su suegro y la apedreó.
Al tercer día, estando en la casa de su hermana en La Esperanza, llegó un capitán intendente de San Pedro con vehículos y ametralladoras y lo llevaron a la comisaria novena, donde lo torturaron y trasladaron a Jujuy.
Lazarte fue liberado junto con dos hermanos paraguayos, estudiantes, de apellido Sanabria, con un dirigente sindical de apellido Vega, mientras que Santos Rosa Mamani, que había ido a retirar los documentos de la jefatura del Area 323, quedó allí y fue desaparecido.
FuentedeOrigen:Telam
Fuente:Agnddhh

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