4 de septiembre de 2012

OPINIÓN.

Assange y el orden mundial 
Desde Bismark a esta parte los países centrales de la política internacional llevaron adelante sus lineamientos exteriores de la mano de la “realpolitik” o realismo internacional, lo que es la lucha por el interés nacional definido en función del poder. 

Este interés es formado por la búsqueda tanto del acrecentamiento del poder propio como el mantenimiento del status quo que le es favorable. Dentro de estas políticas están el mantenimiento de la seguridad nacional actuando fuera de sus propias fronteras, eliminando las aparentes amenazas con un extremadamente débil apego por la normativa regulatoria internacional. 

Así se pergeñaron y desarrollaron doctrinas de intervención como la llevada adelante desde la administración Bush (hijo) como el “ataque preventivo”, puesto en práctica en Afganistán e Irak y que se cierne como amenaza sobre Irán. 

Los avances sin control sobre soberanías extranjeras en pos del interés nacional llevó como consecuencia el atropello de las libertades individuales del ciudadano, así miles de combatientes y sospechados de rebelión de diversos orígenes han sido detenidos, forzosamente extraditados y confinados en centros de concentración diseminados en Europa y fundamentalmente en Guatánamo donde día a día se avasallan los derechos humanos más básicos. 

El presidente de los EEUU Barack Obama había prometido en su campaña electoral cerrar dicho centro pero ya arribando al fin de su mandato no hay dudas que no cumplirá. 

En la embajada de Ecuador en Gran Bretaña está asilado el australiano Julian Assange, quien a través de su sitio en Internet “Wikileaks” comenzó la apertura de un movimiento que basado en la difusión de documentos secretos pretendía poner en dominio público maniobras gubernamentales y del poder en general que se alejaban de la ética. 

Este lento filtrado de información confidencial chocó prontamente con la búsqueda permanente de seguridad nacional en especial de los Estados Unidos de Norteamérica.

La búsqueda de un mundo univoco bajo el preeminente liderazgo norteamericano no puede tolerar un efecto Glásnot (transparencia) en su propio seno. Assange tiene desde 2010 denuncias de delitos sexuales en Suecia, motivo por lo cual Gran Bretaña concede la extradición. 

Debido al riesgo de que finalmente sea absuelto de los delitos acusados y extraditado a Estados Unidos donde pueda ser condenado a muerte por delitos de espionaje, es que solicitó asilo político y fue Ecuador quien se lo concedió. 

Las amenazas (incluso escritas) de intervención de fuerzas británicas dentro de la embajada ecuatoriana para capturar y extraditar a Assange violan las normas del derecho internacional, se contrapone con el artículo 22 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, los artículos 3 y 6 del Tratado sobre Asilo y Refugio Político de Montevideo de 1939 y la Convención de Viena sobre los Tratados. 

Esta actitud y la totalmente opuesta férrea defensa que la justicia británica hizo de Pinochet para no extraditarlo a España, Francia o Bélgica para ser juzgado por delitos de lesa humanidad pone de manifiesto la preferencia por la visión más conservadora del interés nacional y la seguridad del sistema que impusieron y mantienen. 

Desde Latinoamérica y UNASUR han expresado el apoyo a Ecuador en esta afrenta diplomática con Gran Bretaña y remarcan el camino decidido hace algunos años de autonomía respecto de las potencias en la gestión de las relaciones exteriores y un respaldo a todos los movimientos que impliquen, al menos, un serio cuestionamiento a este orden mundial expresado por EEUU y su defensa del capitalismo salvaje. 
Cristian Riom 
Mesa Ejecutiva Provincial 
Partido Solidaridad e Igualdad (SI)  

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