Las Abuelas de Plaza de Mayo anunciaron la restitución de la identidad de la nieta 107
"La busqué durante 34 años, siempre supe que estaba viva"
María de las Mercedes Moreno, la madre de la joven cuyo nombre fue preservado, estuvo presente en el anuncio. Le había sido arrebatada poco después de nacer, en la D2 de Córdoba.
Por: Gerardo Aranguren
A punto de cumplir 35 años de lucha, Abuelas de Plaza de Mayo anunció ayer la resolución del caso 107 en su historia. Sin revelar el nombre de la joven nacida en Córdoba el 11 de octubre de 1978 y apropiada en la Casa Cuna, Estela de Carlotto informó en conferencia de prensa "con enorme alegría" la restitución de su identidad y la noticia de que su madre, María de las Mercedes Moreno, se encuentra con vida.
La mujer, presente en la sede de Abuelas, escuchó con la mirada perdida cómo la titular de Abuelas relató los pormenores de la apropiación, mientras hacía esfuerzo por no llorar. La joven restituida nació durante el cautiverio de su madre en el Departamento de Informaciones de la Policía de Córdoba (D2) y fue llevada a la Casa Cuna, donde fue inscripta como propia por una encargada del Servicio Social de esa maternidad.
Si bien no tenía militancia formal, María de las Mercedes fue secuestrada con siete meses de embarazo por sacar cartas de los presos políticos de la Unidad Penitenciaria donde iba a visitar a su marido, Carlos Héctor Oviedo, detenido por delitos comunes.
"El 26 de septiembre de 1978, María de las Mercedes fue secuestrada y llevada al D2, al mando de Luciano Benjamín Menéndez, donde permaneció como detenida desaparecida, fue privada ilegítimamente de su libertad y sometida a tormentos", leyó Carlotto, acompañada por organismos de Derechos Humanos y nietos restituidos.
Cuando su embarazo llegó a término, el 11 de octubre de 1978, fue trasladada a la Maternidad Provincial donde, mientras estaba encadenada, dio a luz a una niña de la que fue separada inmediatamente. Luego de su 'blanqueo' en la Unidad Penitenciaria Nº 1, la mujer fue liberada en 1979 e inmediatamente comenzó la búsqueda de su hija.
"La misma tarde que salí fui a la Casa Cuna. Ahí las monjas, agarradas de las manos, me dicen: "Los subversivos no entran", relató María de las Mercedes. Luego del frustrado intento, continuó con la búsqueda ante la justicia, que tampoco le dio frutos.
Recién en 2010, luego de ver la publicidad de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI) en televisión, su hija Paola se comunicó con el organismo e incluyeron sus muestras de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos. En 2011, la familia también realizó la denuncia ante la filial Córdoba de Abuelas, dando inicio a la querella penal.
"El 7 de mayo de 2012, insólitamente, el juez Alejandro Sánchez Freytes se declaró incompetente por considerar que no se trataba de un delito de lesa humanidad", señaló Abuelas sobre la decisión que finalmente la Cámara Federal de Córdoba revirtió al ordenar el entrecruzamiento de ADN con una niña inscripta como hija propia de una trabajadora social de Casa Cuna.
La joven fue citada y accedió voluntariamente a efectuarse el análisis el 5 de septiembre pasado. "Siempre pensé que era posible encontrarla. La estuve buscando 34 años", aseguró la mujer en la conferencia de prensa, aunque todavía no se pudo concretar el esperado reencuentro ya que la joven pidió un tiempo para procesar su nueva identidad.
"Tengo muchas ganas de abrazarla y de decirle que siempre supe que estaba viva", fue todo lo que pudo decir la madre antes de romper en llanto para que su hija Paola retomara el hilo: "Le diría que aunque no la conozcamos la amamos y nos conformamos con verla.
Le damos el tiempo que haga falta pero queremos verla." Al finalizar la conferencia, Carlotto destacó la alegría de haber logrado reunir a una de las nietas con su madre, un hecho que ocurrió sólo en cuatro ocasiones (ver aparte).
"Pocas son las historias en las que nuestros nietos pueden reencontrarse con su padre o madre. Por lo general, el terrorismo de Estado se encargó de borrar toda huella de su existencia", señaló la dirigente y concluyó con un mensaje hacia los nietos que no recuperaron su identidad: "A los casi 400 nietos y nietas que aún nos falta encontrar les decimos que el tiempo corre y que es momento de animarse a dar el paso hacia la verdad.
En estos 35 años llevamos 107 abrazos. Cada uno nos conmueve y nos inspira para seguir luchando."
Otros casos similares
En los 35 años de Abuelas de Plaza de Mayo hay tan sólo cuatro antecedentes de nietos restituidos que pudieron reencontrarse con sus madres, como sucedió con la nieta 107.
El primero de los casos es el de la nieta Tamara Arze, localizada en poder de sus vecinos, donde había sido abandonada por las fuerzas de seguridad que secuestraron a su madre, Rosa Mary Riveros. Cuando la mujer fue liberada se exilió en Suiza y Abuelas encontró a Tamara el 12 de junio de 1983, permitiéndole reunirse con su madre.
Los hermanos Felipe y María Eugenia Gatica Caracoche fueron localizados por Abuelas con un año de diferencia. El joven había sido abandonado por los secuestradores de su madre, Ana María Caracoche, en la casa de su vecina, quien buscó para el niño una familia con la que vivió hasta que fue localizado en agosto de 1984.
Al año siguiente se conoció el paradero de María Eugenia, quien había sido inscripta como hija propia por el comisario Rodolfo Silva. El 18 de septiembre de 1985 fue restituida y se reencontró con sus padres y hermano. Los tres hermanos Fuente Alcober, María, Stella Maris y Raúl también pudieron ser restituidos a su madre, María Rosa Alcober, en 1994. Lo mismo sucedió con el hijo de Sara Rita Méndez, secuestrado junto a su madre, de nacionalidad uruguaya.
FuentedeOrigen:TiempoArgentino
Fuente:Agnddhh
LAS ABUELAS IDENTIFICARON A LA NIETA 107, HIJA DE MARIA DE LAS MERCEDES MORENO, QUIEN LA BUSCA DESDE 1979
“Yo siempre pensé que la íbamos a encontrar”
Dio a luz encadenada. Entregaron a su beba a la Casa Cuna de Córdoba. Una empleada la inscribió como propia. Hace un año un aviso de Abuelas motivó a otra hija de María a llamar a la institución. La chica tiene ahora 34 años. Pidió tiempo para conocer a su mamá.
Por Laura Vales
Estela de Carlotto presentó a María de las Mercedes Moreno y a la hija que llamó a Abuelas.Imagen: Télam
En 1977, María de las Mercedes Moreno tenía 24 años. Su marido estaba detenido como preso común en una cárcel de Córdoba, donde también había presos políticos. En las visitas que hacía al penal, por solidaridad, ella comenzó a sacar cartas que esos presos, mantenidos en cautiverio de manera clandestina, escribían a sus familiares. El 26 de septiembre de 1978, embarazada de siete meses, un grupo de tareas secuestró a María de las Mercedes y la llevó al centro clandestino de detención del Departamento de Informaciones de la policía cordobesa. Un mes más tarde dio a luz a una niña, que le quitaron en la sala de partos. Después sabría, por una enfermera, que la beba había sido llevada a la Casa Cuna de Córdoba, pero allí le perdió el rastro. Esta semana, después de 34 años de búsqueda y con 59 cumplidos, María de las Mercedes recibió la noticia de que las Abuelas de Plaza de Mayo habían encontrado a su hija.
El anuncio sobre la nieta recuperada número 107 fue realizado ayer en la sede de Abuelas. “Pocas son las historias en que nuestros nietos se pueden encontrar con sus madres y padres. Por lo general, el terrorismo de Estado se encargó de borrar toda huella de su existencia”, señaló allí Estela de Carlotto. A pedido de la joven recuperada no se dieron a conocer sus datos. La presidenta de Abuelas se limitó a contar que había sido anotada como hija propia por una encargada del Servicio Social de la Casa Cuna en Córdoba y su esposo y que al ser citada por la Justicia la joven accedió voluntariamente a hacerse el análisis de ADN.
Incluso evitaron llamarla por el nombre que María de las Mercedes pensó para ella. “Todavía no la conocimos porque pidió un tiempo para vernos”, explicó la madre, que para el anuncio había viajado desde Córdoba a Buenos Aires acompañada por tres de sus hijas.
Bajita, de pelo corto y rubio y cuerpo grueso, todo en ella daba el aspecto de una mujer fuerte, curtida. “Siempre pensé que la íbamos a encontrar”, aseguró en la rueda de prensa, manteniendo la emoción bajo control.
99,998
María de las Mercedes estuvo detenida en el centro clandestino de detención D2, ubicado en la capital de Córdoba, que dependía del Area 311 del III Cuerpo de Ejército, al mando de Luciano Benjamín Menéndez, desde el 26 de septiembre al 27 de noviembre de 1978. Allí, a pesar de que cursaba el séptimo mes de embarazo, fue sometida a tormentos.
Llevaba dos semanas de cautiverio cuando el parto se le adelantó. El 11 de octubre de 1978 la trasladaron de urgencia a la Maternidad Provincial, donde dio a luz encadenada. La separaron de la niña de inmediato, sin permitirle verla.
Después del parto fue llevada nuevamente al centro clandestino de detención, sin su hija. Pasó dos meses allí, hasta que la mandaron como “detenida especial” a la cárcel del Buen Pastor. Aunque todavía estaría privada de su libertad hasta abril del año siguiente, el blanqueo le salvó la vida.
“Yo sabía que mi hija estaba bien porque mi hermana mayor la llegó a ver dos o tres veces, en la Casa Cuna, y me había contado que estaba perfecta, hermosa”, contó ayer a Página/12. Ayudada por una enfermera amiga de la familia, la hermana había podido enterarse de dónde estaba la niña, e incluso verla de contrabando.
Por eso la tarde en que salió en libertad, el 7 de abril de 1979, María de las Mercedes fue a la Casa Cuna para recuperarla. Las monjas que estaban a cargo del lugar la echaron. “Las subversivas acá no entran”, le advirtieron, y la amenazaron con llamar a la policía. María de las Mercedes fue al juzgado de menores, pero tampoco obtuvo otra respuesta que la amenaza. “No se olvide que tiene cuatro hijos y está sola”, recordó ayer que le dijeron. Su marido y padre de la niña, Carlos Héctor Oviedo, había fallecido por razones no vinculadas al terrorismo de Estado.
En la sede de Abuelas ayer estuvieron el secretario de Derechos Humanos, Martín Fresneda –cordobés, como la nieta recuperada–; la titular de Abuelas Córdoba, Sonia Torres, junto a un gran numero de nietos y abuelas que acompañaron el anuncio. Paola, una de las hermanas de la joven recuperada, contó cómo todos en la familia sabían desde niños que tenían una hermana desaparecida. “Siempre la tuvimos presente, crecimos con la ilusión de encontrarla. Queremos que sepa que tiene una familia que la está esperando”, le dijo a través de las cámaras.
Paola fue la que vio un aviso en la televisión y se comunicó con la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, que incluyó las muestras de ADN de la familia en el Banco Nacional de Datos Genéticos. Su mamá ya había hecho además una denuncia ante la Fiscalía Federal Número 3 de Córdoba.
El año pasado, María de las Mercedes también hizo la denuncia por el robo de su hija en la filial cordobesa de Abuelas. Con el asesoramiento de las abogadas de la entidad Marité Sánchez y Mariana Paramio, en un año la joven logró ser identificada.
“La madre había hecho una denuncia en el 2001, cuando nosotros no participábamos en el juicio”, relató Sánchez. Una vez que tomaron parte, y con María de las Mercedes reconocida como querellante, pudieron impulsar la investigación. “Sabíamos que una niña había sido inscripta como hija propia por la jefe de trabajadoras sociales de la Casa Cuna, que tenía una relación muy directa con el jefe de la institución, a su vez muy ligado a los militares. La niña había estado un año sin ser inscripta, porque se la habían dado en guarda. Con posterioridad, con un certificado de parto falso, el matrimonio la inscribió como propia.”
El caso sufrió la obstrucción del juez de primera instancia, Alejandro Sánchez Freytes, que consideró que no había un delito de lesa humanidad y se declaró incompetente. Pero tras una apelación, la Cámara Federal ordenó el entrecruzamiento de las muestras de sangre de María de las Mercedes con las de su hija. La joven accedió voluntariamente a dar la muestra. El resultado del ADN dio un grado de certeza de la filiación del 99,998 por ciento.
De la joven se sabe que está casada, que tiene dos hijos y que sabía que no era la hija biológica de sus apropiadores. El caso es conocido en Córdoba: los archivos del diario La Voz señalan que la causa judicial tiene como imputados al matrimonio de Osvaldo Roger Agüero y Laura Dorila Caligaris por haber inscripto como propia a la niña, con un certificado de parto falso, y al juez de menores que les había otorgado anteriormente a la niña en guarda. Las abogadas de Abuelas pedirán, a su vez, que se investigue desde Luciano Benjamín Menéndez para abajo, la responsabilidad de toda la cadena de mandos.
“Quiero decirle que la amamos”
“Yo tenía cinco años cuando mi mamá nos contó que existía mi hermana. Nos juntó a los cuatro hermanos que éramos entonces y nos contó. A mí me quedó muy grabado ese momento, el lugar, toda la imagen, como una película: nosotros estábamos sentados en la puerta de casa, en el umbral, y mi mamá nos dijo que ella había estado detenida, que había tenido a una hija, nuestra hermana, y que se la habían robado. Yo crecí con eso, soy tres años mayor que ella, la tenía presente. Miraba los programas de gente que busca gente, quería encontrarla, pero no sabía cómo. Nosotros somos de una familia humilde, muy sufrida, con muchas represiones policiales, tuvimos muchos obstáculos para llegar hasta acá”, cuenta Paola Morello, la hermana de la joven recuperada que llamó a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad. “De la Conadi vinieron enseguida, me llamaron inmediatamente, era un lunes. Vinieron a Córdoba, tomaron la muestra de sangre de mi mamá y nos contactaron con Abuelas. Sin eso, nosotros no hubiéramos llegado a nada.”
“La semana pasada nos llamaron para avisarnos el resultado del ADN. Para mí es un sueño cumplido. Fuimos con mi mamá, el mismo día le avisaron a ella, aunque no nos cruzamos.”
“Nosotros no sabíamos que Abuelas existía hasta hace un año atrás. O por ahí sí que existía, pero no dónde llamar. Por eso está bien que se pasen propagandas, para que otros puedan acercarse.”
“Mi hermana siempre estuvo presente, toda la vida la esperamos. Siempre tuve la ilusión de encontrarla. Ahora estoy ansiosa por conocerla, me gustaría decirle que la amamos, que siempre la tuvimos presente, para que sepa que tiene una familia que la está esperando con los brazos abiertos. El afecto de nosotros hacia ella ya está, ya lo tenemos. Y el de ella hacia nosotros seguro que va a llegar con el tiempo.”
“Nosotros todavía no la vimos, solamente la abogada. Ella nos pidió un tiempo, y estamos respetando ese pedido de no decir su nombre ni dar otros datos porque lo que nos importa es llegar a conocerla. Sabemos que tuvo buena disposición porque aceptó hacerse el ADN voluntariamente, y eso es un buen dato. También nos dijo la abogada que cuando a ella le informaron de quién era hija, se fue con una sonrisa.”
“Estoy ansiosa por verla”
“Yo salí en libertad en abril del ’79, a la tarde, y me fui a la Casa Cuna. Llegué allá y las monjas me dijeron ‘las subversivas no entran’. No me dejaron verla, ni nunca más mi hija estuvo ahí”, contó María de las Mercedes Moreno. Ella estaba segura de que la beba había pasado por la Casa Cuna porque una enfermera se lo había confirmado a su hermana mayor. “Incluso mi hermana había podido verla dos o tres veces.” Después le perdieron todo el rastro.
“Pasé ocho meses detenida en la D2”, relató ayer a Página/12. “Yo ya tenía siete meses de embarazo y al poco tiempo de estar detenida empecé con pérdidas, se me adelantó el parto. Me llevaron a la maternidad provincial y allí nació, pero nunca la llegué a ver, ni siquiera me la mostraron.”
“Pensé que la iban a dejar en la maternidad hasta que... tampoco yo pensaba que podía salir viva de ahí, porque estábamos en un baño, metidas de a cinco, tabicadas, no pensaba salir viva de ahí. Pero después vinieron los camiones del Ejército, nos llevaron. Creíamos que nos iban a matar, pero no, nos llevaron a la cárcel del Buen Pastor.”
“Ahí mi familia me pudo visitar y una hermana mía se puso a buscar y supo por una enfermera amiga de ella que la nena estaba en la Casa Cuna. La fue a ver, vio que la nena estaba perfecta, hermosa. Después, cuando yo salí en libertad, me corrieron. También fui al Juzgado de Menores y salió el juez en persona a decirme que yo no había tenido ninguna hija. Incluso me amenazaron con que no hiciera mucho lío porque yo ya tenía cuatro hijos y estaba sola.”
“Nosotros somos de una familia humilde. Tengo diez hijos, veintidós nietos y dos bisnietos. Los crié haciendo de todo, trabajando en un bar, en un geriátrico, en lo que fuera. Ahora me ayudan mis hijas, una tiene un almacén, otra un local de ropa, todas están bien. Paola fue la que vio el anuncio en la televisión un aviso de Abuelas y llamó por teléfono, vinieron inmediatamente.”
“Ellas hicieron todo. Esta gente es lo máximo, ellos en un año hicieron lo que... yo no tengo cómo agradecerles lo que hicieron.”
“No la pudimos ver todavía porque nos pidió un tiempo. Solamente sé que está casada y tiene dos hijos. Estoy ansiosa por verla porque ya son 34 años de buscarla. La única que la vio fue una de la abogadas de Abuelas, que nos dijo que es hermosa. Todas le preguntamos, ¿y a quién se parece? Y como la abogada le encuentra algo parecido a cada una de las hermanas que le preguntan, la nariz de ésta o los ojos de otra, cada cual está creída que se parece a ella.”
FuentedeOrigen:Pagina12
Fuente:Agnddhh
“Pensé que la iban a dejar en la maternidad hasta que... tampoco yo pensaba que podía salir viva de ahí, porque estábamos en un baño, metidas de a cinco, tabicadas, no pensaba salir viva de ahí. Pero después vinieron los camiones del Ejército, nos llevaron. Creíamos que nos iban a matar, pero no, nos llevaron a la cárcel del Buen Pastor.”
“Ahí mi familia me pudo visitar y una hermana mía se puso a buscar y supo por una enfermera amiga de ella que la nena estaba en la Casa Cuna. La fue a ver, vio que la nena estaba perfecta, hermosa. Después, cuando yo salí en libertad, me corrieron. También fui al Juzgado de Menores y salió el juez en persona a decirme que yo no había tenido ninguna hija. Incluso me amenazaron con que no hiciera mucho lío porque yo ya tenía cuatro hijos y estaba sola.”
“Nosotros somos de una familia humilde. Tengo diez hijos, veintidós nietos y dos bisnietos. Los crié haciendo de todo, trabajando en un bar, en un geriátrico, en lo que fuera. Ahora me ayudan mis hijas, una tiene un almacén, otra un local de ropa, todas están bien. Paola fue la que vio el anuncio en la televisión un aviso de Abuelas y llamó por teléfono, vinieron inmediatamente.”
“Ellas hicieron todo. Esta gente es lo máximo, ellos en un año hicieron lo que... yo no tengo cómo agradecerles lo que hicieron.”
“No la pudimos ver todavía porque nos pidió un tiempo. Solamente sé que está casada y tiene dos hijos. Estoy ansiosa por verla porque ya son 34 años de buscarla. La única que la vio fue una de la abogadas de Abuelas, que nos dijo que es hermosa. Todas le preguntamos, ¿y a quién se parece? Y como la abogada le encuentra algo parecido a cada una de las hermanas que le preguntan, la nariz de ésta o los ojos de otra, cada cual está creída que se parece a ella.”
FuentedeOrigen:Pagina12
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