25 de noviembre de 2012

Nora Cortiñas: "No tenemos que bajar los brazos y continuar caminando".


 Sábado, 24 de Noviembre de 2012

Nora Cortiñas: "No tenemos que bajar los brazos y continuar caminando"

La destacada activista, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, cuenta cómo cambió su vida cuando su hijo fue secuestrado, en 1977, y porqué sigue luchando en favor de la justicia y la esperanza.

Nora Cortiñas. Foto: Archivo UH
Nora Cortiñas. Foto: Archivo UH




Antonio V. Pecci
apecci@uhora.com.py
Aunque ha pasado los 80 años, Nora Cortiñas no los evidencia por la energía, la curiosidad y el ánimo para participar de conversatorios, viajar, exponer los motivos que la llevaron a juntarse a otras madres en Buenos Aires para realizar las clásicas rondas en Plaza de Mayo, desde 1977, para reclamar sobre el paradero de sus hijos desaparecidos.

No es la primera vez que viene a Paraguay. Además, en el círculo de las Madres de Plaza de Mayo, Línea Fundadora, ha conocido a varias paraguayas como Ida de Tatter, María. Gastón, y quien fue su gran amiga, Esther Ballestrino de Careaga. Precisamente este año se cumplen 35 años del secuestro de Esther y es uno de los motivos que la trajeron, junto con Ana María Careaga, para el homenaje que se le rindió en el Museo de las Memorias, el pasado martes, en un clima de alta emotividad junto a miembros de la Mesa Memoria Histórica y exintegrantes de la Comisión de Verdad y Justicia..

Participó también de las jornadas del Seminario de Memoria Histórica, realizado en la Universidad Católica y el citado museo, con una diversidad de ponentes e invitados, quienes hicieron una valoración de la situación local, la labor de la Comisión de Verdad y Justicia así como una mirada al panorama local. En tanto que Nora Cortiñas y Ana María Careaga dieron el panorama de lo que se vive en Argentina, Brasil y Uruguay en este campo.

De hablar flúido, desgrana su pensamiento sobre lo que es su vida hoy, qué la trae a este país. El mes pasado se trasladó a Francia para testificar en el caso del secuestro de las dos monjas francesas asesinadas por la dictadura de Videla y en distintos momento al interior de la Argentina para testificar en juicios o apoyar a víctimas de la cruenta dictadura de su país. Palabras llenas de sabiduría y de emoción contenida, en las que resuena el pedido de justicia, exentas de venganza.

"La memoria histórica significa un caminar colectivo", nos dice en el encuentro que sostenemos con ella. "La memoria histórica nunca es individual, siempre tiene una raíz en lo comunitario, en la unión con otras personas, que retoman para sí los acontecimientos que se van viviendo. Puede ser un camino muy largo, y pasa a veces que por momentos la memoria histórica falla", dice, aludiendo a esos momentos de grandes crisis económicas o políticas que cíclicamente azotan a nuestros pueblos. "Ella va enriqueciéndose en cada generación, perdura", afirma.

El hijo desaparecido

El secuestro de su hijo Gustavo Cortiñas, un 15 de abril de 1977, la sacó de su rutina, enfocada en la actividad de ama de casa y en la de dar clases de costura. "Ese hecho me cambió totalmente la vida. Y en eso no hay retroceso. Su desaparición me marcó muy fuerte. Era militante político, tenía 24 años, estaba casado, tenía ya un hijo de dos años. Era un militante sensato que sabía lo que quería para su país, para su pueblo. Y como él, miles de jóvenes, hombres y mujeres, luchaban en esas décadas del 70 y del 80 buscando el bienestar y la dignidad de su pueblo", dice mientras exhibe una foto con los datos de Gustavo, que la lleva como un portacredencial.

Menciona que fue detenido cuando iba a tomar el tren en Castelar, donde vivían, rumbo a su trabajo. Y, luego, la Policía allanó la casa e interrogó a la esposa, lo que confirmaba su secuestro.
Ella agotó todas las instancias, en la parroquia, el hábeas corpus ante la Justicia, "saliendo de mañana y volviendo a la madrugada; así me encontré con otras madres, de modo que la búsqueda no era ya de Gustavo, sino de los 30.000 desaparecidos".

Lamenta que los archivos judiciales y policiales en su país no se hayan abierto.

"Ya no soy una ama de casa que tenía una plácida vida familiar y que se dedicaba a dar cursos de Costura". Señala que su marido murió de una enfermedad prematura. "La mayoría de los varones se suicidaron o murieron de alguna enfermedad prematura. ¿Por qué? Porque las madres desarrollamos esa fuerza, ese grito permanente, ese ir a Plaza de Mayo a reclamar, a juntarnos. Eso nos dio la fortaleza. La mayoría tenemos hoy más de 80 años y seguimos. Y la gente nos pregunta cómo tenemos fuerza para seguir. Y es el amor a nuestros hijos, el estar compenetradas con esa solidaridad que ellos tenían en el camino que habían elegido ellos, un país donde pudieran caber todos y todas.

Ese es el motivo de nuestra lucha, apoyar los derechos humanos, apoyar la lucha en cualquier lugar que se diera".

El testimonio de desaparecidos

"La desaparición forzada de personas fue una metodología muy bien pensada por los militares, pues nosotras prácticamente nos volvimos locas buscando a nuestros hijos e hijas. Los pocos que pudieron salir de esas condiciones de encierro terribles, fueron muy valiosos a la hora de aportar su testimonio en los juicios contra los militares que quieren negar todo. Volver a dar testimonio después de tantos años estimo que es el gesto más solidario que se puede conocer en política. Tienen una fortaleza especial para recordar todos los momentos pasados. Mediante esos testimonios logramos que se conociera en el mundo esa maldita metodología que aplicaron contra la gente. Y que la Justicia actuara y tuviera que mandar presos a los genocidas", afirma.

Rememora que desde el inicio no estuvieron solas, sino que se sintieron rodeadas por la ciudadanía. Y del exterior también llegó un eco solidario muy grande. "Cuando nos llevaban presas a una comisaría por estar en la plaza, a los dos minutos sonaba el teléfono, llegaban las llamadas de las embajadas de todo el mundo a pedir que nos dejaran libres. O sea que ese caminar nuestro no era en vano".

Actualmente esperan que los jueces "abran sus gavetas" y digan a quiénes entregaron los bebés hijos de prisioneras políticas, nacidos en cautiverio. "Todavía quedan entre 400 y 500 chicos que no conocen su verdadera identidad, y son 117 los que recuperaron su verdadera identidad, que es producto de la labor de las Abuelas de Plaza de Mayo y que junto con otros organismos vamos manteniendo". Destaca lo valioso de que en televisión aparezcan avisos invitando a los jóvenes que tienen duda sobre su identidad a que acudan a las oficinas de Abuelas..., y son cada día más los que acuden. "Por eso no tenemos que bajar los brazos.

Esto no es un milagro; que se abran los archivos depende de la voluntad política, de modo que un país no quede marcado por un oscurantismo y que las familias sepan qué pasó con sus familiares".

Juzga como un hecho importante los juicios a los jefes militares, cuyos principales responsables han sido condenados a cadena perpetua, un caso único en Sudamérica, que se inició con la investigación de la Comisión Nacional sobre Desaparición de Personas (Conadep), que sirvió de base para juzgar al Gral. Jorge Rafael Videla y a la cúpula militar en los años 80, en la época de Raúl Alfonsín.

Pero el ruido de sables impidió que se procesara a otros. Después de muchos años lograron que el Gobierno de Néstor Kirchner impulsara nuevos juicios, "escuchando nuestros reclamos de años y años", donde entre otros fue juzgado el capitán Alfredo Astiz, quien encabezó el operativo contra las madres que se reunían en la Iglesia de la Santa Cruz, en 1977 --entre las que se encontraba Esther Ballestrino--, para secuestrarlas y llevarlas a la ESMA, donde desaparecieron. "El Gobierno además, ordenó que se abrieran los campos de detención clandestinos"' acota finalmente.
Fuente:UltimaHora.com

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