21 de marzo de 2013

ESMA: EL TESTIMONIO DE LILIANA CHIERNAJOWSKY-DÍA 30 y 31.

EL TESTIMONIO DE LILIANA CHIERNAJOWSKY EN EL JUICIO POR LOS CRIMENES EN LA ESMA
La insoportable imagen de los vuelos
Ante los jueces, Chiernajowsky reconstruyó los últimos días de su hermano Miguel en la ESMA, luego víctima de los vuelos de la muerte. Pidió “ahondar en las responsabilidades” de quienes condujeron el plan de exterminio y “quienes condujeron los aviones”.
Liliana Chiernajowsky estuvo detenida por razones políticas durante 7 años. Al lado, su hermano Miguel.
Por Alejandra Dandan
Hay una cosa entre todas que Liliana Chiernajowsky intentó decirle al Tribunal. “No quería conocer los detalles de la desaparición de mi hermano Miguel, me resultaba insoportable la imagen que mejor representaba el exterminio y que mi madre repetía como una letanía: ‘a tu hermano lo tiraron vivo al mar’. Me llevó años querer saber aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer”, les dijo a los jueces. “Pero desde hace años el tema vuelos me importa sobremanera. Valoro estos juicios, que son ejemplares y reparatorios para cada uno de nosotros, para la sociedad y la humanidad. Y por eso ya ganaron un lugar trascendente en la historia”, dijo. “Pero es preciso ahondar en las responsabilidades de quienes tuvieron la conducción del plan de exterminio y quienes condujeron los aviones, hasta quienes estudiaron las coordenadas previstas para arrojar su luctuosa carga al mar.”

Liliana declaró en la causa unificada por los crímenes cometidos durante la dictadura en la Escuela de Mecánica de la Armada, donde uno de los casos abarcados es el de su hermano. “Es preciso que este tribunal ordene que se profundice y acelere la investigación: como querellante representada por Pablo Llonto solicité en el juzgado de instrucción a cargo de Sergio Torres que se impute a los máximos responsables de la Aviación Naval y la Aviación de Prefectura y que se cite a declarar a todos los conscriptos que hicieron su servicio militar en esas reparticiones.”
“Mi nombre es Mirta Liliana Chiernajowsky, hermana de Miguel Ricardo”, dijo al empezar. “Soy licenciada en Ciencias de la Comunicación. Fui detenida política durante siete años, seis de los cuales estuve a disposición del Poder Ejecutivo Nacional. Cuando recuperé la libertad en 1981, todavía no había finalizado la dictadura militar pero la enorme tragedia en la vida social y personal que significó el genocidio de mi generación ya casi había sido perpetrada. Aunque todavía faltaban los crímenes de Malvinas, que afectaron a otra generación.”
Ella todavía sigue reconstruyendo la estadía de su hermano en la ESMA. Lo hace entre los integrantes del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), en entrevistas con sobrevivientes o en las audiencias del juicio que terminó hace poco más de un año. Miguel viajó de Comodoro Rivadavia a Buenos Aires cuando terminó el secundario y se integró a Montoneros antes del golpe. El día del secuestro también cayó uno de sus compañeros, Rolando Jeckel. Liliana recogió en estos últimos años tres testimonios que los ubican juntos dentro del centro clandestino de la Armada; por esos testimonios ella supo además que pudieron haber caído en el mismo operativo.
A Miguel lo vieron Miguel Lauletta, Daniel Lastra y Marta Alvarez, “a quienes agradezco su testimonio”, dijo ella. Llegó a Lauletta cuando Maco Somigliana del EAAF le dijo que él había visto en el baño de la ESMA a un chico delgado, rubio y con una tonada indefinible, ni porteña ni del norte, que podría ser su hermano. Liliana le mostró fotos a Lauletta. Lauletta lo reconoció y declaró en el juzgado de Torres el 25 de septiembre de 2009. En ese momento, supo además que ese día, en el baño, había otro prisionero con el que podría hablar, pero no supo que ese prisionero, Daniel Lastra, no había vuelto a decir nada de su estadía en la ESMA durante más de treinta años. Durante su declaración, también le hizo un homenaje.
“Lastra fue el segundo sobreviviente que me ayudó a reconstruir la estadía de Miguel en la ESMA”, dijo. “Cuando lo llamé por teléfono me dijo que no había hablado prácticamente con nadie sobre su permanencia en la ESMA durante más de 30 años. Me comentó que siempre había pensado que lo iban a llamar a declarar por uno de los compañeros que cayó con él y murió en la tortura –se refería a Martín, sobrenombre de Carlos Chipolini–. La conversación se prolongó por más de una hora, estaba muy conmovido. Al finalizar le pedí si podía pasar por el juzgado para dejar un testimonio adelantado. Me dijo que lo pensaría, que era algo que debía consultar con su familia. Me llamó a la semana y confirmó que lo haría porque recordaba muy bien a ese chico y no testimoniar sería como desaparecerlo dos veces.” Daniel Lastra declaró en el juzgado de Torres el 27 de noviembre de 2009, también habló sobre otros desaparecidos, como Chipolini y Ricardo Pedro Sáenz, reconocido como “El Topo”. “A los pocos meses supe que había fallecido repentinamente de un paro cardíaco. Quiero dejar constancia pública de mi consideración y agradecimiento a él y a su familia. También a todos los sobrevivientes, sin cuyo testimonio estos juicios no hubiesen sido posibles.”
Lastra vio a Miguel dos veces. Una, en el baño cuando un “verde”, uno de los guardias apodado Manzanita, llevó a un grupo de prisioneros. Vio en el espejo a un chico acuclillado en el inodoro. Le preguntó cómo había llegado a la ESMA y Miguel le dijo que había caído con Rolando Jeckel. “Esa fue la única vez que conversó con él y lo vio sin capucha; en otra ocasión lo vio por la mirilla cuando lo llevaban al baño. Lastra calculó que uno o dos miércoles después lo trasladaron, sería a fines de marzo o principios de abril. Estuvo muy poco tiempo en la ESMA.”
Liliana entendió que Marta Alvarez también podría haber visto a su hermano cuando la escuchó declarar en el juicio oral que terminó hace más de un año. Marta le confirmó que lo había visto con Rolando Jeckel en la avenida de la Felicidad; lo describió como un chico joven, flaco, alto. “Esto es lo que sé sobre los últimos días de mi hermano, pero no quiero terminar esta declaración sin referirme a la forma en que sabemos que asesinaron a Miguel y a tantos miles: quiero referirme brevemente a los llamados Vuelos de la Muerte”, explicó.
Los vuelos
Cuando escuchó el testimonio de Alicia Milia de Pirles, Liliana se quedó “estupefacta”, dijo. “Ella contó que hablaba a menudo con Alfredo Astiz y un día se animó a preguntarle por los centros de recuperación vinculados a los traslados. Fue entonces que el imputado le dio una explicación acabada de la solución final: ‘el mar nos ayuda, porque el río los había devuelto, pero en cambio el mar es duro, cuando los cuerpos caen se desnucan. Luego las orcas hacen lo suyo’. La testigo contó que ella preguntó por las orcas y el marino se puso a darle una clase. Esa fue para mí una de las más reveladoras referencias a lo siniestro, aquello a lo que yo no me quería aproximar y que había tomado el alma de mi madre, hasta hacerla enloquecer.”
En ese momento, Liliana, frente al Tribunal, habló de los vuelos, de lo que le costó empezar a pensarlos y de lo que todavía queda pendiente en la investigación. Pero también de lo que significa en términos personales y colectivos la idea de una justicia. “Señor presidente”, le dijo al juez Daniel Obligado. “Voy a decir algo políticamente incorrecto. Cuando salí de la cárcel, a los 29 años, no busqué justicia, no creía en la Justicia. Y no por haber estado siete años presa por una causa menor, de los cuales seis fueron a disposición del PEN, es decir de la suprema voluntad de los militares que también habían asesinado a mi hermano. No fue por eso que no creía en la Justicia, sino porque pertenezco a una generación que vivió en un país sin justicia, sin respeto al Estado de derecho, con golpes de Estado permanentes y la proscripción de la mayoría política y electoral, condiciones hoy inimaginables para nosotros. Como todos los jóvenes de mi generación no tuve la oportunidad de formarme en una cultura democrática. Creímos en la violencia revolucionaria en un país y un contexto donde la violencia y la violación de la ley eran el aire que respirábamos.”
A las nueve de la noche del 18 de marzo de 1977 la compañera de Miguel, María Luz Vega, cayó en una emboscada del grupo de tareas. Liliana contó algunos detalles durante la audiencia, a partir de una reconstrucción que pudo hacer en diálogo con algunos de los vecinos, datos claves hoy para la causa porque hay poca información. “Los impactos de bala aún pueden encontrarse en un mármol negro a la altura de Santo Tomé al 2983”, dijo. “La mayoría la vio tirada en el piso después de ser atravesada por fuego cruzado y observó cuando la colocaron en el baúl de un Ford Falcon. María Luz Vega tenía 18 años, está desaparecida, su cadáver nunca apareció.”
Fuente: Pagina 12 - Envío:Agnddhh

18 03 2013
TESTIMONIOS
Día 31. "Se instaló un régimen de terror", dijo el sobreviviente Calle
Hoy declaró Carlos Alberto Calle, quien formaba parte de la sección Plantas Químicas de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Después de ser liberado, se exilió en Italia con su familia.


Secuestro y cautiverio
El testigo comenzó, a pedido del fiscal Guillermo Friele, con el relato de su secuestro: “Lo recuerdo perfectamente bien, porque mi hijo de 4 años cumplía años el 27 de marzo. A la madrugada del día siguiente, el 28, a las 4:00, irrumpieron en mi domicilio de Ituazaingó. Fue una irrupción violentísima: ‘¡Abran, policía!’, gritaban. Me pusieron a punta de pistola y vi que un grupo de personas estaba revisando los libros de mi biblioteca. Me vendaron los ojos, me pusieron una capucha y me esposaron. Me pusieron boca abajo en la parte de atrás de un vehículo. ‘Si te movés, sos hombre muerto’, me dijeron”.

Calle describió que fue llevado a un lugar en donde podía sentir el ruido de aviones y el tren, “entonces inferí que estaba en la Escuela de Mecánica de la Armada”. “Luego fue confirmado por mi mujer y la esposa de un compañero de trabajo. Ellas fueron a la Comisión para hablar con (el almirante Carlos) Castro Madero, quien no las recibió, y cuando salieron lo vieron salir de la Escuela de Mecánica de la Armada. Las dos identificaron a uno de los que iba en los autos como uno de los miembros que habían estado en los operativos de secuestro de mi compañero (Santiago Máximo Morazzo) y míos”, refirió Calle. 

“’¿Cómo es la organización de la célula?’, me preguntaban los interrogadores. Una noche me cargan en un camión con otras personas, entre ellas el doctor Morazzo. Nos trasladaron a un lugar que parecía un laberinto, supuse que era un barco. Nos sacaron las esposas y nos golpearon. Yo quedé desmayado y cuando me desperté estaba estaqueado a un colchón. Ya no tenía circulación en las manos”, narró y comentó que en la ESMA habría estado dos o tres días, que los traslados al baño eran esposado y encapuchado, “una vez me dieron un sándwich; yo dormía en el suelo”, describió. Asimismo, declaró que durante el cautiverio en el barco pudo ver a un agente de la Policía Federal Argentina: “lo reconocí por el uniforme azul”.

“Debe estar encerrado medio país”
También pudo reconocer allí a otros compañeros de la CNEA, él contó diez, entre ellos Domingo Quilici, de quien dijo que “no tenía nada que ver ideológicamente conmigo, él era radical, y pensé que si él estaba acá, entonces debe estar encerrado medio país”. Calle narró que años después, Quilici le dijo que había estado en el barco Bahía Aguirre.
“Una noche me sacaron de la celda y escuché que la gente gritaba y empecé a gritar también y ahí me amenazaron: ‘uno más y te dejo seco’”, recordó Calle, quien luego supo que había sido parte de un simulacro de fusilamiento.

Más tarde fue trasladado nuevamente en un móvil policial a la cárcel de Devoto. En ese vehículo pudo reconocer a Sergio Pereira Marcondes, Eduardo Cuello, Jorge “Negrito” Núñez, Pedro Landeiro y Enrique Narciso, los diez habían sido puestos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional mediante un decreto firmado por el dictador Jorge Rafael Videla, según detalló Calle. “Había otras dos personas que no conocíamos, les preguntamos de dónde eran y nos dijeron que eran sindicalistas de Astilleros Navales”, contó y aclaró después que no volvió a ver a los trabajadores de los astilleros. “Dos compañeros memorizaron mi número de teléfono y lograron avisar a mi casa dónde estaba”.

De Devoto fue trasladado a la Unidad 9 de La Plata. En esa cárcel estuvo un mes, hasta el 8 de octubre de 1976, cuando fue liberado. De acuerdo con su relato, su liberación y la de varios miembros del grupo se produjo gracias a las gestiones realizadas desde Italia por gente de la Comisión de Energía Atómica de aquel país, a quienes ellos habían conocido durante una visita a Europa para capacitarse en cuestiones laborales.

A raíz de las preguntas del fiscal, Calle pudo establecer que no reconoció a nadie durante el procedimiento de secuestro, “los vecinos le contaron después a mi familia que había muchos móviles rodeando la manzana y pudieron ver gente con ametralladoras en el jardín”. Previo a su secuestro, la gente que trabajaba en su casa le comentó que “unos hombres habían ido a verificar que viviera ahí”.

Castro Madero y la “campaña de eliminación del personal”
“Por decisión de la Junta Militar, Castro Madero es puesto en ese cargo. Él fue el responsable de meter preso a este grupo de diez. Después se instaló un régimen de terror en toda la Comisión. Hizo una campaña de eliminación de personal dentro de la institución: hubo unos 160 cesanteados, gente que abandonó la Comisión, 15 desaparecidos y varios detenidos, incluyéndonos”.

Entre los desaparecidos pudo nombrar a: Antonio Misetich; Federico Álvarez Rojas y su mujer; Roberto Ardito y su mujer y a Cristina Onis. “Todos fueron dados de baja por Castro Madero”, aclaró.

Máximo Victoria
Calle también nombró como uno de los detenidos a Victoria, quien se encontraba de licencia en la CNEA y en marzo de 1976 trabajaba en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI). “Máximo fue a hablar con Castro Madero y lo mandó a una habitación con gente de la Marina. Ahí lo desnudaron y de ahí se lo llevaron detenido”, contó el ex detenido-desaparecido Calle, y agregó que “no podía no estar informado el presidente de la institución de que estas cosas sucedían dado que todos los que ingresan y egresan deben identificarse al momento de la entrada y salida del edificio”.

El grupo peronista
“Dentro de la CNEA había una asociación de profesionales, otra de técnicos y una agrupación o grupo de discusión peronista. Cuando Cámpora nombró a (el contraalmirante Pedro) Iralagoitía nos asignaron un lugar para nuestros encuentros. Discutíamos y elaborábamos documentos. Domingo (Quilici) no formaba parte de este grupo, los otros sí”.

El Servicio de Inteligencia Naval
“Siendo que la Comisión dependía de la Marina, sabíamos que había gente de los servicios, pero no sabíamos quiénes eran ni dónde estaban”.

Benito Víctor Benedetti
Calle declaró que cuando detuvieron a Eduardo Cuello, “Benedetti comenzó a juntar dinero para la familia. Benedetti fue raptada dentro de la CNEA y torturada”. 

“Es mejor que de este país se vayan”
Le dijeron a la mujer de Calle los dos oficiales del Ejército que habían ocupado el lugar de su marido y de Morazzo en la CNEA.

Presos políticos
En la cárcel de Devoto, Calle estuvo detenido con el senador uruguayo Enrique Erro, “supongo que estaba detenido porque era opositor”. También a Roberto Bergalli, quien había sido abogado de perseguidos políticos.

Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 20 de marzo desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales. 



20 03 2013
TESTIMONIOS
Día 32. "Ser mujer en la ESMA era un plus", dijo la sobreviviente Andrea Bello

Fue en la audiencia de hoy, en la que amplió su declaración testimonial en la megacausa ESMA. 


Andrea Marcela Bello, sobreviviente de la ESMA
En su testimonio contó cómo fue la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) a la ESMA cuando ahí funcionaba el centro clandestino de detención, tortura y exterminio. El edificio del Casino de Oficiales, donde estaban alojados los secuestrados, fue refaccionado para intentar poner en duda las denuncias sobre lo que pasaba en ese lugar. 

“Esa refacción comienza en marzo o abril (1979). Empiezan por el lado de arriba, después nos pasan a la Huevera. Ahí estuvimos un tiempo con camas. Luego, cuando empiezan las refacciones en el sótano, nos suben a la parte de arriba.  Todo lo que era Capuchita había sido cambiado y la oficina de Inteligencia también”. 


La isla del Tigre

Al igual que otros sobrevivientes, Bello habló sobre la isla. “Yo salí un poco antes de la visita de la CIDH. A los que estaban en Capucha los mandan a una isla del Tigre. A mí me mandan a Desarrollo Social. Me empieza a molestar una muela. Una compañera consigue un analgésico y empeoraba. Me dicen que me van a llevar al dentista. Me llevan a la enfermería y en el trayecto veo un grupo de conscriptos haciendo gimnasia”.

Andrea Bello continuó contando sobre su cautiverio en la ESMA. “Cuando nos bajan a la Huevera, un compañero nos dijo que insistiéramos con llamar a nuestras familias. Nosotros no podíamos levantar la vista”.


Las cabinas telefónicas en la ESMA

“Las cabinas telefónicas estaban en el sector del Dorado (planta baja). Me llevan a llamar a mi madre y me dicen que no podía decir que estaba detenida. Había una pequeña cabina. Llamé a mi madre y cuando mi mamá me pregunta por mi casa, por mis cosas, yo le dije que estaba detenida y me cortaron automáticamente el teléfono. Me dijeron que no iba a volver a ver nunca más a mi mamá”, dijo Andrea Bello en la audiencia.  

Por los tormentos que implicaban las condiciones del cautiverio, Bello contó que “todos teníamos conjuntivitis crónica por el tabique”. También habló sobre el imputado Juan Arturo Alomar, a quien “conocí en el playón, para mí era Ariel. Alomar entra y a Lázaro y a mí nos dice: ´¿vamos al cine?´, y por la tarde nos llevaron al cine a ver una película de Woody Allen. También recuerdo que fuimos en un Renault 12 azul. Alomar se vestía con remera adentro del jean, con el pelo un poco largo”. 


Sobre otros de los imputados, dijo: “(Jorge Manuel) Díaz Smith parecía más grande que Alomar, era de Prefectura. A (Francisco Armando) Di Paola lo recuerdo como ´El Chino´, de bigotes. A (Juan Carlos) Fotea le decían ´Fernando´, había confusiones, porque iban cambiándose los nombres. (Carlos Orlando) Generoso es la primera persona que veo a cara descubierta en la ESMA, es la persona que me interroga. Tenía dos apodos, yo lo conocía como ´Agustín´ y antes le decían ´Fragotte´. El apodo de (Antonio) Pernías era ´Martín´, era muy festejado por (Raúl) Scheller. También le decían ´Trueno´. El apodo de (Néstor Omar) Savio era ´Norberto´. (Jorge) Rádice se hacía llamar Gabriel”.


Le preguntaron cómo se enteró sobre los apodos de los imputados y Bello dijo que fue dentro de la ESMA, donde estuvo secuestrada. 


Gestiones familiares

A Andrea Bello le preguntaron acerca de qué denuncias y gestiones hizo su familia cuando a ella la desaparecieron. La sobreviviente contó que “una gestión que hizo mi madre fue la presentación de un hábeas corpus, le pagaron una montaña de dinero y el abogado le dijo que íbamos a salir el 20 de diciembre por el lado de los Tribunales. La pareja de mi madre, por su trabajo, tenía vinculación con monseñor (Adolfo) Tortolo y él le dijo que no se preocupara, que la ´vamos a buscar´, y lo llevó a Coordinación Federal, a un sótano lleno de detenidos y le preguntaba ´¿es ésta?, ¿es ésta?´”. 

Ser mujer en la ESMA

Andrea Bello relató que “ser mujer en la ESMA era un plus”. Contó cómo que compartió el  cautiverio con Adriana, quien estaba embarazada y “jamás le dieron atención médica. Se fue unos días antes de tener el bebé. Ella tenía la necesidad de ir al baño, como todas las embarazadas, y les pedía ir al baño. Como no la dejaban ir, hacía pis en botellas que nos daban en el almuerzo”.

Continuó su declaración contando que “también recuerdo que cuando los guardias nos llevaban al baño solían decir que las mujeres eran mucho más peligrosas que los hombres”. 

Para concluir, Bello dijo que “lo que nos salvó de enloquecer fueron nuestros ideales y nuestra ideología”. 

El testimonio de Santiago Morazzo, ex detenido-desaparecido, otro de los trabajadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), secuestrado por el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA. 

El sobreviviente contó que el “28 de marzo (de 1976), yo vivía en Parque Leloir. A las 3 de la mañana empecé a escuchar los ladridos del perro y prendí todas las luces. Vi un despliegue militar monumental, con armas importantes, coches y cañones a lo largo de toda la calle. Entraron varias personas que empezaron a controlar todos los libros, cada tanto le mostraban alguno al responsable”.

Astiz en el grupo de secuestro

Morazzo relató que “había un jovencito rubio, después me enteré que era Astiz. Una vez que terminó el operativo, Astiz intervino. Antes, mientras se hacía el operativo, se quedó quieto en un lugar de la casa. Una vez que terminó el control, que duró 40 minutos, me dijeron: ´Nos va a tener que acompañar´. Uno de ellos lo miró a Astiz y le dijo: ´con este señor no hace falta ser demasiado rudo´”.

El traslado a la ESMA y a un barco

Después de esto, Morazzo contó que en el viaje “me metí el dedo índice en la capucha y fui viendo por la ventanilla algo de lo que iba pasando, y pensé que íbamos a la CNEA. Pero en vez de ahí entramos a la ESMA”. El sobreviviente trabajaba en dos sedes de la  Comisión, una de ellas ubicada frente a la Escuela de Mecánica de la Armada, sobre la Av. Del Libertador. 

Ya en la ESMA, Morazzo dijo que “me trataron muy mal. Por la orientación de los interrogatorios, había un contacto directo entre la Comisión y la ESMA. Me preguntaban: ´¿vos creés en los sindicatos, hijo de puta?´, y yo les contestaba que sí, porque tenía que trabajar con ellos por condiciones laborales, etcétera, y se decían entre ellos: ´¿ves? Es un hijo de puta´”. 


Luego relató que “calculo que habré estado en la ESMA una o dos semanas. Los primeros tres días no me dieron de comer. A Pedro Landeiro, unos días después de mi secuestro, le sacaron los pantalones en la CNEA y lo hicieron cruzar en ropa interior hacia la ESMA. Una semana después nos llevaron  una zona de empedrado, nos pusieron en un barco y fue la primera vez que me dijeron que me podía sacar la capucha, mientras no se abriera la puerta, y si se abría la puerta me dijeron que mirara  a la pared, porque no podía mirar a la cara a nadie”. 


El relato del ex detenido-desaparecido continuó con su cautiverio en el barco, donde contó que lo tuvieron “colgado de los brazos durante varios días, me ataron a unos parantes con las manos juntas y los pies también, como una hamaca paraguaya. Una vez me dijeron: ´vos ya estás muerto´”. Luego agregó que después de eso, “un día nos llevaron a Devoto y eso nos dio tranquilidad, porque estábamos en una institución”. También contó que cuando estuvo en Devoto a sus padres “les robaron todo, les saquearon la casa y se olvidaron una gorra de la Policía Federal”. 


Los interrogatorios

“Querían que dijéramos a qué organización pertenecíamos y nosotros les decíamos que éramos de la CNEA y nos pusieron ‘los atómicos’. En septiembre nos llevaron a Azul en avión y en el traslado recibí la golpiza más grande que me dieron en mi vida; nos golpearon desde las 5 de la mañana hasta las 2 de la tarde”.

Tras esto, el testigo contó que hubo “una fuerte presión internacional, porque el programa en el que yo trabajaba tenía convenios con varios países y llegaron cartas de todos lados pidiendo por mí”. 


El exilio

Morazzo fue liberado de Sierra Chica y luego “me fui a Génova, por recomendación de los militares”. 

Próxima audiencia

El juicio continuará el jueves 21 de marzo desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales. 
Fuente:MegacausaEsma



19.03.2013 
En el juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en el centro clandestino ESMA
Revelador testimonio de la represión en la Comisión Nacional de Energía Atómica
El ingeniero químico Carlos Calle reconstruyó ante el Tribunal Oral Federal 5 su secuestro, cuatro días después del golpe de Estado de 1976. La persecución del vicealmirante Carlos Castro Madero. Sus compañeros de cautiverio.


El mismo día del golpe cívico militar de 1976 la Armada designó como interventor de la estratégica Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) al vicealmirante Carlos Castro Madero. Cuatro días después de ese nombramiento, el ingeniero químico Carlos Calle fue sacado de su casa en la madrugada. Esposado y con una capucha en la cabeza fue subido a un vehículo militar mientras le apuntaban con un fusil en las costillas: "Si te movés, sos hombre muerto", le advirtió su custodio. El trayecto desde su casa en Ituzaingó hasta su lugar de detención duró alrededor de una hora. A pesar de la capucha y el terror, pudo reconocer el recorrido que había hecho muchas veces: había llegado a la ESMA, justo enfrente de la sede central de la CNEA.
Calle declaró ayer luego de un largo exilio en Italia. Se presentó como testigo ante el Tribunal Oral Federal 5, en el juicio que se sigue por delitos de lesa humanidad en el centro clandestino de detención de la ESMA. Si bien son 68 los acusados en este debate, ayer sólo estuvo presente en la sala AMIA de Comodoro Py Ricardo Cavallo, miembro del Grupo de Tareas 3.3.2.
Al recordar detalles de su secuestro y cautiverio, el testigo narró también la dura represión que desató la Marina sobre los trabajadores y sindicalistas de la CNEA y que dejó como huella 15 personas desaparecidas y otras 11 que, luego de su secuestro fueron liberadas, como su propio caso. En 1976, Calle integraba junto con muchos de sus compañeros un grupo de discusión peronista en la CNEA y era un activo participante de las asambleas que se desarrollaban allí. Justamente esa militancia fue el foco del único interrogatorio que sufrió durante su cautiverio. Estaba encerrado en una celda pequeña y tabicado cuando dos hombres le preguntaron sobre "la organización de su célula" en la CNEA. "Casi una hora después me amenazaron: como usted no quiere colaborar, es muy difícil que vuelva a ver a su familia", recordó ayer el testigo. 
Permaneció en la ESMA dos o tres días. Una noche fue cargado en un camión donde reconoció a su jefe en la Comisión, Santiago Morazzo, quien había sido secuestrado el mismo día y llevado a la ESMA, y ambos fueron trasladados a otro centro de detención: un buque de la Marina que luego identificarían como Bahía Aguirre. "Ahí nos dieron una paliza terrible. Yo me desmayé y cuando me desperté estaba estaqueado", recordó.
Luego de pasar varios días en ese sitio, lo subieron a una lancha y a un auto para finalmente llevarlo al penal de Devoto. "Ahí me encontré con muchos de mis compañeros de la comisión", contó. Junto a él viajaron otros integrantes de la CNEA que habían sido detenidos en sus domicilios o en sus lugares de trabajo, como Máximo Victoria, Eduardo Cuello o Pedro Landeyro, secuestrados en la misma comisión, y luego reunidos en el buque de la Armada. Luego de pasar unos meses en Devoto, en el sector de presos políticos, y en la Unidad 9 de La Plata, en octubre de 1976 el grupo fue liberado casi en simultáneo.
Al cabo de 37 años, Calle declaró ayer durante dos horas ante los jueces Daniel Obligado, Adriana Palliotti, Pablo Bertuzzi y Leopoldo Bruglia, y responsabilizó al interventor Castro Madero, quien en pocos días como autoridad de la CNEA instauró un "clima de terror". "Metió presas a otras diez personas y después empezó una campaña de eliminación de gente en la comisión: hubo unos 200 cesanteados, 11 secuestrados y 15 desaparecidos. Además, estoy seguro de que el departamento de personal tenía legajos con la caracterización política de cada uno", reconstruyó. 
Justamente, entre las pruebas de la causa figura un documento de la Gerencia de Logística de la CNEA en el que cita informes secretos de organismos de seguridad y advierte sobre este grupo de trabajadores, luego secuestrados, a los que consideró "un factor real o potencial de perturbación del normal funcionamiento de esta Comisión". 
las víctimas de la cnea
Además de Calle y Morazzo, quien también declarará como testigo en los próximos días en el juicio de la ESMA, hay otras víctimas de la CNEA que pasaron por ese centro clandestino. Uno de los casos que se tratará en el debate es el secuestro y desaparición de Graciela Barroca y Gerardo Strejilevich. La pareja compartía los estudios de Ciencias Exactas de la UBA. Ella era técnica en la Comisión y a él la SIDE le había rechazado un pedido de beca en la Comisión, según los registros de la Comisión de Derechos Humanos del Personal de CNEA (CDHPCNEA). Fueron secuestrados en julio de 1977 y llevados a la ESMA. 
También se juzgará la desaparición de José Badillo y de Daniel Rus. Badillo era un trabajador de una empresa contratista de la Central Nuclear Atucha I y fue secuestrado en la madrugada del 8 de julio de 1977. Rus, por su parte, era becario en la CNEA y fue secuestrado en su lugar de trabajo el 15 de julio de 1977. 
En los archivos de la CDHPCNEA figuran además otros 11 casos de trabajadores desaparecidos en la última dictadura que no pasaron por la ESMA.
 Fuente: Tiempo Argentino - Envío:Agnddhh                     

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