Los nombres del dolor en la ESMA
Marta Alvarez militaba en Montoneros, fue secuestrada el 26 de junio de 1976 y estuvo en la Escuela de Mecánica de la Armada. Ante el tribunal, respondió preguntas y aportó datos sobre numerosas víctimas de la dictadura.
Por Alejandra Dandan
El nuevo juicio por los crímenes cometidos en la ESMA abarca más de 700 víctimas.Imagen: Guadalupe Lombardo
Una pregunta atrás de otra. Así, durante tres horas y veinte minutos. Marta Alvarez volvió a ver las caras, a escuchar un diálogo en un baño o el relámpago de una mirada en el sótano de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Declaró en una audiencia del juicio a los represores de la Marina. Oyó decenas de nombres, preguntas de fiscales y querellas. Por un momento pareció posible ver lo que ella veía.“¿Orlando René Méndez, lo recuerda?”, le preguntaron. “Sí”, dijo ella. “¿Qué nos puede decir?”, dijo el fiscal. “A Orlando yo lo conocía, era del movimiento de Inquilinos Peronistas, en el año ’75-’74.
Militábamos en la misma zona, en San Cristóbal. Militaba con él y su mujer, que era Naty. Después, cada uno fue a militar a otro lugar y lo dejé de ver. Una noche vienen a mi camarote, creo que fue (el policía) Roberto González, ‘Federico’, con un documento y me muestra el documento a mí y a Alfredo, preguntándonos si conocíamos a esa persona. Y ahí veo que es Toto, Orlando Méndez. Y él cuenta: ‘Está acá, pero se tomó la pastilla’. Y me dice que está con la bebé. Le pregunté: ‘¿Qué van a hacer con la bebé?’. Era de noche y me dicen: ‘Mañana se la van a llevar a Casa Cuna’. Pido que por favor me la dejen, que quiero estar con esa chiquita. Yo no sabía el nombre, lo que sí sabía era que ellos buscaron siempre un hijo y ahí me enteré de que había nacido ese hijo que estaban buscando. Me traen un pañal para que la cambie durante la noche y, en un momento, cuando se acerca la hora en que la van a venir a buscar, en el pañal escribo: ‘Hija de Orlando Méndez’, y se lo pongo adentro del pañal. Después de la libertad, la busco a Laura (Méndez Oliva) por todos lados y después de muchos años me reencuentro con ella. La habían llevado a Casa Cuna y pudo reencontrarse con su familia.”
Marta Alvarez declaró en el juicio por los crímenes de la ESMA. Ya lo había hecho en el juicio anterior. En aquel momento había narrado su “caso”. Ahora volvió para responder preguntas de esa interminable lista de casi más de 700 víctimas abarcadas en este juicio, de las que ella pudo dar cuenta de varias decenas, de las que supo en forma directa o indirecta durante los tres años que estuvo en la máquina de matar. Marta era delegada del diario La Razón; para el golpe ya había dejado el diario, militaba en prensa de Montoneros, la secuestraron el 26 de junio de 1976 con su compañero Adolfo Kilmann, con Rita Mignaco y Javier Otero. Marta estaba embarazada, Federico nació durante su cautiverio. Adolfo está desaparecido.
Su nueva declaración tuvo múltiples entradas. “Si el abuso era la situación de estar permanentemente muda en una cama ante la mirada de un montón de hombres y ante la situación de tortura, sí, éramos abusadas”, dijo. “El estar tirada en una colchoneta y que los guardias nos manosearan a su antojo, sí, éramos abusadas. El ir al baño y que adentro del baño estuvieran dos guardias controlándonos sin ningún tipo de reparo de cortinas, sí, éramos abusadas. Y después, el abuso a (nombra a una persona), que me contó lo de (Jorge ‘el Tigre’) Acosta, y a (nombra a otra persona) que fue violada en una colchoneta por un ‘verde’, y sé de la obligación, por ejemplo, de tener relaciones de (otro nombre) con Acosta y de (otro nombre) con Chamorro.”
Ahora bien, hubo algo más que datos en el relato. Detrás de las preguntas que respondió, nombre tras nombre, los secuestrados reaparecieron en la sala, ubicados en los diferentes espacios, pero a la vez en los distintos tiempos del centro clandestino. “Yo volví a verlos”, dice Marta ahora y vale la pena seguirla.
- “¿Qué puede decirnos de Rita y Javier?”, preguntó la fiscalía. “Nos secuestraron a los cuatro. Nos ponen en el auto con Rita, vamos juntas en el asiento de atrás, cuando llegamos al lugar que después fue la ESMA, a Rita no la veo más, no sé más nada de ella y de Javier tampoco. Rita era militante, trabajaba en el diario
La Nación y era militante de la agrupación en la que yo estaba de Montoneros, del gremio de Prensa. Javier era su marido. De Javier no conocía ninguna militancia.”
- “¿Marta Mónica Quinteiro?” “Marta Mónica Quinteiro había sido religiosa y yo la había conocido por la militancia. Supe que estaba ahí porque Acosta se jactaba porque era pariente de él y decía: ‘Si acá estuvo un pariente mío, por qué no van a estar ustedes’.”
- “¿Ricardo Hugo Darío Manuele?” “Yo lo conocía de la militancia, a él y a su mujer. A él le decían Manuel y a su mujer, Teresa. Y sé que estuvieron ahí, pero yo no los vi, sé que estuvieron por el Gordo Alfredo, él los vio.” “¿El apellido de Teresa?”, le preguntaron. “Ravignani.”
- “¿Mónica de Teszkiewicz?” “La gorda Mónica”, dijo. “¿Qué supo de ella?” “Con ella estuve varias veces en la ESMA, aparte yo la conocía porque habíamos sido compañeras de militancia y al poco tiempo que fui secuestrada, la secuestraron a ella y por lo que ella me contó fue a la salida de su trabajo. Ella trabajaba en el supermercado Disco que está en la avenida Las Heras, era cajera de ahí. La vi dos veces, estuvimos juntas, no la vi más.” “¿Qué pasó con ella?” “Está desaparecida.”
- “Le voy a dar un apellido y usted me dirá si puede darnos algún dato en relación con este apellido”, le dijeron. “¿Tarnopolsky?” “Sí”, dijo Marta. “Esa fue la familia Tarnopolsky que estuvo en la ESMA. Yo estuve con Sergio, lo conocí en la ESMA y a los que vi de la familia fueron a Sergio y Betina, la hermana más chica. Ese fue un caso muy renombrado y aparte muy fuerte para los que estábamos en ese momento, porque Sergio era conscripto de la ESMA y además era asistente de Acosta. Y cuando estamos Alfredo Bursalino y yo en el Sótano, lo traen a él y dicen: ‘Miren, éste es Tarnopolsky’. Estaba destruido, yo era la primera vez que lo veía y se lo llevan para seguir torturándolo, yo nunca vi a una persona en el estado en que vi a Sergio. Después, otras veces estuve con él, que lo dejaban en el Sótano. Y supe por él que había puesto un artefacto explosivo en la ESMA, lo descubren y secuestraron a toda su familia. Del secuestro de la familia me enteré porque una noche se escuchó cuando entró toda la familia, a los gritos, a los golpes. Y Sergio, cuando podía contarnos, nos dijo que a los dos días de haber sido secuestrado él, fueron a secuestrar a sus padres, su hermana y su mujer. A Betina la vi en el baño del tercer piso, era una chica muy jovencita, muy parecida a Sergio, era indudable que era su hermana, y lloraba mucho y yo pude acercarme a ella y preguntarle si necesitaba algo, y lo único que hacía ella era llorar. No la vi nunca más a Betina. Y a Sergio (su hermano) no lo vi nunca más.”
- “¿Ricardo Jaime Zeff?” “Era el Zombi; yo conocí al Zombi porque era un militante del territorio, de la circunscripción séptima de la Juventud Peronista de Montoneros y era muy amigo de mi compañero Adolfo, él sí que lo conocía mucho.” “¿Lo podría describir?” “Era un jovencito de 18 o 19 años, muy alto y muy flaco, miope y usaba unos anteojos grandotes, de marco grande.”
- “¿Angela María Aieta de Gullo?” “Ella era la madre de Dante Gullo, y Dante era un compañero muy conocido, era responsable de la JP y estaba preso. Y a María yo la conocía así, porque ella formaba parte del peronismo auténtico y cuando se hizo un lanzamiento, que yo estuve organizando con otros compañeros, ella fue una de las oradoras, o sea que la conocí. La volví a ver en la ESMA. Ella es la que se acerca a mí una vez que me ve llorando en el baño. Me dice: ‘¿Necesitás algo, nena?’. Y después la escuché muchas veces en Capucha, porque ella hablaba mucho de Dante y hablaba de su hijo y los guardias la trataban con mucha deferencia porque era una persona grande.” “¿Supo qué pasó con ella?”, le preguntaron. “Desapareció. No la vi nunca más.”
- “¿Hebe Inés Lorenzo?” “La conocía porque era de la agrupación de Actores, y teníamos reuniones en común. Sabía que había sido secuestrada con su compañero Horacio Peralta, también de Actores. Y a Hebe no la veo en la ESMA. Sí veo a Horacio y él me dice que Hebe está secuestrada. A ella la vuelvo a ver muchos años después porque las dos fuimos citadas en un juicio; ella me contó que después de la ESMA fue a la cárcel de Devoto, estuvo un par de años y después en libertad.” “¿Supo la profesión de Horacio Peralta?”, le preguntaron. “Era titiritero, trabajaba como actor.” La lista siguió.
Fuente:Pagina12
09 05 2013
TESTIMONIOS
Día 50. Un sobreviviente de la ESMA denunció que un ex funcionario judicial participaba en los interrogatorios
La acusación de Miguel Ángel Lauletta pesa sobre Gonzalo Dalmacio Torres de Tolosa, abogado imputado en la causa, quien por entonces era secretario del Juzgado de Instrucción Nº 9. Torres de Tolosa está siendo juzgado por los casos de más de 500 víctimas de delitos de lesa humanidad, entre ellos los vuelos de la muerte.
El caso de Miguel Ángel Lauletta (caso nro. 98)
El fiscal de instrucción de la causa, Eduardo Taiano, señaló lo siguiente en el pedido de elevación a juicio: “Miguel Ángel Lauletta, apodado `Caín`, fue privado ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 14 de octubre de 1976 a las 10:00 horas por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 fuertemente armados y vestidos de civil, entre quienes se hallaban Whamond, Weber, Linares, `Dante` García Velasco y Savio, en la casa del matrimonio Jerónimo D´Acosta y Patricia Hall, sita en el Pasaje Yapeyú y México de la ciudad de Buenos Aires, donde también secuestraron todo el material del Servicio de Documentación de la Organización `Montoneros` de esa época, que pertenecía al área de Logística. Allí fue esposado con las manos a la espalda, arrojado sobre una cama y golpeado mientras lo interrogaban. Posteriormente, fue encapuchado, esposado e introducido en un automóvil Ford Falcon en el que se encontraba Lauyra Di Domenico. Fue conducido a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció clandestinamente detenido bajo condiciones inhumanas de vida (sometido a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar). Asimismo, al llegar a la E.S.M.A. escuchó cómo torturaban a otros detenidos y le asignaron el número `537`. A continuación Jorge Acosta le dijo que ellos eran occidentales y cristianos, lo encapucharon y lo sentaron en un banquito con la espalda contra la pared. Durante su cautiverio, también fue obligado a realizar trabajos para sus captores, sin recibir remuneración alguna, tales como la falsificación de distintos documentos. Miguel Ángel Lauletta fue liberado el 30 de marzo de 1979 y, luego de veinte días, lo volvieron a privar ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, por espacio de un mes. Recibió visitas de control en su domicilio hasta el mes de enero de 1984, teniendo durante 1979 una periodicidad no mayor a diez días”.
El testimonio de Lauletta
En el marco de las reglas de Casación para abreviar los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad, el ex detenido-desaparecido en la ESMA fue citado para ampliar su declaración testimonial. Por lo tanto, las declaraciones anteriores son incorporadas a la causa, sin que el testigo deba repetirlas, con el objetivo de evitar la revictimización del sobreviviente.
Miguel Ángel contó que en “el trayecto de mi traslado a la ESMA había otra persona en mis mismas condiciones. Laura Di Doménico estaba con grilletes, me cuenta que la traen de Santa Fe. En el coche también estaba Whamond”. Lauletta declaró que fue ese represor quien “entra y les dice: `no le peguen`. Me dice: `vos sos Caín`, que era mi nombre de guerra”.
Dado que Lauletta fue sometido al trabajo esclavo, pudo ver algunas a personas y algunas cosas, por eso la fiscalía y las querellas le pidieron precisiones, dado que casi todos los ojos en la ESMA estaban tapados, con excepción de los mismos verdugos y de quienes no tenían la capucha puesta permanentemente porque eran obligados a realizar tareas.
Un sobreviviente-testigo: lo que vio en la ESMA
Acerca de Gerónimo Américo Da Costa (caso nro. 761), Lauletta sostuvo que “lo secuestran el mismo día que a mí. A su esposa Patricia Hall (caso 762) por la tarde y la traen también a la ESMA. De allí no los volví a ver más”. En el pedido de elevación a juicio, el fiscal Taiano señaló que cuando secuestraron a Gerónimo “también secuestraron todo el material del Servicio de Documentación de la Organización `Montoneros` de esa época, que pertenecía al área de Logística”. Da Costa y Hall siguen desaparecidos.
“537”: el intento de borrar la identidad en la ESMA
Sobre ellos, Lauletta dijo que “eran los que nos recibían en la ESMA. El primero que conocí me puso las cosas en una bolsa y me dio el número 537. Un día, uno de los Pedros me dijo: `qué cagada te mandaste, te van a trasladar`. Yo pensaba que me mandarían a una cárcel, me alegré, pero subieron una semana a Capucha y nada más”.
Luego contó que “había aprendido cómo hacer un agujerito con la lapicera en la capucha. Vi cuerpos en las camillas, a una chica que la habían herido, en el pasillo estaba la chica Gordillo (María Marcela, caso nro. 112), de Montoneros, esposa de César Vega, que llegó muerta a la ESMA, dicen que tomó la pastilla de cianuro”.
Los vuelos de la muerte
Miguel Ángel Lauletta habló sobre los “traslados”: “se decía que los hacían en camiones hasta el Aeroparque Jorge Newbery. Tincho, un muchacho que por algún motivo lo regresaron, contó eso. Vi a personas desnudas y vomitadas que las subían a Capucha”.
Luego relató que además de los “traslados” para los vuelos de la muerte, se hacían otros entre los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio: “trasladaban detenidos (desaparecidos) de un campo a otro. A Daniel Lastra (caso 231) lo trasladaron a Bahía Blanca, a Quique y Alejandro los llevaron al Atlético y los regresaron nuevamente a la ESMA. A mí me llevaron a Uruguay. Estuve ahí cuatros días en una especie de cárcel, después me trajeron (a la ESMA)”.
El trabajo esclavo en la ESMA
Lauletta declaró que “se me exigió realizar microfilmaciones. A (Gonzalo Dalmacio) Torres de Tolosa y (Rubén Jacinto) Chamorro se les pide que filmen a todos los que pasaron por la ESMA. La pieza de la oficina de documentación donde falsificaban los documentos, además de filmar servía para interrogatorios a los detenidos (desaparecidos), donde Torres de Tolosa (imputado) también participaba”.
Asimismo, el sobreviviente sostuvo que “existía una relación entre el Servicio de Inteligencia Naval (SIN) y el Grupo de Tareas de la ESMA. El SIN tenía un espacio físico ahí llamado Capuchita, donde llevaban a los detenidos (desaparecidos)”.
“En la ESMA había mano de obra esclava: se hacían libros, dossiers, proyecciones con diapositivas, entre otras cosas. Se falsificaban documentos para justificar gastos y otros de identidad. Los militares viajaban con documentos falsos”, sostuvo Lauletta, y agregó que “fui obligado por el Grupo de Tareas a confeccionar documentos falsos a Whamond, Alemann, Acosta y Rolón, pero no supe para qué fueron utilizados. Para Alfredo Astiz sí supe: fue para que se infiltre en las organizaciones de derechos humanos y que terminó con el secuestro de las personas de la Iglesia de la Santa Cruz”.
Los médicos de la ESMA
Lauletta identificó a dos de ellos, imputados en la causa: “entre los médicos de la ESMA estuvo `El Cordobés” Martínez Pizarro, quien estaba siempre en la enfermería. El médico que dirigía a todos era Magnacco, quien venía más para el tema de los partos (de los niños nacidos en cautiverio)”.
Acerca del entonces Prefecto Héctor Febres, Lauletta dijo que era quien “salía a comprar el ajuar para los chicos”. Entre las detenidas-desaparecidas embarazadas, nombró a Marta Álvarez, Ana Rubel, Alicia Elena Alfonsín de Cabandié y a María Hilda Pérez de Donda.
Un embajador desaparecido en la ESMA
En su declaración de hoy, Lauletta relató que vio al entonces embajador argentino en Venezuela, Héctor Hidalgo Solá: “vi cuando trajeron al embajador Hidalgo Solá. Entró un hombre bien vestido, de traje. Creíamos que `los Verdes` bromeaban cuando ordenaron no darle agua. Nos dijeron que no habláramos con él y al otro día apareció muerto”.
Los delitos sexuales en la ESMA
El ex detenido-desaparecido declaró que “tuve conocimiento de abusos sexuales. Graciela García (caso nro. 101) fue elegida por el Tigre Acosta para tener relaciones sexuales con él. Laura Di Doménico me dijo que Whamond quería tener relaciones sexuales con ella y no quería. Le dije: `acá no tenés mucha posibilidad de elegir`. Veo que ella eligió no estar con él, por eso hoy no está”.
Discusión en la Sala
El juez Leopoldo Bruglia le pidió al abogado defensor Guillermo Fanego que evitara realizar preguntas que apunten a la revictimización del sobreviviente. La respuesta de la defensa fue el pedido de suspensión de la audiencia y solicitó la recusación del juez.
Fin del testimonio
Tras el cuarto intermedio, terminó la declaración testimonial de Lauletta, quien dijo: “siento que con esto no solamente estamos avanzando sustancialmente en la búsqueda de la verdad, que había quedado enterrada por las leyes de impunidad y que acobijó a los imputados, sino que hoy se están sometiendo a juicio mediante el debido proceso”.
Ana María Deus dio testimonio por el caso de su compañero Luis Alberto Villella, quien tenía 28 años y militaba en la Juventud Peronista cuando fue víctima de la desaparición forzada en la ESMA. Su caso está vinculado con los de otros compañeros, como Adolfo Vicente Infante Allende y Mario Galli. Este último y Luis habían sido integrantes de la Marina, por lo que “hubo un ensañamiento” especial con ambos. Galli fue de la misma camada del imputado Astiz. Sin embargo, ambos tenían ideas muy distintas sobre lo que debía ser el papel de las Fuerzas Armadas en el país. Mario Galli integró la organización Montoneros y fue secuestrado con su familia. Todos continúan desaparecidos, excepto Marianela, la hija, quien tenía un año y medio de edad y fue devuelta a su familia.
La familia Galli fue secuestrada un día antes que Luis y Adolfo. Estos últimos eran integrantes de la Agencia ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), liderada por Rodolfo Walsh.
El caso de Luis Alberto Villella (nro. 315)
“Luis Alberto Villella fue privado ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 13 de junio de 1977 en horas de la tarde, posiblemente en la Autopista Panamericana, en las inmediaciones del Partido de Vicente López, Provincia de Buenos Aires, por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 armados que se movilizaban en un vehículo. Posteriormente, fue trasladado a la E.S.M.A., donde permaneció clandestinamente detenido y fue atormentado mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida (bajo las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar). Habría sido llevado junto con Adolfo Infante en un `traslado` masivo, el 6 ó 7 de julio de ese año. Hasta el momento, permanece desaparecido”, señaló el fiscal Eduardo Taiano en el pedido de elevación a juicio.
Por su parte, “Adolfo Vicente Infante Allende (caso mro. 314), colaborador de la Agencia de Noticias Clandestinas a quien apodaban `Fito`, fue privado ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 13 de junio de 1977 a la noche, junto con su esposa Gloria Kehoe (caso nro. 313), en su domicilio sito en la calle Sucre nro. 2212, piso 8vo. de esta ciudad, por un grupo integrado por al menos siete personas vestidas de civil y armadas, que se movilizaban en un automóvil Chevrolet 400 y alegaron pertenecer a las Fuerzas de seguridad. Asimismo, fue víctima del robo de distintos objetos de valor que se encontraban en su domicilio, los que fueron trasladados en un vehículo marca Pick Up o camioneta tipo furgón de color blanco marca Dodge o Fargo, y en un Ford Falcon color verde. La víctima habría sido conducida a una casa perteneciente al Servicio de Informaciones Navales y, luego, fue trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde se la mantuvo clandestinamente detenida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida (sometida a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar), agravadas por la circunstancia de que su esposa también se encontraba detenida en ese centro clandestino bajo las mismas deplorables condiciones. Asimismo, fue fuertemente atormentado en `Capuchita` mediante la aplicación de descargas de corriente eléctrica y golpes, participando en tales tormentos, entre otros, Francisco Lucio Rioja, D´Imperio y García Velasco. Durante su cautiverio, Infante Allende fue obligado a realizar tareas a favor de sus captores, sin recibir remuneración alguna a cambio.
Adolfo Vicente Infante Allende fue llevado junto con Luis Villella en un `traslado` masivo el 6 ó 7 de julio de 1977. Aún permanece desaparecido”.
El testimonio de Ana María Deus
Ana María contó que “la primera pista que tengo de Luis es de su padre, quien era comisario de la (Policía) Federal, Vicente Villella, quien recibió un llamado anónimo en el que le dijeron que a su hijo lo tenían en la ESMA. Fue a buscarlo y el guardia de la entrada le dijo que estuvo, pero que ya no estaba. Su padre hizo todas las gestiones, presentó hábeas corpus, fue al Ministerio del Interior, pero no tuvo ninguna respuesta.
Luego, la testigo sostuvo que “ante toda esta situación, me refugié en Brasil, ahí tuve a mi hija. A los seis meses de su nacimiento, me fui a Francia, donde me dieron asilo político. Lila Pastoriza, desde México, me mandó a decir que lo había visto a Luis junto a Infante en la ESMA en 1979. Después me vi con ella, en estos últimos años y me dijo que fue trasladado entre junio y agosto del mismo año”.
El “traslado”, tal como se señaló en oportunidades anteriores, era la denominación de los represores para los vuelos de la muerte.
Próxima audiencia
El juicio continuará el lunes 13 de mayo desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:MegacuasaEsma
El fiscal de instrucción de la causa, Eduardo Taiano, señaló lo siguiente en el pedido de elevación a juicio: “Miguel Ángel Lauletta, apodado `Caín`, fue privado ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 14 de octubre de 1976 a las 10:00 horas por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 fuertemente armados y vestidos de civil, entre quienes se hallaban Whamond, Weber, Linares, `Dante` García Velasco y Savio, en la casa del matrimonio Jerónimo D´Acosta y Patricia Hall, sita en el Pasaje Yapeyú y México de la ciudad de Buenos Aires, donde también secuestraron todo el material del Servicio de Documentación de la Organización `Montoneros` de esa época, que pertenecía al área de Logística. Allí fue esposado con las manos a la espalda, arrojado sobre una cama y golpeado mientras lo interrogaban. Posteriormente, fue encapuchado, esposado e introducido en un automóvil Ford Falcon en el que se encontraba Lauyra Di Domenico. Fue conducido a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde permaneció clandestinamente detenido bajo condiciones inhumanas de vida (sometido a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar). Asimismo, al llegar a la E.S.M.A. escuchó cómo torturaban a otros detenidos y le asignaron el número `537`. A continuación Jorge Acosta le dijo que ellos eran occidentales y cristianos, lo encapucharon y lo sentaron en un banquito con la espalda contra la pared. Durante su cautiverio, también fue obligado a realizar trabajos para sus captores, sin recibir remuneración alguna, tales como la falsificación de distintos documentos. Miguel Ángel Lauletta fue liberado el 30 de marzo de 1979 y, luego de veinte días, lo volvieron a privar ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, por espacio de un mes. Recibió visitas de control en su domicilio hasta el mes de enero de 1984, teniendo durante 1979 una periodicidad no mayor a diez días”.
El testimonio de Lauletta
En el marco de las reglas de Casación para abreviar los procesos judiciales por delitos de lesa humanidad, el ex detenido-desaparecido en la ESMA fue citado para ampliar su declaración testimonial. Por lo tanto, las declaraciones anteriores son incorporadas a la causa, sin que el testigo deba repetirlas, con el objetivo de evitar la revictimización del sobreviviente.
Miguel Ángel contó que en “el trayecto de mi traslado a la ESMA había otra persona en mis mismas condiciones. Laura Di Doménico estaba con grilletes, me cuenta que la traen de Santa Fe. En el coche también estaba Whamond”. Lauletta declaró que fue ese represor quien “entra y les dice: `no le peguen`. Me dice: `vos sos Caín`, que era mi nombre de guerra”.
Dado que Lauletta fue sometido al trabajo esclavo, pudo ver algunas a personas y algunas cosas, por eso la fiscalía y las querellas le pidieron precisiones, dado que casi todos los ojos en la ESMA estaban tapados, con excepción de los mismos verdugos y de quienes no tenían la capucha puesta permanentemente porque eran obligados a realizar tareas.
Un sobreviviente-testigo: lo que vio en la ESMA
Acerca de Gerónimo Américo Da Costa (caso nro. 761), Lauletta sostuvo que “lo secuestran el mismo día que a mí. A su esposa Patricia Hall (caso 762) por la tarde y la traen también a la ESMA. De allí no los volví a ver más”. En el pedido de elevación a juicio, el fiscal Taiano señaló que cuando secuestraron a Gerónimo “también secuestraron todo el material del Servicio de Documentación de la Organización `Montoneros` de esa época, que pertenecía al área de Logística”. Da Costa y Hall siguen desaparecidos.
“537”: el intento de borrar la identidad en la ESMA
Sobre ellos, Lauletta dijo que “eran los que nos recibían en la ESMA. El primero que conocí me puso las cosas en una bolsa y me dio el número 537. Un día, uno de los Pedros me dijo: `qué cagada te mandaste, te van a trasladar`. Yo pensaba que me mandarían a una cárcel, me alegré, pero subieron una semana a Capucha y nada más”.
Luego contó que “había aprendido cómo hacer un agujerito con la lapicera en la capucha. Vi cuerpos en las camillas, a una chica que la habían herido, en el pasillo estaba la chica Gordillo (María Marcela, caso nro. 112), de Montoneros, esposa de César Vega, que llegó muerta a la ESMA, dicen que tomó la pastilla de cianuro”.
Los vuelos de la muerte
Miguel Ángel Lauletta habló sobre los “traslados”: “se decía que los hacían en camiones hasta el Aeroparque Jorge Newbery. Tincho, un muchacho que por algún motivo lo regresaron, contó eso. Vi a personas desnudas y vomitadas que las subían a Capucha”.
Luego relató que además de los “traslados” para los vuelos de la muerte, se hacían otros entre los centros clandestinos de detención, tortura y exterminio: “trasladaban detenidos (desaparecidos) de un campo a otro. A Daniel Lastra (caso 231) lo trasladaron a Bahía Blanca, a Quique y Alejandro los llevaron al Atlético y los regresaron nuevamente a la ESMA. A mí me llevaron a Uruguay. Estuve ahí cuatros días en una especie de cárcel, después me trajeron (a la ESMA)”.
El trabajo esclavo en la ESMA
Lauletta declaró que “se me exigió realizar microfilmaciones. A (Gonzalo Dalmacio) Torres de Tolosa y (Rubén Jacinto) Chamorro se les pide que filmen a todos los que pasaron por la ESMA. La pieza de la oficina de documentación donde falsificaban los documentos, además de filmar servía para interrogatorios a los detenidos (desaparecidos), donde Torres de Tolosa (imputado) también participaba”.
Asimismo, el sobreviviente sostuvo que “existía una relación entre el Servicio de Inteligencia Naval (SIN) y el Grupo de Tareas de la ESMA. El SIN tenía un espacio físico ahí llamado Capuchita, donde llevaban a los detenidos (desaparecidos)”.
“En la ESMA había mano de obra esclava: se hacían libros, dossiers, proyecciones con diapositivas, entre otras cosas. Se falsificaban documentos para justificar gastos y otros de identidad. Los militares viajaban con documentos falsos”, sostuvo Lauletta, y agregó que “fui obligado por el Grupo de Tareas a confeccionar documentos falsos a Whamond, Alemann, Acosta y Rolón, pero no supe para qué fueron utilizados. Para Alfredo Astiz sí supe: fue para que se infiltre en las organizaciones de derechos humanos y que terminó con el secuestro de las personas de la Iglesia de la Santa Cruz”.
Los médicos de la ESMA
Lauletta identificó a dos de ellos, imputados en la causa: “entre los médicos de la ESMA estuvo `El Cordobés” Martínez Pizarro, quien estaba siempre en la enfermería. El médico que dirigía a todos era Magnacco, quien venía más para el tema de los partos (de los niños nacidos en cautiverio)”.
Acerca del entonces Prefecto Héctor Febres, Lauletta dijo que era quien “salía a comprar el ajuar para los chicos”. Entre las detenidas-desaparecidas embarazadas, nombró a Marta Álvarez, Ana Rubel, Alicia Elena Alfonsín de Cabandié y a María Hilda Pérez de Donda.
Un embajador desaparecido en la ESMA
En su declaración de hoy, Lauletta relató que vio al entonces embajador argentino en Venezuela, Héctor Hidalgo Solá: “vi cuando trajeron al embajador Hidalgo Solá. Entró un hombre bien vestido, de traje. Creíamos que `los Verdes` bromeaban cuando ordenaron no darle agua. Nos dijeron que no habláramos con él y al otro día apareció muerto”.
Los delitos sexuales en la ESMA
El ex detenido-desaparecido declaró que “tuve conocimiento de abusos sexuales. Graciela García (caso nro. 101) fue elegida por el Tigre Acosta para tener relaciones sexuales con él. Laura Di Doménico me dijo que Whamond quería tener relaciones sexuales con ella y no quería. Le dije: `acá no tenés mucha posibilidad de elegir`. Veo que ella eligió no estar con él, por eso hoy no está”.
Discusión en la Sala
El juez Leopoldo Bruglia le pidió al abogado defensor Guillermo Fanego que evitara realizar preguntas que apunten a la revictimización del sobreviviente. La respuesta de la defensa fue el pedido de suspensión de la audiencia y solicitó la recusación del juez.
Fin del testimonio
Tras el cuarto intermedio, terminó la declaración testimonial de Lauletta, quien dijo: “siento que con esto no solamente estamos avanzando sustancialmente en la búsqueda de la verdad, que había quedado enterrada por las leyes de impunidad y que acobijó a los imputados, sino que hoy se están sometiendo a juicio mediante el debido proceso”.
Ana María Deus dio testimonio por el caso de su compañero Luis Alberto Villella, quien tenía 28 años y militaba en la Juventud Peronista cuando fue víctima de la desaparición forzada en la ESMA. Su caso está vinculado con los de otros compañeros, como Adolfo Vicente Infante Allende y Mario Galli. Este último y Luis habían sido integrantes de la Marina, por lo que “hubo un ensañamiento” especial con ambos. Galli fue de la misma camada del imputado Astiz. Sin embargo, ambos tenían ideas muy distintas sobre lo que debía ser el papel de las Fuerzas Armadas en el país. Mario Galli integró la organización Montoneros y fue secuestrado con su familia. Todos continúan desaparecidos, excepto Marianela, la hija, quien tenía un año y medio de edad y fue devuelta a su familia.
La familia Galli fue secuestrada un día antes que Luis y Adolfo. Estos últimos eran integrantes de la Agencia ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), liderada por Rodolfo Walsh.
El caso de Luis Alberto Villella (nro. 315)
“Luis Alberto Villella fue privado ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de sus funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 13 de junio de 1977 en horas de la tarde, posiblemente en la Autopista Panamericana, en las inmediaciones del Partido de Vicente López, Provincia de Buenos Aires, por integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 armados que se movilizaban en un vehículo. Posteriormente, fue trasladado a la E.S.M.A., donde permaneció clandestinamente detenido y fue atormentado mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida (bajo las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar). Habría sido llevado junto con Adolfo Infante en un `traslado` masivo, el 6 ó 7 de julio de ese año. Hasta el momento, permanece desaparecido”, señaló el fiscal Eduardo Taiano en el pedido de elevación a juicio.
Por su parte, “Adolfo Vicente Infante Allende (caso mro. 314), colaborador de la Agencia de Noticias Clandestinas a quien apodaban `Fito`, fue privado ilegítimamente de su libertad con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley, el día 13 de junio de 1977 a la noche, junto con su esposa Gloria Kehoe (caso nro. 313), en su domicilio sito en la calle Sucre nro. 2212, piso 8vo. de esta ciudad, por un grupo integrado por al menos siete personas vestidas de civil y armadas, que se movilizaban en un automóvil Chevrolet 400 y alegaron pertenecer a las Fuerzas de seguridad. Asimismo, fue víctima del robo de distintos objetos de valor que se encontraban en su domicilio, los que fueron trasladados en un vehículo marca Pick Up o camioneta tipo furgón de color blanco marca Dodge o Fargo, y en un Ford Falcon color verde. La víctima habría sido conducida a una casa perteneciente al Servicio de Informaciones Navales y, luego, fue trasladada a la Escuela de Mecánica de la Armada, donde se la mantuvo clandestinamente detenida y fue atormentada mediante la imposición de condiciones inhumanas de vida (sometida a las paupérrimas condiciones generales de alimentación, higiene y alojamiento que existían en el lugar), agravadas por la circunstancia de que su esposa también se encontraba detenida en ese centro clandestino bajo las mismas deplorables condiciones. Asimismo, fue fuertemente atormentado en `Capuchita` mediante la aplicación de descargas de corriente eléctrica y golpes, participando en tales tormentos, entre otros, Francisco Lucio Rioja, D´Imperio y García Velasco. Durante su cautiverio, Infante Allende fue obligado a realizar tareas a favor de sus captores, sin recibir remuneración alguna a cambio.
Adolfo Vicente Infante Allende fue llevado junto con Luis Villella en un `traslado` masivo el 6 ó 7 de julio de 1977. Aún permanece desaparecido”.
El testimonio de Ana María Deus
Ana María contó que “la primera pista que tengo de Luis es de su padre, quien era comisario de la (Policía) Federal, Vicente Villella, quien recibió un llamado anónimo en el que le dijeron que a su hijo lo tenían en la ESMA. Fue a buscarlo y el guardia de la entrada le dijo que estuvo, pero que ya no estaba. Su padre hizo todas las gestiones, presentó hábeas corpus, fue al Ministerio del Interior, pero no tuvo ninguna respuesta.
Luego, la testigo sostuvo que “ante toda esta situación, me refugié en Brasil, ahí tuve a mi hija. A los seis meses de su nacimiento, me fui a Francia, donde me dieron asilo político. Lila Pastoriza, desde México, me mandó a decir que lo había visto a Luis junto a Infante en la ESMA en 1979. Después me vi con ella, en estos últimos años y me dijo que fue trasladado entre junio y agosto del mismo año”.
El “traslado”, tal como se señaló en oportunidades anteriores, era la denominación de los represores para los vuelos de la muerte.
Próxima audiencia
El juicio continuará el lunes 13 de mayo desde las 10:00 horas con más declaraciones testimoniales.
Fuente:MegacuasaEsma

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