La mordaza del olvido
La historia de la resistencia a la dictadura militar tiene en el periódico judío “Nueva Presencia” un capítulo en general silenciado. Herman Schiller, su director, marcó una línea de denuncia que fue irrenunciable.
En acción. Marcha de Madres de Plaza de Mayo encabezada por una bandera del Movimiento Judío por los DDHH.
Por Hernán Dobry
Los desaparecidos fueron un tema tabú, y hasta podría decirse prohibido, para la mayoría de los medios masivos de comunicación durante la última dictadura militar (1976-1983) en la Argentina, al punto de que callaron ante el drama que vivían miles de familias y recién se subieron al tren de los derechos humanos cuando las Fuerzas Armadas ya estaban en retirada. La sociedad actuó de una manera similar.
Hemos vivido años de salvajismo y barbarie porque todo el mundo vivía con el undécimo mandamiento, que es el que dice: “Argentino, no te metás y quedate piola en el molde”, afirma el rabino Marshall Meyer, uno de los fervientes luchadores contra la represión que se vivió en el país en esos años.
Algunos medios fueron la excepción que confirma la regla, a pesar de la autocensura y el temor que circulaba en las redacciones. Los diarios Buenos Aires Herald, principalmente, y La Prensa, con algunas columnas de Manfred Schoenfeld y otros artículos, son los únicos que merecen ser reconocidos por haberse animado a quebrar el silencio que reinaba en esos días.
Pero la amnesia, el olvido, la ignorancia o la visión sesgada de lo que ocurrió durante la última dictadura militar dejaron fuera de la historia a uno de los más fervientes defensores de los derechos humanos de esos años: Nueva Presencia. El periódico judío, dirigido por Herman Schiller, fue uno de los medios que más apoyó la lucha de los familiares de desaparecidos, hasta el punto de poner fotos de las Madres de Plaza de Mayo en su portada, y cubrir y participar de sus huelgas de hambre y protestas cuando nadie lo hacía.
Habló cuando la mayoría callaba y se opuso a los diferentes mantos de olvido que la dictadura intentó tender sobre el tema en los últimos años antes de la retirada del poder: la Ley de Autoamnistía, el Documento Final de la Junta Militar sobre la Guerra contra la Subversión y el Terrorismo y la guerra de Malvinas.
Lo paradójico es que las referencias sobre la actuación de Nueva Presencia han sido omitidas sin una explicación válida tanto en los libros que repasan la historia de la prensa gráfica en la Argentina como en los que analizan el desempeño de los diarios y revistas durante el último gobierno militar.
Así, tanto el periódico como Schiller se han convertido en los primeros desaparecidos del “relato” sobre el rol de los medios de comunicación durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, algo similar a lo que le ocurrió a su colega Jorge Lanata en mayo de 2012 cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner omitió nombrarlo durante la celebración de los 25 años del diario Página/12, que él mismo había fundado.
Este “olvido” resulta por demás llamativo dado que se ha reiterado en la mayoría de los trabajos de los distintos periodistas y académicos que han estudiado la época y publicado libros y ensayos, a pesar de que conocen a la perfección no sólo a Nueva Presencia, sino también el desempeño que tuvo su director en materia de derechos humanos durante la dictadura y en los años posteriores.
Una omisión de esta magnitud sólo podría llegar a entenderse si los investigadores lo hicieron porque consideraron que se trataba de un periódico de nicho o apuntado específicamente a una comunidad (a pesar de que contaba con un grueso número de lectores no judíos que buscaban en sus páginas lo que lo que no encontraban en otras publicaciones). Este argumento se choca con una contradicción: todos los libros y ensayos remarcan la actuación en esos años del Buenos Aires Herald, que era un diario de características similares a Nueva Presencia, y que apuntaba sólo a lectores de habla inglesa, algo que en la época incluía a un pequeño sector de argentinos.
A esta omisión se le suma la postura de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, que suele atacar en sus discursos a medios como La Nación, Perfil y Clarín por su rol durante la última dictadura militar, pero nunca han resaltado la labor llevada adelante por Schiller en defensa de los derechos humanos. Quizás esto tenga que ver con que el periodista se mostró crítico con la gestión del ex mandatario, lo que le valió que la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, lo echara en 2007 de su cátedra de Historia del Movimiento Obrero que dictaba en su universidad. No se podía ser neutral. Hebe impuso que, quien no reivindicara al kirchnerismo, estaba en contra de la entidad –afirma Schiller–. La verdad que me sorprendió que me echara por ser independiente y criticar a Néstor Kirchner.
Ni siquiera el gobierno militar había osado hacer algo así con el director de Nueva Presencia, a pesar de que fue amenazado en varias oportunidades. Incluso, el periódico recibió dos atentados con bombas que explotaron en los talleres en los que se imprimía en 1981 y, sin embargo, continuó con su tarea sin bajar el tono de las críticas contra el régimen. Para eso debió afrontar un problema impensado: ninguna imprenta quería realizar este trabajo debido a que temían acabar de la misma forma. Ni siquiera el Buenos Aires Herald, que cumplía un rol similar en lo que respecta a las denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos, aceptó el reto porque adujo que eran de izquierda.
Schiller y los suyos debieron jugarse su última ficha y consultar a la revista Esquiú, vinculada a la Iglesia Católica. Para su sorpresa, aceptaron el trabajo y, así, Nueva Presencia pudo continuar saliendo sin interrupciones.
Pese a esto, la mayoría de los estudios sobre la historia de la comunidad judía en la Argentina también han sometido al olvido al periódico, aunque podría tener su fundamento en los encontronazos que tuvo Schiller con las distintas comisiones directivas de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) antes y después de la dictadura, especialmente luego de que creó el Movimiento Judío por los Derechos Humanos (MJDH), junto al rabino Marshall Meyer, en 1983.
Nueva Presencia fue un diario que incomodó tanto a la dirigencia como a sus propios lectores, que no siempre coincidían con la óptica que tenían sus artículos, en especial en lo que respecta al tratamiento que le daba a las noticias sobre Israel, donde se atacaba a la administración del primer ministro Menajem Beguin y se dejaba entrever un apoyo a la causa palestina.
Fuente:DiarioUno
No hay comentarios:
Publicar un comentario