Rosario. La violencia se cobró la vida de otro chico
Vivir y morir en Ludueña
Por Silvina Tamous
Vivir y morir en Ludueña
Por Silvina Tamous
Una semana atrás, otro joven fue asesinado por un policía en un supuesto enfrentamiento; los testigos dicen que lo fusilaron. El cura Montaldo pidió reflexión: “Todas las semanas nos matan un pibe”. Allí trabajó Pocho Lepratti, el ángel de la bicicleta, asesinado en 2001.
La muerte en Rosario trepa a niveles nunca antes vistos. Los números ya excedieron los 200 homicidios en lo que va del año, y la mayoría de ellos se producen en la periferia, mientras los tildan de ajustes de cuentas o de peleas entre bandas narcos. Pero no es así. Hay muertes que no pueden explicarse con ninguno de esos argumentos, como la de Gabriel Aguirre, un pibe de 13 años que la semana pasada fue velado en la escuela a la que asistía. Era músico, estudiante, tenía sueños, ganas. Pero en un arrebato de violencia de un grupo de pibes, también de Ludueña, fue asesinado a balazos. El hecho no causó demasiado revuelo. Se mantuvo un escaso día en los medios de comunicación y no mereció grandes declaraciones de funcionarios. Un hecho grave, que hubiese dado mucho más que hablar si el velorio se hubiese celebrado en una escuela del centro y no en la zona de Ludueña.
Allí, los graffitis se multiplican. Y en las paredes el nombre de Gaby es lo que predomina, como si fuera el espacio en el que el nombre del pibe no se va a borrar tan fácil, donde cada día se pelea con fuerza por ganar la batalla que el abandono y la pobreza provocan en la periferia de la ciudad.
El clásico entre Central y Newell’s se jugaba en la ciudad con un multitudinario operativo que incluía unos 2.000 policías. Garantizar la seguridad del partido de fútbol es un hecho que en cada evento pone a prueba al sistema, ya que son episodios que provocan violencia y que más de una vez terminan en muertes. De hecho fue un clásico el que hace dos años se llevó puesto al ministro de Seguridad Leandro Corti, que pretendía que el mismo se disputara sin público visitante. Y en más de una oportunidad este tipo de partidos terminan con la vida de algún hincha en peleas entre las denominadas barras bravas de ambos equipos. La seguridad en el centro estaba garantizada. En la periferia terminó con la vida de Gabriel Aguirre en el golpeado barrio Ludueña.
Gabriel era de Boca, pero ese día, con la camiseta de NOB, se encontraba junto a sus amigos en la esquina de Junín y Camilo Aldao. Cerca de las 19, otros chicos con remeras de Central comenzaron con una provocación que nadie imaginaba terminaría en tragedia. Es que desde el otro grupo desenfundaron armas y los jóvenes con camiseta leprosa corrieron para evitar que las balas los alcanzaran. Corrieron dos cuadras, pero cuando doblaron por un pasillo de Camilo Aldao, sonaron los disparos. Unos cinco impactaron en el frente de una casa. Otros tres en el cuerpo del adolescente que murió en el acto. En el lugar fueron incautadas cuatro vainas calibre 9 milímetros.
El criminólogo Enrique Font explicaba que estos casos se enmarcan dentro de la llamada violencia horizontal. “Pibes que construyen su identidad a veces en bandas y a veces a la junta. Son pibes que construyen vínculos en el barrio que a veces tienen que ver con salir a escruchar, con salir a robar, a andar a los tiros entre sí. A veces también con trabajar, pibes que salen y entran del mercado de trabajo. Algunos se han profesionalizado, pegan el salto y hacen robos más grandes, o se largan en la más jodida que es la mejicaneada o generar tensión para sacarle protección a algún punto de venta y ahí vienen los conflictos. Hay mucho más de esos homicidios, pibes que te dicen que ya no saben ni de dónde viene la bronca. Estamos trabajando mucho eso para destruir el mito de que todos son narcos, y segundo para destruir el término de la marginalidad. Son pibes incluidos y vomitados a la hora de acceder al mercado de trabajo. Hay un fenómeno que potencia la violencia y no está vinculado a la narcocriminalidad que es el fácil acceso a las armas. Cuando antes se arreglaba con un 22, hoy tiene una 9 milímetros con munición original, y cuando se la pegan, matan”, destacó Font.
De esa proliferación de armas también da cuenta el padre Edgardo Montaldo, que desde varias décadas trabaja en Ludueña, en donde fue velado Gabriel. Es que en la escuela orquesta Luisa Mora de Olguín, donde Gabriel cursaba el último año de la primaria, también velaron sus restos.
El padre Montaldo recordó a Gabriel como un soñador. “Soñaba con el viaje de séptimo grado. Hacía proyectos. “En un país tan rico en bienes y en personas no puede ser que nuestros niños y adolescentes estén pasando lo que están pasando”, agregó.
“Estamos inventando todos los días una cosa nueva para defendernos de ellos, como pedidos de seguridad por miedo a robos o a que nos maten. Pero ellos también son víctimas y están siendo usados”, dijo Montaldo, que apuntó a los verdaderos paladines de la droga y pidió una reflexión colectiva para ver qué está sucediendo que no hay semana que no se tenga que lamentar la muerte de un joven. Y destacó que “todas las semanas nos matan a un pibe”.
Ludueña es el barrio del Pocho Lepratti. Ahí trabajó durante años tratando de evitar quizá la muerte prematura de tantos jóvenes. Allí mataron a Gabriel Aguirre. A Brian Saucedo, de 18 años, a quien, según testigos, lo mató la policía hace poco menos de dos semanas. “Los ha bajado la policía. Los han bajado por robos, por ajustes de cuentas, por la propia violencia. Alguna vez, la muerte de un chico tiene que ser el final de algo, tiene que servir para que las cosas cambien”, manifestó Montaldo.
El relato sobre la muerte de Brian Saucedo llegó de la mano de la versión policial, dando cuenta de que el pibe había muerto en un enfrentamiento a balazos con la policía. Pero los testigos lo desmintieron. Y aseguraron que el pibe se había entregado, pero que un policía lo remató cuando estaba tirado en el piso aplicándole un balazo en la nuca y varios en la espalda. Fue en la zona de Navarro al 6000, donde Brian junto a otro joven huían tras un robo. Brian fue herido de un tiro en una pierna. La policía aseguró que hubo intercambio de disparos, pero los testigos lo desmienten y hablan de un fusilamiento. Brian, al igual que Gabriel, era parte de la orquesta de barrio Ludueña, y se había criado en la comunidad del padre Edgardo Montaldo.
Montaldo destacó que la muerte de chicos pasó a ser moneda corriente en los barrios y sostuvo que “necesitamos toda la sociedad hacer un llamado a la solidaridad por lo que está sucediendo con nuestras niñas, niños y adolescentes, es de terror, es continuo, no hay semana en la que no tengamos que lamentar algo. Entonces por qué no nos ponemos todos para ver qué hacemos”.
También reflexionó sobre el clásico. “En el partido había dos mil policías, estábamos todos contentos que no había sucedido un lío grande, y acá en un barrio perdido sin mayor comunicación con el resto de la ciudad, sucede esto con Gabi, un chico de 13 años cargado de sueños, que tenía su viaje de séptimo grado dentro de poco, tocaba la guitarra, era muy bueno”.
“Quisiera señalar una cosa, a veces hay chicos que pasan a ser víctimas y victimarios también, lamentablemente, pero el caso de Gabi, para nada, no tenía problemas con nadie, ni con sus compañeros ni nada, es víctima de estas muertes”, aclaró.
Claudia de Gottardi es la directora de la escuela a la que asistía Gabriel. “Hoy no sólo despedimos a un alumno alegre, creativo y divertido, sino también al hijo de una compañera de trabajo”. Es que Ada, la mamá del joven, es cocinera del comedor. En una breve reflexión la directora se refirió a la “deshumanización” que se vive en la “mayoría de los barrios carenciados”. En ese sentido dijo que la falta de viviendas, de agua potable y de un montón de necesidades básicas influye en que se pierdan los valores, “como el valor de la vida, por ejemplo”. También enumeró agravantes como la impunidad, los búnkers, las armas en manos de chicos y el consumo de drogas en edades cada vez más precoces. “La posibilidad de matar por matar, por marcar poder, territorio. Esto que nos parece tan loco es bastante común en los barrios vulnerables”, dijo para hablar de Gabriel, un alumno ejemplar y bueno: “Era un chico lleno de proyectos, de ilusiones, quería estudiar música”.
Escuela Orquesta. En el escenario del barrio Ludueña, muchas organizaciones sociales trabajan todos los días con los pibes para mejorar un poco la realidad y tratar de acercar oportunidades en un espacio donde los pibes no las encuentran. Allí, el emblemático trabajo del padre Montaldo, el recuerdo del Pocho Leprati son parte del paisaje en el que todos los días los chicos del barrio tratan de pelearla.
También está la Escuela Orquesta, que es un proyecto pedagógico, artístico y social que depende de la Secretaría de Cultura y Educación a través de la gestión del Área de Cultura del Distrito Noroeste. Acompañan en el proyecto la Institución Salesiana y la Fundación Allegro Argentina.
Funciona en la Escuela Nº 1027 “Luisa Mora de Olguín”, ubicada en Humberto Primo 2401. Además se dictan clases de violín, corno, trompeta y trombón en el Centro Municipal de Distrito Noroeste.
Posee 16 talleres gratuitos y 220 destinatarios directos de 3 a 16 años de edad, que estudian en contraturno escolar: violín, viola, violoncello, contrabajo, percusión, clarinete, flauta traversa, corno, trompeta, trombón, música de cámara, audioperceptiva y práctica orquestal.
Allí, en esa escuela, velaron a Gabriel la semana pasada. Un pibe que quería ser músico, crecer y tener otra vida diferente a la que encontró en una esquina bajo las irracionales balas.
Fuente:Veintitres
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