Fuerte cruce entre defensas y Fiscalía por documentos del proceso
San Luis (Pelr) 27-11-13. Ayer se realizó una nueva audiencia por el segundo juicio que se les sigue a torturadores que actuaron durante la última dictadura militar en distintas ciudades y pueblos de nuestra provincia. Se escucharon más testimonios, pero la pimienta estuvo en un fuerte cruce entre las defensas y Fiscalía, sobre si se debía dar lectura o no a las actas de allanamientos confeccionadas en la época, pues se discute sobre si son legales o no, teniendo en cuenta que dichos allanamientos fueron realizados fuera de toda actuación judicial. A punto tal llegó la discusión que, el fiscal Rachid, llegó a decir que no se trataba de allanamientos sino de “asaltos de grupos armados”.
Por la mañana declararon María Ponce de Fernández, quien fue detenida por miembros de la Policía Federal, y posteriormente lo hizo Isabel Catalina Garraza, hermana de Ana María, quien ya declaró en las primeras jornadas de este mismo juicio.
Ponce de Fernández involucró en su testimonio a policías federales como Celso Juan Ángel Borzalino, Oscar Guillermo Rosello y al comisario de la Policía Federal a cargo del CCD “Delegación de la Policía Federal de San Luis”, Ricardo Norberto De María. La testigo hizo especial hincapié en Borzalino, de quien dijo que “me dio unas palizas tremendas”. El relato fue muy duro, a punto de quebrarse, cuando señaló que Borzalino le ponía la pistola reglamentaria “en la vagina”, lo que hizo que padeciera de hemorragias intensas, a tal punto que debió ser internada en el hospital local. Asimismo mencionó que había declarado ante “un juez” supuestamente federal, pero no recordó quién había sido. En línea con testimonios anteriores y con el posterior de Isabel Garraza, señaló que en abril de 1984 se presentó en la justicia para denunciar las torturas que recibió, ante la entonces fiscal Mirtha Esley, pero que ésta jamás movió el expediente.
Garraza
A su turno, Isabel Garraza -quien se quebró en dos oportunidades obligando a sendos cuarto intermedio-, señaló que fue detenida en dos oportunidades, por ser la novia de Pedro Valentín Ledesma -desaparecido por aquellas épocas-. Que la primera vez -en septiembre de 1976- la detuvieron por cuatro o cinco días; mientras que la segunda -en octubre del mismo año- fue más amplia y llegó hasta que comenzó la democracia. En su caso, responsabilizó directamente a Carlos Esteban Plá y “el japonés” Becerra, por las torturas recibidas. Sobre Becerra, dijo que cada vez que la veía le decía “con vos está todo podrido”; mientras que respecto a Plá, señaló que fue quien la interrogó y la golpeó. En una oportunidad “me vendaron los ojos”, tras lo cual la tiraron al piso de un auto, que “por el sonido del motor, era un Torino” y que la llevaron a un lugar donde tuvieron que pasar por las vías del tren, con lo que sospecha que pudo haber sido a la Granja La Amalia. Cuando comenzó a testimoniar que la bajaron del Torino, sobrevino el primer quiebre, lo que obligó al tribunal a disponer de un cuarto intermedio para que se tranquilizara, y al volver se dispuso que Garraza estuviera asistida por una psicóloga. En la continuidad de su relato, sostuvo que vendada la sumergieron en agua, lo que le causó ahogo y que después supo que esa técnica de tortura recibe el nombre de “submarino”. Al día siguiente, estando en donde funcionaba la Jefatura Central de Policía, en San Martín y Belgrano -donde actualmente funciona el MUHSAL-, se enteró que su hermana, su padre y su madre, también habían sido detenidos. “Siempre estaban (Jorge Hugo) Velázquez -ya fallecido-, Ricarte, (Celso Juan Ángel) Borzalino, Lato y (Omar) Lucero” en los interrogatorios y que Velázquez le mostró una foto de Ledesma, donde se lo veía muy golpeado y “me dijo que él lo había torturado”. También señaló haber denunciado las torturas en 1984 ante Mirtha Esley y que la visitaron dos veces para que ratificara, pero que nunca más se hizo nada.
Impunidad
Ayer hubo un hecho que indignó a familiares de los desaparecidos y torturados, además de a los miembros de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos que cumple el rol de querellante y fue cuando por la pantalla se pudo ver, desde Buenos Aires, que Plá estaba en compañía de su mujer, la cual durante varios minutos se puso a hacerle todo tipo de mimos, sin que nadie del tribunal objetara algo que nunca se le ha permitido a procesados comunes.
Informe: Carlos Rubén Capella
carlosrcapella@yahoo.com.ar
Fuente:periodistasenlaRed
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Aparece nueva información
Ex policía habría visto cuando Pla y Becerra se llevaban a Pedro Ledesma luego de secuestrarlo
San Luis (Pelr) 27-11-13 Hasta ayer, el único testimonio que comprometía a Carlos Esteban Pla en el secuestro de Pedro Valentín Ledesma era el de su padre, Segundo Ledesma, quien relató en el juicio anterior que luego de ser liberado de la comisaría Segunda, caminaba con su hijo rumbo a su casa y fue interceptado por un 'grupo de tareas' integrado, entre otros, por Pla y Becerra. En la tarde de este martes el ex policía Elvio Horacio Sosa, que integraba la custodia del ex gobernador Elías Adre, dijo haber estado con un ex camarada de armas suyo -Luis Enriz- en 2012 en la sala de espera de un consultorio médico y que en esa circunstancia Enriz le contó que aquella noche del secuestro estaba en la seccional y cuando el padre llegó a denunciar, salieron a buscar al joven secuestrado y que vieron en un Torino a Pla y a David Becerra (en ese entonces jefe del D2) en actitud sospechosa, presumiblemente llevando a Ledesma y que luego entraron en una dependencia del Ejército.
El de Enriz, si es llamado a declarar, podría transformarse en un testimonio clave, ya que hasta ahora lo que se sabía de la desaparición de Ledesma era hasta el momento de su secuestro cuando iba con su padre camino a su casa, a pocas cuadras de la Comisaría Seccional Segunda y fueron interceptados por un 'grupo de tareas' que se llevó al muchacho.
Tras el testimonio de Elvio Horacio Sosa, Francisco Ledesma, hermano del desaparecido, dijo abrigar ahora alguna esperanza, ya que ese dato podría llevar a otros. "Si se lo llevaron al Ejército, ahí podría haberlo visto otra persona. Él tenía prórroga (en el Servicio Militar) y lo conocía mucha gente, tenía muchos amigos" que también hacían la 'Colimba' ese año y "alguien lo podría haber visto adentro", se esperanzó.
El de Elvio Horacio Sosa fue el segundo testimonio de la tarde y no fue un relato más. El hecho de haber sido policía hasta el 1° de junio de 1977, momento de su detención, le permitió brindar precisiones en torno a los nombres de quienes estaban en cada oportunidad y también dar mayor certeza sobre quienes lo sometieron a torturas o estuvieron en contacto con él durante su cautiverio.
Por ejemplo, en un momento en que relató sobre los apremios que sufrió en un lugar que entiende que se trataba de la Granja La Amalia -propiedad del Ejército- dijo que reconoció de manera indubitable la voz del oficial Luis Biagio (puede existir un error en la escritura del apellido, ya que el testimonio fue oral) "que era de dos camadas posteriores a la mía" como egresado de la Escuela de Policía. "Recuerdo patente la frase que dijo: 'Este sabe mucho y tiene mucho por decir' ", señaló refiriéndo a una frase que habría dicho su ex camarada de armas, refiriéndose a las preguntas que le hacían sobre el "Campamento de San Martín" que la organización Montoneros habría tenido en aquel departamento del norte de San Luis.
Al otro que recordó con todos los detalles fue al médico anestesista ya fallecido Moyano, que era facultativo de la Policía y luego de la primera sesión de tortura que sufrió, presuntamente en La Granja La Amalia, se acercó, le puso "una inyección en la nalga" y le dijo "Negro, con esto vas a estar bien". "Él era médico policial", resaltó.
Horas antes de esa sesión de tortura, el 1° de junio de 1977 había sido llamado a la oficina del entonces sub Jefe, el capitán Carlos Esteban Pla, quien se encontraba en ese momento con David 'El Japonés' Becerra (condenado en el juicio pasado y luego fallecido), jefe del D2, Juan Carlos Pérez, entre otros policías.
Asegura que Pla lo tomó de las solapas y le dijo: "Montonero hijo de puta, acá mueren todos ustedes" y "me dio una piña en el pecho que me hizo caer", luego de trastabillar "dos o tres metros". En el piso "me pegó unas patadas". Después "me arrancó las jinetas" profiriendo amenzas.
Posteriormente "Pérez (también condenado en el anterior y acusado en este juicio) me condujo a una oficina y me dio una birome y un papel y me dijo que escribiera mi trayectoria como Montonero".
Sosa señaló que todas las preguntas que le hicieron estuvieron orientadas a su vinculación con Anibal Torres y el campamento de San Martín, también sobre un camarada de armas y amigo suyo, Pablo Baigorria, que también fue detenido el mismo día y sobre el hermano de aquel, presuntamente de la organización Montoneros, que había sido detenido o estaba en ese momento en Mendoza. Para sacarle información lo torturaron con picana eléctrica y también hundiéndo su cuerpo en un tambor con agua, en lo que en la jerga se conoce como 'el submarino'.
Otro dato interesante que aportó Sosa, es que en el momento de su primera detención, en la madrugada del 24 de marzo de 1976, cuando él se presentó espontáneamente para entregar las armas que tenía bajo su guarda, como custodio del gobernador Adre -estaban los 47 oficiales que el mandatario había exonerado de la fuerza- que habían sido convocados para integrar los nuevos cuadros de la dictadura.
Recordó entre los nombres al Comisario General Ángel Miguel Sabino, quien le comunicó esa primera detención y luego refirió a Pérez, Becerra y a otras personas que también volvieron a la fuerza con la dictadura, como Lilo Albisu, Rafael Leyes, Jofré. Después de 72 horas y haber sido interrogado, fue reincorporado a las tareas habituales y primero fue trasladado a Villa de la Quebrada, luego al destacamento de El Chorrillo y finalmente a lo que es hoy la URI. Recién el 1° de junio de 1977 se produce su segunda detención y el posterior armado de la causa por la que lo condenan a 7 años de prisión, pero cumple solo dos, ya que sale en 1979 bajo libertad vigilada.
De su paso por la prisión recordó al detención de otras personas, como Vicente Rodríguez, conocido como Yango "que se les murió por las torturas". El armero habría sido detenido "el 2 o el 3" de junio y llevado "a la calle Lavalle" donde funcionaba una dependencia policial donde se apremiaba ilegalmente a los presos. Le habían contado que Yango "pedía que le llevaran un té, porque estaba mal" y se quejaba. Después "no se lo escuchó más y se enteraron que murió", según le habían contando otros detenidos en la Penitenciaría.
Durante su extenso testimonio, Sosa refirió que en una oportunidad, cuando fue trasladado al Poder Judicial Federal de San Luis, donde lo indagó el entonces Secretario Carlos Martín Pereyra González, el defensor Oficial, Cruz Ortiz, le dijo que no hiciera referencia a las torturas recibidas 'para no complicar la causa' y que "como no sabíamos donde estábamos parados, no hablé de ese tema" con el Secretario.
En otro tramo de su relato, recordó que mientras estaba en la Penitenciaría recibieron la visita del Obispo de San Luis, Juan Rodolfo Laise, a quien conoció allí, pero que su familia había contactado para saber de su suerte en cautiverio, ya que "no nos permitían las visitas familiares" mientras estaban en dependencias policiales. Sosa dijo que tampoco a él le contó sobre las torturas que había recibido.
Sosa estuvo detenido en la Unidad 9 de La Plata y también en el penal de Sierra Chica y recordó que si bien allí las torturas no eran sistemáticas para todos, cuando llegaban eran recibidos "con una biaba" por parte de los guardiacárceles y que en una de esas llegadas le propinaron un golpe que posteriormente derivó en la pérdida de la visión de un ojo. Por esa razón él denunció en los ´90 a un celador de apellido Caballero, que había sido quien le había asestado el golpe con un bastón.
También señaló que en La Plata, cuando eran castigados -él no pasó por ese trance- eran llevados a 'las jaulas', una especie de celda de castigo y allí si eran sometidos a tormentos y que en una situación como esa perdió la vida una persona de apellido "Ibañez, que era de Leandro Alem", de la provincia de San Luis. También refirió a un represor que había armado "los pabellónes de la muerte".
Otro testimonio
El primer testimonio de la tarde lo brindó José Heriberto Díaz, quien en 1976 era Secretario Adjunto de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y el golpe de Estado lo encontró en Chaco, donde había sido convocado por su organización sindical, para que los asesorara sobre el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS) que se había implementado de manera exitosa en San Luis y tenían previsto poner en marcha en aquella provincia. Por esa razón viajó al norte del país el 19 de marzo y debió regresar cuando se anotició que le habían hecho varios allanamientos en su vivienda y en el taller de herrería artística que tenía con su padre.
Díaz trabajaba como calderista en el Policlínico Regional San Luis y de allí su vinculación con ATE. Estaba en la Junta Promotora del Partido Peronista Auténtico. A él lo detuvieron por esa vinculación y porque lo acusaban de haber recibido un transmisor de onda corta y unas armas, presuntamente de la organización Montoneros.
"Nunca encontraron nada" y en un momento de su detención David 'El Japonés' "Becerra me dijo que zafé porque encontraron la radio y las armas", pero no obstante fue sometido también a tormentos como la picana eléctrica y el submarino, entre otras vejaciones.
Su detención se produce de manera extraña, ya que, como no lo encontraban a él, tras su viaje a Chaco, detienen a su esposa y a sus dos hijas de 2 y 4 años, respectivamente entonces decide presentarse espontáneamente primero en la Policía Federal, luego en el Ejército, más tarde en la Policía de la Provincia y como no había orden de detención en ninguna de esas reparticiones, decide volver a la Federal, donde finalmente es apresado.
Allí dijo haber sido torturado frente al jefe de la repartición, el comisario De María por el entonces oficial Borsalino, a quien dijo conocer porque en su taller le hacían trabajos permanentemente a la Policía Federal. Borsalino lo golpéa y lo tortura con picana eléctrica en esas primeras horas de su detención y el interrogatorio estaba referido a la radio y las armas, de las que él no tenia conocimiento.
También relató que él presenció la tortura a la que fue sometida María Luisa Ponce de Fernández (que también testificó ayer) con quien eran promotores del Partido Peronista Auténtico.
Al parecer, Ponce de Fernández había negado conocer a Díaz y pertenecer al PPA, por lo que lo llevaron a él en presencia de ella para hacerles un careo. "Le dije que la conocía del Partido Peronista Auténtico", recordó y entonces "Borzalino le apretaba los pezones, se los retorcía (...) le pegaba con una goma" mientras le recriminaba que le había mentido al decir que no conocía a Díaz y su vinculación con el PPA.
A raíz de esos malos tratos dijo que en la actualidad padece del mal de Párkinson y "hundimiento de torax".
Estuvo también en la U9 de La Plata.
Un 'sosegate' para el público
El juez Héctor Cortez comenzó a presidir las audiencias esta semana y cuando estaba testimoniando Díaz debió llamarle la atención a una mujer que estaba entre el público, en el lugar destinado a los familiares de los acusados.
Aparentemente se trataba de una familiar del Raúl Benjamín López quien recibió la reprimenda, porque al decir del juez tenía una actitud burlona mientras se Díaz contaba los tormentos a los que fue sometido.
Amablemente, pero en tono firme, el juez le pidió que cesara en su actitud, sino se veria en la obligación de pedirle que se retirara. "Estamos escuchando un testimonio muy serio", le objetó Cortéz, quien no quiere permitir que estas actitudes provoquen enfrentamientos entre ambos sectores que comparten un reducido espacio: familiares de los acusados y las víctimas o familiares de las víctimas.
Ozarán de nuevo a San Luis
Ayer, el defensor de Carlos Ozarán, uno de los acusados en este juicio, solicitó que se reviera el pedido sobre el que la Cámara Federal de Mendoza dio respuesta la semana pasada, negando la prisión domiciliaria de su defendido y también, que inter eso sucediera, que trasladaran al acusado a la Penitenciaría de San Luis, para tener que soportar un traslado menos traumático que el que tendría en este momento en Buenos Aires, hasta la sede donde se desarrolla el juicio.
Sobre el primer pedido, el Tribunal resolvió que se hicieran las presentaciones ante la Cámara que tomó la determinación e hizo lugar al pedido del traslado de Ozarán, luego de ser constatado su estado de salud.
Informe: Gustavo Senn
gustavosenn@gmail.com
gustavosenn@gmail.com
Fuente:PeriodistasenlaRed
Envío:Agnddhh
28.11.2013
El cura Coccarelli, el obispo Laise, el médico Recalde y Alberto Rodríguez Saá
San Luis: Testigos sobrevivientes señalaron a colaboradores y delatores en tiempos de la dictadura
Juan Rodolfo Laise, actual obispo emérito de San Luis
San Luis.- Un sacerdote, un obispo y un médico fueron señalados ayer ante el Tribunal Oral Federal de San Luis como cómplices de las torturas y vejaciones sufridas en cautiverio por dos exdetenidos durante la última dictadura cívico militar, y un tercero calificó como "delator y botón" al ex gobernador Alberto Rodríguez Saá. El Tribunal Oral Federal en lo Criminal, presidido por Héctor Cortez, que juzga a 29 imputados por delitos de lesa humanidad cometidos en San Luis, tomó declaración por la mañana a Jorge Alfredo Salinas y Carlos Correa en la octava jornada de audiencias donde las víctimas señalaron al sacerdote Francisco Coccarelli, al obispo Juan Rodolfo Laise y al médico Víctor Ernesto Moreno Recalde como partícipes de los padecimientos sufridos mientras se encontraban privados de su libertad.
El cura Coccarelli, el obispo Laise, el médico Recalde y Alberto Rodríguez Saá
San Luis: Testigos sobrevivientes señalaron a colaboradores y delatores en tiempos de la dictadura
Juan Rodolfo Laise, actual obispo emérito de San Luis
San Luis.- Un sacerdote, un obispo y un médico fueron señalados ayer ante el Tribunal Oral Federal de San Luis como cómplices de las torturas y vejaciones sufridas en cautiverio por dos exdetenidos durante la última dictadura cívico militar, y un tercero calificó como "delator y botón" al ex gobernador Alberto Rodríguez Saá. El Tribunal Oral Federal en lo Criminal, presidido por Héctor Cortez, que juzga a 29 imputados por delitos de lesa humanidad cometidos en San Luis, tomó declaración por la mañana a Jorge Alfredo Salinas y Carlos Correa en la octava jornada de audiencias donde las víctimas señalaron al sacerdote Francisco Coccarelli, al obispo Juan Rodolfo Laise y al médico Víctor Ernesto Moreno Recalde como partícipes de los padecimientos sufridos mientras se encontraban privados de su libertad.
Por la tarde, el testigo Aníbal Franklin Oliveras trató de "delator y botón" al ex gobernador puntano y ex candidato presidencial, Alberto Rodríguez Saá, por haber suscripto junto a otros ciudadanos de San Luis una carta enviada al entonces almirante Eduardo Massera acusando a varias personas de realizar
actividades supuestamente sospechosas y contrarias a la dictadura cívico militar.
También Oliveras afirmó que "Alberto Rodríguez Saá es el responsable de la ignominia de haber construido un Museo en la capital puntana donde antes estaba el edificio de la Jefatura Central de Policía, que fue un centro de detención clandestino".
Jorge Alfredo Salinas fue detenido por el grupo de tareas que conformaba personal del Ejército, la policía federal y la provincial en dos oportunidades. La primera vez, a fines de junio de 1976, lo sacaron de su casa paterna a las 5 de la mañana aludiendo que en la escuela en la que trabajaba como docente suplente se había producido un incendio y debía acompañarlos para ayudar.
Salinas fue trasladado a una comisaría de la localidad de San Roque donde fue despojado de su ropa y obligado a permanecer semidesnudo en un cabolozo frío donde no recibió alimentos "por
cuatro o cinco días". Fue luego interrogado por el capitán Esteban Plá, quien entre golpes e insultos pretendía que reconociera a compañeros de militancia cuyas fotografías le mostraba en medio de las torturas. Logró su libertad luego de firmar un acta en la que constaba que había estado detenido por "averiguación de antecedentes", y fue vuelto a encarcelar en el mes de agosto de 1977. Compartió su cautiverio con Miguel Landro y en oportunidades con Carlos Morel, Alejo Sosa y otros detendidos.
Salinas relató que al momento de su detención era militante de la Juventud Universitaria Peronista, estudiante de psicología y pedagogía de la Universidad Nacional de San Luis y ayudante de cátedra del exrector de esa casa, el desaparecido Mauricio López.
"Llevábamos adelante un centro de capacitación laboral barrial, nos dedicábamos a la educación de adultos y pusimos en marcha el plan de reactivación educativa en 1974 con el método de Paulo Freire, con el que detectamos un 20 % de analfabetismo en la provincia", dijo. Recordó que en una oportunidad lo visitÓ en la cárcel el sacerdote Francisco Coccarelli, quien llegó al calabozo con un paquete de yerba y les pidió que prepararan un mate. "Después que el cura se fue, llegó la requisa y nos sacaron todo lo que teníamos escondido, incluído un ajedrez de pan que armábamos todas las semana para poder sobrellevar los duros momentos que pasábamos", señaló. El sacerdote les habría aconsejado arrepentirse y ser buenos cristianos. "Tienen que confesar -señaló que dijo durante su visita- acá se persigue a los rojos".
Salinas agregó que la noche de navidad de 1977 el obispo de San Luis, Juan Rodolfo Laise, celebró misa en el penal pero pidió que no se invitara a quienes estaban acusados de subversión, lo que provocó que ningún preso asistiera, por lo que finalmente "nos llevaron a misa y nos pararon en el altar frente a todo el penal". La víctima reconoció ante el Tribunal su amistad y admiración por Santana Alcaraz, el estudiante de La Toma, desaparecido en esa época, y señaló que una de las amenazas que se le hacían reiteradamente era que iba "a terminar como Santana Alcaraz, con un tiro en la nuca en Las Salinas del Bebedero".
Por su parte, Carlos Correa fue encarcelado en 1976 y permaneció preso hasta 1983. Al momento de su detención trabajaba en Vialidad Provincial y era dirigente gremial de ATE. También lo sacaron de su domicilio con engaños y sufrió torturas "permanentes" en gran parte de su cautiverio. Como consecuencia de las torturas, permaneció 14 días sin poder comer nada sólido porque le sacaron la mandíbula de una patada, le quebraron las costillas y por ello hoy padece una enfermedad cardíaca. Recordó que fue visitado en la penitenciaría por el médico Moreno Recalde y Omar Caram al que les pidió por escrito -no podía articular palabra- un calmante para su dolor. "Me prometieron que
me lo darían y aún estoy esperando", concluyó.
Fuente:Telam

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