CONDENARON A TRES AÑOS DE PRISION EN SUSPENSO AL COMISARIO QUE DETUVO ILEGALMENTE AL JOVEN EN 1991
Walter Bulacio, la impunidad hasta el final
Miguel Angel Espósito no irá a prisión. Pero sí quedó confirmado que es el responsable de la razzia que terminó con Bulacio en la comisaría, donde lo torturaron hasta provocarle la muerte. El homicidio nunca fue castigado. Familiares y abogados protestaron por el fallo.
Por Carlos Rodríguez
Por Carlos Rodríguez
Tamara, la hermana de Walter: “No esperábamos mucho, apenas un poco de justicia, que vaya preso”.Imagen: Guadalupe Lombardo
Tamara Bulacio mueve la cabeza acompañando con el gesto su respuesta negativa cuando Página/12 le pregunta si el veredicto del Tribunal Oral N° 29 le trajo ese “poco de justicia” que esperaba por la detención ilegal y la muerte de su hermano Walter Bulacio, tal como le había dicho a este diario en una entrevista realizada en septiembre. “No esperábamos mucho, apenas un poco de justicia, que vaya preso, pero no tenemos nada que festejar, sólo que luchamos hasta el final y que hicimos todo lo posible.” Después de un mes y medio de juicio oral, el comisario retirado Miguel Angel Espósito fue condenado a la pena de tres años de prisión “en suspenso”, sin aplicación efectiva. El juicio era sólo por la “privación ilegal de la libertad” sufrida por Walter Bulacio, a los 17 años, cuando intentaba ir, por primera vez en su vida, a un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La abogada querellante, María del Carmen Verdú, afirmó que no vinieron al juicio oral “a buscar una sentencia que nos deje satisfechos, porque esta instancia llegó tarde y mal, porque acá no se estaba juzgando a los responsables de la muerte de Walter, que es lo que buscamos a lo largo de más de 22 años”, desde abril de 1991.
Tamara Bulacio mueve la cabeza acompañando con el gesto su respuesta negativa cuando Página/12 le pregunta si el veredicto del Tribunal Oral N° 29 le trajo ese “poco de justicia” que esperaba por la detención ilegal y la muerte de su hermano Walter Bulacio, tal como le había dicho a este diario en una entrevista realizada en septiembre. “No esperábamos mucho, apenas un poco de justicia, que vaya preso, pero no tenemos nada que festejar, sólo que luchamos hasta el final y que hicimos todo lo posible.” Después de un mes y medio de juicio oral, el comisario retirado Miguel Angel Espósito fue condenado a la pena de tres años de prisión “en suspenso”, sin aplicación efectiva. El juicio era sólo por la “privación ilegal de la libertad” sufrida por Walter Bulacio, a los 17 años, cuando intentaba ir, por primera vez en su vida, a un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. La abogada querellante, María del Carmen Verdú, afirmó que no vinieron al juicio oral “a buscar una sentencia que nos deje satisfechos, porque esta instancia llegó tarde y mal, porque acá no se estaba juzgando a los responsables de la muerte de Walter, que es lo que buscamos a lo largo de más de 22 años”, desde abril de 1991.
La sentencia más dura que se oyó dentro de la sala tuvo que ver con la reacción del público presente, en su mayoría familiares de víctimas del “gatillo fácil” y de la violencia institucional: “Yo sabía, yo sabía, que a Bulacio lo mató la policía”, cantaron luego de escuchar el fallo. Verdú, de la Coordinadora contra la Represión Policial (Correpi), señaló sobre la pena aplicada a Espósito que sabían de antemano que “no hay absolutamente ninguna sentencia que pueda reparar el asesinato de un pibe a manos del aparato policial que responde al Estado y encima le dieron tres años de prisión, tres años a un comisario que lo dijo todo cuando hizo su alegato, cuando agradeció a los jueces por haberlo ‘cuidado’ durante todo el proceso” oral y público.
Verdú se refirió a lo dicho por Espósito en sus últimas palabras frente a los jueces del Tribunal 29 –por videoconferencia–, antes de la lectura de la sentencia. “Quiero agradecer profundamente cómo he sido tratado, cómo me han cuidado, nada más.” Al final aclaró que se trataba de la “atención” que le habían dado respecto de su estado de salud. El ex jefe de la Comisaría 35ª, a la que fue llevado detenido Walter Bulacio, junto con otros 72 chicos, el 19 de abril de 1991, señaló, ante una pregunta del presidente del tribunal, Rodolfo Goerner, que prefería “no estar presente” durante la lectura del fallo. Prefirió no presenciar la lectura de la sentencia a través de la videoconferencia, dado que por sus problemas cardíacos fue eximido de hacerse presente en la sala de audiencia.
Espósito hizo su breve exposición por la mañana y después se pasó a un cuarto intermedio, hasta las 15, cuando se leyó sólo el veredicto de tres años de prisión en suspenso. El viernes próximo se darán a conocer los argumentos del fallo de los jueces Goerner, María Deluca Giacobini y Alejandro Litvak.
María del Carmen Verdú explicó a este diario que la sentencia es prácticamente definitiva, dado que “el fiscal (Horacio Fornaciari) pidió dos años y le dieron tres, mientras que nosotros no podemos apelar porque nos dieron la mitad de los seis que pedimos; si nos hubieran dado dos años y once meses, podríamos ir a Casación, pero ahora no podemos hacer nada. Lo único que puede cambiar la sentencia, para menos, es si hay una apelación de la defensa”, a cargo de Pablo Argibay Molina.
La primera parte de la audiencia, cuando habló Espósito por videoconferencia, la sala estaba prácticamente vacía, pero el lleno fue total a la hora de la sentencia. Un grupo de manifestantes llevaba una bandera que decía: “Lo sabía, a Bulacio lo mató la policía”. Entre otros familiares de jóvenes víctimas de la violencia policial, se encontraban los padres o hermanos de Mariano Witis, Rodrigo Corzo, Jorge González, Luis Oscar Ayunta y Sonia Colman. Había muy pocos periodistas en la sala, porque no hubo acreditaciones para la prensa, por decisión del Tribunal 29, desde la apertura del debate; sólo ingresaron los invitados por Correpi.
“Teniendo en cuenta todo lo que pasó a lo largo del proceso judicial, podría tomarse como un logro que le hayan dado tres años a Espósito, pero nos hubiera gustado que fuera preso, que tuviera que sufrir algo de lo que sufrimos nosotros como familia. A Walter nada nos lo puede devolver, pero verlo a Espósito preso hubiera sido alcanzar un poco de justicia”, dijo Tamara Bulacio, que tiene 20 años y dos hijos. Ella y Walter son hijos de Víctor Bulacio, ya fallecido.
Tamara, desde niña, iba a las marchas para pedir justicia por su hermano, a quien no conoció porque murió dos años antes de que ella naciera. Iba de la mano de su abuela, María Ramona Armas, que por su estado de salud no pudo ir ni un solo día a un juicio por el que siempre luchó. “Lo que queríamos, al menos, era que le dieran seis años de cárcel, la pena máxima; en realidad, lo justo es que lo hubieran juzgado por la muerte de mi hermano, pero eso no pudo ser”. Eso era imposible porque, si bien la causa se reabrió por decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, nunca se juzgó a Espósito por la muerte de Walter, porque la carátula de “torturas seguida de muerte” que impulsó la querella siempre fue desestimada por los cerca de cincuenta jueces que intervinieron en distintas etapas del proceso.
Tamara insistió en que, a pesar de que lo sabía de antemano, igual le sigue dando “mucha bronca que no vaya preso, pensé que iba a estar presente, que iba a decir algo de Walter, para disculparse, para lo que sea, pero nada, sólo les agradeció a los jueces”. La madre de Bulacio, Graciela Scavone, no pudo estar presente porque habría sufrido “un ataque de pánico”, según se supo en la sala de audiencia.
Verdú recordó que ella misma había anticipado a Página/12 que “era muy difícil lograr una condena efectiva”, pero que al menos esperaban que los jueces del Tribunal Oral 29 “digan algo sobre la forma en que sus pares de la Justicia argentina han permitido con su accionar que este crimen quede impune”. Ahora habrá que esperar hasta el próximo viernes, para saber qué dice el fallo. La CIDH, cuando ordenó al Estado argentina que se reabriera el caso, pidió que la Justicia investigara a esos jueces. Eso, hasta ahora, no ocurrió y en el veredicto leído ayer, nada se dijo sobre ese punto.
La sala de audiencias, como se dijo, estuvo llena de familiares de víctimas de la violencia policial, que se retiraron con cánticos de crítica a los jueces, a las fuerzas de seguridad y a todos los gobiernos, desde Carlos Menem hasta el actual, por la demora de más de 22 años en hacer justicia en el caso Bulacio. Dentro del recinto era notoria la soledad del defensor Pablo Argibay Molina, quien se fue varias horas después de finalizado el acto de lectura del veredicto, cuando se habían retirado las cientos de personas movilizadas por Correpi.
Antes de que se fuera Argibay, sin hacer declaraciones, salió del interior de la sede judicial una treintena de gendarmes, con armas largas y escudos, que habían permanecido ocultos en el interior del edificio, como si se esperara alguna situación que hiciera necesaria su presencia en el lugar. No hubo incidentes, más allá de los gritos y de algunos insultos. Verdú, que hizo una “gambeta” para no saludar a los funcionarios nacionales presentes, dijo en la calle, ante los manifestantes: “Llegamos hasta acá y es un triunfo. La policía no mata sólo porque son malos los que la integran. Reprimen y matan porque ése es el rol que les hacen jugar los sucesivos gobiernos. Igual todos sabemos lo que hay que saber: que a Bulacio lo mató la policía y que esta causa demuestra hasta qué punto los gobiernos pueden defender a sus herramientas represivas”.
“Es la Argentina de otros tiempos”
El secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda, estuvo presente durante la lectura del fallo por el caso Bulacio. Consideró que “es muy importante que por primera vez se reconozca a través de la Justicia y de un fallo de esta naturaleza que miembros de la policía han tenido algún nivel de responsabilidad en la privación ilegítima de la libertad” de Walter Bulacio.
Frente a las críticas que se escucharon por parte de los manifestantes y de la querella, que apuntaron a todos los gobiernos, incluyendo al actual, Fresneda sostuvo que lo ocurrido “se circunscribe en la Argentina de otros tiempos, que no tenía capacidad de reparar, capacidad de informar” sobre estos hechos de violencia institucional.
De todos modos, frente a las críticas que se escuchaban porque el comisario Miguel Angel Espósito no terminó preso y tampoco fue juzgado por la muerte de Bulacio, admitió que “ni los familiares ni nadie va a sentir el nivel de reparación que se necesita frente a un caso así”.
Fresneda escuchó el veredicto desde la primera fila, acompañado por el subsecretario del área, Luis Alén, y el fiscal de la Procuraduría contra la Violencia Institucional (Procuvin), Abel Córdoba. Consultado por la prensa, el funcionario nacional aseguró que fue uno de los tantos que “dijimos que a Walter Bulacio lo mató la policía. Walter formó parte de mi generación cuando yo estaba en Catamarca y surgían casos como éste, como el de María Soledad Morales, cuando había otro Estado que perseguía a los militantes y a los sectores populares”.
El secretario de Derechos Humanos aseguró que ahora “las cosas son muy distintas” y reiteró que es “muy importante llegar a veredictos como el de hoy (por ayer), aunque no se pueda reparar todo lo que piden los familiares y todos nosotros también”.
CRONOLOGIA DEL CASO BULACIO
Paso a paso
El caso de Walter Bulacio, que se convirtió en un hecho emblemático de la violencia policial e institucional, buscaba Justicia desde hace 22 años y medio.
- 19 abril 1991. Walter Bulacio, de 17 años, asiste al club Obras Sanitarias, donde tocaba su banda favorita, pero es “levantado” en una razzia policial y trasladado a la comisaría 35, a cargo del comisario Miguel Angel Espósito. La policía actuó por aplicación del Memorando 40, una reglamentación interna que no tenía validez judicial y que fue derogada luego del Caso Bulacio.
- 20 abril 1991. A las 10 es llevado al Hospital Pirovano con traumatismo de cráneo, según le dijeron los médicos a la madre de Bulacio. El médico que lo atendió les contó a los padres que los policías le habían pegado, según se desprendía de las huellas que tenía en su cuerpo.
- 26 abril 1991. El joven fallece en el Sanatorio Mitre. La versión oficial fue que había fallecido como consecuencia de un “aneurisma”.
- 23 mayo 1991. Comienzan las movilizaciones de jóvenes reclamando justicia. La familia de Walter, con María del Carmen Verdú como abogada, pide la detención de Espósito por “torturas seguidas de muerte”.
- Noviembre 1992. La Cámara de Apelaciones sobreseyó a Espósito de ese delito. Un año después la Corte Suprema rechazó el sobreseimiento.
- 1995. La Justicia de Primera Instancia reabrió la causa por privación ilegítima de la libertad. Fiscalía pidió 15 años de prisión para Espósito por las 73 detenciones.
- 28 junio 1996. Vencía el plazo para presentar la defensa y el abogado de Espósito pidió que la causa pasara al fuero federal. Se inició una cadena de dilaciones y presentaciones (sobre todo recursos de nulidad) que llevó a la prescripción de la causa.
- 13 mayo 1997. La familia de Walter presentó una denuncia ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por falta de justicia.
- 1999. El Estado argentino ofreció una indemnización a la familia de Walter para que la demanda no siguiera adelante, pero los Bulacio no buscaban plata y querían el reconocimiento del Estado en la muerte del joven. La causa en la CIDH siguió adelante.
- 16 mayo 2002. En los tribunales locales prescribe la causa contra Espósito.
- 18 septiembre 2003. El Estado argentino reconoció ante la CIDH que Walter “fue víctima de una violación a sus derechos en cuanto a un inapropiado ejercicio del deber de custodia y a una detención ilegítima”. La CIDH ordenó que “el Estado adopte las acciones ‘enérgicas’ para evitar la prescripción de la causa”, se indemnice a la familia y “sean investigados y sancionados quienes permitieron la impunidad de este caso”.
- Noviembre 2005. La Corte Suprema de Justicia declara nula la prescripción de la causa, cumpliendo la condena de la Corte Internacional.
- 2008. El Consejo de la Magistratura archivó un pedido de juicio político para la jueza Alicia Iermini, al frente de la causa entre 1996 y 2005.
- 24 septiembre 2013. Después de 22 años, llega el juicio oral a Espósito, pero acusado únicamente por la privación ilegal de la libertad.
- 8 noviembre 2013. El Tribunal Oral Criminal N° 29 lo condena a tres años en suspenso.
MILITANTES Y FAMILIARES ORGANIZARON UN FESTIVAL “ANTIRREPRESIVO”
Tras la sentencia, un recital
Familiares de Bulacio, miembros de la Correpi y seguidores de bandas diversas se juntaron en la Plaza de Mayo después de que el tribunal leyera su fallo. Hubo abucheos al veredicto y reclamos para que cese “la represión policial en los barrios”.
Sobre el escenario hubo bandas; arriba y abajo hubo protestas por la impunidad del caso Bulacio.Imagen: Guadalupe Lombardo
Diego Ramírez, militante de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), mira su bandera y dice: “Ese podría haber sido yo”. La bandera cuelga a un costado del escenario montado en Plaza de Mayo. Tiene dibujado, sobre un fondo rojo, dos rostros: el de Walter Bulacio y el del Indio Solari. “Yo iba a ver a los Redondos, igual que Walter. Pensar que podría haber sido yo, o cualquier otro, me deja helado. Ahora él tendría casi mi misma edad”, confiesa Diego, de 36 años. Tras conocerse el fallo que condenó al ex comisario Miguel Angel Espósito a tres años en suspenso por la detención ilegal del joven, en 1991, la Correpi y los familiares y amigos de Bulacio organizaron ayer a la tarde un recital “antirrepresivo” en Plaza de Mayo. Hubo abucheos y silbatinas para las fuerzas de seguridad, música en vivo, baile y hamburguesas.
A las cinco y media de la tarde, la plaza comenzaba lentamente a tomar color de festival. Grupos de jóvenes llegaban con mate o cerveza entre sus manos. Los militantes de la Correpi custodiaban las brasas de una parrilla donde las hamburguesas todavía estaban crudas. Diego, parado a un costado de su bandera, contaba: “Siempre seguí la causa. Walter era como yo, como todos los ricoteros. Y después de su muerte, en los recitales siempre se escuchaban los cánticos en contra de la policía. Pero no había ninguna bandera. Cuando se cumplieron 20 años del asesinato, con mi señora nos propusimos hacer una. Y ahí está. La llevamos a todas partes para recordar a Walter y para dejar en claro que el sistema represivo sigue en pie”.
“¡Por Walter y por todos! ¡Vamos che...!”. Desde arriba del escenario, montado delante de la Pirámide de Mayo, el vocalista de Pezones Cardozo alentaba al público. Leandro, un padre de 34 años, tenía a su hija de cinco subida a los hombros; mientras su esposa, a un costado, gatillaba su cámara de fotos. “Estar acá es una manera de apoyar la búsqueda de justicia de la familia de Walter y de todos los chicos que mata la policía. Lamentablemente el fallo no fue el esperado. Aunque desde el vamos la causa venía torcida. No pueden pasar tantos años”, sostuvo Leandro.
La hermana de Bulacio, Tamara, estuvo presente en el festival. Llevaba puesta, como tantos otros, una remera blanca que decía “por Walter y por todos, basta de represión”. “Me cayó pésimo el fallo. Esperábamos la pena máxima. Espósito tendría que estar encerrado en una cárcel común”, dijo Tamara.
En un intervalo musical, una chica con una pechera negra de la Correpi subió al escenario y, mientras leía las adhesiones recibidas, dijo: “Como saben, el tribunal resolvió condenar a Espósito a tres años...”. Una silbatina generalizada brotó desde varios puntos de la plaza. Se sumaron también algunos abucheos para el ex comisario. La militante de la Correpi, tras leer las adhesiones, bajó del escenario para dejarles el lugar a otras bandas invitadas: Cumpas del Barrio. La cumbia piquetera del grupo del Frente Popular Darío Santillán contagió rápidamente al público, que comenzó a bailar al ritmo de la música.
“La represión y el hostigamiento de las fuerzas de seguridad son permanentes en los barrios. Venimos acá para apoyar esta lucha. Para que no se repitan más los casos como el de Bulacio o Arruga”, comentó, tras su participación, el guitarrista de Cumpas del Barrio, Federico Orchani.
Martín, un estudiante de Sociología de la UBA que se acercó al festival luego de su trabajo, consideró que “al fallo hay que leerlo en términos generales, porque el Estado es el que protege a los órganos de represión y no hay intención de modificarlos. Hay una lógica generalizada de protección de la policía por parte del Estado”. El cierre del festival estuvo a cargo de Las Manos de Filippi y 2 Minutos.
Informe: Nicolás Andrada.
08.11.2013
La querella destacó que el condenado agradeció el trato que le dio el tribunal
Tres años de prisión en suspenso para el comisario que privó de su libertad a Bulacio
Walter Bulacio. Un ricotero de Albo Bonzi, alumno del Colegio Nacional Rivadavia
El comisario (R) Miguel Angel Espósito fue condenado hoy a tres años de prisión en suspenso por haber privado de la libertad a Walter Bulacio, el joven de 17 años que murió en abril de 1991 en una comisaría, tras ser detenido cuando se disponía a presenciar un recital de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el estadio Obras, en el porteño barrio de Núñez. "Yo sabía, yo sabía, que a Bulacio lo mato la Policía", cantaron todos los presentes en la sala apenas el presidente del tribunal, Rodolfo Goerner, terminó de leer el veredicto. A 22 años de ocurrido el hecho, la sentencia fue dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal 29, que consideró a Espósito, de 65 años -que no estuvo presente en la sala- autor de "privación ilegítima de la libertad agravada por ser cometida por un funcionario público y tratarse la víctima de una persona a la que se le debe respeto particular", al parecer, un circunloquio que alude a la condición de menor de edad de la víctima. Con esta sentencia, cuyos fundamentos se conocerán el 15 de noviembre, el ex policía continuará en libertad, tal como llegó a juicio. El fallo no puede ser apelado por la familia de la víctima ya que se le aplicó la mitad de la pena de lo que habían pedido en su alegato.
"Es un logro que le hayan dado tres años por lo menos. Me conformo, pero a él no me lo van a devolver", dijo Tamara (19), hermana de Walter, única familiar presente en la sala de audiencias. Tamara estaba acompañada por miembros de la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI).
Tamara Bulacio dijo no obstante que "la expectativa era la pena máxima, de seis años, como tendría que haber sido y que fuera condenado por la muerte de Walter, no por esto", en alusión al delito menor de haberlo retenido en la seccional de la que era titular sin habérselo comunicado al juez de guardia.
El comisario nunca fue imputado por el homicidio de Walter, por lo que no se lo pudo juzgar por ese delito.
"Me duele que no vaya preso. Me dio bronca, pensé que iba a estar presente, que iba a disculparse o algo, pero nada", concluyó.
Por su parte, la abogada querellante, María Del Carmen Verdú, dijo que sabían que era "muy difícil" que el tribunal aplicara más de tres años de prisión a Espósito y aclaró que ni ella ni la familia fueron a juicio a buscar una sentencia que las dejara satisfechas.
"Nosotros no vinimos a buscar una sentencia que nos satisficiera porque sabíamos, sabemos, que no hay absolutamente ninguna sentencia que pueda reponer lo que significa el asesinato de un pibe a manos del aparato policial", expresó Verdú.
Añadió que, "sin embargo, son apenas tres años de prisión, tres años de prisión para un comisario que lo dijo todo en sus 'últimas palabras', cuando agradeció a los jueces haberlo 'cuidado' y 'protegido' durante el proceso".
Es que por la mañana, desde un despacho del Consejo de la Magistratura y por videoconferencia, Espósito había agradecido a los jueces Goernes, María Deluca Giacobini y Alejandro Litvack haberle permitido hablar desde allí debido a una enfermedad que padece, privilegio al que pocos imputados acceden.
Por su parte, el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Martín Fresneda, dijo que "es muy importante que por primera vez se reconozca a través de la Justicia y de un fallo de esta naturaleza
que miembros de la Policía han tenido algún nivel de responsabilidad en la privación ilegítima de la libertad" de Bulacio.
"Esto se circunscribe en la Argentina de otros tiempos, que no tenía capacidad de reparar, capacidad de informar", sostuvo el funcionario, aunque consideró que "ni los familiares ni nadie va a sentir el nivel de reparación que se necesita".
Los hechos ventilados en este debate ocurrieron el 19 de abril de 1991, en inmediaciones del Estadio Obras Sanitarias de Núñez, donde se iba a desarrollar el recital de Los Redonditos de Ricota, y centenares de personas que se dirigían a ese escenario fueron detenidas por la Policía Federal, entre ellas Bulacio.
Quienes detuvieron al joven en su momento invocaron el "Memorando 40", una disposición pergeñada por dos jueces correccionales en 1967, que autorizaba a los comisarios a no dar intervención a la Justicia por la detención de un menor de edad (siempre que no fuera por un delito), cuando el propósito era
entregárselo a los padres.
Según constancias de las actuaciones, Bulacio murió como consecuencia de un "aneurisma no traumático" tras ser alojado en la comisaría 35, pero Espósito sólo fue procesado por su detención ilegal y nunca por "torturas seguidas de muerte".
Por este caso, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) condenó el 18 de septiembre de 2003 a la Argentina, luego que el Estado admitiese su responsabilidad en la muerte de Bulacio,
a indemnizar a su familia y a "concluir la investigación del conjunto de los hechos de este caso y sancionar a los responsables de los mismos".
Fuente:Telam




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