15 de diciembre de 2013

COLOMBIA.

DE TEGUCIGALPA A ASUNCIÓN A BOGOTÁ: OTRO GOLPE DE LA DERECHA

El paladín de la ultraderecha colombiana:
Alejandro Ordóñez, Procurador General de la Nación.
por PUEBLOS EN CAMINO

Con este Golpe de Estado, Colombia queda, de facto, en manos de la derecha fascista que siempre ha inclinado en su favor y se ha servido de la institucionalidad. Un golpe que amenaza al continente. La ciudadanía en Bogotá y en Colombia, sin importar que apoyen o no las políticas del alcalde Gustavo Petro, ha entendido lo anterior y le ha expresado su respaldo. Lo urgente, en estos momentos, es exigir que se reconozca el hecho fundamental, el Golpe de Estado institucional de la derecha y a su perpetrador, el Procurador General de la Nación.

Alejandro Ordóñez, Procurador General de la Nación, ficha de la ultra derecha uribista, extralimitando una vez más sus funciones disciplinarias, destituyó el pasado 9 de diciembre al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, elegido popularmente. La acción es esencialmente la misma utilizada contra los presidentes Manuel Zelaya de Honduras y Fernando Lugo de Paraguay. Ordóñez ya venía excediendo sus funciones desde hace mucho tiempo. Es un tenaz opositor y enemigo abierto del proceso de paz y de los diálogos de La Habana entre el gobierno colombiano y la insurgencia de las Farc. Ha actuado en contra de decisiones legislativas del Congreso de la República como la legalización con restricciones severas del aborto terapéutico. Ordóñez ha tomado el cargo de la Procuraduría como un bastión para ejercer desde sus creencias religiosas como parte de una secta particularmente rígida e intolerante del cristianismo. Pero no es una rueda suelta. Su relación con el expresidente Álvaro Uribe Vélez no es ningún secreto. El hecho indiscutible es que la Procuraduría bajo Ordóñez se ha convertido en una maquinaria inquisidora y de terror. Siembra terror y paraliza. El Procurador es una sombra amenazante a cuyas políticas y posiciones oscuras e intolerantes hay que someterse anticipadamente. La reacción inmediata del Presidente de la República y del establecimiento institucional ha debido ser una contundente voz de rechazo al atropello y la infamia contra Petro. Contrario a esto, Santos ha respaldado al Procurador golpista y los medios comerciales, además de apoyar el golpe institucional, enfocan la discusión y las noticias sobre si Petro ha sido buen o mal alcalde o los trámites y procedimientos que deben seguir.

De manera contundente debe señalarse que no hay ningún espacio para debatir en este momento el Gobierno Petro ni sus aciertos o equivocaciones. Ante un golpe de Estado, todo el debate y las acciones deben enfocarse hacia el acto institucional ilegítimo del Procurador y las consecuencias que este deben generar en derecho. De continuar las cosas como van, se legitimará el golpe de Estado, el Procurador (y cualquier otra instancia en adelante) podrán hacer política pública por encima de funcionarios electos o con mandatos y obligaciones específicas y destituir a quienes quieran según conveniencias e intereses particulares. Es importante señalar además que esta no es únicamente una extralimitación y abuso de funciones contra cualquier funcionario. Este es un golpe de la derecha institucional y por ello está siendo legitimado. Si de actuar de manera improvisada, por corrupción, por errar políticamente, por poner en riesgo a la población y ciudadanía con decisiones de Estado, por violar derechos, actuar desde lo público para satisfacer intereses personales se tratara, sería difícil encontrar algún Presidente en Colombia que no cumpliera con creces con estos criterios para ser destituido y juzgado. Ahora mismo, ejerce como Ministro de Agricultura de Colombia un individuo al que se le han demostrado de manera pública y reiterada, aún en el Congreso de la República, faltas e inhabilidades tan claras y graves que no solo debe ser destituido, sino que el propio Presidente Santos debería responder ante las instancias disciplinarias como la Procuraduría, por nombrarlo, defenderlo y mantenerlo en su cargo teniendo pleno conocimiento de estas faltas e impedimentos.

La destitución del Alcalde de Bogotá por el Procurador se da en una coyuntura específica y obedece a intereses particulares. De una parte, el proceso electoral para elecciones presidenciales y de congresistas está en curso. De otra, el proceso de diálogos entre las Farc y el Gobierno avanza. La Alcaldía de Bogotá es un botín político-electoral. Se trata de un golpe a cualquier forma de oposición político-electoral al establecimiento. Un montaje para ahuyentar al electorado de respaldar una opción diferente al establecimiento de derecha representado por Santos-Uribe. De otra parte, la intención es consolidar el poder del Procurador en su afán de controlar las políticas de Estado y permitirle pasar de fiscal del proceso de paz a actor directo contra el mismo desde su cargo obstaculizando los acuerdos y los mecanismos para refrendarlos. Con este Golpe de Estado, Colombia queda, de facto, en manos de la derecha fascista que siempre ha inclinado en su favor y se ha servido de la institucionalidad. Un golpe que amenaza al continente.

La ciudadanía en Bogotá y en Colombia, sin importar que apoyen o no las políticas del alcalde Petro, ha entendido lo anterior y le ha expresado su respaldo al Alcalde.

Paradójicamente, el hoy alcalde Petro, en su momento, desde el Congreso de la República brindó el apoyo que requería Ordóñez para ser electo Procurador cuando el país y su propio partido se oponían a esto por querer dar un mensaje de pluralismo político. La historia le demuestra que se equivocó.
La decisión de destitución de Petro obedece a que el procurador Ordóñez privilegia el modelo neoliberal y defiende el interés particular, razón por la cual su retaliación vino por cuenta de que la administración de Bogotá ha buscado implementar una política pública frente al manejo de las basuras en manos de monopolios privados. El pretexto para el golpe de Estado es insostenible.
Pueblosencamino.org, diciembre de 2013.

Colombia: Bogotá se moviliza contra la destitución de su alcalde
Aumentan las protestas por el cese de Gustavo Petro, que ha convocado una marcha por la ciudad el viernes. La ONU pide explicaciones por la inhabilitación

Miles de simpatizantes del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, se manifiestan contra la destitución del mandatario.- EFE
PÚBLICO / EFE Bogotá -11/12/2013 
La destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, por la crisis de las basuras de 2012 ha levantado ampollas. Las protestas han aumentado en la capital colombiana al mismo tiempo que Petro ha convocado "la mayor movilización de la historia" para este viernes. En tanto, la ONU también ha pedido explicaciones sobre el polémico cese e inhabilitación del burgomaestre.

Miles de personas se congregaron de forma pacífica en la céntrica Plaza de Bolívar para apoyar a Petro, defender la democracia y reclamar que se respete a un alcalde elegido en las urnas, tal y como manifestaron en sus arengas y ante los medios de comunicación. Ya, durante la noche, el alcalde salió al balcón del Palacio de Liévano (sede de la Alcaldía) e invitó a los ciudadanos a participar el viernes en una movilización popular que recorrerá las calles de Bogotá.

Durante su largo discurso, interrumpido constantemente por los vítores de la multitud y gritos como "Petro no se va", el alcalde anunció que este miércoles la Guardia Indígena, una fuerza civil y pacífica conformada por jefes nativos del Cauca (suroeste), llegará a la capital para proteger el Palacio de Liévano. "La orden es que aquí gobernamos hasta el último momento", aseveró el alcalde.

El objetivo de esta movilización es dejar sin efecto la decisión del procurador general, Alejandro Ordóñez, encargado de controlar y fiscalizar a los funcionarios públicos y quien ayer cesó e inhabilitó a Petro para ejercer cargo público durante 15 años, un fallo que ha causado una gran controversia. Ordóñez tomó la decisión por considerar que hubo mala gestión en la crisis de basuras desatada en diciembre de 2012, cuando el alcalde no renovó los contratos a las empresas privadas que recogían los residuos y puso en manos de compañías públicas esa labor, en un proceso que Petro ha calificado de "desprivatización".

Hoy, el representante de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia, Todd Howland, pidió una cita al procurador para hablar de la jurisprudencia existente a nivel internacional sobre funcionarios elegidos democráticamente. "En este caso podemos hablar de los derechos del alcalde o sus derechos de participar en política, pero lo más importante es que tenemos que hablar de los derechos de los ciudadanos de Bogotá que votaron por él", agregó. Según Howland, "cualquier intervención de un funcionario que no esté elegido tiene que ser equilibrada".

El ministro del Interior, Aurelio Iragorri, pidió hoy a la ONU que se mantenga al margen: "Que pidan una audiencia no le veo ningún problema pero que se inmiscuya en las decisiones de orden disciplinario, sí le veo problema", afirmó. Y es que para Iragorri, "los órganos internacionales están para otros menesteres". Sin embargo, el ministro de Justicia, Alfonso Gómez Méndez, propuso el lunes revisar las competencia de la Procuraduría para la destitución de cargos públicos elegidos por voto popular.

Las protestas y la petición de la ONU se sumaron a la incertidumbre y a los movimientos de distintos políticos que mueven fichas para la batalla por la Alcaldía que quedará vacante si no se revierte la decisión del procurador. De avanzar el proceso contra Petro, quien ha pedido medidas cautelares a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se convocarían elecciones entre febrero y marzo.

Entre los que han expresado públicamente su interés por el cargo están el ex alcalde Antanas Mockus, quien disputó la Presidencia con Juan Manuel Santos en las elecciones de 2010, y Antonio Navarro, aliado de Petro y quien fue durante algunos meses su secretario de Gobierno. Muchas voces apuntan a Francisco Santos, quien fue vicepresidente durante el Gobierno de Álvaro Uribe (2002-2010), como el más interesado en llegar a la Alcaldía, aunque hoy pidió "serenidad" en "un momento institucional y no electoral". Mientras tanto, Petro, que sigue gobernando desde su despacho, expidió varios decretos de última hora como el que establece un subsidio de transporte a la población de más bajos recursos o el que ubica las primeras estaciones del metro.

Desde La Habana, la delegación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que negocia la paz con el Gobierno acusó al procurador de asestar "otro grave golpe contra el proceso de paz". "Ayer, de un solo plumazo, Ordóñez nos dio a los alzados en armas una lección sobre lo que para la oligarquía significa la democracia en Colombia y sobre las nulas garantías para ejercer un ejercicio político independiente", denunció la delegación sobre la destitución de Petro, un exguerrillero del M-19.


EN COLOMBIA, "¿POR QUIÉN DOBLAN LAS CAMPANAS?"
El alcalde de Bogotá, Gustavo Petro ante miles de ciudadanos que han colmado

la Plaza de Bolívar de la capital colombiana para expresarle su solidaridad y apoyo
ante la infamia de la que viene siendo objeto por la ultraderecha que ha urdido su injusta destitución.
POR OCTAVIO QUINTERO


El caso no es que estemos asistiendo a la época de Alejandro Ordoñez en la Procuraduría o de Petro en la Alcaldía de Bogotá. El caso es que en Colombia no tenemos democracia y ese es el problema que se proyecta más allá de Ordoñez y Petro.

No puede ser que en democracia se justifique la presencia de un zar capaz de revocar por un simple acto administrativo la decisión de un pueblo; o que en democracia no se pueda revocar también por elección la elección de un mandatario, como no ha sido posible en Colombia en los tantos casos en que se ha intentado.  
Algo tiene que haber ahí que no funciona.

Paremos ahí, porque es el tema del momento, aunque numerosos ejemplos más podrían citarse ahora en demostración de que la democracia en Colombia es un remedo en que, ya ni siquiera partidos políticos existen…

No es que el Procurador se haya puesto por encima de la Constitución; es que aquí todo el que tenga alguna migaja de poder, empezando por los mismos presidentes y con frecuencia las mismas Cortes y el Congreso, se ponen por encima de la Constitución en defensa de intereses personales o de grupos dominantes, y eso no es democrático.
No es que el alcalde Petro no pueda ser removido de su cargo, es que la única persona que pensó en democracia para echar a andar el proceso se quedó sola, los enemigos políticos del alcalde vieron que era más fácil acudir a la vía no democrática del Procurador para revocarlo por vía de la destitución…

Y no es que la bulla de hoy sea por Petro; es que la bulla de toda esta antidemocracia que gobierna a Colombia viene de hace rato, tanto que ahí acaba de ser reconocido el hecho en la Mesa de Paz de la Habana y elevado a punto clave de todo eso que en entelequia sublime se ha definido como que nada quedará acordado hasta que todo no quede acordado.

La Plaza de Bolívar de Bogotá atestada de ciudadanos 
que rechazan el golpe de Estado contra el alcalde Gustavo Petro.

Aquí no se trata de defender a Petro y atacar al procurador, o viceversa. Aquí y ahora, estamos como en el poema de John Donne… "Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti".


Fin de folio. No se pueden esperar resultados buenos de procesos malos.
11 de diciembre de 2013.


COLOMBIA:
UNA TIRANÍA DISFRAZADA DE DEMOCRACIA
PETRO Y LA SUPREMACÍA OLIGÁRQUICA COLOMBIANA
Gustavo Petro Urrego, alcalde de Bogotá
POR FERNANDO DORADO
La Alcaldía de Bogotá encabezada por Gustavo Petro representa el primer intento serio de revertir el modelo neoliberal en los servicios públicos en una ciudad de Colombia. He allí el principal peligro para la oligarquía y el imperio. Además, Petro es el mejor prospecto que tiene el pueblo colombiano para acceder a la primera magistratura en un futuro cercano. El procurador, las contralorías, el "defensor del pueblo", el fiscal, el personero, todos estaban al acecho para caerle ante el menor descuido. ¡Y le cayeron!
Muchas personas -si no la mayoría- pensaban que el procurador Alejandro Ordóñez no iba a destituir a Petro. Menos, que lo fuera a inhabilitar por 15 años. Incluso el mismo Petro, quien interpreta esa decisión del Ministerio Público como un saboteo al proceso de paz y se hacía ilusiones que el presidente Santos fuera a intervenir para evitar esa sanción disciplinaria, se equivocó completamente. No calculó la trascendencia de su accionar.

Petro creía en la buena fe de los llamados "sectores democráticos" de la oligarquía, con los que el M-19 pactó el acuerdo que le dio vida a la Constitución de 1991. Los herederos de ese proyecto político siguen creyendo en esa "buena fe" y siguen amarrados a su institucionalidad. Lo demuestra la actitud leguleya de Antonio Navarro quien calificó el fallo del Procurador sólo como "exagerado". 22 años después la oligarquía muestra que no perdona y que no iba a dejar avanzar a Petro hacia la Presidencia de la República.

Olvidan que la oligarquía colombiana ha mostrado a lo largo de la historia su talante reaccionario y retrógrado. Esas clases dominantes no iban a permitir que Petro pudiera salir bien librado de una administración como la de Bogotá, mostrando la ruta de la defensa de lo público y la posibilidad de desmontar los monopolios privados de los servicios públicos. Sabían que iba a quedar bien posicionado en la recta hacia la presidencia de 2018.

Esa es la gran lección: esta oligarquía es vengativa, retrechera, traicionera, previsiva, no da puntada sin dedal, es difícil de derrotar, usa "todas las formas de lucha", se divide para aparentar que a su interior existen "sectores democráticos" para finalmente dar la puñalada "trapera" (por la espalda). Desechar ilusiones democrateras y diseñar una estrategia integral, es la lección aprendida para poder superar esa supremacía anti-popular.

En ese sentido la actuación del procurador Ordóñez no es aislada. No es exclusivamente una jugada contra el proceso de paz. No es sólo un complot para poner la alcaldía capitalina a disposición del uribismo. No es solamente una forma de sacar de la carrera presidencial al mejor prospecto que tiene la izquierda. Es todo eso y mucho más. Es un mensaje de que la oligarquía no está dispuesta a compartir el gobierno con fuerzas "progresistas" como ya lo hace la burguesía en varios países de Suramérica. Aquí no comparten nada.

Sin embargo este hecho es a la vez -paradójicamente-, una demostración de que la acción política que impulsaba Petro, está bien encaminada. El hecho de que traten de "asesinar políticamente" a este líder de la izquierda significa -como ocurrió con el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán-, que la orientación general es correcta pero que hay que afinar los detalles con mucho mayor tino y cuidado.

Es decir, como lo ha planteado el alcalde Petro en su discurso, hay que persistir con el proceso de paz. Hay que insertarse en la institucionalidad para desde allí desmontar el intrincado aparato neoliberal que la burguesía ha montado en la administración pública. Hay que luchar por mantener el control del gobierno de la capital de la República por parte de fuerzas progresistas, defensoras de lo público y anti-neoliberales.

Pero, paralelamente se debe construir desde las bases un gran movimiento popular que vaya consolidando formas de poder alternas y paralelas al poder institucional. En Bogotá ese proceso recién se está asumiendo. Tantos años de represión, guerra, desplazamiento, crecimiento caótico, planificación neoliberal, han destruido importantes lazos sociales que el pueblo bogotano tenía y que deben ser reconstruidos.


Millares de colombianos indignados por la injusta destitución 
del alcalde Gustavo Petro han llenado consecutivamente la histórica
Plaza de Bolívar de Bogotá para decir basta ya a los abusos y atropellos de la
ultraderecha liderada por el procurador Ordóñez y el expresidente Álvaro Uribe.

Por ello, el movimiento social por apropiarse de la basura como una fuente de capital social y empleo; la defensa de las galerías y mercados populares; los movimientos ambientales en defensa del agua, los humedales y un desarrollo sostenible de la ciudad; la lucha por transformar los servicios de educación y la salud; los espacios y desarrollos culturales; la organización a nuevos niveles de los trabajadores precariados; los proyectos económicos comunitarios; todo ello y muchas más iniciativas, debe ser fortalecidas -luchando contra las tendencias burocráticas-, para crear un potente movimiento popular que sea el sustento "desde abajo" de los procesos institucionales de transformación de la vida social. Sabemos que mientras no se derrote el sistema capitalista, lo que esté soportado en la institucionalidad burguesa, va a ser fácilmente desmontado sino está sostenido por fuerzas sociales organizadas y conscientes.

Es indudable que hay que dar la lucha en lo inmediato para mantener la administración de Bogotá, tanto por la vía de la movilización como en el terreno jurídico y político. Sin embargo, la izquierda tiene que replantear su estrategia. No se puede confiar en ninguna de las fracciones de la oligarquía (burguesía "nacional", burocrática, comercial, etc.), así asuman formas "progresistas", socialdemócratas y hasta "patrióticas". Las muestras espontáneas de solidaridad con el gobierno de Petro por parte de amplios sectores sociales revelan las grandes potencialidades que existen en el seno de nuestro pueblo y que todo está por conquistar. 

¡Que sí se puede!

Si en lo inmediato no se puede garantizar la permanencia de Petro en la alcaldía, hay que cerrar filas para darle continuidad a su programa de gobierno y derrotar el bloque oligárquico que se va a formar para acabar con la "Bogotá Humana". Pero además, Petro puede contribuir mucho con la construcción y fundamentación de un amplio movimiento popular (social y político), con la formación de cuadros revolucionarios que recojan y sistematicen su experiencia.

Necesitamos centros de pensamiento estratégico que ayuden a las expresiones organizativas del pueblo a derrotar a la oligarquía. Sabemos que si no nos matan físicamente lo tratarán de hacer política o moralmente. Por ello, al llegar a una alcaldía o gobernación, para abordar la tarea de desprivatizar un servicio público o afectar un monopolio oligárquico, debemos preocuparnos por construir un fuerte y poderoso movimiento social que sea el sustento y soporte de ese cambio. De lo contrario, nos lo cobran con sanciones y destituciones.

Igualmente, debemos entender que no se trata de llegar sólo a "gestionar" el aparato administrativo de la burguesía. Hay que penetrar en esa institucionalidad sólo con el fin de socavarla, de dinamitarla por dentro. Sólo así podremos ir construyendo una nueva institucionalidad anti-capitalista, de-colonial, basada en el auto-gobierno y dirigida a desarrollar una cuajada y poderosa democracia directa y participativa.

De lo contrario no podremos derrotar plenamente a esta oligarquía criminal que nos oprime y domina. Debemos combinar la lucha institucional y electoral, la movilización social y la construcción de poder popular de nuevo tipo (auto-gobierno). Son tres elementos indispensables para avanzar no sólo por caminos de paz, democracia y justicia social sino para construir las bases materiales, sociales, políticas y culturales de una nueva sociedad.

Petro puede ayudar en esa dirección. Si se concreta su inhabilidad político-administrativa de 15 años, ello no le impide desarrollar nuevas capacidades intelectuales y organizativas para servir al pueblo desde el terreno de la estrategia, la verdadera dirección política y la formación de dirigentes. Nuevas tareas surgen de la dinámica social y política.

Nota: Existen importantes antecedentes en la normatividad internacional para prever que se puede derrotar jurídicamente este atentado político del Procurador. Si Petro logra salir bien librado de esta batalla, estaría ad portas de la Presidencia para 2018. Entonces, la principal tarea sería preservar y cuidar de su existencia.

CONSPIRACIÓN FRAGUADA POR URIBE Y EL PROCURADOR ORDÓÑEZ

Con la destitución del alcalde Petro va quedando más al desnudo una tiranía disfrazada de democracia como la colombiana. En efecto, el plan para sacar al Alcalde de Bogotá fue urdido por el cuestionado expresidente Álvaro Uribe Vélez, el procurador Ordóñez y el exvicepresidente Francisco Santos Calderón, caracterizado por sus posturas ultraconservadoras.
En el siguiente video, Otty Patiño, exintegrante del M-19 y actual director del Observatorio de Cultura de Bogotá señala que él fue testigo de una reunión con Francisco Santos, pupilo de Uribe Vélez, en la que develó la estrategia de la ultraderecha para deshacerse de Petro y de esta manera tomarse la Alcaldía de la capital colombiana:
10 de diciembre de 2013.
Envío:Amarelle

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