9 de febrero de 2014

ENTREVISTA A RAJ PATEL.

“Debe haber mayor control social sobre el sector financiero”
Año 7. Edición número 299. Domingo 9 de Febrero de 2014
Por Graciela Pérez
gperez@miradasalsur.com
Acceso a la comida. “No hay sistema sustentable si no nos ocupamos de la pobreza.”
Entrevista. Raj Patel. Economista y académico británico. Una visión corporativa a nivel económico puede servir como defensa de los vaivenes especulativos. Un paso es recordar que el mercado opera gracias al permiso de la sociedad.

Ex empleado del Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio, el economista y académico británico Raj Patel, autor del best seller Obesos y famélicos y del libro Cuando nada vale nada abordó el impacto de la globalización en el sistema alimentario mundial.

Continuamente dejamos en el mercado la decisión de asignarle a las cosas un valor como si éste fuese humano y democrático. La crisis del capitalismo nos ha permitido observar la ambición desmedida del sistema, la falta de controles y el impacto de las medidas económicas en las sociedades. Patel desmenuza cada uno de estos temas y, además, el detrás de escena de las empresas internacionales para controlar el negocio de la comida.


–¿Cómo se defiende el ciudadano común de las crisis económicas que originan las especulaciones financieras?
–Ayuda si el ciudadano común es banquero, en cuyo caso estará en posición de recibir fondos del gobierno. Pero existen formas de exigir un cambio, todas las cuales implican no modificaciones en el comportamiento individual de cada ciudadano, sino un desafío colectivo al capitalismo financiero. Las protestas en Europa son ejemplos de personas que buscan, con mayor o menor éxito, protegerse de las peores consecuencias de la crisis. Pero para resguardarnos correctamente, es necesario no sólo tener un plan defensivo, sino también una visión corporativa a nivel económico según la cual el sector financiero sea considerablemente más chico y se encuentre con mayor control social.


–Karl Marx afirmó que la crisis emerge de la caída del sistema. Si esta afirmación es cierta, ¿qué modelo impera hoy?
–La respuesta corta: capitalismo. Vivimos en medio de varias crisis: la ambiental, la social y la económica. Desde una perspectiva ecológica, ya hemos dejado nuestra huella en el tiempo geológico, vivimos en la era de las extinciones del antropoceno. El capitalismo tiene una gran responsabilidad sobre estas extinciones. Estamos ingresando en la era de las guerras por el agua y las divisas. Y además asistimos con preocupación a un aumento de las tendencias de extrema derecha en el mundo. La última vez que estos grupos “solucionaron” las crisis, terminamos en sistemas fascistas.


–Los mercados modernos no se rigen por las necesidades, sino por el lucro. ¿Cómo debería fijarse el precio de una mercancía?
–Esta pregunta es extremadamente difícil de responder. Si queremos que las necesidades sean la base sobre la cual distribuimos un bien en particular, entonces el bien no debería estar en el mercado. Pensemos, por ejemplo, en la educación primaria, todos estamos de acuerdo en que todos los niños la necesitan, y entendemos que si le pusiéramos un precio (cualquier precio), significaría que algunos niños queden fuera.

De manera que, colectivamente, casi todas las sociedades han decidido que no sólo debe ser gratuita, sino también, en muchos casos, obligatoria. La forma en que se decidió este precio cero fue a través del debate democrático y el apelar a determinados valores comunes, como los derechos humanos. Estos son principios útiles para poder pensar otros casos también.


–Usted afirma que para que el mercado se expandiera se consensuó la idea de que sociedad y mercado son dos realidades autónomas. De relacionarse el mercado con la sociedad, ¿existirían mercados más acotados?
–Creo que sí. Después de todo, la pregunta anterior fue acerca de cómo el ciudadano común puede protegerse del mercado. Parte de los miedos surgen de olvidar que los mercados capitalistas operan gracias al permiso de la sociedad. Si bien escuchamos hablar de la inevitabilidad del mercado, el hecho es que para que los bienes se conviertan en cosas que se compran y vendan es necesario el trabajo. Si bien convivimos con las ideas de renta y salario, en su estado actual son conceptos increíblemente nuevos en la historia de las civilizaciones. Recordar las contingencias del pasado ayuda a darnos cuenta cuántas posibilidades nos esperan.


–Si se calculara en el precio final de una mercancía al costo ambiental, ¿sería factible una economía de gran escala?
–Si bien está claro que nuestros sistemas actuales de producción a gran escala dependen de desestimar sus costos ambientales, especialmente en el caso de las industrias que dependen de los combustibles fósiles, es muy posible imaginar otros tipos de industrias con desperdicio cero que operen a gran escala. Algunas de las innovaciones de sistema cerrado en la siembra y procesamiento de alimentos sugieren que existen muchas ideas sustentables que pueden funcionar a gran escala. Esto, en mi opinión, genera una gran esperanza.


–El planteo de Cecil Rhodes sobre la necesidad de constituirse en un imperio para evitar conflictos de clases en una nación, ¿cómo funciona en los países del Sur Global?
–Lamentablemente está funcionando tal como lo planteó. Si pensamos en los “land grabs”, este fenómeno en el que las potencias extranjeras compran grandes porciones de tierra productiva en países en desarrollo (particularmente en África), vemos el mecanismo en funcionamiento. En China y en India la preocupación por la escasez de comida en las zonas urbanas está llevando a los gobiernos e inversores privados a comprar tierras en otros países para exportar alimentos. El ejemplo más famoso es cuando la corporación Daewoo anunció que había asegurado un usufructo de 32 millones de acres de tierra en Madagascar, que obtendría en forma gratuita siempre y cuando empleara mano de obra local para sembrar alimentos y enviarlos a Corea del Sur. El trato se cayó y con él el gobierno, pero es la lógica Rhodes por excelencia.


–¿Es factible eliminar el intermediario entre productor y consumidor? De ser posible, ¿qué pasaría con las importaciones y exportaciones?
–Ya resulta evidente que es muy posible. En el campo de los alimentos observamos un crecimiento de las iniciativas de soberanía alimentaria local en todo el mundo. Esto no significa el fin de las importaciones y las exportaciones, pero sí significa que, por primera vez, necesitamos que se vean más influidas por la capacidad del sistema de intercambio comercial global de establecer términos de intercambio como pares y no como pueblos colonizados.


–La mayoría de las personas van a los hipermercados porque les resulta más práctico y, también, por las ofertas. ¿Cómo se cambian estas costumbres cuando la gente tiene sueldos bajos y carece de tiempo?
–Algunos de los estudios más recientes sugieren que los bienes frescos son en general menos costosos en los negocios tradicionales que en los supermercados. Pero, en general, como argumento en Obesos y Famélicos, el problema es precisamente que la gente no tiene tiempo de comprar en otro lugar. Los desafíos más exitosos a este dilema tienen que ver tanto con lograr que la buena comida sea accesible para personas de bajos recursos como con resolver el problema de la pobreza. Claro que es una locura pensar que pueda surgir un movimiento sustentable fuerte si primero no nos ocupamos de la pobreza.
Fuente:MiradasalSur

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