OPINION
Los medios en discusiónPor Edgardo Mocca
Imagen: Jorge Larrosa
La imparable vocinglería mediática provocadora y desestabilizadora a la que asistimos tiene una serie de implicancias políticas y culturales que suelen ser insuficientemente consideradas, tanto entre quienes la ignoran deliberadamente a la hora de analizar la política como en algunas de las miradas críticas que tienden a ver la relación entre los medios y la sociedad como un mero fenómeno de manipulación y creación artificial de estados de ánimo.
Tuve en estos días la oportunidad de leer la magistral reconstrucción del pensamiento del sociólogo argentino Oscar Landi que realiza Eduardo Rinesi en su libro ¿Cómo te puedo decir? La perspectiva de Landi sobre los medios, particularmente sobre la televisión, desafía la crítica culturalista de la televisión concentrada en el contenido de la emisión y desplaza la mirada principal hacia el receptor. Es decir en cuáles son los mecanismos a través de los cuales el televidente recibe los mensajes y los procesa a través de su propio repertorio de prácticas y experiencias sociales y culturales. El televidente no es una víctima crédula e indefensa frente a la pantalla; si los medios no le hablaran de un modo relativamente compatible con el mundo en el que vive, simplemente no les prestaría mayor atención. Claro que la televisión ha dejado de ser –si alguna vez lo fue– simplemente una arena de la disputa política para convertirse en una herramienta, en un arma de ese combate. La posición dominante de mercado ha facilitado la creación de un dispositivo complejo, intenso y eficaz de intervención en la lucha política, sobre la base de fijar, de anclar en la audiencia, una variedad de “verdades” del sentido común. No hay pues “invento” de una realidad, sino activación sistemática y manipuladora de los resortes subjetivos que no nacen en la pantalla, sino que se configuran en una práctica social.
Cuando se habla del lugar de los medios de comunicación en la sociedad no puede hablarse en abstracto. Es necesario, ante todo, pensar de qué sociedad se trata. La sociedad argentina actual es el resultado de un conjunto de experiencias políticas que se desarrollaron en los últimos cuarenta años en el contexto de una mutación radical a escala planetaria del mundo laboral, social y cultural en el que vivimos; una mutación que tiene en su núcleo la cuestión política, la cuestión del poder. La palabra globalización nombra este proceso pero lo hace de un modo unilateral y por lo tanto equívoco. Ciertamente estamos en el mundo de las comunicaciones online a través del planeta, de los flujos económicos en tiempo real, de la repercusión global de los acontecimientos locales y en ese mundo el lugar de los medios –a su vez revolucionados técnicamente– aparece claramente central. Pero hasta aquí la descripción neutraliza la transformación, la vacía de sustancia, la reduce a las formas. La mutación mundial es, ante todo, afirmación de una nueva hegemonía cultural y política, la de un bloque social organizado alrededor de las nuevas formas de dominación económica que tienen en su centro al capital financiero. Se trata del capital desterritorializado por excelencia, el que no necesita fábricas ni concentraciones de trabajadores, el que puede moverse sin límites a través del planeta. No es mera dominación, es hegemonía porque tiene la capacidad de formar el sentido común predominante, no solamente por su capacidad innegable de manipularlo a través de gigantescas agencias de formación de opinión, sino principalmente porque ese sentido común corresponde a una manera nueva y distinta de vivir. La esencia de esa manera de vivir es la dispersión, la desagregación social, el individualismo extremo. Es el modo de vivir que corresponde al desmantelamiento de la sociedad industrial y salarial, a la flexibilización de las relaciones laborales, al debilitamiento de las viejas formas productivas fordistas y el auge de los servicios, puestos a disposición de un impulso consumista que se mueve en forma vertiginosa. Es el paroxismo de la publicidad como lubricante de ese impulso consumista y a la vez como reproductor ampliado del deseo que lo motoriza. Es a la vez el tiempo del despliegue de la industria del entretenimiento, del culto por la imagen de los cuerpos metamorfoseado bajo la forma del “cuidado de la salud”. Nosotros, toda la audiencia de los medios, vivimos en ese mundo, estamos atravesados por ese “ecosistema cultural”, como lo llamaba Landi.
Los medios de comunicación dominantes trabajan para vaciar a la política de contenido. En eso coincidimos todos los que repudiamos la increíble deriva a la operación política irresponsable que toman esas agencias en estos tiempos. De ahí que impulsemos la aplicación de la Ley de Servicios Audiovisuales con el consiguiente desarrollo de múltiples iniciativas populares capaces de producir un mínimo reequilibrio del campo de juego en el que se disputa el sentido de nuestra vida en común. Eso no equivale a la consagración de una manera de pensar que absolutiza el papel de los medios y suele quedar atrapada en la agenda que las principales empresas nos proponen. El proceso de vaciamiento de la política, fuertemente impulsado por los medios hegemónicos, no se reduce a un fenómeno de hipnosis colectiva frente a la pantalla, la radio, el diario o las redes sociales. La política argentina se vació sin solución de continuidad desde el golpe de Estado de 1976 –acaso desde un poco antes– hasta el colapso de 2001. Y ese vaciamiento no fue un proceso psicológico de alienación, sino el resultado de las batallas políticas durante todo ese período. En primerísimo lugar del sangriento escarmiento ejecutado por la dictadura contra miles y miles de militantes políticos, sindicales, religiosos y sociales. También del proceso de desindustrialización que modificó el cuadro productivo pero también el cuadro cultural de nuestra sociedad, a través del debilitamiento del movimiento obrero y de su representación sindical y política. Nuestra democracia “democratizó” la nueva configuración político-cultural que heredamos de la dictadura. Reconquistamos nuestras libertades y nuestro derecho a elegir. Sin embargo, lo hicimos en el nuevo clima social creado por los años de dictadura y en un contexto mundial de progresivo triunfo del programa de reestructuración neoliberal. Nuestra democracia fue perdiendo potencia en la medida en que el respeto por la hegemonía imperante empezó a homogeneizar y a desdramatizar la disputa política. Todos los partidos influyentes de la época contribuyeron a consolidar esa hegemonía, a “bajar el gasto público”, a “flexibilizar el trabajo asalariado”, a “garantizar la seguridad jurídica” (para los grandes capitales), a santificar el mercado, a generar sospecha respecto del Estado, de los sindicatos, de las organizaciones sociales y hasta de los propios partidos políticos. La época fue también la de la consolidación del nuevo rol de los medios de comunicación; primero fue el reemplazo de la plaza y la calle por el estudio de televisión como sede del espectáculo político. Con el tiempo ese reemplazo se completó con la plena asunción por las grandes empresas mediáticas de su papel de actores políticos en sí mismos. Hoy casi el conjunto de las fuerzas de oposición delegan en los medios el armado de sus agendas y de sus estrategias políticas.
Dijo Bernard Manin que la democracia de los partidos se convirtió en la democracia de las audiencias. Sin embargo, la fórmula es políticamente neutral. No son, en realidad, cualesquiera partidos los que fueron desalojados por cualquier audiencia. Las audiencias son los ciudadanos de las democracias de mercado, los partidos son los que han renunciado a su papel de expresar las diferencias relevantes en la sociedad y se conforman con ser administradores circunstanciales de un orden intocable. Cuando hoy se agita la consigna de recuperar los “grandes consensos” da toda la impresión de que se pretende restablecer la plena normalidad de un modo de dominación, aquejado por una anomalía, el kirchnerismo, que debe ser extirpada quirúrgicamente para hablar con la misma metáfora clínica con la que los grandes poderes económicos que sostuvieron la última dictadura se referían al “virus” de la subversión. Este, el de 2003 hasta acá, ha sido y es un tiempo de anomalía, de desafíos al establi-shment, de conflictos y, sobre todo, de puesta en cuestión del carácter “natural” del orden neoliberal. Claramente no ha sido hasta ahora un capítulo de plena superación. El ethos neoliberal sigue siendo predominante; lo impulsan los medios de comunicación, pero le da vida una realidad en la que la acumulación de dinero, el consumo ilimitado, las seguridades individuales y el terror al regreso al abismo siguen siendo decisivos a la hora de explicar ciertas conductas individuales y colectivas.
Si esto es así, no hay que dejar de promover y organizar nuevas voces en el firmamento audiovisual. Pero sobre todo hay que promover y organizar nuevas experiencias colectivas que sostengan otros valores y que pongan en cuestión el “ecosistema cultural” en el que vivimos.
OPINION
Avanzar con responsabilidad, informar con responsabilidad
Por Diego Bossio *
El auditor general de la Nación y dirigente de la UCR, Leandro Despouy, publicó esta semana en un diario argentino un artículo titulado “La ANSES estafa a sus beneficiarios”. Dada la cantidad de mentiras allí vertidas y la relevancia del cargo político que ostenta, corresponde una respuesta institucional clara. Porque el funcionario radical vive de y para conservar su cargo. Pero se olvida de que es un cargo de control. Y, lo que resulta más preocupante, desconoce sus procedimientos básicos, demostrado esto en una redacción imprudente y plagada de imprecisiones.
* En su nota de opinión, el Sr. Despouy afirma que las operaciones financieras realizadas por el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) implican una “descapitalización del patrimonio público” comprometiendo “su solvencia futura”. Justo un día después de que la Anses informara el valor del FGS al 30 de enero de 2014, que alcanzó los 365.358 millones de pesos (46.247 millones de dólares). En diciembre de 2009, las AFJP habían transferido 98.082 millones de pesos (25.811 millones de dólares). Los activos del sistema crecieron un 275 por ciento en pesos y un 79,2 por ciento en dólares. ¿Dónde está la descapitalización?
* La Anses no hace política monetaria, no ha vendido nunca un título público por debajo de su valor de mercado ni ha realizado ninguna operación con un objetivo distinto al que tiene para la administración de estos fondos. El FGS sólo opera instrumentos financieros con oferta pública en mercados regulados por la Comisión Nacional de Valores. En consecuencia, estas operaciones se realizan a precio de mercado, con rendimientos de mercado a través de cinco bancos autorizados por el Banco Central.
* También dice que los “recursos en su totalidad debieran ser utilizados únicamente para efectuar pagos a los beneficiarios del sistema previsional”. Ello es inexacto, ya que el Decreto 2103/08 establece como una de las finalidades del FGS contribuir “de acuerdo a criterios de seguridad y rentabilidad adecuados, al desarrollo sustentable de la economía nacional, a los efectos de garantizar el círculo virtuoso entre el crecimiento económico sostenible, el incremento de los recursos destinados al SIPA y la preservación de los activos de dicho Fondo”.
Sería bueno que el dirigente radical conociese que el FGS realiza inversiones en proyectos productivos y de infraestructura, impulsando la creación de trabajo registrado. De esta manera, se generan mayores recursos hacia el sistema previsional y sinergias entre diferentes ramas de actividades.
* El Sr. Despouy se pregunta “cuánto perdieron en pocos días nuestros jubilados con la liquidación de bonos dolarizados de la Anses”. Inquieta la ausencia de fundamentos técnicos y comprobables que, por su cargo, debería conocer. Entre 2008 y 2014, la composición de la cartera reflejó un crecimiento de la participación de los instrumentos nominados en dólares, pasando del 14,3 por ciento al 38,5 por ciento. De esta manera, se dan de baja las especulaciones de medios y comunicadores que anunciaban la venta de títulos nominados en dólares durante enero.
* El Sr. Despouy también cuestiona el balance de la Anses, afirmando que “la AGN no ha podido expedir dictámenes favorables sobre la ejecución presupuestaria en la mayoría de los ejercicios”. La Anses ha presentado respuesta en tiempo y forma a todos los pedidos, tanto de la AGN como de otras instancias de control. Todas las operaciones del FGS deben ser aprobadas por su Comité Ejecutivo a través de actas que se publican periódicamente en la web.
Esta afirmación del Sr. Despouy esconde además lo realmente importante. El día 22 de mayo de 2013, la AGN, en sesión ordinaria, aprobó con opinión favorable el informe de la cuenta de inversión de la Anses, correspondiente al ejercicio 2011. Esta fue la primera vez, desde la creación del organismo hace más de 20 años, que los estados contables de la Anses son aprobados. La opinión favorable abarca una adecuada exposición de los estados contables, la solvencia de la previsión presupuestaria así como una favorable evaluación de los procesos operativos que sustentan las cuentas del organismo. Cuando gobernaba la Alianza, la Anses no tuvo ningún balance aprobado por la AGN.
* Por último, el funcionario radical afirma que el futuro del sistema previsional está en juego como consecuencia de la deuda contingente de los juicios, lo cual es absolutamente falso. Gracias a la Ley de Movilidad, el problema de los juicios previsionales se encuentra en reducción y la inmensa mayoría de los nuevos jubilados no hace juicio porque el mecanismo de actualización de los haberes ha dado mejores resultados que las variables que suelen tomarse en comparación. Por este motivo, de los 333.141 nuevos jubilados de 2013, sólo 772 iniciaron juicios, o sea el 0,2 por ciento. Además, la cantidad de juicios en stock viene reduciéndose en forma continua. En el año 2013, se abonaron 39.448 sentencias, un 55 por ciento más que en 2012, lo cual implica un record histórico, que volveremos a superar en 2014, ya que se cuenta con una asignación presupuestaria de $ 6.700 millones.
Conclusión: al dirigente radical le molesta ideológicamente este modelo de inclusión. Pero esto es entendible, ya que en el ejercicio democrático, el disenso sobre la política es la esencia de éste. Por ejemplo, yo no avalaría un recorte del 13 por ciento ni congelaría las jubilaciones, pero él sí. Durante el gobierno de la Alianza, la inversión que se hacía en nuestros jubilados y pensionados era del 7,6 por ciento del PBI, sólo el 66 por ciento de los adultos mayores podían jubilarse, y el haber mínimo no fue modificado ni una sola vez.
Sin embargo, como decía el presidente Perón, la única verdad es la realidad, y en este proceso iniciado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández de Kirchner, la inversión social que hace la Anses es un 12,2 por ciento del PBI, la cobertura previsional es del 94 por ciento (2,6 millones de nuevos jubilados y pensionados), y el haber mínimo se aumentó 23 veces, desde los 150 pesos de mayo de 2003 hasta los 2757 pesos de 2014.
Dónde no puede haber disenso es en sostener las responsabilidades institucionales que nos competen. Como director ejecutivo de la Anses, fui 18 veces al Congreso a informar sobre el FGS. Los informes son públicos, así como las actas del Comité Ejecutivo donde se deciden las inversiones. Pareciera que el Sr. Despouy desconoce esto o intenta intencionalmente engañar al lector con información falsa.
T
odavía faltan cosas en la Argentina, pero es mucho el camino recorrido. Los argentinos hemos dado un paso enorme al recuperar un sistema previsional público, de reparto y solidario. Lástima que ningún legislador de la UCR haya acompañado la Ley N° 26.425 de estatización de los fondos de las ex AFJP. Esperemos en el futuro un mayor acompañamiento, porque todo lo que se ha hecho ha sido exclusivamente en beneficio de los jubilados y pensionados. Así lo demuestran los hechos, que son la realidad efectiva de nuestro compromiso con la justicia social.
* Director ejecutivo de la Anses.
OPINION
Al diablo
Por Horacio Verbitsky
Imagen: Cristina Banegas
Muchos militantes políticos se sorprendieron al conocer en esta página las duras reflexiones autocríticas de Juan Gelman. Esto indica que su libro de 1987 Contraderrota. Montoneros y la Revolución Perdida no tuvo la difusión que merecía. Pero entre los sorprendidos al enterarse de la existencia de ese texto figura también el periodista Ceferino Reato, quien se había apresurado a zapatear su ignorancia sobre el féretro de Gelman, al reprocharle que nunca hubiera hecho una autocrítica, pecado en el que sin ingenuidad involucró al kirchnerismo y a la mayoría de los organismos de derechos humanos. En una respuesta a mi artículo sobre la posición política de Gelman, Reato sentenció esta semana que después de leer con atención esos fragmentos piensa lo mismo que antes de conocerlos. A juicio del ex funcionario del ex embajador menemista en el Vaticano Esteban Caselli no constituyen una autocrítica, porque Gelman no confesó crímenes, no se arrepintió ni pidió perdón.
* La Anses no hace política monetaria, no ha vendido nunca un título público por debajo de su valor de mercado ni ha realizado ninguna operación con un objetivo distinto al que tiene para la administración de estos fondos. El FGS sólo opera instrumentos financieros con oferta pública en mercados regulados por la Comisión Nacional de Valores. En consecuencia, estas operaciones se realizan a precio de mercado, con rendimientos de mercado a través de cinco bancos autorizados por el Banco Central.
* También dice que los “recursos en su totalidad debieran ser utilizados únicamente para efectuar pagos a los beneficiarios del sistema previsional”. Ello es inexacto, ya que el Decreto 2103/08 establece como una de las finalidades del FGS contribuir “de acuerdo a criterios de seguridad y rentabilidad adecuados, al desarrollo sustentable de la economía nacional, a los efectos de garantizar el círculo virtuoso entre el crecimiento económico sostenible, el incremento de los recursos destinados al SIPA y la preservación de los activos de dicho Fondo”.
Sería bueno que el dirigente radical conociese que el FGS realiza inversiones en proyectos productivos y de infraestructura, impulsando la creación de trabajo registrado. De esta manera, se generan mayores recursos hacia el sistema previsional y sinergias entre diferentes ramas de actividades.
* El Sr. Despouy se pregunta “cuánto perdieron en pocos días nuestros jubilados con la liquidación de bonos dolarizados de la Anses”. Inquieta la ausencia de fundamentos técnicos y comprobables que, por su cargo, debería conocer. Entre 2008 y 2014, la composición de la cartera reflejó un crecimiento de la participación de los instrumentos nominados en dólares, pasando del 14,3 por ciento al 38,5 por ciento. De esta manera, se dan de baja las especulaciones de medios y comunicadores que anunciaban la venta de títulos nominados en dólares durante enero.
* El Sr. Despouy también cuestiona el balance de la Anses, afirmando que “la AGN no ha podido expedir dictámenes favorables sobre la ejecución presupuestaria en la mayoría de los ejercicios”. La Anses ha presentado respuesta en tiempo y forma a todos los pedidos, tanto de la AGN como de otras instancias de control. Todas las operaciones del FGS deben ser aprobadas por su Comité Ejecutivo a través de actas que se publican periódicamente en la web.
Esta afirmación del Sr. Despouy esconde además lo realmente importante. El día 22 de mayo de 2013, la AGN, en sesión ordinaria, aprobó con opinión favorable el informe de la cuenta de inversión de la Anses, correspondiente al ejercicio 2011. Esta fue la primera vez, desde la creación del organismo hace más de 20 años, que los estados contables de la Anses son aprobados. La opinión favorable abarca una adecuada exposición de los estados contables, la solvencia de la previsión presupuestaria así como una favorable evaluación de los procesos operativos que sustentan las cuentas del organismo. Cuando gobernaba la Alianza, la Anses no tuvo ningún balance aprobado por la AGN.
* Por último, el funcionario radical afirma que el futuro del sistema previsional está en juego como consecuencia de la deuda contingente de los juicios, lo cual es absolutamente falso. Gracias a la Ley de Movilidad, el problema de los juicios previsionales se encuentra en reducción y la inmensa mayoría de los nuevos jubilados no hace juicio porque el mecanismo de actualización de los haberes ha dado mejores resultados que las variables que suelen tomarse en comparación. Por este motivo, de los 333.141 nuevos jubilados de 2013, sólo 772 iniciaron juicios, o sea el 0,2 por ciento. Además, la cantidad de juicios en stock viene reduciéndose en forma continua. En el año 2013, se abonaron 39.448 sentencias, un 55 por ciento más que en 2012, lo cual implica un record histórico, que volveremos a superar en 2014, ya que se cuenta con una asignación presupuestaria de $ 6.700 millones.
Conclusión: al dirigente radical le molesta ideológicamente este modelo de inclusión. Pero esto es entendible, ya que en el ejercicio democrático, el disenso sobre la política es la esencia de éste. Por ejemplo, yo no avalaría un recorte del 13 por ciento ni congelaría las jubilaciones, pero él sí. Durante el gobierno de la Alianza, la inversión que se hacía en nuestros jubilados y pensionados era del 7,6 por ciento del PBI, sólo el 66 por ciento de los adultos mayores podían jubilarse, y el haber mínimo no fue modificado ni una sola vez.
Sin embargo, como decía el presidente Perón, la única verdad es la realidad, y en este proceso iniciado por Néstor Kirchner y continuado por Cristina Fernández de Kirchner, la inversión social que hace la Anses es un 12,2 por ciento del PBI, la cobertura previsional es del 94 por ciento (2,6 millones de nuevos jubilados y pensionados), y el haber mínimo se aumentó 23 veces, desde los 150 pesos de mayo de 2003 hasta los 2757 pesos de 2014.
Dónde no puede haber disenso es en sostener las responsabilidades institucionales que nos competen. Como director ejecutivo de la Anses, fui 18 veces al Congreso a informar sobre el FGS. Los informes son públicos, así como las actas del Comité Ejecutivo donde se deciden las inversiones. Pareciera que el Sr. Despouy desconoce esto o intenta intencionalmente engañar al lector con información falsa.
T
odavía faltan cosas en la Argentina, pero es mucho el camino recorrido. Los argentinos hemos dado un paso enorme al recuperar un sistema previsional público, de reparto y solidario. Lástima que ningún legislador de la UCR haya acompañado la Ley N° 26.425 de estatización de los fondos de las ex AFJP. Esperemos en el futuro un mayor acompañamiento, porque todo lo que se ha hecho ha sido exclusivamente en beneficio de los jubilados y pensionados. Así lo demuestran los hechos, que son la realidad efectiva de nuestro compromiso con la justicia social.
* Director ejecutivo de la Anses.
OPINION
Al diablo
Por Horacio Verbitsky
Imagen: Cristina Banegas
Muchos militantes políticos se sorprendieron al conocer en esta página las duras reflexiones autocríticas de Juan Gelman. Esto indica que su libro de 1987 Contraderrota. Montoneros y la Revolución Perdida no tuvo la difusión que merecía. Pero entre los sorprendidos al enterarse de la existencia de ese texto figura también el periodista Ceferino Reato, quien se había apresurado a zapatear su ignorancia sobre el féretro de Gelman, al reprocharle que nunca hubiera hecho una autocrítica, pecado en el que sin ingenuidad involucró al kirchnerismo y a la mayoría de los organismos de derechos humanos. En una respuesta a mi artículo sobre la posición política de Gelman, Reato sentenció esta semana que después de leer con atención esos fragmentos piensa lo mismo que antes de conocerlos. A juicio del ex funcionario del ex embajador menemista en el Vaticano Esteban Caselli no constituyen una autocrítica, porque Gelman no confesó crímenes, no se arrepintió ni pidió perdón.
Así confunde la autocrítica (que diversos movimientos políticos y escuelas psicológicas utilizan como herramienta para descubrir y superar errores e insuficiencias en la propia actividad) con el sacramento católico de la reconciliación o la penitencia, que abre la puerta a la salvación individual. La reconciliación se consuma al confesar los pecados ante el sacerdote, cuya absolución confiere al penitente el perdón de Dios.
La autocrítica de Gelman (como la de Walsh o la mía, aunque a Reato le moleste su mención) fueron contemporáneas a los hechos y prosiguieron después. La continuidad en la organización (Walsh y yo hasta 1977, Gelman dos años más) no implicó convalidar las políticas que objetamos y se explica por la pertenencia a un proyecto colectivo, la lealtad a quienes murieron defendiéndolo y el intento de modificar las cosas mientras fuera posible. Las definiciones de Gelman contra el militarismo, el elitismo, la soberbia, el foquismo (y su resultado: una política antipopular, opuesta a Perón, a la clase trabajadora y a la clase media) son de una contundencia que pone en ridículo cualquier intento de negarlas.
Ya entonces Gelman advirtió a los previsibles reatos del futuro que su autocrítica no era la de “los cuervos políticos”, para “regodearse con la derrota y decretar el fin de las utopías” ni “para salvar el honor personal”, sino “con la voluntad de revertir esta situación y no incurrir en la autoflagelación pública”. La compunción póstuma exigida a Gelman equivale a que en nombre de los errores y del dolor, padecido e infligido, se abomine de toda lucha, pasada o futura, por el mejoramiento de las condiciones políticas y sociales. Eso es desconocer la historia de los pueblos, que en vez de resignarse al statu quo debido a los errores de los militantes o los dirigentes se las ingenian para corregirlos y avanzar, como se ha comprobado en estos años.
Reato niega adherir a la doctrina de los dos demonios y para probarlo alega que le parecen “mucho peores los delitos realizados desde el aparato del Estado”. Se le olvidó que ya en la primera página del informe Nunca Más, de 1983, Sabato enunció esa doctrina en sus mismos términos: “A los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor”. ¿O tampoco lo habrá leído?
Por último, también exhuma una pieza arqueológica del terrorismo de Estado, cuando afirma que a Walsh lo mataron, Gelman vivió en el exilio y a mí no me pasó nada: por algo será. Esto expone tanto su calaña cuanto la inconsistencia de sus argumentos.
Fuente:Pagina12
09.02.2014 La autocrítica de Gelman (como la de Walsh o la mía, aunque a Reato le moleste su mención) fueron contemporáneas a los hechos y prosiguieron después. La continuidad en la organización (Walsh y yo hasta 1977, Gelman dos años más) no implicó convalidar las políticas que objetamos y se explica por la pertenencia a un proyecto colectivo, la lealtad a quienes murieron defendiéndolo y el intento de modificar las cosas mientras fuera posible. Las definiciones de Gelman contra el militarismo, el elitismo, la soberbia, el foquismo (y su resultado: una política antipopular, opuesta a Perón, a la clase trabajadora y a la clase media) son de una contundencia que pone en ridículo cualquier intento de negarlas.
Ya entonces Gelman advirtió a los previsibles reatos del futuro que su autocrítica no era la de “los cuervos políticos”, para “regodearse con la derrota y decretar el fin de las utopías” ni “para salvar el honor personal”, sino “con la voluntad de revertir esta situación y no incurrir en la autoflagelación pública”. La compunción póstuma exigida a Gelman equivale a que en nombre de los errores y del dolor, padecido e infligido, se abomine de toda lucha, pasada o futura, por el mejoramiento de las condiciones políticas y sociales. Eso es desconocer la historia de los pueblos, que en vez de resignarse al statu quo debido a los errores de los militantes o los dirigentes se las ingenian para corregirlos y avanzar, como se ha comprobado en estos años.
Reato niega adherir a la doctrina de los dos demonios y para probarlo alega que le parecen “mucho peores los delitos realizados desde el aparato del Estado”. Se le olvidó que ya en la primera página del informe Nunca Más, de 1983, Sabato enunció esa doctrina en sus mismos términos: “A los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor”. ¿O tampoco lo habrá leído?
Por último, también exhuma una pieza arqueológica del terrorismo de Estado, cuando afirma que a Walsh lo mataron, Gelman vivió en el exilio y a mí no me pasó nada: por algo será. Esto expone tanto su calaña cuanto la inconsistencia de sus argumentos.
Fuente:Pagina12
panorama político
La hora del mejor kirchnerismo
La necesidad de avanzar sobre instrumentos que le permitan al Estado recuperar y mantener los resortes de la economía.
Por: Hernán Brienza
En estas vacaciones contemplativas y espirituales que me he tomado he tenido oportunidades de leer completamente varios textos ilustrativos e interesantes que hablan de la situación política nacional e internacional. Al compás de mis lecturas, se produjo en Argentina la devaluación del peso tan exigida por los exportadores –principales beneficiarios- y neuróticamente celebrada por las clases medias que, al mismo tiempo que se veían perjudicadas por la pérdida de poder adquisitivo real –de la misma manera que los sectores populares, claro-. Más allá de la necesidad o no de la medida implementada por el gobierno –cierto retraso cambiario podría justificarla-, lo sustancial en el hecho es la cualidad de la toma de decisión: ¿fue una decisión soberana del Estado o un arrebato por parte de los sectores económicos dominantes del dinero de la mayoría de los argentinos? La respuesta es clara: fue el resultado de la presión de los grandes especuladores –a los que se suman la acción minoritaria de los desesperados de siempre que no quieren, con obvia razón, perder sus ahorros por la ventisca cambiaria- que, entre otras, cosas no liquidaron exportaciones para presionar sobre el precio del dólar (incluyendo, claro, las acciones cuasi delictivas del CEO de la Shell).
La cuestión parece simplemente económica pero es estrictamente política. Bien sabía el ex presidente Raúl Alfonsín de golpes de mercado, por ejemplo. Y está escrito en ese párrafo luminoso escrito por Luis Majul, de su libro Por qué cayó Alfonsín, que ya he citado en alguna otra oportunidad: “La caída de Alfonsín... signada por el Nuevo Terrorismo Económico. ¿Es terrorista o no una firma que compra 40 millones de dólares en un día, hace subir la divisa, la papa, los pañales, se mete en la cama de los enamorados, conspira contra el placer, apresura la muerte de los más débiles y enriquece sin esfuerzo a los más fuertes?... ¿Cómo se puede calificar a los capitalistas argentinos que no invierten sin un subsidio estatal y que cuando ganan un dólar no lo colocan en la producción sino que lo envían al exterior y se olvidan del asunto?”. Brillante aquel Majul ¿no es cierto? Y uno podría agregar preguntas actuales: ¿Es terrorista un diario que especula con el temor de los argentinos publicando informaciones falsas sobre la subida del precio del dólar? ¿Y los economistas de lo estatuido que se pasean por los canales de televisión, defendiendo los intereses particulares de sus clientes, alertando a la sociedad de que estamos a las puertas de la hiperinflación y una escalada del tipo de cambio? ¿No son como hombres-bomba pequeñitos que van minando la confianza de millones de argentinos? ¿Y los exportadores que no liquidan sus dólares especulando con una devaluación intempestiva?
¿Pero por qué es política y no económica la cuestión? Sencillo. La devaluación y la inflación atacan a la política por dos frentes. Primero: quiebra la confianza de la sociedad en su gobierno, esmerila la legitimidad del sector político frente a la embestida económica, y genera un efímero y adolescente pavor antipolítico del estilo “que se vayan todos”. Y segundo: porque destruye el orgullo nacional y la confianza propia de todos los argentinos. Quiero detenerme en este punto porque es fundamental para entender la decepción de algunos sectores de la clase media que comienza con la cantinela en contra del país. El kirchnerismo había logrado reforzar la siempre alicaída autoestima nacional. Diez años de crecimiento sostenido podrían hacerle creer a los argentinos que su país podía valer la pena ser vivido. La devaluación forzada, la crisis inflacionaria, permite a los heraldos del descontento permanente decir: “Este país de mierda es así; cada diez años tenemos un quilombo y se va todo al diablo”. Todavía no sabría decir cuál de las dos operaciones es peor si el regreso de la cultura antipolítica o de la persistente autodenigración de las clases medias.
Una de las lecturas más interesantes que encontré este verano fue la encíclica del Papa Francisco. En uno de los capítulos referidos a cuestiones políticas, Bergoglio escribe: “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz.
Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de tener no conoce límites. En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta”. Interesante diagnóstico del Papa –muy citado últimamente por medios de comunicación que defienden los intereses de las corporaciones que con su presión sobre el peso empobrecieron a millones de argentinos-, quien, además, exhorta a realizar “una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos, a quienes exhorto a afrontar este reto con determinación y visión de futuro, sin ignorar, por supuesto, la especificidad de cada contexto. ¡El dinero debe servir y no gobernar!”
(Digresión 1: ¿Por qué razón los dueños del poder en la Argentina citan tanto al Papa y no hacen lo que el propio Francisco manda?)
La exhortación papal, aunque parezca mentira, también interpela al kirchnerismo. Porque la presidenta Cristina Fernández de Kirchner se encuentra en una encrucijada estratégica fundamental: ¿debe “entrar en razones”, como le exigen los personeros de los grupos corporativos? ¿o debe profundizar el modelo llevando adelante medidas heterodoxas que permiten volver a disciplinar a los centros de poder? ¿Es mejor arder que consumirse lentamente, como dijo Kurt Cobain? Me explico mejor, ¿se merece el Kirchnerismo una etapa que contradiga todo lo realizado durante los últimos diez años? ¿o es mucho más interesante avanzar con medidas agresivas aún cuando tengan un precio alto? Sin dudas, es un momento crucial y en esos enclaves es dónde los movimientos políticos muestran su naturaleza: el alfonsinismo les habló con el corazón a los especuladores y no le fue bien, Carlos Menem se entregó a la Fundación Mediterránea y a Domingo Cavallo y no nos fue bien a millones de argentinos. Quizás sea un buen tiempo para recordar los meses posteriores a junio de 2009. Quizás haya que avanzar sobre instrumentos que le permitan al Estado recuperar y mantener los resortes fundamentales de la economía. ¿Es tiempo de crear institutos similares a la Junta Nacional de Granos? ¿Es hora de regresar a esquemas parecidos a los del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio? El mejor kirchnerismo, claro, es que el que siempre huye hacia adelantes.
Fuente:TiempoArgentino
Cuidar a Cristina es cuidarnos todos
Año 7. Edición número 299. Domingo 9 de Febrero de 2014
Por Jorge Giles
jgiles@miradasalsur.com
Año 7. Edición número 299. Domingo 9 de Febrero de 2014
Por Jorge Giles
jgiles@miradasalsur.com
Están pasando cosas como éstas: un comerciante en Salta decide devolver a sus clientes el dinero mal ganado durante los días febriles de la devaluación; otro comerciante en Pinamar cuelga carteles en las góndolas de su local advirtiendo a sus clientes que no compren las marcas que remarcaron de manera salvaje; un librero de Neuquén devolvió todos los productos que el mayorista pretendía entregarle con precios remarcados por demás; miles de usuarios y consumidores convocan a no comprar en los supermercados un día de la semana; una joven ama de casa protesta por la suba de precios y su digna protesta llega a oídos de la Presidenta; Cristina llama a esa misma ciudadana para felicitarla y alentarla como claro ejemplo de conducta social y solidaria.
En la orilla de enfrente pasan cosas muy distintas: un poderoso empresario de la poderosa petrolera Shell decide por su cuenta comprar millones de dólares a un precio más alto que el valor de cambio oficial y aumentar el dólar hasta las nubes, y ya que estamos, aumentar los combustibles unilateralmente; la mesa de enlace de la patronal rural se reúne y decide profundizar el hostigamiento político contra el gobierno democrático; un senador republicano de los EE.UU. humilla y ofende a los 40 millones de argentinos con sus declaraciones; unos cuantos sindicalistas y algunos políticos de la oposición dejan entrever que desean que el Gobierno caiga y se adelanten las elecciones; un poderoso hacendado, el político opositor Ramón Puerta, esclaviza a sus trabajadores como en tiempos de La Forestal inglesa; unos cuantos comerciantes y empresarios remarcan los precios hacia arriba sin otra razón que su propio interés especulativo y depredador; la corporación mediática que encabezan Clarín y La Nación echa más leña al fuego de la desestabilización institucional y el desánimo colectivo, transmitiendo en cadena este asalto a mano armada contra el pueblo.
Así está el país de los argentinos en medio de rayos, incendios, inundaciones y tormentas varias.
Cada cual elije su juego, su espacio y el destino que quiera para sí y su parentela.
Queda claro que no se puede ser neutral en esta nueva puja por el poder, porque en definitiva estamos hablando de poder cuando retratamos los distintos escenarios por donde transcurre la vida en estos días.
O el poder lo ejercen los humildes ciudadanos de esta tierra valiéndose de la voluntad solidaria y soberana del Estado inclusivo.
O el poder lo ejerce, como ocurre a menudo en el mundo tormentoso que vivimos, los soberbios dueños del poderoso mercado.
Demostrado está que el kirchnerismo es en esencia, con aciertos y errores, con virtudes y defectos, incompatible con el régimen de explotación y usura financiera del capitalismo neoliberal.
Por eso es que si el Gobierno cae, ponele, no caerá nunca por ajustar el cinturón de los trabajadores, sino por querer ajustar la conducta despiadada de los que siempre lucraron con el dolor ajeno. Y hay que decirlo así, casi brutalmente, para que se entienda en qué punto estamos de la puja histórica entre los dos proyectos de país.
Venimos diciendo desde hace rato que la novedad en este siglo XXI radica en que el kirchnerismo no repite las conductas del irigoyenismo y del peronismo cuando en sus respectivos gobiernos, allá en el siglo XX, sufrieron el acoso de la oligarquía local y la banca mundial para expulsarlos de la Casa Rosada. Por el contrario, el kirchnerismo se planta en el centro de la escena, no impulsa ni ejerce políticas a la defensiva, aguanta el cimbronazo de la corrida cambiaria y la balacera de precios y editoriales maliciosos y sigue marcando con voluntad y decisión, la agenda de la política argentina.
Si unimos la inédita y alentadora conducta social que retratamos en la primera orilla, a manera de un rápido muestrario, con la conducta política e institucional que ejerce el kirchnerismo desde el gobierno y desde sus organizaciones de base, está claro también que potenciadas y organizadas ambas coordenadas, alumbran un futuro venturoso para la democracia y para el pueblo.
Habrá que seguir empujando en esa misma dirección.
La defensa de las instituciones y la defensa del proyecto nacional y popular, o si preferís, de la democracia inclusiva, hoy son partes inescindibles de una misma causa. Por eso la batalla cultural no pasa por llenar las plazas (todavía). Se llenarán seguramente, el 1° de Marzo cuando la Presidenta hable ante el Congreso. Hoy la batalla se corresponde con las expresiones de una democracia de cercanía, casa por casa, supermercado por supermercado, oficina por oficina, vecino por vecino.
Ahora sinteticemos y analicemos el eje medular de esta coyuntura: hay un golpe en marcha contra el gobierno democrático, de un lado y del otro, hay una voluntad implacable del Estado por defender la democracia.
Hay un golpe contra los bolsillos de la gente y contra la política de distribución del ingreso y la riqueza, de un lado y del otro, hay una voluntad social y militante por impedirlo.
¿Cómo están las relaciones de fuerza entre los campos contendientes para prever los cursos de acción que sobrevendrán a esta coyuntura?
Por lo que vimos hasta aquí, nos animamos a sostener que, una vez más en la historia, el fiel de la balanza está en la conciencia, en la unidad, en la solidaridad, en el compromiso y en la organización del pueblo. Una sociedad que se compromete a construir una nueva nación más justa e inclusiva, más libre y más feliz, una mejor sociedad para sí y para las generaciones posteriores, es una sociedad imbatible.
Dijo Cristina: “…no vamos a permitir que sigan saqueando los bolsillos de los argentinos porque además estas grandes cadenas han invertido mucho, pero también han ganado mucho”.
O sea. La Presidenta ya eligió el lugar que ocupará en esta historia que estamos construyendo: defendiendo a su pueblo e identificando a los poderosos que se oponen a ese pueblo.
Sucede muy pocas veces en el devenir histórico.
Sepamos cuidar a Cristina que es una manera de cuidarnos entre todos.
Pensemos como pensemos.
Si el fútbol es la dinámica de lo impensando, como bien definió el maestro Dante Panzeri, la televisación del fútbol es la dinámica de lo impensado, lo imprevisto, lo sorprendente, una dinámica que admite giros de 180 grados de la mañana a la tarde y otros 180 grados de la tarde a la noche para volver al punto de partida y dejar todo patas arriba. O bien parado, según se lo quiera ver.
El partido que venían jugando en los últimos días Jorge Capitanich, la Cámpora, Marcelo Tinelli, Torneos, la AFA y paralelamente los relatores y comentaristas que entraban o salían de la escena, dejó la pelota quieta en el medio de la cancha embarrada.
Por ahora. Tal vez dentro de un par de días, una semana, un mes o después del Mundial se reanuden las acciones y vuelva el juego cruzado.
El punto de partida de esta historieta hay que ubicarlo a mediados de enero cuando se empezó a barajar la posibilidad de que se conformara una sociedad entre Torneos, la AFA, el Gobierno y Marcelo Tinelli para mejorar la imagen del Fútbol para Todos al tiempo que se abría la posibilidad de reducción de los costos de los más de 600 millones de pesos anuales que pagaba el Estado para sostener la producción de las transmisiones.
Torneos –como bien explicó Daniel Guiñazú en una nota publicada en este diario la semana pasada– ahora pertenece al empresario estadounidense Fred Vierra y a los herederos de Luis Nofal (mano derecha de Ávila) en un 50%, a DirecTV en un 33,2% y al fondo de inversión DLJ Merchant Banking en un 16,7%. Y retomará la producción y puesta en pantalla de los diez partidos del Torneo Final, como lo hacía en sus tiempos de gloria. El Gobierno, en vez de los 687 millones de pesos que le abonaba a la productora La Corte –de los hermanos Pablo y Daniel Monzoncillo– por la producción periodística y técnica del Fútbol para Todos, le pagaría a Torneos 24 millones de pesos. Por su parte IDS Sports, la pata deportiva de Ideas del Sur, se haría cargo del lavado de la imagen, contratando a periodistas que reemplazarían en principio a los desplazados Marcelo Araujo y Julio Ricardo.
Todo parecía encaminado, aunque la oposición sostenía sus críticas cuestionando lo que se había hecho antes, lo que se estaba por hacer ahora y, por las dudas, lo que podría llegar a hacerse en futuros mediatos o inmediatos.
Felipe Solá dijo que esperaba que en el nuevo Fútbol para Todos “se termine con el ataque constante a la oposición”. Según el dirigente massista, el Gobierno “ya utilizó a fondo ese instrumento y debe cesar”. Otro diputado massista, Gilberto Alegre, mezclando todo, expresó la necesidad de que “el Gobierno nacional muestre transparencia en el manejo de los fondos públicos, mucho más en este momento en que se le impone a la población una devaluación que afecta necesariamente su vida cotidiana”. Por su parte, el diputado del GEN Omar Duclós consideró que la nueva etapa del Fútbol para Todos era un “simple maquillaje” en el que “cambian algunas caras, pero el mensaje va a ser el mismo”, mientras que el ex diputado Gerardo Milman habló directamente del “circo de la pelota que busca distraer a los argentinos”.
Los grupos más conciliadores del Gobierno defendían la idea del cambio a partir de un dato irrefutable: el Fútbol para Todos seguiría siendo gratuito. Paralelamente –sostenían– se limpiaba un poco la imagen, reduciendo costos al precio de bajar los decibeles de la publicidad oficial y de las bajadas de línea en el medio d e los partidos. Meter en el paquete a Marcelo Tinelli se interpretaba, además, como un gesto que sería bien visto y daría buen rédito a futuro. Apresuradamente, desprolijamente, se anunció que el miércoles pasado se iba realizar una conferencia de prensa para dar a conocer los cambios, mientras se discutía la letra chica de los contratos. Ya se había confirmado que habían sido conchabados los relatores Sebastián Vignolo y Mariano Closs y los comentaristas Juan Pablo Varsky y Diego Latorre, cuatro profesionales de reconocida capacidad. La conferencia de prensa se suspendió con la excusa del duelo por los bomberos y rescatistas muertos en el incendio y el derrumbe de Barracas, mientras se filtraban las asperezas entre Tinelli y los sectores más duros del Gobierno. Un primer punto de quiebre se produjo cuando se discutió la continuidad de Javier Vicente y Alejandro Apo, dos hombres a los que siempre se les reconoció, desde el poder político, la lealtad militante.
Alejandro Apo, público defensor del “modelo”, siempre mantuvo un bajo perfil, al menos durante las transmisiones de los partidos. Javier Vicente, por su parte, más jugado en sus opiniones, era capaz de combinar “goles perdidos” con “décadas ganadas”, y de invocar el nombre de Néstor Kirchner en cualquier circunstancia del juego de cualquier partido. Sus comentarios provocaban irritación en los siempre crispados opositores, pero también eran cuestionados por adherentes al Gobierno Nacional. “¿Para qué tanto? ¿Con qué necesidad?”, se preguntaban, de buena fe.
Una denuncia del abogado de Clarín José María Sáenz Valiente, del 22 de noviembre de 2012, catapultó a los primeros planos a Vicente. Se lo acusaba de “incitación a la violencia”, junto con los periodistas Sandra Russo y Roberto Caballero. Se lo amenazaba con una pena de 3 a 6 años de prisión por emitir opiniones contrarias al Grupo Clarín. Estigmatizado por el medio dominante enemigo (finalmente la denuncia fue archivada por la Sala I de la Cámara Federal), Vicente ganó espacio en la consideración del kirchnerismo más ortodoxo. “Cómo permitir que se desplace a alguien tan leal que además sólo gana siete mil pesos mensuales”, se argumentaba, comparando esa cifra con la que recibirían los nuevos periodistas contratados.
La titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, también salió, como es su costumbre, con los tapones de punta: “Kirchner dijo algo muy importante, y quiero que Tinelli escuche esto porque él no puede despolitizar. Néstor Kirchner, en un discurso muy sabio sobre el Fútbol para Todos, dijo que el Fútbol para Todos no está para ganar plata sino para hacer política”.
Mientras tanto, Tinelli empezaba a desembarcar fijando su posición en twitter: “Un auto no puede ser conducido por dos personas a la vez”, dijo antes de tuitear “siamo fuori de la Copa”, y cerrar el círculo. Las negociaciones de último momento, en la que se aceptaba la continuidad de Apo y Vicente, llegaron tarde. En Olivos ya no querían saber nada porque partían de la idea de que Tinelli pretendía más poder que el de la propia Cristina. Tinelli fuera, Torneos fuera y Fútbol para Todos igual que siempre (sólo quedaban marginados Araujo y Julio Ricardo) mientras la AFA –garantizados sus ingresos– lo miraba todo por TV.
Así las cosas, al cierre de esta edición surgen algunas conclusiones elementales: 1) Hubiera sido mucho mejor mantener negociaciones más cerradas antes de anunciar acuerdos atados con alfileres que se desprendieron con los primeros vientos. 2) No había necesidad de recurrir a históricos enemigos para mejorar la imagen: se podría haber hecho un casting para cambiar las figuritas necesarias. 3) Si lo que se imponía por cuestiones económicas era bajar los costos de producción –lo cual no está nada mal–, eso debió consensuarse en internas menos expuestas de las que suelen alimentarse las fieras opositoras. 4) La publicidad oficial cumplió un rol importantísimo en estos años, primero como respuesta a los ataques despiadados que sufría el Gobierno y segundo como espacio necesario para campañas de bien público. Fue fundamental para todo esto, pero la sensación generalizada era que se imponía algún recorte para abrir el juego. 5) Finalmente, el hincha común no se interesa demasiado por las internas y las intrigas palaciegas, ni por las desprolijidades estructurales, ni por los nombres de relatores y comentaristas. Ese hincha sabe que tiene un derecho ganado, el de ver el fútbol gratis, y no piensa en ninguna dinámica que lo mueva de ahí.
Fuente:MiradasalSur
En la orilla de enfrente pasan cosas muy distintas: un poderoso empresario de la poderosa petrolera Shell decide por su cuenta comprar millones de dólares a un precio más alto que el valor de cambio oficial y aumentar el dólar hasta las nubes, y ya que estamos, aumentar los combustibles unilateralmente; la mesa de enlace de la patronal rural se reúne y decide profundizar el hostigamiento político contra el gobierno democrático; un senador republicano de los EE.UU. humilla y ofende a los 40 millones de argentinos con sus declaraciones; unos cuantos sindicalistas y algunos políticos de la oposición dejan entrever que desean que el Gobierno caiga y se adelanten las elecciones; un poderoso hacendado, el político opositor Ramón Puerta, esclaviza a sus trabajadores como en tiempos de La Forestal inglesa; unos cuantos comerciantes y empresarios remarcan los precios hacia arriba sin otra razón que su propio interés especulativo y depredador; la corporación mediática que encabezan Clarín y La Nación echa más leña al fuego de la desestabilización institucional y el desánimo colectivo, transmitiendo en cadena este asalto a mano armada contra el pueblo.
Así está el país de los argentinos en medio de rayos, incendios, inundaciones y tormentas varias.
Cada cual elije su juego, su espacio y el destino que quiera para sí y su parentela.
Queda claro que no se puede ser neutral en esta nueva puja por el poder, porque en definitiva estamos hablando de poder cuando retratamos los distintos escenarios por donde transcurre la vida en estos días.
O el poder lo ejercen los humildes ciudadanos de esta tierra valiéndose de la voluntad solidaria y soberana del Estado inclusivo.
O el poder lo ejerce, como ocurre a menudo en el mundo tormentoso que vivimos, los soberbios dueños del poderoso mercado.
Demostrado está que el kirchnerismo es en esencia, con aciertos y errores, con virtudes y defectos, incompatible con el régimen de explotación y usura financiera del capitalismo neoliberal.
Por eso es que si el Gobierno cae, ponele, no caerá nunca por ajustar el cinturón de los trabajadores, sino por querer ajustar la conducta despiadada de los que siempre lucraron con el dolor ajeno. Y hay que decirlo así, casi brutalmente, para que se entienda en qué punto estamos de la puja histórica entre los dos proyectos de país.
Venimos diciendo desde hace rato que la novedad en este siglo XXI radica en que el kirchnerismo no repite las conductas del irigoyenismo y del peronismo cuando en sus respectivos gobiernos, allá en el siglo XX, sufrieron el acoso de la oligarquía local y la banca mundial para expulsarlos de la Casa Rosada. Por el contrario, el kirchnerismo se planta en el centro de la escena, no impulsa ni ejerce políticas a la defensiva, aguanta el cimbronazo de la corrida cambiaria y la balacera de precios y editoriales maliciosos y sigue marcando con voluntad y decisión, la agenda de la política argentina.
Si unimos la inédita y alentadora conducta social que retratamos en la primera orilla, a manera de un rápido muestrario, con la conducta política e institucional que ejerce el kirchnerismo desde el gobierno y desde sus organizaciones de base, está claro también que potenciadas y organizadas ambas coordenadas, alumbran un futuro venturoso para la democracia y para el pueblo.
Habrá que seguir empujando en esa misma dirección.
La defensa de las instituciones y la defensa del proyecto nacional y popular, o si preferís, de la democracia inclusiva, hoy son partes inescindibles de una misma causa. Por eso la batalla cultural no pasa por llenar las plazas (todavía). Se llenarán seguramente, el 1° de Marzo cuando la Presidenta hable ante el Congreso. Hoy la batalla se corresponde con las expresiones de una democracia de cercanía, casa por casa, supermercado por supermercado, oficina por oficina, vecino por vecino.
Ahora sinteticemos y analicemos el eje medular de esta coyuntura: hay un golpe en marcha contra el gobierno democrático, de un lado y del otro, hay una voluntad implacable del Estado por defender la democracia.
Hay un golpe contra los bolsillos de la gente y contra la política de distribución del ingreso y la riqueza, de un lado y del otro, hay una voluntad social y militante por impedirlo.
¿Cómo están las relaciones de fuerza entre los campos contendientes para prever los cursos de acción que sobrevendrán a esta coyuntura?
Por lo que vimos hasta aquí, nos animamos a sostener que, una vez más en la historia, el fiel de la balanza está en la conciencia, en la unidad, en la solidaridad, en el compromiso y en la organización del pueblo. Una sociedad que se compromete a construir una nueva nación más justa e inclusiva, más libre y más feliz, una mejor sociedad para sí y para las generaciones posteriores, es una sociedad imbatible.
Dijo Cristina: “…no vamos a permitir que sigan saqueando los bolsillos de los argentinos porque además estas grandes cadenas han invertido mucho, pero también han ganado mucho”.
O sea. La Presidenta ya eligió el lugar que ocupará en esta historia que estamos construyendo: defendiendo a su pueblo e identificando a los poderosos que se oponen a ese pueblo.
Sucede muy pocas veces en el devenir histórico.
Sepamos cuidar a Cristina que es una manera de cuidarnos entre todos.
Pensemos como pensemos.
Dinámica de lo impensado
Año 7. Edición número 299. Domingo 9 de Febrero de 2014
Por Juan José Panno. Escritor, periodista
sociedad@miradasalsur.com
Año 7. Edición número 299. Domingo 9 de Febrero de 2014
Por Juan José Panno. Escritor, periodista
sociedad@miradasalsur.com
Fútbol para Todos
El partido que venían jugando en los últimos días Jorge Capitanich, la Cámpora, Marcelo Tinelli, Torneos, la AFA y paralelamente los relatores y comentaristas que entraban o salían de la escena, dejó la pelota quieta en el medio de la cancha embarrada.
Por ahora. Tal vez dentro de un par de días, una semana, un mes o después del Mundial se reanuden las acciones y vuelva el juego cruzado.
El punto de partida de esta historieta hay que ubicarlo a mediados de enero cuando se empezó a barajar la posibilidad de que se conformara una sociedad entre Torneos, la AFA, el Gobierno y Marcelo Tinelli para mejorar la imagen del Fútbol para Todos al tiempo que se abría la posibilidad de reducción de los costos de los más de 600 millones de pesos anuales que pagaba el Estado para sostener la producción de las transmisiones.
Torneos –como bien explicó Daniel Guiñazú en una nota publicada en este diario la semana pasada– ahora pertenece al empresario estadounidense Fred Vierra y a los herederos de Luis Nofal (mano derecha de Ávila) en un 50%, a DirecTV en un 33,2% y al fondo de inversión DLJ Merchant Banking en un 16,7%. Y retomará la producción y puesta en pantalla de los diez partidos del Torneo Final, como lo hacía en sus tiempos de gloria. El Gobierno, en vez de los 687 millones de pesos que le abonaba a la productora La Corte –de los hermanos Pablo y Daniel Monzoncillo– por la producción periodística y técnica del Fútbol para Todos, le pagaría a Torneos 24 millones de pesos. Por su parte IDS Sports, la pata deportiva de Ideas del Sur, se haría cargo del lavado de la imagen, contratando a periodistas que reemplazarían en principio a los desplazados Marcelo Araujo y Julio Ricardo.
Todo parecía encaminado, aunque la oposición sostenía sus críticas cuestionando lo que se había hecho antes, lo que se estaba por hacer ahora y, por las dudas, lo que podría llegar a hacerse en futuros mediatos o inmediatos.
Felipe Solá dijo que esperaba que en el nuevo Fútbol para Todos “se termine con el ataque constante a la oposición”. Según el dirigente massista, el Gobierno “ya utilizó a fondo ese instrumento y debe cesar”. Otro diputado massista, Gilberto Alegre, mezclando todo, expresó la necesidad de que “el Gobierno nacional muestre transparencia en el manejo de los fondos públicos, mucho más en este momento en que se le impone a la población una devaluación que afecta necesariamente su vida cotidiana”. Por su parte, el diputado del GEN Omar Duclós consideró que la nueva etapa del Fútbol para Todos era un “simple maquillaje” en el que “cambian algunas caras, pero el mensaje va a ser el mismo”, mientras que el ex diputado Gerardo Milman habló directamente del “circo de la pelota que busca distraer a los argentinos”.
Los grupos más conciliadores del Gobierno defendían la idea del cambio a partir de un dato irrefutable: el Fútbol para Todos seguiría siendo gratuito. Paralelamente –sostenían– se limpiaba un poco la imagen, reduciendo costos al precio de bajar los decibeles de la publicidad oficial y de las bajadas de línea en el medio d e los partidos. Meter en el paquete a Marcelo Tinelli se interpretaba, además, como un gesto que sería bien visto y daría buen rédito a futuro. Apresuradamente, desprolijamente, se anunció que el miércoles pasado se iba realizar una conferencia de prensa para dar a conocer los cambios, mientras se discutía la letra chica de los contratos. Ya se había confirmado que habían sido conchabados los relatores Sebastián Vignolo y Mariano Closs y los comentaristas Juan Pablo Varsky y Diego Latorre, cuatro profesionales de reconocida capacidad. La conferencia de prensa se suspendió con la excusa del duelo por los bomberos y rescatistas muertos en el incendio y el derrumbe de Barracas, mientras se filtraban las asperezas entre Tinelli y los sectores más duros del Gobierno. Un primer punto de quiebre se produjo cuando se discutió la continuidad de Javier Vicente y Alejandro Apo, dos hombres a los que siempre se les reconoció, desde el poder político, la lealtad militante.
Alejandro Apo, público defensor del “modelo”, siempre mantuvo un bajo perfil, al menos durante las transmisiones de los partidos. Javier Vicente, por su parte, más jugado en sus opiniones, era capaz de combinar “goles perdidos” con “décadas ganadas”, y de invocar el nombre de Néstor Kirchner en cualquier circunstancia del juego de cualquier partido. Sus comentarios provocaban irritación en los siempre crispados opositores, pero también eran cuestionados por adherentes al Gobierno Nacional. “¿Para qué tanto? ¿Con qué necesidad?”, se preguntaban, de buena fe.
Una denuncia del abogado de Clarín José María Sáenz Valiente, del 22 de noviembre de 2012, catapultó a los primeros planos a Vicente. Se lo acusaba de “incitación a la violencia”, junto con los periodistas Sandra Russo y Roberto Caballero. Se lo amenazaba con una pena de 3 a 6 años de prisión por emitir opiniones contrarias al Grupo Clarín. Estigmatizado por el medio dominante enemigo (finalmente la denuncia fue archivada por la Sala I de la Cámara Federal), Vicente ganó espacio en la consideración del kirchnerismo más ortodoxo. “Cómo permitir que se desplace a alguien tan leal que además sólo gana siete mil pesos mensuales”, se argumentaba, comparando esa cifra con la que recibirían los nuevos periodistas contratados.
La titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, también salió, como es su costumbre, con los tapones de punta: “Kirchner dijo algo muy importante, y quiero que Tinelli escuche esto porque él no puede despolitizar. Néstor Kirchner, en un discurso muy sabio sobre el Fútbol para Todos, dijo que el Fútbol para Todos no está para ganar plata sino para hacer política”.
Mientras tanto, Tinelli empezaba a desembarcar fijando su posición en twitter: “Un auto no puede ser conducido por dos personas a la vez”, dijo antes de tuitear “siamo fuori de la Copa”, y cerrar el círculo. Las negociaciones de último momento, en la que se aceptaba la continuidad de Apo y Vicente, llegaron tarde. En Olivos ya no querían saber nada porque partían de la idea de que Tinelli pretendía más poder que el de la propia Cristina. Tinelli fuera, Torneos fuera y Fútbol para Todos igual que siempre (sólo quedaban marginados Araujo y Julio Ricardo) mientras la AFA –garantizados sus ingresos– lo miraba todo por TV.
Así las cosas, al cierre de esta edición surgen algunas conclusiones elementales: 1) Hubiera sido mucho mejor mantener negociaciones más cerradas antes de anunciar acuerdos atados con alfileres que se desprendieron con los primeros vientos. 2) No había necesidad de recurrir a históricos enemigos para mejorar la imagen: se podría haber hecho un casting para cambiar las figuritas necesarias. 3) Si lo que se imponía por cuestiones económicas era bajar los costos de producción –lo cual no está nada mal–, eso debió consensuarse en internas menos expuestas de las que suelen alimentarse las fieras opositoras. 4) La publicidad oficial cumplió un rol importantísimo en estos años, primero como respuesta a los ataques despiadados que sufría el Gobierno y segundo como espacio necesario para campañas de bien público. Fue fundamental para todo esto, pero la sensación generalizada era que se imponía algún recorte para abrir el juego. 5) Finalmente, el hincha común no se interesa demasiado por las internas y las intrigas palaciegas, ni por las desprolijidades estructurales, ni por los nombres de relatores y comentaristas. Ese hincha sabe que tiene un derecho ganado, el de ver el fútbol gratis, y no piensa en ninguna dinámica que lo mueva de ahí.



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