Porque tenemos memoria
y sabemos la verdad
luchamos por la justicia
9 de marzo de 2014
ENTREVISTAS A:SANDRA RUSSO, ESTELA DE CARLOTTO y GUSTAVO VERA.
09.03.2014 entrevista a sandra russo "Lo transgresor es dar el cuero por este proyecto" En esta entrevista, la periodista revela detalles de su libro "Fuerza Propia, La Cámpora por dentro", de reciente edición. Por:
Martin Piqué
Conversar con la periodista Sandra Russo en la vereda de un bar de Palermo, en una mesa bajo el sol del mediodía, supone estar dispuestos a las interrupciones. La panelista del programa 678 es una figura conocida de la televisión, como lo prueba la aparición de tres personas que, a lo largo de los 50 minutos de la charla, se acercan para felicitarla y darle un apretón de manos o un beso en la mejilla. La sorpresa se hace mayúscula cuando una de esas personas –una mujer sonriente, que pasea despreocupada con sus amigas-- se presenta como la madre del diputado Eduardo “Wado” De Pedro, dirigente de La Cámpora, y le agradece por unas palabras sobre su hijo pronunciadas en el último programa: “Me hiciste llorar”. La casualidad se festeja con risas: Russo acaba de editar un libro sobre la historia, el presente y el futuro de La Cámpora, y esta entrevista con Tiempo Argentino tiene como objeto, justamente, conocer de primera mano el contenido de Fuerza Propia, publicado por Debate, que la semana pasada llegó a las librerías de todo el país.
Russo cuenta que tardó dos años y varios meses para completar el libro sobre la agrupación que tuvo como ideólogo silencioso y principal artífice al propio Néstor Kirchner. La demora tuvo una razón central: obtener una segunda entrevista con Máximo, hijo mayor del creador del proyecto que gobierna la Argentina desde 2003, y hasta la aparición del libro, una voz determinante pero que permanecía en las sombras. Al menos para el gran público. “Para hacer el libro tuve paciencia de vietnamita”, comenta la autora.
Russo inicia la charla con algo de picante: cuenta que no leyó el otro libro que existe sobre la agrupación, salvo un capítulo fotocopiado. “Vi que eran fuentes secundarias, terciarias y cuaternarias… A mí no me interesa saber lo que piensa el ex guardaespaldas del amigo del primo”, ironiza. Al final de la entrevista, ante una pregunta puntual, la autora de la biografía de Cristina Fernández no descarta que Máximo Kirchner pueda asumir protagonismo público en el futuro cercano. “Para entender a La Cámpora hay que despojarse de la capa del cinismo de los ’90 que todavía nos queda a muchos”, desafía.
-Se ha dicho mucho que La Cámpora tiene cosas en común con la JP de los ’70. Pero también se los asocia con La Coordinadora del alfonsinismo.
-Eso yo no sé de dónde salió. Seguro que de ex militantes radicales…
-Los miembros de La Coordinadora eran jóvenes cuadros, funcionarios que estaban ligados a la gestión.
-Sí, pero La Cámpora ya hace rato que no es eso. Cuando eran una organización de cuadros, tenían muy poca gente en la gestión. Pero cuando se hicieron más visibles en el Estado, La Cámpora ya había dejado de ser una organización de cuadros para acercarse a lo que había sido el propósito que les había dado Néstor en las primeras reuniones de conducción: que era recrear algo que tuviera que ver con la JP de masas, con la JP de las Regionales. Eso está en el libro. Néstor quería eso y generar una orgánica nacional de la juventud.
-¿Eso se venía organizando desde fines de 2006?
-La situación fue completamente atípica desde el principio: Néstor empezó a buscar una fuerza propia una vez que ya era presidente. Y los que empiezan a articular La Cámpora son militantes santacruceños, el motor de todo fue Santa Cruz: por eso, Máximo aparece como uno de los primeros armadores junto con cuatro o cinco pibes más, cercanos al padre. En paralelo había otros intentos de armado: con Wado (De Pedro), que ya se reunía con Iván Heyn, con (Axel) Kicillof, con (Mariano) Recalde. Que ya
lo conocían al Cuervo. Empezaba a haber costuras.
-Una confederación de grupos que se fueron unificando…
-Como si fueran racimos. La articulación básica y primaria de todo eso, mientras cada uno tejía en la universidad, en el territorio o en la lucha por los derechos humanos, se hizo en la Casa de la provincia de Santa Cruz. Así surge el armado embrionario. Y el nombre aparece el 28 de diciembre de 2006, cuando la familia de Héctor Cámpora le entrega a Néstor los atributos presidenciales de aquél, como reconocimiento.
-La Cámpora, hoy, suele ser calificada como la agrupación de la presidenta. Incluso hay quienes dicen que sus militantes son los ojos de la presidenta en el Estado…
- Yo no escuché eso.
-En todo caso, ¿ser la agrupación de la presidenta no entra en contradicción con el mandato de rebeldía que les había dado Néstor, aquel de “sean transgresores, la juventud debe ser una bisagra del nuevo tiempo?”.
-Esa sería la mirada si uno pusiera foco en la JP de los ’70, o en la Coordinadora, que parecía correr por izquierda a Alfonsín, o al menos al partido radical. En este caso la lógica es distinta. Néstor tomó decisiones que iban mucho más delante de lo que uno podía esperar. Para analizar este tema es indispensable sacar el foco de la Argentina y ver el proceso a nivel global y a nivel regional. Si uno está atento a los intereses que está poniendo en juego Estados Unidos, sobre todo en la embestida contra Venezuela y con el proyecto de reflotar las bases militares norteamericanas que había aceptado (Alvaro) Uribe y que (Juan Manuel) Santos había congelado, ante ese escenario general, la conclusión más sensata es defender el proyecto. Lo transgresor es dar el cuero por este proyecto. Hay que hacerse preguntas: ¿qué estás transgrediendo, y cuándo estás transgrediendo? Cristina es una presidenta transgresora para el establishment mundial y regional, y las fuerzas que acompañan este proyecto aceptan que la conducción es de ella. El proyecto es el transgresor. Y eso se constata en la realidad: hubo muchos momentos en los que Cristina sorprendió a la tropa propia con decisiones en las que parecía que faltaba (correlación de fuerzas) para tomarlas, o que uno mismo, como participante de este proyecto, sentía vértigo. Ella toma aliento, junta fuerza, y uno, como miembro de un proyecto, tiene la certeza y la confianza en que se avanza todo lo que se puede. Y si se deja de avanzar, es porque se están reordenando fuerzas.
-¿Eso que acaba de decir podría describir este momento, el 2014?
-Hay una cosa que en el libro la cuenta el Cuervo y que tiene que ver con esas reuniones de conducción política con Néstor y con el estilo kirchnerista, un estilo que en realidad puso más en marcha Cristina. Hay consensos o batallas culturales que se dan una vez que uno planteó la cuestión y tiró el tema a la sociedad. Porque si no, la sociedad no lo discute. Por muchas razones. O porque hay una agenda en la que ese tema nunca entra…
- La comunicación de La Cámpora con la sociedad es bastante extraña, sobre todo en estos tiempos de telepolítica. Incluso llegó a circular cierta mística sobre eso, el secretismo al estilo de los Redondos en la música. ¿Esa estrategia de comunicación dio algún resultado positivo?
--Que dio resultado positivo a mí no me cabe ninguna duda. Haber podido construir una fuerza que hoy tiene un volumen, más allá de que pueda crecer o decrecer, y es el más importante en cuanto a organizaciones juveniles que existió en 30 años por lo menos. La Cámpora hoy implica 35 mil jóvenes organizados en todo el país. Pero no es algo que esté cerrado, porque hoy por hoy hay que analizar a La Cámpora inserta en Unidos y Organizados, y eso tiene una dimensión completamente distinta, porque en ese espacio hay algunas organizaciones que son muy grandes. Yo no sabía, hasta que no me lo contaron, que Néstor había mandado al grupo original de La Cámpora a recorrer el país para buscar grupos afines, JP silvestres. Era una búsqueda en secreto, silenciosa, sin chapa, sin promesas, sin recursos. Viajaban en bondi, iban a hoteles baratos, se presentaban ante los pibes de las provincias de esos grupos sin ningún tipo de auspicio entre los intendentes y los gobernadores. Caían en la provincia para buscar una relación directa, sin mediación, a escuchar cuál era la lectura de la realidad. Eso permitió que, cuando en 2008 se inicia el quilombo con las patronales del campo y hay que resistir la embestida y contener a Cristina en las recorridas por todo el país, hubiera una estructura nacional ya armada. Sobre esto, el Cuervo analiza: “Si hubiésemos salido a decir, institucionalmente, que estábamos armando la juventud kirchnerista, hubiesen venido los que no queríamos que vinieran: los arribistas, y hubiera sido imposible guardar secretos". La manera de convocar fue hacerlo silenciosamente y armando sin correr el riesgo de dejarse tentar por la video-política que sigue, hasta hoy, condicionando las decisiones del 80% de los dirigentes argentinos. Que no entienden que hay otra manera de construir y hacer política, que no tiene que ver con las declaraciones a la prensa. Hay periodistas que no entienden que la obligación de un político es hacer política, no es facilitarle al periodista la tarea profesional. Yo creo, sin embargo, que en este momento ellos han comprendido que la comunicación hacia la sociedad tiene que cambiar. Que si uno no tiene contra-relato lo único que termina circulando es el relato del poder económico. Claro, si hasta gente kirchnerista cree que Máximo (Kirchner) se la pasa jugando a la play…
-En una democracia representativa, hay un momento en que se eligen candidaturas. ¿Cree que hay potenciales candidatos entre los dirigentes de La Cámpora? Sobre Máximo, se habla de la intendencia de Río Gallegos.
-A mí no me habló nadie de eso. En general. El acento no está puesto en eso. Máximo me dijo “nuestro trabajo es a largo plazo”, y eso lo dicen varios de los miembros de la mesa nacional. Hay que tener muy presente que La Cámpora es una organización compleja en el sentido generacional: conduce la generación de entre 35 y 40, pero contiene a pibes desde 13 años. Hay varias capas generacionales superpuestas. Y el eje que transmite cada uno desde su lugar, la gran apuesta, no es la generación que hoy conduce, sino los que vienen después. Y sobre la subestimación que hacen algunos analistas de la derecha, a mí me parecería respetable si se acotara a la conducción de La Cámpora. Pero extenderla a todos los jóvenes que forman parte de la agrupación, es un grave error.
-¿Cuál será el rol de Máximo Kirchner en los próximos años? ¿Cuál es la razón de que haya dado su primera entrevista en años?
-Él es un hombre público desde antes. Es el hijo de dos presidentes de la Nación, debe ser un caso único. Yo creo que La Cámpora ya tiene un tamaño que hace necesario que Máximo deje de ser esa persona tan enigmática porque, la verdad, es un tipo de una muy fácil comunicación. Se expresa muy claramente, tiene una inteligencia muy práctica –que a mí me hizo acordar mucho a Cristina-. Es la inteligencia del armador, del que ve la película entera. Pero, ojo, tampoco una es ingenua. Y creo haber hablado para el libro no va a ser una anécdota, alguna consecuencia tendrá.
-¿El libro puede ser el inicio de algo?
-Tal vez sí.
Fuente:TiempoArgentino
Cómo escribir sobre La Cámpora Año 7. Edición número 303. Domingo 09 de Marzo de 2014 Por Miguel Russo mrusso@miradasalsur.com
(GIANNI BUONO)
Allá por lo que parece ya un lejanísimo 2012, desde estas mismas páginas, una nota sobre la aparición del libro La Cámpora, de la periodista Laura Di Marco, arrancaba recordando que antes de la invención de la imprenta, reunirse para oír leer era una práctica necesaria. Y como para reafirmarlo, se recurría a una apreciación del analista Alberto Manguel volcada en Una historia de la lectura: “No eran muchos los que sabían leer y escribir, y los libros, propiedad de los ricos, eran el privilegio de un reducido número de lectores. Las personas que deseaban conocer determinado libro o autor tenían más posibilidades de oírlo recitado o leído en voz alta que de disponer del inapreciable texto”. Luego, se aclaraba que el siglo XX (y su consecución en el XXI) trajo la derivación del antiguo leedor en una nueva e insana manía: la del explicador de textos.
La reciente aparición del libro de Sandra Russo, Fuerza propia (del cual se reproduce, con autorización de la editorial Debate, un fragmento a partir de la página siguiente), hace que la recurrencia a aquella nota no sea ociosa. Ni a aquella nota, ni a aquel libro, ya que si bien el objeto de estudio –la agrupación La Cámpora– es el mismo, todo lo demás, desde los datos recopilados y las fuentes consultadas hasta el resultado, son absolutamente opuestos. Hasta los subtítulos así lo indican: el de Di Marco fue un tenebroso y vendedor “Historia secreta de los herederos de Néstor y Crista Kirchner”; el de Sandra Russo, un correcto y periodístico “Cómo surgió y hacia dónde va la agrupación que se ubica en el corazón del kirchnerismo”.
Los explicadores mencionados en la nota de 2012 siguen existiendo, son casi casi los mismos. “Los trovadores agoreros que pueden verse por los canales de televisión hegemónicos aprovecharon la nochecita de sus programas para contarle a la sociedad argentina –como si el argentino fuera una suerte de chico aún no alfabetizado que necesita un cuento antes de dormir– las conclusiones de una investigación que, palabras más, palabras menos, desnudaba las menesundas de un grupo de muchachos/as que habían trepado hasta lo más alto del Ejecutivo para dar rienda suelta a sus más bajas pretensiones: dinero, cargos, influencias.
Poder, la construcción del poder para ejercer el daño, en el liso y llano relato de los cuentos apocalípticos”, se denunciaba en Miradas al Sur por entonces. Hoy, las columnas de Carlos Pagni desde La Nación –y las consecuencias destiladas por cuanto programa periodístico o seudo deambule por Canal 13, TN, Mitre o Continental– juegan exactamente a lo mismo: “El rol central que juega La Cámpora en la estrategia de Cristina Kirchner para intervenir en la campaña electoral y más allá de 2015 exigía con urgencia un blanqueo. Sandra Russo, versión rediviva de Manuel Penella, viene a prestar ese servicio con su libro.
Todas las encuestas indican que la agrupación que conduce Máximo Kirchner es susceptible de ser demonizada con facilidad porque combina un inmenso poder con una poco aconsejable despersonalización. Algo parecido a lo que sucedía con La Coordinadora en las postrimerías del gobierno de Raúl Alfonsín”, escribió Pagni, aclarando, no tan de paso, que el libro “se supone, son conversaciones de Russo con el hijo de la Presidenta”. (N. de la R.: más allá de ese patético “se supone”, como para entender la asimilación pagniana de Sandra Russo con Penella, es necesario aclarar que Manuel Penella es el biógrafo del fundador del Partido Popular de España, Manuel Fraga Iribarne ).
Es una costumbre de muchos politólogos, sociólogos o periodistas utilizar de manera irremediable, justamente para sus conjeturas de la actualidad, el respaldo analítico de situaciones pasadas, confundiendo memoria con conveniencia. Al tratar de explicar algo de lo que tienen escasa o ninguna idea recurren a las herramientas que conocen, aunque hayan quedado en desuso. De ese modo, analizan La Cámpora evaluando Montoneros o la Coordinadora radical, del mismo modo que consideran a los sucesos que ocurren en Ucrania bajo el vetusto paraguas de la Guerra Fría. El acomodamiento político-ideológico, las necesidades de oponerse o las ganas de que los sucesos (hechos, discursos, relatos, libros, lo que sea) sean lo que ellos necesitan que sean los conducen sin vueltas por esos caminos. Así, La Cámpora reflejada por Laura Di Marco era la verdad, mientras que La Cámpora reflejada por Sandra Russo es el engaño.
Poco importa a los explicadores que Fuerza propia destrabe la equivocación de repetir los paradigmas pasados y analice la creación de una nueva organización bajo un nuevo paradigma. Poco les importa, por ejemplo, que el relato de ese libro arranque cuando, en pleno menemato, los desocupados hicieron estallar la lógica de la sindicalización y crearon organizaciones nuevas. Poco les importa, también, el buceo entre los trabajadores desocupados que, tornados militantes, comenzaban a organizarse en sus propios barrios, de los cuales no salían ante, justamente, la ausencia de trabajo. La mascarada es ahondar, como ahonda Pagni, en recursos y estigmatizaciones que hasta el más principiante de los reseñadores de libros dejaría de lado: “Es muy difícil calibrar la calidad intelectual de un Kirchner a través de los textos fervorosos de Sandra Russo.
Los párrafos publicados revelan que el hijo de la Presidenta puede expresar con bastante claridad ideas para nada originales. Si algo sorprende de sus declaraciones es la fidelidad con que transmite las concepciones a las que el público está acostumbrado por los discursos de su madre. Con la verticalidad de un talibán, Máximo Kirchner expuso los artículos fundamentales del canon kirchnerista: El mundo se divide entre ‘ellos’ y ‘nosotros’, y ‘nosotros’ son las víctimas. La disidencia, incluso la del electorado, es traición”.
El multimillonario estadounidense de la cosmética Leonard Lauder (nacido en 1933, bajo los efectos del Crack del ’29) dijo, acerca de su generación: “Pueden sacar al niño de la depresión, pero no pueden sacar la Depresión del niño”. Parafraseándolo, podría afirmarse, ante los predicadores del malestar nacional, que se puede sacar a una sociedad del fascismo, pero se hace más complicado sacar el fascismo de una sociedad.
Aquella nota de Miradas al Sur de 2012 terminaba diciendo que “por suerte, acaba de aparecer otro libro, uno de Marcelino Cereijido, de fantástico y prometedor título (Hacia una teoría general de los hijos de puta), que refresca en sus primeras páginas una de las tantas frases/puñalada de Montaigne: ‘Nadie está libre de decir idioteces, lo grave es enfatizarlas’”. Es triste comprobar que, aunque parezca lejanísimo, algunas realidades de aquel 2012 estén tan cerca.
La mamá de Laura, la Abuela de todos Año 7. Edición número 303. Domingo 09 de Marzo de 2014 Por Guadalupe Carril sociedad@miradasalsur.com
Nada mejor que hablar con una de las más importantes mujeres argentinas, y de trascendencia universal, para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Una Estela de Carlotto íntima y batalladora, recuperando sus dudas y sus alegrías, sus inicios y sus sueños, en una entrevista de colección.
La historia fue narrada por los hombres: los roles de héroes, revolucionarios, dictadores o presidentes quedaron en manos del sexo masculino mientras que las mujeres eran siempre madres, hijas, esposas o amantes. Pocas veces se las tuvo en cuenta como activistas y protagonistas de la escena.
Eso sí, a lo largo de los siglos fueron quemadas en hogueras, decapitadas o encerradas. Recién durante la primera mitad del siglo XX fue permitido su voto en el mundo entero. En la Argentina, específicamente, la lucha de Juana Azurduy en los libros escolares no fue reconocida hasta hace algunos años. Sólo recién con el gobierno de Néstor Kirchner se apreció el poder de cambio social generado por Eva Duarte. La dictadura implantó el mote de “viejas locas” a ese grupo de mujeres que giraban alrededor de la Pirámide de Mayo reclamando lo que nadie parecía reclamar: verdad y justicia.
Esas “viejas locas” fueron las que continuaron de manera perseverante una lucha diaria para encontrar a sus familiares desaparecidos y a sus nietos nacidos en cautiverio. Esas mujeres se movilizaron hace poco más de 36 años solas, sin ayuda de la sociedad ni de los medios ni de la Justicia ni de los gobiernos. Y emprendieron desde entonces, y para siempre, un camino pacífico para conocer la verdadera historia sobre la desaparición forzada de personas. Esas mujeres no realizaron una guerra contra quienes le arrancaron a sus hijos y a sus nietos. Esas mujeres “chifladas”, esas Madres y Abuelas de Plaza de Mayo se dedicaron a construir desde el amor. Esperaron de manera activa cada gobierno, cada juicio, cada decreto, cada testimonio y transformándose, con la lucha, en uno de los organismos de Derechos Humanos más importantes del mundo. Nada mejor, para esta nueva celebración del Día de la Mujer ocurrido ayer, que homenajear a una de ellas, referente indiscutido de la fortaleza de un género: Estela de Carlotto, esa mujer que, desde la agrupación que preside, ya devolvió la identidad a 110 personas.
Estela atiende el teléfono dando por iniciada la entrevista. La alegría del encuentro del nieto 110 genera una extraña felicidad que hace que, más allá de las conferencias de prensa, ella siga dando notas. Pero claro, aunque el relato es extenso, la charla telefónica no alcanza. Por suerte, siempre existen motivos para volver a hablar con ella y reencontrarse con sus palabras, con su relato, con su enseñanza. Entre viajes, juzgados, médicos y prensa, Estela no tiene tiempo pero se lo hace. Aunque sabe cuáles son los días para estar con la familia, organiza su agenda de una prolija manera para que todos sean bien recibidos. –¿Cómo recuerda los primeros tiempos de búsquedas en Abuelas?
–Las Abuelas de Plaza de Mayo llevamos 36 años de lucha y encontramos, felizmente, y hasta ahora, 110 nietos a los que les restituimos sus derechos. Lógicamente, fue una experiencia nueva, la búsqueda de dos generaciones: en soledad la primera, y sin saber qué hacer, con riesgos y miedo. Fue una historia muy personal, donde cada una empezó como pudo y de acuerdo a su criterio y sentido común. Nos fuimos encontrando, uniendo y así pudimos realizar una lucha más colectiva. Juntarnos fue una forma de estar más acompañadas. Y pensábamos que también de esa forma nos estábamos cuidando, protegiendo. En los primeros tiempos, cada una venía y presentaba su idea. Los primeros nietos fueron, realmente, los más fáciles de encontrar porque eran niños chiquitos que ya tenían una identidad previa. Habían sido secuestrados ya nacidos, y se podía tener de ellos algunas imágenes de sus caritas, datos de sus identidades, de sus orígenes. –¿Y cómo los buscaban?
–A veces con carteles que pegábamos en las calles. Íbamos buscándolos y de golpe aparecía alguien que nos decía “yo a ese chiquito lo vi en tal lado”. En ese momento, ni siquiera teníamos un lugar de trabajo, nos juntábamos en nuestras casas particulares o nos encontrábamos en alguna iglesia, estación de tren o confitería. Así nos pasábamos la información. Y la verdad es que, de esos primeros chiquitos, no había duda: eran niños que tenían su documento, su familia. Sus abuelos los podían reconocer. Con ellos, el reencuentro fue mucho más sencillo. –Las búsquedas se complicaron con el paso de los años…
–Sí, el tema fue cuando empezamos a buscar a los que habían nacido en cautiverio. Aquellos bebés de los cuales no conocíamos ni su sexo ni el día de nacimiento ni ningún otro elemento probatorio. Por eso, para nosotras fue muy importante, y un gran paso, cuando encontramos una respuesta en la sangre. El Banco Nacional de Datos Genéticos nos proporcionó una seguridad absoluta de no equivocarnos. –¿Qué recuerdos tiene de la experiencia de dar aquel paso?
–La experiencia fue dura. En lo personal, puedo recordar cuándo restituimos a Paula Eva Logares. Los psicólogos y abogados habían ido a Tribunales; el apropiador y su mujer llevaron a Paula creyendo que era un mero trámite, ya que en esa época la impunidad era total. Esa nena ya tenía, en ese momento, 8 años, pero también había tenido 2 años largos de haber vivido con su mamá, su papá y sus abuelos. En ese caso, yo replanteé mi accionar y me pregunté: “¿Estaremos haciendo bien, realmente esos niños no van a sufrir más?”. Y la verdad, ¡qué equivocada estaba! Porque, en definitiva, yo personalicé algo. Como si la apropiadora fuera la madre. ¡Pero ellos no eran los padres! ¡Ellos son ladrones, son apropiadores, no hay afecto cuando se roba a un niño! Había un dominio total hacia un ser desprotegido que no pudo defenderse porque era un bebito. Cuando entendí y tuve la claridad de eso, para mí fue un momento de tranquilidad, de saber que estaba haciendo el bien. –¿Dudó, en algún momento, continuar con este camino?
–No, nunca tuve dudas de que esto había que hacerlo, incluso resolví mi vida. Primero, con la búsqueda de mi marido, que fue el primer desaparecido de la familia, salí sola, nadie se enteró. Yo pude distribuir mi tiempo inventando y buscando puertas para golpear, juntando la plata para pagar por las informaciones, proteger a mis hijos y cumplir con mis tareas docentes como personal directivo de la escuela. Administré mis sentimientos y administré mis tiempos para poder hacer todo esto. Algo fantástico que me ocurrió fue que me encontré con otras mujeres, porque una cosa fue lo que empecé sola, inventando, con miedos y soledades. Pero cuando me encontré con otras mujeres que estaban viviendo la misma experiencia, ya no estuve más sola, ya fui comprendida, teníamos el mismo dolor, las mismas inquietudes. Esto no fue un club fundado entre amigas. Esto fue generado por una dictadura y no nos conocíamos entre nosotras. Es más: hasta el día de hoy tenemos nuestras diferencias, seguimos siendo muy distintas las unas de las otras. Cada una trajo e ideó lo que pudo, de acuerdo a su cultura, a su intelecto, a todas esas condiciones naturales. A partir de la unión de todas, esto comenzó a consolidarse hasta el día de hoy. La única vez que dudé si estaría en lo correcto fue esa vez que dije, cuando Paula Eva Logares iba a ser desprendida de su familia falsa para ir con su abuela verdadera. Allí tuve esa sensación de “¡pobrecita, lo que debe estar sufriendo!”. Pero eso fue por una experiencia mía personal: cuando era chica, y nació mi hermano menor, como vivíamos en un pueblito en medio del campo, mi mamá tuvo al bebé en la casa. Entonces a mí me mandaron a la casa de una amiguita, la hija del farmacéutico, para que pasara el tiempo allí mientras mi mamá daba a luz. Yo estuve contenta un tiempo en lo de mi amiga, jugando, pero llegó un momento en que dije “me quiero ir a mi casa”, y no me dejaron, me daban caramelos, me entretenían. Yo pensaba que no iba a ver más a mi mamá, que me habían separado de ella. Esa sensación recrudeció cuando fue el caso de Paula. Pero el error mío fue considerar a la familia de apropiadores como buena cuando, en realidad, ellos eran ladrones. Esa familia le estaba haciendo daño, no había papá y mamá verdaderos. Después, el resultado y la realidad me tranquilizaron, porque la niña recordó, se integró con su abuela, tuvo atención psicológica de nuestros equipos. Fue un encuentro muy grato, muy lindo, sin ningún tipo de trauma. Ése fue el único momento donde dudé si estábamos haciendo bien. Además, nuestra consigna institucional es ser muy cuidadosas con todas nuestras actitudes, nuestras palabras, nuestras expresiones. No queremos herir a nadie ni victimizar a quien no corresponda. No queremos crear situaciones injustas. Una condición muy clara que tenemos es que nuestra necesidad de memoria, verdad y justicia es inamovible. Y la verdad es que pensamos mucho las cosas, las evaluamos, las hacemos madurar y después las concretamos. –¿Cuáles fueron las diferencias más significativas que encontró en las devoluciones de identidades?
–En estos 36 años tuvimos una cantidad enorme de diferentes situaciones en cuanto a los encuentros y restituciones de identidad de nuestros nietos. En esta época está el nieto que se acerca espontáneamente, que ya viene dispuesto a encontrase con su verdad. Y está el que no busca, pero lo encontramos nosotras y se opone. A veces, es una lucha jurídica, protegida por el amor y el respeto a la víctima. Pero ahí el juez es implacable y deja en claro cuando les dice: “Usted está llevando en su sangre la prueba de un delito de lesa humanidad, tiene que avenirse a que lo podamos analizar y saber si es una víctima de esa dictadura”. Hemos tenido miles de momentos, pero también contamos con la seguridad y la convicción de que esto hay que seguir haciéndolo por el derecho que les cabe a ellos y por el derecho que nos cabe a las familias. Y también el derecho que le cabe a la sociedad, porque no se puede dejar todo en el olvido. Sirve para que estas cosas no se repitan. Buscamos la verdad, la memoria y la justicia. Sólo de esa manera aseguramos el Nunca Más. –¿Siente que la lucha de Abuelas colaboró para que se cambie la mirada hacia el rol de la mujer en la sociedad?
–Sí. Indudablemente, en estos 36 años de lucha que llevamos las Abuelas de Plaza de Mayo, dejamos una impronta, una señal en la sociedad. En un comienzo, no imaginábamos vivir toda una vida buscando dos generaciones. Pensábamos sin ninguna trascendencia personal, simplemente, que nuestros hijos volverían a nuestro hogar y que nuestros nietitos que estaban naciendo, sin saber dónde ni cómo, serían criados con nosotras. Pero en ese silencio, en ese no encontrarlos, tuvimos que empezar a caminar y así se marcó un camino. Evidentemente, abrimos un camino novedoso en cuanto a la lucha fundamentalmente de la mujer. En general, las luchas políticas o gremiales eran de los hombres. Se los visualizaba a ellos mucho más que a las mujeres, si bien históricamente hubo luchas de mujeres heroicas y muchas murieron en esa lucha. Pero en nuestro país, la mujer no fue protagonista de una lucha con visibilidad. Nosotras la hicimos, perseveramos y le dimos presencia. No solamente por ir a la Plaza de Mayo, ese bastión indudablemente histórico de reuniones, sino porque ocupamos espacios, no nos circunscribimos a quedarnos solamente en la Plaza. Ocupamos aún aquellos espacios donde no nos era grato estar, pero sabiendo que para ese marco también hay público, hay gente. Y muchas veces era necesario educar a la gente: informarle, decirle que existíamos, explicarle qué es lo que hacíamos, qué objetivos fueron los que nos hicieron fundar este grupo. Y así nos dimos cuenta, con el correr de los años y cada día más, que éste es un grupo que no tiene fin sino sólo cuando nuestra vida se termine. Las Abuelas que ya encontraron a sus nietos siguen con nosotras. Hay una consigna de continuidad necesaria. La presencia, los logros, los éxitos y una actitud respetuosa de acompañamiento a las etapas históricas, sociales, de manera pacífica y con amor, nos dio un lugar que nos lo demuestra la sociedad nacional e internacional. Por eso es que nos requieren para que hablemos y contemos nuestra experiencia, que es inédita, en diferentes lugares del mundo y en nuestro propio país. Somos conscientes de que pusimos en acción el valor y las condiciones posibles de la mujer en una lucha. –¿Por qué piensa que fueron Abuelas y no Abuelos?
–Nosotras optamos que ellos no estuvieran. Nosotras les pedimos a los hombres que no se arriesgaran. Porque, con el machismo, para los uniformados los hombres eran más peligrosos y las mujeres éramos unas locas y tontas. Sabíamos que a nosotras nos iban a dejar caminar, mientras que a ellos los podían secuestrar, desaparecer. Les pedimos a nuestros hombres que nos reemplazaran en las ausencias de las tareas habituales, en el hogar, con los hijos. Nosotras tuvimos que retirarnos de nuestra vocación o profesión, dejamos nuestros trabajos y el hombre nos acompañó esperando. Yo los califico como los héroes anónimos, porque ellos sufrieron mucho esa soledad y la incertidumbre de saber si volvíamos o no a casa. Saber si no nos secuestraban en cualquier lugar del mundo a dónde íbamos, o en la manga de algún aeropuerto como ocurrió. La espera de ellos fue dura, la ausencia y el extrañarnos mucho. Eran hogares de parejas donde el amor por nuestros hijos victimizados era de los dos, padre y madre, hombre y mujer. Ahí queda demostrado, de alguna manera, que el hombre es más frágil. Casi todas nosotras somos viudas: los hombres murieron antes por no poder aguantar, por no poder soportar la ausencia. Fueron heridos pero no tuvieron una respuesta guerrera porque les pedimos que no la tuvieran. Pero fueron más frágiles en el aguante. Nosotras resultamos ser descubridoras de condiciones femeninas desconocidas, que dan cuenta de que cuando una mujer es provocada, sobre todo en algo tan sagrado como es un hijo, sale una leona. Dicen que nuestro ejemplo de lucha como mujeres al frente de un reclamo tan importante con riesgos, con peligros, con miedos, dio valor a muchas otras mujeres para formar grupos de búsquedas de justicia, de verdad, de hijos. Está Susana Trimarco, están las Mujeres del Paco, las Madres del Dolor, las Mujeres contra la Trata de Personas, hay muchísimas mujeres en el mundo que nacieron con pañuelos de otros colores, porque vieron en las mujeres argentinas un ejemplo y un camino a recorrer. Que ellas también pueden. –¿Se da cuenta que está haciendo historia?
–Humildemente, sí. No es que una quiera hacerla, pero la realidad es esa. Veo lo que nos escriben, las ponderaciones, los halagos de la lucha y ahí es cuando uno toma dimensión de todo. ¡Caramba, todo esto es lo que una hizo! Pero sin subirme a una loma, sino con humildad. ¡Salió bien, lo hicimos bien, se dio bien, se pudo! Eso es una satisfacción, podría haber salido mal. Nosotras tuvimos siempre la idea de aprovechar los tiempos sociopolíticos del país, de no provocar las oportunidades sino de ver cuando llegaban y aprovecharlas. Y los espacios. A veces me dijeron “ay, cómo vas a tal o cual programa de televisión” o “cómo hablás en tal revista”. Creo que cada lugar tiene su público. Lo importante es que lo lean: aunque sea en la peluquería van a saber que existimos las Abuelas de Plaza de Mayo y lo que pasó en la historia. Es como una especie de docencia permanente y eso es lo que uno quiere dejarles a los nietos. –¿Tuvo algún referente femenino o alguna mujer que haya admirado o le haya impactado su lucha?
–A Eva Perón yo no la quería nada, la criticaba, como toda la burguesía idiota que me rodeaba y los medios de comunicación que me educaban. Felizmente, revertí y transformé esa parte gorila y la transformé. Hoy en día, a Eva la valoro, la respeto muchísimo y creo que fue una mujer única. Por lo que hizo, por lo que dio y por lo poco que vivió, lamentablemente. En la historia de la Argentina hay muchas mujeres destacadísimas, Juana Azurduy, Alicia Moreau de Justo, que es un símbolo también de la mujer luchadora. Y Cristina, por quien tengo un respeto enorme. Es una mujer excepcional, muy capaz y muy valiente. Y me llena de orgullo porque ella representa a Laura, mi hija. Para mi ella es Laura, está haciendo lo que Laura no pudo hacer. Palabra de Estela Las mujeres en América latina
Muchas mujeres en Latinoamérica estuvieron participando con nosotras cuando se fundó la Federación Latinoamericana de Familiares de Desaparecidos: FEDEFAM. Aún funciona, y mediante el esfuerzo de esta agrupación que nació en Venezuela en 1982, de la cual somos fundadoras Las Abuelas, se consiguió una convención internacional para la protección de desaparición forzada de personas en todo el mundo. Algunos países no la firmaron. De hecho, esto sigue pasando, como en el caso de México, donde todavía desaparecen personas.
Allí hay una situación social muy delicada, nosotros sabemos que cada país tiene su forma de resolver los problemas, pero en México hay mujeres en lucha. ¡Hay un pueblo en movimiento! Lo que pasa en Juárez, por ejemplo, con las mujeres asesinadas o con la mafia del narcotráfico que decapitan personas y las dejan tiradas como muestra del horror. Todo eso hay que denunciarlo, ponerlo en evidencia. Para estos casos están las organizaciones como Naciones Unidas o la Organización de Estados Americanos en Washington, para obligar al Estado a que actúe y ponga fin a esas situaciones con políticas adecuadas.
Nosotras acabamos de viajar a México, donde dimos unas charlas referidas a nuestra experiencia pero no desde el orgullo de ser las únicas. Ellos tienen su parte de trabajo, lo hacen, pero están muy complicados con el narcotráfico y con cuestiones como el machismo y la delincuencia común. Cada país debe resolver estos temas con su pueblo. En la medida de su situación en particular, nosotras podemos llevar algunos ejemplos, algunas experiencias. Ojalá les sirva. Estamos con ellos, los acompañamos, porque siempre tenemos que estar todos unidos para que en Latinoamérica estas cosas se terminen para siempre.
“Hoy la temática ya está en la agenda pública” Año 7. Edición número 303. Domingo 09 de Marzo de 2014 Por Graciela Pérez gperez@miradasalsur.com
Entrevista. Gustavo Vera. Legislador porteño
Lo que ha habido hasta ahora es una caza de perejiles. Muy lentamente logramos que se empezara a llamar a indagatoria a las marcas”, indica el titular de la Fundación La Alameda y legislador porteño de Unen, Gustavo Vera. Con una informalidad que ronda el 78% en la industria textil, Vera aseguró que existe una utilización masiva de mano de obra esclava por parte del empresariado, para maximizar ganancias. –¿Cómo están hoy las causas contra Cheeky y Awada?
–La causa contra Cheeky data de 2007. Se presentó junto a otras marcas (Portsaid, Kosiuko) después de una investigación que se hizo con el Gobierno de la Ciudad, la Asesoría del Pueblo y La Alameda. La causa la tuvo durante un tiempo el juez Julián Ercolini, después pasó a manos de Guillermo Montenegro, quien sobreseyó a Daniel Awada y mandó la causa a un juzgado penal ordinario. Ahí durmió varios años hasta que volvió a reactivarse por la investigación de un fiscal, que comprobó cómo los talleres seguían operando con reducción a la servidumbre, violación de trabajo a domicilio y explotación de inmigrantes en situación irregular. Este último es un delito federal, por lo que no sabemos por qué se está analizando en un juzgado penal de primera instancia. Lo cierto es que hoy están citados a indagatoria los dueños de Cheeky, Portsaid y Kosiuko. Con respecto a la firma Awada, la causa data de 2006. En ese momento filmamos varios talleres en la zona de Billinghurst. Al principio la causa la tuvo el juez Norberto Oyarbide, después pasó a los juzgados federales de San Martín y ahí se perdió en el Triángulo de la Bermudas. Hay otra causa abierta en 2011 de un taller en Villa Crespo, que fue a parar a la megacausa que tenía Ercolini. –¿Cuántos dueños de talleres tienen causas judiciales y cuántos empresarios se encuentran en la misma situación?
–Lo que ha habido hasta ahora es una caza de perejiles. Muy lentamente logramos que se empezara a llamar a indagatoria a las marcas. El primer fallo importante fue contra la firma Soho en 2007. Para esa época había unas 85 empresas denunciadas. Primero se citó a Soho, después a Kosiuko y, posteriormente, a Narrow. En éste momento debe haber aproximadamente 485 talleristas presos, algunos se encuentran excarcelados. Hay once o doce condenados con sentencia firma y una docena de marcas en situación de imputación con indagatoria. –¿Qué sucede en la Justicia con las denuncias que presentan contra los talleres clandestinos?
–En los últimos tiempos las causas están avanzando. Incluso hubo incautación de máquinas y su reutilización social. Parte de esa maquinaria fue a la comunidad colla de La Primavera, donde se formó una cooperativa. Otra parte se va a entregar a mujeres qom del Chaco. Se va a crear un nuevo polo industrial textil, en parte con máquinas incautadas. –¿Suelen recibir apoyo de los medios de comunicación para que se difundan sus denuncias?
–Los primeros años eran complicados porque las marcas tenían el monopolio de la pauta publicitaria privada. Aquello medios que recibían publicidad de éstas firmas, ninguneaban la visibilidad del tema. Hoy, la temática se instaló en la agenda pública y tenemos mucho apoyo. Aparte Francisco desde el Vaticano impulsa esta cuestión, dado que era uno de los temas que más le preocupaban como arzobispo porteño. –¿Puede decirse que el trabajo es tercerizado y los empresarios de estas marcas desconocen la explotación?
–De ninguna manera. Llevan los moldes, etiquetas. Puede haber un vínculo directo o con intermediarios aparentemente formales. Estos casos de intermediación los hemos encontrado en las firmas Puma. Le Coq Sportif, Arena, 47 Street, Kosiuko. La relación directa se dio con Cheeky, Portsaid, Lacar. De cualquier manera, está vigente la ley de trabajo a domicilio que establece la responsabilidad directa, tanto laboral como penal, de la marca con los lugares donde mandan a confeccionar sus prendas. –¿Conocen cuántas firmas de la industria textil están en situación irregular con respecto a sus trabajadores?
–Denunciadas penalmente, 114. Ninguna está sobreseída en forma definitiva, lo que no significa que en un juzgado ordinario no se las pueda condenar por reducción a la servidumbre. En 2009, José De Mendiguren admitió que el 78% de la industria estaba de manera informal. Hay ciudades como Córdoba donde el 90% de los talleres son clandestinos. –¿En todos los casos se trata de inmigrantes en situación irregular?
–Estamos hablando de inmigración inducida. Existen agencias en zonas pobres de Bolivia que invitan a la gente a venir a la Argentina. Les dicen que les pagan el pasaje, que van a tener casa y comida y sus salarios van a ser en dólares, para que puedan remitirlos. Después que los traen los reducen a la servidumbre. Hay un aprovechamiento masivo del empresariado en mano de obra barata y migrante, para maximizar ganancias. Todos los datos que da Mauricio Macri respecto de facturación desde el punto de vista macroeconómico son reales, pero se producen a base de esclavitud. Eso no lo dice. Fuente:MiradasalSur
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