27 de abril de 2014

DÍA DE LOS TRABAJADORES.

Los números, en el día de los trabajadores
Año 7. Edición número 310. Domingo 27 de Abril de 2014
Por Eduardo Anguita
argentina@miradasalsur.com
El próximo jueves, 1º de mayo, a lo largo y ancho de la Tierra, con la excepción de Estados Unidos, se celebrará el día internacional de los trabajadores. Lo de la primera potencia mundial es muy importante porque allí se celebra anualmente el primer lunes de septiembre, a contramano de su propia historia. En efecto, el 5 de septiembre de 1882, en Nueva York, desfilaron los caballeros del trabajo y esa es la fecha elegida por la cultura laboral norteamericana, especialmente desde la década del ’50, en pleno auge del macarthismo y la cacería de izquierdistas y comunistas, bajo la excusa de ser aliados o espías de la Unión Soviética. A contramano de la historia, porque lo que la historia universal del movimiento obrero recuerda es una huelga iniciada en Chicago el 1º de mayo de 1886 por la jornada de ocho horas y que derivó en un juicio vergonzoso que terminó con la ejecución de sus líderes, conocidos como los Mártires de Chicago. La celebración fue proclamada por Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París en 1889, al cumplirse el primer siglo de la revolución francesa.

Para no perder la perspectiva global, precisamente un siglo después de que se estableciera esta fecha reivindicatoria de los trabajadores, se produjo una ofensiva del capital concentrado internacional, especialmente contra el sur del río Bravo. En efecto, el llamado Consenso de Washington coincidió con la debacle del socialismo soviético y de Europa oriental que también en 1989 tuvo como hito la destrucción del muro de Berlín, evento emblemático de la implosión de un sistema político antidemocrático pero conducido por los poderes fácticos del capitalismo más concentrados. Es imposible analizar la vida cotidiana de los millones de trabajadores del mundo sin reparar en el complejo escenario que dejó la hegemonía de las multinacionales privadas y del poder político y militar de Estados Unidos. Porque el Consenso de Washington fue un programa de acción político y económico para que los Estados redujeran drásticamente todos los mecanismos construidos durante décadas para redistribuir ingresos a favor de los asalariados y proteger las economías nacionales. Si a ese escenario fuera necesario agregar las modificaciones posteriores, hay que precisar entonces que ni en China ni en Rusia tienen vigencia los postulados del comunismo, cuya piedra basal es el poder para los trabajadores. En cambio de ello, con grandes diferencias entre ambas naciones, persisten poderes burocráticos que permiten al capital privado obtener alta rentabilidad.

La Organización Internacional del Trabajo, un organismo donde pueden expresarse las voces de las organizaciones sindicales y patronales de todo el planeta, hace muchos años que sólo publica estadísticas, abre foros de debate y brinda sugerencias a los gobiernos. Es decir, pese a los consejos de mantener el trabajo decente y registrado, en las últimas tres décadas avanzaron como la peste la flexibilización laboral, el trabajo precario, la brutal exclusión y la metamorfosis de las organizaciones obreras como gestoras de las reivindicaciones más inmediatas y no como verdaderas usinas de subjetividad de los asalariados.

A la par que se establece a escala mundial el trabajo basura, los Estados avanzan en la destrucción –a veces por goteo, a veces brutalmente– de los sistemas de seguridad social. Quizá el paradigma más fuerte de esto lo constituye el gran programa alimentario de la India que es, a la vez, un gran recurso de inclusión y una asimilación feroz a las necesidades de las multinacionales, tanto indias como de los países centrales. En 2013, las autoridades de ese país, que integra la elite de las naciones que saltaron a las grandes ligas –junto a Brasil, Rusia, China y Sudáfrica– destinaron un presupuesto monumental para vender diez veces más barato trigo a la mitad de los hogares urbanos y al 75% de los hogares rurales. Cuando el parlamento aprobó este proyecto, la mandataria Sonia Ghandi dijo que podía cumplirse uno de los grandes sueños de su marido, el ex primer Rajiv Gandhi, asesinado en 1991. Las calorías que brindan los kilos de trigo a millones de indios no son suficientes como para borrar la imagen de los barrios pobres que están al lado de los impresionantes edificios de oficinas de las transnacionales indias.

Si algún dato es necesario para completar un panorama desalentador para los pobres del mundo, es preciso mencionar que la generación de puestos de trabajo es inversamente proporcional al desarrollo de los procesos robotizados de las principales industrias. Los gerentes financieros de las compañías prefieren, sin dudas, a los robots que a los obreros. Las máquinas, mal llamadas inteligentes, no tienen corazón ni hacen huelgas.

Argentina para armar. Antes de entrar en el momento árido que vive nuestro país, vale la pena destacar que Argentina tiene el coeficiente más elevado de sindicalización del continente latinoamericano. Y no solo eso. Pese a las contrarreformas, el sistema de seguridad social se mantuvo y mejoró pese a la atmósfera reaccionaria y deshumanizante que atraviesa el planeta. Cabe mencionar que el sociólogo francés Robert Castel, una eminencia internacional en materia de seguridad social, visitó muchas veces la Argentina y reivindicó lo hecho en estas latitudes. Castel, que murió en marzo de 2013, era muy escéptico acerca de la posibilidad de reconstruir un escenario de defensa de los trabajadores pasivos con las actuales políticas impositivas regresivas y el avance de la exclusión laboral y social. En todas las oportunidades que visitaba el país, Castel participaba de actividades organizadas por el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y sus conferencias resultan un material invalorable para comprender cuáles son las maneras de avanzar en un escenario adverso para los sectores obreros de la relación de fuerzas internacional.

Lo precedente no sirve de excusa a la voraz mercantilización de la sociedad argentina ni tampoco a los errores y omisiones del Gobierno en una cantidad de temas que afectan directamente los intereses obreros y populares. El acercamiento a los organismos financieros de crédito, al acercamiento con multinacionales alimentarias, semilleros, petroleras, financieras o mineras no es ajeno a lo que otros movimientos políticos de origen popular realizan en este castigado continente latinoamericano. Y pese a la importancia trascendental de la vigencia democrática, también hay abusos y negligencias del Estado que no pueden justificarse sólo por el ambiente que se vive.

El Indec. El pasado miércoles 23, tal como figuraba en el cronograma del organismo nacional de estadísticas, debían darse a publicidad los indicadores de pobreza e indigencia correspondientes al segundo semestre de 2013. Los del primer semestre, absolutamente no creíbles, daban 4,7% de hogares pobres y 1,4% de hogares indigentes. El día anterior, martes 22, directivos del Indec fueron a la sede de Economía y se reunieron con las autoridades. No hubo información pública del encuentro. Lo único público es que se postergaron, sin fecha precisa, los datos de la última mitad del año pasado. Es cierto que hay cuestiones técnicas, relativas al empalme de la metodología vigente hasta el 31 de diciembre de 2013 y la iniciada desde el primer día de 2014 para ponderar el costo de la Canasta Básica Alimentaria y la Canasta Básica Total, que son los dos pilares para medir pobreza e indigencia.

Ahora bien, los datos que debían brindarse no requerían de los nuevos parámetros. La realidad es que las cifras no deben ser muy distintas de 4,7% y 1,4%. Está claro que la sociedad no hubiera tolerado cifras por el estilo. Tampoco debería creerse que sí tolera el silencio en este tema sensible. Además, el Indec tampoco publica cuáles son los valores actuales de ambas canastas. Podrá argumentarse, con cierto grado de credibilidad, que apenas pasaron tres meses y que pueden estar haciéndose ajustes en los cambios técnicos. Aunque las diferencias políticas entre el Gobierno Nacional y el porteño sean grandes, el trabajo estadístico del organismo de la Ciudad no difiere mucho de los nuevos parámetros del Índice de Precios al Consumidor del Indec. Al respecto, la canasta alimentaria de la Ciudad en marzo resultó de 3.834,73 pesos. Una estimación provisoria, con estos datos disponibles permitiría proyectar –en la Ciudad de Buenos Aires– que entre el 20 y el 25% de los porteños están bajo la línea de la pobreza mientras que los indigentes serían cerca del 5% de los habitantes del conglomerado urbano más rico de la Argentina. Cuando todavía no se terminaron de cerrar algunas convenciones colectivas, quizás en el Gobierno haya primado la idea de no tirar leña al fuego. Ante la falta de explicaciones es inevitable hacer conjeturas. Pero el riesgo es que la falta de explicaciones alimenta las peores conjeturas.

Distribución del ingreso. Históricamente, en la Argentina se tomó el porcentaje de la renta anual correspondiente a los asalariados como un parámetro para evaluar la justicia social. De acuerdo a las mediciones del Indec, en 2001, los asalariados tuvieron el 42,1% de la renta; en 2002, cayó bruscamente a 34,6%; en 2003, cayó levemente al 34,3%; luego fue recuperándose y en 2007 superó la medición de 2001, llegando al 42,9%; en 2008, los asalariados tuvieron el 43,6% del total producido en la Argentina. Hasta allí los datos oficiales. Hacia finales de 2013, el Centro de Investigación y Formación (Cifra) de la CTA orientada por Hugo Yasky dio sus propias estimaciones sobre distribución del ingreso. Según estudios dirigidos por Eduardo Basualdo y Pablo Manzinelli, en 2012 la participación de los asalariados se situaba en el 39% del PBI mientras que sus estimaciones para 2013 lo elevaba a 40%. Es decir, en los parámetros de los años precedentes a la crisis de 2001, lo cual muestra recuperación pero no más que eso. No se registró una transformación en esta materia. Hubo sí, como dato importante de los primeros años del kirchnerismo, creación de empleo del sector privado. Luego, las nuevas fuentes de trabajo fueron creadas por el sector público.

Es inevitable, tal como se señala al principio de este artículo, reparar en la globalización del capital. Los altos niveles de concentración y extranjerización tienen estrecha relación con la falta de interés del sector privado concentrado. Las grandes empresas ocuparon su capacidad ociosa pero lejos de invertir en el país aumentaron las remesas de utilidades al exterior y acompañaron el proceso de fuga de capitales de una magnitud impresionante en la Argentina de los últimos siete años. El Gobierno eligió poner el acento en sus logros, algunos de ellos hoy puestos en duda por la poca transparencia de las estadísticas oficiales. En la actualidad, aunque la situación económica no sea dramática, hay inflación alta, hay caída de la producción y hay conflictividad social. La información clara no debe asustar ni deprimir. En todo caso, las conductas que despiertan las noticias –buenas o malas– no pueden anteponerse ni a las obligaciones institucionales ni a la certeza de que los pueblos que maduran son los que asumen su realidad en forma colectiva, con valentía, con compromiso y con metas precisas, aunque estas metas no siempre sean ambiciosas.

Marchas, bloqueos y diálogo. El 1º de mayo, en la Plaza de Mayo, tendrá lugar una marcha de los sectores de izquierda adversos al Gobierno, cuya convocatoria corre por cuenta del Partido Obrero y sus aliados en el Frente de Izquierda. Son partidarios de llamar a un nuevo paro general. La CTA dirigida por Pablo Micheli convoca a una marcha para el 8 de mayo, una semana después. Hugo Moyano y Luis Barrionuevo llamaron a marchar el 14 de mayo. Aunque el proyecto de ley de limitar la protesta social haya salido, de momento, de la agenda oficial, es evidente que dentro del oficialismo hubo quienes creyeron oportuno avanzar en un terreno que en vez de abrir puentes de negociación, parecían destinados a remarcar la autoridad pública a través de la judicialización o la presión policial.

Es inevitable hacer una referencia a que toda esta semana transcurrió con un bloqueo del sindicato de camioneros. Las siete plantas industriales de Ternium Siderar de la provincia de Buenos Aires (San Nicolás, Ramallo, Ensenada, Canning, Florencio Varela y Haedo) más dos de Siderca (Campana y Valentín Alsina) estuvieron –y están hasta el cierre de esta edición– bloqueadas por camiones que impiden la salida de productos de la empresa y la entrada de materias primas. Si bien los trabajadores y técnicos entran y salen normalmente, los piquetes impiden el despacho de producción. El conflicto es por la reincorporación de 17 trabajadores que están en el ámbito del sindicato de Camioneros. El grueso de obreros de Techint son afiliados metalúrgicos y pese a que Pablo Moyano dijo que éstos “se solidarizan” con el conflicto no hubo ningún comunicado en tal sentido, ni de la UOM nacional ni de las seccionales afectadas por los bloqueos. Moyano carga, sin nombrarlo, contra Antonio Caló, un aliado inestable del Gobierno. Pero, sin sutileza, cargó contra “los pibes” de La Cámpora, porque “están en el directorio de las empresas de Techint”. Es cierto que, por las acciones en manos del Estado, hay directores nombrados por el Ejecutivo. Sin embargo, es descabellado tanto el bloqueo como el ataque en cuestión. En todo caso, es un síntoma del poder acumulado por algunos dirigentes gremiales con capacidad empresaria y de movilización gremial al mismo tiempo.

El caso de Moyano (padre) es quizá uno de los capítulos más apasionantes y menos estimulantes. Con el prestigio ganado en los noventa, Hugo Moyano y el transporte automotor ganaron privilegios increíbles en la órbita del transporte. Al punto que el sindicato de Camioneros llegó a tener el 6,6% de las acciones del Belgrano Cargas, uno de los trenes hundido durante el menemismo y que en estos años se recuperó de la mano de las grandes empresas porque es el tren de la soja. Si la dirigencia política, a través de un debate parlamentario postergado, no se brinda a tratar en el Congreso un ordenamiento democrático de la actividad sindical, es posible encontrarse con dirigentes que, por 17 trabajadores en conflicto, tomen una medida de semejante calibre. No hay proporción alguna entre este bloqueo y los graves problemas sociales que viven millones de personas que sólo pueden subirse a un tren y trabajar a destajo o salir a revolver tachos de basura, como hacen miles y miles de habitantes de las villas y asentamientos precarios.



El kirchnerismo y la evolución de las especies
Año 7. Edición número 310. Domingo 27 de Abril de 2014
Por Jorge Giles
argentina@miradasalsur.com Opinión
Confesamos que en una primera versión esta nota portaba de título: “El gorilismo y la involución de las especies”.

Pero como somos optimistas empecinados preferimos este título más esperanzador y constructivo.
Además, hoy es domingo 27 de abril, el mismo día que Néstor Kirchner inició en el año 2003 el camino ascendente que hasta hoy continúa.

Que el recuerdo de aquella jornada nos dé la perspectiva histórica.

La corrección política nos lleva a reafirmar el concepto positivo que nos merece la unidad de sectores diferentes en un solo espacio opositor de derecha.

Decimos entonces alborozados: “Ahora sí se podrá competir claramente entre un espacio de centroizquierda y otro de centroderecha”.

De un lado, el movimiento nacional, popular y democrático que lidera Cristina Fernández de Kirchner.

Del otro, el espacio neoaliancista que se acaba de conformar, llamativamente, sobre el escenario de un teatro y en los estudios de TN y que viene a sumarse a los espacios ya conformados por las huestes de los dirigentes de derecha, Mauricio Macri y Sergio Massa.

Es decir, que mientras el centroizquierda presenta un escenario unificado que gobierna el país con un claro liderazgo, la derecha es un archipiélago con tres islotes flotantes: el Faunen, el massismo y el PRO.

Así, al menos, es hasta ahora.

Todo bien.

Pero ¡ay!... el alma y el cuerpo dicen otra cosa.

Porque no se escuchan palabras opositoras que alienten a creer o suponer que todo lo logrado en estos últimos años se podrá sostener si gana esa derecha que ya no pugna por encontrar su destino. Nos queda en claro, por lo que ellos mismos declaran, que su destino manifiesto es la ruptura de la cadena evolutiva de la sociedad para volver hacia atrás uno por uno los eslabones que forjamos colectiva y esforzadamente en este nuevo siglo.

Que nadie se equivoque. No se trata de apoyar o derrotar al peronismo kirchnerista. Se trata de empujar o de trabar las aspas del molino que construyó el kirchnerismo en estos 11 años para que podamos tener estos vientos que hoy despeinan la melena de los chicos en las plazas del barrio y en el patio de la escuela, la melena de los jóvenes saltando alegres al compás del Indio Solari y la melena de la abuela meciendo su justa movilidad jubilatoria como nunca antes.

El alma y el cuerpo no se equivocan: la fragmentada oposición sigue unida al cordón umbilical del país neoliberal y corporativo y el sólo hecho de pensar que podrían volver a gobernar, nos hace correr un frío de espanto y desolación que va del cuello hasta el huesito dulce de la parte de atrás.

Usted me entiende.

Mientras esto ocurre, la militancia nacional y popular hoy debatirá en el Mercado Central las próximas tareas por venir. Esta actividad, como las que continuarán luego, es demostrativa de que si algo irrumpió como una novedad creciente en esta década, junto a los logros del Gobierno, es precisamente la musculatura organizativa y participativa del proyecto.

La militancia kirchnerista debatirá el futuro, anuncian en la convocatoria. Es todo lo contrario de períodos anteriores donde el Gobierno que se despedía, a esta altura del partido, preparaba las valijas, ordenaba el archivo, realizaba un balance llenando las columnas del debe y el haber, hacía la plancha y a otra cosa mariposa.

Y entonces vale la pregunta: ¿cuál es la diferencia sustantiva entre el kirchnerismo y los demás espacios de la política?: la existencia de un proyecto de país. Y es precisamente eso lo que está en debate en la Argentina.

En la orilla de enfrente, la alianza recientemente conformada por el radicalismo y el socialismo, más pequeñas fuerzas residuales de la vieja política, tienen por el momento encerrada bajo siete llaves la fiera de la discordia que los dañará ni bien abran la boca. Ni hablar de plenarios conjuntos. Ya empezó a suceder con las estocadas de Carrió y las respuestas que recibió de sus aliados. Es absolutamente falso el planteo de algunos analistas acerca de que la piedra de la discordia de este nuevo espacio de la derecha pacata se llama “Macri sí o Macri no”.

La piedra de la discordia está en su propia barriga.

Por eso no pueden más que consensuar un manifiesto leído en el acto de lanzamiento, porque cuando hablan de a uno, se convierten rápidamente en autitos chocadores.

Honremos la memoria.

Era el 27 de abril de 2003. Cuando llegó la noche, con los resultados ya consolidados, un Néstor más que emocionado decía desde la Casa de Gobierno de Santa Cruz, en su Río Gallegos:

“La Argentina, luego de muchísimo tiempo, quedará ante dos modelos claros de país: el del ajuste, la exclusión, el que endeudó a la Argentina, y el modelo de la producción, el trabajo y la estabilidad, que no es propiedad de partido alguno, ni de quien les habla. Convocamos a todos los argentinos a construir un modelo de igualdad… No voy a hablar de alianzas, la alianza fundamental es con el pueblo argentino; es hora de respetar la memoria de los argentinos”.

Lo que vino después es conocido. Menem arrugó ante la segunda vuelta y se volvió a su casa en Anillaco dejando en orfandad casi definitiva a sus fieles seguidores.

Y Kirchner ganó, como dice Cristina, con más desocupados que votos.

El país era otro.

El 25% de la población económicamente activa estaba desocupada; el Banco Central tenía apenas 8 mil millones de dólares de reservas y 46.000 predios rurales de la pampa húmeda estaban hipotecados. Sólo para indicar tres referencias dramáticas.

Si Ernesto Laclau, el respetado académico que recientemente nos dejó, ligó la teoría política con el psicoanálisis de Lacan, no sería disparatado ligar la teoría de la evolución de Charles Darwin con lo que viene ocurriendo en la sociedad argentina.

O sea.

El kirchnerismo sería algo así como la demostración empírica, institucional y cultural de la evolución de la especie humana; mientras que el gorilismo, en cualquiera de sus renovadas facetas, es la demostración de que siempre es posible involucionar.

Por suerte, es la evolución la que está en nuestra naturaleza. Y no su contrario.

Logros históricos con deudas pendientes
Año 7. Edición número 310. Domingo 27 de Abril de 2014
Por Julián Blejmar
argentina@miradasalsur.com
(TELAM)
Los avances obtenidos en materia laboral constituyen uno de los mayores logros de la política económica durante la última década. Al mismo tiempo, persisten una serie de factores sobre los que resulta necesario lograr mayores avances.

Cuando el próximo 1º de mayo se haga un balance sobre la gestión kirchnerista en materia laboral, luego de 11 años en todos los guarismos hubo notables mejoras. Sin embargo, aún persisten una serie de inequidades, entre las que se destacan la alta proporción de trabajadores en la informalidad y salarios mínimos que no alcanzan a cubrir la totalidad de la canasta básica familiar. Lo cierto es que poco más de una década atrás, como en otras variables, en materia de empleo la Argentina era otro país. La tasa de desocupación era mayor al 20%, los trabajadores en la informalidad representaban el 50% y tanto el poder adquisitivo como el salario mínimo se encontraban entre los más bajos de la región. Cifras que contrastan fuertemente con las actuales, donde el desempleo se encuentra en una tasa que no llega al 7%, la informalidad descendió 15 puntos porcentuales, y prácticamente todas las escalas salariales se encuentran al tope entre la región.

Las políticas de empleo fueron elogiadas incluso por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe “Tendencias Mundiales del Empleo 2014: ¿Hacia una recuperación sin creación de empleos?”. Allí, se señalan los riesgos de que la economía mundial –que dejó sin empleo a 5 millones de habitantes en 2013 y a 202 millones desde que comenzó la crisis global en 2008– pueda recuperarse paulatinamente en lo macroeconómico, pero sin generar empleo. Por el contrario, elogia las políticas de empleo en toda la región latinoamericana, especificando que en el caso argentino se pudo atravesar la crisis internacional de 2008 reduciendo incluso el desempleo, que pasó del 8,5% en 2007 al 7,3% en 2013, guarismo que se proyecta que se mantendrá estable hasta 2016.

Incluso este 2014, que para nuestro país comenzó con turbulencias económicas, parece no haber por el momento incidido en materia de empleo. De acuerdo con la medición de la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) del Ministerio de Trabajo, la tasa de desempleo no aumentó durante los meses de enero y febrero. Y, durante los siguientes meses, desde ese ministerio afirmaron que no se incrementó significativamente la demanda del Programa de Recuperación Productiva –para asistir a los trabajadores con riesgos de empleo–, ni de solicitud de subsidios al desempleo, mientras que los procedimientos preventivos de crisis por parte de las empresas no se diferenciaron sustantivamente de los de años anteriores.

En cambio, las paritarias que ya han cerrado, que tuvieron como resultados aumentos del 27 al 29%, hacen prever que este será un año de descenso en el poder adquisitivo, con una inflación oficial que anualizada, se encontraría por encima del 30%. Más allá de la coyuntura, resulta esclarecedor observar cómo han evolucionado las principales variables relacionadas al empleo, esto es ocupación, trabajo informal, promedio salarial y salario mínimo.

Crecimiento récord del empleo. De acuerdo con la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, en 2013 existían poco más de 17 millones de puestos de trabajo, es decir cerca de 5 millones de puestos de trabajo formales e informales más que en 2002. Por eso esta EPH, que había estimado una de­socupación superior al 20% en 2002 (24% con la actual medición), arrojó para el último trimestre de 2013 un nivel de desempleo del orden del 6,4%.

El informe “El mercado de trabajo en la post-convertibilidad”, del Centro de Estudios Cifra de la CTA, permite dar cuenta de los contrastes en la creación de empleo durante la etapa neoliberal y la acontecida a partir de 2002. Según señala este estudio, “si se compara el número de ocupados en 2001, resulta sólo 200.000 superior al de 1991”. Por el contrario, a partir de 2002 el empleo subió de forma exponencial, con lo que en 2010, con más de 4 millones de puestos de trabajo creados, se alcanzó una tasa de empleo “similar a la de 1974, es decir, previo al inicio de un largo descenso que culminó en 2002”. De acuerdo al Informe de Cifra, entre los 4 millones de puestos de trabajo creados, se encontraban 3 millones de empleos registrados. Un informe producido el año pasado por parte del Ministerio de Trabajo, denominado “La situación laboral argentina 2012”, señala que en base a datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) desde 2002 se sumaron alrededor de 4,5 millones de empleos formales, lo que exhibe un crecimiento de un millón y medio de puestos de trabajo registrados desde aquel logro de 2010. En este sentido, Trabajo menciona como una de las claves las más de 200 mil nuevas empresas formales creadas en la última década, lo que significó un incremento del 50% de la cantidad de firmas empleadoras.

Trabajo no registrado. Según la EPH, para junio del año pasado el 34,5% de los trabajadores argentinos desarrollaba una labor no registrada, es decir cerca de 4 millones de personas sobre el total de 12 millones y medio que conforman la fuerza laboral del país (la diferencia con las cifras de empleo radican en que un trabajador puede ocupar más de un puesto de trabajo). Se trata de una cifra que exhibe una débil baja en relación con la del 2008, cuando se situó en el 37%. Al mismo tiempo, el Informe de Coyuntura N° 12 de Cifra permite observar la notable reducción que se operó en el total de la década gestionada por los gobiernos kirchneristas. En efecto, el informe señala que entre 2003 y 2012 el trabajo informal se redujo del 49,2% al 34,4%, es decir cerca de 15 puntos porcentuales. De acuerdo con el informe “Trabajo no registrado: Avances y Desafíos para una Argentina inclusiva” del Ministerio de Trabajo, esta reducción representa una baja sostenida como no se había experimentado en los 25 años previos, lapso en los que ascendió prácticamente de forma consecutiva desde alrededor del 25% al citado 49%. Además, señalan que desde 1976 en adelante “hubo un incremento permanente y sistemático del trabajo no registrado”. En el informe, se detalla también que mientras que en la década del noventa sólo 10 de cada 100 puestos de trabajo asalariados que se generaban eran registrados, entre 2003 y 2012 esta cifra mejoró incluso su propia inversión, pues de cada 100 puestos que fueron creados, 92 fueron empleos registrados.

En función de la fuerte desaceleración en la disminución del empleo no registrado en los últimos años, es que la semana pasada el Ejecutivo envío un proyecto de ley para fomentar la regularización de los trabajadores. La iniciativa, que contempla una inversión pública de 4.150 millones de pesos y comenzará a ser tratada en el Senado el próximo miércoles, busca beneficiar a 290.000 microempleadores (este tipo de empleadores concentra el 60% del trabajo informal) para incentivar la regularización de trabajadores, así como fijar mayores controles y penas para detectar y sancionar a las empresas que contraten de forma informal. El objetivo, señalaron desde fuentes oficiales, es posibilitar la registración de 650 mil puestos de trabajo en dos años, logrando así un descenso de la informalidad del actual 35% AL 28%.

Poder adquisitivo del salario. Luego de una tendencia declinante a lo largo de gran parte de la década del noventa e inicios de la pasada, con los gobiernos kirchneristas y la implementación de las negociaciones paritarias, el nivel de ingreso de los trabajadores experimentó crecimientos en la mayor parte de los años, pues solo registró leves descensos en 2008, 2009 y el año pasado, según se desprende de los datos del último Informe de Coyuntura (N°15) del Centro Cifra. Allí, se puede concluir que, desde 2003 a esta parte, los salarios aumentaron en un 47% en el caso de los trabajadores registrados y de 56% en los no registrados. Exceptuando el retroceso de 2009 -íntimamente ligado a la crisis mundial-, las otras dos caídas, como así también la desaceleración de las subas salariales a partir de 2008, estuvieron directamente relacionadas con el aumento en los índices de inflación. Sucede que fue justamente a partir de 2008 que la inflación superó el 20% anual -con excepción del 2009-, debido en gran parte a la denominada “puja distributiva”, es decir, la lucha de los grupos económicos por no continuar cediendo parte de su elevada rentabilidad al sector del trabajo. Aun así, los salarios estuvieron casi siempre por encima de la suba de precios, según se desprende de otro informe del Centro Cifra, publicado en 2011. En relación a 2012, este organismo señaló recientemente que también se experimentó un “ligero crecimiento del salario real”, mientras que respecto al año pasado, se experimentó en cambio un leve descenso, del 0,4%, en el poder adquisitivo de los trabajadores.

Salario mínimo. De acuerdo con un estudio realizado a fines de 2012 por el Centro de Estudios de la Nueva Economía de la Universidad de Belgrano, el sueldo mínimo en nuestro país se encontraba al tope de toda la región. “A nivel regional, el salario mínimo real argentino lidera el ranking sudamericano, al ser 10% superior al piso salarial paraguayo, que se ubica segundo”, había afirmado oportunamente el economista Víctor Beker, quien estuvo a cargo del citado estudio. Sucede que luego de mantenerse congelado en 200 pesos por más de una década, a partir de 2003 el salario mínimo experimentó subas permanentes, llegando a 3.600 pesos en enero de este año. Con todo, al contrastarlo con la inflación, se advirtió un freno en su suba a partir de 2006, de acuerdo al documento 18 del Centro de Estudios Cenda, dirigido entonces por el actual ministro de Economía Axel Kicillof. Según este documento, mientras que en el período comprendido entre 2002 y 2006 el salario mínimo creció en términos reales un 166,4%, a partir de ese año prácticamente no se produjeron variaciones significativas. Es altamente probable que la inflación del año pasado, del 29% de acuerdo a institutos provinciales de estadísticas, y la devaluación de enero, cercana al 20%, hayan hecho retroceder a nuestro país de este primer lugar, aunque en cualquier caso sigue estando entre los más altos de la región. De todas formas, los valores del salario mínimo tienen en la Argentina sobre todo una función de referencia, ya que, de acuerdo a cifras oficiales, quienes perciben este ingreso son menos del 1% de los trabajadores, es decir, aproximadamente 113.000 asalariados, pero uno de sus aspectos más relevantes es que permite elevar el piso de referencia, algo fundamental para los trabajadores no registrados. Si bien nada hace prever que durante la convocatoria anual del Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil que se realizará este año, el monto no se actualizará significativamente, lo cierto es que hasta el momento las retribuciones del salario mínimo no alcanzaron a cubrir los costos de una Canasta Básica Total, necesaria para superar la línea de pobreza de una familia, que teniendo en cuenta datos de inflación provinciales y de centros independientes podría hasta triplicar el costo real de la que actualmente difunde el Indec, que la sitúa en falsos 1.800 pesos.

Día del Trabajador
Año 7. Edición número 310. Domingo 27 de Abril de 2014
Por Héctor Recalde. Diputado de la Nación FPV
politica@miradasalsur.com
(TELAM)
Nos encontramos en las vísperas de un nuevo 1º de Mayo, Día Internacional del Trabajador. Nunca está de más recordar que dicha fecha conmemora el inicio de la lucha de los llamados “Mártires de Chicago”, un grupo de trabajadores que fueron condenados a la muerte por participar de una gran huelga en la que se reclamaba una jornada máxima de trabajo de ocho horas.

Históricamente es una fecha de lucha y memoria, con grandes movilizaciones y reclamos. Vale recordar las escenas que nos mostraron los medios hace un año, donde podíamos ver el gran descontento de las clases trabajadoras en países de Europa, víctimas de políticas de ajuste y recesión, principalmente en España, Italia, Grecia y en menor medida, Francia.

No obstante, en nuestro país, desde el gobierno del Gral. Juan Domingo Perón, la fecha es una jornada en la que prevalecen la reivindicación y la celebración. Obviamente existieron lapsos en los que los trabajadores no tenían nada que festejar, hasta que en el 2003 con Néstor Kirchner se retomó el camino hacia la justicia social, período que denominamos la Década Ganada.

En dicho período no sólo se crearon alrededor de seis millones de puestos de trabajo, reduciendo el desempleo de una tasa mayor al 20% a números inferiores al 7% –las tasas más bajas en más de veinte años–, también se recuperaron para los trabajadores una gran cantidad de derechos cercenados en años de dictadura y neoliberalismo, además de reconocerle nuevos y mejores derechos.

Se recuperó el derecho a la negociación colectiva, ya siendo naturales los incrementos salariales año tras año, costumbre que además se hace eco en los haberes jubilatorios, que crecen periódicamente ya que por ley Nº 26.417 se incrementan obligatoriamente no sólo una, sino dos veces al año.

Asimismo se terminaron con negociados que atentaron contra los intereses de los trabajadores como fueron las AFJP y los “tickets canasta”; se igualaron los derechos de grupos de trabajadores históricamente discriminados como los peones rurales y los trabajadores auxiliares de casas particulares; entre otras mejoras que se sucedieron y que menciono sólo como un “botón de muestra”.

Aún quedan muchas problemáticas pendientes de resolución y que sin dudas, con trabajo y esfuerzo, serán resueltas en beneficio de los trabajadores, del pueblo.

Uno de esos temas es el “trabajo en negro”, trabajo precario, trabajo clandestino, trabajo sin registración que sigue siendo un problema, aun cuando ha disminuido considerablemente su relación con el empleo formal (de un 49% en 2003 a aproximadamente un 34%). Este descenso ha sido obtenido gracias a planes nacionales de regularización, simplificación de sistemas de registro, disminución de costos entre otras políticas llevadas adelante por este proyecto político preservando siempre la integridad del conjunto de derechos de los empleados. En la misma línea de igualación de derechos y condiciones de trabajo, nuestra Presidenta ha presentado un proyecto de ley con el objetivo de lograr la registración 300.000 trabajadores en el plazo de un año, lo que reduciría el empleo informal a un porcentaje que rondaría el 25%.

El proyecto en cuestión, que ya se encuentra en pleno trámite en la Cámara de Senadores, no busca simplemente penar el incumplimiento empresario, sino lograr el efectivo respeto de las normas –y por ende de los derechos– laborales. A Perón le preguntaron cuál era la mejor ley laboral, y su respuesta fue “aquella que haga cumplir las leyes que existen”. Este proyecto avanza en ese sentido.

Considero que de este modo además se crearán más puestos de trabajo. La experiencia nos ha demostrado que el recorte de derechos no genera ningún beneficio y por el contrario, las medidas que defienden a los grupos más vulnerables redundan en crecimiento y mejores condiciones para toda la sociedad.

Uno de los núcleos que destaco del proyecto se centra en los microempleadores, empresas de hasta cinco trabajadores que no superen un monto de facturación anual que determinará la reglamentación, a quienes eximiría del pago de cargas sociales, sin perjuicio para los derechos del trabajador y sin perjuicio a la financiación de la seguridad social. De esta forma, un gran número de trabajadores de pequeños negocios y emprendimientos que se encuentra en la clandestinidad, podrá ser incorporado a la formalidad, permitiéndole un mejor nivel de vida y un mejor futuro.

También resalto la participación que el proyecto busca de los trabajadores organizados. Una Patria justa no depende exclusivamente del Estado, sino que exige la participación y colaboración de todos sus integrantes, y ¿quién mejor que los trabajadores para colaborar con la protección de los trabajadores? No podemos obviar que el control es una gran dificultad del Estado en todos sus niveles, se ha tornado en un problema estructural, una deformación cultural que puede causar dolorosas tragedias como la de Cromañón. Para reforzar los múltiples esfuerzos que se han realizado para resolverlo, el proyecto no sólo amplía las facultades de los inspectores, sino que extiende la colaboración de los sindicatos en esta ardua tarea.

Además, el proyecto dispone la quita de subsidios y beneficios por parte del Estado Nacional a los empleadores incumplidores. El Estado es accesible con los empleadores para que puedan cumplir, pero si estos insisten en no respetar este derecho mínimo para los trabajadores, es lógico que el Estado no los apoye hasta que cumplan.

El proyecto va más allá de las simpatías partidarias, por lo que auguro que el Congreso lo apoyará en forma unánime para que pueda ser pronto sancionado y aplicado.

Pero también estimo que éste será sólo uno de tantos avances en la protección de los trabajadores.

En sintonía con la fecha que nos convoca, quiero destacar también un proyecto de mi autoría que busca mejorar aquella histórica conquista, a saber, una nueva reducción de la jornada de trabajo. La disminución de la jornada laboral máxima semanal (a 45 o incluso a 40 horas) no sólo redunda en un ingreso mayor para los trabajadores (quienes cobrarán el mismo salario por menos tiempo de trabajo) y en un mayor tiempo libre para su beneficio, sino que también permitirá la creación de puestos de trabajos ya que las horas de trabajo reducidas serán cubiertas por nuevos trabajadores. Además considero que esto traerá aparejada una mayor productividad, porque el trabajador descansado, trabaja con más alegría y así cumple mejor su tarea.

Creo que nos esperan más avances para la calidad de vida, no sólo de los trabajadores, sino para todos los argentinos, ya que tenemos expectativas de resolver puntos que nos incluyen a todos, continuando con los acuerdos de precios –y también aquí, mejorando el control de su cumplimiento– y trabajando para reconocer y garantizar mayores derechos.
Recibamos este 1º de Mayo con la alegría de las victorias obtenidas y el compromiso de seguir trabajando para obtener nuevas. Para todos y todas, feliz Día del Trabajador.


“El trabajo no registrado es un trabajo sin derechos”. Entrevista. Stella Maldonado. Secretaria general de CTERA
Año 7. Edición número 310. Domingo 27 de Abril de 2014
Por Felipe Deslarmes
argentina@miradasalsur.com
–¿Cómo analiza históricamente la preocupación por el trabajo no registrado o “en negro”?
–Las expresiones de lucha respecto del trabajo no registrado comienzan a tomar mayor visibilidad en los ’90, porque en las décadas anteriores teníamos altas tasas de trabajo registrado. Claramente, a principios de la década del setenta, cuando en la Argentina teníamos pleno empleo y la tasa de desocupación no llegaba al 3%, en su inmensa mayoría, se trataba de empleo registrado. Las preocupaciones de los sindicatos de entonces no pasaban por la registración laboral, sino que tenían cuestiones mucho más avanzadas como: la distribución de las ganancias entre los trabajadores, el control obrero de la producción o el control de la seguridad e higiene en los lugares de trabajo con personal autárquico que tuvieron por entonces las comisiones internas de fábricas. La década del ’90 es aquella en la que nace la CTA con un objetivo central: organizarnos como trabajadores. En Ctera tardamos en incorporarnos a la CGT, acción que quedó trunca con el Golpe cívico-militar del ’76 que tanto nos afectó. La subocupación empezó con los efectos forjados en dictadura: desindustrialización, tasas de desocupación y de trabajo no registrado muy altas que se incrementan hasta lograr su pico más alto en 2001/2002 que terminó con el estallido social. Por supuesto, luego de iniciado el proceso político del 2003, con el gobierno del Dr Néstor Kirchner, comienza una recomposición del tejido productivo, comienzan a generarse puestos de trabajo, muchos registrados pero muchos otros no. Y si bien tenemos hoy un empleo no registrado de casi un 34% de trabajadores ocupados, reducirla es una enorme deuda de la democracia con los trabajadores porque, para nosotros, el trabajo no registrado es un trabajo sin derechos.


–Coincidirá con que la informalidad no es pareja en todas las áreas…
–Claro. No se da de la misma forma en todas las fuentes de trabajo. Por eso es importante que la ley que se ha empezado a discutir en el Congreso sobre la posibilidad de registrar a los trabajadores de las mega-empresas y de algún sector de las pymes, tenga especial cuidado en eso. Porque hay pymes de poco personal que son poderosas económicamente, que exportan y habrá que ser muy claros en a quiénes abarca. Pero hoy nos preocupa la informalidad en algunos sectores con niveles muy altos como ocurre con los empleados de comercio, gastronómicos y trabajadores rurales; sus sindicatos han hecho muy poco por lograr la registración de sus trabajadores. Y desde otro lugar, celebramos lo que se ha logrado en la registración de trabajadores de casas particulares donde, por fin, tienen una ley que los incorpora al pleno derecho. Y aunque resulte lento, estamos siguiéndolo, junto con un proyecto que estamos desarrollando sobre trabajo infantil. Porque también en el sector agropecuario y de casas particulares existe trabajo infantil y es una de nuestras luchas fundamentales.


–¿Qué están haciendo en ése sentido?
–Hoy estamos trabajando mucho sobre la concientización de qué significa trabajo infantil, porque no sólo refiere al trabajo en la producción; es trabajo infantil también cuando una niña está cuidando otros chicos, incluso cuando deben quedarse en la casa cuidando a sus hermanos para que sus padres trabajen.


–¿Cómo aprovecha la llegada de su gremio para revelar irregularidades, incluso como el trabajo infantil?
–Sí, claro. Hemos tenido la posibilidad de trabajar en el diagnóstico de las regiones donde hay mayor cantidad de trabajo infantil y además, hemos pedido que se avanzara con algunas políticas, como la de lograr los Jardines de cosecha para que los chicos más chiquitos puedan estar atendidos en instituciones educativas y no tengan que ir con sus papás cuando van de un lado a otro. Pero otro tema importante es que no solamente los privados tienen trabajadores no registrados; también ocurre en el sector público… Tanto a nivel nacional como provincial o municipal hay trabajadores no registrados. Existen contratos precarios, contratos basura que no hacen aportes a las cajas jubilatorias, incluso algunos puede que den alguna cobertura médica pero que no tienen los aportes a las cajas jubilatorias. Y esa es una situación que no está debidamente relevada.


–¿Pasa en la educación?
–Sí, en educación también; porque el Ministerio de Educación de la Nación contrata docentes para sus programas que después se ejecutan en las provincias, un trabajo por el cual no les hacen aportes a las cajas jubilatorias. Todas esas horas trabajadas jamás formarán parte de su cálculo de haberes al momento en que se tengan que jubilar. Ésta es una de las demandas que hemos enfrentado en las últimas paritarias nacionales docentes, cuando pedimos que ése también sea trabajo registrado y no precarizado.


–¿Qué avances observa en estos últimos años?
–En el 2002 se nos desmayaban los chicos en las escuelas porque no comían. Eso hoy no pasa. Y es fundamental. Y se da porque hay más trabajo, porque las escuelas tienen comedores y hay una gran cantidad de chicos que comen en los comedores escolares de todo el país, pero subsisten problemáticas sociales, y que se identifican claramente en las escuelas. Las escuelas siempre son cajas de resonancia de las problemáticas sociales, y por eso el lugar del docente es de mucha responsabilidad y complejidad. Uno de los avances muy importantes resuelto recientemente en la paritaria Nacional es el de la formación permanente de los docentes, que desde ahora serán en servicio, gratuita y garantizados por el estado Nacional. Esto implica que muchos docentes que pagaban de sus propios bolsillos los cursos para tener mayor puntaje, ahora van a estar cubiertos. Porque la forma de acceder a cargos directivos es por concurso; no sólo por antigüedad se llega. Esto permitirá hacer un análisis más profundo y va a redundar en una mejora de la educación que queremos ofrecer para todos.


–¿Cuáles son los desafíos para adelante?
–Como trabajadores de la educación, todavía tenemos mucho por hacer respecto de las condiciones de trabajo: hacen falta crear nuevos puestos de trabajo, tenemos escuelas donde ni siquiera existen los secretarios y donde los directores tienen que hacer todo, no hay preceptores en los jardines de infantes; hay que mejorar muchísimo las condiciones de trabajo, por ejemplo, en infraestructura donde, a pesar de que se han construido muchas escuelas hay provincias como Corrientes, Buenos Aires o Santiago del Estero donde cuestiones edilicias y hasta de higiene afectan tanto a trabajadores como a estudiantes. Otro punto crítico es la escuela secundaria, que ahora es obligatoria, donde se han aumentado mucho las matrículas, que es algo bueno, pero donde todavía tenemos una tasa de abandono y repitencia muy alta… un tema multicausal que exige grandes transformaciones tanto en su formato, como en su régimen académico y en la organización del trabajo de profesores. Sigue pendiente también terminar con los profesores taxi que en una semana tienen ocho escuelas u ochocientos alumnos; no se puede enseñar en esas condiciones. Tampoco es posible hacerlo con cuarenta estudiantes amontonados, si se pretende que en verdad todos aprendan. Hay que seguir incrementando la inversión educativa, que es un gran desafío, porque si se estanca, retrocede. Y es necesaria una nueva Ley de Educación Superior ya que todavía nos seguimos manejando con la del menemismo, que destruyó la escuela pública. Y esa nueva deberá contemplar presupuesto propio porque, en este momento, es muy difuso conocer exactamente cuáles son los recursos de las universidades y cuáles los de la educación del Estado nacional.



Registrar para dignificar
Año 7. Edición número 310. Domingo 27 de Abril de 2014
Por Alberto Pepe Robles. Instituto del Mundo del Trabajo “Julio Godio” (Untref)
politica@miradasalsur.com
El trabajo dignifica”, dice el dicho. Eso no es del todo cierto. El trabajo dignifica sólo si es trabajo digno. El trabajo indigno no dignifica; degrada e indigna. No es casual que los que ofrecen empleos indignos, se quejen de la Asignación Universal por Hijo o de los planes sociales para las personas más vulnerables. Cuando una persona no tiene nada, acepta cualquier cosa, porque si no, él o ella y sus hijos se mueren de hambre. Los que los explotan les dicen “vagos” y hacen campaña para terminar con los planes sociales. Pero poder rechazar un trabajo indigno no es vagancia, es una conquista y es dignidad.

Por eso la decisión del gobierno de Cristina Kirchner de pegar un salto en los próximos dos años, en la lucha contra el trabajo no registrado, no puede merecer otra cosa que apoyo activo por parte de todos aquellos que estén genuinamente a favor de la cultura del trabajo.

El Proyecto de Ley para la Promoción del Trabajo Registrado y Prevención del Fraude Laboral es uno de los desafíos sociales más importantes de los últimos 40 años. Precisamente a partir de los años ’70, en Argentina y en el resto del mundo, se fue instalando el neoliberalismo con la flexibilización laboral y la tercerización, haciendo que más y más personas trabajaran en condiciones precarias, sin cobertura de salud, sin aportes previsionales, sin derecho a sindicalizarse, sin paritarias ni convenios colectivos, sin vacaciones, aguinaldo ni derecho a una indemnización por despido. De este modo, mientras que en los años ’70, tres de cada cuatro personas tenían un empleo registrado con derechos laborales, al comenzar el siglo XXI, sólo la mitad de las personas tenían un empleo digno.

Esto pasó en todo el mundo, de la mano del modelo neoliberal, la globalización y la irresponsabilidad empresarial. El aumento del empleo no registrado trajo también un aumento del trabajo esclavo como no se veía desde el siglo XIX, y en el caso de las mujeres, un aumento del abuso sexual en el trabajo, la cara silenciada del trabajo femenino en condiciones “flexibles”.

Uno de los logros más importantes de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, a mi juicio el más importante, es haber logrado reducir fuertemente el trabajo no registrado. Del 50% en 2003 al 34% en 2014. Un logro impresionante, sobre todo si se tiene en cuenta que entre 1976 y 2002, el trabajo no registrado nunca había dejado de subir y ningún gobierno pudo impedirlo. Peor aún, en el año 2000 el gobierno de La Alianza llegó a sobornar a gran cantidad de senadores para que votaran la Ley de Flexibilización Laboral elaborada por el Fondo Monetario Internacional, conocida como Ley Banelco, que permitió despedir a un millón de trabajadores y “negrear” a otros dos millones. Un verdadero genocidio social y uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia argentina, aunque la Justicia diga que no existió.

Ahora, la Presidenta se ha comprometido personalmente a movilizar al Estado, con apoyo de los actores sociales y las provincias que decidan acompañar, para incluir en dos años a 650.000 trabajadores y trabajadoras entre quienes tienen un empleo registrado. Ello permitiría bajar el empleo no registrado al 25%. Prácticamente lo mismo que en la década del ’70.

La decisión de la presidenta de la Nación es aún más valiosa si se tiene en cuenta que ha sido tomada en un momento en el que la economía argentina y mundial muestran dificultades importantes. En cualquier otra época a esta altura los despidos se hubieran multiplicado y la desocupación habría alcanzado los dos dígitos. Resulta extraño oír hablar de los dos dígitos de la tasa de inflación, y que se calle sistemáticamente la estabilidad de la tasa de desempleo en Argentina que se mantiene en un dígito solitario desde hace una década. La inflación complica, es cierto, pero el desempleo mata.

Desde que el kirchnerismo llegó al gobierno en 2003, declaró públicamente que el modelo económico pondría al empleo en el centro y estaría orientado a la inclusión. Este modelo centrado en el empleo no sólo fue adoptado en Argentina, sino en todo el Mercosur. Dice la Decisión 46/04 del Consejo Mercado Común que puso en marcha en 2004 la Estrategia del Mercosur para el Crecimiento del Empleo:

“Constituye un desafío para el Mercosur insertar el empleo de calidad en el centro de las estrategias de desarrollo, a fin de construir instrumentos de política capaces de favorecer la inclusión social”.

Este enfoque “diferente” de la economía que caracteriza al Mercosur desde comienzos del siglo XXI, debido a los gobiernos “diferentes” que fueron elegidos en nuestros países, es lo que ha hecho del Mercosur una región “diferente”, quizás la única del mundo en donde la economía es dirigida por la política y pone al trabajo y la inclusión en el centro.

Es por esta misma razón que el Mercosur debe ser la única región del mundo en la que a pesar de la crisis mundial, se fortalecen el sindicalismo y el papel de las negociaciones colectivas entre empresarios y trabajadores, en un momento en el que el Estado de Bienestar es arrasado en Europa y Estados Unidos.

Resulta evidente que en nuestra región ha aparecido una nueva cultura del trabajo y la economía, que da prioridad absoluta al empleo decente, a la inclusión social y al diálogo social. Y esta nueva cultura es el resultado de una visión compartida por los gobiernos, los trabajadores y los empleadores.

El proyecto del gobierno es muy inteligente porque asume la complejidad del problema del trabajo no registrado, con sus aspectos culturales, económicos, sociales, jurídicos y morales, y porque viene siendo consultado por el Ministerio de Trabajo desde hace años con todos los actores sociales.

No se trata de un proyecto simplista del tipo “mano dura”, que busque una solución unidimensional que se limite a aumentar las penas contra los empresarios que incurran en delitos laborales, sino que aborda el problema desde múltiples ángulos, combinando apoyos estatales a microempresas en dificultades y a empresas que aumenten sus plantillas; con mecanismos de disuasión moral y económica, como el Registro de Infractores; o el cruzamiento de datos y otros mecanismos modernos de fiscalización; así como mecanismos puntuales como los convenios de corresponsabilidad gremial para el trabajo rural –que tiene una de las tasas más altas de trabajo no registrado–, y la movilización de las empresas socialmente responsables, los sindicatos y los movimientos sociales.

Resumiendo, es un proyecto que visualiza al trabajo no registrado como si fuera una enfermedad endémica, que pone en riesgo a toda la población y que precisa que toda la población se concientice de su gravedad, se comprometa y se movilice para terminar con el flagelo.

Si el proyecto se aprueba, es apoyado por las provincias, la Ciudad de Buenos Aires y los actores sociales, y tiene éxito, se estaría quebrando la médula del sistema de precariedad laboral implantado por el neoliberalismo. Las implicancias sociales y económicas de semejante logro son enormes. Baste decir que dramas sociales como la criminalidad, la desigualdad, la exclusión y el consumo de drogas, están íntimamente relacionados con este aumento desaforado del trabajo no registrado durante tres décadas y que tiene a los jóvenes como sus principales víctimas.

En síntesis: se trata de un verdadero proyecto de unidad nacional, con un objetivo histórico: alcanzar un piso masivo de dignidad en el trabajo.



Una huelga irrepetible
Año 7. Edición número 310. Domingo 27 de Abril de 2014
Por Eduardo J. Vior. Periodista
politica@miradasalsur.com
La movilización obrera del 27 de abril de 1979
Sombras de olvido y sospecha ocultan todavía la huelga general del 27 de abril de 1979 a la memoria colectiva. Los protagonistas directos están muertos o muy ancianos, muchos sindicalistas se avergüenzan de las defecciones posteriores de algunos jefes de la jornada, para la “opinión culta” de derecha e izquierda se trató de una acción de la burocracia sindical y otros oportunistas que gozan “la gracia del nacimiento tardío” prefieren olvidarla, para que la Historia comience después de 1983 y puedan señalar con el dedo a todo sobreviviente del terror. Sin embargo, hace 35 años esta batalla fue el punto de inflexión en la resistencia contra la dictadura.

El gobierno de facto había sometido al movimiento obrero a duros ataques, pero desde el mismo golpe comenzó la resistencia, aunque inconexa y sin unidad. Ya en marzo de 1977 se formó una primera “Comisión de los 7” a la que se adhirieron otros sindicatos, hasta conformar en 1978 la “Comisión de los 25” que en junio de ese año fundó su brazo político semiclandestino, el Movimiento Sindical Peronista (MSP). En agosto de 1978 se escindió la dialoguista “Comisión Nacional de Trabajo”, pero “los 25” minaron sus bases ganando a seccionales y agrupaciones de los colaboracionistas. Se reunían en varios locales y casi nunca todos juntos. Uno de sus principales refugios era el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús, en el actual barrio de Las Cañitas, donde el Padre Jacinto Luzzi coordinaba las reuniones. Ex profesor de Teología y Filosofía de la Universidad del Salvador, era un hombre pequeño, enjuto y siempre agitado (murió en 1986 por su enfisema de fumador empedernido). Con paciencia y constancia, entre 1977 y 1978 reunió a dirigentes sindicales opositores de las más diversas corrientes. Según me contó en junio de 1985 (la última vez que lo vi), los asesinos de los padres palotinos buscaban en realidad el CIAS para matar a los jesuitas y se equivocaron de edificio.

Me sumé a esa ronda a principios de 1978 de la mano de Julio D’Amato, ex asesor del Ministerio de Trabajo en 1975 y posteriormente asesor de Lorenzo Miguel hasta la muerte de éste en 2002. Lo había conocido antes del golpe en la CGT y lo encontré casualmente a mediados de 1977. Con él milité hasta mi ida a Alemania en 1980.

No había reuniones periódicas y su composición variaba. Recuerdo a Alberto Campos (UOM), Roberto García (Taxistas) y Abel Cuchetti (dirigente opositor de los telepostales). Otros asistían ocasionalmente. Nunca participé en los encuentros que se hacían en otros lugares, aunque (sobre todo durante 1979) mantuve reuniones con García, Alberto Campos, Carlos Cúster y Rodrigo Carazo (ATE), con Víctor De Gennaro y hasta me encontré clandestinamente con Alfredo Ferraresi a quien había conocido diez años antes en la CGT de los Argentinos. Yo tenía 28 años y nula experiencia sindical. Fui mensajero y enlace entre los dirigentes y otros sectores. De ese modo me tocó en octubre de 1979 vincular a los sindicalistas con los asesores del vicepresidente del PJ Deolindo F. Bittel (Carlos Chacho Álvarez, Alberto Iribarne, Chuzo Barbero y Norberto Ivancich) a quienes conocía desde JP Lealtad y aún antes (a algunos, desde el secundario). Ese grupo redactó el documento del PJ denunciando las violaciones masivas de los derechos humanos que fue presentado a la CIDH y casi cuesta la vida al escribano Bittel.

El 21 de abril de 1979 “los 25” convocaron a una huelga general por 24 horas para el día 27 demandando la restitución del poder adquisitivo del salario, el restablecimiento de las convenciones colectivas de trabajo, contra la reforma de las leyes de Asociaciones Profesionales y de Obras Sociales y por la normalización sindical. La dictadura reaccionó rápidamente convocando a los dirigentes al Ministerio de Trabajo, para responder un cuestionario. Ninguno de los interrogados respondió y 20 dirigentes fueron arrestados a la salida del Ministerio. No queda claro si Ubaldini también fue detenido o siguió organizando la medida de fuerza con el Comité de Huelga clandestino que previsoramente habían creado. El día 24 este comité ratificó la huelga, reclamando la libertad de los detenidos que finalmente fueron liberados tres días después de la medida. La paralización afectó principalmente el cinturón industrial del Gran Buenos Aires, las ciudades más importantes del interior del país, grandes fábricas del conurbano bonaerense y las líneas Roca, Mitre y Sarmiento. Comercio, servicios y transporte urbano funcionaron casi normalmente.

La huelga general de 1979 constituye una coyuntura interesante para apreciar, aún en forma parcial y limitada, el funcionamiento de la campaña de apoyo a los trabajadores a nivel internacional. Las reacciones internacionales se produjeron sobre todo a partir de la detención de los sindicalistas a la salida de la mencionada reunión en el Ministerio de Trabajo. Este hecho proporcionó a las organizaciones de exiliados la oportunidad de colaborar concretamente con los sindicalistas en suelo argentino, convocando a la solidaridad del sindicalismo internacional. La reacción de las organizaciones internacionales no se hizo esperar: las tres centrales mundiales enviaron telegramas pidiendo la inmediata liberación de los detenidos, numerosas centrales nacionales europeas (sobre todo la alemana, las francesas y españolas) presentaron inmediatas protestas y hasta voceros del gobierno de Estados Unidos manifestaron la preocupación del presidente Carter por los detenidos.

La huelga general de 1979 es una bisagra en la historia de las luchas populares argentinas. Aunque la dictadura todavía promulgó en 1979 su Ley Sindical disolviendo las organizaciones de tercer grado, en enero de 1980 nació la CGT Brasil y las huelgas se sucedieron, hasta que a fin de 1982 la CGT moviliza 30.000 personas a Plaza de Mayo. Más allá de su éxito coyuntural la huelga impidió la cooptación del sindicalismo por la dictadura y destruyó la carrera política de Emilio Massera, quien se quedó sin base para su proyecto populista. La protesta sirvió para marcar los límites del terrorismo de Estado y unificar un frente sindical variopinto que, conducido por Saúl Ubaldini, sostuvo la resistencia hasta el fin de la dictadura, y devolvió al peronismo protagonismo en la política argentina. No resolvió los problemas del sindicalismo ni superó la corrupción de muchos dirigentes, pero dio a los trabajadores un instrumento para la negociación. Este movimiento no debe ser idealizado, pero tampoco olvidado: fue único por su coyuntura, por el giro que dio a la Historia Argentina y por la magnitud del triunfo que lograron dirigentes y activistas tan comunes como los que lo protagonizaron. Cuando se escriba la Historia (con mayúsculas) de la dictadura, los procesos de lucha no violenta, grises y poco nítidos, recuperarán su lugar en la memoria colectiva y permitirán entender las derivas recientes de la sociedad argentina.



Limitaciones estructurales
Año 7. Edición número 310. Domingo 27 de Abril de 2014
Por Claudio Lozano. Diputado nacional Unidad Popular
politica@miradasalsur.com
(TELAM)
El empleo en la Argentina se enfrenta a una serie de limitaciones resultado de no haber promovido durante la fase de crecimiento de los últimos diez años las transformaciones de carácter estructural para conformar un orden social verdaderamente inclusivo. Por esta razón, agotadas las condiciones que permitían el crecimiento económico acelerado y la recomposición del cuadro social luego de la hecatombe económica que produjo la salida la Convertibilidad se inicia una fase caracterizada por cuellos de botella en los distintos planos del modelo en el cual el mercado laboral se constituye como uno de los más urgentes siendo que impacta directamente en la determinación del bienestar de los trabajadores y sus familias. Sucintamente podemos observar que son tres los aspectos que a grandes rasgos encienden la luz de alerta sobre el funcionamiento del mercado laboral actual:

1)Hace más de siete años que la generación de empleo está estancada. Este aspecto es de singular importancia puesto que el empleo ha sido y continúa siendo la principal vía de inclusión social para este gobierno que avanzó tan sólo tibiamente en construir caminos alternativos siendo que la medida de mayor alcance en este sentido, la Asignación Universal por Hijo, comienza a esterilizar su efecto inclusivo frente a la desactualización real de los montos transferidos. En concreto, la tasa de empleo habida a fines del año 2006 es prácticamente similar a la registrada a fines del año 2013 (42,1% vs. 42,7%). En términos de generación de puestos de trabajo, desde el año 2003 hasta la actualidad se crearon 4,4 millones de empleo de los cuales el 68% se generó en los primeros cuatro años (2003-2007) mientras que los posteriores siete años que van desde el año 2007 inclusive al 2013 sólo aportan el 32%. Tal desaceleración queda plasmada al constatar que el promedio anual de generación de empleo pasa de 747 mil en el período 2003-2007 a 198 mil puestos de trabajo creados en la siguiente. Incluso los últimos dos años dan cuenta del agravamiento de estos indicadores. Durante el año 2012, se experimentó un aumento de la tasa de desocupación, de la subocupación y la subutilización laboral al tiempo que se experimentó una destrucción de 7.500 puestos de trabajo del segmento formal de los asalariados privados. Durante el año 2013, la situación lejos de mejorar empeoró siendo que la desocupación cayó un 7,2% pasando de una tasa del 6,9% a una del 6,4% como resultado nuevamente del efecto desaliento. La actividad en este período cayó en un 1,5% en el marco de una caída de la tasa de empleo que descendió del 43,1% al 42,7% implicando un nivel de empleo inferior en 16.630 puestos de trabajo. El trasfondo de la baja creación de empleo no es más que el déficit de inversión verificado durante la primera etapa de crecimiento de la actividad económica conforme a que el modelo de acumulación se basó principalmente en el uso de la capacidad instalada (en materia energética, industrial, de transporte, etc.). Déficit de inversión que no sólo se expresa en términos cuantitativos, sino que también atañe a la cuestión del destino siendo que más del 70% de la misma se destinó a la actividad de la construcción y la compra de material de transporte.

2)Los niveles de precarización de la fuerza laboral continúan siendo altos: uno de los indicadores que necesariamente implican condiciones precarias en los términos de contratación laboral es la informalidad en el segmento de los asalariados, aunque cabe aclarar que no es la única modalidad precaria de contratación. Durante el año 2002, período previo a la posterior recuperación económica, la tasa de informalidad laboral se ubicaba en el 43,7% como producto de la existencia de casi 3,8 millones de trabajadores asalariados informales. Sin embargo, luego del primer año de crecimiento y al tiempo que se sentaban las bases de la recuperación del cuadro social se profundizó la incidencia de esta figura laboral situándose en el 49,1%. Si bien a partir de este salto abrupto se sucedió un período –hasta el año 2006– de acelerada generación de empleo en el cual se verificó una caída lenta en los niveles de informalidad, la tasa de empleo asalariados no registrados continuó en niveles elevados. La segunda fase económica del modelo posconvertible es testigo de dos tendencias opuestas: por un lado, el lapso 2007-2010 en el que al tiempo que se abría un período de baja generación de empleo se efectuaba un proceso de formalización del empleo generado, lo cual hizo caer la incidencia de la informalidad, y por otro lado, una tendencia de estancamiento e incluso con leves incrementos de la tasa de informalidad: durante el año 2011, la tasa de informalidad aumentó explicando nada menos que el 46,1% del empleo asalariado generado durante ese año mientras en el año 2012 nada menos que el 68,7% del empleo asalariado generado fue informal. La caída experimentada durante el año 2013 se da en el marco de un contexto de destrucción de empleo. Sin embargo, las modalidades precarias en el uso de la fuerza laboral trascienden la informalidad directa, sino que se expresa en otras variantes como la subcontratación, la terciarización laboral y demás inserciones de menor calidad que han proliferado durante estos últimos años, de las cuales también el propio Gobierno Nacional hace uso extendido de las mismas. Particularmente, desde una perspectiva más amplia a la tasa de informalidad se observa que la mitad de la fuerza laboral (50,1%) atraviesa alguna modalidad precaria en su inserción laboral, es decir, casi 8,5 millones de trabajadores. El Sector Público Nacional, por su parte, como estimación de mínima tiene al 16,4% de su planta de ocupados con contratos que encubren relaciones laborales de dependencia evadiendo la normativa laboral, con situaciones alarmantes y paradójicas como la administración central del Ministerio de Trabajo, en la cual el 71% de ocupados son contratados, entre los cuales se encuentran los inspectores que deben realizar las tareas de fiscalización del trabajo en los establecimientos privados.

3)Los ingresos que provienen del trabajo son insuficientes para resolver sus necesidades. En este marco de uso predominantemente precario de la fuerza laboral que se sostiene incluso en las fases ascendentes del ciclo económico se trasluce la tendencia general del sistema económico que tiende, por diversos caminos, a reducir el costo laboral. Nuestro país reproduce un cuadro laboral deteriorado en materia de ingresos que se traduce en hechos concretos: 5,4 millones de trabajadores tienen ingresos laborales inferiores al salario mínimo, 7 de cada 10 ocupados ganan por debajo de los $6.000, uno de cada cuatro ocupados son pobres y la expresión más grave radica en que un millón de los trabajadores empleados no logra satisfacer siquiera sus necesidades alimentarias y que constituyen el 6,7% del total de ocupados.
Sin lugar a dudas, el panorama laboral actual exige hoy una seria revisión del empleo y del modelo productivo que permita superar la visión atrofiada oficial, que intenta acotar esta solución sólo a una estrategia de reducción del costo laboral a partir de la reducción de los aportes patronales a costa del Estado, cuando la experiencia indica que esta situación a pesar de tener plena vigencia en el mercado laboral argentino no permite superar las principales limitaciones.
Fuente:MiradasalSur                        

No hay comentarios: