25-4-2014
Juicio Lesa
Secuestrado en diciembre de 1977 en Uruguay
ESMA: los recuerdos que volvieron de la muerte con Jaime Dri
Juicio Lesa
Secuestrado en diciembre de 1977 en Uruguay
ESMA: los recuerdos que volvieron de la muerte con Jaime Dri
El sobreviviente que escapó en una fuga de película a los captores -eje del libro de no ficción Recuerdo de la Muerte- declaró en la causa ESMA. Recordó a Tulio Valenzuela, a Norma Arrostito. También a Astiz. En pleno relato, un juez frenó la respuesta del testigo ante el abogado de un represor: "No responda a esa pregunta".
El único sobreviviente que logró escapar a sus captores de la Escuela de Mecánica de la Armada, Jaime Feliciano Dri, declaró por segunda vez en el juicio de ESMA unificada . De saco negro, camisa blanca y la misma calvicie que 40 años atrás le impuso el apodo “El Pelado”, dio detalles de su cautiverio de más de dos años. Dri testimonió a través de videoconferencia, desde la embajada argentina en Panamá. E n la sala de audiencias de Comodoro Py, el Tribunal Oral Federal N° 5 de Comodoro Py, escuchaba, rápido de reflejos, parte del relato que el periodista Miguel Bonasso convirtió en denuncia y libro de no ficción, Recuerdos de la muerte.
Cuando lo secuestraron en Uruguay, el 15 de diciembre de 1977, Jaime tenía 36 años y estaba casado con Olimpia Díaz, panameña. Había sido diputado del FREJULI por el Chaco durante la presidencia de Héctor Cámpora, y los represores lo buscaban ferozmente. Diez meses antes de su caída secuestraron a sus hijos: Fernando de 5 años y Vanesa de 7. Los utilizaban para patrullar las calles y dar con él. “El general (Omar) Torrijos, entonces presidente de Panamá, habló con el dictador Jorge Videla. A partir de ahí supimos que estaban en una comisaría de menores y logramos que los llevaran a Panamá”, declaró en 2013 en el juicio que condenó a represores del Batallón 121 del Ejército por delitos cometidos en la Quinta de Funes, en Rosario, adonde lo trasladaron después de unos meses en la Escuela de Mecánica de la Armada.
"Un tipo petiso y gordito se ocupaba de los traslados"
Dri asintió cuando desde la fiscalía le preguntaron si conocía a Serafín, Hormiga, Morrón y Bolita, “un tipo petiso y gordito que se ocupaba de los traslados”, en referencia a los vuelos de la muerte. Sobre el capitán Alfredo Astiz, dijo que lo vio siempre en “la pecera”, un lugar donde los secuestrados eran obligados a hacer trabajo esclavo. “Un tal señor Mariano me visitó cuando yo ya estaba secuestrado en el Casino de Oficiales. Cuando me sacaron del sótano a la pecera, vino a hablarme. Yo sabía que me estaba interrogando, era personal de inteligencia. Me dijo que era admirador del almirante Rojas, que bombardeó Plaza de Mayo”.
La mayoría de las veces Jaime recordó a sus compañeros de cautiverio por al apodo. “No conocía los nombres reales. Yo era el Pelado Marco”, le dijo al fiscal. A lo largo de su declaración, Jaime destacó tres historias que vivió mientras estuvo en la ESMA. La primera, sobre el dirigente de la JP Alberto “Beto” Ahumada: “Me dijeron los compañeros que él pedía que dejaran de torturar a su mujer. Pasó dos meses encadenado y torturado en los sótanos”. Ahumada está desaparecido.
La otra historia es sobre la mítica dirigente de Montoneros, Norma Arrostito. Dri recordó haberla visto varias veces, hasta que “me informaron que le aplicaron una inyección y murió”, dijo secamente. También contó acerca de una sobreviviente, secuestrada como él en Uruguay en diciembre de 1977. A Rosario “Elena” Quiroga, militante del Movimiento Peronista, también la trasladaron a la ESMA. Allí Jorge “Tigre” Acosta la obligó a tener relaciones sexuales. En una oportunidad la llevaron de visita a su casa materna. “Te prefiero muerta que traidora”, le había dicho su madre. Elena -que nunca dio nombres en la tortura- fue liberada en 1979 y se exilió en Caracas, donde vive.
Ayer Jaime recordó que ya en democracia, un oficial de prefectura le confesó haber formado parte, después de la fuga, del intenso operativo para encontrarlo. “Me dijo que participó por toda la zona de Corrientes, por Yapeyú, buscándome en los campos de unos Dri. Estos Dri son parientes pero nunca tuve contactos con ellos”. Jaime es primo hermano de Rubén Dri, filósofo y teólogo, ex sacerdote , integró el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y también debió exiliarse.
"No responda esa pregunta"
Después de unos meses en la ESMA Jaime Dri fue trasladado al centro clandestino de detención que funcionaba en la Quinta de Funes, Rosario. Allí estaban secuestados varios líderes montoneros y desde ahí se planeó la Operación México, para viajar a asesinar a la cúpula de la organización. A Tulio Valenzuela, jefe montonero cautivo en Funes, le habían dado la misión de ir a México para engañar y entregar a los máximos responsables de Montoneros. Pero el militante, al llegar a las tierras aztecas advirtió a sus compañeros el plan. Su compañera, Raquel Negra, estaba embarazada de mellizos, y también estaba secuestrada con Jaime Dri en la quinta de Funes.
Ayer el fiscal Guillermo Friele le recordó a Dri algunos fragmentos de su primer testimonio en la causa ESMA, en 2011, incorporados a este debate. Aquella vez, Jaime había pedido a los represores: “Tengan un gesto histórico y digan dónde está el mellizo”. Se refería al hijo de Tulio Valenzuela y Raquel Negro que todavía falta localizar (en 2008 recuperó la identidad Sabrina Gullino Valenzuela Negro). Tulio y Raquel cayeron, contó Dri, porque un compañero se los señaló a un grupo de tareas en un centro comercial en Mar del Plata.
-Hábleme de los marcadores – pidió el abogado defensor Sebastián Olmedo Barrios.
-No, de ninguna manera. No responda esa pregunta – dijo rápido de reflejos el juez Obligado, quien presidió la audiencia de ayer.
Después de aquella operación fallida en México, el Ejército “devolvió” a Jaime a la Marina. Otra vez lo llevaron a la ESMA. Mientras lo obligaban a trabajar como dactilógrafo, se repetía: “Si te pensás fugar, te tenés que fugar”. En julio de 1978 la Marina planeó un operativo para capturar guerrilleros en la frontera con Paraguay y llevó a Jaime hasta un puesto en Puerto Pilcomayo. El 19 de julio, el secuestrado convenció a un oficial de 18 años de cruzar la frontera en balsa para comprar cigarrillos más baratos. En un descuido, ya en tierra firme, Jaime se escapó por las calles paraguayas. Días después con ayuda del gobierno panameño llegó a Brasil y después a Panamá. Ahí se encontró con su mujer y sus hijos. Desde ahí, donde eligió quedarse vivir, declaró ayer.
Fuente:Infojus
Cuando lo secuestraron en Uruguay, el 15 de diciembre de 1977, Jaime tenía 36 años y estaba casado con Olimpia Díaz, panameña. Había sido diputado del FREJULI por el Chaco durante la presidencia de Héctor Cámpora, y los represores lo buscaban ferozmente. Diez meses antes de su caída secuestraron a sus hijos: Fernando de 5 años y Vanesa de 7. Los utilizaban para patrullar las calles y dar con él. “El general (Omar) Torrijos, entonces presidente de Panamá, habló con el dictador Jorge Videla. A partir de ahí supimos que estaban en una comisaría de menores y logramos que los llevaran a Panamá”, declaró en 2013 en el juicio que condenó a represores del Batallón 121 del Ejército por delitos cometidos en la Quinta de Funes, en Rosario, adonde lo trasladaron después de unos meses en la Escuela de Mecánica de la Armada.
"Un tipo petiso y gordito se ocupaba de los traslados"
Dri asintió cuando desde la fiscalía le preguntaron si conocía a Serafín, Hormiga, Morrón y Bolita, “un tipo petiso y gordito que se ocupaba de los traslados”, en referencia a los vuelos de la muerte. Sobre el capitán Alfredo Astiz, dijo que lo vio siempre en “la pecera”, un lugar donde los secuestrados eran obligados a hacer trabajo esclavo. “Un tal señor Mariano me visitó cuando yo ya estaba secuestrado en el Casino de Oficiales. Cuando me sacaron del sótano a la pecera, vino a hablarme. Yo sabía que me estaba interrogando, era personal de inteligencia. Me dijo que era admirador del almirante Rojas, que bombardeó Plaza de Mayo”.
La mayoría de las veces Jaime recordó a sus compañeros de cautiverio por al apodo. “No conocía los nombres reales. Yo era el Pelado Marco”, le dijo al fiscal. A lo largo de su declaración, Jaime destacó tres historias que vivió mientras estuvo en la ESMA. La primera, sobre el dirigente de la JP Alberto “Beto” Ahumada: “Me dijeron los compañeros que él pedía que dejaran de torturar a su mujer. Pasó dos meses encadenado y torturado en los sótanos”. Ahumada está desaparecido.
La otra historia es sobre la mítica dirigente de Montoneros, Norma Arrostito. Dri recordó haberla visto varias veces, hasta que “me informaron que le aplicaron una inyección y murió”, dijo secamente. También contó acerca de una sobreviviente, secuestrada como él en Uruguay en diciembre de 1977. A Rosario “Elena” Quiroga, militante del Movimiento Peronista, también la trasladaron a la ESMA. Allí Jorge “Tigre” Acosta la obligó a tener relaciones sexuales. En una oportunidad la llevaron de visita a su casa materna. “Te prefiero muerta que traidora”, le había dicho su madre. Elena -que nunca dio nombres en la tortura- fue liberada en 1979 y se exilió en Caracas, donde vive.
Ayer Jaime recordó que ya en democracia, un oficial de prefectura le confesó haber formado parte, después de la fuga, del intenso operativo para encontrarlo. “Me dijo que participó por toda la zona de Corrientes, por Yapeyú, buscándome en los campos de unos Dri. Estos Dri son parientes pero nunca tuve contactos con ellos”. Jaime es primo hermano de Rubén Dri, filósofo y teólogo, ex sacerdote , integró el Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo y también debió exiliarse.
"No responda esa pregunta"
Después de unos meses en la ESMA Jaime Dri fue trasladado al centro clandestino de detención que funcionaba en la Quinta de Funes, Rosario. Allí estaban secuestados varios líderes montoneros y desde ahí se planeó la Operación México, para viajar a asesinar a la cúpula de la organización. A Tulio Valenzuela, jefe montonero cautivo en Funes, le habían dado la misión de ir a México para engañar y entregar a los máximos responsables de Montoneros. Pero el militante, al llegar a las tierras aztecas advirtió a sus compañeros el plan. Su compañera, Raquel Negra, estaba embarazada de mellizos, y también estaba secuestrada con Jaime Dri en la quinta de Funes.
Ayer el fiscal Guillermo Friele le recordó a Dri algunos fragmentos de su primer testimonio en la causa ESMA, en 2011, incorporados a este debate. Aquella vez, Jaime había pedido a los represores: “Tengan un gesto histórico y digan dónde está el mellizo”. Se refería al hijo de Tulio Valenzuela y Raquel Negro que todavía falta localizar (en 2008 recuperó la identidad Sabrina Gullino Valenzuela Negro). Tulio y Raquel cayeron, contó Dri, porque un compañero se los señaló a un grupo de tareas en un centro comercial en Mar del Plata.
-Hábleme de los marcadores – pidió el abogado defensor Sebastián Olmedo Barrios.
-No, de ninguna manera. No responda esa pregunta – dijo rápido de reflejos el juez Obligado, quien presidió la audiencia de ayer.
Después de aquella operación fallida en México, el Ejército “devolvió” a Jaime a la Marina. Otra vez lo llevaron a la ESMA. Mientras lo obligaban a trabajar como dactilógrafo, se repetía: “Si te pensás fugar, te tenés que fugar”. En julio de 1978 la Marina planeó un operativo para capturar guerrilleros en la frontera con Paraguay y llevó a Jaime hasta un puesto en Puerto Pilcomayo. El 19 de julio, el secuestrado convenció a un oficial de 18 años de cruzar la frontera en balsa para comprar cigarrillos más baratos. En un descuido, ya en tierra firme, Jaime se escapó por las calles paraguayas. Días después con ayuda del gobierno panameño llegó a Brasil y después a Panamá. Ahí se encontró con su mujer y sus hijos. Desde ahí, donde eligió quedarse vivir, declaró ayer.
Fuente:Infojus
10 04 2014
TESTIMONIOS
138. "Es importante mantener viva la memoria"
Así lo expresó Osvaldo Barros, sobreviviente de la ESMA, en su declaración testimonial del hoy.
Los casos de Susana Beatriz Leiracha y Arturo Osvaldo Barros (555 y 556)
A Susana la apodaban “Chiqui” y “Negrita”, y a Osvaldo “Daniel” (“Anteojito” en la ESMA). Él fue gremialista de CTERA. Ambos militaban en el Grupo Obrero Revolucionario. Él era vendedor y ella bioquímica.
El 21 de agosto de 1979, aproximadamente a las 19:00 horas, Susana fue privada ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. El operativo fue realizado por personas vestidas de civil y armadas, quienes la secuestraron a bordo de un colectivo de la línea 141, que en ese momento circulaba por la zona de Primera Junta, en la Ciudad de Buenos Aires. Ese día, alrededor de tres horas después, Osvaldo fue capturado en su casa, en la Ciudad de Buenos Aires. Las dos víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida.
El 22 de febrero de 1980 Susana y Osvaldo fueron liberados, pero continuaron bajo el control de los integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA.
El testimonio de Osvaldo
El sobreviviente amplió su testimonio en el marco de las reglas de la Casación para acelerar los juicios por delitos de lesa humanidad y evitar instancias de revictimización. De este modo, su declaración anterior fue incorporada por lectura y hoy testimonió para sumar información en la causa.
Al comenzar su relato, Osvaldo respondió preguntas acerca de los represores de la ESMA, particularmente sobre los que participaron en su secuestro.
“¿Pudo ver a Susana en la ESMA?”, le preguntaron. “Estuvo en las mismas condiciones de cautiverio que yo. Había sido torturada los primeros días en el Sótano. Después la habían subido a Capucha. Durante los primeros días no la pude ver, hicieron las cosas de manera tal que no pudiéramos vernos por varios días. Después de varios días nos empezamos a ver y pudimos hablar”, respondió Osvaldo Barros.
“Derechos y humanos”
Al igual que otros sobrevivientes, Osvaldo sostuvo haber sido llevado desde la ESMA a la Isla del Silencio, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), motivada por las denuncias de los exiliados.
Osvaldo recordó que mientras sucedía eso y su padre lo buscaba junto a la CIDH, un guardia escuchaba “el partido de fútbol y el relator Muñóz decía que pasaron por Avenida de Mayo, donde estaba la CIDH, para demostrarle que los argentinos éramos derechos y humanos, para repudiar a todos los familiares de desaparecidos, que estaban haciendo la cola (para hacer la denuncia).
Una de las preguntas al testigo fue sobre las víctimas que vio en la Isla: Osvaldo nombró a “Norma Cozzi (557), Héctor Piccini (558), Fernando Brodsky (554), Juan Carlos Chiaravalle (553), XX, la tía Irene (Ida Adad, caso 545), Juan Carlos Anzorena (551), Pablo Lepiscopo (542), Pepe Hazán (José Luis, caso 538), Josefina Villaflor (537), Víctor Basterra (546) y La Gallega Martínez (María Elsa, caso 541)”.
“El Topo” (caso 510)
Ricardo Pedro Sáenz fue secuestrado el 6 de diciembre de 1978 y llevado a la ESMA. Osvaldo confirmó su cautiverio en ese lugar: “Cuando volvimos de la Isla dijeron `El Topo se fue para arriba´, esas fueron las palabras de los guardias”, contó. Ricardo sigue desaparecido.
Ricardo Miguel Cavallo en la ESMA
Barros también sostuvo que “el día en que a nosotros nos ponene en libertad fue Cavallo quien nos dijo: `junten sus cosas, se van´. Él estaba dando clases de contrainsurgencia a militares extranjeros, ahí mismo, en la ESMA”.
Robo de bienes
“Yo vi un día a Claudio Pittana con mi mejor remera”, contó Osvaldo en referencia a los bienes robados por el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA.
“Este juicio es muy importante, es histórico, tiene una repercusión muy grande a nivel mundial, es ejemplo en muchas partes del mundo. Sin embargo, acá, en este juicio, no están ni todos los que formaban parte del Grupo de Tareas, ni todos los compañeros que pasaron por la ESMA. Este juicio tiene 800 casos y por la ESMA pasaron 5.000 personas: acá está una proporción ínfima de los que estuvimos ahí. Es necesario seguir con estas investigaciones, conocer los nombres de los miembros del Grupo de Tareas, de los compañeros que pasaron por ahí, que se abran los archivos de la dictadura, que el Estado tome el rol que debe tomar en este sentido. La gran mayoría de los nombres que se conocen en este juicio son pruebas propuestas por los sobrevivientes y los familiares de los desaparecidos. Es importante para mantener viva la memoria de lo que ocurrió en la ESMA. Esos microfilms existen y están en alguna parte. Tenemos que conocer el nombre de todos los miembros del Grupo de Tareas y de los compañeros que pasaron por la ESMA. Es necesario mantener la memoria de todo eso para las futuras generaciones, para que conozcan una parte importante de la memoria, la existencia de nuestros compañeros, de una generación que luchó por una causa que juzgó justa. Por otro lado, quería hacer una exhortación al Tribunal para que intervenga en el tema de lo que se pretende hacer con el Casino de la ESMA: toda la ESMA constituyó un centro clandestino, porque todo estaba al servicio de las cosas que ocurrían en el Casino de Oficiales. Toda la ESMA debió ser una prueba judicial y no tendrían que ocurrir cosas que ocurrieron en la ESMA. Hay un proyecto de modificarlo e intervenirlo. Hay decenas de sobrevivientes bajo la presión de los efectos psicosociales de la dictadura. Es necesario mantener el Casino como está. Hago una exhortación para que no se modifique esa prueba judicial y que podamos seguir testimoniando, que los sobrevivientes puedan reconocer el lugar donde estuvieron, a partir de entrar caminando con los ojos cerrados. Eso ha pasado en el mes de marzo. Entré con un grupo de sobrevivientes, uno fue por primera vez. Ese sobreviviente declaró por primera vez en el Juzgado de instrucción del juez Torres”, sostuvo Osvaldo Barros, quien agregó para finalizar que su pedido pretende que “ese lugar siga siendo aquel lugar de tortura, horror y muerte y que nosotros podamos seguir adelante en nuestra búsqueda de justicia. Yo prefiero seguir con el alma dolorida como la tengo y seguir buscando justicia por todos ellos”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 23 de abril desde las 9:30 horas con más audiencias testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma
A Susana la apodaban “Chiqui” y “Negrita”, y a Osvaldo “Daniel” (“Anteojito” en la ESMA). Él fue gremialista de CTERA. Ambos militaban en el Grupo Obrero Revolucionario. Él era vendedor y ella bioquímica.
El 21 de agosto de 1979, aproximadamente a las 19:00 horas, Susana fue privada ilegalmente de la libertad, con violencia, abuso de funciones y sin las formalidades prescriptas por la ley. El operativo fue realizado por personas vestidas de civil y armadas, quienes la secuestraron a bordo de un colectivo de la línea 141, que en ese momento circulaba por la zona de Primera Junta, en la Ciudad de Buenos Aires. Ese día, alrededor de tres horas después, Osvaldo fue capturado en su casa, en la Ciudad de Buenos Aires. Las dos víctimas fueron llevadas a la ESMA, donde permanecieron en cautiverio bajo condiciones inhumanas de vida.
El 22 de febrero de 1980 Susana y Osvaldo fueron liberados, pero continuaron bajo el control de los integrantes del Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA.
El testimonio de Osvaldo
El sobreviviente amplió su testimonio en el marco de las reglas de la Casación para acelerar los juicios por delitos de lesa humanidad y evitar instancias de revictimización. De este modo, su declaración anterior fue incorporada por lectura y hoy testimonió para sumar información en la causa.
Al comenzar su relato, Osvaldo respondió preguntas acerca de los represores de la ESMA, particularmente sobre los que participaron en su secuestro.
“¿Pudo ver a Susana en la ESMA?”, le preguntaron. “Estuvo en las mismas condiciones de cautiverio que yo. Había sido torturada los primeros días en el Sótano. Después la habían subido a Capucha. Durante los primeros días no la pude ver, hicieron las cosas de manera tal que no pudiéramos vernos por varios días. Después de varios días nos empezamos a ver y pudimos hablar”, respondió Osvaldo Barros.
“Derechos y humanos”
Al igual que otros sobrevivientes, Osvaldo sostuvo haber sido llevado desde la ESMA a la Isla del Silencio, ante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), motivada por las denuncias de los exiliados.
Osvaldo recordó que mientras sucedía eso y su padre lo buscaba junto a la CIDH, un guardia escuchaba “el partido de fútbol y el relator Muñóz decía que pasaron por Avenida de Mayo, donde estaba la CIDH, para demostrarle que los argentinos éramos derechos y humanos, para repudiar a todos los familiares de desaparecidos, que estaban haciendo la cola (para hacer la denuncia).
Una de las preguntas al testigo fue sobre las víctimas que vio en la Isla: Osvaldo nombró a “Norma Cozzi (557), Héctor Piccini (558), Fernando Brodsky (554), Juan Carlos Chiaravalle (553), XX, la tía Irene (Ida Adad, caso 545), Juan Carlos Anzorena (551), Pablo Lepiscopo (542), Pepe Hazán (José Luis, caso 538), Josefina Villaflor (537), Víctor Basterra (546) y La Gallega Martínez (María Elsa, caso 541)”.
“El Topo” (caso 510)
Ricardo Pedro Sáenz fue secuestrado el 6 de diciembre de 1978 y llevado a la ESMA. Osvaldo confirmó su cautiverio en ese lugar: “Cuando volvimos de la Isla dijeron `El Topo se fue para arriba´, esas fueron las palabras de los guardias”, contó. Ricardo sigue desaparecido.
Ricardo Miguel Cavallo en la ESMA
Barros también sostuvo que “el día en que a nosotros nos ponene en libertad fue Cavallo quien nos dijo: `junten sus cosas, se van´. Él estaba dando clases de contrainsurgencia a militares extranjeros, ahí mismo, en la ESMA”.
Robo de bienes
“Yo vi un día a Claudio Pittana con mi mejor remera”, contó Osvaldo en referencia a los bienes robados por el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA.
“Este juicio es muy importante, es histórico, tiene una repercusión muy grande a nivel mundial, es ejemplo en muchas partes del mundo. Sin embargo, acá, en este juicio, no están ni todos los que formaban parte del Grupo de Tareas, ni todos los compañeros que pasaron por la ESMA. Este juicio tiene 800 casos y por la ESMA pasaron 5.000 personas: acá está una proporción ínfima de los que estuvimos ahí. Es necesario seguir con estas investigaciones, conocer los nombres de los miembros del Grupo de Tareas, de los compañeros que pasaron por ahí, que se abran los archivos de la dictadura, que el Estado tome el rol que debe tomar en este sentido. La gran mayoría de los nombres que se conocen en este juicio son pruebas propuestas por los sobrevivientes y los familiares de los desaparecidos. Es importante para mantener viva la memoria de lo que ocurrió en la ESMA. Esos microfilms existen y están en alguna parte. Tenemos que conocer el nombre de todos los miembros del Grupo de Tareas y de los compañeros que pasaron por la ESMA. Es necesario mantener la memoria de todo eso para las futuras generaciones, para que conozcan una parte importante de la memoria, la existencia de nuestros compañeros, de una generación que luchó por una causa que juzgó justa. Por otro lado, quería hacer una exhortación al Tribunal para que intervenga en el tema de lo que se pretende hacer con el Casino de la ESMA: toda la ESMA constituyó un centro clandestino, porque todo estaba al servicio de las cosas que ocurrían en el Casino de Oficiales. Toda la ESMA debió ser una prueba judicial y no tendrían que ocurrir cosas que ocurrieron en la ESMA. Hay un proyecto de modificarlo e intervenirlo. Hay decenas de sobrevivientes bajo la presión de los efectos psicosociales de la dictadura. Es necesario mantener el Casino como está. Hago una exhortación para que no se modifique esa prueba judicial y que podamos seguir testimoniando, que los sobrevivientes puedan reconocer el lugar donde estuvieron, a partir de entrar caminando con los ojos cerrados. Eso ha pasado en el mes de marzo. Entré con un grupo de sobrevivientes, uno fue por primera vez. Ese sobreviviente declaró por primera vez en el Juzgado de instrucción del juez Torres”, sostuvo Osvaldo Barros, quien agregó para finalizar que su pedido pretende que “ese lugar siga siendo aquel lugar de tortura, horror y muerte y que nosotros podamos seguir adelante en nuestra búsqueda de justicia. Yo prefiero seguir con el alma dolorida como la tengo y seguir buscando justicia por todos ellos”.
Próxima audiencia
El juicio continuará el miércoles 23 de abril desde las 9:30 horas con más audiencias testimoniales.
Fuente:EspacioMemoriayDDHHexEsma
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