CAMPAñA CONTRA LOS LINCHAMIENTOS DE LA ASOCIACION DE PENSAMIENTO PENAL
Para parar la violencia
Inspirada en una columna de opinión publicada en la edición rosarina de Página/12, una organización que nuclea a penalistas junta firmas y hace campaña en las redes sociales contra los linchamientos. “No cuenten conmigo”, es la convocatoria.
Por Ailín Bullentini
La iniciativa permanecerá abierta durante el resto de la semana.
Las pantallas de televisión cuentan desde el viernes, todos los días y con falso asombro, cómo se reproduce aquel ya lejano para la velocidad urgente del minuto a minuto “primer” linchamiento, sucedido en Rosario hace poco menos de una semana, en el que el joven David Moreyra fue asesinado a patadas. La cuenta de estos hechos, que también la llevan los diarios, recalienta la reacción de “la gente”, que se expresa sin tapujos en las redes sociales. Ese terreno de debate virtual y efímero puede ser útil para “construir conciencia” sobre aquello que es trending topic, aquello sobre lo que habla “todo el mundo”. La campaña “No cuenten conmigo” es ejemplo de eso.
“Quisimos reaccionar rápido frente a episodios que consideramos preocupantes”, indicó en diálogo con este diario el juez Mario Juliano, director ejecutivo de la Asociación de Pensamiento Penal, creadores de la campaña de recaudación de firmas “en rechazo a los linchamientos” que lanzaron hace 36 horas vía Facebook y Twitter. “Sumemos las múltiples voces que rechazan los linchamientos como forma de dirimir conflictos, demostrando que las expresiones bárbaras que los propician forman parte de una sociedad en la que no queremos vivir”, propone desde el slogan esa organización de la sociedad civil.
La campaña comenzó a circular con el objetivo de “contrarrestar” la repetición de los ataques colectivos y virulentos a personas sospechadas de haber robado: “No es el modo en que debe funcionar la sociedad en un estado de derecho”, apuntó el titular de la organización. Según explicó, la recolección de firmas difundida bajo el título de una columna de opinión del periodista Javier Núñez, que se publicó el pasado viernes en la edición de Rosario de Página/12 (y que es reproducida en esta página), está basada en “la creencia fuerte y certera” de que “la inmensa mayoría de la sociedad discrepa con este modo violento de resolver los conflictos”, que es tan solo “una reacción clasista y selectiva que implica la respuesta frente a determinado tipo de delitos y determinado tipo de delincuentes”. “No veo la misma preocupación ni indignación frente a delitos de bastante mayor magnitud o gravedad que el de tomar una cartera ajena, como los delitos de cuello blanco, los hechos de corrupción, aquellos que ocasionan graves perjuicios económicos”, advirtió el juez integrante del Tribunal Criminal de Necochea.
La iniciativa, que ya cosechó dos mil firmas “del más amplio espectro social”, permanecerá abierta durante el resto de la semana (a través de @pensapenal, /pensamientopenal, www.pensamientopenal.org.ar). Luego, se presentarán los resultados para “demostrar que estos episodios son minoritarios en la sociedad”. “Somos muchísimos más los que queremos vivir en paz y en una sociedad donde los delitos tengan una respuesta estatal”, apuntó Juliano.
Si bien desde la asociación no se niega “que objetivamente la inseguridad es un problema que existe”, consideran oportuno “tener presente que el concepto de inseguridad no se reduce al hecho delictivo, sino que se amplía en la situación en la que viven sectores vulnerables que no tienen las mismas oportunidades que otros para integrarse a la sociedad” y se mantienen firmes en la convicción de “difundir mensajes que apunten a minimizar los niveles de violencia que circulan: “La violencia debe ser rechazada de raíz, sobre todo a la luz de nuestro pasado más cercano, el cual no tenemos derecho a olvidar”. Por último, abogaron por la permanencia de un debate “generoso y amplio que permita encontrar serios y duraderos métodos para afrontar los conflictos y para el cual el discurso de mano dura solo significa su clausura”.
CRUCES ENTRE LA DIRIGENCIA POLITICA POR LOS ULTIMOS CASOS DE LA MAL LLAMADA “JUSTICIA” POR MANO PROPIA Y SUS JUSTIFICADORES
Un debate que ni debería haber comenzado
Cristina Kirchner insistió por Twitter en la necesidad de una mayor inclusión. Oficialistas y opositores expusieron ayer sus diferentes puntos de vista sobre los motivos que llevaron a los linchamientos.
Por Werner Pertot
La madre de David Moreyra, muerto en un linchamiento en Rosario, pide justicia en la puerta de los tribunales provinciales. Imagen: Sebastián Granata
Los últimos casos de “justicia” por mano propia generaron un debate al que se sumaron ayer dirigentes de todo el arco político. Si bien algunos se mostraron comprensivos y hasta hubo algún defensor aislado, la mayoría los repudió. La discusión dio luego un giro esperable: los opositores culparon al Gobierno por estos hechos. Casi en espejo, Sergio Massa y Mauricio Macri hablaron de “la ausencia del Estado”, como si formaran parte de una ONG. Les contestó el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, quien consideró que “es un simplismo de carácter absurdo”. “Cuanto mayor es el grado de exclusión, mayor violencia genera y enfrentamiento entre argentinos y eso es lo que queremos evitar”, afirmó la presidenta Cristina Kirchner a través de Twi-tter, y condenó “las voces que traen deseos de venganza”.
Massa quedó, una vez más, en el centro de la escena por su campaña previa contra la reforma del Código Penal que, según dijo, “no piensa en la gente sino en el delincuente”. Si bien nadie consideró que haya una relación directa entre los linchamientos y las posiciones del diputado, varios lo señalaron como un exponente de la demagogia punitiva. Quizá por eso Massa fue de los primeros en salir a hablar. Como la mayoría de los opositores, culpó al Gobierno por los linchamientos. El ex intendente de Tigre –y referente de un grupo de intendentes bonaerenses– dijo el lunes que se debían “a la ausencia del Estado” y que la solución es dar el mensaje de “el que la hace la paga”. Más tarde debió salir a aclarar que no estaba de acuerdo con los casos de justicia por mano propia.
“Objetivamente, la afirmación de que hay un Estado ausente y por eso se producen linchamientos, en definitiva, es un simplismo de carácter absurdo”, respondió ayer Capitanich, quien retrucó: “Deberíamos preguntarnos cuál es la responsabilidad de quienes ejercen liderazgos locales cuando el nivel de cobertura de agua potable en sus distritos es equivalente al 34 por ciento, o del 26 por ciento en redes cloacales, que también afectan la calidad de vida de sus respectivas comunidades”. El ministro coordinador no explicitó que se refería a Tigre, pero quedó claro: “Muchas de esas comunidades se benefician con la particularidad de que un tercio de su población vive en countries o clubes cerrados, que no necesitan la presencia del Estado”.
Capitanich sostuvo que hay 305 mil agentes entre fuerzas federales y provinciales, además de “todo el equipamiento correspondiente, desde cámaras, 911, patrulleros, logística, inteligencia criminal” y recordó que los poderes Judicial y Legislativo tienen responsabilidad en el tema. El titular de la Cámara baja, Julián Domínguez, consideró que es “absolutamente irresponsable” por parte de Massa hablar de ausencia del Estado. “La sociedad necesita más que nunca normas, pautas claras y la certeza en los ciudadanos de que el Estado los tutela, los protege y los ampara. Cualquier otro camino lo único que hace es debilitar la convivencia en la sociedad”, estimó.
Anoche, también opinó el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, quien consideró que “la lucha por la civilización ha sido siempre para que las penas y los castigos se encuadren en la ley y para desterrar el salvajismo de los que pretenden hacer justicia por mano propia”.
El referente del FAP Hermes Binner consideró que esto ocurre “por la impunidad que hay en el país”. “Que haya una persona que hacía negocios en el sur de todo tipo, como la gente ya conoce, está demostrando que hay impunidad”, estimó Binner, quien no llegó a explicar la relación entre los linchamientos y el caso al que hacía referencia. También sostuvo que una de las causas es que el Gobierno protege a un vicepresidente sospechado de corrupción en la causa Ciccone. La líder de GEN, Margarita Stolbizer, coincidió en que “el alto nivel de criminalidad que hoy sufrimos los argentinos tiene que ver con la corrupción política y la pérdida de autoridad y de ejemplaridad”. De paso, Stolbizer consideró que “Massa debe dejar de hacer campaña electoral con el miedo de los argentinos, asumiendo sus propias responsabilidades”.
Mauricio Macri se sumó ayer con un discurso casi calcado del de Massa. “Que aparezca el Estado”, reclamó el titular del Estado porteño. “La ausencia del Estado lleva a la desesperación de la gente, que quiere tomar la justicia por mano propia”, justificó el jefe de Gobierno. “Paremos la mano”, pidió luego el líder del PRO. “El Estado renuncia a defendernos, a cuidarnos, no hay una propuesta integral de seguridad en más de diez años. No ha habido vocación de ponerle límite al narcotráfico”, opinó Macri, quien consideró que las policías estás desfinanciadas, reciben “un sueldo espantoso, el chaleco está vencido y no tienen nafta para el patrullero”. Afirmó que además debería estar presente el Poder Judicial y señaló que otro aspecto del problema es la educación.
Talión y sus amigos
El radical Ricardo Gil Lavedra remarcó que, “si cada uno de los habitantes saliera a tratar de defender los derechos ante las agresiones de los demás, sería una guerra civil” y cuestionó “la ilusión mágica que utiliza el populismo punitivo de hacer reposar en la fantasía del monto de la pena la cuestión de la seguridad”. “En Argentina hay una percepción de inseguridad que puede que no se compadezca con los datos objetivos, pero esta percepción no está desmentida por una presencia estatal mucho más fuerte”, afirmó en declaraciones a FM Nacional Rock. Por su parte, el titular de la UCR, Ernesto Sanz, dijo “estar de acuerdo en que el Estado está ausente del espacio público de los barrios carenciados y de las fronteras –espacios tomados por el crimen organizado–, pero ninguna de esas cosas justifican la justicia por mano propia”.
“Si quieren desgastar un gobierno, desgástenlo, pero no generemos una sociedad donde terminemos todos contra todos”, reclamó el subsecretario general de la Presidencia, Gustavo López. El ministro de Educación, Alberto Sileoni, advirtió que “los linchamientos son anteriores al estado de derecho”. “Rechazo cualquier tipo de expresión que pueda intentar entenderlos. Porque comprender esas actitudes es un modo de justificarlas”, afirmó. “Estamos generando una cultura de violencia que tenemos que frenar rápidamente porque el linchamiento te convierte en un asesino”, consideró el titular de la Sedronar, Juan Carlos Molina.
En tanto, Unidos y Organizados emitió un comunicado en el que repudió “toda manifestación de justicia por mano propia, al margen de la ley. Porque no es justicia esta manera de actuar, es decididamente delito y como tal debe tratárselo”. “Tampoco aceptamos el discurso e implementación de la mano dura como política de seguridad, con su consecuencia: la violencia institucional”, afirmó esa agrupación.
La legisladora porteña Claudia Neira advirtió sobre el rol de los medios masivos de comunicación en la “creciente instalación de un debate que implica un retroceso histórico en materia penal como es el de la legitimidad de la venganza privada”. Gabriela Cerruti, de Nuevo Encuentro, pidió “dejar de llamar justicia por mano propia a un asesinato, dejar de llamar delincuente a quien es inocente hasta que se pruebe lo contrario, dejar de llamar hartazgo social a una horda asesina”.
El defensor penal juvenil de La Plata Julián Axat advirtió que “desde la dictadura hacia aquí existe un imaginario vinculado con el chivo emisario, antes eran ‘los subversivos’ y hoy son los jóvenes que viven en los barrios pobres. Este clima de eliminación social, que reproducen los mismos medios que hoy se horrorizan con estos hechos, señala un chivo emisario que hoy son los jóvenes a quien se los responsabiliza de todos los males”.
La condena del arzobispo
El arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, dio a conocer un documento en el que manifestó “la condena a la justicia por mano propia, que lejos de resolver el problema, lo agudiza”. El documento, que fue consensuado con el gobernador santafesino, Antonio Bonfatti, señala que “ante la grave situación de inseguridad, de violencia y de muerte que vivimos, sentimos la necesidad de hacer público nuestro repudio y el deseo de construir una sociedad más justa, solidaria y en paz”. “No podemos acostumbrarnos a convivir con el delito, la violencia, la inseguridad y la muerte. Es posible y nos merecemos una Santa Fe distinta”, dice el texto. El documento considera que hay “una deuda de la dirigencia política como responsable del bien común de todos los ciudadanos”, aunque advierte que “son muchas las causas que concurren a esta realidad que nos empobrece y paraliza. Frente a esta situación, sentimos la necesidad de elevar nuestra voz ante los poderes públicos. Esto requiere de la presencia de todos los poderes del Estado”.
ZAFFARONI CUESTIONO A MASSA POR JUSTIFICAR LOS LINCHAMIENTOS
“Son homicidios calificados”
El juez de la Corte Suprema diferenció entre la legítima defensa y el linchamiento: “No se trata de ajusticiamientos, sino de homicidios calificados”, aseguró. Sobre Massa, dijo que “lo único que hace es juntar votos con mentiras”.
“No se trata de ajusticiamientos, sino de homicidios calificados”, sostuvo de manera tajante el juez de la Corte Eugenio Zaffaroni sobre los linchamientos, y diferenció: “Una cosa es detener al sujeto y ejercer cierta violencia para retenerlo, y otra es matar a patadas a una persona”. En este marco, el ministro del máximo tribunal de Justicia criticó a Sergio Massa por los dichos con los que justificó los violentos episodios de justicia por mano propia como casos “que aparecen porque hay un Estado ausente”. Massa “es un personaje lamentable políticamente hablando”, sostuvo Zaffaroni, que ya tuvo otros fuertes cruces con el líder del Frente Renovador.
El jurista fue entrevistado en el programa Mañana más, de Radio Nacional. Lo primero que le preguntaron fue por las declaraciones de Massa. “Creo que un señor que se va a pasar el 24 de marzo a los Estados Unidos, va a hablar con la gente del Tea Party, se saca fotos con el chanta de (el ex alcalde de Nueva York Rudolph) Giuliani, que es una especie de chanta internacional que cobra por las fotos y las entrevistas, y todavía se llama peronista... creo que si el general Perón tuviera que juzgarlo lo consideraría un vendepatria”, contestó el ministro. “Pero independientemente de eso, y de que es un mentiroso que lo único que hace es juntar votos con mentiras, lo que acaba de decir es una barbaridad total.”
Zaffaroni ya había reaccionado ante los argumentos que utilizó Massa para hacer campaña contra el anteproyecto para reformar el Código Penal, que el juez redactó junto a otros cuatro especialistas, representantes de las principales fuerzas políticas. Tras aclarar, por ejemplo, que era “disparatado” plantear que el nuevo Código “va a excarcelar, porque el Código Penal no rige las excarcelaciones”, Zaffaroni había acusado al massismo de “montar un show mediático” y “hacer campaña” a costa de él. “Que vuelva un rato a la Facultad de Derecho y lea los libros, que no muerden”, le recomendó entonces a Massa.
Ante el nuevo cruce, el massismo salió de inmediato en defensa del jefe del Frente Renovador. Los intendentes José Eseverri (Olavarría) y Joaquín de la Torre (San Miguel) advirtieron que Zaffaroni “se sacó la careta y muestra sin descaro su camiseta K”. “Que salga de su lugar de falso prócer del Derecho y camine la calle para ver qué piensa la gente. Se va a dar cuenta de que Massa defiende a la gente y Zaffaroni a los delincuentes”, acusó De la Torre. Por su parte, Eseverri dijo que el magistrado “debería opinar imparcialmente como juez de la Corte, pero se sacó la careta y muestra que en realidad es el empleado militante en la Corte del Gobierno”. Massa también tuvo de defensora a la diputada nacional del PRO Laura Alonso, que le exigió a Zaffaroni que “pida disculpas” por “su violencia verbal”.
Al analizar los linchamientos, Zaffaroni apuntó, por otra parte, contra los medios que asocian todo el tiempo a los jóvenes pobres con el delito. “Me parece que este episodio es el resultado natural de una campaña de medios que lo que está haciendo es estigmatizar terriblemente a los adolescentes de barrios precarios. Esta estigmatización los convierte en chivos expiatorios, y el resultado cada vez que se construye un chivo expiatorio es que los matan.”
El juez deslindó entre lo que es una situación de legítima defensa y una de justicia por mano propia. “La legítima defensa es una defensa contra la agresión y cesa cuando cesa la agresión. Naturalmente que si alguien se mete dentro de mi casa, tengo todo el derecho del mundo a defenderme, aunque lo mate, cosa que también puede ser si es necesario, si está dentro de la racionalidad para defenderme. Ahora, la legítima defensa no hace esto (por el linchamiento). Eso es un homicidio doblemente calificado, calificado por alevosía y por ensañamiento, y está en el artículo 80 del Código Penal, al que el texto vigente fija penas de 30 años.”
OPINION
Discursos convergentesPor Verónica Torras *
Hay discursos que sólo en apariencia circulan por andariveles separados. En los últimos días, y a propósito de la rememoración del golpe cívico-militar del 24 de marzo de 1976, el diario La Nación publicó dos notas en las que destacadas voces de la academia nacional e internacional pedían compasión para los responsables de los delitos de lesa humanidad en la Argentina y se referían al proceso de justicia en curso como revancha. Esto sucede cuando llevamos un mes de oír cómo se fustiga con slogans autoritarios un anteproyecto de Código Penal por su supuesta condescendencia con los delincuentes, y al tiempo que ocurren un par de linchamientos públicos. Es decir que mientras se pretende disculpar los crímenes más graves cometidos en nuestro país en el marco del terrorismo de Estado, se ofrece como antídoto un futuro cargado de punitivismo y se obtiene un presente en que la sed manipulada de justicia la ejercen a las patadas “ciudadanos” contra “carteristas”.
Así conviven el intento de calificar como “revanchismo” el proceso de justicia por delitos de lesa humanidad y la habilitación discursiva de la venganza privada para delitos menores; el pedido de soluciones políticas para los perpetradores de los crímenes más aberrantes y el reclamo por un aumento indiscriminado de las penas para todo el resto de los mortales, sin ninguna discusión política. Discursos convergentes que intentan desdibujar la escena de qué es lo justo para nosotros como sociedad y forzar una reorientación de los recursos estatales en línea con nuevas jerarquías.
Derribando del lugar más alto en la escala del disvalor, los hechos de violencia cometidos por el Estado dictatorial y sus cómplices civiles, transformando a los responsables de los delitos más atroces en ancianos vulnerables y a quienes reclamaron por obtener justicia respecto de esos hechos en los defensores de los derechos humanos de los “verdaderos” delincuentes de a pie que asuelan el presente, la sociedad podría asumir sin cortapisas la nueva agenda de la seguridad y digerir su componente autoritario, tolerar brotes como los de estos días, e incluso reclamar que el Estado democrático sea liberado de manos para actuar contra las actuales amenazas.
Así es que, bien (o mal) pensados, ambos discursos apuntan en una misma dirección: la reconfiguración de un horizonte común muy preciado para esta sociedad, que ubica la demanda de justicia y el rechazo de la violencia en un lugar destacado, justamente, por su historia y por el modo en que el movimiento de derechos humanos ejercitó su reclamo. La fuerza colectiva acumulada en tantos años de resistencia, sostenida de modo pacífico, sin un solo arrebato justiciero por mano propia después de haber sufrido los delitos más graves, está en el centro de las disputas del presente porque constituye una referencia ética para el conjunto de la sociedad, al mismo tiempo que impone límites al Estado democrático en el ejercicio del monopolio de la violencia. Este pasado se ha vuelto muy valioso y su desprecio es estratégico para quienes intentan instalar una hegemonía político-cultural alternativa.
* Licenciada en Filosofía por la UBA. Fue directora de Comunicación del CELS entre 2005 y 2010. Actualmente coordina el Programa Memoria en Movimiento de la Secretaría de Comunicación Pública.
APARECIO UN VIDEO QUE MUESTRA LOS ULTIMOS SEGUNDOS DE LA GOLPIZA A DAVID MOREYRA
Un documento para buscar responsables
El video llegó a la fiscalía en forma anónima. Pero al mismo tiempo, se viralizó en las redes sociales. Dura apenas nueve segundos, pero según los investigadores alcanzaría para identificar al menos a dos de las personas que participaron en la golpiza fatal de Rosario.
Por Lorena Panzerini
Desde Rosario
La esquina del barrio Azcuénaga donde ocurrió el linchamiento, el sábado de la otra semana.Imagen: Andrés Macera
Tendido en medio de la calle, ensangrentado y “semiinconsciente”. Así se pudo ver en una filmación casera a David Moreyra, el pibe linchado en barrio Azcuénaga, cuando todavía era pateado ferozmente por dos jóvenes que lo dejaron desvanecido en el suelo, en lo que se cree que fue el desenlace de la brutal paliza.Esos fueron los últimos minutos de vida del chico de 18 años, según la escena de diez segundos filmada en el momento exacto del linchamiento al que fue ilegalmente condenado el sindicado autor del robo de la cartera a una joven madre, minutos antes. La grabación –que se viralizó luego en YouTube– llegó al fiscal Florentino Malaponte y está en peritaje. Las patadas “de puntín” en la cabeza de David se repiten en la imagen tomada hace diez días, cuando Moreyra murió a causa de un “traumatismo encéfalo-craneano grave”. Para los investigadores, “está claro que hubo dolo” por parte de los agresores. En tanto, se pidieron informes al 911 para dar cuenta del pedido de la ambulancia que luego habría sido cancelada y que llegó una hora después. Para ese entonces, David ya había sido levantado del lugar donde quedó un manchón de sangre y trasladado unos 20 metros hasta la esquina de Marcos Paz y Liniers, donde lo dejaron tendido al lado de la moto cuyo dueño escapó. La fiscalía solicitó colaboración.
El video llegó a las 17 del lunes a manos del fiscal Malaponte, a través de un whatsapp, en el teléfono de otra persona. Temprano, el fiscal regional Jorge Baclini confirmó que las imágenes fueron agregadas al legajo CUIJ 193-8, pero más tarde aclaró que no sería conveniente darlas a conocer. La idea era “no alimentar el morbo”. Pese a ello, pasado el mediodía, el video llegó a YouTube y otras redes sociales, por personas anónimas.
Malaponte indicó que la noche del lunes se realizaron dos allanamientos en el barrio Azcuénaga, en cercanías del lugar del hecho. Personal de la División Judiciales y técnicos informáticos analizaron las cámaras de seguridad de algunas viviendas de la zona, pero arrojaron resultados negativos, ya que se comprobó que “no tenían mecanismo” habilitado al momento del hecho. De uno de los domicilios se secuestraron una cámara, un celular y una memoria externa.
“Quedate ahí, guacho; quedate ahí”, se puede oír en el impactante video casero, desde el lugar donde Moreyra era pateado por dos muchachos, mientras otros los rodeaban y miraban la escena a cara tapada; uno de ellos tenía puesta una camiseta de Rosario Central, en la previa del partido contra All Boys. Al mismo tiempo, una voz femenina reclama “basta, che, basta”. A David, los brazos no le respondieron siquiera para taparse la cabeza.
Entre los agresores “se puede identificar a dos personas”, según adelantó Baclini, antes de que el video se viralizara. Se trata de dos hombres jóvenes, vestidos con remera clara, bermudas de jean y zapatillas. Para la fiscalía, ambos son “identificables”. Además, ayer se indicó que “hay testimonios (que tomó la policía) que apuntan a que la gente salió del club (de Liniers y Marcos Paz), pero todavía no se judicializaron esos dichos”.
Los investigadores del Ministerio Público de la Acusación estiman que existió “actitud para matar”, por lo que se investiga un homicidio simple; y consideran que las lesiones “probablemente fueron ocasionadas sin saber lo que había pasado”, en referencia al robo previo del que se acusó a Moreyra y a otro muchacho que escapó del lugar, tras el arrebato de la cartera de la joven y su niña.
La fiscalía solicitó también un allanamiento a la casa del prófugo del robo, pero no lo encontraron allí. La orden tenía por objetivo hallar los papeles de la moto que quedó en el lugar y la cartera robada, pero tampoco hubo resultados. Los padres del buscado dijeron estar “muy ofuscados” con lo que sucedió y con “la actitud de su hijo” y prometieron colaborar con la investigación.
Con respecto al delito, desde la fiscalía se indicó que para probar el agravante de alevosía, en el homicidio, son necesarios otros elementos “de repitencia” en la agresión, pero el video dura pocos segundos. Frente a ello, se solicitó que aquellas personas que tengan videos o fotografías del suceso las acerquen al menos de manera anónima a la fiscalía para dejar las pruebas. Es que según trascendió ayer, existieron amenazas a vecinos para que esos datos no trascendieran.
Con respecto a la camioneta “tipo Fiorino” de la que hablaron los familiares y vecinos de David –porque aparentemente “chocó al chico para que se cayera”–, se va a solicitar un informe a la comisaría 14ª para saber si estuvo retenida en la seccional.
CARTA DE LA MADRE DE DAVID
“Así era mi hijo”Por Lorena Mónica Torres *
Nació el 4 de enero de 1996, en el Hospital Centenario de Rosario. Su abuela, su hermana María y su tío estaban allí, mientras su papá trabajaba para poder sostener a su familia. Era hermoso, de pelito negro y de piel blanquita, un principito según todos. Creció en un hogar humilde, pero a su lado tenía a quienes lo amaban de verdad, como su adorada tía Anabel, que le enseñó a caminar. Era tímido, se ponía colorado y sentía mucha vergüenza cuando alguien le decía lo lindo que era. Muy compañero de todos los chicos a lo largo de su infancia y muy compañero de sus vecinos de Empalme, donde vivía actualmente, dejó amigos por toda la ciudad, que hoy en día van cayendo en mi casa para consolarme, a medida que se van enterando de la triste noticia.
Tuvo tres hermanos más: Micaela, Elías y Tomás. Los adoraba. Los vivía aconsejando, como hacía su papá, que es vendedor ambulante y a veces no estaba en todo el día, por lo que David era para ellos un segundo papá. Después de dos años, debió abandonar la secundaria, para ayudar con esos hermanos. Y yo me enojé muchísimo con él, pero su decisión era que no les faltara nada. Entonces empezó a trabajar como albañil y también en una fábrica de calzado con su tío Gastón, a quien quería tanto... David era mi compañero, tomábamos mate juntos y, si salía hasta tarde, me avisaba, o nos llamábamos continuamente.
De hecho, ese día fatal estuvo conmigo. Me dio su billetera con lo que había cobrado, y me dijo: “Poné la pava que ya vengo, y si necesitás algo, sacá”.
No llegaba. Salí a esperarlo afuera, pero no estaba. Lo esperé. No me llamaba. No lo podía encontrar por ningún lado, y sus amigos tampoco lo habían visto, porque se habían ido a la cancha a ver a su querido Central. David no fue para no gastar, porque me había ayudado a mí a comprar los útiles para sus hermanos. Y sí, lo terminé encontrando, como N.N.
Jamás imaginé verlo así... Mi marido lo reconoció por un tatuaje que se hizo en el tobillo, cuando cumplió 18 años, con las iniciales de sus hermanos. Y así se me fue un ángel de la peor manera, un chico al que le encantaba ayudar a todos, conocidos o no. No sabía decir no y, si veía a alguien sin zapatillas, era capaz de sacarse las suyas para dárselas... Por eso opté por donar sus órganos: para que siguiera ayudando, a siete personas de la lista de espera. Pues él lo hubiera querido así.
Se fue mi mano derecha, mi David querido, pero hay muchos David que pueden ser asesinados o maltratados. Y eso no puede ser así de ningún modo, así sean culpables o inocentes del delito que se los esté acusando. ¿O acaso esas personas enfurecidas que lo mataron a golpes y patadas de la peor manera, como si fuese un animal, no son culpables? Ojalá le pidan perdón a Dios y ojalá entiendan que nadie tiene derecho a hacer “justicia” por sus propias manos.
Ahora, ya nadie podrá ya devolverme a mi hijo, pero encima pareciera ser que quienes lo mataron no son asesinos... ¿No lo son? Por favor, que esto no ocurra nunca más y que la Justicia esté en manos de quienes deben garantizarla. De mi parte, sólo agradecerle a La Garganta Poderosa por este espacio para limpiar el nombre de mi hijo, y recordarlo.
Hijo, te fuiste sin poder disfrutar de tus sueños y proyectos, pero mamá los hará posibles junto a papá y a todos los que te amaron.
Te amo, y sé que estás con Dios.
Mamá.
* Texto redactado por la madre de David Moreyra para la revista La Garganta Poderosa.
Matan a un sospechoso
Un hombre de unos 40 años resultó muerto ayer de varios disparos luego de ingresar presuntamente con fines de robo en una vivienda de Rosario. El hecho ocurrió alrededor de las 20.30, cuando dos hombres armados habrían ingresado a robar en el inmueble aprovechado el momento en que ingresaba al lugar un vehículo. La casa está ubicada justo enfrente de la de la intendenta, Mónica Fein.
Desde el interior de la casa, uno de los dueños, un ex gendarme, disparó en varias oportunidades sobre uno de los asaltantes, que murió en el acto. El otro logró escapar.
HUBO OTROS DOS CASOS DE INTENTO DE LINCHAMIENTO A PRESUNTOS DELINCUENTES
La violencia que contagia violencia
En Santa Fe, un cartel de los vecinos pretende legitimar el fenómeno aberrante del linchamiento.
Uno ocurrió en Rosario, donde un adolescente de 17 años fue atrapado y golpeado por los vecinos. Otro fue en Córdoba. Allí la víctima de la furia vecinal fue un hombre de 34 años. Ayer fue liberado el joven que recibió una paliza feroz el sábado en Palermo.
A los hechos de violencia llevados a cabo en los últimos días en distintos puntos del país por vecinos que aseguran “hacer justicia por mano propia”, se sumaron otros dos casos. Uno fue la violenta golpiza a un hombre de 34 años en la ciudad de Córdoba y otro, a un adolescente de 17, en la zona sur de Rosario. Ayer fue liberado el muchacho que el sábado fue víctima de la furia vecinal en Palermo tras haber intentado robar una cartera.
El lunes al mediodía, en el barrio Irupé de la ciudad de Córdoba, cuatro vecinos intentaron linchar a un hombre de 34 años que, al parecer, quiso robarle la mochila a una nena de 12. Pablo Pereyra, el padre de la chica, también participó del violento acto, “pero no era para matarlo”, trató de justificarse.
“Cuando volvía de hacer las compras veo que la tira. Primero pensé que la había chocado –con la moto–, después veo que era para quitarle la mochila. Ahí salgo corriendo y me le abalanzo, después empiezo a correr y lo agarramos a una cuadra y media, llamamos a la policía y los vecinos le destruyeron la moto”, indicó Pereyra, quien agregó que de encontrarse de nuevo en una situación similar “volvería a hacer lo mismo”.
“Lo golpeamos, pero no para matarlo. Después de que (los vecinos) se enteraran de que era mi hija lo querían matar, pero por suerte ya estaba arriba del patrullero, si no hubiésemos terminado todos presos”, afirmó el padre de la nena afectada y consideró que “en treinta días o menos lo van a largar con las leyes nuevas, roban y a la semana están libres”.
A las 22 del mismo día, en la zona sur de Rosario, un adolescente de 17 años también sufrió los golpes de varias personas, tras intentar robar el bolso de un peatón y ser advertido por varios conductores que circulaban por el lugar, en la calle Laprida al 4000. Allí mismo comenzó una golpiza que dejó al joven tendido en el piso.
La policía llegó minutos más tarde por un llamado al 911 y trasladó al joven al Hospital Municipal Roque Sáenz Peña. El adolescente quedó internado por lesiones leves en el tórax y el abdomen, aunque fuentes médicas aseguraron que se encuentra fuera de peligro. El caso está siendo investigado por la Comisaría 11 de la Unidad Regional 1 de esa ciudad.
Ayer se conoció la decisión del juez de Instrucción Gustavo Pierretti en la causa que involucra al joven que el sábado fue golpeado brutalmente en Palermo, cuando intentó robar un bolso, de liberar al detenido en el Hospital Fernández, donde se encontraba internado bajo custodia policial. Estaba detenido por el delito de “tentativa de hurto”, un delito excarcelable.
La decisión fue comunicada por el fiscal de Instrucción Marcelo Roma, quien señaló que “debido a la sensibilidad del caso”, se utilizará solamente la página web del Ministerio Público Fiscal para publicar información referida a la causa. Mientras tanto, la Justicia intenta identificar a los vecinos que lo agredieron, ya que podrían ser acusados por “lesiones leves”. Por este motivo, el fiscal Roma pidió el análisis de las cámaras de seguridad de distintos comercios de la zona donde ocurrió el hecho, en Charcas y Coronel Díaz.
El ladrón fue capturado el sábado a las 18.30 por vecinos, tras intentar robarle la cartera a una mujer, cuyos gritos escuchó Alfredo Malberti, el portero de un edificio que corrió en su búsqueda. Ayer, Malberti explicó: “Cuando lo agarré (la intención) era detenerlo para entregarlo a la policía. Después cuando se armó, que había tanta gente y le empiezan a pegar, era cubrirlo para que no lo maten”.
El encargado de edificio se encontraba tomando un café en un restaurante de Charcas y Guise cuando ocurrió el hecho. “El ya se sentía acorralado porque venía gente de un lado y del otro, entonces lo toco apenas y cae así como si fuera un escalón” y aseguró que lo agarró de una mano y le trabó la pierna. “Ahí fue cuando comenzaron a llegar vecinos que empezaron a patearle la cabeza” y a su entender “querían matarlo”, afirmó Malberti. “En ese momento yo lo único que trataba era de que no me peguen a mí y al muchacho” y agregó que le pidió al joven que pusiera la cara contra el piso, a lo que éste le respondió: “No me peguen más”.
Frente a un posible llamado del fiscal para identificar a los vecinos, el portero sostuvo: “Si me tiene que llamar el fiscal que me llame, yo en ese momento no estaba mirando la cara de todo el mundo”. “Una cosa es que se cometió un delito, pero se iba a cometer otro delito y el problema era si no era el pibe que salió corriendo”, señaló el portero. “Inseguridad hay en todas lados, ésta es una zona de mucho turismo. Si tomamos la justicia por nuestras manos vamos a volver al viejo oeste.”
OPINION
No matarásPor Roberto Samar *
“El que mata tiene que morir”, sentenció una conductora de televisión. Cabe preguntarse: ¿qué pensará esa conductora de los asesinos de David Moreyra, a quien mataron a golpes porque sospechaban que era responsable de un robo? ¿Pensará que debemos matar a las 50 personas que lincharon a David? Creería que no.
Cacho Castaña sostuvo: “Acá con trescientos ladrillos solucionamos todo. Trescientos ladrillos nada más, hay que hacer un paredoncito y listo”. Ahora bien, ¿Cacho estará indignado por la muerte a palazos de Lucas Navarro, un pibe de 15 años? Pienso que no.
Pero, ¿por qué a cierto sector le indigna un robo y le es indiferente un violento asesinato? Porque el miedo no es al que mata. Es miedo a un sector social. A “Ellos”, los jóvenes pobres.
“Ellos” se presentan en el imaginario colectivo como la representación del mal, como peligrosos. Ocupan el lugar de chivo expiatorio de nuestra sociedad actual. Es sobre quienes canalizamos nuestros miedos y angustias.
En ese sentido, vivimos con un miedo exacerbado a ser víctimas de un homicidio en situación de robo, frente al cual el discurso dominante sólo plantea soluciones irracionales y violentas.
Porque no importa que la mayoría de los homicidios sean por discusión o riña y sólo 15 por ciento se cometan en situación de robo. No importa que mueran muchas más personas en accidentes de tránsito que en robos. La irracionalidad nos lleva a cruzar los semáforos en rojo por miedo a ser interceptados por un joven pobre.
En ese marco, en la sociedad actual, a un joven pobre que responde a ese estereotipo le será difícil ejercer sus derechos. Será víctima de las arbitrariedades del sistema penal y estará expuesto a la irracionalidad de una sociedad atemorizada.
Mataron a David. Una persona que tenía derecho a crecer, a vivir, a ser feliz. A equivocarse y a aprender.
Eso debería darnos miedo.
* Licenciado en Comunicación Social.
Docente de la UNRN.
Berni critica a la Justicia
El secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, responsabilizó a la Justicia por la inseguridad al afirmar que “no brinda ningún tipo de respuesta” a los ciudadanos ante los robos callejeros. Además, el funcionario definió el asesinato de David Moreyra, el joven rosarino muerto luego de haber sido atacado a golpes por un grupo de personas que lo consideró el autor del robo de una cartera, como “un homicidio”.
“La Justicia tiene que actuar para que esto no vuelva a suceder”, dijo.
El secretario Berni señaló que, como los casos de hurto “nunca llegan a juicio, no hay sentencia ni condena.
Y esta población está robando”. En la ciudad de Buenos Aires, aseguró, “tenemos un gran problema con la Justicia porque permanentemente estamos deteniendo a estos pequeños delincuentes o arrebatadores, pero lamentablemente ni siquiera llegan a la comisaría que ya son liberados por teléfono por el juzgado”. “Esta situación se convierte en un sector poblacional de ladrones ante los cuales la Justicia no nos brinda a los ciudadanos ningún tipo de respuesta”, aseguró.
Para Berni, “los arrebatadores ahora ni siquiera van a la comisaría porque se los detiene y cuando se hace la consulta al fiscal, lo que se hace es tomarles los datos filiatorios y liberarlos”. “Además, como eso nunca llega a juicio, no hay sentencia ni condena. Y esta población está robando y no tenemos la respuesta de la Justicia”, aseguró.
Uno que derrapó
El abogado Carlos Maslatón (ex Unión por Todos) aseguró que “la población debe continuar ejerciendo justicia por mano propia y matar en el acto a los delincuentes capturados in fraganti” porque se trata de “legítima defensa”. Maslatón escribió la afirmación en un texto que trascendió porque lo publicó en su perfil de Facebook, en el que también caracterizó como “muy auspicioso lo que está sucediendo en el país”, en relación con los ataques de turbas a personas sospechadas de haber robado. “Es legal, téngase presente, defenderse del delito en estas condiciones que nos impusieron Zaffaroni, los comunistas y cómplices del delito como (Federico) Pinedo, (Ricardo) Gil Lavedra y (María Elena) Barbagelatta”, todos ellos “políticos que trabajan a favor de los delincuentes. Posteriormente, en una entrevista radial, el abogado dijo que “el Estado argentino está, desde el punto de vista de la represión criminal, disuelto. Ha decidido proteger al delito.
OPINION
No cuenten conmigoPor Javier Núñez
No. No cuenten conmigo.
Ni para salir a matar a golpes ni para celebrar la muerte.No cuenten conmigo para esa masa que algunos aglutinan bajo el difuso “nosotros” que nadie termina de definir en forma concreta, pero que sirve para diferenciarse de “ellos”, como bandos o facciones opuestas en una guerra abierta que se libra en cada esquina.
No cuenten conmigo para disfrazar con eufemismos la brutalidad y la cobardía de ochenta tipos golpeando hasta matar a un pibe reducido e indefenso. Eso no tiene nada que ver con la justicia, ni siquiera en sus conceptos más arcaicos: la mal llamada “justicia por mano propia” no es sino venganza y viene acompañada de una pena sumaria muchas veces irreparable. No mucho antes, cerca del lugar donde un grupo enfurecido de vecinos arremetió contra David Moreyra, casi matan a golpes a dos chicos que iban en moto tras haberlos confundido con ladrones. El precipitado procesamiento público y la inmediata ejecución de la pena muchas veces dejan de lado un principio básico de la sociedad: que el delito que se castiga esté suficientemente probado. Muchos hemos visto situaciones similares: basta con que alguien señale a otro al grito de “ladrón” para que se conformen grupos espontáneos de ajusticiamiento con los que difícilmente se pueda razonar. Pero aun suponiendo que el delito haya existido, la pena aplicada en forma de venganza constituyó otro mucho peor, más atroz, más irremediable. Matar a golpes a alguien que arrebata una cartera es de un desprecio por la vida ajena tan condenable como el de aquel que mata para robarla.
¿Qué nos justifica para matar?
¿Qué nos habilita?
Muchos de los que se rasgan las vestiduras clamando que la vida no vale nada porque te matan para robarte una cartera en estos días celebraron que se mate como escarmiento por el supuesto delito de haber intentado robarla. El valor de la vida siempre es subjetivo, pero parece haber un principio de acuerdo en ciertos sectores de la sociedad: la de cualquiera de nosotros vale mucho más que la de ellos. Lo que es insuficiente para que me cueste la vida a mí es más que suficiente para quitarle la vida a él.
Lo que ocurrió esta semana en barrio Azcuénaga fue la resolución de un supuesto delito, “un robo”, con otro mucho peor: un asesinato brutal. La impunidad de una parte de la comunidad asumiendo el rol de verdugo parece librar a cada uno de los que intervinieron de responsabilidades individuales. Y la celebración de la muerte por parte de muchos comporta una especie de aprobación social: es la comunidad la que ejecuta; todos cargamos con ese muerto y deberíamos festejarlo porque es uno de ellos.
No.
No cuenten conmigo.
No se trata de un caso aislado: es algo que se viene repitiendo cada vez con mayor frecuencia y peores resultados, como consecuencia de múltiples factores que no tengo intenciones de negar ni desconocer, pero que preocupan y duelen. Pero más duele ver hacia qué clase de sociedad nos encaminamos –o algunos creen que nos deberíamos encaminar– y qué frágiles son las estructuras que nos separan de la oscuridad que habita al hombre. Cuando el contrato social se rompe, pierde sentido el Estado de Derecho y el derrumbe de las reglas de convivencia en lugar de atenuar la inseguridad la incrementa: frente a una legalidad incierta, la sensación de riesgo no hace más que amplificarse. La violencia engendra violencia. La cultura de la muerte, se sabe, sólo puede combatirse con una contracultura de la vida. La ley de la jungla nunca puede ser la solución.
Así que no.
No cuenten conmigo.
Aunque cumpla con muchos de los supuestos requisitos, tenga un trabajo digno con el que alimentar a mi familia, pague la hipoteca de mi casa y mis impuestos y deje propina en los bares; aunque también me angustie cada uno de los hechos de violencia a los que asistimos a diario y me indigne y me duela haber visto a mi abuela con la cara desfigurada por los golpes cuando la arrastraron por el suelo para arrebatarle la cartera desde una moto; aunque también me haya abrumado la impotencia cuando vi llegar a mi vieja llorando porque la habían asaltado; aunque tiemble cuando mi hijo cuenta que lo encañonaron para robarle un celular; igual no cuenten conmigo.
Si nosotros es esta turba que mata y estos cuantos que celebran la muerte, no cuenten nunca conmigo entre las filas del pronombre.
Fuente:Pagina12
Otra arma letal
El miedo
01/04/2014
Por Gabriela Cerruti (*)
El sábado tuve que ir a una farmacia en La Plata. Mientras buscaban mi medicamento, me quedé mirando la hoja que sobre el mostrador invitaba a firmar contra el Código Penal. La empleada notó mi curiosidad y dejó lo que estaba haciendo para alcanzarme una lapicera:
-¿Vio? Firme, hay que firmar. Todos estamos firmando. Van a soltar a todos los violadores. No va a ir nadie más preso.
No pude discutir. Cada frase que decía, provocaba una reacción mayor y más desesperada. Hasta que llegó finalmente lo que debía llegar:
-Hay que matarlos a todos.
Hay que matarlos a todos. La traducción tribal, deshumanizada, anticivilizatoria en que el sentido común traduce los dichos de una dirigencia política que juega a instalar el terror como forma de conseguir votos.
Que apela a los miedos más primitivos para desatar instintos.
Un juego peligroso, perverso, hecho desde la irresponsabilidad de apelar a cualquier cosa con tal de “marcar agenda”, de decir cualquier cosa con tal de tener un minuto más en los medios. Sin entender el camino oscuro que esos dichos van trazando en canales profundos sociales que tienen su propia trayectoria, sus propias sinuosidades, que ya nadie maneja.
Hay dos miedos ancestrales, dicen los teóricos. El miedo a la habitación oscura, y el miedo al perro que ladra. El miedo a lo desconocido, y el miedo a lo conocido. Sobre la pulsión de esos dos miedos el hombre ya no reconoce sus reacciones, puede actuar dejando de lado valores, solidaridades, pautas que en una situación normal lo harían comportar de otra manera.
El estado de terror es precisamente la dominación de una sociedad a través de estos miedos. Por eso fue tan efectivo el estado terrorista argentino: la clandestinidad con que se llevó a cabo la represión agigantó los fantasmas. No había que meterse, no había que decir, no había que mirar, porque podía pasar algo que nadie sabía bien qué era, pero que era tremendo. Cualquiera podía ser llevado por cualquier cosa. El desmoronamiento del estado de derecho impregna a la sociedad de terror: no hay delitos y penas, no hay causas y efectos, hay una amenaza permanente de la que hay que huir.
Cada uno se vuelve hacia adentro, hacia su mundo más privado, en donde también hay que cuidarse de lo que se dice o lo que se hace. A cualquiera le puede pasar eso, que no se sabe bien qué es.
El terror, el miedo, son las armas más poderosas de dominación de una sociedad. Porque rompen la trama social. Deshumanizan. Plasman un derrumbe civilizatorio, estalla la esfera pública y el hombre y la mujer, seres sociales unidos por ética y valores, se convierten en hordas capaces de cualquier cosa por defenderse quién sabe de qué.
El camino a la deshumanización no es lineal, ni se construye en un momento ni de un solo paso. Para explicar ese “derrumbe civilizatorio” que fue el Holocausto, Zygmunt Bauman escribió que un hecho extraordinario es sólo la unión especial de muchos hechos ordinarios.
Qué es lo que convierte a hombres y mujeres comunes y corrientes en una horda asesina, capaz de matar a patadas a un joven, de apalear a otro hasta dejarlo sin conocimiento?
Qué es lo que lleva a una sociedad que se cree cosmopolita y moderna, regida por valores éticos y religiosos a convertirse en un grupo tribal, despojado de cualquier sentido civilizatorio?
El miedo, el terror. Hay que matarlos a todos, porque si no van a venir a matarnos a nosotros.
Sin ese terror, sin esa psicosis generada desde un lugar de poder, como es el de un dirigente o una dirigencia que habla desde medios de comunicación respetados, podría entenderse a hombres y mujeres dispuestos a matar a un ser humano por defender una cartera?
La condición humana es contradictoria y compleja. Pero la responsabilidad de un dirigente político, de un líder social o religioso, de cualquier persona con ascendencia en la sociedad, y de los medios de comunicación que reproducen esas ideas, es convocar al altruismo, a los sentimientos más nobles, a los valores por todos compartidos.
El primer paso sería recuperar el lenguaje: dejar de llamar justicia por mano propia a un asesinato, – de llamar delincuente a quien es inocente hasta que se pruebe lo contrario, dejar de llamar hartazgo social a una horda asesina.
No menos importante sería que quienes se proponen para dirigir un país entiendan que no son más importantes sus cinco minutos de fama que el futuro de una sociedad. Que alguien le avise a Sergio Massa que en un derrumbe civilizatorio, la humanidad es la primera víctima.
(*) Diputada de la Ciudad de Buenos Aires por Nuevo Encuentro.
Fuente: Facebook /www.gabrielacerruti.com
Fuente:RedaccionRosario





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