2 de abril de 2014

OPINIÓN.

OPINION
David y Goliat
Por Héctor Marinángeli

"Involución", de Alejandro Barbeito.
No conozco ningún dato del chico asesinado por "vecinos" en Marcos Paz al 5400 el sábado pasado.

No hace falta saber nada más para decir algunas cosas al respecto de la crónica aparecida en los medios y comentadas por algunos periodistas.

Sí decir la profunda indignación que provocan estos hechos en nombre de "la justicia por mano propia". Es lo que buscan muchos sectores de la sociedad para calmar una sed de venganza, o para que se "haga justicia". Es con estas acciones que nos acercamos cada día más al imperio de la ley de la selva, justamente lo que diariamente se trata de denunciar a partir de los hechos de inseguridad que se suceden.

Es decir la lógica de algunos es erradicar la inseguridad con más inseguridad, combatir a los que violan las leyes, violando las mismas. Frenar a los violentos con más violencia.

Llamativamente, los diarios dicen que no se identificó nadie como responsable de quienes tomaron la "justicia" para matar al joven. El fiscal descarta que haya un pacto de silencio entre los que asesinaron al chico, pero había entre 50 y 80 personas, que más de uno pasaba y pateaba al joven ya en el piso, sin embargo no hay nadie que se haga cargo del hecho, como en otros tiempos nadie vió nada. Todos ellos están fuera de la ley, esto debe quedar claro.

Estos aprendices de asesinos, que frente a David (nombre del joven asesinado) parecen hacer las veces de Goliat, contribuyen a generar más violencia, más inseguridad y más atrocidades frente al resto de la sociedad. Nada nuevo aportan a la solución del problema, por el contrario se muestran más bestias que las bestias mismas agravando las cosas.

Lamentablemente nuestra sociedad padece aún enormes problemas sociales, en nuestros barrios especialmente con el problema del narcotráfico y muchos otros están diariamente indefensos ya que la seguridad que la policía debería brindar brilla por su ausencia.

Los "vecinos" de Marcos Paz al 5400 deberán asumir la irresponsabilidad cometida, la justicia debe actuar con decisión y arbitrar las medidas necesarias para encontrar a los responsables de todos los hechos delictivos que se cometen, sean quienes sean sus responsables.

Dejar pasar acciones de ésta naturaleza nos conducirán a profundizar la guerra entre pobres, que solo beneficia a los que más tienen y deben tomar decisiones.




OPINIÓN
Marcas de la violencia
Por Sebastián Artola (*)

El asesinato de David a manos de unas cincuenta personas en barrio Azcuénaga hace visible las profundas marcas que la violencia viene dejando en nuestra ciudad. La enfurecida reacción habla de una comunidad fragmentada, con sus vínculos deshilachados, atravesada por la desconfianza, el odio, una ciega búsqueda de venganza social y el desconocimiento de la autoridad pública.

No es casualidad. La ausencia del Estado garantizando el derecho a la seguridad y la protección de la vida es el marco bajo el cual es necesario pensar el porqué de este, como de otros hechos de violencia y muerte.
Decimos más, este corrimiento del Estado a la hora de garantizar la seguridad pública y cuidar la vida, en realidad, es una presencia más que activa en la configuración de la trama delictiva que explica buena parte de los niveles de violencia y la altísima tasa de homicidios que sufre nuestra ciudad.

La idea de un Estado "víctima" en lucha contra la delincuencia y el narcotráfico es una figura que puede funcionar en el relato mediático, pero no va al fondo de una realidad donde una parte del propio Estado está en connivencia con el delito y el narcotráfico, a través de la policía provincial, sectores del poder judicial y políticos con representación institucional, que por acción u omisión poco hacen para transformar la matriz de la violencia en Santa Fe.

Del mismo modo, un proyecto de ciudad que piensa a Rosario como si fuese una "marca" (basta con reparar en el logo de la actual gestión), situando al comercio y el turismo como sus ejes más dinámicos, fue definiendo al "consumo" como el modo de pertenencia a la ciudad.

Los pibes de los barrios más humildes roban para tener, pero también para ser. Construyen desde ahí identidad y pertenencia. Frente a un Estado local que no promueve otro horizonte y sentido de integración, a través de la escuela, como de políticas culturales, recreativas o de capacitación en oficio en los mismos barrios, el delito se presenta como el único camino posible.

El desafío urgente para todos los que vivimos en Rosario y, sobre todo, para quienes tienen responsabilidades públicas es imaginar y tomar las necesarias decisiones que nos permitan empezar a transformar de fondo las causas que nos llevaron a este estado de cosas.

Para ello, es imprescindible reponer la responsabilidad pública y pensar un modelo de seguridad democrática, que no deje librado las prácticas de seguridad a decisiones individuales de cada ciudadano, lo cual implica negar la seguridad como un derecho, profundizando la fragmentación del lazo comunitario y la división de la ciudadanía.

Más que nunca sigue siendo una tarea pendiente pensar una ciudad donde quepamos todos, garantizando por igual el derecho a la seguridad y a la protección de la vida.
(*) Foro Rosario para Todos.


OPINIÓN
Hoy me avergüenzo
Por Marianela Scocco


Vivo en un país donde una dictadura militar hace 38 años devastó el país para reestructurar el ordenamiento económico, social y político vigente en las últimas décadas. Vivo en un país donde sus militares, en lugar de defenderlo, asesinaron y desaparecieron a 30.000 compañeros que querían uno distinto. Vivo en ese país y a veces me avergüenzo. Pero también vivo en un país donde las madres y los familiares de esos compañeros desaparecidos no han hecho más que pedir justicia, en estos 38 años. Donde desde el principio y aún contra la más cruenta dictadura recorrieron los lugares que hasta hacía poco eran los que debían defendernos y cuidarnos pero que el terrorismo de Estado se había apropiado para la represión, los mismos lugares donde fueron a preguntar por sus seres queridos eran usados para el alojamiento de los detenidos-desaparecidos. 

Sin embargo, nunca dejaron de insistir. Y con eso consiguieron alarmar al mundo, apaciguar la represión, aplacar las represalias, derrotar, poco a poco, a la dictadura. Después vino la justicia de la democracia que otra vez, les falló y garantizó el manto de impunidad sobre los represores. Todos ya saben de qué hablo, obediencia debida, punto final e indultos. Qué hicieron los familiares, los compañeros, las Madres? Siguieron marchando? Vivo en el mismo país que las Madres de Plaza de Mayo. Lo escribo y me estremezco todavía. 

Y hasta hace pocos días, estaba orgullosa de mi país, entre otras cosas y en primer lugar, por las queridas Madres. Que dieron ejemplo de lucha y dignidad, que nunca, que jamás, hicieron justicia por mano propia. 

Estaba orgullosa por los compañeros, que soportaron torturas atroces, vivieron la perdida de tantos compañeros y lo único que hicieron fue seguir luchando, testimoniando en cuanto juicio fuera necesario, por ellos y por los 30.000 que ya no están, pero nunca, jamás se les ocurrió salir a buscar a los responsables, represores, asesinos, cobardes y genocidas. No. Pasaron años de impunidad, durísimos años de impunidad y sin embargo, esperaron, simplemente esperaron, en que algún día la lucha daría sus resultados y lo dio.

Pero también vivo en un país donde hace pocos días mataron a un pibe "por justicia", dicen. Porque intentó robar. La verdad, me sabrán disculpar, pero no lo entiendo. No lo entiendo, me duele y me avergüenzo. 

Qué clase de persona se cree con poder de decidir que es la justicia? Qué clase de sociedad justifica un asesinato, una muerte de un pibe, del que sea, pibe al fin? Quizá la misma sociedad que avaló el genocidio.

O por lo menos lo permitió. O por lo menos calló, o miró para otro lado? La misma sociedad del "algo habrán hecho", los desaparecidos o los pibes chorros. Entonces lo merecen. O por lo menos es justificable, o entendible quizá... Y saben qué... Me avergüenzo, y ya no quiero, realmente no quiero ser parte de esta sociedad. Dirán todo lo que ya he sobreescuchado todos estos días. Todos estamos de acuerdo con la ausencia del Estado en la garantía de seguridad a los ciudadanos como de educación, salud y trabajo a los pibes chorros (porque parece que ellos no son ciudadanos). Pero ese no es el problema, o sí, pero no nos estamos dando cuenta. Porque si no saldríamos a luchar contra el Estado. Pero no. Linchamos a un pibe chorro. Y entonces el problema es esta sociedad. La misma que en la dictadura avaló el genocidio.

Perdóneme pero hoy me avergüenzo.
Fuente:Rosario12                     

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