3 de mayo de 2014

EL ASESINATO DEL REPRESOR BRASILEÑO MALHAES.

EL ASESINATO DEL REPRESOR BRASILEÑO MALHAES
“Una señal para los ex militares”
El coronel retirado Paulo Malhaes
El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) advirtió sobre las probables motivaciones detrás del asesinato del represor brasileño Paulo Malhaes el viernes pasado. “El proceso de memoria, verdad y justicia por las violaciones a los derechos humanos cometidas por las dictaduras latinoamericanas tuvo un hito importantísimo el 25 de marzo pasado. En Brasil, el coronel retirado Paulo Malhaes declaró ante la Comisión Nacional de la Verdad (CNV) sobre su participación en los crímenes de la dictadura militar brasileña (1964-1985)”, dice un comunicado del CELS.

“‘¿Cuántos murieron? Todos los que eran necesarios’, afirmó el ex coronel, quien también relató durante dos horas cómo torturó, asesinó e hizo desaparecer cadáveres. Fue el primer militar de ese país que admitió haber participado de los crímenes. El 24 de abril, un mes después de su testimonio, Malhaes fue asesinado en su casa en Río de Janeiro. El asesinato de Malhaes enciende una luz de alerta para todos aquellos que buscamos memoria, verdad y justicia en la región. Estos procesos implican desafíos constantes. Entre ellos, las acciones violentas contra los actores involucrados, ya sean víctimas, acusados, condenados, testigos, abogados o funcionarios judiciales”, continúa el texto de la organización de derechos humanos que preside el periodista Horacio Verbitsky.

“Integrantes de la Comisión de la Verdad de Brasil consideran que la muerte de Malhaes puede tener el doble sentido de destruir archivos y al mismo tiempo enviar una señal a los otros ex militares que declararán ante la CNV. Aunque la muerte pueda responder a otras razones, es necesario que se garantice una investigación efectiva e imparcial del crimen, tal como lo han solicitado los integrantes de la CNV. Malhaes fue tal vez el único agente de la represión, que dio información clara sobre cómo el Estado dictatorial actuó como una verdadera organización criminal. Estas declaraciones niegan la versión muy difundida según la cual la de Brasil habría sido una dictablanda”, señala el texto del CELS.
Fuente:Pagina12
Envío:Agnddhh






Es necesario que se garantice una investigación efectiva e imparcial del crimen de Paulo Malhães 


El proceso de memoria, verdad y justicia por las violaciones a los derechos humanos cometidas por las dictaduras latinoamericanas tuvo un hito importantísimo el 25 de marzo pasado. En Brasil, el coronel retirado Paulo Malhães declaró ante la Comisión Nacional de la Verdad (CNV) sobre su participación en los crímenes de la dictadura militar brasileña (1964-1985). “¿Cuántos murieron? Todos los que eran necesarios", afirmó el ex coronel quien también relató durante dos horas cómo torturó, asesinó e hizo desaparecer cadáveres. Fue el primer militar de ese país que admitió haber participado de los crímenes. El 24 de abril, un mes después de su testimonio, Malhães fue asesinado en su casa en Río de Janeiro

El asesinato de Malhães enciende una luz de alerta para todos aquellos que buscamos memoria, verdad y justicia en la región. Estos procesos implican desafíos constantes. Entre ellos, las acciones violentas contra los distintos actores involucrados en estos procesos, ya se trate de víctimas, acusados, condenados, testigos, abogados o funcionarios judiciales. Integrantes de la Comisión de la Verdad de Brasil consideran que la muerte de Malhães puede tener el doble sentido de destruir archivos y al mismo tiempo enviar una señal a los otros ex militares que declararán ante la CNV. Aunque la muerte pueda responder a otras razones, es necesario que se garantice una investigación efectiva e imparcial del crimen, tal como lo han solicitado los integrantes de la CNV.

Los testimonios de Malhães ante la Comisión Estadual de la Verdad do Rio de Janeiro y ante la Comisión Nacional de la Verdad permitieron conocer cómo las fuerzas de seguridad secuestraron, detuvieron ilegalmente, asesinaron e hicieron desaparecer cuerpos. Malhães fue uno de los únicos, tal vez el único, agente de la represión, que dio información clara sobre cómo el Estado dictatorial actuó como una verdadera organización criminal. Estas declaraciones niegan la versión muy difundida según la cual la de Brasil habría sido una “dictablanda”.

Los procesos de memoria, verdad y justicia generan resistencias en aquellos responsables de los crímenes que conservan posiciones de poder. El episodio que terminó con la vida del coronel brasileño es, en sí mismo, lamentable para la búsqueda de la verdad histórica en Brasil, que deja de contar con la memoria de alguien que sabía mucho y estaba dispuesto a hablar.

En 2006, en  Argentina, desapareció Jorge Julio López, testigo clave del juicio que condenó a Miguel Etchecolatz, responsable de más de veinte centros clandestinos de detención. Las investigaciones apuntan a la responsabilidad de miembros de fuerzas de seguridad, retirados y en actividad, que se habían sentido amenazados por las declaraciones de López.  En 2007, el prefecto Héctor Febres – integrante del grupo de tareas que operó en la ESMA– fue encontrado muerto en su lugar de detención. Murió por ingesta de cianuro, pero no se determinó si fue un suicidio o un homicidio. Febres estaba siendo juzgado por los crímenes cometidos en la ESMA en donde estuvo a cargo de la entrega de los bebés nacidos en cautiverio a familias de apropiadores. El juicio se encontraba en el tramo final y se esperaba que Febres declarara y diera información sobre este y otros temas.

El fortalecimiento del proceso de justicia argentino frente a las reacciones de los grupos involucrados en los crímenes de lesa humanidad se relaciona con la consolidación de una política de Estado que cuenta con un amplio consenso social y está conformada por acciones de cada uno de los tres poderes para avanzar en la investigación de la verdad, el juzgamiento penal y la memoria histórica.

Es por lo tanto imprescindible el esclarecimiento de las causas de la muerte de Malhães y la adopción de políticas destinadas a garantizar la continuidad del trabajo de las Comisiones de la Verdad.
É necessário que se garanta uma investigação efetiva e imparcial do crime contra Paulo Malhães

O processo de memória, verdade e justiça pelas violações aos direitos humanos cometidas pelas ditaduras latino-americanas teve um marco importantíssimo no dia 25 de março passado. No Brasil, o coronel reformado do exército Paulo Malhães declarou à Comissão Nacional da Verdade (CNV) sobre sua participação nos crimes da ditadura militar brasileira (1964-1985). “Quantos morreram? Tantos quantos foram necessários”, afirmou o ex-coronel, que também relatou durante duas horas como torturou, assassinou e fez desaparecer cadáveres. Foi o primeiro militar desse país que admitiu ter participado dos crimes. No dia 24 de abril, um mês depois de seu depoimento, Malhães foi assassinado em sua casa no Rio de Janeiro.

O assassinato de Malhães acende uma luz de alerta para todos aqueles que buscam memória, verdade e justiça na região. Estes processos implicam desafios constantes. Entre eles, as ações violentas contra os diferentes atores envolvidos nestes processos, sejam eles vítimas, acusados, condenados, testemunhas, advogados ou funcionários judiciais. Integrantes da Comissão da Verdade do Brasil consideram que a morte de Malhães pode ter o duplo sentido de destruir arquivos e ao mesmo tempo enviar um sinal aos outros ex-militares que declararão ante a CNV. Embora a morte possa responder a outras razões, é necessário que se garanta uma investigação efetiva e imparcial do crime, tal como solicitaram os integrantes da CNV.

Os testemunhos de Malhães à Comissão Estadual da Verdade do Rio de Janeiro e à Comissão Nacional da Verdade permitiram conhecer como as forças de segurança sequestraram, detiveram ilegalmente, assassinaram e fizeram desaparecer corpos. Malhães foi um dos únicos, talvez o único, agente da repressão que deu informação clara sobre como o Estado ditatorial atuou como uma verdadeira organização criminosa. Estas declarações negam a versão muito difundida segundo a qual a ditadura do Brasil teria sido uma “ditabranda”.
Os processos de memória, verdade e justiça geram resistência de parte de responsáveis pelos crimes que conservam posições de poder. O episódio que terminou com a vida do coronel brasileiro é, em si mesmo, lamentável para a busca da verdade histórica no Brasil, que deixa de contar com a memória de alguém que sabia muito e estava disposto a falar.

Em 2006, na Argentina, desapareceu Jorge Julio López, testemunha chave do processo que condenou Miguel Etchecolatz, responsável por mais de vinte centros clandestinos de detenção. As investigações indicam a responsabilidade de membros das forças de segurança, reformados e da ativa, que tinham se sentido ameaçados pelas declarações de López.  Em 2007, o oficial da Prefectura Naval Argentina Héctor Febres – integrante do grupo de tarefas que operou na ESMA– foi encontrado morto em seu lugar de detenção. Morreu por ingestão de cianureto, mas não se determinou se foi um suicídio ou um homicídio. Febres estava sendo julgado pelos crimes cometidos na ESMA, onde ele foi responsável pela entrega dos bebês nascidos em cativeiro a famílias de apropriadores. O processo se encontrava na etapa final e se esperava que Febres declarasse e desse informação sobre este e outros temas.

O fortalecimento do processo de justiça argentino frente às reações dos grupos envolvidos nos crimes de lesa-humanidade tem relação com a consolidação de uma política de Estado que conta com um amplo consenso social e está conformada por ações de cada um dos três poderes para avançar na investigação da verdade, no julgamento penal e na memória histórica.

É, portanto, imprescindível o esclarecimento das causas da morte de Malhães e a adoção de políticas destinadas a garantir a continuidade do trabalho das Comissões da Verdade.
Envío:Agnddhh

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